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CHIMENTOS

De España a la Argentina: el viaje íntimo de Blanca Oteyza en la piel de Margarita Xirgu

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Entre recuerdos y nuevos desafíos, Oteyza celebra su vuelta a la Argentina con un papel que dialoga con su propia trayectoria (Jaime Olivos)

Hay regresos que no solo cierran ciclos, sino que abren puertas a nuevas preguntas sobre identidad, pertenencia y memoria. Después de más de treinta años de aquel primer desembarco en la escena argentina, Blanca Oteyza vuelve a caminar los pasillos de un teatro en Buenos Aires. La actriz española, que supo construir una historia de amor con el público argentino antes de continuar su camino en su tierra natal, regresa ahora para habitar un personaje que parece escrito a la medida de su biografía. Y también de sus nostalgias.

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Antes de la primera función de Margarita Xirgu. Una actriz entre dos continentes, bajo dirección de Javier Demaría, en el Palacio Libertad, Oteyza habló en exclusiva con Teleshow de todo lo que implica este reencuentro.

No es casual que la cita la convoque a ponerse en la piel de Margarita Xirgu, la legendaria actriz que también supo tender un puente vital y artístico entre el continente europeo y el americano. Oteyza, que llegó a Buenos Aires en 1991 y dejó huella en el teatro, la televisión y el cine, conoce como pocas el vértigo de reinventarse en otro territorio y sentirse extranjera y local al mismo tiempo. El público la recuerda por hitos como El diario de Adán y Eva, junto a Miguel Ángel Solá, su expareja y padre de sus dos hijas, María Luz y Cayetina, y por ficciones como Nueve lunas y Cara bonita, pero también por una sensibilidad que desafía fronteras. De regreso en España, multiplicó su legado como directora y docente, y aprendió a mirar la escena desde nuevos lugares.

Hoy, su vuelta tiene la potencia de un espejo: Oteyza se sumerge en la vida de Margarita Xirgu, otra española que cruzó el Atlántico y, en su caso, encontró en la Argentina un segundo hogar, atravesando proyectos, desafíos y pasiones. Acompañada en escena por el bandoneonista Julio Coviello, la actriz le da voz y cuerpo a una historia que también dialoga con la suya propia: la de quienes cruzan océanos y, en cada viaje, se reinventan sin dejar de ser quienes fueron. Entre recuerdos, emociones y música, Oteyza comparte con este medio esa intimidad de artista y mujer que da sentido al gran teatro de la vida.

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Blanca Oteyza
Reflexiva y cercana, Blanca habló sobre los paralelismos entre su historia y la de Xirgu

—¿Qué sentiste al volver a la Argentina con este proyecto tan importante?

—Me movilizó el deseo de regresar, que tengo desde hace muchos años, desde que me fui de aquí. Siempre fue un sueño pendiente volver. Fueron ocho años muy intensos en este país y realmente con este proyecto, Margarita Xirgu, encontré la obra con la que sentí ganas y valor para volver a subirme a un escenario.

—¿Por qué elegiste justamente la historia de Margarita Xirgu para este retorno?

—Me atrajo que Margarita, una gran mujer y pionera en muchos aspectos, recibiera tan poco reconocimiento en España. Su amor por el teatro, sus problemas de salud, su compromiso con los papeles, su dirección como mujer, su relación con Federico García Lorca y la poesía, sus matrimonios y amantes, todo eso me resultó imposible de ignorar. Además, encuentro muchos puntos en común con mi historia. Llevo casi dos años interpretándola y cada vez que la estudio, me siento más identificada. En la obra que escribimos junto a Javier Demaría, aunque la idea del personaje nació en mí, mostramos a nuestra Xirgu, desde su infancia hasta su muerte, y no solo sus supuestas inclinaciones políticas o sexuales.

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Blanca Oteyza
«Cada vez que la estudio, me siento más identificada», confiesa la reconocida actriz española sobre la figura de Margarita Xirgu

—¿Qué te emociona de seguir contando esta historia que para muchos era desconocida, pero que representa tanto para el arte y el espectáculo?

—Cada vez que la interpreto o repaso la obra, siento que los valores humanos siguen siendo los mismos: el honor, el compromiso, la honestidad, luchar por los sueños y por la libertad, respetando al otro. Estos principios siguen vigentes. En estos tiempos, después de dos años de hacer la obra, veo que con poesía y música, incluso voy acompañada por un músico maravilloso, la gente sigue emocionándose con esta historia pequeña de una mujer enorme.

—¿Con qué aspectos de Margarita Xirgu te sentís más cercana después de tanto tiempo interpretándola?

—Hay muchas cosas que me identifican con ella. Creo que la principal es la coherencia: actuar de acuerdo a lo que uno piensa y dice. Margarita fue coherente con sus ideas. Se fue de España sin saber que estallaría la Guerra Civil y nunca pudo volver. Terminó sus días en Uruguay. Esa determinación y consecuencia me interpela profundamente.

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Blanca Oteyza
Jaime Olivos

—¿Cómo viviste vos el estar lejos de tu tierra y tus seres queridos, igual que Margarita?

—No fue un exilio forzado, pero sí me fui de mi país persiguiendo el sueño de desarrollarme como actriz, lejos de mi familia y mis afectos. Tuve que salir para cumplir mi vocación y luego, como madre, mostrar a mis hijas que es importante tener principios y ser coherente con ellos, aunque sean pocos, pero sostenerlos.

—Después de tus años en Argentina y tu regreso, ¿cómo sentís el vínculo con el público local?

—Siempre sentí una enorme generosidad de parte del público argentino. Me sigue demostrando cariño y profesionalismo, y eso me emociona. Nunca corté mis lazos con Argentina; sigo trabajando con actores y actrices argentinos desde Madrid, y tengo una hija nacida aquí. La generosidad y el afecto que recibí y que sigo recibiendo no alimentan mi ego, sino que me impulsan a ser mejor persona.

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Blanca Oteyza
«Siempre sentí una enorme generosidad de parte del público argentino», asegura Oteyza ante este medio

—¿Sentís una doble pertenencia entre España y Argentina?

—Desde joven sentí la necesidad de ser ciudadana del mundo. Las experiencias y aprendizajes en diferentes lugares me hicieron ver que el mundo es grande y pequeño a la vez. No creo en las fronteras ni en las naciones como algo determinante. Argentina es mi país de adopción por decisión propia. No se trata de doble nacionalidad, sino de un sentimiento.

—¿Qué te aportaron España y Argentina, tanto en lo personal como en lo artístico?

—Yo he aprendido muchísimo de Argentina. Aprendo cada día de todo. Por supuesto que aprendo de España, aprendo de la gente, aprendo absolutamente de todo. Pero reconozco que mi debut realmente profesional en el Teatro Cervantes de Buenos Aires, eso dejó una marca. Eso marca porque justamente lo que vine buscando en Argentina fue una cosa que, en esa niña que vino y en España, no encontraba, que era el amor al arte. Y aquí en Argentina lo conocí.

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El amor al arte absolutamente desinteresado, absolutamente generoso, trabajo en equipo. Aquí supe lo que era una cooperativa artística. He conocido aquí cómo señores de traje y corbata dejaban su trabajo a las ocho de la tarde, se quitaban la corbata, la chaqueta y se metían a ensayar hasta las doce de la noche.

Blanca Oteyza
Oteyza habló sobre el desafío de volver al país y los sentimientos que le genera conectar con el público local

—¿Percibís algún cambio en el ámbito artístico argentino desde tus primeros años hasta hoy?

El mundo cambió y yo también. Volver es una mezcla de lo conocido y lo nuevo. Reconozco las calles, pero siempre hay algo diferente. Artísticamente, Argentina sigue siendo una referencia mundial en formación de actores. Es una de las grandes cunas del teatro, como Londres o Berlín en Europa.

—¿Tenés algo pendiente por hacer en Argentina? ¿Te gustaría hacer temporada o probar con otros géneros?

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—No haría un musical porque sería un desastre… Pero sí, me encantaría volver a hacer temporada aquí. El sueño de trabajar en ambos países sigue vivo. Estas semanas en Buenos Aires son para retomar esos lazos. Ahora es el momento de volver.

—¿Cómo vivís los días previos al estreno? ¿Lográs relajarte o la concentración te gana?

—Salgo poco, estoy muy concentrada. Cuando se acerca el estreno y más en Buenos Aires, en el Palacio Libertad, que me impone tanto respeto, no puedo distraerme. Esta vuelta se venía gestando hace meses y la expectativa era grande, así que tuve que poner un límite y recordar que soy actriz, que no está mi vida en riesgo y que solo tengo que hacer mi trabajo.

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Blanca Oteyza
Oteyza recordó su primer desembarco en la Argentina y la huella que dejó en su vida personal y profesional

—¿Tus hijas viven acá o en España? ¿Cómo es el vínculo familiar hoy?

—Mis hijas viven en Madrid y son dos grandes artistas. María, la mayor, nació aquí, trabaja en publicidad y tiene un grupo musical que ya va por su tercer disco. Cayetana es actriz, tiene su propia compañía. Nos admiramos mucho y nos llevamos muy bien las tres. Es una familia de artistas, como Miguel Ángel (Solá), que sigue actuando y espero que lo siga haciendo por varios años más.

—¿Qué te quita el sueño en la previa al estreno?

—Duermo mal desde hace tiempo, en parte por la responsabilidad de este estreno. A las cuatro de la mañana ya estoy despierta. Lo que más me importa es estar a la altura de este regalo, de algo que gestamos junto a Javier Demaría. Estrenar aquí es una enorme responsabilidad.

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—¿Qué te gustaría que el público argentino se lleve de la obra?

—Emoción. Que salgan conmovidos por esta historia.

Blanca Oteyza
A corazón abierto, la actriz valoró el aprendizaje y el afecto recibido en la Argentina durante sus años de formación y crecimiento

—¿Creés que hay algo que el público puede aprender de Margarita Xirgu a través de tu interpretación?

—Mucho. De la Margarita humana se sabe muy poco. En la obra rescatamos anécdotas, como su primer contacto con el escenario a los ocho años o su relación con un torero. Quiero mostrar ese costado humano, más allá de los juicios y especulaciones, y que la gente conozca a una mujer que fue pionera y dejó huella.

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—Como mujer y artista, ¿sentís que hoy la mujer tiene más protagonismo en el espectáculo o aún hay obstáculos?

—El lugar de la mujer avanzó mucho, pero no hay que olvidar que ese camino se abrió con el esfuerzo de muchas mujeres y también hombres. Nada se logró de un día para el otro. Hay que recordarlo y seguir luchando por un mundo más justo.

Blanca Oteyza
Blanca Oteyza explora las emociones del exilio, el arte y la pertenencia con la historia de Margarita Xirgu (Jaime Olivos)

—¿Si tuvieras que convencer a alguien para ver Margarita Xirgu, qué le dirías?

—Es un plan precioso: durante una hora y media se escucha música en vivo con bandoneón, poesía, la historia de una mujer que dejó marca y huella. Es un espectáculo sensible, sencillo y profundo, que acerca a Lorca y a la figura de Xirgu desde una historia pequeña y a la vez muy grande.

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Crédito de fotos: Jaime Olivos.

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CHIMENTOS

El drama que vivió Jenny Williams cuando un mal diagnóstico le impidió moverse por dos años: “Pensé que nunca iba a salir”

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Video musical de la canción ‘Por mil noches’ de la banda Airbag, con la participación de la actriz Jenny Williams

La operación en los pies que debía ser el comienzo de una recuperación de apenas seis semanas terminó convirtiéndose en una pesadilla de dos años. Para Jenny Williams, aquella intervención que en principio parecía sencilla derivó en dolor crónico, inmovilidad, angustia y una pregunta que durante mucho tiempo la acompañó como una sombra: si alguna vez volvería a caminar sin dolor, a bailar, a ponerse un par de zapatos que no fueran ortopédicos o, simplemente, a sentirse dueña de su propio cuerpo.

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Hoy, a los 40 años, la actriz mira hacia atrás y reconoce que atravesar aquel período límite también la transformó. El pilates apareció casi por casualidad, se convirtió en una herramienta fundamental para recuperar la fuerza y terminó abriendo una nueva pasión profesional. Y, mientras reconstruía su vínculo con el movimiento, también comenzó a reconstruir su carrera artística.

Después de años de vivir entre México y Argentina, de cantar en bares y en un hotel de lujo en el Caribe, volvió a instalarse en el país y encontró nuevamente aquello que había marcado su vida desde chica: un escenario.

Su presente tiene algo de renacimiento. Hoy protagoniza La bomba, una comedia de Juan Paya dirigida por Gabi Villalba, junto a Paco Massarini, en el Teatro El Grito. El proyecto nació de una conversación entre dos amigos, creció sin grandes obstáculos y terminó transformándose en una experiencia que la propia actriz define como mágica: funciones a sala llena, espectadores que quedan afuera y la sensación de haber encontrado, después de un largo recorrido, el lugar exacto en el que quería volver a estar.

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Las artistas Lali Espósito y Jenny Williams posan juntas en época de Casi Angeles

Pero para entender la dimensión de este regreso hay que retroceder varios años. Jenny debutó como modelo a los 17, después de una década de formación que incluyó cursos de acrobacia, baile y música. La actuación llegó primero con pequeñas participaciones en Casi ángeles y Floricienta, mientras también se convertía en rostro de comerciales para distintos países de Latinoamérica y Estados Unidos. El gran salto llegó con Atracción x4, donde interpretó a Paula Lacalle, la villana principal de la tira juvenil. Después vendrían Malparida, la miniserie italiana Terra ribelle, Historias de la primera vez, la película Cruzadas, Graduados —por la que recibió una nominación a los premios Martín Fierro como revelación—, Sos mi hombre y el videoclip de “Por mil noches”, de Airbag.

En 2015 volvió a explorar el teatro musical con La niña, el diablo y el molino, escrita y dirigida por el francés Olivier Py, presentada en el Centro Cultural Recoleta y el Centro Cultural San Martín. Más adelante participó de El mal menor y, en 2023, participó de la miniserie Madame Requin, protagonizada por Flavia Palmiero. Sin embargo, en medio de ese crecimiento profesional ocurrió algo inesperado: las propuestas laborales comenzaron a escasear.

“Mi carrera tuvo como un bache en donde frenó bastante todo y fue muy frustrante para mí”, recuerda. Aquello que durante años había sido una sucesión vertiginosa de trabajos se detuvo de repente. Y Williams decidió hacer algo que cambiaría su vida: irse.

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A los 30 años se mudó a México. Primero intentó instalarse en Ciudad de México, donde trabajó como actriz, pero la ciudad no terminó de conquistarla. Un viaje a Tulum que inicialmente iba a durar una semana terminó extendiéndose a 15 días, después un mes, dos meses y, finalmente, a una nueva vida. Alquiló un departamento, comenzó a trabajar y descubrió una versión de sí misma que hasta entonces había permanecido en segundo plano: Jenny, la cantante.

Tres mujeres con chaquetas negras de textura de cuero y detalles amarillos posan cerca de un casillero naranja.
Jenny Williams con Luisana Lopilato y Camila Bordonaba en un alto en la grabación de «Atracción x 4»

“Fui residente de un hotel”, cuenta sobre aquella etapa. Allí pudo cantar con su propia banda, frente al mar, en la playa. “Tuve la experiencia de poder cantar con mi banda propia en la orilla del mar. Esas cosas que decís: ‘No, esto es un sueño’”. Y lo era. Durante años había fantaseado con esa posibilidad de abandonar todo y marcharse al Caribe. Finalmente, lo hizo.

Pero el destino volvería a ponerla frente a un desafío inesperado. Después de un período entre Tulum y la Argentina, comenzaron los problemas en sus pies.

Williams explica que en aquel momento hacía muchísimo ejercicio y bailaba intensamente, eso sumado a un problema congénito además de una mala mecánica al pisar, lo que le provocó que se gastara el cartílago.

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Lo que inicialmente parecía una sobrecarga física podía, según su relato, haberse tratado con descanso u otras alternativas. Sin embargo, terminó recurriendo a un profesional que, de acuerdo con las posteriores interconsultas que realizó con otros médicos, indicó un tratamiento quirúrgico que ellos consideraron que no correspondía a su condición.

Un hombre con sudadera negra y una mujer rubia con camisa azul y pulsera roja están de pie frente a una ventana con cortinas.
Jenny Williams con Gastón Sofritti en una imagen de «Graduados»

“Fue una operación que no era necesaria tener”, afirma sobre la compleja cirugía bilateral de pies que debió atravesar. Lo que supuestamente iba a demandar seis semanas de recuperación se transformó en años de dolor. “Se convirtió en una tortura de dos años”, describe.

La dimensión de aquella experiencia no estuvo solamente en la imposibilidad de moverse. El dolor crónico empezó a ocuparlo todo. No encontraba una posición cómoda ni acostada, ni sentada, ni parada. El único momento en que podía dejar de percibirlo era mientras dormía.

“Literalmente, caminar era una tortura”, cuenta. Podía hacerlo desde el punto de vista mecánico, pero el dolor era constante. Y esa sensación terminó afectando cada aspecto de su vida: los planes con amigos, los viajes, las actividades cotidianas, el ánimo y hasta la posibilidad de imaginar un futuro diferente.

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Durante aquel período, llegó a pensar que nunca recuperaría su movilidad. Temía no volver a caminar normalmente, no volver a bailar —una de sus grandes pasiones— y quedar condenada a convivir con el dolor.

Mujer de cabello rubio con un tatuaje de dragón en el brazo derecho, sentada en la mesa de un restaurante
La actriz argentina Jenny Williams mira hacia una ventana mientras permanece sentada a la mesa de un restaurante.

“En ese momento la sensación era que nunca iba a salir de ahí”, confiesa. “Que no iba a poder moverme, que no iba a poder caminar, que no iba a poder recuperar mi movilidad, poder volver a bailar”.

El dolor físico también comenzó a modificar su relación con el mundo. “Te toma por completo”, explica. “Estás todo el tiempo pensando en eso. Todo lo que hacés está teñido de dolor”. La imposibilidad de caminar algunas cuadras podía convertirse en una barrera para encontrarse con amigos, viajar o simplemente salir de su casa.

Fue entonces cuando apareció el pilates. Y, curiosamente, llegó a través de un libro: La biblioteca de medianoche. Mientras leía aquella ficción descubrió una referencia a una protagonista que se sentía fuerte a partir de las horas de pilates que practicaba. Williams decidió probar.

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Tenía, además, un prejuicio que comparte mucha gente: pensar que el pilates era una actividad suave, asociada apenas al estiramiento. La experiencia le demostró lo contrario: “Fue amor a primera vista”, recuerda.

Jenny Williams, con un vestido corto negro y descalza, permanece sentada en unos escalones de concreto ante una pared clara
Jenny Williams atraviesa una nueva etapa de su vida: después de años lejos de la Argentina y de un doloroso problema de salud, volvió a encontrar en el teatro un espacio para reencontrarse con su gran pasión

El reformer se convirtió en una herramienta decisiva. El trabajo de fuerza sobre los pies le permitió comenzar a recuperar musculatura de manera progresiva. Primero fueron pequeños avances. Después aparecieron períodos en los que podía pasar una hora sin pensar en el dolor. Esa hora se convirtió en dos; las dos, en tres.

Y un día llegó un gesto que para cualquier otra persona podría parecer mínimo, pero que para ella representó la dimensión de todo el camino recorrido: volvió a usar zapatos que no eran ortopédicos. Y, más recientemente, incluso pudo ponerse algo de taco: “Yo no lo puedo creer”, dice.

La recuperación física también se convirtió en una transformación emocional. Williams descubrió una fortaleza que, hasta entonces, no sabía que tenía.

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“Aprendí de mí misma que yo no me rindo, que no bajo los brazos, que soy mucho más fuerte de lo que me imaginaba y que yo me saqué adelante”, reflexiona.

Un hombre con camisa blanca y corbata junto a una mujer con peluca gris y gafas grandes sostienen billetes de dólares estadounidenses
Protagoniza La bomba, junto a Paco Massarini, en el Teatro El Grito. Las funciones a sala llena marcaron un esperado regreso a los escenarios

De esa experiencia nació también una nueva vocación. El pilates dejó de ser únicamente una herramienta para recuperar su cuerpo y pasó a convertirse en una profesión. Hoy tiene su propio estudio, Moon, y busca acompañar a otras personas desde el movimiento.

“El ejercicio físico es un acto de amor propio”, sostiene. Su objetivo es poder ayudar a otros a sentirse mejor y transformar aquella experiencia dolorosa en algo que también pueda dejar una huella positiva.

En paralelo, comenzó a sentir que era momento de regresar. Después de aproximadamente una década entre México y Argentina, el país empezó a pesar de otra manera. La familia, los amigos, las costumbres, las tradiciones y esa sensación difícil de explicar que aparece cuando uno está lejos de casa: “Después de diez años, el corazón tira, la sangre tira, el país tira”, define.

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En octubre del año pasado volvió definitivamente a la Argentina. Todavía mantenía su estudio en Tulum y continúa viajando, pero decidió hacer base nuevamente en el país. La decisión también tenía una razón profesional: entendió que si quería reactivar su carrera como actriz, necesitaba estar donde sucedían las cosas: “Es imposible reactivar mi carrera como actriz si yo no estaba acá”, explica.

Jenny Williams posa en la playa con un vestido calado café, gafas de sol y un pañuelo en la cabeza frente al mar
Después de vivir en México y convertirse en artista residente de un hotel en Tulum, Jenny decidió regresar a la Argentina para volver a apostar por su carrera como actriz.

Y la respuesta llegó más rápido de lo que imaginaba. En diciembre comenzó a tomar forma la posibilidad de hacer La bomba. En marzo empezaron los ensayos. Y finalmente llegó el estreno.

La propuesta había surgido de Paco Massarini, su mejor amigo y compañero de escena. Él le planteó el año pasado que tenían que hacer algo juntos. Empezaron a buscar textos a través de amigos actores y, cuando apareció La bomba, de Juan Paya, Williams sintió inmediatamente que habían encontrado la obra.

El texto la conquistó desde la primera lectura. “Es un obrón, está tan bien escrita, te juro que te morís de risa solo de leerla”, cuenta.

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Se contactaron con Paya, obtuvieron los derechos y el propio autor les recomendó a Gabi Villalba, director de una puesta anterior de la obra. Así, el proyecto empezó a avanzar con una fluidez que Williams destaca especialmente.

Una mujer con el cabello recogido apoya la barbilla en su mano frente a la cámara en un ambiente luminoso
El pilates fue una pieza fundamental en su recuperación.

“No hubo en ningún momento una traba”, dice. El teatro El Grito, perteneciente a la familia Berthold, también abrió sus puertas y todo comenzó a encadenarse hasta llegar al estreno.

La respuesta del público superó sus expectativas. “Estamos a sala llena cada función, gente que se queda afuera”, cuenta sorprendida. Y detrás de esa alegría hay algo más profundo: la sensación de haber vuelto a un lugar que siempre había sentido propio.

“Estoy donde quiero estar”, afirma, aunque inmediatamente aclara que todavía sueña con crecer, llevar la obra a la calle Corrientes y ampliar la exposición a partir de la repercusión que están teniendo.

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La bomba es una comedia de aproximadamente 50 minutos, rápida, absurda y con un final inesperado que Williams prefiere no revelar. La experiencia del público, cuenta, tiene algo de desconcierto inicial y luego una revelación. “Es como que vi dos obras totalmente distintas en una misma obra”, explica al describir lo que le dicen los espectadores cuando salen.

Jenny Williams posa con los brazos levantados, los ojos cerrados y un top deportivo color beige frente a una pared con sombras
Jenny Williams atraviesa una nueva etapa de su vida: después de años lejos de la Argentina y de un doloroso problema de salud, volvió a encontrar en el teatro un espacio para reencontrarse con su gran pasión.

Ese encuentro posterior con la gente se convirtió en otro de los grandes placeres de esta nueva etapa. Ver las caras, escuchar las risas y recibir comentarios de quienes no esperaban el giro final funciona, de alguna manera, como una confirmación del camino recorrido.

Porque detrás de esa actriz que hoy vuelve a pararse sobre un escenario hay una mujer que durante dos años tuvo que aprender nuevamente a confiar en su cuerpo. Y quizás por eso este regreso tiene un significado diferente.

Jenny no vuelve a la actuación como aquella joven que había conquistado el prime time, interpretado adolescentes, villanas y dramas, y que había recibido una nominación al Martín Fierro. Vuelve después de haber vivido en otros países, haber cantado frente al mar, haber construido una vida lejos de Buenos Aires, haber atravesado una experiencia física que la obligó a detenerse y haber encontrado en el movimiento una nueva manera de relacionarse consigo misma.

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“Uno es actor o actriz y no deja de serlo nunca”, dice. “A lo sumo, no estás actuando”. Para ella, esa frase parece resumir una década entera.

Porque aunque durante un tiempo no hubiera cámaras, escenarios ni libretos, aquella niña de San Isidro que desde chica bailaba y actuaba frente al espejo seguía ahí. Esperando.

Una mujer rubia con un conjunto azul claro posa descalza dentro del marco rectangular de una ventana de concreto
Lo que comenzó como una búsqueda para recuperar la fuerza de sus pies terminó convirtiéndose en una nueva pasión y también en una profesión

Ahora volvió a encontrarla: “Hoy puedo vivir una carrera que viví en mi edad más temprana, pero con una experiencia y una madurez ya de una mujer bien adulta”, reflexiona.

Y arriba del escenario, dice, vuelve a sentirse libre. Después de todo, el renacimiento no llegó solamente cuando pudo volver a caminar sin dolor. También llegó cuando pudo volver a hacer aquello que había marcado su vida desde siempre: actuar.

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Y esta vez lo hace con una historia mucho más grande a sus espaldas. Una historia que incluye una caída, una espera demasiado larga, una recuperación paciente, un nuevo oficio, un país al que decidió regresar y un escenario que, finalmente, volvió a recibirla con las luces encendidas.



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Yanina Latorre reveló la verdad sobre la cifra millonaria que Luciana Salazar le sacó a Redrado: “No es un millón de dólares, son…”

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El supuesto triunfo millonario de Luciana Salazar frente a Martín Redrado tomó una nueva dimensión después de que Yanina Latorre revelara cuál sería, en realidad, la cifra acordada entre las partes. Lejos del millón de dólares que comenzó a circular con fuerza, la famosa dio detalles sobre el acuerdo privado que puso un freno a una disputa que llevaba varios años.

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Según explicó Yanina, la situación judicial no terminó con una victoria de Salazar. “Luciana Salazar salió victoriosa a decir que Redrado va a mantener a Matilda hasta los 18 años. Llamó la atención porque no hay un acuerdo de manutención ni una cuota alimentaria. Hay un acuerdo privado entre partes”, aclaró.

La diferencia no es menor. De acuerdo con lo relatado por Latorre, Redrado había ganado en primera instancia y Salazar había apelado esa decisión. La disputa, de esta manera, podía extenderse durante mucho tiempo. “Redrado le gana en primera instancia, ella apela y esto iba para largo”, explicó Yanina.

En ese contexto apareció la negociación que terminó modificando el escenario. Salazar reclamaba una cuota de 10 mil dólares mensuales hasta que Matilda cumpliera los 18 años, pero finalmente las partes llegaron a otro entendimiento. “Ella pedía una cuota 10 mil dólares por mes hasta los 18, que era 1.700.000, entiendo que por recomendación de su abogado, que habrán visto que iba a perder”, sostuvo Latorre.

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YANINA LATORRE CONFIRMÓ QUE LUCIANA SALAZAR COBRARÁ 500 MIL DÓLARES

La cifra que finalmente se habría acordado tampoco sería el millón de dólares que se viralizó. Según Yanina, el convenio privado establece un pago total de 500 mil dólares, aunque con una modalidad que no contempla desembolsos mensuales. “Es en cuotas, pero no mensuales. Es de 500 mil dólares, son pagaderos en 5 años, es 100 mil por año”, precisó.

¿Por qué Redrado habría aceptado ese acuerdo después de haber obtenido un fallo favorable en primera instancia? Yanina dio una explicación vinculada al desgaste del conflicto. “Aceptó el acuerdo, por qué lo hace Redrado, quiere paz, se hartó de las amenazas, dice que se quiere sacar este grano de encima”, relató.

Además, Latorre remarcó que el convenio tiene carácter confidencial y que ambas partes quedaron sujetas a una condición concreta. “Firmaron un acuerdo que es confidencial, ninguno puede hablar, ni mostrar el escrito. Se sentaron, negociaron. No hay cuota alimentaria, ella perdió en primera, la apelación se frenó”, aseguró.

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De esta manera, según la información aportada por Yanina, el conflicto no habría terminado con una condena a Redrado a pagar una cuota alimentaria mensual hasta que Matilda cumpliera la mayoría de edad, sino con una negociación privada por 500 mil dólares, distribuidos en cinco años. Un acuerdo que las partes deberán mantener bajo reserva y que, justamente por esa confidencialidad, dejó espacio para que circularan distintas versiones sobre su verdadero alcance.

 

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Luciana Salazar

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Lorena Vega reflexiona sobre su perturbador rol en la serie Cautiva: “No es un personaje más”

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Trailer de Cautiva, la miniserie argentina inspirada en un caso de abuso dentro de una orden de clausura. Lorena Vega tiene el rol más perturbador: el de la monja superiora

Lorena Vega encarna a una madre superiora que convierte la fe en un dispositivo de control en Cautiva, la miniserie argentina de Flow inspirada en un caso real de abuso dentro de un convento de clausura. La actriz interpreta a Cecilia, una figura de autoridad que somete a Clara —el personaje de Carolina Kopelioff— a castigos, aislamiento y maltrato dentro de una institución cerrada sobre sí misma.

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La ficción, dirigida por Paula Hernández y Jazmín Stuart, sigue a una joven de 18 años que ingresa a una orden religiosa en busca de refugio. A partir de allí, el relato recorre su permanencia en el convento, los años de violencia y el proceso posterior a su fuga. La historia está construida en tres tiempos y se desarrolla a lo largo de seis episodios. Aunque parte de una denuncia que se hizo pública en 2016 en Nogoyá, Entre Ríos, la producción no hace una reconstrucción literal de aquel caso.

La miniserie argentina Cautiva aborda una historia inspirada en la denuncia de abusos cometidos dentro de un convento de clausura en Nogoyá

Para Vega, la actriz que saltó a la masividad como la psicóloga de Envidiosa, el desafío estuvo en habitar a una villana dentro de un universo con reglas propias. Cecilia no ejerce el poder desde un lugar convencional: lo hace amparada en la jerarquía religiosa y en el aislamiento de un convento de clausura, un ámbito al que el exterior apenas puede acceder.

Antes de filmar, Vega investigó el caso, revisó testimonios públicos, documentales y lecturas relacionadas con los hechos. También buscó referencias en la ficción y volvió a ver la telenovela La extraña dama, con especial atención al trabajo de María Rosa Gallo. La investigación no apuntó solamente a comprender los antecedentes de la historia, sino a encontrar las claves de una mujer que impone miedo sin abandonar la apariencia de quien representa una autoridad espiritual.

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Cautiva serie
La escenografía principal de la ficción se construyó mediante la adaptación de una antigua iglesia de otra confesión religiosa

La actriz habló con Teleshow y destacó la construcción visual de la serie y, en particular, el trabajo sobre el convento. Buena parte de la historia transcurre allí, entre pasillos, habitaciones y espacios donde el encierro funciona como una presencia constante. El escenario fue reconstruido en una antigua iglesia de otra confesión religiosa, que el equipo adaptó para la producción.

El vínculo entre las protagonistas había comenzado antes de que la serie tuviera sus elencos definitivos. Carolina Kopelioff contó que, antes de una prueba conjunta, ambas se reunieron en un café para preparar la escena. La audición definió una dinámica de trabajo que luego trasladaron al rodaje. “Dale, equipo, vamos a hacer esto juntas”, recordó Kopelioff sobre aquel encuentro previo.

Lorena Vega, además, mantuvo contacto con Silvia Albarenque, la sobreviviente cuya experiencia inspiró el universo de la ficción, y con uno de sus hermanos. La actriz explica que ese acercamiento formó parte de un trabajo delicado, atravesado por la dimensión humana de una historia de violencia y por la necesidad de evitar simplificaciones.

Cautiva serie
a actriz principal mantuvo un diálogo constante con Silvia Albarenque, la sobreviviente cuya experiencia motivó la creación del relato

—¿Cómo llegó a vos el proyecto de Cautiva? ¿Recordabas el caso que inspiró la historia?

—No me acordaba del caso. Cuando llegó el proyecto lo investigué en profundidad. La producción y las directoras nos dieron material sobre el tema, pero también sobre el estilo que querían para la serie. Yo ya la vi completa y me parece que tiene una realización muy cuidada.

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—¿De qué manera encaraste la investigación?

—Leí bastante, vi muchos testimonios en YouTube vinculados con el hecho real, sobre todo de las monjas. En su momento ellas hicieron videos para hablar de lo que había pasado y ese material resultó útil. Después vimos documentales y, cuando empezamos a filmar, nos pasábamos libros entre nosotras. Algunos tenían relación directa con el caso y otros hablaban de temas cercanos.

Cautiva serie
Lorena Vega encarna a la madre superiora Cecilia, la figura de autoridad que impone castigos y aislamiento a la protagonista

—¿También buscaste referencias en otras ficciones?

—Volví a mirar La extraña dama. Miraba mucho a María Rosa Gallo y a Luisa Kuliok Eran referencias para ciertos tonos del género, aunque lo que hacemos en Cautiva tiene su propio mundo.

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—¿Qué te pasó cuando asumiste el personaje de Cecilia?

—No era fue personaje más. Me parecía muy desafiante porque esta es una ficción singular. Tiene drama, suspenso y momentos de terror. Cecilia es una villana no tradicional porque habita un mundo que resulta bastante desconocido. No es fácil acceder a un convento de clausura y esa condición se ve en la serie: es un universo muy aislado.

—¿Qué volvía diferente a una villana que, además, es una madre superiora?

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—Dentro de este género, ser una monja y una madre superiora de temer era un condimento atípico. La autoridad de ella está atravesada por ese mundo cerrado. Había que encontrar cómo construirla sin perder de vista el contexto en el que se mueve.

La producción consta de seis episodios estructurados en tres tiempos narrativos y cuenta con la dirección de Paula Hernández y Jazmín Stuart
La producción consta de seis episodios estructurados en tres tiempos narrativos y cuenta con la dirección de Paula Hernández y Jazmín Stuart

—La ambientación ocupa un lugar muy importante en la historia.

—Sí. El convento lo armaron en una antigua iglesia que pertenecía a otra práctica religiosa. La reconstruyeron y quedó muy bien. Por momentos parecía que estábamos en un convento real, pero era una construcción hecha para la ficción.

—¿Cómo fue el trabajo con las directoras Paula Hernández y Jazmín Stuart?

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—El equipo detrás de cámara era muy bueno, empezando por ellas. Paula y Jazmín forman una dupla que funciona muy bien porque cada una aportaba mucho a los elementos que tenía la serie. Estaban totalmente dedicadas al proyecto y eso se sentía en el trabajo cotidiano.

—También hay varios intérpretes con los que ya te habías cruzado antes…

—Sí, el elenco está muy bien. Muchos nos conocemos de hacer teatro o de otros trabajos. Laura Nébole, que interpreta a Purificación, y Tomás Wicz son algunos de esos compañeros con los que ya había compartido experiencias. De pronto nos encontramos otra vez en este proyecto.

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Cautiva serie
La artista argentina asume el rol de una madre superiora que impone un régimen de castigos y aislamiento en una ficción inspirada en abusos reales ocurridos dentro de un convento de clausura

—Carolina Kopelioff contó que se reunieron antes de la audición que hicieron juntas.

—Sí, nos juntamos antes para ir las dos preparadas. A ella la estaban probando para su personaje, pero también me estaban probando a mí. Era importante llegar con una idea de vínculo y poder ayudarnos en esa escena.

—¿Cómo fue trabajar con ella una vez que quedaron seleccionadas?

—Las dos nos teníamos que ayudar mucho. Para ambas era importante hacerlo y encontrar el tono de esas escenas. Había una relación muy compleja entre los personajes, así que necesitábamos confianza y trabajo previo.

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La ficción argentina sigue a Clara, una joven de 18 años que busca refugio en un convento de clausura y luego inicia reconstrucción tras su fuga, en una historia inspirada en un caso real

—¿Pudiste hablar con la mujer cuya historia está en el origen de la serie?

—Sí. No solo hablé con ella: sigo en contacto. Vino al set más de una vez. También estoy en contacto con uno de sus hermanos, que estuvo muy cerca de ella en todo su proceso de reconstrucción.

—¿Cómo fue ese vínculo?

—Son personas hermosas. Es una historia muy sensible y para mí era importante el intercambio. Ella ahora no vive en la Argentina, pero seguimos en contacto.

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