ECONOMIA
Como dice Abderaouf, no se puede ganar siempre

Desde Nueva York – Abderaouf voló. Más o menos respetando las leyes de tránsito de una Nueva York siempre complicada para los autos, incluso un domingo, voló. Claro, no era un domingo cualquiera: a varios kilómetros de esa autopista por la que íbamos esquivando a todo el mundo se iba a jugar la final del Mundial entre España y la Argentina del sufrimiento, los goles agónicos… los milagros. La de Leo y Scaloni. La que dejó afuera a Inglaterra en una remontada épica que fue más épica por una bandera escrita a mano en una sábana de hotel. Cinco palabras que todos sabemos de memoria, pero que plasmadas ahí, en ese trapo que mostraron los jugadores, emocionaron a un país entero: “Las Malvinas son argentinas”.
Pero volvamos a Abderaouf que por suerte se tomó muy en serio mi pedido de “estoy llegando tarde a la final del Mundial”. Lo cerraron entrando a uno de los puentes de ingreso a Manhattan y lo reputeó el de la mega SUV negra que hizo una maniobra tan imprudente como disparatada. No solo eso, lo fue a buscar, y hasta que no le pidieron disculpas no dejó de gritarle. Me sentí en casa.

Abderaouf me dice solo, antes de que le pregunte nada: “Messi es una leyenda. Es el mejor”. No era tan difícil la asociación porque tengo puesta la camiseta celeste y blanca, pero rápido agrega algo a lo que no le di mucha importancia en ese momento. Con un inglés fluido con algo de acento, agregó: “Igual, ya está. No se puede ganar siempre. España hizo las cosas bien hasta acá”.
Ahí le pregunté de dónde era. “De Argelia”, dijo. Sonrío por el retrovisor. Lo iba a cargar un poco, pero mejor no: no lo conozco y, sobre todo, dependo de su pericia al volante, disposición y buen humor para llegar. Me cuenta que vio el partido contra Argentina en el auto de aplicación en el que trabaja, en su celular, y que le gustó. “Es un genio”, asegura otra vez. No pregunto, no hace falta. Habla de Leo, que les metió tres en la fase de grupos.
Estoy en esta magnífica ciudad para ver mi primera final de Mundial. Fue casi por casualidad y decidido a último momento. Hechos fortuitos que mezclaron la posibilidad de acceder el viernes pasado a uno de los tickets tan buscadas y una cobertura internacional que tengo que hacer en unos días, lejos de acá. Hubo oportunos cambios de pasajes y acá estoy: “volando” con Abderaouf (que veo en la web que se escribe con doble “r”, pero en la app me figura con una) por la calle 57 de Manhattan. Dejo la valija en el hotel y él se ofrece a esperar para llevarme, volando, a la salida de los shuttles oficiales para la cancha. Así de desesperado me veía, imagino. Cuando me bajo corriendo del auto, me desea suerte y me dice algo así como: “Disfruta el partido. Y agrega: “No siempre se puede ganar”. Qué le pasa a este, pensé.

Lo que vi en el MetLife Stadium fue un concierto y no el del entretiempo (ya está, basta de experimentos de ese tipo, FIFA). Un equipo superior a otro. Me cuestan los partidos en la cancha, analizarlos: los tengo que ver después, cosa que hago, medio de costado, mientras escribo estas líneas. “Nos pasaron por arriba”, me confirma Alan, desde Rivera, mi pueblo. “Baile, pero nada que reprochar a estos pibes”, agrega Marcelo desde Mar del Plata. Mis amigos no se equivocan, pero así y todo estuvimos a esto, a nada, de empatarlo al final. Casi. La garra y el corazón, siempre. Podría haber sido otra remontada épica, tranquilamente, mientras los españoles gritaban “a por ellos” y “sí se puede”, siempre tan expertos en cantitos de cancha alevosamente malos. Pero tienen una selección que juega bárbaro, aunque le costó bastante hacernos un gol.
“Un equipo en dificultad que no dejó de intentar. Gracias de por vida, este camino fue espectacular”, dice Scaloni por la tele. Cuánta razón.
Me da el sol de frente en el MetLife y me acuerdo de mi viejo, Néstor, que se fue hace pocos meses, y con quien debería estar hablando ahora para que me diga la posta de lo que pasó. Eso hicimos, sin falta, los últimos 30 años, cuando no veíamos fútbol juntos.
Hay música y fuegos artificiales. Medallas para nuestros jugadores. Me voy. No me quedo en la fiesta de los campeones, posiblemente la única final que veré en mi vida. No tengo ganas. Quizás me arrepienta luego, pero no. Somos varios. Miles de argentinos caminando. Muchos, muchos. Hay miradas perdidas, alguna lágrima y muchas sonrisas. Agradecimiento, cantitos. De los buenos: “Por la última de Leo”.
Mezclando un poco a Abderaouf y a Scaloni: no se puede ganar siempre, pero, en este caso, el camino fue espectacular. Fue un placer, pero, como sea y con quien sea, que no se corte.
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ECONOMIA
El fin de la isla digital: por qué la verdadera omnicanalidad requiere cultura antes que tecnología

Existe una creencia ampliamente extendida en el retail: si una compañía cuenta con una marca de alto perfil, un producto deseable o una figura mundial en la portada, el éxito en el comercio electrónico está asegurado. Sin embargo, la práctica diaria demuestra lo contrario. La tracción de marca y la inversión en pauta abren la puerta y generan la consideración inicial, pero son incapaces de sostener la conversión por sí solas y, mucho menos, de construir fidelidad y escalar en el tiempo. En un contexto de costos de adquisición crecientes donde la rentabilidad se exige línea por línea en el P&L (profit and loss o estados contables), depender únicamente del peso del logo es un riesgo operativo.
La verdadera maduración del canal digital exige cambiar de paradigma. El e-commerce ya no puede gestionar las ventas como si fuera una tienda aislada o un catálogo transaccional. Su función estratégica es convertirse en el centro de gravedad de un ecosistema omnicanal que potencie a todos los puntos de contacto de la compañía.
La tracción de marca y la inversión en pauta abren la puerta y generan la consideración inicial, pero son incapaces de sostener la conversión por sí solas
Sin embargo, para que esta integración ocurra de manera eficaz, la transformación debe darse de adentro hacia afuera. Ninguna herramienta tecnológica por sí sola logra derrumbar los silos organizacionales si no está respaldada por una cultura corporativa alineada y un presupuesto transversal. Si la alta dirección trata al e-commerce como una iniciativa periférica y no invierte en adaptar los incentivos comerciales, los sistemas ERP y las capacidades logísticas de toda la empresa, el área digital queda inevitablemente aislada. La tecnología habilita el cambio, pero la cultura y el presupuesto son los que le dan tracción real.
Cuando esta alineación cultural y presupuestaria se concreta, el impacto sobre el negocio es exponencial. El canal digital se integra de manera fluida con las tiendas físicas, transformándose en el principal catalizador de tráfico. Soluciones como el despacho desde tienda o la devolución autogestionada no solo eliminan fricciones para el cliente, sino que generan eficiencias estructurales en los costos de última milla y maximizan la rotación del inventario. Un producto inmovilizado en el stock de un local regional puede venderse digitalmente a un comprador a cientos de kilómetros, optimizando el capital de trabajo y la contribución al margen global de la compañía.
La marca atrae la atención, pero la excelencia operativa en toda la cadena de valor transforma una visita aislada en un cliente leal y rentable
Esta sinergia trasciende al negocio directo al consumidor. Lejos de competir con el canal mayorista, una operación digital madura actúa como un motor de demanda que valida lanzamientos, posiciona la marca y disponibiliza datos de consumo que ayudan a los distribuidores a vender más y mejor.
Estar presente en todos los puntos de contacto con una ejecución impecable es la única ventaja competitiva sostenible en el tiempo. La experiencia del cliente no se define en el momento del pago, sino en la disponibilidad real del catálogo, la transparencia en el checkout y el cumplimiento estricto de la promesa de entrega. La marca atrae la atención, pero es la excelencia operativa en toda la cadena de valor la que transforma una visita aislada en un cliente leal y rentable para toda la organización.
El autor es CX & Digital Operations Manager de Southbay / Nike
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La plata se termina antes de fin de mes: 6 de cada 10 personas se quedan sin ingresos disponibles antes del día 20




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ANSES: quiénes cobran hoy, lunes 21 de septiembre de 2026




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