CHIMENTOS
Así celebró Tamara Báez los cinco años de Jamaica, su hija con L-Gante: temática de Toy Story y un mensaje emotivo

pequeña (Video: Instagram)
Tamara Báez organizó una fiesta temática de Toy Story para celebrar los cinco años de Jamaica, la hija que tiene con el cantante L-Gante, en un contexto familiar marcado por la tensión judicial que atraviesa el músico. Luego de que se llevaran a cabo tres allanamientos en General Rodríguez —la localidad bonaerense donde reside el artista— en el marco de una denuncia por amenazas agravadas con arma de fuego, la influencer decidió mantener la rutina y darle a su pequeña un festejo con normalidad.
La producción central del evento giró en torno al personaje de Jessie, la vaquera de la saga animada. Jamaica apareció caracterizada con el disfraz completo: blusa blanca y amarilla con detalles de soga roja bordada, jean, botas marrones estilo cowboy y sombrero rojo.
Las fotografías de la sesión recrearon la habitación de Andy, con una estantería de juguetes, una regla de medición en la pared y dibujos pegados en un corcho, tal como aparece en la película. En distintas tomas, la nena posa con una figura de caballo y una muñeca de Jessie, con las manos en la cintura o mirando a cámara con una sonrisa mientras sostiene la réplica del personaje entre los brazos.
La mesa principal estuvo decorada con manteles amarillos y la ambientación general de la celebración. Jamaica se sentó allí con el vestido de Jessie completo, pintura facial de flores en tonos rosados y el cabello recogido con moños rojos. A su alrededor se dispusieron bolsitas de regalo de cartón identificadas con el nombre “Jami Story 5” y vajilla con estética campestre. Entre los objetos personalizados se destacó un vaso con la leyenda “Toy Cumpliendo”, que combina el logo de la saga con una ilustración de Jessie y un sticker con la imagen de Báez.



La torta central fue uno de los puntos más elaborados del festejo. Decorada en tonos celestes con texturas que simulan nubes, incluyó figuras recortadas de los personajes principales de la franquicia —Woody, Buzz Lightyear, Jessie, Rex, Hamm y los Aliens— además de un candelabro con el número 5.
La pieza se estructuró en cuatro pisos: uno blanco con flecos marrones y soga rosa, otro con estampado de vaca en blanco y negro, un tercero celeste con la leyenda “Jamaica is 5” entre nubes, y un remate superior con el torso de Jessie coronado por su sombrero rojo. El conjunto se ubicó sobre un pedestal celeste con figuras de los Aliens y rodeado de globos rojos sobre el piso de madera del salón.


Como parte de la ambientación, se instaló un panel gigante para colorear con la inscripción “Jami Story 5” y dibujos de los personajes, junto a un cartel fotográfico de Jamaica caracterizada como Jessie. La nena participó de la actividad con marcadores. También formó parte de la decoración una figura recortada a tamaño real de Jessie, colocada sobre una base con globos rojos.
El festejo incluyó una animación en vivo con actores caracterizados como los personajes de la película. Uno de ellos, vestido como Jessie con sombrero rojo, cantó con micrófono frente a los chicos invitados; otro animador caracterizado como Woody hizo lo propio desde el lado opuesto del escenario, mientras un tercero disfrazado de Buzz Lightyear completó la puesta. El público, entre el que se encontraba Jamaica con su disfraz y pintura facial, estuvo sentado en el piso durante la animación.


Báez acompañó las imágenes con un mensaje dedicado a su hija: “Cinco años mi pequeña tan dulce, tan compañera, que siempre seas igual de feliz. Te amo con todo mi alma. Hoy seguimos celebrando tu mejor día de la vida, como vos me dijiste. Gracias por existir e iluminar todos mis días, Jami”. El texto acompaña una fotografía en la que madre e hija posan juntas y sonrientes, ambas con sombreros de vaquera.
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CHIMENTOS
Zaira Nara reveló los detalles íntimos de su reconciliación con Jakob Von Plessen tras cuatro años separados: así se reencontraron

Después de cuatro años separados, Zaira Nara y Jakob Von Plessen volvieron a apostar al amor y la modelo habló por primera vez sobre este inesperado reencuentro. Consultada por un notero de Intrusos, la conductora no esquivó el tema y, entre sonrisas, confirmó la reconciliación con el papá de sus hijos.
“Se puede decir que volviste al viejo nuevo amor”, le preguntó el cronista a Zaira. “Sí. No sé, titulalo como quieras”, respondió ella, risueña. Sobre la reconciliación con Von Plessen, afirmó: “Fluyó el reencuentro”. Y señaló, sobre Malaika y Viggo: “Cuando hay hijos en el medio uno siempre prioriza, bueno, no siempre, pero en nuestro caso siempre hubo muy buena relación por los chicos. Siempre fuimos familia”.
Pero hubo una parte de esta historia que Zaira decidió mantener bajo siete llaves. Cuando el notero de América TV le preguntó cómo fue la charla o el encuentro que dio paso a la reconciliación, la modelo lanzó una risita pícara antes de responder. “Esto es algo que quiero guardar para mí, para nosotros. Es algo de la intimidad que trato de resguardar lo más que puedo”, dijo.
Zai también contó cómo tomó su familia esta nueva apuesta al amor y se refirió a Wanda, Nora Colosimo y a su papá, Andrés. “La familia, por más que está muy expuesta, sabe guardar muy bien los secretos”, aseguró Zaira. Y cerró con humor, mientras hacía un gesto de cortar la cabeza: “Y cuando uno habla…”.
ASÍ CONFIRMÓ LA RECONCILIACIÓN LA MAMÁ DE ZAIRA NARA
Fue Nora Colosimo, en su nuevo rol de angelita de LAM, quien confirmó lo que Karina Iavícoli había deslizado. Mientras el país seguía de cerca el partido despedida de Messi de la Selección Argentina, la mamá de Zaira y Wanda destapó todo al aire.
“Esta parte es la que a Zaira no le gusta del laburo, pero como yo soy una angelita fui a la fuente y se lo pregunté. Y ella me dijo: ‘Mirá, mamá, sí, yo te autorizo’”, contó Nora en el programa de América, con una gran sonrisa y contenta con la felicidad de su hija.
Nora explicó, a continuación, por qué la ex pareja volvió a animarse a darle una vuelta más al vínculo amoroso. “Creo que cuando uno se separa es recién cuando conoce a la otra persona. Y ellos son dos personas muy buenas, siempre hubo mucho amor, siempre se respetaron mucho. Así que felizmente, sí”, dijo.
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CHIMENTOS
La Maga Caro, la ilusionista argentina que convirtió el asombro en una forma de vida: «La magia no tiene género ni edad»

Caro Scialabba tenía apenas cuatro años cuando una vieja caja de magia despertó en ella una curiosidad que nunca volvió a apagarse. Lo que para muchos podía haber sido un juego de infancia se convirtió, con el tiempo, en una forma de mirar el mundo y de encontrar belleza en aquello que no tiene una explicación inmediata. A los 23 años, La Maga Caro ya es campeona latinoamericana de ilusionismo, una de las pocas mujeres argentinas que logró abrirse camino en esa disciplina y la artista más joven en ingresar a la Entidad Mágica Argentina. Detrás de cada carta, cada coincidencia y cada gesto de asombro, había una historia de esfuerzo, sensibilidad y perseverancia que compartió en exclusiva con Teleshow.
Su recorrido también estuvo marcado por el deseo de ocupar un lugar propio en un universo en el que las mujeres históricamente quedaron relegadas a un segundo plano. Desde que comenzó a formarse de manera profesional, Caro no solo perfeccionó una técnica, sino que también construyó una voz capaz de desafiar los prejuicios y abrirles camino a otras artistas. Llevó su magia a escenarios de América y Europa, recibió reconocimientos internacionales y representó al país en competencias de alto nivel. Pero, más allá de los premios y los escenarios, su búsqueda conservó algo de aquella niña que se acercó por primera vez a una caja de trucos: la necesidad de descubrir qué puede ocurrir cuando alguien se anima a mirar un poco más allá de lo evidente.
En ese camino, Sintonía Mágica apareció como una nueva manera de compartir esa mirada con el público. El espectáculo reunió cartomagia, mentalismo, humor, música y participación de los espectadores, aunque su verdadero centro estuvo en la cercanía y en la posibilidad de recuperar el asombro como una experiencia compartida. Las nuevas funciones se realizarán el 23 y el 30 de octubre, en el Teatro Buenos Aires, ubicado en pleno centro porteño. Allí, La Maga Caro volverá a poner sus cartas sobre la mesa para recordar que, a veces, no hace falta entender cómo ocurre algo para dejarse conmover por el instante en que sucede.
—¿Cuál fue tu primer acercamiento con la magia y el ilusionismo?
—Comencé con la magia a los cuatro años, muy de chica. Empecé a través de una cajita de magia de juguetería que estaba en el living de mi casa, mirando las Manos Mágicas por la televisión, mirando a René Lavand y todo lo que había de magia en la televisión en ese momento. También jugaba con las cartas, que siempre me gustaron, Cuando vi que la magia era lo mío, empecé a intentar buscar más. A los siete comencé a estudiar y en ese momento me di cuenta de que me quería dedicar a eso.
—¿Qué fue lo que te enamoró de la magia y del ilusionismo cuando eras chica?
—Me gustó mucho poder llegar a la gente, tener algo para contar y tener algo para compartir. La magia es un medio para poder contar una historia, llegar al público y compartir algo que uno siente. En ese momento, para mí, la magia comenzó como un juego, pero era un juego donde podía ser yo misma, divertirme y divertir a otros. Hacía magia para niños y para adultos.

Empezó como un juego, con una cajita y a los cuatro años, cuando el mundo es diversión, juego y aprendizaje. La magia creció conmigo y hoy tengo 23 años. En todo ese proceso evolucionó, me acompañó a través de mi crecimiento y estuvo presente en mi vida desde ese momento. También se fue transformando en distintas cosas que quería expresar y contar. Fue una gran compañía y un gran motor para transmitir lo que uno siente.
—¿Cuándo te diste cuenta de que no era un simple pasatiempo?
—A mí me gusta mucho lo artístico. Es algo que tengo desde chica. Me gusta mucho la música, hice circo, estudié piano, guitarra y canto. Lo artístico siempre estuvo presente en mi vida, pero la magia fue lo que perduró desde entonces. La música es algo que hoy mantengo y que se relaciona mucho con la magia, pero es un hobby. La magia empezó a transformarse en una profesión cuando comenzó a ser parte de mi día a día y empecé a convertirme en una artista más integral. Ya no era “hago magia” o “toco el piano”, sino que todo componía el mismo hecho artístico. Todo se complementa. No es que cuento historias o cuento lo que siento: estoy contando a través de mi magia.

También empecé a abarcarla de una manera más profesional. Estudié con el campeón mundial de magia Henry Evans, acá en la Argentina, y comencé a ir a congresos de magia donde estaban presentes los grandes artistas de ese momento. En su momento conocí a René Lavand, que es uno de los próceres de la magia narrativa, que es lo que más me gusta hacer y a lo que me estoy dedicando a fondo hoy. La magia narrativa tiene que ver con tener algo para contar, poder hacerlo a través de las historias y combinar la magia con la posibilidad de dejarle algo al espectador para que reflexione, no solamente el efecto mágico en sí. Uno empieza a nutrirse, va a congresos, a talleres. Yo también empecé a dar clases a los 16 años. Además, comencé a viajar por el mundo con mi magia y a intercambiar culturalmente con otros artistas.
—A los 11 años entraste a la Entidad Mágica Argentina y, a los 13, ganaste el primer premio de la Federación Latinoamericana de Sociedades Mágicas. ¿Cómo viviste esos logros a una edad tan temprana?
—Fue un poco una locura. Yo vivo la vida muy intensamente, vivo por dos, realmente, porque siempre me gustó hacer muchas cosas al mismo tiempo y dedicarme con pasión y mucha dedicación a todo lo que me gusta y me hace feliz. No fue algo que ocurrió sin que me diera cuenta, sino algo que busqué. En el mundo de la magia hay bastante competencia y, en general, uno busca alcanzar algún premio para tener reconocimiento dentro de sus pares. Yo era chica, pero recuerdo que cuando llegó por primera vez un mazo de cartas dije: “Bueno, quiero ir a competir, quiero poder demostrar que, a pesar de la edad que tengo, puedo estar a la altura de un nivel de competencia”.
Fueron años de preparación y entrenamiento, de practicar ocho horas por día para poder llegar a eso, armar una rutina y tener algo para contar. Porque si no estás seguro de lo que creés o de lo que querés transmitir, es muy difícil conquistar a tu público.
—¿Cómo fue crecer a la par de tu profesión?
—Fue algo que se dio de manera muy natural. La magia siempre estuvo muy presente en mi vida, tuvo altos y bajos y me acompañó a través de absolutamente todo. El escenario siempre fue para mí un lugar seguro, un lugar donde me siento plena y disfruto.
La vida tiene muchas idas y vueltas, como le sucede a cualquier niño o adolescente, pero en la magia siempre encontré un lugar atemporal. La magia no tiene edad, no tiene género, no tiene nada. Recibe a todos por igual. Me pasó que, en el escenario, no tenía ninguno de los problemas que uno puede atravesar en el día a día. En el escenario se detiene todo y el show debe continuar. Era ese cable a tierra que uno a veces necesita, tanto para mí como para la persona que iba a ver un espectáculo. Era un lugar muy lindo donde estar, porque transmitís eso. Si vos estás feliz y disfrutando arriba del escenario, el público lo siente y lo recibe.

En este espectáculo que estoy por presentar hablo de la sintonía mágica, las conexiones humanas, las conexiones con otras personas, la distancia y el tiempo. Hay muchas reflexiones de la vida de uno dentro de un guion y de un espectáculo, porque obviamente lleva un guion y un trabajo enorme, más allá de lo que se ve como resultado final. Eso ayuda un montón. Es como cerrar los ojos y dejar que lo artístico fluya.
—¿Cómo se tomaron tus padres la decisión de que fueras una maga profesional?
—Mis padres me acompañaron mucho. Ellos estuvieron presentes durante todo el proceso. Siempre me acompañaron en los espectáculos y en todo lo relacionado con ese mundo, porque obviamente era llegar y tener a una niña de nueve años a cargo de una función. Si bien yo podía hacer toda la parte artística, a veces era complicado que del otro lado me tomaran en serio. Entonces mis padres me ayudaron con las relaciones públicas y con todo lo que hacía falta. Con el tiempo, empecé a administrarme yo esa parte. A los 15 o 16 años dejé de vivir en zona sur, porque soy de Hudson, y me vine a vivir a Capital Federal. Ahí comencé a hacer, más acompañada, todo lo que antes hacía con ellos.

—Hoy sos una de las referentes femeninas de la magia en la Argentina. ¿Cuándo tomaste conciencia de que las mujeres son minoría en ese ámbito?
—Nunca ocurrió un momento puntual en el que me diera cuenta, porque fue una realidad desde el día cero. Llegué a la Entidad Mágica Argentina siendo la única mujer y la única menor de edad. Entonces fue algo que estuvo presente desde el principio.
Hay profesiones en las que es muy difícil no darse cuenta de la mayoría masculina. Cuando, de pronto, en todas las reuniones sos la única mujer, salvo por alguna esposa o novia de alguien, es algo que culturalmente llama la atención. También es extraño que esa realidad no haya cambiado a través de los años. La mujer en la magia siempre estuvo del lado de la asistente o de la partenaire. Yo llegué a la magia por amor al arte. Cuando vi que era un mundo de hombres, entendí culturalmente dónde estábamos parados, pero seguí adelante.
En 2019 creé Noche de Reinas. En ese momento circulaba en los medios la pregunta de si existían mujeres en la magia. Se había hecho muy viral una pregunta que habían formulado en el programa de Mirtha Legrand: “¿Existen las mujeres en la magia?”. También se había relacionado a las mujeres con el mundo místico, las brujas y las hechiceras. Un poco en respuesta a esa pregunta y también para dar a conocer y bajar a tierra esa idea, porque la gente no tiene por qué saber, me pareció importante demostrar que estamos y que somos. Es verdad que somos muy pocas las mujeres en la magia, pero existimos. Somos poquísimas alrededor del mundo. Ojalá haya más mujeres en la magia y que la existencia de cada una de ellas sirva como una forma de resistencia cultural. La magia no tiene género ni edad.

—También tenés un programa de radio y sos docente. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre todos esos proyectos?
—El periodismo me gustó desde siempre. A mí me gusta la comunicación en general. Todo lo que hago en mi vida es comunicar, ya sea desde la música, la magia o el periodismo. Es parte de todo. Yo escribo desde siempre: canciones, guiones y pensamientos. Siempre tengo la necesidad de bajarlo al papel. Comunicar es algo muy natural en mi vida, al igual que transmitir y compartir. No sé si la palabra es generar comunidad, pero sí poder generar un espacio seguro para que quien está del otro lado sienta que no está solo.
Muchas veces uno piensa la magia desde arriba del escenario, en formato vertical, comprando una entrada y viendo el espectáculo desde el público, pero la magia también se puede hacer en la radio. Hasta mitad de este año tuve una columna de magia en Radio del Plata, donde contaba curiosidades y hacía magia en vivo todos los viernes. En este momento tengo un segmento de magia para personalidades del mundo del espectáculo en MDZ. Se entrevista a una personalidad y se le hace magia, pero se llega a través de las historias y las conexiones. La magia es una forma de llegar, conectar, sentir y reflexionar. Por eso me gusta generar espacios para la magia en lugares que quizás no son tan cotidianos.

—Con todos los proyectos que tenés hoy, ¿qué metas sentís que todavía te falta cumplir?
—A corto plazo tengo todo el foco puesto en el espectáculo que estoy estrenando. Estoy muy enfocada en eso, lo cual es un sueño hecho realidad. Es un proyecto en el que se viene trabajando hace mucho tiempo con un equipo hermoso. La dirección está a cargo de Guillermo Courau y también habrá un músico invitado, Néstor Gebruers. Va a estar puesto en escena todo lo que hoy me hace feliz y me representa: la magia narrativa y la posibilidad de trasladarla a la cotidianidad y al contexto cultural actual.
Eso es algo que estoy trabajando y que me hace muy feliz. Después quiero llevar este espectáculo y los próximos, que ya se están trabajando, al público. Me gustaría que las personas vivan la magia, se acerquen y la disfruten como parte de la cultura.
Por otro lado, a largo plazo me gustaría mucho volver a viajar por el mundo con mi espectáculo. Digo “volver” porque estuve viajando recientemente. Este espectáculo tuvo su primer inicio en Brasil, pero me gustaría comenzar otra gira, por lo menos con Sintonía Mágica, que es lo que me hace feliz hoy. Quiero llevar mi magia a otros países, como ya lo hice en el pasado, pero ahora desde otro lugar y con mi espectáculo unipersonal, sola. Esa es la meta a largo plazo. La meta de un artista siempre es poder seguir viviendo, disfrutando y transmitiendo lo que realmente le gusta.

—¿Qué consejo le darías a alguien que quiere meterse en el mundo de la magia?
—Que disfrute. Que no olvide que la magia es un juego, un medio y algo que sirve para contar. Es algo que se vive y se disfruta, y que realmente no exige nada en particular. Obviamente, si uno quiere trabajar de esto y vivir de esto, lleva mucha práctica y entrenamiento. Pero la magia es noble, en cualquier género y a cualquier edad. Sencillamente, uno tiene que enamorarse de lo que hace. En esto y en cualquier hecho artístico, hay que encontrar esa pasión. Hay que animarse a preguntar, animarse a ver, animarse a disfrutar y dejar que la magia ocurra. La magia te sorprende. Es una forma de tener un cable a tierra. Así que mi consejo es que nunca dejen de jugar.
René Lavand,La Maga Caro
CHIMENTOS
El infortunio que la condenó, una carrera arruinada de golpe y una vida que se apagó de a poco: la tragedia de María Amuchástegui, la mujer que no escapó del mito

A mediados de 1986, mientras el país seguía de festejo por la consagración de la Selección Argentina en el Mundial de México con Diego Maradona, en el Congreso se debatía el divorcio vincular y la moneda vigente era el austral, un chimento escatológico sobre María Amuchástegui corrió como la pólvora, se multiplicó por el boca a boca y se instaló en la memoria colectiva, llevándose puesta la carrera de la pionera del fitness.
María estaba en la cima del éxito y era famosísima. Le daba clases particulares a Susana Giménez y otras celebridades. Mucho antes de los tutoriales de YouTube, era ella quien se metía en las casas de las personas para ponerlas en movimiento con su programa Buen día, María. “Uno, dos, tres… ¡ocho más!”, arengaba sonriente y a los gritos desde la colchoneta, con sus polainas, calzas metalizadas y vincha, motivando a la audiencia a seguir sudando frente a la tele para tonificar el cuerpo.
Hasta que un día, alguien dijo que a la conductora se le había escapado un gas mientras enseñaba un ejercicio. Según contó, aquella mañana María estaba haciendo un «combinado», un movimiento abdominal bastante traicionero y comprometido, con las piernas en alto, que la dejó expuesta en una mala pasada gastrointestinal. Fue un escándalo, nadie lo pudo parar, y Amuchástegui quedó marcada.
“Se lo tiró y, muerta de vergüenza, se fue corriendo del estudio, rota en llanto y tapándose el rostro”, cuchicheaban entre risas mujeres y hombres, niños y niñas, abuelas y empleados de comercio, bancarios, perros y gatos. “El doctor Borocotó enseguida salió del paso y habló de los gases matinales, tan normales”, completaban el chisme en verdulerías, almacenes, escuelas, oficinas, por teléfono de línea, desde Ushuaia hasta La Quiaca, sobre la presunta reacción del compañero de la gimnasta.
La flatulencia que le adjudicaron a María fue tomando dimensiones épicas y cada vez más datos agrandaban lo que supuestamente había ocurrido en ATC, donde Amuchástegui tenía su exitoso programa de gimnasia y salud.
Eran tiempos de rumores largos que se amasaban de a poco y, una vez instalados, se amalgamaban con la realidad. La versión del gas de María fue leudando hasta que llegó a las portadas de las revistas y a la tele. Y cuando alguien quiso indagar e ir a las fuentes, no aparecieron pruebas. No había ni un solo registro en video del accidente del que nadie tenía ni una sola duda de que había ocurrido. Incluso había quienes aseguraban haberlo visto en pantalla. Pero ni los archivistas más concienzudos lograron encontrarlo. Había nacido el mito urbano más potente (y destructor) de la historia de la televisión argentina.
EL INCREÍBLE CASO DE LO QUE DICEN QUE HIZO MARÍA AMUCHÁSTEGUI
El 28 de agosto de 1986, la gimnasta apareció en la tapa de la revista La Semana, con un tapado de piel y cubriéndose la cara. “El increíble caso de lo que dicen que hizo María Amuchástegui”, decía el titular. En sus páginas, la palabra más buscada. “Me enteré hace más o menos un mes. Mis amigas comenzaron a llamarme. Al principio, no entendía lo que me decían. Ellas mismas se sentían avergonzadas”, dijo.
“Después me contaron que La noticia rebelde levantó el malentendido y el asunto creció. No sé por qué lo habrán hecho y quién habrá sido… Podrían haber inventado algo más veraz”, avanzó María, sobre el segundo rumor que quedó establecido. Y que había sido el legendario programa humorístico de Jorge Guinzburg, Adolfo Castelo, Carlos Abrebaya, Nicolás Repetto y Raúl Becerra el culpable en amplificar el asunto, al aparecer al aire portando máscaras antigases y bromeando al respecto. Cosa que, insólitamente, tampoco ocurrió.
“Nada de esto ha sido cierto. Nada de esto ha pertenecido a la realidad. Y todo, absolutamente todo, configura un extrañísimo caso de creencia colectiva a partir de un hecho inexistente”, aclaraba incluso aquella crónica que detectó el origen de esta bola de nieve en un chisme entre empleados de otra emisora, Canal 11: “Me dijeron que se escuchó un ruido rarísimo en el programa de Amuchástegui mientras hacía gimnasia. ¿Habrá sido un…?”. Eso fue todo.
MARÍA, LA ESTRELLA QUE SE APAGÓ
Lo que no fue chiste fue el drama que en carne propia sufrió la conductora, hasta ese entonces, la cara de primerísimas marcas de la época. Para hacerse una idea, María era la Messi del gym. Con su sonrisa de dientes brillantes vendía leches, quesos, dulces diet, videos, fascículos, zapatillas, mallas para aerobics, todo lo imaginable dentro del mundo de lo saludable en los 80. Pero los contratos se cayeron, las marcas se retiraron. Nadie quería quedarse pegado.
La estrella de María se apagó luego del evento desafortunado. “El blooper le perjudicó la carrera. Después de eso, presenté su programa en el 7, en el 9, en América, y me dijeron que no. En los canales, nunca me lo comentaron en forma directa, pero uno tiene amigos y te das cuenta por qué bochan un programa si usás la sensibilidad”, dijo su productor Adrián Amenábar, que insistió durante años con el producto hasta que se rindió.
De esa flatulencia que nunca existió tampoco logró escapar el único hijo de Amuchástegui. Juan José Alberdi, que nació en 1988 (dos años después del supuesto hecho), sufrió un infierno de burlas y bromas pesadas, especialmente en la secundaria. “El bullying, el acoso y el hostigamiento eran el pan de cada día. Era la ley de la selva. Fue muy duro”, dijo sobre ese martirio que su mamá no pudo frenar y que intentaba ayudarlo a minimizar. “No le des bola, si te reís les sacás el poder”, le decía. Ella, que nunca expresó públicamente ni adelante de su hijo su bronca por el derrumbe, puertas adentro y cuando él no la veía, se descargaba. Años más tarde, enfermó de cáncer. “Si hay alguien que conocía su cuerpo era mamá”, dijo su hijo.
El presunto accidente se convirtió en el elefante en la habitación cada vez que a Amuchástegui le hacían una nota. Una y otra vez, la misma pregunta: “¿Es verdad que…?”. Y María no se cansaba de explicar, con toda la paciencia del mundo, que cómo iba a ser cierto, si todos los programas salían al aire ya grabados. “Y claro, si el accidente hubiese ocurrido, no hubiera salido al aire —razonaba—. Figurate que cuando en la grabación se filtra algún ruido, se hace todo de nuevo. Lo mismo cuando hay una falla en la parte musical. Si hubiera sucedido, hubiéramos hecho lo mismo que hacemos cuando hay algo que no nos gusta: lo borramos y volvemos a grabar”.
¿Hubo boicot? Así lo sostiene su hijo, hoy al frente de un espacio terapéutico que contiene a adolescentes víctimas de bullying. “¿Por qué lo hicieron? Es un misterio”. Alberdi piensa que su madre, una figura importante en un medio difícil, pagó caro el hecho de ser mujer en los 80. También señala que había cierto prejuicio o molestia con la clase social de Amuchástegui, cuya abuela era nieta de Justo José de Urquiza. ¿Alguien se la tenía jurada? María, que también tenía gimnasios en Buenos Aires, siempre se la recordó como a una mujer súper exigente con su trabajo, que no se callaba nada, que ganaba mucha plata y era influyente. Y eso, en ese entonces, caía mal.
EL ACCIDENTE IMPOSIBLE QUE NADIE VIO Y TODOS RECUERDAN
¿Y qué dijeron quienes estaban cerca de la conductora cuando todo estalló? Juan Carlos López, su maquillador de aquella época, le aseguró al periodista Cicco que “las tarimas hacían más ruido que otra cosa”. “Nunca salió. Para mí fue un invento. Nadie se refiere a María hoy como la precursora del fitness sino por el gas, y eso es lamentable. Fue tapado por un chiste que, en dos minutos, tiró todo al diablo”, lamentó.
Elena Cánepa, una de las chicas que hacían gimnasia en Buen día María y que estaba de viaje en ese momento, contó que al volver la enloquecieron a preguntas. “Yo decía que era imposible. Pero me decían: ‘Una amiga lo vio’. Cuando iba a ver a la amiga me decía que otra lo había visto. Nunca encontré a nadie que lo hubiese visto. Seguramente, María creaba envidias. Siempre la gente que se destaca es envidiada”.
El director del programa también habló, muchos años más tarde. Además de recordar a María como “una mina muy pero muy fina” y “cuidadosa de todos esos detalles”, aseguró que se trabajaba con un micrófono solapero, no con uno de aire. “Si un ruido retumba en el suelo, lo escuchás. Cuando algo salía mal, parábamos y grabábamos de nuevo”, precisó. Técnicamente, el asunto era imposible. Y sin embargo…

Durante 30 años, todos negaron esa famosa flatulencia que condenó a una mujer que lo tenía todo: talento, carisma, fama, dinero, belleza, fama, familia y amor. Todos lo negaron menos una persona, que juró haber sido testigo: uno de los gimnastas que la acompañaban en las coreos, al fondo. Lo contó dos veces: en la tele, en una entrevista para El Rayo, a Dolores Barreiro, y a Cicco, quien durante años vivió obsesionado con escribir un libro sobre María Amuchástegui.
“El pedo se lo tiró. Yo estaba atrás. Y es tal cual como se dijo. Estábamos haciendo repeticiones de abdominales y se escuchó el ruido. Tal vez, si nadie hacía referencia a eso, hubiese pasado. Pero ella se puso de pie, y salió corriendo del estudio. Estaba escandalizada. ¿Qué rumor ni qué rumor? ¡Si yo lo vi con mis propios ojos!”. Eso contó Aníbal Silveyra, cuando ya era un actor de musicales en ascenso.
Paradojas del destino: años más tarde el propio Silveyra padeció el convertirse en meme y en hazmerreír tras protagonizar Un buen día, considerada la “mejor peor película argentina».
EL OCASO DE MARÍA AMUCHÁSTEGUI Y SU TRISTE FINAL
“Nunca se me escapó. Vos lo sabés mejor que nadie. Ni frente a la cámara ni afuera. Tengo control absoluto”, fue una de las últimas explicaciones que dio María —ya con la sonrisa cansada— al propio Guinzburg allá por 1999, en La Biblia y el Calefón.
Había sido la Jane Fonda argentina y ya no hacía tele. Ahora se limitaba aparecer, cada tanto y cuando la llamaban, en programas como Sábado bus, CQC, Cuestión de peso y, más tarde, la ficción Graduados, donde interpretó a una profesora de danzas. Pero antes, había intentado un nuevo resurgir en el terreno de la música: en 2005 lanzó un disco de canciones de amor llamado Camino de espejos, que en la radio ni lo pasaron porque el pasado no la soltaba.
Años más tarde, Guinzburg, ya enfermo y hastiado de explicar que La noticia rebelde no había tenido nada que ver, contó que todavía había gente que le recordaba lo que le habían hecho a María con sus compañeros. “Le cagaron la carrera”, le reprochaban. “Y sí…”, respondía él. Tiempo después aclararía por qué: “Ya no quiero explicar más que no tuvimos nada que ver. Que la gente se haga la película que quiera”.
Recién en 2016 María reapareció y se mostró radiante en el casamiento de su hijo. Un año más tarde, quedó internada en el Sanatorio de La Trinidad por un ACV. Poco antes le habían encontrado un tumor maligno en un brazo. Aunque se lo amputaron, ya era tarde: el cáncer había hecho metástasis en un pulmón. Tras dos meses internada, murió el 19 de julio de 2017, a los 64 años.
Para entonces, aquel supuesto accidente llevaba más de 30 años instalado en la memoria colectiva. Las máscaras de gas de La noticia rebelde, el estruendoso ruido del gas: detalles de una misma historia que, con el tiempo, se fundieron en un único recuerdo.
¿Cómo se llama cuando varias personas recuerdan de la misma manera algo que nunca ocurrió? Efecto Mandela. Y quizá no haya mejor ejemplo en nuestro país que el de María Amuchástegui, la primera cancelada del medio por algo que nunca pasó.
maría amuchástegui
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