ECONOMIA
Cómo es el megaproyecto de TGS para procesar líquidos de Vaca Muerta al que se sumó YPF y que ingresará al RIGI

YPF aprobó su ingreso al proyecto NGL de TGS, una iniciativa de USD 3.000 millones para industrializar líquidos del gas de Vaca Muerta que esta semana avanzará hacia la decisión final de inversión y presentación al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones. Se trata de una de las iniciativas más importantes presentadas en el país para tratar -y monetizar- el gas proveniente de la cuenca neuquina.
La planta separará los componentes licuables del gas natural —propano, butano y gasolinas naturales—, insumos con gran potencial exportador, una vez abastecido el mercado local. Así, la participación de YPF apunta a garantizar el abastecimiento de gas que procesará la nueva infraestructura y a evitar que el gas asociado a la producción de crudo limite la meta de 1,5 millones de barriles diarios.
Las estimaciones del proyecto adelantan una producción anual de 2,7 millones de toneladas de líquidos de gas natural y exportaciones por USD 1.200 millones al año, según la información suministrada por la empresa. La inversión se desplegará durante 45 meses y abarcará obras en Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires.
Horacio Marín, presidente y director ejecutivo de YPF, fue quien confirmó la decisión, la semana pasada durante la inauguración de la ampliación de la planta de Compañía Mega. Allí, deslizó que el directorio de la compañía había aprobado la participación: “Aprobó ingresar al proyecto, así que la semana que viene vamos a firmar con TGS la construcción de otra Mega en Bahía Blanca, una gran noticia para la ciudad y para el país. Somos los primeros que vamos a firmar, pero atrás vienen otros”, adelantó Marín en ese acto.
Según fuentes consultadas por Infobae, YPF no ingresará como accionista del proyecto, sino como productora y cargadora del fluido proveniente de sus operaciones en Vaca Muerta. Esa estructura la diferencia de su posición en Compañía Mega, donde la petrolera tiene una participación mayoritaria del 38%, mientras que sus socios, Petrobras y Dow abarcan el 34% y 27%, respectivamente.
El proyecto de TGS contempla la ampliación de la planta de Tratayén, en Neuquén, y la construcción de un poliducto de 573 kilómetros y 20 pulgadas de diámetro hasta Bahía Blanca. Ese ducto permitirá trasladar los líquidos a las instalaciones de fraccionamiento y almacenamiento previstas en el sur bonaerense.

En Bahía Blanca, el plan prevé una nueva planta de fraccionamiento con capacidad para 2,7 millones de toneladas anuales de productos C3+ y una terminal marítima con tanques para C3, C4 y C5+, de acuerdo con la empresa. Las obras complementarias también incluyen nuevas instalaciones portuarias para exportar los derivados y tanques específicos para distintas fracciones de líquidos.
La iniciativa había sido presentada por Transportadora de Gas del Sur durante el Argentina Week y catalogada como la mayor de procesamiento de líquidos de gas natural en la historia argentina. También representa la primera planta de procesamiento de gran escala a construir en el país de los últimos 25 años y se sumará a los complejos existentes de Cerri, de TGS, y Compañía Mega.
El acuerdo vinculante compromete el abastecimiento de gas por 15 años por alrededor del 50% del volumen que podrá procesar la nueva infraestructura. El esquema comercial prevé el pago de una tarifa de procesamiento en Neuquén y la venta de los líquidos resultantes a TGS.
TGS también negocia este mismo formato con Pluspetrol, Chevron y Pampa Energía, que podrían incorporarse en condiciones similares para completar la oferta de gas natural, según los planes de la compañía y tal como deslizó Marín en su anuncio. El plan ya incluye acuerdos firmados con varias de las principales operadoras de Vaca Muerta y negociaciones avanzadas con otras empresas del sector.

TGS está integrada en partes iguales por Pampa Energía, propiedad de Marcelo Mindlin, y el Grupo Inversor Petroquímica, de la familia Sielecki. Pampa Energía, además, tiene otro proyecto previsto para asentarse en Bahía Blanca destinado a producir urea con gas de Vaca Muerta.
La lógica del emprendimiento responde a una necesidad operativa del desarrollo no convencional: procesar el gas asociado que surge junto con la extracción de petróleo. Para los productores que apuntan a elevar la producción de crudo, enfocados en una expectativa de lograr envios al exterior por, al menos, USD 30.000 millones para 2031, esa capacidad de tratamiento resulta necesaria para que el gas no se convierta en un cuello de botella.
De acuerdo con la empresa, el desarrollo forma parte de una estrategia para fortalecer la posición de Argentina como proveedor energético en los mercados regionales e internacionales. Ese objetivo se apoya en el aumento de la capacidad exportadora que aportará la industrialización de los líquidos derivados del gas extraído en Vaca Muerta.
ECONOMIA
Precios, carga y todo lo que hay que saber sobre las nuevas estrellas del mercado de autos: pros y contras de los 100% eléctricos

La principal diferencia entre un auto eléctrico y uno convencional es la más evidente. Mientras uno carga litros de nafta, el otro recarga kilowatts a una batería de litio. Pero más allá de esa cualidad esencial, hay varias diferencias adicionales entre un auto y otro.
Hasta hace dos años, el otro gran contraste estaba en el precio, porque los autos eléctricos llegan importados desde Europa, Asia o Norteamérica y pagaban un 35% de arancel de importación y eso los convertía en mucho más caros. Pero eso ya casi no ocurre (solo en los modelos más caros) porque gracias al cupo de 50.000 autos híbridos y eléctricos admitidos por el Gobierno para entrar sin pagar arancel, los precios están bastante parejos.
Al primer contacto sensorial, hay tres elementos que rápidamente denuncian su origen. Los eléctricos no tienen caño de escape, no hacen ruido a motor sino un zumbido electrónico que podría asemejarse a una nave de Star Wars, y no tienen parrilla perforada entre las luces delanteras.
El caño de escape no es necesario porque no hay un motor de combustión que emane gases; el sonido artificial es una exigencia de las regulaciones mundiales de tránsito para que los peatones perciban que se acerca un auto eléctrico; y la ausencia de entradas de aire se debe a que no hay un radiador debajo del capó porque no hay circuito de refrigeración que asistir con aire fresco. Solo hay algunas entradas de aire superiores e inferiores para que funcione el sistema de climatización del habitáculo, nada más.
Las diferencias económicas
Sin embargo, hay varias diferencias que pocas personas conocen, especialmente en Argentina, donde la electromovilidad es bastante reciente y aún dentro del paraguas de los vehículos que tienen una batería, los autos 100% eléctricos representan apenas el 10% del total de ventas.
Primero está el costo puro de movilidad. Para hacer los mismos kilómetros, un auto eléctrico insume un gasto de entre un 80% y un 90% menor de lo que se gasta cargando la cantidad de litros de nafta equivalente.
Pero no queda solo en consumo el ahorro. porque el vehículo a batería no tiene que hacer un service cada 10.000 km sino uno cada 20.000 kilómetros. Y al ahorro en sí mismo que representa un mantenimiento por cada dos que hace el auto convencional, el costo es más bajo también porque se reemplazan menos elementos o componentes.
El auto convencional debe cambiar los 4 litros de aceite a los 10.000 km, y también reemplazar el filtro de aceite. El auto eléctrico no, el único aceite que tiene es el de la transmisión que se cambia cada 40.000 km.
En el auto convencional, además, hay otros componentes mecánicos como un filtro de nafta, sistema de distribución con sus poleas y eventualmente con correa, hay bujías, cables de bujía, sistema de escape y catalizador, etc. En el auto eléctrico todo eso no existe.
Después están los elementos comunes como el filtro de aire del habitáculo, el líquido refrigerante (que en los autos eléctricos se usa para refrigerar las baterías), y el sistema de frenos completo.
Distinto modo de conducción
Sin embargo, en este punto hay nuevamente una ventaja en los eléctricos, ya que todos tienen un sistema de regeneración de energía por medio del propio motor eléctrico. Esta es la tecnología del One Pedal Drive (conducción con un solo pedal), que permite que el auto frene solo al levantar el pie del acelerador, sin tocar el pedal de freno. Esto hace que tanto las pastillas de frenos como los discos tengan una vida útil mucho más prolongada por menor uso.

Pero así como hay ventajas del eléctrico, también hay algunas desventajas, que sin embargo, requieren un cambio de hábito para que no sean un perjuicio sino una adaptación. Son dos y ambas tienen que ver directamente con la batería de litio.
El primer ítem es el tiempo de carga, ya que los 5 minutos que se pierden en un auto con motor de combustión al parar en un surtidor de una estación de servicio y llenar el tanque de nafta, en un auto eléctrico se multiplica por 8 y 10 veces más.
En un auto eléctrico, la carga desde el 20% a un 80% de la batería nunca es menor a los 30 minutos, y dependiendo del tamaño de la batería y la potencia del cargador, puede ser de más de una hora. Sin embargo, esa diferencia se debe compensar con un cambio de mentalidad al usar un vehículo eléctrico.
Se debe aprovechar el “tiempo del auto parado” y no restar tiempo de auto en movimiento. Estadísticamente, el automóvil particular que no se usa para trabajar sino solo como un medio de transporte personal, está entre el 80% y el 90% del día estacionado. Esa es la clave, el cambio de hábito. Porque mientras el auto convencional se carga cuando uno sale a usarlo, el auto eléctrico se carga cuando no se lo usa.
Quién se compra un auto eléctrico debe saber que es indispensable tener un cargador propio o accesible a mano. Si se tiene el punto de carga en casa o el trabajo, durante las 8 horas de descanso nocturno o las mismas 8 horas de trabajo diurno, se puede cargar perfectamente. La ventaja está también en el precio del kWh, que en un domicilio es entre dos y tres veces más caro que lo que se paga en un cargador público de un centro comercial o una estación de servicio.

El otro cambio de mentalidad que se debe adoptar en un auto eléctrico es la programación del uso. La autonomía es limitada, en general no supera los 400 kilómetros salvo en los modelos de alta gama que tienen enormes baterías y los vehículos superan los USD 70.000 de precio.
Entonces, si se va a hacer un recorrido que se exceda de 300 kilómetros, el auto eléctrico tiene una limitante clara en el tiempo que demandará hacer ese trayecto. Porque aún si existiera el cargador público al acercarse a esa distancia, hay que conocer antes de llegar con qué potencia funciona para poder calcular el tiempo que demandará completar al menos el 80% de la batería.
Y aquí vuelve a ser importante saber que una batería no se carga a la potencia nominal del cargador hasta el 100%, ya que a partir del 80% o el 90% en el mejor de los casos, la velocidad de carga se reduce considerablemente para proteger el sistema, con lo cual, si se demoró 40 minutos en llegar al 80% es probable que completar el 100% demande otros 40 minutos adicionales.
Entonces, al hacer la previsión del tiempo de un viaje, hay que calcular que la batería no tendrá una autonomía de 300 km en el segundo tramo, sino probablemente de algo más de 220 kilómetros, porque tras esa primera parada, no se cargará al 100 por ciento.
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ECONOMIA
El agro que viene no se parece al que imaginamos

Durante muchos años, incluso décadas, el imaginario cultural sobre lo que era el campo permanecía inalterable. No hacía falta actualizar manuales escolares, ni siquiera era preciso trabajar sobre el impacto real que esta actividad tiene en nuestro día a día. Sin embargo, en poco tiempo, esa idea evolucionó, se complejizó y ganó en productividad, preparándose para un futuro en el que será una actividad cada vez más esencial.
Hoy el campo combina ciencia, tecnología, datos, conocimiento y sustentabilidad. Entonces, si queremos pensar en este futuro para nuestro país, es necesario contarles a las nuevas generaciones de qué se trata el campo en la actualidad, porque el abanico de oportunidades laborales es cada vez más amplio, y el impacto que tiene en el desarrollo económico de la Nación también.
Las grandes extensiones de tierra le dan paso a la siembra programada; la maquinaria pesada hoy goza de tecnología aplicada para hacer más productivo el proceso del cultivo; las semillas tienen una fortaleza mucho mayor, y los resultados se ven en la mesa de todos los argentinos.
Hoy el campo combina ciencia, tecnología, datos, conocimiento y sustentabilidad
Queda claro que el agro cambió. Por eso, el desafío actual es como profesionales, y como industria, estar a la altura de lo que esta actividad nos demanda. De ser exitosos no solo tendremos mejores opciones de cultivos: también habrá resultados económicos muy favorables para el país.
Hoy producir alimentos implica tomar decisiones cada vez más sofisticadas. Conocer el suelo, interpretar el clima, anticipar la aparición de malezas y enfermedades, seleccionar la genética adecuada para cada ambiente, administrar recursos y utilizar información para decidir cuándo y cómo intervenir. La tecnología, la biotecnología, la inteligencia artificial y las herramientas digitales son una parte vital de este proceso.
¿Cómo podemos resumirlo? El campo es la tierra, su gente, los cultivos y el ganado, y también ahora un laboratorio de innovación.
Pensar hoy mirando al mañana
Hablar sobre el futuro de la agricultura nos obliga a preguntarnos cómo vamos a producir, con qué conocimiento y quiénes tendrán las capacidades necesarias para hacerlo.
Es una conversación que no se puede postergar, porque el desafío es enorme. Según la FAO, el mundo necesitará producir cerca de un 70% más de alimentos hacia 2050. En un contexto de crecimiento poblacional, cambio climático, presión sobre los recursos naturales y necesidad de mejorar la eficiencia productiva, la agricultura tendrá que hacer mucho más con los recursos disponibles.
Producir alimentos implica tomar decisiones cada vez más sofisticadas
Eso obliga a pensar en una agricultura cada vez más inteligente: con tecnología aplicada adecuadamente, convirtiendo los datos en información y en una estrategia que empieza en la semilla y termina alimentando a los argentinos (y, por qué no, a gran parte del mundo).
El manejo temprano de malezas, enfermedades y plagas, la elección de semillas adaptadas a cada ambiente, el monitoreo de los cultivos y la planificación de aplicaciones son ejemplos de cómo las buenas prácticas agrícolas pueden apoyarse en nuevas tecnologías para mejorar la productividad y, al mismo tiempo, cuidar los recursos.
Esta mirada integral estuvo muy presente en el último Congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), donde distintas soluciones tecnológicas fueron planteadas como herramientas estratégicas que combinan genética, protección de cultivos, digitalización y conocimiento agronómico.
Ellos y ellas, la clave
En este nuevo campo, el talento también evoluciona. Nacen oportunidades de la mano de la tecnología aplicada a la industria: biotecnólogos, agrónomos, analistas de datos, programadores, ingenieros industriales, expertos en sustentabilidad y hasta especialistas en inteligencia artificial. Todos son hoy necesarios, y juntos construyen una flamante e innovadora manera de trabajar.
Por eso, acercar a los jóvenes a esta actividad se vuelve esencial para cuidar una de las industrias que será cada día más importante para el desarrollo del país, pero también para resguardar uno de los recursos más necesarios para todas las personas: el alimento.
Si queremos una agricultura capaz de responder a los desafíos que vienen, necesitamos personas dispuestas a aprender, investigar, innovar y tomar decisiones con una mirada de largo plazo. El agro argentino tiene una enorme capacidad para hacerlo. Tiene conocimiento, experiencia, recursos naturales, emprendedores y una cadena de valor con fuerte presencia internacional.
Ahora también necesita construir un puente con las nuevas generaciones.
El autor es gerente senior de Marketing para Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia de BASF
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ECONOMIA
La morosidad de las familias llegó al 12,9% y los menores de 35 años concentran la mayor cantidad de deudores



ARCA,deuda impositiva,morosidad empresarial
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