SOCIEDAD
Condenaron a una médica por la muerte de un estudiante que sufrió una falla multiorgánica tras su viaje de egresados

Una médica fue condenada a tres años de prisión condicional y a diez años de inhabilitación especial para ejercer medicina clínica y realizar guardias médicas, tras haber sido encontrada culpable de cometer el homicidio culposo de Thomás Octavo. La víctima era un adolescente de 17 años que murió en octubre de 2022, poco después de que regresara de su viaje de egresados en Bariloche.
La sentencia fue homologada este viernes a la mañana en el marco de un juicio abreviado. Durante la audiencia, la imputada reconoció su responsabilidad penal y aceptó la calificación legal y la pena acordada entre la Fiscalía, la querella y la defensa.
Junto con la pena de prisión condicional, la condenada deberá cumplir reglas de conducta durante tres años, como fijar domicilio, informar cualquier cambio de residencia o teléfono y presentarse periódicamente ante el organismo de control correspondiente.
Aunque la inhabilitación dispuesta le impedirá ejercer la medicina clínica y realizar guardias médicas, la médica podrá continuar con el ejercicio de su especialidad de psiquiatría. Por su parte, la querella acompañó el acuerdo alcanzado, resaltó el trabajo conjunto con la Fiscalía durante la investigación, brindando apoyo a la madre del adolescente en el proceso judicial.

Al homologarse el acuerdo, el juez consideró acreditadas múltiples infracciones al deber de cuidado y sostuvo que la evidencia permitía concluir que una atención médica adecuada “muy probablemente hubiera cambiado el destino” del joven. También destacó el reconocimiento de responsabilidad efectuado por la imputada durante la audiencia.
No obstante, la sentencia aún no quedó firme, ya que las partes no renunciaron durante la audiencia a los plazos legales para eventuales impugnaciones. Minutos después, estaba prevista una audiencia de control de acusación respecto de otras personas imputadas en el legajo —un coordinador y quien manifestó ser médico sin serlo—, pero la instancia fue suspendida a pedido de una defensora pública penal, en función del procedimiento abreviado homologado previamente respecto de la médica.
El caso se desencadenó luego de que el joven muriera el 25 de octubre de 2022 debido a una falla multiorgánica derivada de un cuadro de sepsis por Streptococcus Pyogenes. Para la Fiscalía, la muerte fue consecuencia de omisiones en la atención médica durante la evolución de la enfermedad.
De acuerdo con la reconstrucción realizada por el Ministerio Público Fiscal de Río Negro, a la médica condenada se le atribuyó haber atendido al adolescente el 24 de octubre de 2022 en una unidad sanitaria de Valentín Alsina, en la provincia de Buenos Aires.

Aunque la familia informó síntomas graves y persistentes, la profesional omitió realizar un examen físico completo y no solicitó estudios complementarios básicos. Por este motivo, los investigadores consideraron que esta conducta no se ajustó a la práctica médica esperable ante el cuadro clínico presentado por el paciente.
En línea con esto, los informes periciales incorporados al legajo concluyeron que una evaluación adecuada y un tratamiento oportuno con antibióticos podrían haber modificado el curso de la enfermedad. Esto fue respaldado por las pruebas presentadas por la Fiscalía, entre ellas, la historia clínica, la epicrisis de la Clínica Santa Bárbara y los informes del Cuerpo Médico Forense y del Cuerpo de Investigación Forense.
Durante el proceso también declararon la madre y otros profesionales médicos que participaron en la atención posterior del joven, quienes describieron la evolución del cuadro clínico y las condiciones en las que ingresó a terapia intensiva.
Asimismo, el Ministerio Público Fiscal explicó que la causa se investigó en Bariloche porque los primeros hechos vinculados al caso ocurrieron durante el viaje de egresados en esa ciudad, donde el adolescente inició los síntomas y recibió las primeras atenciones.
De hecho, inicialmente, existió un conflicto de competencia con la justicia bonaerense. Hasta que la justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), finalmente, declinó la investigación a favor de la justicia rionegrina.
SOCIEDAD
Preocupación en Caleta Olivia: investigan a un alumno que llevó una réplica de arma a la escuela

Una réplica de aire comprimido fue secuestrada preventivamente en la Escuela Primaria Provincial N° 69 Hielos Continentales de la localidad santacruceña de Caleta Olivia, luego de que las autoridades advirtieran que un alumno la tenía entre sus pertenencias. Tras activarse el protocolo de emergencia, intervino la Justicia de Menores.
El hecho ocurrió el jueves pasado en el horario del turno tarde. La comunidad educativa fue notificada mediante un comunicado del Equipo de Gestión, que confirmó la detección del elemento y remarcó que se aplicaron las medidas previstas por la normativa.
De la misma manera, las autoridades informaron que el objeto permaneció bajo resguardo dentro del establecimiento hasta la llegada del personal policial. Luego, los efectivos realizaron el secuestro preventivo para incorporarlo a las actuaciones del caso.
La escuela buscó llevar tranquilidad a la comunidad educativa al precisar que la situación fue atendida de manera inmediata. También sostuvo que se realizaron las intervenciones previstas por la normativa vigente, sin brindar detalles sobre la edad del estudiante ni sobre las circunstancias en las que se detectó el elemento.

De acuerdo con la información obtenida por La Opinión Austral, no se consignó que hubiera personas lesionadas, amenazas ni agresiones dentro de la institución. Tampoco precisó si el arma de aire comprimido estaba cargada o en condiciones de ser utilizada.
Tras el aviso de las autoridades escolares, intervino el personal policial, que retiró el objeto y concretó el secuestro preventivo. Según la información difundida sobre el procedimiento, las actuaciones fueron puestas en conocimiento de la Secretaría del Juzgado Penal Juvenil.
La participación judicial se vincula con la presencia de un menor de edad y con la necesidad de determinar las circunstancias del hecho. Por ese motivo, no trascendieron mayores precisiones sobre las medidas adoptadas ni sobre la situación del alumno involucrado.
En las horas posteriores al episodio circuló una versión según la cual el estudiante habría llevado el arma de aire comprimido hasta un baño durante un recreo y habría efectuado un disparo contra una puerta.
No obstante, ni la EPP N° 69 ni las autoridades policiales o judiciales confirmaron esa versión. De hecho, el comunicado de la institución no hizo referencia a disparos, daños materiales, amenazas o situaciones de violencia dentro del edificio escolar.

Después de lo ocurrido, el Equipo de Gestión solicitó a las familias revisar las pertenencias de los estudiantes antes de que concurran a la escuela. Además, pidió fortalecer el diálogo en los hogares sobre el cuidado personal y la prevención de este tipo de situaciones.
“Solicitamos, por favor, revisar las pertenencias de los estudiantes antes de asistir a la escuela, dialogar en familia sobre la importancia del cuidado y prevención de sí mismo y de sus pares”, expresaron desde la institución.
Los episodios recientes reavivaron el debate por la prevención escolar
El caso ocurrió pocos días después de otro hecho registrado en Caleta Olivia, donde se detectó la presencia de un cuchillo en el Instituto Marcelo Spínola. En aquella ocasión, la institución activó el protocolo y aclaró que no se había producido una amenaza ni una agresión dentro del establecimiento.
También existen antecedentes recientes en la provincia relacionados con armas de aire comprimido. En abril, un alumno de séptimo grado de la Escuela Primaria N° 40 de Pico Truncado ingresó con una pistola de este tipo y, según la información difundida entonces, la habría apuntado hacia compañeros durante una clase de Educación Física.
Ese mismo mes, dos adolescentes fueron demorados en Caleta Olivia en el marco de una investigación por amenazas de un supuesto tiroteo contra una institución educativa. El procedimiento incluyó intervenciones policiales y el secuestro de dispositivos electrónicos.
La sucesión de estos casos volvió a poner en primer plano la importancia de los mecanismos de prevención, la comunicación entre las familias y las escuelas, y la respuesta inmediata de las autoridades cuando se detectan elementos que pueden generar riesgo en el ámbito educativo.
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SOCIEDAD
Hasta qué hora siguen las tormentas este sábado 3 de octubre en Buenos Aires, según el Servicio Meteorológico Nacional

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) emitió su pronóstico y anticipó una jornada con tormentas fuertes este sábado 3 de octubre en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y el conurbano bonaerense.
El mal tiempo ya comenzó durante la madrugada y las tormentas continuarán durante las próximas horas. Las condiciones empeorarán durante la mañana, cuando la posibilidad de tormentas fuertes ascenderá a entre 70% y 100%.
Hacia la tarde, las condiciones tenderán a mejorar y las precipitaciones perderán intensidad. Para ese momento, el SMN prevé entre 10% y 40% de probabilidades de lluvias aisladas.
Cómo estará el tiempo el fin de semana en Buenos Aires
- Sábado 3 de octubre: se esperan tormentas fuertes por la madrugada y la mañana, aunque por la tarde solo habrá lluvias aisladas. La mínima será de 12° y la máxima de 16°.
- Domingo 4 de octubre: el tiempo cambiará notablemente, ya que se mantendrá algo nublado y sin probabilidades de lluvias. Además, habrá un aumento de la temperatura y la mínima será de 11°, mientras que la máxima de 21°.
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SOCIEDAD
Murió desnudo sobre su tierra, pidió ser enterrado con los marginados y su tumba estuvo perdida 600 años: el legado de Francisco de Asís

El atardecer del 3 de octubre de 1226 no fue una tarde cualquiera en los hermosos y verdes valles de la Umbría italiana. Las sombras vespertinas comenzaban a estirarse pausadamente sobre el follaje espeso, frondoso y tupido que rodeaba la pequeña y humilde capilla de Santa María de los Ángeles, en el paraje históricamente conocido como la Porciúncula. Allí, en el silencio campesino, sereno y casi místico de un bosque profundamente silvestre —muy distante de la imponente basílica de piedra, las cúpulas imponentes y los dorados arcos que la cobijan en la actualidad con devota monumentalidad—, expiraba un hombre de apenas cuarenta y cuatro años de edad que había transformado para siempre la historia entera de la Cristiandad occidental. Eran aproximadamente las siete de la tarde, justo al ponerse el sol según el estricto cómputo litúrgico de la época medieval, cuando Giovanni di Pietro Bernardone entonó sus últimos e inspirados versos, cerró suavemente sus cansados ojos y entregó su alma pura al Creador. Se cumplen hoy exactamente 800 años de aquel tránsito santísimo que partió en dos la devoción, la espiritualidad y la sensibilidad del mundo entero. Moría Giovanni, y nacía Francisco de Asís.
Para comprender en toda su verdadera dimensión la magnitud de ese instante sagrado, es absolutamente preciso trasladarse a la geografía original y agreste de la Porciúncula. En aquel primer tercio del siglo XIII, la zona no albergaba grandes muros de contención, retablos de mármol ni arcos barrocos; era tan solo un rincón sumamente humilde situado en la llanura de Asís, completamente rodeado por un sotobosque tupido, vegetación abundante, encinas viejas y terrenos pantanosos. El santo de Asís había elegido de manera explícita y consciente volver a ese bosque humilde para pasar sus últimos momentos en la tierra. Sentía en lo más profundo de su ser que allí, rodeado de la naturaleza virgen que siempre llamó con ternura “hermana”, su despojo material y terrenal alcanzaba su máxima coherencia teológica, humana y espiritual. La Porciúncula no era un santuario glorioso como el que hoy admiran millones de peregrinos del mundo, sino un oasis silvestre, solitario y casi olvidado donde el viento susurraba libremente entre las frondas, recordando a todos los hombres que la cuna de la gran renovación franciscana había nacido únicamente del abandono absoluto de las glorias mundanas, del orgullo vano y de las riquezas temporales.
Durante los intensos días previos a su desenlace físico, profundamente desgastado por las continuas dolencias gástricas, la ceguera progresiva y dolorosa derivada de un severo tracoma contraído durante su viaje a Oriente, y los profundos estigmas sagrados que sangraban visiblemente en sus manos, pies y costado desde la mística vivencia del monte Alvernia en 1224, el pobrecillo de Asís jamás dejó de orar ni de cantar a la creación. A pesar de los dolores atroces que atenazaban su frágil y demacrada anatomía, dictó con lucidez y añadió la última estrofa a su memorable y eterno Cántico de las Criaturas: “Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar”.

Lejos de cualquier atisbo de desesperación, amargura o miedo antes de partir, su actitud previa al deceso estuvo permanentemente marcada por una profunda alegría lírica, una serenidad contagiosa y una incesante alabanza a Dios. Pidió a los hermanos que lo rodeaban que entonaran con fervor el salmo 141 y que le leyeran con pausa el Santo Evangelio según San Juan, específicamente en el pasaje de la Última Cena que narra el lavatorio de los pies y la Pasión victoriosa del Señor. Francisco no veía su última hora como una tragedia amarga ni como el triste final de su obra terrenal, sino como el cenit radiante de sus nupcias espirituales con la Dama Pobreza, entonando coplas con voz debilitada pero firme mientras consolaba con paciencia a los propios hermanos de la fraternidad que lloraban desconsoladamente a su alrededor.
En sus momentos finales e irreversibles, Francisco solicitó a sus frailes un gesto de una radicalidad y humildad sobrecogedoras, el cual condensaba toda su profunda teología de la indigencia voluntaria: pidió ser despojado por completo de su hábito de lana basta y ser colocado totalmente desnudo sobre la tierra fría y desnuda del suelo de su pequeña celda. Quería morir plácidamente en los brazos maternales de la hermana tierra, sin poseer absolutamente nada en este mundo visible, imitando de esta manera con exactitud la desolada desnudez de Cristo muriendo en la Cruz del Calvario. Quería que la misma tierra que lo había alimentado y sostenido en vida fuera la primera en acoger su cuerpo exhausto y consumido justo antes de dar su suspiro final. Y allí permaneció durante largo rato, sobre el barro, las hojas secas y el polvo humilde de la Porciúncula, hasta que fray Elías, su vicario general, se acercó conmovido y le impuso por pura caridad un hábito sencillo prestado por otro fraile, recordándole con delicadeza que solo lo poseía en calidad de préstamo temporal. Aquel acto supremo de despojo absoluto conmovió hasta las lágrimas a la pequeña fraternidad franciscana reunida en el austero recinto, pues en esa desnudez total se resumía el sentido cabal y auténtico del movimiento franciscano: no ser dueño de nada en la tierra para poder poseerlo absolutamente todo en el infinito Amor divino.
En la estrecha alcoba campesina y en los alrededores inmediatos de la choza no solo se encontraban sus devotos frailes de la primera hora, como fray León, fray Ángel, fray Rufino y fray Masseo, completamente absortos en lágrimas, plegarias y oraciones silenciosas. Junto al lecho de agonía se encontraba también una figura extraordinaria, fascinante y singularísima en la historia franciscana: la noble y adinerada matrona romana Jacopa de Settesoli, a quien Francisco cariñosamente solía llamar en sus escritos “Frate Jacopa” (el Hermano Jacoba). Sabiendo con certeza que el fin de su vida terrenal estaba inminentemente próximo, Francisco había comenzado a dictar una carta urgente con destino a Roma para convocarla a su lado antes de partir. Sin embargo, antes de que el joven mensajero pudiera partir hacia la Ciudad Eterna, la propia Jacopa ya había llegado sorpresivamente a las puertas de la Porciúncula por una misteriosa inspiración divina, trayendo consigo exactamente todo lo que el santo necesitaba y le iba a encomendar: el paño de mortaja de color ceniza para amortajar su cuerpo inertemente, velas para los solemnes funerales y unos deliciosos dulces tradicionales de almendra y miel que a Francisco le gustaban especialmente en vida. Fue ella, rompiendo valientemente toda estricta regla de clausura monástica por expreso y previo deseo del fundador, quien prestó con infinita delicadeza las piadosas labores de amortajar el cadáver del santo, envolviéndolo respetuosamente en la lencería funeraria que ella misma había preparado con sus propias manos y velando su eterno reposo con una devoción verdaderamente materna e inolvidable.

Pero este día es especial para la familia franciscana, es el “Transito de San Francisco”. El concepto litúrgico y espiritual del “Tránsito” (Transitus) posee una densidad teológica sumamente primordial para la gran familia franciscana extendida por el mundo. No se conmemora ni se llora la muerte física como una pérdida trágica o como el mero fin biológico irremediable de la existencia humana, sino que se celebra como el paso glorioso, la Pascua particular y dichosa del santo que cruza el umbral del tiempo hacia la eternidad prometida en perfecta consonancia con el mensaje del Santo Evangelio. El “Tránsito” es, en esencia, la gran fiesta de la hermana muerte vencida por el amor de Dios, la gozosa celebración del encuentro definitivo entre el fiel siervo y su amoroso Creador. Cada noche del 3 de octubre, en todos los monasterios, conventos e iglesias franciscanas del orbe entero, los frailes apagan por completo las luces de las naves y leen en la penumbra el emotivo relato de esta agonía luminosa para renovar con fervor sus sagrados votos de pobreza, castidad y obediencia, encendiendo pequeñas lámparas para recordar a la humanidad que la vida del santo de Asís no concluyó en las sombras frías de una tumba, sino que floreció eternamente en la claridad perpetua del Cielo.
A la mañana siguiente del 4 de octubre de 1226, bajo una luz clara y fresca, el extenso cortejo fúnebre partió desde la Porciúncula ascendiendo lentamente por la empinada ladera de la montaña hacia la ciudad fortificada de Asís. En su pausado trayecto, la doliente comitiva hizo una parada profundamente trascendental, emotiva e imborrable en el histórico monasterio de San Damián. Allí aguardaba en silencio Chiara Offreduccio hija del conde Favorino Offreducio, pero para nosotros es: Santa Clara de Asís junto a su comunidad de hermanas clarisas. A través de la pequeña y estrecha ventana del locutorio por donde solían recibir la Santa Comunión, el cuerpo inerte y liviano de Francisco fue elevado con inmenso respeto por los frailes para que Clara y sus religiosas pudieran contemplar y despedir por última vez a quien había sido su amado padre, maestro y guía espiritual en la fe. Fue un instante sobrecogedor de llanto contenido, honda melancolía y profunda experiencia mística que quedó grabado para siempre en los anales de la Iglesia católica, un doloroso e histórico adiós en el cual la fiel esposa de Cristo en la clausura ofrecía sus más fervientes plegarias al firmamento por la gozosa partida de su admirado mentor. Posteriormente a este doloroso encuentro en San Damián, el cuerpo del santo fue conducido solemnemente hasta el templo de San Jorge y finalmente trasladado a la colina colindante de la ciudad de Asís, conocida en aquel tiempo con el tenebroso nombre de la “Colina del Infierno” (Colle del Inferno).

Aquel terreno áspero situado extramuros era el sitio totalmente proscrito e infame donde la justicia civil ajusticiaba habitualmente a los criminales condenados y donde se enterraba a los marginados y repudiados por la sociedad medieval. Francisco, en su maravilloso testamento espiritual marcado por una actitud de profunda pequeñez, había solicitado expresamente en vida ser sepultado en ese preciso lugar estigmatizado para compartir hasta el final la triste suerte de los olvidados y despojados de la tierra, tal como lo hizo Jesús de Nazaret en el monte Calvario. Tiempo después de su glorificación, el papa Gregorio IX rebautizó oficialmente el emplazamiento con el nombre de “Colina del Paraíso” (Colle del Paradiso) y mandó a edificar allí la majestuosa y grandiosa Basílica Papal de San Francisco, transformando para siempre un antiguo erial de ejecución y aflicción en la fortaleza espiritual y artística más radiante, hermosa e influyente de la cristiandad medieval.
Durante casi seis largos siglos, la tumba exacta de San Francisco permaneció absolutamente inhallable para los fieles y los historiadores. Fue recién en los fríos días de diciembre de 1818, tras cincuenta y dos noches consecutivas de minuciosas y fatigosas excavaciones clandestinas realizadas bajo el altar mayor de la Basílica Inferior, cuando los fervorosos arqueólogos y los frailes guardianes redescubrieron con inmenso júbilo el sencillo sarcófago de piedra rústica que custodiaba los restos intactos del santo de Asís. Hoy en día, en esa austera y conmovedora cripta de piedra gris, Francisco no reposa en soledad: a su alrededor yacen en silencio los restos mortales de sus cuatro compañeros más íntimos de la primera hora de la orden —los venerados frailes León, Rufino, Masseo y Ginebro— y, ubicada en el nicho frontal de la escalera de acceso, la digna tumba de la mismísima Frate Jacopa de Settesoli, testimoniando en la eternidad la hermosa y sólida fraternidad indisoluble que supieron fundar juntos en la tierra.
A exactamente ocho siglos de su victoriosa partida hacia la casa del Padre, la figura inmortal de San Francisco de Asís no ha perdido ni un solo ápice de su arrolladora fuerza profética, revolucionaria e interpeladora. En pleno siglo XXI, una época continuamente sacudida por la violencia de las guerras, la vorágine del hiperconsumismo desmedido, la deshumanización tecnológica y las graves crisis climáticas que amenazan la sostenibilidad misma de nuestro planeta, la voz humilde del frailecillo de Umbría emerge en el horizonte como un faro indispensable de ecología integral, paz universal, justicia social y verdadera fraternidad humana. Francisco no fue en absoluto un reformador político de laboratorio ni un sofisticado intelectual teórico de la época; fue simplemente un hombre que decidió encarnar el mensaje del Santo Evangelio al pie de la letra, sin glosa ni anestesia, un alma santa que supo ver en cada leproso marginado el rostro doliente de Dios y en cada criatura del bosque un hermano sagrado con el cual compartir el camino de la existencia. Su mensaje atemporal trasciende ampliamente los credos religiosos y las fronteras geográficas, desafiando las obsoletas estructuras del orgullo humano con la fuerza invencible, dulce y revolucionaria de la mansedumbre, la reconciliación y el perdón incondicional.
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