El biodiésel argentino, elaborado mayormente a partir de soja, depende casi en su totalidad del mercado europeo para sus exportaciones
El Parlamento Europeo le dio una buena noticia al agro argentino: finalmente rechazó los cambios que la Comisión Europea había propuesto para el Reglamento 807 y frenó, al menos por ahora, una norma que hubiera impedido al biodiésel de soja argentino ingresar al mercado europeo como energía renovable. De hecho, la decisión preserva un negocio de alrededor de USD 350 millones anuales para el país.
Se trata de una regulación que el agro local seguía intensamente desde principios de año, justo cuando se concretó la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Ahora, luego de esta novedad, la Argentinapodrá seguir exportando al principal —y prácticamente único— mercado de ese producto.
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“Ahora la CE deberá reescribir el reglamento y seguir los lineamientos del Parlamento que coinciden con la postura de Ciara. Es una gran noticia. Una exitosa gestión público privada de Argentina“, resaltó en un comunicado el presidente de la cámara que engloba a aceiteras y grandes agroexportadores (Ciara-CEC), Gustavo Idigoras. Así, señaló: “La Argentina podrá seguir exportando biodiésel de soja a la UE y se trabajará con la CE en una redacción del reglamento que reconozca la situación del área sembrada de soja y sus criterios de sustentabilidad”.
La relevancia de esa definición se explica por la dependencia casi total del mercado europeo. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), entre 2018 y 2025 la Unión Europea (UE) absorbió en promedio el 97% de las exportaciones argentinas de biodiésel, y el año pasado concentró el 100% de esos envíos, con ingresos por USD 322 millones. A su vez, en sus mejores registros, durante 2022 y 2023, aportó unos USD 1500 millones y USD 1800 millones, respectivamente.
La norma cuestionada había sido puesta en consulta pública por la Comisión Europea y proponía revisar qué materias primas debían ser consideradas de alto riesgo por el llamado cambio indirecto en el uso del suelo, conocido como iLUC. Ese criterio parte de la idea de que una mayor demanda global de cultivos para producir energía puede empujar de manera indirecta la expansión de la frontera agrícola en otras regiones, con efectos sobre bosques y ecosistemas naturales, lo que derivaría en deforestación.
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En 2025, el 100% del biodiésel exportado por la Argentina tuvo como destino la Unión Europea, con ingresos por USD 322 millones
Dentro de ese esquema, la soja había quedado incluida entre los cultivos de “alto riesgo”. Si esa regla avanzaba en los términos del borrador, hacia 2030 el biodiésel argentino, elaborado mayormente a partir de soja, no habría podido ingresar al mercado europeo dentro de los objetivos de energías renovables del bloque.
La consecuencia práctica era directa: el producto local quedaba fuera del sistema. Para la agroindustria argentina, la votación del Parlamento despejó ese escenario y permitió que la oleaginosa local quede excluida de esa categorización como materia prima para biocombustibles, lo que preserva la continuidad de las exportaciones mientras se trabaja con la Comisión en una nueva redacción que reconozca el área sembrada de soja y sus criterios de sustentabilidad.
El biodiésel es un negocio de fuerte dependencia externa. Entre 2008 y 2022, cerca del 65% de la producción argentina se destinó a exportaciones, aunque esa participación fue retrocediendo a medida que distintos mercados cerraron o limitaron el acceso al producto local y otros países desarrollaron producción propia.
Esa proporción cayó a alrededor del 33% de la producción total en 2023 y 2024, y en 2025 bajó al 28%, el nivel más bajo desde la creación de la industria.
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La exposición al mercado europeo también se agrava por otras barreras. La UE aplica aranceles de entre 25% y 33% al biodiésel importado, mientras impulsa subsidios e incentivos fiscales para sus propios productores en el marco de la transición energética. Ese esquema, aun cuando no funciona como un impuesto directo adicional, obliga a los exportadores a vender con fuertes descuentos o a buscar compradores fuera del sistema de créditos regulatorios europeo. En los hechos, eso reduce todavía más la competitividad del biodiésel argentino frente al producido dentro del bloque.
La mayor parte de la producción nacional de biodiésel se concentra en el polo agroindustrial del Gran Rosario, donde Santa Fe explicó el 58% del total en 2025
La mayor parte de la producción nacional se concentra en el polo agroindustrial del Gran Rosario. Solo Santa Fe explicó el 58% del total nacional en 2025, con una infraestructura de procesamiento y exportación muy ligada al complejo sojero. En este sentido, muchas plantas surgieron alrededor de 2010 para abastecer a Estados Unidos, Europa y países de la región como Perú.
La legislación argentina, en cambio, reservó el abastecimiento del corte obligatorio a pequeñas y medianas empresas, mientras que las grandes agroexportadoras orientaron su producción al exterior, una estructura que dejó al sector especialmente vulnerable a cambios regulatorios en otros mercados.
Ese patrón se repitió a lo largo de los años: primero se restringió el acceso al biodiésel argentino en Estados Unidos, después en Perú y más tarde en la UE, que fue sumando limitaciones progresivas. El rechazo del Parlamento Europeo al cambio propuesto para el Reglamento 807 evitó que esa secuencia terminara por cerrar el último destino central para las exportaciones argentinas de biodiésel.
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La discusión viene recién ahora porque se fijan en el EMAE del Indec, que intenta hacer un PBI mensual. El debate actual es porque sólo crecen realmente tres sectores: el agrícola, el minero y el energético (Jorrat)
Hace años que no se hace un censo agrícola o un censo ganadero. Es difícil asignar números, sería interesante poder hacerlo, pero no tenemos los datos primarios, los censos (Jorrat)
El sector automotor tiene un gran peso en el Indicador de Producción Industrial (Foto: Infobae)
La recesión más larga de los últimos 32 años tuvo lugar entre 1998 y 2002, duró 48 meses; la segunda ocurrió entre 2017 y 2020 (30 meses), y la tercera entre 2022 y 2024 (Jorrat)
La actividad debería crecer en promedio alrededor de un 3% en agosto y septiembre para que el nivel promedio del tercer trimestre iguale al del segundo (Imagen Ilustrativa Infobae)
25 Oct, 2026 01:01 a. m. EST
El análisis económico aporta herramientas que permiten una lectura más objetiva de los indicadores. Una de ellas se basa en la diferencia entre shocks transitorios y permanentes
Porque atribuyó la caída a factores puramente coyunturales cuyo impacto negativo no debería repetirse en agosto ni en septiembre.
Porque la variación de julio, más allá de su elevado valor absoluto, está en línea con el comportamiento errático que muestra la economía desde, por lo menos, octubre del año pasado.
Algunos shocks transitorios pueden durar bastante y hacer que la economía demore más de lo esperado para recuperarse, e incluso pueden dejar huellas duraderas (Foto: EFE)
estacional (compuesta por factores que se repiten sistemáticamente todos los años),
irregular (“ruidos” que representan movimientos erráticos que no responden a ningún patrón específico) y
tendencia-ciclo, que marca la dirección de fondo. Esta descomposición es especialmente relevante cuando se aplica a indicadores que miden el nivel de actividad económica, como el EMAE, en cuyo caso la variación del componente de tendencia-ciclo siguió siendo positiva en julio.
El componente tendencia-ciclo ha aumentado de forma ininterrumpida desde el segundo trimestre de 2024
La inversión, por su parte, acumula más de un año de caída y resta demanda hoy y capacidad productiva mañana