DEPORTE
Del error en su apellido a la casaca de los 28 mil dólares: las perlas detrás del debate sobre el primer gol de Maradona en la Selección

Sobre cuál fue el mejor gol de Diego Maradona en la selección argentina (y el mejor de su carrera, y el mejor gol en la historia de los Mundiales, y el mejor en la historia del fútbol), no hay debate. Aquel eslalon entre cadencioso y vertiginoso, estético, contra Inglaterra, por los cuartos de final del Mundial de México 86, es su obra cumbre. Ahora bien, ¿cuál fue su primera conquista con la casaca del país?
Aunque parezca certificado por escribano cada uno de los detalles de su vida pública, la realidad es que su primer grito con la Albiceleste es motivo de debate. Porque la gran mayoría marca como hito el 8 de abril de 1977, hace 39 años, cuando el seleccionado Sub 20 que se preparaba para el Sudamericano de Venezuela jugó ante Cipolletti en Río Negro. Fue una victoria 2-1, con una camiseta de un blanco casi encandilante, un escudo enorme de la AFA a la altura del corazón y cuello de chomba.
No obstante, hubo otro partido el 10 de noviembre de 1976. La Selección Mayor se probó ante Perú en el estadio de Vélez, por el partido de vuelta del torneo amistoso Copa Mariscal Ramón Castilla (los orientados por César Luis Menotti se impusieron por 1 a 0 -4-1 en el global-), pero antes hubo un preliminar, para que el público fuera entrando en calor. Y vaya si lo hizo: la Sub 20, con Rogelio Poncini como entrenador principal, goleó 6-4 a un combinado de Rosario. Y Pelusa hizo “varios goles”, según algunas crónicas de época. Cinco, según consignó Diego Dal Santo, periodista y autor de dos libros sobre el ídolo, fallecido en 2020.
¿Cuál de los dos cotejos tiene más peso? ¿Cuenta como “oficial” el choque en el estadio José Amalfitani o se trató de un entrenamiento con gente, una especie de entrada antes del plato principal, que era el duelo contra Perú de los pupilos del Flaco Menotti? Allí se centra el debate.
El partido en Liniers fue muy embrionario en el proceso. Fue apenas 20 días después de su debut en Primera, con la camiseta de Argentinos Juniors ante Talleres, bajo la tutela de Juan Carlos Montes. En ese interín, sumó cuatro encuentros en la élite, incluyendo el triunfo 2-0 ante Huracán de Comodoro Rivadavia, en el que dio una asistencia. Si bien su apellido ya hacía ruido, en el artículo publicado por Clarín sobre aquel test contra el combinado rosarino, aparece escrito con dos N (Maradonna).
“Lo mejor del partido fue la actuación del hombre de Argentinos Juniors Diego Maradonna, aquel que surgiera de Los Cebollitas”, señaló el medio. El primer tiempo fue un recital y la Albiceleste se fue al descanso 6-0. Su rival remontó en el complemento, con Daniel Teglia (ex entrenador de Rosario Central y Tiro Federal) como bandera.
En ese show de 45 minutos, se fundó la sociedad entre Pelusa y Sergio Luna, el enganche captado en Sportivo Belgrano de San Francisco que forzó al astro a usar el dorsal N° 9, porque la 10 era suya. “Me acuerdo de ese día en Vélez contra una selección de Rosario, jugamos un partidazo. Era un jugador… qué vamos a descubrir. Siempre lo caracterizó su humildad. Es una de las cosas que me quedaron para siempre”, resalta el hoy formador, con pasado en San Lorenzo, Racing y Vélez, e ídolo en el fútbol boliviano.
“El equipo jugó muy bien y nos entendimos de memoria”, añadió ante la consulta de Infobae. El Patón Bauza, Hugo y Abel Alves y Sergio Gurrieri fueron otros de los nombres que se destacaron en Primera y participaron de aquel pleito.
El encuentro del 8 de abril ofreció toda la pompa de una gala formal. Nada de preliminar: platillo principal. La visera, el estadio de Cipolletti, se preparó para cobijar a la selección argentina Sub 20. En el banco local había un viejo conocido de Menotti: Vicente Cayetano Rodríguez, quien acompañó al Flaco en la gesta del Mundial 78 y fue su ladero en varios tramos de su carrera.
El partido fue una semana después del amistoso en Chascomús, que quedó marcador como el primero en el que Maradona fue titular en la Albiceleste. La particularidad es que, un mes antes, Maradona había hecho su presentación oficial en la selección argentina mayor, con apenas 16 años y 121 días, al ingresar por Leopoldo Jacinto Luque a los 20 minutos del segundo tiempo en el triunfo de la Albiceleste por 5 a 1 ante Hungría en La Bombonera.

Pero su camino también estaba atado a la Sub 20 que, llamativamente (sobre todo teniendo en cuenta su potencial), luego no se clasificó al Mundial de la categoría, que se jugó en Túnez. En el Sudamericano, que se llevó a cabo entre el 16 de abril y el 6 de mayo del 77, el combinado nacional quedó cuarto en el Grupo B y no logró acceder a la fase final.
Pero aún estamos en Río Negro, antes del impensado tropiezo. El seleccionado, con la mencionada camiseta blanca, formó con Oscar Vijandre; Hugo Alves, Ricardo Fussani, Edgardo Bauza y Romero; Gáspari, González y Luna; Eduardo Delgado, Maradona y Rubén Pérez. Luego entraron Julio Olarticoechea, Miguel Ángel Candedo y López.
Cipo sorprendió en el inicio y dominó desde los pies del Ruso Juan Enrique Strak, de acuerdo con la crónica de La Mañana de Cipolletti. Incluso, a los 25 minutos de acción, abrió el marcador gracias a un tiro libre de Rodolfo Alfredo Juárez.
Diego fue el faro que guio a Argentina hacia la remontada. Primero, sacudió el travesaño con un remate. Y las emociones resurgieron en el epílogo. A los 40′, Candedo firmó el 1-1. Y luego la historia abrió la ventana de par en par. “Maradona, con un desconcertante cambio de piernas dentro del área, desequilibró a sus marcadores y, entrando raudamente con un disparo a ras del suelo, decretó el 2 a 1″, describió el diario Río Negro.
No hay testimonio fílmico de su obra, pero los testigos la comparan con su segundo gol a Bélgica en la semifinal del Mundial de México 86. En aquella secuencia, se filtró a pura habilidad entre tres hombres en el borde del área, se abrió para su zurda para quitarse un cuarto marcador y definió cruzado.
El mítico Diez tuvo que esperar casi dos años más después del gol ante Cipolletti para firmar su primer conquista con la Selección Mayor. Fue el 2 de junio de 1979, en el Estadio Wembley de Inglaterra, durante un amistoso contra Escocia en el que Argentina triunfó 3 a 1, tras la decepción de haberse quedado afuera de la nómina para el Mundial 78, que la Albiceleste celebró en condición de local.
En realidad, el primer plan indicaba que, luego de Chascomús, Argentina iba a disputar una prueba en San Francisco, Córdoba, para jugar contra Sportivo Belgrano. Pero hubo un cambio de planes y la segunda escala fue en Cipolletti.
“Tengo en casa la foto con Diego, él con la pelota, nosotros con una camiseta blanca. Era todo conmovedor lo que iba pasando para nosotros. Y teníamos a Maradona al lado. Éramos muy felices en esa etapa”, evoca Luna.
El tiempo y la leyenda que construyó Pelusa pusieron en valor aquel manto blanco inmaculado, que se transformó en un verdadero tesoro.
En julio de 2021, la camiseta del ídolo fue subastada en Beverly Hills, Estados Unidos, a 10.000 kilómetros de distancia de la sede que albergó ese pase de magia. Fue parte de un remate denominado “Sports Legends”, que llevó a cabo la casa “Julien’s Auctions”. El comprador pagó 28.000 dólares por la pieza de museo, que se llevó enmarcada y con las fotos que certificaron su autenticidad.
En cancha de Vélez o en la Visera de Cemento de Cipolletti. En el Estadio Azteca o en el extinto Foxboro Stadium de Boston, donde Diego rubricó su último (e iracundo) grito en la Selección. Los goles de Maradona exceden el escenario, valen mucho más que uno. Allí no hay debate.
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DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
North America,Sport,Tennis
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