CHIMENTOS
De los grandes clásicos al abismo del suspenso, el nuevo reto teatral de Juan Gil Navarro: “El desafío siempre es constante”

En una cabaña perdida entre la nieve, donde el silencio pesa tanto como el temor, Paul Sheldon despierta a un destino incierto. Afuera, la tormenta es paisaje; adentro, cada palabra escrita puede sellar su suerte. Sobre las tablas, esa tensión se traslada a la piel de Juan Gil Navarro, quien junto a Julia Calvo dará vida a los inolvidables protagonistas de Misery, la obra de Stephen King que desafía los límites entre la admiración y la obsesión. En exclusiva con Teleshow, el actor revela los secretos de un proyecto que lo saca de su zona de confort y lo enfrenta a un género pocas veces explorado en su carrera.
El encuentro tuvo lugar en el corazón de Villa Crespo, en una habitación luminosa y repleta de libros, pósters de obras y fotos. Como si el clima de encierro y desvelo de la ficción se filtrara en la vida real, Gil Navarro se mueve con la soltura de quien ha transitado escenarios y sets diversos: desde el drama intenso de Las brujas de Salem y Druk, hasta los desafíos corales de Votemos y los fenómenos televisivos que lo convirtieron en un rostro familiar para el público.
No se trata solo de protagonizar una historia de encierro, fijación y locura. El rol de Paul Sheldon lo enfrenta con dilemas que trascienden la ficción y lo invitan a reflexionar sobre los límites de la admiración, la salud mental y el poder de la palabra. Como si la atmósfera de la sala donde transcurre la entrevista, invadida de recuerdos, guiños teatrales y futuros posibles, fuera la antesala de la obra que en pocos días cobrará vida bajo las luces del Teatro Metropolitan, y nuevamente con la dirección Manuel González Gil, en la emblemática calle Corrientes, el próximo 18 de junio. Allí, el reconocido actor se prepara para provocar, inquietar y conmover a un público que busca mucho más que un simple sobresalto.

—¿Qué te sedujo en primer lugar para aceptar un proyecto tan desafiante y en un género como el terror psicológico?
—Justamente eso, el diferencial. El drama tiene sus reglas y la comedia tiene sus reglas. Esto, que es más suspenso y terror psicológico, también tiene una manera distinta de ensayar y de ejecutarse en el escenario. Requiere mucha precisión. Incorpora elementos muy fuertes para la narración, como la incidencia de la luz y la música, que en otros géneros pueden estar más o menos presentes, pero acá son decisivos.
—¿Habías leído alguna obra de Stephen King o visto la adaptación cinematográfica?
—No soy fanático del terror o del suspenso psicológico. En general me han gustado otros géneros. Recuerdo haber visto la película hace muchos años, cuando se estrenó. También recuerdo haber visto esta obra en 1999.

—¿Cuál fue el primer pensamiento que tuviste al ver tu personaje y leer sobre él?
—Siempre me pareció interesante la figura del escritor, como un testigo del mundo que habita, alguien que tiene algo para decir. Hay escritores con los que sentí una atracción por su pensamiento, más allá de lo que escribían. Es la primera vez que me toca contar la historia de un escritor. Además, el personaje es muy narcisista, un poco omnipotente al principio de la historia, hasta que se encuentra sujeto a algo en lo cual su omnipotencia no lo ayuda. Lo que lo va a ayudar es su ingenio, su sentido del humor y su ironía.
Un amigo me dijo hace poco: “Esto de alguna manera habla de la esclavitud, ¿no?”. No lo había pensado desde ese lugar, pero tiene que ver con lo que hacemos ahora, tanto mundial como localmente, para encontrar posturas y salidas frente a la estupidez, la locura y el maltrato. Eso fue lo que me sedujo.
—¿Cómo fue la construcción de tu personaje? ¿Investigaste sobre él o viste escenas de versiones anteriores?
—No quise ver nada. Si me tocara hacer Hamlet, tampoco vería nada del trabajo de otros. Me divierte mucho encontrar mi propia visión respecto a esto.

—¿Cuál fue el primer desafío que encontraste al encarar este personaje en los primeros ensayos?
—El desafío siempre es constante. No se diferencia de otro proceso. Todo parte de un caos y de algo muy general, y después se va ciñendo de a poco hasta que, por conveniencias y convenciones, uno va encontrando algo. Cuando ya tenés eso, pasas al escenario y otra vez todo se vuelve caótico y lo moldeas hasta llegar a un punto de partida, porque la obra siempre está viva y cada vez que se representa tiene matices. No es lo mismo ver la función número uno que la número cuarenta o la noventa. Siempre hay algo que va creciendo. El desafío es ese: producir un descubrimiento, llegar a un acuerdo y entender que todas las noches puede ser diferente, con más o menos matices.
—¿Cómo fue reencontrarte con Julia y con estos personajes tan fuertes?
—Conocí a Julia haciendo teatro en una obra que se llamaba Las alegres mujeres de Shakespeare hace muchos años. Luego trabajamos juntos en Soy gitano, en Las brujas de Salem y ahora aquí. Es un placer. Julia es una rockstar, una actriz con mucho trabajo hecho detrás. Tiene una mirada sobre el oficio que me encanta y respeto mucho. Comulgo con esa idea de tomarse muy en serio el trabajo, pero no a uno mismo.
—¿En algún momento durante los ensayos, más allá del vínculo entre ustedes, empezaste a sentir miedo por las interpretaciones?
—No, es un juego. Tengo muy claro que lo es y lo juego intensamente. Puede que alguien de afuera pregunte si estoy bien, pero es un truco de magia. El trabajo del actor es un truco de magia. La paloma no sufre cuando la agarra el mago; nadie sale lastimado y la gente ve cosas espantosas, pero es un truco.
—Has trabajado recientemente en En el barro y en Druk. ¿Qué tiene de distinto este proyecto que te hizo elegirlo?
—No me gusta repetirme. En este momento de mi vida, tengo una postura más vehemente respecto a varios temas y necesito encontrar cosas que acompañen esa visión. Antes me relajaba más con algunos proyectos, pero ahora busco que lo que hago esté en línea con lo que quiero contar y cómo quiero contarlo.
—En esta obra se tratan temas como la obsesión y la salud mental. ¿Sentís que puede ayudar al público a reflexionar sobre estos temas?
—No lo sé, honestamente. Lo único que sé es que nosotros podemos hacer algo y ponerlo en escena. Luego, depende de cada espectador y de su sensibilidad si quiere llevarse algo. Hay gente que se para frente a Guernica y no le pasa nada; depende mucho de cada uno. No es una pastilla salida de un laboratorio para que alguien la tome y diga: “Ahora me di cuenta de esto”. Espero que quien tenga ganas y se acerque a ver esto pueda, además de pasar un buen rato, pensar que la obra habla de otras cosas y que tenga una segunda lectura.

—¿Alguna vez viviste una situación en la que un fan se haya sobrepasado o hecho algo fuera de lugar?
—No, no me acuerdo. Siempre hay alguien que tiene alguna expectativa, pero en general he tenido suerte. Tampoco soy John Lennon para que alguien quiera matarme. O eso espero.
—¿Qué tiene el teatro para vos que lo diferencia de otros formatos y lo seguís eligiendo?
—El teatro tiene corazón. Todo bien con el cine y las series, pero las escenas en lo audiovisual son cada vez más flojas a nivel de diálogo. Crecí con una televisión donde había escenas de cuatro o cinco páginas, y eso se ha perdido bastante. Cada tanto lo encuentro en algo extranjero, como si en otros lugares se permitiera explorar más. Las cosas que suelo ver acá me parecen muy básicas.
—Y en la actualidad, ¿cómo te sentís con el hecho de que no existe la ficción en la televisión y todo pasa a plataformas o a este fenómeno conocido como “novelas verticales”?
—Es difícil. Cuando apareció el streaming, había cosas que superaban a la televisión. Luego, el streaming pasó a ser la televisión, pero no la buena televisión, sino la mala. Ahora llega el formato vertical. La velocidad le quita el sentido a las cosas. No es lo mismo mirar el paisaje a 50 kilómetros que a 250. Me pregunto dónde puede estar el sentido en tres minutos.
—Hoy se dice que la capacidad de atención se redujo por las redes sociales y los nuevos formatos. ¿Qué opinás?
—Eso se llama lobotomía en medicina. Es una lobotomía digital.

—Si te propusieran participar en un proyecto de ese tipo, ¿aceptarías?
—No, prefiero hacer teatro en una plaza con una alfombra. No por prejuicio, sino porque no es lo que quiero. Cuando el cine dejó de ser mudo, mucha gente resistió el cambio, pero aun así surgieron cosas interesantes. Esto me parece distinto, una consecuencia de la velocidad de los tiempos. No quiero ser cómplice de las lobotomías digitales.
—A lo largo de tu carrera hiciste miles de papeles y proyectos. Últimamente has estado muy activo y, al menos para nuestra generación, se te recuerda mucho por el Freezer de Floricienta. ¿Te molesta o intentás separarte de ese personaje para que la gente se fije en tus nuevos proyectos?
—No, porque cada uno ve lo que quiere ver. Yo no puedo convencer a nadie.

—¿Recordás con cariño ese personaje?
—Sí, claro. Sí, con cariño y con gratitud.
—Ahora que incursionás en el terror psicológico, ¿qué tiene este género que no tuvieron tus proyectos anteriores?
—En teatro es muy raro escenificar el suspenso. Las últimas dos obras que hice eran más comerciales, como Votemos o Druk, que iban por otra línea. Esto plantea otra cosa, no solo es entretenimiento. Votemos hablaba de la salud mental, Druk sobre lo que pasa cuando uno no dice lo que quiere y por qué se supone que uno necesita un poco de alcohol para animarse a vivir mejor. Esto plantea qué pasa cuando uno es rehén de la estupidez y la locura. La pregunta es qué hace uno para salir de esa situación.

—Si estuvieras en una situación similar, ¿qué harías o qué le aconsejarías a alguien que la viva?
—Probablemente haría lo mismo que hace este escritor: tratar de conservar la vida de la manera más ingeniosa posible y pensar que siempre hay una salida.
—¿Podrías adelantar algún proyecto en el que estés trabajando?
—Además de esto, terminé una serie que se llama Sanamente, que produce Adrián Suar y escribió Ariadna Asturzzi. Saldrá el año que viene por TNT. También, a fin de año o para febrero del próximo año, se estrenará una película, ópera prima de Nicolás Lanusse, llamada El refugio, que está excelentemente escrita. Cuenta la historia de un padre al que le matan el hijo y, en vez de vengarse, toma al asesino y trata de reincorporarlo, porque sabe que matarlo no lo ayuda a transitar el duelo. Me pareció fantástica esa visión.
—Si tuvieras que resumir Misery en una frase o palabra para invitar al público, ¿cuál sería?
—Había un actor, Alejandro Urdapilleta, que en una serie llamada Tumbero decía: “Si pensás, salís”. Esa frase la recordé mucho durante la pandemia y la anotaba cada mes en 2020: “Si pensás, salís”. Creo que es aplicable a Misery y a este momento. Si pensás, salís.
Crédito: RSFotos.
CHIMENTOS
Pity Álvarez habló luego de su crisis nerviosa: “Me va a explotar la cabeza”

Este martes por la mañana, Cristian Pity Álvarez habló desde el Hospital Tornú, donde permanece internado desde el 23 de septiembre mientras atraviesa el juicio por el crimen de Cristian Maximiliano Díaz. En una comunicación telefónica con La Mañana con Moria, el histórico líder de Viejas Locas e Intoxicados se refirió al momento que atraviesa, habló de su situación judicial, explicó qué ocurrió antes de su internación y contó por qué la música continúa siendo el principal espacio en el que logra sentirse bien. También aseguró que podría recibir el alta “hoy o mañana”, aunque aclaró que llevaba varios días atravesado por preocupaciones que le impedían descansar.
La conversación comenzó cuando el cantante explicó que necesitaba hablar sobre el juicio en el que se encuentra involucrado, las fechas que suspendió y los proyectos musicales que continúa desarrollando. Según relató, la acumulación de asuntos terminó por llevarlo a un estado de colapso: “Es como que tengo en la cabeza… Si no fuera por esto del juicio, me va a explotar la cabeza, voy a dejar una mancha en la pared que diga: ‘Arte’ y seguro algún boludo va a hacer cuadernos”, expresó.
El Pity aseguró que no recordaba con claridad lo que había sucedido el día previo. “Me pasó que el lunes colapsé, no sé. Tengo tantas cosas en la cabeza que me agarró así como un brote psicótico. La verdad que yo no me acuerdo de nada”, relató. El músico explicó que tampoco podía reconstruir el momento en que salió de su casa ni el traslado al hospital. “Me dicen de cuando me trajeron acá, de cuando salí de mi casa. No me acuerdo de nada”, sostuvo.
Para describir la sensación de saturación que atravesó, utilizó una imagen vinculada con el exceso de voces y estímulos. “Cuando tus ocho hijos te hablan a la vez y no los podés escuchar a todos”. Después aseguró que en ese momento se encontraba mejor. “Ahora estoy en una cama en un hospital y puede ser que, si no me mienten, voy a poder salir hoy o mañana y estoy bien”, afirmó.
Álvarez también contó que durante la internación durmió varios días seguidos y que luego comenzó a tener dificultades para volver a descansar. “Bajé en cuatro o cinco días. En realidad, dormí como cinco o seis días y hace tres días que no puedo dormir, volviendo a pensar en las cosas que me vienen preocupando”.
Asi intento escaparse Pity Alvarez del hospital Tornú
Cuando le preguntaron qué necesitaba para sentirse bien, el músico fue directo. “Yo lo que necesito para estar bien es tener la tranquilidad de seguir con mi grupo, es lo que más me gusta. Yo cuando hago música me transformo”, expresó. Reconoció que tenía días malos, como cualquier persona, y que a veces debía enfrentarse a situaciones que lo alteraban, pero remarcó que el escenario y el trabajo con sus compañeros representaban un lugar fundamental para él.
También se refirió a las personas que dudaban de su estado y cuestionaban que pudiera presentarse durante horas en un escenario, recordar sus canciones y sostener un recital, mientras atravesaba dificultades para enfrentar el proceso judicial. Ante esas críticas de estar realizando “un acting”, el Pity sentenció: “Yo no me voy a declarar inocente porque afronto los sucesos que pasaron”.
Sin embargo, explicó que el funcionamiento de un artista durante un show no podía compararse con su desempeño fuera del escenario. Y comparó con la profesión de Moria: “Cuando salís al teatro de revistas, brillás, ¿no? Pero cuando estás en el camarín te vas a fijar en la cartera y te olvidaste el perfume, que es tan importante para vos. O te olvidaste, qué sé yo, el registro en Banfield”, señaló.
A partir de esa comparación, describió lo que ocurría cuando comenzaba un recital. “Cuando nosotros hacemos arte, no te digo que lo hacemos de memoria, porque si fuera de memoria sería feo, porque sería siempre igual. Pero pinta algo tan lindo que primero le empezás tirando vos a la gente, la gente te lo devuelve, vos se lo volvés a dar. Es como una pelota inflable que va y viene. Un feedback”, explicó.
El músico sostuvo que no necesitaba ayuda para cantar sus canciones. “Yo no tengo que andarme poniendo un televisorcito para acordarme las letras, porque esos son como mis hijastros”, dijo. Luego aclaró que las canciones eran composiciones propias y que podía interpretarlas de principio a fin. “Las compuse y te puedo cantar cualquier letra en este momento de punta a punta”, aseguró.
Para demostrarlo, Moria le pidió que cantara algo y Pity apeló a uno de sus clásicos, modificado para la ocasión: “Me gusta cómo te vestís y cómo andás. Me gusta tu pelo, tu cuerpo. Me gustaría poderte bañar. Y te estoy hablando, Moria, porque me gustás mucho”.
Pity Álvarez se retira de los tribunales
Más adelante, Álvarez relató que hizo luego de la situación que terminó con su internación. “Después de que pasó todo eso, me senté y les di clase de ética”. Según explicó, el abogado discutía con la directora del lugar y con una secretaria, mientras varias personas hablaban al mismo tiempo. Esa situación lo alteró y decidió intervenir. “Y dije: ‘Amigos, ¿no pueden hablar más bajito y pidiendo la palabra?’. Porque estaban hablando como cuatro personas juntas y a mí me estaban volviendo loco”, recordó.
El Pity reconoció que la interacción social podía resultarle difícil cuando varias personas hablaban al mismo tiempo. Sin embargo, diferenció esa situación de lo que ocurría durante sus presentaciones. “Yo estoy en el mejor momento de mi vida, Moria”, afirmó más adelante. La frase sorprendió por el contexto de la internación y del juicio, pero Álvarez explicó que había atravesado cambios importantes en los últimos tiempos.
En ese sentido, recordó el período en el que estuvo detenido y afirmó que dejó una de sus adicciones. “Cuando estuve en cana dejé de fumar pasta base, que era lo que me rompía las pelotas. Tal vez habrá estado bien estar un tiempito ahí, porque me ayudó”, sostuvo. Luego agregó que continuó con ese proceso durante dos meses después de recuperar la libertad y que, a partir de entonces, comenzó a observar algunas situaciones con mayor claridad.
El músico también habló de las interpretaciones que otras personas hicieron sobre su comportamiento. “Me quisieron hacer pisar el palito como que iba a ser un cachivache”, afirmó. Según explicó, quienes lo fueron a ver a Córdoba habrían esperado encontrarlo en otra situación, pero cambiaron de opinión cuando comprobaron que podía interpretar sus canciones sin olvidarse las letras.
“Como vieron que no fui un cachivache, se fueron para el otro lado. Dijeron: ‘¿Cómo este muchacho puede dar treinta y tres temas sin olvidarse la letra, manteniendo un ritmo sin altibajos y no puede ir a juicio?’”, relató. Para el Pity, esas críticas no comprendían la naturaleza del arte ni la manera en que un músico podía desenvolverse arriba de un escenario.
Antes de finalizar, Álvarez habló sobre la organización de sus fechas y la importancia que tenía para él cuidar cada detalle de sus presentaciones. “Termina una fecha y me tomo dos días y empieza la otra, aunque falte un mes y medio”, explicó. Luego enumeró algunos de los aspectos que consideraba centrales para preparar un show: “Lo que manejo de mis fechas es el arte, sonido, luces, campo de batalla, estrategias para que los chicos estemos bien”.
También mencionó las pruebas de sonido, la seguridad del público y la necesidad de que quienes asistieran pudieran disfrutar de un buen momento. “Que sea un lindo momento para todos, que estemos juntos, prueba de sonido, seguridad de la gente que va. Que todo sea hermoso”, señaló.
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El ruego desesperado de una de las ex de Daniel Osvaldo en el momento más delicado de su internación: “Por favor, dejen de…”

Las alarmas siguen encendidas por Daniel Osvaldo, que a sus apenas 40 años quedó internado en terapia intensiva, con sus pulmones comprometidos. Osvaldo ingresó al hospital con un tremendo dolor en el tórax que derivó en un derrame pleural con pus y líquido, por lo que debió ser operado.
Al ex futbolista lo intervinieron quirúrgicamente y ahora su familia asegura que está estable y lúcido en el Hospital Bicentenario de Monte Grande luego de un derrotero por varios centros de salud desde que empezó con sus dolencias. Y en medio de este cuadro delicado, Ana Oertlinger, ex de Osvaldo y mamá de su hijo mayor, Gianluca, rompió el silencio.
Oertlinger se pronunció en redes con un pedido contundente. Decidida a poner freno a las constantes consultas en este momento tan sensible, la mujer publicó un tweet donde dejó en claro que no está dispuesta a brindar información sobre el padre de su hijo de 19 años.
“A periodistas y productores: por favor les pido que dejen de llamarme y mandar mensajes. Realmente no tengo nada que decir o aportar”, arrancó Ana, y cerró: “Sepan comprender que es muy incómodo que me pregunten por algo tan delicado como la salud de mi exmarido y padre de mi hijo. Respetemos el momento. Gracias”.
LAS FUERTES DENUNCIAS DE ANA OERTLINGER CONTRA DANIEL OSVALDO
Vale destacar que Oertlinger fue la primera ex pareja de Daniel Osvaldo en exponer públicamente al ex deportista por no cumplir con sus responsabilidades con su hijo. Ana apeló a los medios y a las redes para manifestar que el padre no pasaba un peso para la manutención de Gianluca.
«11 de abril. Querido diario: empiezo a sospechar que este muchacho tiene problemas con las fechas. Quizás necesita una agenda para anotarse cuándo debería depositar la cuota alimentaria. ¡Debe estar muy ocupado para recordar todas sus responsabilidades!», gatilló furiosa Ana Oertlinger en 2023 en Twitter, una de las tantas veces en la que remarcó las faltas de Dani Stone.
A pesar de haber tenido varios roces en un primer momento, hoy la relación de Ana y Jimena Barón es muy buena y cercana, cuidando el vínculo de sus respectivos hijos, que se llevan bárbaro y comparten vacaciones y demás eventos familiares.
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El viaje en familia de Sol Pérez con su hijo Marco por los parques de Disney: “La felicidad es total”

Sol Pérez y Guido Mazzoni compartieron las postales de unas vacaciones familiares junto a su hijo Marco, de un año y medio, y los padres de ambos, un viaje que comenzó en Punta Cana y continuó en los parques de Disney. Lejos de las producciones y las agendas laborales, la pareja mostró una secuencia de imágenes centradas en la convivencia de tres generaciones y en la reacción del niño frente a las primeras experiencias del recorrido.
“Un poco de todo lo que estuvo pasando estos días. La felicidad es total… no sabíamos si a Marco le iba a parecer un buen plan y la verdad que estamos todos fascinados”, escribió Pérez al acompañar el álbum que reunió escenas cotidianas, paseos y retratos grupales.

El centro de cada publicación fue Marco. En una de las imágenes se lo ve de pie frente a un gran acuario, atento al movimiento de los peces detrás del vidrio. Lleva una remera y un short con estampas de Mickey Mouse, además de sandalias azules, un vestuario que anticipó el clima de los días en los parques. En otra postal aparece sentado en su cochecito, con un pequeño ventilador incorporado para acompañar las caminatas bajo las altas temperaturas de Florida.
La pareja no se limitó a mostrar las atracciones más reconocibles. También eligió retratar los intervalos del viaje, aquellos momentos que suelen definir unas vacaciones con un niño pequeño: las pausas para comer, los traslados, las caminatas con el cochecito y las siestas. En una foto, Guido aparece recostado junto a Marco durante un descanso; en otra, los tres posan juntos en un sector de vegetación y esculturas inspiradas en animales.

Las fotos permiten reconstruir un itinerario que pasó por distintos escenarios de Disney World, desde el castillo de Cenicienta hasta espacios ligados a Toy Story. En las tomas familiares, Sol y Guido se mostraron con ropa cómoda, preparada para una jornada extensa: musculosas, shorts, zapatillas y gorras para resguardarse del sol.
Uno de los retratos los muestra con Marco en brazos frente a una gran escultura de un árbol con relieves de animales. En otra imagen, el niño observa un sector de agua y vegetación mientras sus padres lo acompañan a corta distancia. La propuesta no se concentró solo en las fotos de rigor sino en que Marco pudiera recorrer los espacios a su propio ritmo.

El pequeño también tuvo su momento frente a una gran figura de Woody, el personaje de Toy Story. Sol y Guido posaron con él delante de la instalación, mientras Marco miraba hacia otro punto. Esa espontaneidad se repite en varias de las postales: más que buscar una imagen perfecta, la familia dejó registro de las expresiones del niño, sus pausas y su curiosidad durante los paseos.
También se lo vio solo sobre una avenida ambientada como un estudio de cine, con palmeras, carteles temáticos y edificios de estética hollywoodense. Con su conjunto de Mickey y calzado verde, Marco quedó en el centro de una fotografía que mostró la dimensión del parque desde la perspectiva de un niño de un año y medio.

El viaje tuvo una particularidad que atravesó cada tramo: Sol Pérez y Guido Mazzoni decidieron incluir a los cuatro abuelos. En las fotografías compartidas por la modelo aparecen los padres de ella y los de su marido durante una comida en un restaurante, todos reunidos alrededor de una mesa.

En otro registro, Guido posa junto a Sol durante una pausa al aire libre. Ella viste una musculosa blanca y lleva el pelo recogido, mientras él usa gorro, lentes de sol y una remera sin mangas. Detrás de ambos, se distingue el cochecito de Marco, el gran protagonista de este viaje.
La presencia de los abuelos permitió ampliar la experiencia más allá de la pareja y su hijo. En las postales no se observa una división entre adultos y niños: todos forman parte de los mismos almuerzos, las caminatas y las esperas. El viaje parece haber tenido como eje la construcción de recuerdos compartidos, con Marco como anfitrión involuntario de cada parada.

Antes de llegar a Disney, la familia pasó por Punta Cana, el primer destino de unas vacaciones que combinaron playa, descanso y actividades para todas las edades. La segunda parte del recorrido cambió por completo el paisaje: palmeras, castillos, escenarios de películas, figuras de personajes y amplias avenidas temáticas reemplazaron el entorno caribeño.
En las fotos tomadas frente al castillo, Sol y Guido aparecen sonrientes junto a su hijo, que en una de las postales lleva un sombrero oscuro. En otra, Marco ocupa el centro de la escena delante de una calle ambientada, mientras los visitantes caminan a la distancia. Las imágenes dejan ver que la familia aprovechó cada rincón como una postal, aunque el foco se mantuvo en las reacciones del niño.

La frase de Sol sintetizó el balance de la experiencia. La pareja tenía dudas sobre cómo recibiría Marco un plan de esta magnitud y, según contó la conductora, el resultado superó las expectativas. Entre juguetes, personajes, pausas familiares y fotos con los abuelos, las vacaciones tuvieron un protagonista claro.
Sol Pérez,Guido Mazzoni,Magic Kingdom,Walt Disney World
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