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POLITICA

Crisis entre Milei y Lula: la trama política, personal y geopolítica detrás del mayor choque diplomático entre Argentina y Brasil

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La crisis diplomática entre la Argentina y Brasil tiene una cronología conocida. El sábado, Javier Milei viajó a San Pablo para respaldar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro y en el acto lanzó agrias descalificaciones a Luiz Inácio Lula da Silva y al ministro del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes. Ayer, el gobierno brasileño respondió llamando a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Glinternick Bitelli, en la señal diplomática más severa desde la llegada del líder libertario a la Casa Rosada.

Esa secuencia no alcanza para explicar lo ocurrido. La crisis no empezó este fin de semana ni nació con un discurso o con una decisión de Itamaraty. Tiene una historia anterior que ayuda a entender por qué una relación construida durante cuatro décadas sobre intereses permanentes terminó, al menos por unos días, subordinada a la lógica de la política doméstica.

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Para encontrar el origen hay que retroceder casi tres años.

El 28 de agosto de 2023, ocho días después de que Milei sorprendió al sistema político argentino al imponerse en las PASO, Sergio Massa viajó a Brasilia para reunirse con Lula. Infobae estuvo presente en aquella visita al Palacio del Planalto.

No fue una reunión protocolar. Fue un encuentro político entre dos dirigentes que compartían un mismo objetivo: impedir que el candidato libertario llegara a la Presidencia.

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“Hacé lo que tengas que hacer, pero tenés que ganar”, le dijo Lula a Massa durante aquella conversación, según reconstruyeron ante Infobae quienes participaron del encuentro. Hubo otra frase que también quedó grabada entre los presentes: “Juntá votos, no dólares”.

Alrededor de esa mesa estaban la entonces secretaria de Energía, Flavia Royón (hoy senadora por Salta); el secretario de Industria, José Ignacio de Mendiguren (a quién Milei acusó de “ladrón” en la Rural); el secretario de Agricultura, Juan José Bahillo (hoy también senador por Entre Ríos); y el entonces embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, hoy secretario de Turismo del gobierno de Milei.

Aquel encuentro confirmó algo que ya era evidente: Lula había decidido involucrarse políticamente en la campaña presidencial argentina. Nunca ocultó esa preferencia. La expresó en público y también en privado.

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Massa se reunió con Lula a fines de agosto de 2023 en Brasilia, en una conversación que, según reconstruyó Infobae en ese momento, giró en torno a un objetivo compartido: evitar que Javier Milei llegara a la Presidencia. Con el paso del tiempo, ese antecedente se convirtió en una referencia central para explicar por qué la confrontación actual entre Buenos Aires y Brasilia tiene, además de una dimensión ideológica, un componente personal y político que se arrastra desde 2023.

Sergio Massa junto a Lula da Silva en Brasil

Con el correr de las semanas, comenzó una colaboración más estrecha entre dirigentes y especialistas vinculados al Partido de los Trabajadores y el equipo de campaña de Unión por la Patria. Formalmente, la estrategia seguía bajo la conducción del consultor catalán Antoni Gutiérrez-Rubí, otro viejo enemigo de Milei. En paralelo se incorporaron referentes como Edinho Silva, uno de los dirigentes históricos del PT que había participado de la campaña que permitió el regreso de Lula al poder en 2022.

Milei nunca dejó de hablar de aquel episodio. Durante la campaña y después de asumir la Presidencia sostuvo reiteradamente que dirigentes brasileños vinculados al PT habían participado de la estrategia negativa desplegada en su contra. Para el líder libertario, ellos estuvieron detrás de las peores acusaciones sobre su vínculo con Karina Milei y sus perros. En los últimos días volvió sobre ese recuerdo durante una entrevista radial desde el predio de la Sociedad Rural. Lo hizo casi tres años después, pero con la misma convicción.

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Ese antecedente no explica por sí solo la dureza del discurso pronunciado el sábado en San Pablo. Pero ayuda a entender por qué la confrontación con Lula nunca fue una discusión exclusivamente ideológica: también tiene una dimensión personal y política que viene desde 2023.

El dato importa porque marca el momento en que la política doméstica empezó a cruzar la frontera de la política exterior. Lula actuó entonces como un actor político interesado en el resultado de las elecciones argentinas. Milei respondió ahora como presidente de la Argentina. Y allí aparece una diferencia fundamental: lo que hace tres años podía interpretarse como un episodio de campaña terminó proyectándose sobre la relación entre dos Estados.

Milei y Lula, una convivencia incómoda para el Mercosur

Sería un error, sin embargo, explicar esta crisis únicamente desde Buenos Aires. Porque la confrontación tampoco resulta políticamente inconveniente para Lula.

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El presidente brasileño atraviesa una campaña electoral difícil. En octubre buscará la reelección en un escenario de fuerte polarización con el bolsonarismo y con una economía que, si bien muestra indicadores más sólidos que los de otros países de la región, ya no le garantiza por sí sola el respaldo político que obtuvo en 2022.

En ese contexto, la disputa con Milei aparece como una oportunidad para reforzar un discurso que el Palacio del Planalto viene construyendo desde hace meses: la defensa de la soberanía brasileña frente a las presiones externas. Ese relato comenzó a consolidarse cuando Donald Trump endureció su política comercial hacia Brasil y vinculó parte de esa estrategia con la situación judicial de Jair Bolsonaro. El gobierno de Lula respondió presentando ese conflicto como una injerencia de Washington en asuntos internos brasileños.

La aparición de Milei en San Pablo, respaldando al hijo del ex presidente y cuestionando al actual mandatario y a uno de los ministros del Supremo Tribunal Federal, encajó en esa narrativa. No significa que Lula buscara esta crisis. Sí explica por qué el gobierno brasileño decidió responder con firmeza.

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El canciller Mauro Vieira resumió esa posición. Calificó las declaraciones de Milei como “muy graves”, sostuvo que constituyeron una “interferencia en asuntos domésticos” de Brasil y pidió explicaciones al gobierno argentino. Al mismo tiempo dejó una señal que pasó relativamente inadvertida, pero resulta decisiva para entender el momento diplomático.

Mauro Vieira, el canciller de Lula, que buscó poner paños fríos a la escalada diplomática con Argentina

“La retirada de embajadores es un paso de gran gravedad. No vamos a hacer eso ahora”, afirmó. Y agregó una definición que probablemente exprese mejor que ninguna otra el desafío que enfrentan ambos gobiernos: “Tenemos que trabajar por el entendimiento entre las naciones, y la diplomacia se hace de conversaciones”.

Esa aclaración no es menor. Brasil decidió elevar el costo político de los dichos de Milei, pero evitó cruzar un umbral que hubiera colocado a la relación bilateral en una situación mucho más delicada. El mensaje fue doble: las declaraciones del Presidente argentino resultan inaceptables para el gobierno de Lula, pero el vínculo entre ambos países sigue siendo demasiado importante como para quedar atrapado en una escalada sin retorno.

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Ese matiz aparece también cuando se observa el tablero internacional. Mientras Milei profundiza un alineamiento con Trump e Israel, Lula intenta ampliar los márgenes de autonomía de Brasil.

No fue casual que el mismo domingo en que estallaba la crisis diplomática el presidente brasileño mantuviera una extensa conversación con Xi Jinping. Hablaron de profundizar la relación comercial entre China y el Mercosur, de cooperación económica, de seguridad energética y también de los conflictos internacionales que dominan la agenda global. Ambos expresaron preocupación por la situación humanitaria en Gaza y por las consecuencias que los conflictos en Medio Oriente pueden tener sobre la economía mundial.

Es una mirada muy distinta de la que sostiene Milei, uno de los principales aliados internacionales de Israel y uno de los presidentes occidentales que respaldó explícitamente la ofensiva militar impulsada por Estados Unidos para neutralizar las amenazas vinculadas con Irán y sus aliados regionales.

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El presidente chino, Xi Jinping, estrecha la mano del mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva

La distancia entre Buenos Aires y Brasilia, entonces, no se limita al vínculo personal entre Milei y Lula. Empieza a reflejar dos maneras muy diferentes de entender la inserción internacional de América Latina. Mientras la Argentina privilegia el alineamiento con Washington, Brasil intenta consolidar una estrategia de mayor autonomía, profundizando al mismo tiempo sus vínculos con Estados Unidos, China, Europa y el Sur Global.

En ese contexto, la pelea entre ambos deja de ser solamente una disputa bilateral. Empieza a expresar dos proyectos distintos sobre el lugar que la región debería ocupar en el nuevo escenario internacional.

Hay otro dato, menos visible, que ayuda a entender hasta qué punto la política argentina y la brasileña siguen entrelazadas. Mientras Milei profundizaba su confrontación con Lula, la ex presidenta Cristina Kirchner terminó de incorporar a su estrategia judicial internacional al jurista brasileño Rafael Valim, un reconocido especialista en Derecho Constitucional y derechos humanos que integró el equipo de abogados del actual mandatario brasileño y mantiene una estrecha relación con el Partido de los Trabajadores.

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Su incorporación no tiene consecuencias diplomáticas directas ni modifica la situación judicial de la ex presidenta. Pero vuelve a mostrar que los vínculos construidos entre el lulismo y el kirchnerismo siguen activos y trascienden los cambios de gobierno en ambos países. Es otra manifestación de una relación política que nunca desapareció. La diferencia es que, esta vez, encontró del otro lado a un presidente argentino que tampoco está dispuesto a separar la política doméstica de la política exterior.

Esa transformación es la que preocupa a buena parte del cuerpo diplomático argentino. En conversaciones con Infobae, dos embajadores que conocen como pocos la relación bilateral —Diego Guelar, ex representante argentino en Brasil, Estados Unidos y China, y Jorge Argüello, ex embajador en Estados Unidos, Portugal y las Naciones Unidas— llegaron, desde recorridos políticos muy diferentes, a una conclusión parecida.

Guelar definió la crisis como “innecesaria” y advirtió que tendrá “un impacto negativo en la relación bilateral”, aunque descartó que pueda alterar una integración económica construida durante décadas. Argüello fue todavía más lejos desde el plano conceptual. “Los presidentes pueden tener posiciones políticas e ideológicas, pero lo que no pueden hacer es imponerlas sobre el interés nacional”, dijo a Infobae.

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La frase resume uno de los principios históricos de la política exterior argentina. Los gobiernos cambian, las coaliciones llegan y se van, las mayorías electorales se construyen y se pierden. Pero el interés nacional debería conservar cierta estabilidad.

Otros tiempos. Los presidentes de Brasil, José Sarney; de Argentina, Raúl Alfonsín y de Uruguay, Julio María Sanguinetti, tras la firma de un acuerdo trilateral que sentó las bases del Mercosur en febrero de 1988 en Colonia del Sacramento, Uruguay.

La relación con Brasil fue, probablemente, uno de los mejores ejemplos de esa lógica. Desde que Raúl Alfonsín y José Sarney decidieron transformar una vieja rivalidad geopolítica en una asociación estratégica, radicales, peronistas, liberales y socialdemócratas administraron ese vínculo con una premisa casi inalterable: las diferencias ideológicas no debían poner en riesgo una relación considerada estratégica para ambos países.

Eso no significó ausencia de conflictos. Los hubo. Hubo disputas comerciales, diferencias dentro del Mercosur, desacuerdos sobre política internacional e incluso fuertes contrastes personales entre algunos presidentes. Pero existía una frontera relativamente clara entre la competencia política y la política de Estado.

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Esa frontera hoy aparece mucho más difusa. Lula decidió involucrarse activamente en la campaña presidencial argentina de 2023 porque entendía que el triunfo de Milei afectaba el proyecto político que representaba en la región. Milei respondió tres años después involucrándose de manera igualmente explícita en la campaña brasileña, respaldando al principal adversario político de Lula y utilizando un lenguaje que rompió con las formas tradicionales de la diplomacia.

No son hechos equivalentes. Pero revelan una misma tendencia: la creciente dificultad para separar la disputa política interna de la relación entre los Estados.

Eso explica por qué esta crisis no puede analizarse únicamente como un intercambio de agravios. También expresa un cambio más profundo: la política exterior empieza a quedar condicionada por la lógica de las campañas permanentes.

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Por eso la pregunta más importante que deja esta crisis no es si Milei y Lula volverán a cruzarse públicamente, ni cuándo regresará el embajador brasileño a Buenos Aires. La verdadera incógnita es otra: si, cuando pasen las elecciones, las campañas y las cuentas pendientes que ambos líderes arrastran desde 2023, la Argentina y Brasil volverán a colocar el interés permanente de la relación bilateral por encima de las necesidades coyunturales de sus dirigentes.

Porque ese equilibrio, construido con avances y retrocesos durante más de cuatro décadas, no parece haberse roto definitivamente este fin de semana. Pero sí quedó sometido, probablemente como nunca desde el regreso de la democracia, a una tensión que obliga a preguntarse cuánto espacio conservará la política de Estado en una época dominada por la confrontación permanente.

Domestic Politics,International Relations,Top Picture,Diplomacy / Foreign Policy,South America / Central America,Government / Politics

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La elección en Brasil esconde pistas sobre el futuro de la Argentina

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La elección presidencial en Brasil del próximo domingo revela diversos aprendizajes para la disputa electoral del año próximo en la Argentina. Desde el futuro de la grieta política hasta las formas como se adaptan los discursos. La Argentina puede pasar de ser la villana para el futuro gobierno de Brasil a una eventual referencia regional. No hay punto medio. A pesar de las críticas de varios sectores de la población brasileña, algunas reformas de Javier Milei son referencias para el equipo económico de Flavio Bolsonaro.

Brasil lleva ocho años de polarización tóxica. Las encuestas muestran un escenario de empate para una segunda vuelta, donde va a ser crítica la performance en los tres principales colegios electorales del país: São Paulo, Belo Horizonte y Río.

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Hay un signo que puede ser relevante para un futuro en Argentina: los estudios indican que la polarización brasileña cansó, pero no se resolvió.

“Veo la misma intensidad en ambos, solo que los bolsonaristas son más lunáticos…”, respondía esta semana un participante de focus groups realizados por la consultora Plaza Pública.

El clima afectivo en Brasil es de “resaca emocional”, un desencanto con una disputa que no produjo cambios significativos en la vida de la gente. Aunque subsisten dos campos bien definidos, la idea de embate permanente pierde peso. Son momentos de afectos tibios, menos épica cívica, más proyección y cálculo personal, individual.

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La batalla cultural se corre al centro con líneas cruzadas que muestran nuevos tiempos: Flavio Bolsonaro enaltece el feminismo y defiende públicamente penas contra feminicidios. “En casa quien manda son ellas -por sus hijas y esposa-, es bueno que sea así. Brasil solo va a ser mejor si las mujeres son más fuertes”, dice Bolsonaro en un spot.

El Rap do Silva, jingle de la campaña de Lula, enfatiza que “trabajaba el día entero y cuidaba de la familia”. En paralelo, un cartel gigante destaca la palabra “familia”, justamente una de las críticas que se le hace al PT: defender con mucho ahínco minorías y ser distante de un discurso “pro familia”. En 2026, la derecha defienda a las mujeres y Lula abraza la causa de las familias. Las consignas se cruzan de espacio.

Flavio Bolsonaro es un candidato con pocos activos fuera del apellido y representa ese intangible que crece o se aplaca llamado “voto anti PT”. Tiene los vestigios del “naming right”. En esta primavera de 2026, el “anti PT” no es más la lucha anti-sistema. La bandera de la lucha contra la corrupción dejó de ser una plataforma solo de la derecha. Hay un cierto vacío de sentido.

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Hay públicos del “anti PT”: un colectivo que responde en “modo automático” que el país “está yendo para un agujero”, sin poder precisar de qué se trata. Y otro grupo, no menor, que tiene críticas concretas. Parte de la pelea electoral en Brasil se da por creer que Lula repite discursos y temas que son más parte del pasado que del futuro. Está en una disputa de sentido entre pasado, presente y futuro que lo salpica. Un ejemplo concreto son los beneficios sociales para personas de baja renta, que fueron determinantes para sustentar las victorias anteriores de Lula, pero parece no alcanzar ahora. Hoy se asume que ya son una política independiente del gobernante de turno, se pide una autocrítica sobre el tiempo que una persona puede tener el beneficio, cómo se fomenta un puente con el mercado laboral, la necesidad de un camino de salida y sostener que se está a favor de encontrar pleno empleo. A diferencia de Argentina, en Brasil hay consenso en que controlar la inflación, el déficit fiscal y las tasas de interés son políticas de Estado independientes del arco político polarizado.

El punto ciego de votar al menos malo

“Voy a votar por el menos malo; que sea lo que Dios quiera…”, dice otra participante de los focus group. Es una tensión con la que conviven muchos brasileros que se encuentran atrapados por la grieta, pero no consiguen salir de ella. Eligen por rechazo y no por proyecto. Será central en estas elecciones entender cómo resuelven estas fricciones los huérfanos de la polarización, hurgar en una ecuación de difícil resolución, que muchos la sienten como un revival de 2022. Algunos atajos identificados por Plaza Pública: el punto ciego pro Lula se resuelve de cuatro formas: “Tiene foco en los más necesitados”, “es mejor daño limitado y conocido (economía floja e impuestos con Lula) que un daño ilimitado e imprevisible (sistémico y potencialmente mayor, varias “cosas peores” de Flávio)”, “novato incompetente es más peligroso que veterano malo” (propuestas vacías de Flávio vs. propuestas malas de Lula), “bolsonarismo potencializa una polarización tóxica fuera de timing”. El punto ciego pro Flávio se resuelve de tres modos: “menos tasa intereses, más familia y seguridad”, “repetir el fracaso actual es un mal mayor”, “la culpa de Jair Bolsonaro fue de la pandemia y el tono irónico”. Esas texturas discursivas sirven como plataforma para tratar de convencer a indecisos que van a ser cruciales en una disputa a definirse por un margen mínimo.

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Un elefante en la sala

El 82% de los brasileños está endeudado, es uno de los grandes ejes de la campaña. Las formas de resolverlos y atajos simbólicos son diferentes en Brasil y la Argentina. El Gobierno Lula tiene como política pública el proyecto Desenrola (desenreda), que refinancia las deudas con líneas de créditos de la banca pública, a tasas menores. Quien ingresa en el programa “limpia” el nombre en registros de deudores. Si bien alivia la situación, no resuelve el problema de fondo de cómo gestionar el dinero y las deudas. Hay una demanda en Brasil para romper el ciclo de repetir la forma de lidiar con el dinero que aprendieron de sus padres. Es curioso que mientras Milei dice en Argentina que las deudas son de los privados, Flavio Bolsonaro dice en Brasil que el Gobierno es responsable por las deudas de los brasileños. Este viernes, Lula prohibió las apuestas online, medida que tiene amplio apoyo popular, aunque de impacto incierto en la campaña. Brasil sufre, al igual que muchos otros países, el karma del crecimiento descontrolado de las “bets”, que representan una especie de laberinto del Minotauro contemporáneo: sobreviven a ella quienes consiguen entrar y salir.

Jair Bolsonaro perdió las elecciones de 2022 por su postura frente a la pandemia de Covid19. Además del retraso en las vacunas, su tono afectivo de “deboche” (ironía) fue decisivo en su debacle: reírse de los muertos, imitar a quien tosía, etcétera. Esas imágenes quedaron grabadas en el imaginario como falta de postura estadista, perderse en un personaje que se disoció de la realidad. Esta lectura, cuatro años después, puede ser un indicador de cuánto la sociedad argentina aceptará o no el tono de insultos constantes de Milei. En Brasil, son tiempos de relajar la cuerda de la polarización tóxica, dar vuelta la página hacia otro momento. No significa borrar la polarización, sino focalizar en los problemas y no en la radicalización extrema. El desenlace de la elección en Brasil dejará señales para el futuro de la Argentina.

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Eduardo Sincofsky,Conforme a

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Milei en New York: “Si nuestro gobierno es reelecto, 2028 será el mejor año económico de la historia de la Argentina”

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(Desde New York, Estados Unidos) En un salón old fashion a pocas cuadras de Central Park, rebosante de banqueros, inversores y lobbistas, Javier Milei defendió su plan de ajuste y aseguró que su permanencia en Balcarce 50 implicará un crecimiento sin antecedentes para el país.

Todos los inversores y actores económicos del mundo libre saben que si nuestro gobierno es reelecto en 2027, el 2028 será el mejor año económico de la historia argentina, no solo en términos financieros, sino también en la economía real«, afirmó el presidente.

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Milei expuso durante veinte minutos en el Club de Economía, un centro de poder en Manhattan que fue escenario de discursos históricos pronunciados por John Kennedy, Winston Churchill, Mijaíl Gorbachov y Alan Greenspan, entre otros oradores.

En la mesa principal del almuerzo exclusivo se encontraban Luis Caputo -ministro de Economía-, Pablo Quirno -canciller- Alec Oxenford -embajador argentino en Estados Unidos- y Peter Lamelas, embajador de Estados Unidos en la Argentina.

Cuando terminó con sus opiniones sobre el plan de ajuste, Milei ratificó su defensa de la soberanía de la Argentina en las Islas Malvinas, y puso énfasis en la eventual situación de la población implantada, si el país recupera la integridad territorial.

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“Las islas Malvinas son nuestras. Nosotros somos los dueños de las islas”, dijo el Presidente.

Y completó: “A los que viven en las Islas se los va a tratar con dignidad y con justicia”.

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A su turno, Milei elogió a Donald Trump -presidente de los Estados Unidos- y a Benjamín Netanyahu – primer ministro de Israel-, que son aliados estratégicos de la Argentina.

“Trump y Netanyahu son grandes héroes de la humanidad. Occidente está renaciendo gracias a la tarea de esas dos personalidades, y Trump es un presidente mayúsculo”, opinó el presidente ante una pregunta del John Micklethwait, periodista de Bloomberg.

En cambio, Milei embistió contra Pedro Sánchez y su manejo de la crisis inmigratoria a partir de la crisis humanitaria que sucedió en Ceuta.

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“España es un caso emblemático, un país con tanto por ofrecer, sometido a un régimen socialista que lo está excluyendo. La situación que ahora mismo se está viviendo en Ceuta da testimonio de ello. Un gobierno que ha traicionado a su propio pueblo, abriendo las puertas a invasores que la están convirtiendo en una zona de caos y violencia. El gobierno socialista español es una mezcla curiosa entre anarquía y tiranía, donde sus invasores hacen lo que quieren: roban, matan, violan, mientras los españoles de bien son cada vez más vigilados y controlados. De hecho, son obligados a pagar cada vez más impuestos para sostener esta situación profundamente injusta, solo para que Pedro Sánchez consiga los votes que necesita para seguir atornillado al poder”.

Axel Kicillof saluda a Pedro Sánchez mientras es observados por Zohran Mandani, durante un evento que compartieron los tres en New York, (Estados Unidos)

El presidente también aprovechó su exposición para cuestionar a la oposición peronista y centró su cuestionamiento político en el kirchnerismo y Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires.

“La historia argentina ha dado sobradas muestras que cuando gobierna cualquier otro partido, el peronismo hace lo imposible para derrotarlos, llevándose puesta la economía en el medio. Ahora bien, cuando no logran derrocar a un presidente no peronista, se encargan primero de impedir que lleve a cabo cambios permanentes. Luego, mediante campañas sostenidas de desgaste, se aseguran de que no reelijan. Y si, llanamente, se creen dueños del país y de los argentinos, y todo lo que gobierne por fuera de su esquema es percibido como un intruso al que hay que eliminar a toda costa”.

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Javier Milei expone enThe Economic Club, (New York, Estados Unidos)

A continuación, los tramos más importantes del discurso de Milei:

– “Las inversiones en sectores ya van a gran velocidad, como Vaca Muerta, la minería y la agroindustria, se van a acelerar todavía más, y a los sectores del futuro que aún no han desembarcado en el país llegarán con fuerza.”

“Esto se va a reflejar de forma clara en los salarios y va a solidificar por largo plazo el apoyo al cambio radical del modelo económico que le propusimos a la población. Esto no es un evento azaroso. Es la continuidad natural del rumbo al que nos hemos aferrado y de todos los cambios que nuestra gestión hizo durante nuestro primer mandato”

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“-El país está creciendo a un ritmo vertiginoso. Llevamos veintisiete meses de crecimiento sostenido y hoy el país crece a un ritmo que coloca un pico económico histórico en nuestro país. Es un crecimiento que se reparte en casi toda la economía. Hoy trece de los quince sectores productivos que lideran el medidor mensual de la actividad están creciendo, el mejor registro de al menos los últimos quince años”.

–“El PBI por habitante ya superó el nivel más alto que había alcanzado el país antes de la década perdida entre 2011 y 2023. Además, es la primera vez en décadas que el PBI argentino crece durante tres años consecutivos, cuando el patrón histórico siempre fue que el PBI crecía en años electorales y se retrajera en años no electorales”.

-“El mercado reconoció nuestro trabajo. El riesgo país pasó de tres mil puntos básicos alrededor de quinientos. La inflación bajó del doscientos once por ciento anual alrededor del treinta. Y la deuda pública consolidada neta pasó el nivel del cien por ciento del PBI a menos del cuarenta por ciento”.

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-“Si consideramos que estamos en una transición de modelo donde cierran empresas improductivas que antes estaban protegidas y se abren otras, eso es un éxito rotundo. Y la realidad es que la mora financiera, con la que todo el sistema político argentino se volvió loco en el último mes, creció solamente porque antes el crédito no existía. Y ya se está normalizando con mecanismos de mercado, es decir, los privados ya empezaron a refinanciarla sin regulaciones estatales.”

-“Hoy Argentina ya está reinsertando con un actor de relevancia internacional en las cadenas globales de valor como proveedor de energía, alimentos y minerales críticos.

-“Por eso les quiero decir que para el año que viene tenemos estabilidad asegurada. Hemos construido una bazuca de reservas por el equivalente a setenta y cinco mil millones de dólares. Digamos que estamos preparados.

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Tras su participación en El Club Económico, Milei tenía previsto encontrarse con Netanyahu en las Naciones Unidas.

Sería su última actividad oficial en Manhattan antes de regresar a Buenos Aires.

Pedro Sánchez,España,Estados Unidos,diplomacia

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Intendentes del PJ respaldaron un candidato para el Consejo de la Magistratura y apuntan a las vacantes de la Corte bonaerense

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En una jugada a varias bandas, un grupo de intendentes peronistas del conurbano bonaerense dio un fuerte respaldo al rector de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y expresidente del Consejo de la Magistratura de la Nación, Diego Molea, quien cerró un acuerdo con otros sectores políticos para disputar la elección de representantes de abogados en el Consejo de la Magistratura. Los comicios se llevarán adelante el próximo 20 de octubre y se elegirán cuatro consejeros titulares y sus respectivos suplentes por el estamento de la abogacía.

En las últimas horas, los intendentes Gastón Granados (Ezeiza), Andrés Watson (Florencio Varela), Federico Otermín (Lomas de Zamora), Nicolás Mantegazza (San Vicente), el intendente en uso de licencia de Avellaneda, Jorge Ferraresi, y el diputado provincial e intendente en uso de licencia de Almirante Brown, Mariano Cascallares; se reunieron con Molea para transmitir su respaldo a la lista “Abogacía Federal”. Del encuentro, participaron quien encabeza la nómina, Fernando Levene; la rectora de la Facultad de Derecho de la UNLZ y actual Consejera de la Magistratura, María Fernanda Vázquez; y el actual consejero Hugo Galderisi.

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El Consejo de la Magistratura de la Nación irá a elecciones el mes entrante. Renovarán cuatro consejeros por el estamento de abogados. Se presentaron cuatro listas de las más diversas composiciones partidarias y sectoriales. Por caso, la lista que respaldan los intendentes del peronismo es parte de un acuerdo que Molea forjó con el peronismo cordobés de Martín Llaryora, con referentes de la Unión Cívica Radical vinculados al senador nacional, Maximiliano Abad y también con el ex consejero Miguel Piedecasas. Quien encabeza, Martín Levene, integra el Colegio de Abogados de La Plata, de fuerte ligazón con el intendente de la capital bonaerense, Julio Alak. De allí el carácter federal que buscan darle. En el segundo lugar de esa lista está Sandra París, quien fuera diputada bonaerense de la UCR por la Quinta sección electoral y actualmente se desempeña como secretaria de Relaciones Institucionales de la Universidad Nacional de La Plata.

La falta de acuerdo dentro del peronismo fragmentó la negociación de una sola lista para ocupar lugares en el órgano encargado de la selección de jueces federales, previa a la prestación de acuerdos del Senado, entre otras facultades. Así, los sectores referenciados en el Auditor General de la Nación, Juan Manuel Olmos, competirán con Abogacía Unida y Dignidad Profesional, una nómina encabezada por Itatí Demarchi Arballo que reúne también a espacios del kirchnerismo. Pero también competirá la lista libertaria Abogacía por la Libertad, liderada por Luis Palomino, concejal de Vicente López alineado con Sebastián Pareja, delegado de Karina Milei en la provincia de Buenos Aires. El espacio Unidad en Defensa de la Abogacía lleva al frente a Alberto Biglieri, interventor de la UOM, y tiene una marcada influencia de Daniel Angelici y del radicalismo porteño.

Los intendentes del PJ con Diego Molea

“El encuentro nos permitió reflexionar sobre el rol de la Justicia, la importancia de la representación de la abogacía y la necesidad de repensar un sistema que esté involucrado con las necesidades cotidianas de sus comunidades, atendiendo a sus demandas y garantizando equidad”, sostuvo Molea sobre la reunión con los jefes comunales.

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Del grupo de intendentes que se mostró con Molea, Vázquez, Levene y Galderisi, hubo de la llamada Liga de Intendentes, como quienes reportaban en el Movimiento Derecho al Futuro de Axel Kicillof. En esta contienda, la de la Magistratura, están juntos. Es que en la acumulación de poder ven la posibilidad de negociar en varios frentes, como por ejemplo las vacantes en la Corte bonaerense de Justicia.

Es parte de un temario que también está anudado a la discusión interna del peronismo. A la espera de que el gobernador Axel Kicillof habilite esa discusión. En La Plata, en los pasillos legislativos sobre todo, hay quienes intentan equiparar las reelecciones indefinidas de intendentes con las vacantes en la Corte provincial. Traducido: si Kicillof abre lugares en la Corte, los votos para las reelecciones indefinidas —que hoy no están— podrían aparecer.

Sergio Torres, Daniel Soria e Hilda Kogan, miembros de la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires al presentar el proyecto de autarquía judicial junto al Procurador Julio Conte Grand

En la Gobernación bonaerense rechazan esta idea e interpretan que le quieren “marcar la cancha” a Kicillof. Para el Ejecutivo provincial son dos discusiones distintas; dicen que la perpetuidad y el peso que representa un lugar en la Corte provincial no pueden estar atados a una negociación de coyuntura, sean las reelecciones indefinidas u otra discusión. Igualmente, el esquema del gobernador empujará por la ley que les devuelve a los intendentes la posibilidad de volver a presentarse cuantas veces lo deseen a una reelección.

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En el medio y entre los nombres que han sobrevolado en torno a las cuatro vacantes, los intendentes tendrían el suyo: la propia decana de Derecho de la UNLZ, Fernanda Vázquez. La abogada y catedrática dejará su lugar como consejera en los próximos meses. Semanas atrás, la diputada provincial que responde a Sergio Massa, Sofía Vanelli, había planteado que, como Kicillof finaliza su mandato como gobernador el año que viene y no tendrá reelección, la negociación por los lugares en la Corte provincial debería quedar para el próximo gobernador o gobernadora.

La Libertad Avanza, por su parte, también interpreta que, al ser el bloque político más potente de la oposición, tiene que tener voz y voto en el acuerdo por los lugares en la Corte bonaerense. Hasta hace poco, su postulante era el presidente de la Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal de la Sala 2 de San Martín, Sergio Pilarche. Sin nombres sobre la mesa, Kicillof podría promover al Asesor General de Gobierno, Santiago Pérez Teruel, un funcionario de su confianza.

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