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El drama que vivió Jenny Williams cuando un mal diagnóstico le impidió moverse por dos años: “Pensé que nunca iba a salir”

La operación en los pies que debía ser el comienzo de una recuperación de apenas seis semanas terminó convirtiéndose en una pesadilla de dos años. Para Jenny Williams, aquella intervención que en principio parecía sencilla derivó en dolor crónico, inmovilidad, angustia y una pregunta que durante mucho tiempo la acompañó como una sombra: si alguna vez volvería a caminar sin dolor, a bailar, a ponerse un par de zapatos que no fueran ortopédicos o, simplemente, a sentirse dueña de su propio cuerpo.
Hoy, a los 40 años, la actriz mira hacia atrás y reconoce que atravesar aquel período límite también la transformó. El pilates apareció casi por casualidad, se convirtió en una herramienta fundamental para recuperar la fuerza y terminó abriendo una nueva pasión profesional. Y, mientras reconstruía su vínculo con el movimiento, también comenzó a reconstruir su carrera artística.
Después de años de vivir entre México y Argentina, de cantar en bares y en un hotel de lujo en el Caribe, volvió a instalarse en el país y encontró nuevamente aquello que había marcado su vida desde chica: un escenario.
Su presente tiene algo de renacimiento. Hoy protagoniza La bomba, una comedia de Juan Paya dirigida por Gabi Villalba, junto a Paco Massarini, en el Teatro El Grito. El proyecto nació de una conversación entre dos amigos, creció sin grandes obstáculos y terminó transformándose en una experiencia que la propia actriz define como mágica: funciones a sala llena, espectadores que quedan afuera y la sensación de haber encontrado, después de un largo recorrido, el lugar exacto en el que quería volver a estar.
Pero para entender la dimensión de este regreso hay que retroceder varios años. Jenny debutó como modelo a los 17, después de una década de formación que incluyó cursos de acrobacia, baile y música. La actuación llegó primero con pequeñas participaciones en Casi ángeles y Floricienta, mientras también se convertía en rostro de comerciales para distintos países de Latinoamérica y Estados Unidos. El gran salto llegó con Atracción x4, donde interpretó a Paula Lacalle, la villana principal de la tira juvenil. Después vendrían Malparida, la miniserie italiana Terra ribelle, Historias de la primera vez, la película Cruzadas, Graduados —por la que recibió una nominación a los premios Martín Fierro como revelación—, Sos mi hombre y el videoclip de “Por mil noches”, de Airbag.
En 2015 volvió a explorar el teatro musical con La niña, el diablo y el molino, escrita y dirigida por el francés Olivier Py, presentada en el Centro Cultural Recoleta y el Centro Cultural San Martín. Más adelante participó de El mal menor y, en 2023, participó de la miniserie Madame Requin, protagonizada por Flavia Palmiero. Sin embargo, en medio de ese crecimiento profesional ocurrió algo inesperado: las propuestas laborales comenzaron a escasear.
“Mi carrera tuvo como un bache en donde frenó bastante todo y fue muy frustrante para mí”, recuerda. Aquello que durante años había sido una sucesión vertiginosa de trabajos se detuvo de repente. Y Williams decidió hacer algo que cambiaría su vida: irse.
A los 30 años se mudó a México. Primero intentó instalarse en Ciudad de México, donde trabajó como actriz, pero la ciudad no terminó de conquistarla. Un viaje a Tulum que inicialmente iba a durar una semana terminó extendiéndose a 15 días, después un mes, dos meses y, finalmente, a una nueva vida. Alquiló un departamento, comenzó a trabajar y descubrió una versión de sí misma que hasta entonces había permanecido en segundo plano: Jenny, la cantante.

“Fui residente de un hotel”, cuenta sobre aquella etapa. Allí pudo cantar con su propia banda, frente al mar, en la playa. “Tuve la experiencia de poder cantar con mi banda propia en la orilla del mar. Esas cosas que decís: ‘No, esto es un sueño’”. Y lo era. Durante años había fantaseado con esa posibilidad de abandonar todo y marcharse al Caribe. Finalmente, lo hizo.
Pero el destino volvería a ponerla frente a un desafío inesperado. Después de un período entre Tulum y la Argentina, comenzaron los problemas en sus pies.
Williams explica que en aquel momento hacía muchísimo ejercicio y bailaba intensamente, eso sumado a un problema congénito además de una mala mecánica al pisar, lo que le provocó que se gastara el cartílago.
Lo que inicialmente parecía una sobrecarga física podía, según su relato, haberse tratado con descanso u otras alternativas. Sin embargo, terminó recurriendo a un profesional que, de acuerdo con las posteriores interconsultas que realizó con otros médicos, indicó un tratamiento quirúrgico que ellos consideraron que no correspondía a su condición.

“Fue una operación que no era necesaria tener”, afirma sobre la compleja cirugía bilateral de pies que debió atravesar. Lo que supuestamente iba a demandar seis semanas de recuperación se transformó en años de dolor. “Se convirtió en una tortura de dos años”, describe.
La dimensión de aquella experiencia no estuvo solamente en la imposibilidad de moverse. El dolor crónico empezó a ocuparlo todo. No encontraba una posición cómoda ni acostada, ni sentada, ni parada. El único momento en que podía dejar de percibirlo era mientras dormía.
“Literalmente, caminar era una tortura”, cuenta. Podía hacerlo desde el punto de vista mecánico, pero el dolor era constante. Y esa sensación terminó afectando cada aspecto de su vida: los planes con amigos, los viajes, las actividades cotidianas, el ánimo y hasta la posibilidad de imaginar un futuro diferente.
Durante aquel período, llegó a pensar que nunca recuperaría su movilidad. Temía no volver a caminar normalmente, no volver a bailar —una de sus grandes pasiones— y quedar condenada a convivir con el dolor.

“En ese momento la sensación era que nunca iba a salir de ahí”, confiesa. “Que no iba a poder moverme, que no iba a poder caminar, que no iba a poder recuperar mi movilidad, poder volver a bailar”.
El dolor físico también comenzó a modificar su relación con el mundo. “Te toma por completo”, explica. “Estás todo el tiempo pensando en eso. Todo lo que hacés está teñido de dolor”. La imposibilidad de caminar algunas cuadras podía convertirse en una barrera para encontrarse con amigos, viajar o simplemente salir de su casa.
Fue entonces cuando apareció el pilates. Y, curiosamente, llegó a través de un libro: La biblioteca de medianoche. Mientras leía aquella ficción descubrió una referencia a una protagonista que se sentía fuerte a partir de las horas de pilates que practicaba. Williams decidió probar.
Tenía, además, un prejuicio que comparte mucha gente: pensar que el pilates era una actividad suave, asociada apenas al estiramiento. La experiencia le demostró lo contrario: “Fue amor a primera vista”, recuerda.

El reformer se convirtió en una herramienta decisiva. El trabajo de fuerza sobre los pies le permitió comenzar a recuperar musculatura de manera progresiva. Primero fueron pequeños avances. Después aparecieron períodos en los que podía pasar una hora sin pensar en el dolor. Esa hora se convirtió en dos; las dos, en tres.
Y un día llegó un gesto que para cualquier otra persona podría parecer mínimo, pero que para ella representó la dimensión de todo el camino recorrido: volvió a usar zapatos que no eran ortopédicos. Y, más recientemente, incluso pudo ponerse algo de taco: “Yo no lo puedo creer”, dice.
La recuperación física también se convirtió en una transformación emocional. Williams descubrió una fortaleza que, hasta entonces, no sabía que tenía.
“Aprendí de mí misma que yo no me rindo, que no bajo los brazos, que soy mucho más fuerte de lo que me imaginaba y que yo me saqué adelante”, reflexiona.

De esa experiencia nació también una nueva vocación. El pilates dejó de ser únicamente una herramienta para recuperar su cuerpo y pasó a convertirse en una profesión. Hoy tiene su propio estudio, Moon, y busca acompañar a otras personas desde el movimiento.
“El ejercicio físico es un acto de amor propio”, sostiene. Su objetivo es poder ayudar a otros a sentirse mejor y transformar aquella experiencia dolorosa en algo que también pueda dejar una huella positiva.
En paralelo, comenzó a sentir que era momento de regresar. Después de aproximadamente una década entre México y Argentina, el país empezó a pesar de otra manera. La familia, los amigos, las costumbres, las tradiciones y esa sensación difícil de explicar que aparece cuando uno está lejos de casa: “Después de diez años, el corazón tira, la sangre tira, el país tira”, define.
En octubre del año pasado volvió definitivamente a la Argentina. Todavía mantenía su estudio en Tulum y continúa viajando, pero decidió hacer base nuevamente en el país. La decisión también tenía una razón profesional: entendió que si quería reactivar su carrera como actriz, necesitaba estar donde sucedían las cosas: “Es imposible reactivar mi carrera como actriz si yo no estaba acá”, explica.

Y la respuesta llegó más rápido de lo que imaginaba. En diciembre comenzó a tomar forma la posibilidad de hacer La bomba. En marzo empezaron los ensayos. Y finalmente llegó el estreno.
La propuesta había surgido de Paco Massarini, su mejor amigo y compañero de escena. Él le planteó el año pasado que tenían que hacer algo juntos. Empezaron a buscar textos a través de amigos actores y, cuando apareció La bomba, de Juan Paya, Williams sintió inmediatamente que habían encontrado la obra.
El texto la conquistó desde la primera lectura. “Es un obrón, está tan bien escrita, te juro que te morís de risa solo de leerla”, cuenta.
Se contactaron con Paya, obtuvieron los derechos y el propio autor les recomendó a Gabi Villalba, director de una puesta anterior de la obra. Así, el proyecto empezó a avanzar con una fluidez que Williams destaca especialmente.

“No hubo en ningún momento una traba”, dice. El teatro El Grito, perteneciente a la familia Berthold, también abrió sus puertas y todo comenzó a encadenarse hasta llegar al estreno.
La respuesta del público superó sus expectativas. “Estamos a sala llena cada función, gente que se queda afuera”, cuenta sorprendida. Y detrás de esa alegría hay algo más profundo: la sensación de haber vuelto a un lugar que siempre había sentido propio.
“Estoy donde quiero estar”, afirma, aunque inmediatamente aclara que todavía sueña con crecer, llevar la obra a la calle Corrientes y ampliar la exposición a partir de la repercusión que están teniendo.
La bomba es una comedia de aproximadamente 50 minutos, rápida, absurda y con un final inesperado que Williams prefiere no revelar. La experiencia del público, cuenta, tiene algo de desconcierto inicial y luego una revelación. “Es como que vi dos obras totalmente distintas en una misma obra”, explica al describir lo que le dicen los espectadores cuando salen.

Ese encuentro posterior con la gente se convirtió en otro de los grandes placeres de esta nueva etapa. Ver las caras, escuchar las risas y recibir comentarios de quienes no esperaban el giro final funciona, de alguna manera, como una confirmación del camino recorrido.
Porque detrás de esa actriz que hoy vuelve a pararse sobre un escenario hay una mujer que durante dos años tuvo que aprender nuevamente a confiar en su cuerpo. Y quizás por eso este regreso tiene un significado diferente.
Jenny no vuelve a la actuación como aquella joven que había conquistado el prime time, interpretado adolescentes, villanas y dramas, y que había recibido una nominación al Martín Fierro. Vuelve después de haber vivido en otros países, haber cantado frente al mar, haber construido una vida lejos de Buenos Aires, haber atravesado una experiencia física que la obligó a detenerse y haber encontrado en el movimiento una nueva manera de relacionarse consigo misma.
“Uno es actor o actriz y no deja de serlo nunca”, dice. “A lo sumo, no estás actuando”. Para ella, esa frase parece resumir una década entera.
Porque aunque durante un tiempo no hubiera cámaras, escenarios ni libretos, aquella niña de San Isidro que desde chica bailaba y actuaba frente al espejo seguía ahí. Esperando.

Ahora volvió a encontrarla: “Hoy puedo vivir una carrera que viví en mi edad más temprana, pero con una experiencia y una madurez ya de una mujer bien adulta”, reflexiona.
Y arriba del escenario, dice, vuelve a sentirse libre. Después de todo, el renacimiento no llegó solamente cuando pudo volver a caminar sin dolor. También llegó cuando pudo volver a hacer aquello que había marcado su vida desde siempre: actuar.
Y esta vez lo hace con una historia mucho más grande a sus espaldas. Una historia que incluye una caída, una espera demasiado larga, una recuperación paciente, un nuevo oficio, un país al que decidió regresar y un escenario que, finalmente, volvió a recibirla con las luces encendidas.
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Mensajes de despedida tras la muerte de Fernando Confessore, en vivo: últimas noticias, minuto a minuto

La palabra de Fernando Carnota a Teleshow
El periodista Fernando Carnota, quien trabajó durante años con Confessore en TN y Radio La Red, expresó su conmoción en diálogo con este medio. “Me impactó muchísimo por lo joven, por conocer a su familia, por haber compartido tanto tiempo”, señaló. También lo definió como “una mezcla extraña de un gran profesional serio con una persona sumamente divertida” y afirmó que su muerte constituye “una gran pérdida”.
Guillermo Lobo: “Empezamos juntos”

El conductor, compañero del meteorólogo desde los inicios del canal, publicó un extenso mensaje en el que evocó una relación de 33 años, los partidos de fútbol, las risas y los proyectos que imaginaban para la jubilación.
“Empezamos juntos en TN. Tantos sueños, tantos miedos, tantas ilusiones”, escribió Lobo. También definió a Confessore como un hombre de familia, al que alternaba el humor con momentos de enojo, y expresó: “Sos familia, carajo”. En su despedida, recordó el último intercambio que tuvieron, el martes anterior, cuando bromearon sobre un partido de Boca, y dejó un mensaje final: “Te quiero, Tano”.
Los saludos de sus compañeros
El humorista Ariel Tarico, integrante del equipo de TN, eligió Instagram para despedirlo con un mensaje de cercanía personal. Junto a una selfie con Confessore, escribió: “Confe querido. No lo puedo creer. De esos compañeros con los que te cagás de risa todo el tiempo. Qué dolor, LPM! Abrazo inmenso a su familia”.

El periodista Javier Fabracci, también parte del canal, manifestó su pesar a través de X. “Muy triste noticia. Excelente profesional y compañero… Buen viaje Confe!”, escribió junto a emojis de un corazón y manos en oración, acompañado de una fotografía de Confessore frente a la pantalla climática del canal.
Por su parte, Paula García compartió un mensaje en Instagram en el que recordó las jornadas al aire junto a Confessore. “Voy a extrañar tus chistes, tus risas, los ruidos al aire, los zapateos en los títulos, los mates compartidos”, señaló la periodista, quien además se refirió a las conversaciones que mantenían fuera de cámara y a las mañanas de sábados que compartían.
García lo describió como “un pionero en lo tuyo, un amante de lo que hacías y de tu hermosa familia” y destacó su perfil personal. “Por sobre todas las cosas, un ser humano sencillo, querible y buenazo”, escribió al despedirse del meteorólogo.

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Desesperación y tragedia: el dramático momento que vivió la esposa de Fernando Confessore al pedir ayuda urgente al 911

La muerte de Fernando Confessore, el histórico meteorólogo de TN, conmocionó al mundo de la televisión argentina. En las horas posteriores a conocerse la noticia, trascendieron detalles dramáticos sobre lo ocurrido durante la madrugada de este viernes, cuando sufrió una descompensación en su casa y su esposa, Paula, pidió ayuda de urgencia.
Según informó Gabriel Iezzi en Radio Mitre, Confessore se encontraba en su vivienda del barrio porteño de Versailles cuando sufrió el episodio repentino. Ante la gravedad de la situación, Paula se comunicó con el servicio de emergencias 911 para solicitar asistencia, en medio de la desesperación por lo que estaba ocurriendo con su marido.
De acuerdo con la información difundida sobre el episodio, el meteorólogo se habría desvanecido en la cocina de su domicilio. Tras recibir el pedido de ayuda, efectivos policiales llegaron al lugar y comenzaron a realizar maniobras de reanimación cardiopulmonar mientras aguardaban la llegada de los profesionales de la salud.
La situación era crítica. En el reporte sobre el procedimiento quedó asentado: “Al arribar el personal policial comienza a realizar maniobras de RCP hasta el arribo del SAME, los cuales continúan realizando maniobras sin éxito”.
LA INESPERADA MUERTE DE FERNANDO CONFESSORE
Cuando llegó el personal del SAME, los profesionales continuaron con las tareas para intentar reanimarlo. Sin embargo, pese a los esfuerzos de quienes intervinieron en la emergencia, no consiguieron salvarle la vida. La muerte del meteorólogo se produjo durante las primeras horas del viernes, a los 58 años.
La noticia golpeó especialmente a sus compañeros de TN, donde Confessore había trabajado durante más de tres décadas. Mario Massaccesi fue quien comunicó su fallecimiento en vivo y recordó al profesional que formaba parte de la rutina cotidiana del canal desde diciembre de 1995.
“La última noticia, la que no quisiéramos dar, nos toca de cerca. Murió nuestro compañero Fernando Confessore. Murió el que veías desde hace 30 años al aire de Todo Noticias”, relató Mario, sobre el triste deceso de su compañero.
Fernando Confessore
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Así anunció Mario Massaccesi la noticia de la muerte de Fernando Confessore: “Estamos en shock”

La muerte de Fernando Confessore, histórico meteorólogo de Todo Noticias (TN) impactó entre sus compañeros de tantos años en la señal. Al comunicar la noticia al aire, Mario Massaccesi recordó al profesional que durante tres décadas llevó el pronóstico a las pantallas del canal, habló de su reserva fuera de cámara y envió un abrazo a su esposa y sus tres hijas.
“La última noticia, la que no quisiéramos dar, nos toca de cerca. Murió nuestro compañero Fernando Confessore. Murió el que veías desde hace 30 años al aire de Todo Noticias”, expresó Massaccesi durante la emisión de la mañana.
El conductor sostuvo que la pérdida sorprendió al equipo, que hasta el día anterior había compartido momentos cotidianos con el meteorólogo en el canal. “Todos estamos en estado de shock. No podemos creer”, afirmó al referirse a la repercusión que tuvo la noticia entre colegas y televidentes.
Massaccesi repasó parte del recorrido profesional de Confessore, quien tenía 58 años. “Se fue ‘el del tiempo’, que entró al canal en diciembre de 1995”, dijo. Antes de sumarse a la señal, había trabajado durante dos años en el Servicio Meteorológico Nacional (SMN).
Durante su extensa presencia en TN, Confessore se convirtió en una de las caras asociadas a los pronósticos y las alertas. Massaccesi remarcó que su labor se desarrollaba frente a una disciplina marcada por modificaciones permanentes. “Al servicio siempre de estos vaivenes que siempre tiene la meteorología, que no da tregua nunca y siempre te genera alguna sorpresa”, señaló.
El periodista también recordó escenas de los últimos tiempos junto a sus compañeros de pantalla. “Mucha gente me está escribiendo recordando, sobre todo ahora en este último tiempo con Roxy y todo el equipo de la tarde, el baile que hacía”, comentó, mientras se exhibían imágenes de Confessore en el aire.
Más allá de la tarea que el público conocía, Massaccesi se detuvo en el costado privado de su compañero. “Más allá de lo que ustedes veían en la pantalla dándonos el pronóstico o las alertas, era un hombre que nos enseñó el amor, de toda una vida, con su mujer”, expresó.

“Él no quería hablar de su vida privada porque era de perfil bajo, pero la amaba, como a sus hijas”, agregó. “Un tipo familiar, sencillo, de un perfil bajísimo”, sostuvo el conductor. Según explicó, esa reserva tenía que ver con su vínculo con la exposición pública y no con el trato dentro de la redacción. Con el correr del tiempo, algunos posteos permitieron que sus compañeros y seguidores conocieran más aspectos de su vida familiar.
“Todos nos quedamos sorprendidos, sobre todo en este último tiempo, de algunos posteos donde él hablaba del amor de toda la vida con su mujer y la mamá de sus tres hijas, a quienes les mandamos un abrazo muy grande, un beso enorme”, manifestó Massaccesi.

El conductor precisó que la confirmación llegó desde el entorno de Confessore. “La noticia fue confirmada por su familia, confirmando que fue un infarto detalló Massaccessi”.
Una vez que se difundió la información, comenzaron a llegar mensajes al canal. “En nombre de Todo Noticias queremos agradecer la cantidad de mensajes que estamos recibiendo. La noticia ya está en las redes sociales, ya está en tn.com.ar. Estamos recibiendo muchísimos mensajes”, expresó.
Massaccesi relató que la cercanía temporal con los últimos encuentros en el trabajo profundizó la sorpresa entre sus compañeros. “Hasta ayer muchos de nuestros compañeros estuvieron con él en una terraza donde salimos siempre a tomar un poquito de aire, donde nos cruzamos a las apuradas. Estaba contento, estaba feliz. Hablaba de proyectos”, contó.

Entre esas iniciativas, mencionó un interés que el meteorólogo había compartido con el personal del canal. “Recién me contaban las chicas de maquillaje que, entre otras cosas, quería empezar o saber un poco más sobre electricidad. Estaba copado con el tema de la electricidad y ahí tenía pequeños grandes proyectos que tenían que ver con su vida privada”, relató.
Además de sus palabras al aire, Mario Massaccesi publicó un mensaje dedicado a Fernando Confessore. El texto aludió a las jornadas compartidas en el canal, entre la dinámica informativa, las tareas de producción y las salidas frente a cámara.
“Te vamos a extrañar Fer, por muchísimas razones, por tantísimos momentos entre cámaras, computadoras, noticias urgentes. ¡Hasta siempre!”, escribió el conductor en su despedida.
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