POLITICA
Cambio de mando en Misiones: la silenciosa puja que en tres meses selló el ocaso de Rovira y el ascenso de Passalacqua

POSADAS.− En medio de una interna sorprendente en el oficialismo de Misiones, se presentó en sociedad el nuevo bloque mayoritario en la Legislatura. A partir del jueves, el Movimiento por lo que Viene contará con 17 diputados, sobre un cuerpo unicameral de 40. “Vamos a darle gobernabilidad a Hugo Passalacqua”, dijo Juan José Szychowski, al frente del nuevo espacio, que con algunas alianzas podrá alcanzar mayorías para sancionar leyes como el Presupuesto 2027, que comenzará a debatirse en dos semanas.
Con este gesto político, el gobernador Passalacqua formaliza el final de una era que arrancó en los albores de este siglo, y moldeó a Misiones en la forma de hacer política, gestionar los tres poderes del Estado y hacer negocios.
Passalacqua, un exdocente universitario de 68 años, puso así fin al largo mandato de Carlos Rovira como hombre todopoderoso de Misiones.
Este ingeniero químico, callado y calculador, de poco más de 1,60 de estatura, llegó a ser comparado por algunos opositores −como el expolicía Ramón Amarilla−, como un dictador y por otros, como un verdadero rey sin corona.
Rovira asumió las riendas de la provincia como gobernador en 1999, cargo que ocupó ocho años y que consolidó un poder nunca antes visto, y solo es comparable al que sigue ostentando en Formosa, Gildo Insfrán, en el poder desde 1995.
Reaparición pública
El próximo jueves, Rovira deberá volver a ocupar su banca de diputado raso en la reanudación de las sesiones en la Legislatura, y todo el mundo se pregunta cómo actuará al estar rodeado de personajes que le deben su cargo exclusivamente a su dedo, pero que ya no le responden.
Hay que tener en cuenta que la pelea entre Rovira y el gobernador Passalacqua duró menos de tres meses. Arrancó unas semanas antes del Mundial, cuando todavía a Rovira le respondía casi todo el mundo, y ninguno de los que hoy formaron el bloque “passalacquista” se hubieran animado a llevarle la contra.
“Rovira es apenas un diputado más”, sentenció Syzchowski, pronunciando unas palabras impensadas cuando arrancó el Mundial EE.UU-México-Canadá 2026. En Misiones −donde buena parte de la sociedad sigue sin creer que la pelea sea real−, los pocos leales que le quedan a Rovira se preguntan cómo se produjo semejante sangría acelerada de poder.
El responsable fue un hombre que hizo una lectura correcta de los tiempos políticos. Licenciado en Comunicación Social (estudió media carrera en la UBA y terminó en El Salvador), exdocente de la Facultad de Arte de la UNaM, de 68 años, Passalacqua es el único misionero en ser dos veces gobernador en períodos no consecutivos (2015 y 2023) por obra y gracia de la voluntad de Rovira.
Sin embargo, a diferencia de Oscar Herrera Ahuad (2019-2023) que hizo lo imposible por no hacer ningún movimiento que irritara a su jefe político, Passalacqua empezó a marcar la cancha con gestos de autonomía apenas iniciado su segundo mandato.
Dicen desde ambas filas que desde que regresó a la Rosadita (como se conoce a la Casa de Gobierno de Misiones) el 10 de diciembre de 2023, Pasaslacqua y Rovira no volvieron a hablar y solamente se comunicaban por emisarios.
En diciembre de 2024, un hecho le cambió a Passalacqua la manera de ver el futuro: fue operado operado del colon y tras pasar por una convalecencia que lo tuvo largos meses sin aparecer públicamente, volvió distinto: un Passalacqua más delgado, más serio y, sobre todo, más decidido a jugar fuerte políticamente.
Antes de la operación, la imagen del mandatario parecía más cercana a la de un hombre que deambulaba por la gobernación sin terminar de encontrarle un sentido a ocupar la silla más importante de Misiones. En esa transición, Passalacqua contó con el apoyo incondicional de su esposa, Viviana Rovira, nada menos que la prima hermana del jefe de la Renovación.
Activa militante, dicen que la titular del Instituto Misionero de la Biodiversidad es hoy su principal consejera. Fue una de las primeras figuras en hablar de la ruptura públicamente, cuando el 2 de julio pasado, dijo: “Nosotros estamos donde siempre estuvimos, no nos movimos de ningún lado, el que se movió y formó otro partido y se llevó todas nuestras cosas es nuestro exconductor”.
El quiebre final
Rovira se quedó solo por una combinación de factores: el enorme desgaste de su figura y la del espacio político, la decisión política de Passalacqua y, fundamentalmente, un paso en falso que lamentará el resto de su vida política. Justo él, que llegó a ser considerado por sus seguidores como infalible en sus grandes decisiones políticas.
El 1° de mayo pasado, en la inauguración del período ordinario de sesiones, Passalacqua fue a dar su discurso ante la Legislatura. Rovira lo escuchaba sentado a tres hileras de distancia, con gesto siempre adusto. Ante cada anuncio, Passalacqua buscó la mirada cómplice el aplauso o algún gesto de distensión que permitiera abrir un acercamiento, pero se encontró una y otra vez con la mirada fría de Rovira.
Luego de cada apertura, Rovira siempre salía a saludar a la militancia renovadora en la explanada del espléndido edificio ubicado en el Parque Paraguayo, junto al gobernador. Esta vez, dejó solo y desairado a Passalacqua. “Ese día se dio cuenta que no había vuelta atrás, que iba a empezar a ejercer el poder de su cargo y a marcar su propio camino”, explicó a un funcionario que estuvo cerca de ambas figuras.
Dos semanas antes, Rovira había lanzado en esa Legislatura, de la cual dispone como si fuera de su propiedad (cuando es un diputado raso) su nuevo sello “Encuentro Misionero”, excluyendo de la invitación a Passalacqua, al que incluso criticó abiertamente en los primeros dos encuentros.
Tras la “declaración de guerra”, ese 1° de mayo, acaso Rovira haya creído que Passalacqua se iba a resignar a transitar lo que le quedaba de su mandato entendiendo que ya no tenía aspiraciones políticas. Pero el obereño tenía otros planes.
Casi tres semanas después reunió en la localidad de Ruiz de Montoya a 67 de los 78 intendentes de Misiones, que firmaron una carta abierta avalando a Passalacqua como el “máximo jefe político” en Misiones. Ese 19 de mayo empezó una guerra abierta que iba a ser corta y fulminante.
Passalacqua blanqueó −aunque no lo dijo públicamente− sus aspiraciones a ser reelegido en 2027 (la Constitución lo habilita) y a convertirse en el primer misionero de la historia en ser gobernador tres veces, una idea que Rovira no soporta.
El gobernador empezó su armado político basado en el respaldo territorial de los intendentes, y en el interior de Misiones, donde considera que está el verdadero capital político de la ahora ex-Renovación, mientras que en Posadas están los dirigentes desgastados, acostumbrados a jugar el juego del poder y la obsecuencia con Rovira.
La “scaloneta” de Passalacqua
Antes, Passalacqua había incorporado a su gabinete a Carlos “Kako” Sartori, jefe comunal de Campo Grande y titular de la Codeim (Comisión de Desarrollo Estratégico e Integral de Municipios), que nuclea a los intendentes de todo Misiones. De los 78, apenas uno no es oficialista: Carlos “Cali” Goering, de Colonia Aurora.
Hace dos semanas cerró el fichaje de Julio “Chun” Barreto, intendente de Montecarlo, que pidió licencia y se hizo cargo de Energía de Misiones SA, una de las principales cajas del Estado provincial. También llevó a esa empresa a José Luis Garay, exintendente de 2 de Mayo y a Matías Vilchez, el intendente de San Javier, de increíble parecido con Lionel Scaloni.
A partir de entonces, Passalacqua viaja al interior casi a diario, para estar cerca de los intendentes de los pueblos más chicos, pero también de las localidades grandes, como Eldorado, Alem, Oberá o Iguazú. “Los intendentes son la base de su equipo, son su Scaloneta”, bromeó un funcionario cercano al gobernador en diálogo con , y jugando con la notable similitud de Vilchez con el DT argentino.
Las cajas
En la misma medida que Passalacqua se fue fortaleciendo y empezó a utilizar la lapicera para sacarle ministerios y cajas al manejo de Rovira, el mundillo político empezó a olfatear la sangría y la falta de respuestas del hasta entonces jefe político de Misiones.
Kako Sartori fue el primero que repudió públicamente a “Encuentro Misionero” y denunció que sus fichas partidarias fueron utilizadas sin haber sido consultados. Casi marcó el camino para los que se quisieran pasar, que desde entonces, cada día fueron anunciando su renuncia a “Encuentro Misionero” y su pase al passalacquismo.
Rovira se fue quedando solo y primero suspendió las “Previas” −las reuniones políticas semanales antes de cada sesión legislativa− porque ya no tenía nada para anunciar que fuera creíble y también se fue quedando sin figuras de peso a su lado. Tras suspender esos encuentros, un síntoma de debilidad, envió al intendente de Posadas, Lalo Stelatto, a fumar la pipa de la paz con Passalacqua.
Pero el fiel de la balanza se había dado vuelta y Passalacqua no aceptó ningún acuerdo: simplemente aceleró y logró que casi todos se pasaran a sus filas. Una vez que para todos estuvo claro quién mandaba, casi no tuvo que hacer ningún esfuerzo. En Misiones, empezaron a aparecer funcionarios que se animaron a criticar a Rovira abiertamente, por no tomar decisiones consensuadas o incluso por estar alejado de la realidad.
Hoy todos le achacan el haber pretendido perpetuarse en el poder a través de su hijo Ramiro, de apenas 30 años, a quien rodeó de un grupo de dirigentes jóvenes, sin experiencia ni pergaminos, que parecen más producto del capricho de una sola persona. Como el joven vicegobernador Lucas Romero Spinelli (34) o su novia, la diputada provincial Paula Franco.
Esa jugada, a la que Rovira llamó “NEO”, jamás convenció a nadie y hoy genera el rechazo hacia un dirigente que durante muchos años estuvo acostumbrado a hacer y deshacer sin consultarle nada a nadie: poner y sacar ministros, jueces, funcionarios municipales y jubilar masivamente a militantes que lo apoyaron incondicionalmente (aunque buscando también su propio beneficio).
Casi sin leales, ahora Rovira buscará complicarle la vida a Passalacqua. El jueves sacó un sorpresivo comunicado avisando que iba a apoyar a Passalacqua con su bloque de apenas tres diputados (antes del Mundial tenía 21) en el Presupuesto 2027. En la Rosadita lo consideraron un “beso de judas”, justo cuando Passalacqua busca diferenciarse del exjefe.
Incluso Rovira tendría en su poder −así lo denunciaron los legisladores− las renuncias en blanco firmadas por todos los diputados provinciales que ahora lo abandonaron, que les hizo firmar antes de asumir. Hace días dejó trascender que podría utilizarlas. Estos días, Passalacqua le mandó a decir a Rovira que no lo iba a perseguir, pero que tenía que devolver esos documentos, en poder del secretario parlamentario, Gabriel Manitto.
El desafío de 2027
Ahora Passalacqua deberá enfrentar el mayor desafío, tratar de armar un espacio político con chances de retener el poder en 2027, con una provincia con una enorme crisis fiscal y poca capacidad de respuesta a demandas como una mejora en los salarios a estatales o encarar obras públicas transformadoras.
Los otros dos contendientes son La Libertad Avanza (LLA), que viene de ganarle al oficialismo en las elecciones de septiembre pasado, y una tercera vía que crece y busca captar a los que no quieren votar ni al oficialismo ni a los libertarios, que parece tener como principal figura a Ramón Amarilla.
El gobernador buscará diferenciarse de Rovira, pero también de la Casa Rosada, aunque buscando siempre negociar. Quedó en evidencia en la votación de este jueves del Senado de la Nación, con Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, los dos senadores que se hicieron famosos al darse vuelta a último momento por orden de Rovira en contra de la ficha limpia.
Martín Boerr,Conforme a
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“Salieron de la selva”: Alberto Fernández compartió un spot de Lula para reivindicar su teoría sobre el origen de los brasileños

El ex presidente Alberto Fernández ironizó sobre el último spot de Lula da Silva, quien busca su reelección en Brasil el 4 de octubre, al comparar el video de campaña del fundador del Partido dos Trabalhadores (PT) con el discurso que pronunció en 2021 sobre los orígenes de mexicanos, brasileños y argentinos y por el que debió disculparse.
Desde su cuenta en la red social X, el ex mandatario compartió el siguiente mensaje el periodista Dante López Foresi: “Excelente spot electoral de Lula en Brasil. Dice que cuando los portugueses llegaron se encontraron con la selva. ¿Quienes estaban en la selva? Los brasileños. Qué conclusión saca: “los brasileños son selva (Silva en latín)” ¿Se acuerdan como mataron a @alferdez cuando dijo casi lo mismo?”.
Ante ese comentario, Fernández escribió un posteo dando a entender que el tiempo le dio la razón. “🙄 No más preguntas señor juez 🇧🇷”, compartió, al citar la publicación.
La controversia se remonta a una intervención de Fernández en 2021, durante una visita del presidente español Pedro Sánchez a la Casa Rosada. “Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos”, dijo el mandatario en un acto en Buenos Aires. Erroneamente, había parafraseado al escritor mexicano en palabras que coinciden más con una canción del músico argentino Litto Nebbia.
Sin embargo, la repercusión negativa del mensaje, que generó fuerte polémica en Brasil lo llevó a pedir disculpas. Para algunos, el comentario fue discriminatorio y racista.
Entre quienes lo criticaron fue el entonces presidente brasileño Jair Bolsonaro también había reaccionado en ese momento, con una fotografía en la que aparecía con un penacho de plumas, rodeado de indígenas vestidos con trajes autóctonos. Es decir, terminó burlándose de esas declaraciones. Eduardo Bolsonaro también cuestionó a Fernández: “¿No dirán que fue RACISTA contra los indígenas y los africanos que formaron Brasil? Pero yo digo: el barco que se hunde es el de Argentina”.

El mensaje de Lula: la selva, Bad Bunny y la disputa por los recursos
Pese a aquella polémica, el nuevo spot de Lula da Silva asume la importancia de la selva y el Amazonas como parte de la identidad brasileña. Y asume dicha identidad no de forma racista, sino con un claro sentido de pertenencia nacional.
El audiovisual comienza con imágenes de la Amazonia, otros paisajes y pueblos brasileños. El actor Wagner Moura, protagonista de la película premiada El agente secreto y de la saga Tropa de Elite, narra una metáfora y un juego de palabras sobre el apellido del presidente: “Cuando los portugueses llegaron en 1500, se encontraron con la selva. Selva en latín es Silva. Quien nacía aquí, para ellos, era ‘de la selva’. El pueblo brasilero siempre fue ‘da Silva’”.
Luego suena una adaptación de “Lo que pasó en Hawaii”, canción de Bad Bunny que narra la pérdida de soberanía del pueblo hawaiano ante Estados Unidos y la gentrificación de la isla. La versión brasileña cuestiona las intenciones de intromisión del presidente estadounidense Donald Trump sobre las tierras y los recursos naturales de los pueblos americanos, con Brasil como foco central.
El tema dirige sus críticas al modelo de gestión que promueve Flávio Bolsonaro, el candidato de la oposición de ultraderecha y señalado como el principal aliado de Trump en el país. En varias secuencias aparecen simpatizantes de Bolsonaro con banderas estadounidenses en las calles brasileñas.

La letra menciona el territorio y las materias primas en disputa: “Quieren quedarse con el río y también la playa, quieren las tierras raras, quieren que nos vayamos. No, no tiren las banderas, no olviden lo que vi, no quiero que hagan contigo lo que les hacen por ahí”.
El cierre del video está a cargo de Lula: “Brasil tiene un único dueño, que es el pueblo brasilero”.
El líder del Partido dos Trabalhadores acompañó el audiovisual con un mensaje en X en el que definió a Silva como “la selva misma: la raíz que brota del suelo, el verde que resiste y la fuerza viva de la tierra”. También afirmó: “Nuestra fuerza no se doblega, nuestra bandera no se rinde y nuestra soberanía no tiene precio. El futuro de Brasil pertenece a quien cultiva la vida y protege su tierra. Somos la floresta, somos la historia, somos todos Silva”.
Lula busca un cuarto mandato después de haber gobernado Brasil entre 2003 y 2010 y desde 2023. Como se señaló, su principal adversario es el senador Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal e hijo del ex presidente brasileño, que está inhabilitado por la Justicia para competir.
La elección tiene alcance regional por el peso de Brasil en el comercio y la política sudamericana. El spot del líder del PT retoma el mensaje de soberanía nacional que recibió ovaciones durante la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York.
Alberto Fernández,Lula da Silva,Dante López Foresi,redes sociales
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El obispo de San Justo alertó que la asistencia alimentaria volvió a niveles de pandemia

Eduardo García, obispo de San Justo, habló sobre el aumento de la asistencia alimentaria y el deterioro social en La Matanza tras conocerse ayer el dato de pobreza. El indicador difundido ayer ubicó la pobreza en el 32,3% durante el primer semestre del año y señaló que 15,5 millones de personas estaban alcanzadas por esa situación.
Durante una entrevista con Infobae a las Nueve, donde dialogó con Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet, el obispo relató que la cantidad de personas asistidas por los comedores creció de 2.000 antes de la pandemia a 22 mil durante la emergencia sanitaria. “Terminó la pandemia, se bajó a 18 mil. Y ahora estamos en 21 mil”.
El obispo ubicó la situación actual cerca de los niveles que se registraron durante las restricciones sanitarias. “Estamos igual que en la pandemia, asistiendo desde distintos lugares a familias, a chicos, a ancianos, en una situación de vulnerabilidad muy grande”, afirmó.
También se refirió a la presencia de personas en situación de calle en el centro de San Justo, donde reside desde hace 12 años: “Ha ido creciendo absolutamente la cantidad de gente que duerme en la calle, la gente que viene a la mañana a buscar el desayuno, la gente que viene a bañarse, a usar los baños”.
Para García, la dificultad de acceso a una vivienda explica parte de ese crecimiento. “Es la falta de trabajo, la falta de plata para poder alquilar una piecita o una casa, o estar así en la plaza como lo vemos en la puerta de los bancos y en lugares donde hay posibilidad de pasar la noche”, dijo.
Al ser consultado por el impacto sobre los sectores medios, planteó que el deterioro se manifestó también en las escuelas. “Colegios con cuota ínfima, colegios con algunos cuota cero. Cómo la necesidad hace que los chicos, en algunos casos cuota cero, ya no vayan ni siquiera al colegio cuota cero porque no tienen los papás dónde dejarlo, dónde darles de comer”.
“El índice de morosidad también es muy grande”, agregó sobre las instituciones educativas con aranceles bajos. Y definió el cambio en los hogares que hasta hace una década podían sostener sus gastos: “Ahora son pobres los que eran clase media hace diez años, ahora son pobres”.
El obispo enumeró las situaciones que observa entre las familias que se acercan a los comedores. “Pobres porque no llegan a fin de mes, pobres porque no pueden pagar el alquiler, pobres porque no les alcanza o se endeudan, el famoso tema de la deuda para poder comer y van trasladando la deuda mes a mes”.
García contó una escena que presenció el día anterior en una farmacia, cuando una jubilada consultó si podía abonar sus remedios en cuotas. “Yo esto nunca lo tuve que hacer, de pagar en partes, pagar en cuotas, pero ya no llego”, recordó que le dijo la mujer al farmacéutico.
“Familias que antes no se acercaban a los comedores ahora se están acercando”, indicó. Sobre ese proceso, precisó: “Primero con mucha vergüenza y después ya con mucha resignación”.
Ante la consulta sobre la capacidad de los comedores, García señaló que las organizaciones intentan responder a la demanda, aunque consideró que existen necesidades que quedan fuera de esa red. “Se trata de dar abasto. Creemos que no se da abasto porque hay todo un submundo que se maneja con otras coordenadas”.
En ese punto, expuso una de las definiciones centrales de la entrevista: “En nuestros barrios, el narcotráfico es el pan nuestro de cada día”. Para el obispo, esas estructuras ofrecen respuestas inmediatas frente a urgencias que no encuentran contención institucional.
“Es directamente proporcional a la ausencia del Estado el crecimiento del narcotráfico”, afirmó. García incluyó entre esas falencias el acceso a la educación, la salud, las oficinas públicas y la Justicia.
El titular del Obispado de San Justo remarcó que su descripción no se limitaba a otros países ni a una representación ficticia. “No es una novela colombiana o venezolana. Estoy hablando de La Matanza, estuvimos el año pasado en Rosario con esta situación”.
García sostuvo que las redes narco ofrecen dinero, medicamentos o ingresos cotidianos a cambio de tareas vinculadas con la venta de sustancias. “Desde la plata para un remedio, a cambio de un servicio, desde tener una cuota cotidiana por la venta de distintas sustancias o el paso del sobrecito en tantos autos”.
Cuando le preguntaron por las edades de los chicos expuestos a esas redes, evitó definirlos de inmediato como trabajadores del narcomenudeo. “No sé si están empezando a trabajar, están criándose en esa cultura”, respondió.
El obispo describió las privaciones que, según dijo, atraviesan algunos barrios. “Hay barrios en los cuales los chicos tienen acceso a una pipeta de droga antes que a un libro. No han conocido un libro, no han conocido un cuaderno, no conocen una lapicera”.
“Un soldadito. Algunos llegan, otros no llegan”, sostuvo sobre los adolescentes que más tarde son reclutados. Según relató, hay hogares atravesados por el encarcelamiento, consumos problemáticos, prostitución y tareas de baja escala dentro de las redes de venta de drogas.
García cuestionó una mirada que, a su criterio, simplifica las condiciones de vida en los barrios populares. “Hay una visión demasiado romántica del pobre en el mal sentido”, afirmó, antes de mencionar a padres sin empleo, jóvenes reclutados y mujeres que recurren a la prostitución para obtener ingresos.
Frente a esa realidad, García describió el trabajo de las organizaciones comunitarias y de la Iglesia en los barrios. “Hay muchas familias que le ponen el pecho a esta realidad, que se comprometen asumiendo este rol de Estado desde una comunidad organizada que busca salidas”.
El obispo resumió esa tarea en “las famosas tres C”: “El colegio, el club y la capilla”. Explicó que esos espacios buscan que los chicos permanezcan vinculados con la educación, las actividades deportivas, los oficios y una red de contención cotidiana.
Sobre la escuela, dijo: “El chico pueda crecer, socializarse y no solamente aprender conceptos, sino entrar como una familia distinta en la cual ocupa la mayor parte de su día”.
Respecto de los clubes, planteó que permiten aprender reglas, convivir con otros chicos y desarrollar capacidades por fuera de la calle. “No solamente un deporte, sino a veces un oficio. Va creciendo desde el arte, desde lo más noble que tiene en su vida, se reconoce valorado”.
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El encuentro entre la directora de cine María Luisa Bemberg y un militar que cambió el destino del cuerpo embalsamado de Eva Perón

Entre los tantos secretos, ya casi todos revelados, que rodearon al ocultamiento del cadáver de Eva Perón, a su salida del país en 1957 bajo la falsa identidad de María Maggi de Magistris, en un ataúd que acompañaba un “hermano” de la muerta, también bajo identidad falsa, que era en realidad un suboficial del Ejército adscripto al Servicio de Inteligencia de esa fuerza (SIE); a su posterior inhumación en el Cementerio Maggiore de Milán donde permaneció durante casi quince años, hasta 1971, cuando otro gobierno militar decidió devolver el cuerpo a su viudo, Juan Perón, exiliado en España, queda todavía algún secreto a divulgar, o al menos algún episodio poco conocido.
El cuerpo de Eva Perón fue enviado a Italia en una increíble operación de inteligencia ordenada por el entonces presidente de facto, Pedro Eugenio Aramburu, líder de la Revolución Libertadora, que había derrocado a Perón luego de un sangriento golpe militar en septiembre de 1955. ¿Qué llevó a Aramburu a tomar esa decisión? ¿Por qué el cadáver de Eva Perón inició un largo y tortuoso peregrinaje que duraría varios años hasta su descanso definitivo en el cementerio de la Recoleta? En la decisión de Aramburu influyó una joven mujer de treinta y cuatro años, María Luisa Bemberg, quien con los años sería una famosa y laureada directora de cine. También jugó un rol muy especial el entonces jefe de la Casa Militar de Aramburu, capitán de Navío Francisco Manrique, que dejaría la Armada para dedicarse a la política, a ser un funcionario de la dictadura militar conocida como Revolución Argentina (1966-1973) y luego en líder de un partido propio federal y conservador.
La historia es larga y compleja, tal vez apasionante. Desde su muerte en 1952 y gracias al trabajo del médico español Pedro Ara, el cuerpo embalsamado de Eva Perón había permanecido expuesto en el segundo piso de la Confederación General del Trabajo (CGT) en el viejo edificio de la calle Azopardo. Cuando la Libertadora tomó el poder en la Argentina, su primer presidente, el general Eduardo Lonardi, logró que la madre de Eva Perón, Juana Ibarguren, que en los días que siguieron al golpe militar estaba asilada en la embajada de Ecuador, firmara un consentimiento para que las nuevas autoridades dieran cristiana sepultura a su hija.
Pero Lonardi, luego de un golpe palaciego, fue desplazado de la presidencia por Aramburu quien, el 23 de noviembre de 1955, ordenó que el cadáver fuese retirado de la CGT. Ese operativo militar fue encabezado por el teniente coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, jefe del SIE, y el cuerpo, lejos de ser inhumado, pasó a manos de aquel oficial que resultó ser una especie de desquiciado mental, que se apropió del cadáver como si se tratara de un trofeo personal, de una reliquia; llegó a ocultarlo en un cajón de madera destinado a portar aparatos y elementos de comunicación militar, lo ultrajó, lo vejó, lo mancilló y lo exhibió a sus amistades y camaradas como el botín de una guerra librada sólo en su mente enferma.
Dos palabras sobre los protagonistas de esta historia. María Luisa Bemberg había nacido en 1922 y era cuarta generación argentina de la poderosa familia Bemberg, propietaria de la Cervecería Quilmes que había sido expropiada por el peronismo. Fascinada en los años ’60 por el fenómeno cinematográfico francés de la “nouvelle vague”, por el neorrealismo italiano y por el cine de Ingmar Bergman, se convirtió luego en escritora, guionista y directora de cine, al frente de películas como Señora de Nadie, Camila, Miss Mary y Yo, la peor de todas, entre otras.

Francisco Manrique había nacido en Mendoza en 1919, desarrolló una intensa carrera militar en la Armada. Fue un ferviente opositor a Perón y Aramburu lo hizo jefe de su Casa Militar hasta el final de su gobierno en 1958. En 1956, cuando el levantamiento militar y civil del 10 de junio contra la Libertadora, liderado por el general Juan José Valle, intento que fue aplastado por las autoridades, Manrique logró que Valle se entregara para poner fin al alzamiento, al parecer con la promesa del propio Manrique de que su vida sería respetada. Valle fue fusilado el 12 de junio en la Penitenciaría Nacional que se alzaba en lo que es hoy el Parque Las Heras.
En 1970, en plena Revolución Argentina, el fugaz presidente Roberto Marcelo Levingston nombró a Manrique ministro de Salud y Acción Social, cargo que mantuvo durante el gobierno del sucesor de Levingston, Alejandro Lanusse. Manrique fue inventor del Prode, un juego de pronósticos deportivos sobre fútbol que ayudó a financiar en parte el PAMI. Luego dejó los cargos públicos y se dedicó de lleno a la política. Fue candidato a presidente por la Alianza Popular Federalista en 1973, en las elecciones que llevaron al peronismo al poder y, en 1983, después de la dictadura conocida como el “Proceso de Reorganización Nacional” fue candidato por la Fuerza Federalista popular en las elecciones que llevaron al poder a Raúl Alfonsín.
Para seguir con esta historia debo colocarme, con las disculpas del caso, en el odioso rol de narrador en primera persona. En 1983, cuando era redactor de la revista La Semana, entrevisté a Manrique, candidato por su propio partido. Se trataba de una entrevista formal que se hacía a todos los candidatos sin más pretensiones de que los reporteados hablaran de sus planes de gobierno. Cuando terminó el reportaje, luego del consabido e ineludible ¿algo más?, dije a Manrique que quería hacerle una pregunta fuera de la nota, que ni esa pregunta, ni su respuesta, iban a ser publicadas, que se trataba de un off the record que sólo servía a mi interés por un hecho histórico que lo había tenido como protagonista. Le pregunté entonces si él le había garantizado la vida al general Valle, a cambio de que se entregara y de que llegara a su fin el alzamiento contra la Libertadora.
Manrique enfureció. Creí entonces, y creo aún hoy, cuarenta y tres años después, que creyó que sí se iba a publicar mi pregunta y su respuesta y debe haber visto sus posibilidades electorales arruinadas. Le reiteré, en las pausas que dejaban sus gritos destemplados, mi compromiso de no publicar nada de lo que habláramos, que sólo quería conocer su versión sobre aquel hecho. No hubo caso. Me dijo que él había salvado la vida del capitán Adolfo Philippeaux, que se había sublevado en la Pampa en apoyo de Valle; que todo aquello era una historia larga y compleja y que no era el momento de hablar de esas cosas. En esto último tenía razón.
Manrique ni siquiera me confió aquel día que él había dejado en claro su papel en la detención del general Valle en una carta escrita a las autoridades de la Armada el 22 de junio de 1956, diez días después del fusilamiento del general sublevado. La carta, si es que fue presentada en esa fecha, fue revelada por fin por Juan Bautista Yofre en su libro Dios y la Patria se lo demanden. Mi entrevistado no era el único en estar furioso aquella tarde. Yo también me encabrité un poco, primero por mi imprudencia, tal vez no fue atinado indagar en ese pasado, pero fue oportuno, y luego, por la tozudez de Manrique empeñado en no creer en mi palabra. Lamenté haber hecho aquella pregunta pero no me arrepentí. Fueron unos cuantos minutos de áspera tensión, para decirlo suave.
De pronto, aquel candidato furioso intentó serenar un poco las aguas. “Mire –dijo– le voy a contar algo para que vea mi buena voluntad, pero no lo va a poder publicar mientras yo viva”. Narró entonces que un día de 1956, el teniente coronel Moori Koenig había invitado a su despacho a María Luisa Bemberg, a quien Manrique conocía, porque sospechaba, o sabía, la escasa simpatía que su invitada podía tener hacia el peronismo que se había adueñado de la antigua empresa familiar. Ambos tomaron el té. Luego, de modo sorpresivo, el militar condujo a la señora Bemberg hacia una dependencia vecina a su despacho. Allí estaba, metido en un cajón con la sigla de una radio cordobesa, el cadáver embalsamado de Eva Perón.
Si Bemberg notó, o intuyó, los vejámenes a los que había sido sometido aquel cuerpo que parecía detenido en el tiempo, jamás lo dijo. Pero salió de aquel edificio espantada. “Vino a verme de inmediato –dijo Manrique aquella tarde de 1983– y me contó su horrible experiencia. Yo fui a ver enseguida a Aramburu y le conté el episodio. Aramburu dijo: “Basta, hay que terminar con eso”. En febrero de 1957, Moori Koenig cesó en la jefatura de la SIE y fue nombrado en su reemplazo el coronel Héctor Cabanillas, que sería el encargado de diseñar y llevar adelante la operación para sacar del país el cadáver de Eva Perón, de enterrarlo bajo nombre falso en Milán, a la guarda de la Compañía de San Pablo y con la autorización y el visto bueno de la Santa Sede y de guardar el secreto durante quince años, hasta que él mismo se encargó de hacer el camino inverso en 1971 y devolver aquel cuerpo a su viudo, Juan Perón.
Esta es la historia, que sin embargo tiene un capítulo más.
Dos años después, Camila, la película de María Luisa Bemberg protagonizada por Susú Pecoraro e Imanol Arias, compitió por el Oscar a la mejor película extranjera. El azar quiso ponerme como enviado especial a cubrir ese acontecimiento para la misma revista que había publicado dos años antes el reportaje a Manrique. También aquellos fueron días ajetreados e intensos. Por alguna razón se nos hizo difícil entrevistar a Bemberg, creo que los periodistas le caíamos un poco pesados. Finalmente, en la tarde de la ceremonia del Oscar, el 25 de marzo de 1985 y en el Dorothy Chandler Pavillon, que ya no se usa para esas ceremonias, atendió a los tres o cuatro enviados que queríamos entrevistarla en un escenario un poco insólito: la peluquería donde iban a peinarla para la que sería acaso su noche de gloria. Nos dio unos minutos cargados de nerviosismo, de apuro, de incomodidad y de declaraciones previsibles.
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