CHIMENTOS
Los cuatro signos del horóscopo chino que podrán hacer crecer su dinero y abrir nuevas puertas en julio, según Ludovica Squirru

Julio encara su tramo más dinámico dentro del horóscopo chino. Según las enseñanzas de Ludovica Squirru, habrá signos que encontrarán el contexto ideal para apostar por nuevos desafíos, cerrar acuerdos y darle un impulso a su presente económico. La clave estará en detectar las oportunidades a tiempo y no dejar pasar propuestas que, aunque parezcan pequeñas, podrían tener grandes resultados.
Squirru sostiene que este período favorecerá todo lo relacionado con el crecimiento y la planificación. Será un buen momento para capacitarse, fortalecer emprendimientos y sembrar proyectos que den frutos en los próximos meses. En cambio, convendrá evitar decisiones impulsivas o cambios que no hayan sido suficientemente pensados.
Dragón
Julio potenciará su ambición y capacidad para liderar nuevos proyectos. Tendrá la posibilidad de destacarse en el trabajo, abrir contactos valiosos y avanzar con objetivos que hasta hace poco parecían lejanos. La confianza será su mejor herramienta.
Serpiente
La Serpiente encontrará respuestas donde antes solo veía dudas. Será un mes favorable para reorganizar sus finanzas, tomar decisiones estratégicas y apostar por ideas que puedan generar estabilidad a largo plazo. La paciencia será clave para elegir el momento adecuado.
Gallo
El esfuerzo sostenido comenzará a rendir frutos. Julio traerá oportunidades para negociar, recibir propuestas interesantes y asumir un rol más importante dentro del ámbito laboral. Será una etapa para mostrarse y confiar en el propio talento.
Rata
La creatividad y la rapidez mental de la Rata le permitirán detectar oportunidades que pasarán inadvertidas para otros. Durante julio podrá ampliar su red de contactos, generar nuevos ingresos y dar un paso importante hacia metas que venía construyendo desde hace tiempo.
horóscopo chino
CHIMENTOS
Alejandro Awada comenzó un nuevo desafío teatral: “No fue nada fácil el camino del actor”

Durante más de cuarenta años, Alejandro Awada persiguió un anhelo tan persistente como íntimo: experimentar el gozo pleno de su vocación sobre el escenario. A lo largo de décadas, transitó personajes secundarios y papeles que alimentaron su oficio, pero el deseo de entregarse por completo a un gran protagonista permaneció intacto. Hoy, ese sueño se concreta en la piel de Willy Loman, el emblemático viajante creado por Arthur Miller, en una sala colmada cada fin de semana en el teatro El Tinglado.

Con voz calma y palabras elegidas, Awada confiesa a Teleshow la emoción que le produce interpretar sobre las tablas al personaje escrito por Arthur Miller. “Me llena de orgullo y de satisfacción. Es un personaje de una obra descomunal que tengo la felicidad de interpretar”, expresa, dejando traslucir la gratitud, tras una larga travesía profesional.
Este primer protagónico en La muerte de un viajante no solo significa un logro profesional, sino también un profundo agradecimiento. Awada reconoce en este desafío una conexión inédita con el sentido más hondo de su vocación, como si el tiempo y el recorrido lo hubieran preparado para vivir este momento con una intensidad renovada.
—¿Cuántas veces este personaje pasó por tu vida?
—Lo estudié cuando estudiaba teatro. No a Willy Loman, sino en teatro hacíamos otra escena de la obra. Eso estudiaba. Después, nunca más tuve la maravilla de acercarme a La muerte de un viajante y recién ahora sucedió.
—¿Es tu primera vez interpretando a Willy Loman?
—La primera, hay muchas personas que se sorprenden cuando lo digo.
—¿Y cómo te sentís?
—Orgulloso. Y con mucho agradecimiento. Un personaje de una obra impresionante que tengo la felicidad de interpretar los fines de semana. Insisto, me da mucho orgullo y satisfacción.

—¿Qué te acerca al personaje?
—Su búsqueda, su querer encontrar por lo que tanto luchó. Y le mete para adelante como sea, como pueda. Pasa que tiene, como lo dice uno de sus hijos, sueños equivocados. Y entonces se encuentra con una muralla tremenda.
—¿Los sueños equivocados son esa búsqueda permanente que puede llevar a la frustración?
—Exactamente, sí, por supuesto. La obra, desde mi punto de vista, es una furiosa crítica al sistema capitalista. Y Willy cree en eso, cree en ser un número uno, en lo suyo. Y pelea, pelea, pelea, pero se encuentra en un momento de su vida con que ya no tiene las herramientas necesarias y además su entorno le empieza a jugar en contra.

—¿Le ves un paralelismo a tu vida con la obsesión de Willy?
—En mi vida personal, sobre todo en los comienzos y en los medianos. Una especie de obsesión por salir adelante con mi profesión.
—¿Te costó transitarla?
—Me costó bastante, sí, me costó y no me encontré con una pared. Pude penetrar ese deseo, pude lograrlo, por llamarlo de alguna manera.
—El camino del actor…
—No me resultó para nada fácil ese camino del actor. Fue bravo y sigue siendo muy intenso. Pero jamás quise dejar la profesión.

—¿Sentías frustración por no encontrar ciertos trabajos?
—Quizá en los comienzos, sí, pero una vez siendo profesional, no encontraba la frutillita del postre. Ese trabajo que me llene de entusiasmo y de confianza y agradecimiento. Los últimos años puede ser que me haya pasado eso y fundamentalmente con lo que estoy haciendo ahora con La muerte de un viajante.
—¿Cómo fueron tus primeros años?
—Trabajé mucho, mucho ahí, como diez años, hasta que tuve la chance de empezar en el teatro oficial. Pero cuando empiezo a hacer televisión surge el punto de inflexión y comienzo a ser reconocido y la gente empieza a convocar. A partir de ahí no paré más.
—¿Te llevó mucho tiempo sentirte actor y disfrutar de tu profesión?
—Me llevó bastante tiempo, tal vez demasiado, pero tenía que transitarlo.
—¿Cómo fue ese proceso? ¿Qué te ayudó?
—Mucha terapia…y me ayudo muchísimo el libro Rayuela de Julio Cortázar.
—¿Por qué no podías disfrutar?
—Cuando era joven o en la mediana edad no estaba en condiciones personales de hacerlo.
—¿A qué lo atribuís?
—Por condicionamientos culturales, personales, sociales, familiares.
—¿Cómo lograste empezar a sentir gozo?
—Sucedió, en primer lugar por mí.
—¿Qué te permitió avanzar?
—Andar, y andar más liviano, mucho más liviano en todo sentido.
—¿Qué hacías antes de dedicarte a la actuación?
—Intenté un tiempo trabajar en la empresa familiar. Me tuvieron paciencia hasta que yo me di cuenta que tenía que ir por otro lado, por otros caminos. Y lo intenté y tiempo después, bastante tiempo después, lo encontré.
—¿Cuáles fueron esas “frutillas del postre”?
—Me fue muy bien con Historia de un clan, con la familia Puccio. Y me fue muy bien con Iosi, el espía arrepentido también. Y además me está yendo muy bien con Willy Loman… hoy estoy muy satisfecho y agradecido.

—¿De quién o quienés necesitas agradecimiento, reconocimiento?
—De mí mismo. Conmigo mismo. La sensación de haber hecho las cosas bien, estar haciendo las cosas bien. Y entonces me agradezco a mí mismo.
—¿Qué te genera el reconocimiento de tus colegas?
—Me doy cuenta que mis colegas me quieren mucho, me quieren y me respetan y eso me genera agradecimiento también.
—El reconocimiento es importante…
—La palabra que dijiste, sí. Sí, es importante para acompañarnos. Tengo colegas con los que nos estamos acompañando y me gusta mucho.
—¿Tenés prejuicio hoy con la televisión?
—Para nada. Estoy triste porque no se hace ficción en la televisión argentina. Me da mucha tristeza un producto tan valioso, tan rico, ¿no? Sabemos hacer ficción y la hacemos muy bien. A eso agregale lo que sucede con el INCAA y prácticamente no se está filmando. Y a eso se suma lo de las plataformas que vienen con cuentagotas. Si echás una mirada, están todos los actores de la tele y el cine haciendo teatro.
—¿Qué te gusta hacer fuera de la actuación?
—Ahora soy más lector. Me está gustando ver las miniseries en las plataformas. Otra cosas que me fascina es el golf. Jugué toda mi vida al golf, pero mucho no lo hago. Voy a volver. Es un deporte que me apasiona.
—¿Qué tiene el golf que tanto te atrae?
—Tenés que estar presente. Liviano. Presente y liviano, las dos cosas. Y es un juego. Entonces, se puede ser muy maravilloso, muy divertido y muy placentero.
—¿Qué más disfrutás de lo cotidiano?
—El cafecito en los bares, y el amor de mi mujer y el amor de mi hija.

—¿Qué podés contar de Andy, tu mujer?
—La amo profundamente. Nos reímos, caminamos, soñamos, nos abrazamos. Pensamos juntos. La encontré.
—¿Cómo y dónde nació esta historia de amor?
—Cuando éramos jóvenes, yo tenía 18 y ella 16, estuvimos de novios. Pasaron cuarenta y cinco años y nos empezamos a escribir. Por Facebook, y WhatsApp, y salimos, y nos enganchamos. Hace un buen tiempo que estamos juntos y disfrutando mucho de nuestra relación.
—¿Por qué se separaron en la juventud?
—Me dejó. Ella dice que no, pero me dejó por otro muchachote. Ella dice que no fue así. Para mí, no. No dan los tiempos, (se ríe).
—¿Cómo fue el reencuentro?
—Yo estaba encantado cuando la volví a ver. Nunca me la saqué del corazón.

—¿Ella también hizo su vida?
—Por supuesto, tiene dos hijas. Y tiene su recontra vida transitada. Nos tocó y nos toca esto, el encontrarnos y el disfrutar de estar juntos.
—¿Cuánto hace que están juntos otra vez?
—Después de no verla desde la adolescencia,hace un año que estamos juntos, disfrutamos mucho de los dos.
Alejandro Awada,actor,teatro,escenario,actuación
CHIMENTOS
Estaba borracho y angustiado en el partido con Inglaterra y prometió tatuarse la cara de Morena Rial: el video de cómo le quedó la influencer en su piel

La pasión que despierta la Selección Argentina durante el Mundial 2026 llevó a muchos hinchas a hacer promesas insólitas. Sin embargo, pocos fueron tan lejos como Guido Focaccia, el creador de contenido que revolucionó las redes sociales después de cumplir una apuesta que había hecho en pleno partido frente a Inglaterra.
Mientras el equipo de Lionel Scaloni caía por 1 a 0, el influencer lanzó un desafío tan inesperado como extravagante: si Argentina lograba dar vuelta el resultado y clasificarse a la final, se tatuaría a Morena Rial junto a su ya célebre frase «Que lo demuestre».
El conjunto nacional terminó imponiéndose por 2 a 1 y Guido no dudó en cumplir con su palabra. Horas más tarde se mostró camino al estudio de tatuajes y explicó cómo había nacido aquella promesa. «Ayer entre estupefacientes y cantidades ilimitadas de cervezas, y mi cerebro dominado por las Umpalumpas, prometí totalmente alocado que me iba a tatuar a More Rial», contó con humor.
Lejos de intentar justificar su decisión, siguió relatando el momento con ironía. «Andá a saber cuál fue el cortocircuito que tuve. Prometí que me tatuaba a More Rial con la famosa frase ‘Que lo demuestre’», recordó, antes de confirmar que no pensaba dar marcha atrás. «Ahora estoy cumpliendo la promesa. Lo prometí en un estado catatónico, no se estaba dando el resultado», agregó entre risas.
SE TATUÓ A MORENA RIAL POR UNA PROMESA
Antes de que comenzara la sesión también protagonizó un divertido intercambio con el tatuador. «¿Es la primera vez que vas a tatuar a More Rial?», le preguntó. Sorprendido, el artista respondió: «Estás loco», mientras Guido retrucó con una sola explicación: «Por la Selección».
El video del insólito momento no tardó en explotar en las redes sociales. En menos de un día acumuló más de 1.600.000 reproducciones, miles de comentarios y una catarata de reacciones de los usuarios, que no podían creer que hubiera llevado hasta las últimas consecuencias una promesa hecha en plena euforia mundialista.
Como si eso fuera poco, la publicación también llamó la atención de varias figuras. Entre ellas apareció Ricardo Darín, quien dejó su «me gusta» en el video que convirtió una ocurrencia nacida durante un partido en uno de los virales más comentados de la Copa del Mundo.
Morena Rial
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Miriam Odorico y la emoción de abrazar al público desde el escenario: “El teatro es el ritual más vivo que existe”

Algunas artistas no solo interpretan personajes, sino que se vuelven, ellas mismas, parte de la memoria emotiva de quienes aman el teatro y la televisión. Miriam Odorico es una de esas presencias inconfundibles: su voz, su mirada y su entrega atraviesan salas y pantallas, abrazando a generaciones con la calidez de quien vive para contar historias. Forjada en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático, lleva más de cuatro décadas apostando por la verdad escénica, el riesgo y la belleza de los vínculos humanos. Hoy, en un presente de plenitud y movimiento, se detiene para compartir sus pasiones, sus desafíos y su recorrido en una charla en exclusiva con Teleshow.
En la cartelera porteña, el nombre de Miriam resuena como un eco que no se apaga. Hace seis años que conmueve al público con la adaptación de la obra de Luigi Pirandello, UNA, su unipersonal en Almagna Teatro, donde la búsqueda de identidad y los pliegues de la memoria se transforman en poesía viva sobre el escenario. En Timbre 4, este año la encuentra por partida doble: por segundo año consecutivo, se pone en la piel de una mujer que transita entre el humor y la fragilidad en Las tragedias no mejoran a nadie, con Dalma Maradona y bajo la dirección de Julieta Cayetina, y cada semana renueva la emoción colectiva en La omisión de la familia Coleman, la obra que cumple veintidós años y que ya es leyenda para los amantes del teatro argentino.
Pero la luz de Miriam también brilla fuera de las tablas. El cine y la televisión la recibieron con los brazos abiertos y le permitieron explorar otras formas de sensibilidad: su participación en la exitosa El Encargado, junto a Guillermo Francella, y en tiras como Las Estrellas, Los ricos no piden permiso y Argentina, tierra de amor y venganza, la acercaron a nuevos públicos sin perder nunca ese pulso artesanal que define su arte. Así, Odorico confirma que el escenario, la cámara y la vida misma son territorios donde se juega siempre el milagro de empezar de nuevo, con la misma entrega y la misma pasión de aquel primer día.

—¿Cómo descubriste tu vocación por la actuación y qué recuerdos tenés de esos primeros pasos?
—Fue un poco sin querer. No tengo una historia romántica para contar. Simplemente recuerdo que me anoté en la Escuela Municipal de Teatro de Avellaneda a los 14 años. Iba todas las noches y así empezó todo. Siempre fui una nena que amaba jugar y que admiraba a Lucille Ball en Yo amo a Lucy. Me fascinaba su valentía para reírse de sí misma. Así arrancó mi camino.

—A lo largo de tu carrera transitaste teatro, cine y televisión. ¿Hubo algún formato que te marcó especialmente?
—El teatro siempre fue mi primer amor y sigue siéndolo. Es el lugar más fascinante para mí. Pero todos los formatos tienen lo suyo y me resultan enriquecedores. Cada uno tiene su idioma y sus desafíos. Me gustan todos: el cine, la tele, el teatro; cada uno me desafía de manera diferente.
—¿Sentís que tu sello como actriz es algo que fuiste construyendo de manera consciente o se dio naturalmente?
—Creo que el sello personal surge cuando una es fiel a lo que le gusta y la apasiona. Las cosas se van dando de manera natural, entre lo que una elige y lo que no. Muchas veces me sorprendieron situaciones que no esperaba.


—¿Hay alguna palabra o idea que resuma tu manera de abordar los personajes?
—No puedo definirlo en una palabra. En la obra UNA se habla mucho de eso, de las etiquetas y de cómo ponerle nombre a algo puede limitarlo. Solo intento ser fiel a mí misma, hacer lo que me gusta y lo que me hace sentir cómoda y feliz.
—¿Qué condiciones debe tener un proyecto para que decidas sumarte?
—Lo principal es que me guste el texto, sobre todo si se trata de teatro. También es importante quién dirige y con quién voy a trabajar. Si no conozco a los compañeros, me genera entusiasmo conocerlos. Todo eso influye en mi decisión.

—¿Te pasó alguna vez de dudar antes de aceptar un proyecto y después sorprenderte gratamente?
—Sí, claro. Siempre es difícil decidir, y el aspecto económico también pesa porque vivo de esto. Igual, nunca acepté un trabajo solo por el dinero si no me gustaba el producto. Siempre está el miedo de equivocarse, pero por eso leo varias veces el texto y averiguo sobre el teatro, el equipo, la producción.
—Actualmente tenés tres proyectos en cartel: UNA, Al final las tragedias no mejoran a nadie y La omisión de la familia Coleman. ¿Qué te sedujo de cada uno?
—En los tres casos lo que más me atrajo fue el texto. En La omisión de la familia Coleman, aunque la obra nació de improvisaciones, yo la tomé ya escrita y me fascinó. En Al final las tragedias no mejoran a nadie, me reía sola al leerla. Y con UNA sentí un enamoramiento absoluto y urgente por lo que plantea.

—UNA es tu primer unipersonal. ¿Qué te impulsó a enfrentarte sola al escenario y cómo viviste ese desafío?
—La necesidad de decir: “Quiero compartir esto”. Nunca soñé con hacer un unipersonal ni era un objetivo. De hecho, prefiero trabajar acompañada, pero con UNA sentí que era urgente transmitir el mensaje sobre la mirada de los otros, el peso de las etiquetas y las exigencias sociales, especialmente sobre las mujeres, es muy actual. Además, es una adaptación de una novela de Pirandello que cumple cien años, pero sigue vigente. Ahora, después de haber cumplido con todos los mandatos, siento la necesidad de preguntarme quién soy. Quiero compartir esa búsqueda y que el público pueda reírse y reflexionar sobre lo que nos pasa a todos. No era por ego, sino por necesidad.
—¿Creés que la obra ayuda a reflexionar sobre la sobreexigencia social y el impacto de las redes?
—Totalmente. UNA está hecha para eso. Después de seis temporadas, sé que la gente no sale igual de la función. Se van movilizados, pensando, conversando. Eso es lo que más me gusta del teatro.

—En Al final las tragedias no mejoran a nadie también abordás temas profundos desde la comedia. ¿Qué te atrae de esa obra?
—Me encanta actuar y me gusta mucho la comedia. UNA también es una comedia, porque nos reímos de la neurosis de la protagonista. Las tragedias no mejoran a nadie es claramente una comedia, pero deja pensando. Ese mensaje esperanzador de que siempre puede aparecer algo nuevo me parece fundamental.
—¿Cómo vivís la diferencia entre el trabajo en un unipersonal y en obras con elenco?
—Me encanta compartir con compañeros. Son procesos muy distintos. Disfruto la preparación en soledad para UNA, pero estar sola en escena es otro desafío. En las obras grupales me gusta la previa, el encuentro, las charlas, compartir la función. Son fiestas diferentes, pero siempre es una fiesta.

—También estuviste en televisión y cine, como en Las Estrellas, El Encargado, entre otros. ¿Con qué tipo de personaje sentís más afinidad?
—Me siento muy cómoda en el humor, el grotesco, el absurdo. La comicidad me hace sentir como pez en el agua. Lo dramático también me interesa, pero el humor es mi lugar.
—¿El humor es solo una herramienta artística o también te ayuda a sobrellevar la vida cotidiana?
—Es fundamental. Reírse de una misma, tomar las cosas con liviandad y entender que todo pasa es clave. Si nos tomamos todo con demasiada seriedad, nos hundimos. Hay que hacer la vida más liviana.

—Después de tantos años de oficio, ¿qué te sigue desafiando y motivando a asumir nuevos roles?
—Cada propuesta nueva es un desafío. Hace poco filmé una película de terror, La trenza, y fue una experiencia increíble porque nunca había hecho terror. No tengo algo puntual pendiente: me interesa lo que me llegue y me motive.
—¿Por qué creés que el teatro y la actuación siguen siendo necesarios hoy? ¿Cómo lo explicarías en una frase?
—El teatro es el ritual más vivo que existe. En una época en la que es más cómodo quedarse en casa, el teatro ofrece ese encuentro único: salir, compartir el aire y vivir algo irrepetible. Más allá de la inteligencia artificial o los hologramas, el teatro sigue y seguirá siendo el espacio de lo vivo.
Miriam Odorico,actriz,teatro,retrato
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