ECONOMIA
Caída de Bioceres: por qué los gigantes del agro sufren default o bordean la quiebra

La situación crítica que atraviesa Bioceres, la empresa rosarina que en años recientes pisó fuerte en el sector de la biotecnología y acaba de pedir protección judicial en Estados Unidos con el fin de, tiempo ganado mediante, buscar la salida a su situación de default, vuelve a poner sobre la mesa el momento crítico que transitan buena parte de los «peso pesado» del agronegocio local. Los Grobo Agropecuaria, Surcos, MSU Agro, Lipsa y Campo de Avanzada son algunos de los nombres de las compañías que han evidenciado graves problemas financieros para mantenerse operativos en el segmento agrícola. Si bien cada caso muestra matices particulares, el escenario de precios internacionales relativamente bajos que muestran las «commodities», la suba del costo productivo interno y la merma en el consumo interno de productos del agro complica la realidad económica de estas empresas.
La novedad más reciente en ese sentido corresponde a Bioceres, que en Estados Unidos elevó una solicitud para abrir un proceso de convocatoria de acreedores que le permita encarar un plan de reestructuración de una deuda de 36 millones dólares.
Bioceres y Los Grobo, entre las más complicadas
Como expuso iProfesional, dicha decisión fue tomada el 16 de diciembre pasado por el Consejo de Administración de Bioceres SA. Ese día, la cúpula de la firma aprobó formalmente el inicio del procedimiento de concurso de acreedores voluntario e instruyó a la gerencia a buscar y designar un síndico para supervisar el proceso.
Mediante un documento que la empresa controlante del grupo (Moolec) envío como informe anual de su estado a la Security Exchange Commission (SEC), de los Estados Unidos, se conocieron los detalles de un plan que apunta a reperfilar el pasivo de la empresa.
El inicio de ese procedimiento, se explicó, dio pie a que Moolec perdiera el control sobre Bioceres SA y la subsidiaria Bioceres LLC, cuyo pasivo se acerca a los 60 millones de dólares.
La empresa llegó a este escenario luego de que, a mediados del año pasado, no pudo afrontar vencimientos de pagarés bursátiles tomados en el mercado argentino por 5 millones de dólares. Eso terminó por exponer la fragilidad operativa de la empresa.
Otra compañía complicada es Los Grobo Agropecuaria, que se mantiene en concurso de acreedores aunque cerca de 550 de los productores en esa categoría, de un total de 1.100, ya logró cobrar una parte de lo adeudado. Se estima que el pasivo de la firma bordea los 155 millones de dólares.
Según fuentes del ámbito agroindustrial, el concurso incluye una propuesta comercial basada en una bonificación de 7,0 dólares por cada tonelada de soja o girasol entregado o bien de 5,0 dólares en el caso de cereales. De esa forma, los productores pueden ir reduciendo el pasivo concursal a cambio de abastecer con granos a Los Grobo Agropecuaria.
«Otros 300 productores prefirieron pasar a formar parte del concurso de manera directa al considerar que nada de lo que provenga de la firma concursada es confiable, mientras que los restantes 250 no se presentaron al concurso al contar con deudas tan bajas que ni siquiera justificaba la contratación de un abogado para seguir el proceso concursal», detalló recientemente el portal Bichos de Campo.
De acuerdo a indagaciones de iProfesional, el plazo final para que la cúpula de Los Grobo Agropecuaria formalice una propuesta de pago a sus acreedores vence el 5 de agosto de este año.
Proliferan las compañías del agro complicadas
Por el lado de Surcos, la Justicia de Santa Fe viene de aprobar la verificación de créditos que presentaron los acreedores de la productora de agroinsumos, lo que representa un avance clave en su reorganización y le permitirá comenzar a negociar acuerdos para evitar la quiebra.
Desde principios de septiembre, la compañía se encuentra de forma oficial en la etapa de negociación formal con sus acreedores. Previo a esta instancia, Surcos acumulaba cerca de 600 acreedores y un pasivo superior a los 70 millones de dólares.
Los bancos Ciudad, Santander, Nación, Hipotecario y BBVA, compañías globales como Cosco y Bunge, y organismos de la talla de ARBA y ARCA figuran entre los principales acreedores de la empresa.
En noviembre pasado, la firma informó a la Comisión Nacional de Valores (CNV) y a BYMA que se encontraba imposibilitada de abonar el cuarto pago de servicio correspondiente a sus Obligaciones Negociables Serie XIV, emitidas en el marco de su programa global por hasta 100 millones de dólares.
Mientras tanto, Surcos se mantiene operativa pero siempre con la sombra de una probable quiebra sobre sus espaldas. Vale recordar que la empresa cayó en default en diciembre de 2024 tras incumplir con el pago de dos vencimientos de u$s3,5 millones y $9.300 millones, respectivamente.
Otro caso de crisis que sacudió al agronegocio en meses recientes es el de Campo de Avanzada, una compañía con sede en Córdoba pero base operativa en Entre Ríos, que explota más de 7.600 hectáreas con foco en la siembra y cosecha de maíz.
La compañía entró en concurso preventivo y se declaró en default a partir de no cubrir el pago de una Obligación Negociable vaulada en 7,5 millones de dólares. Si bien el vencimiento luego fue cubierto por la SGR Garantizar, quedó en evidencia que la empresa posee una situación financiera por demás delicada.
En la nómina de las compañías del agro que atraviesan situaciones tormentosas también debe mencionarse a MSU Agro y Lipsa, impactadas por la decisión de la calificadora Moody’s Local Argentina de bajar sus respectivas notas crediticias a mediados del año pasado.
Como informó iProfesional, ambos casos mostraron rasgos comunes: caída abrupta del EBITDA, aumento del apalancamiento, debilitamiento de la liquidez y mayores riesgos de refinanciación, en un contexto macroeconómico y climático adverso.
Se aclaró que, aunque MSU Agro y Lipsa conservan un respaldo patrimonial sólido y mantienen estructuras operativas de envergadura, la señal del mercado es que el acceso al crédito será cada vez más exigente para las dos firmas.
Las causas que explican la caída de los «peso pesados» del agro
En cuanto a las causas que, más allá de las particularidades, permiten explicar el mal momento que atraviesan los «peso pesados» del agronegocio doméstico, se señala que las compañías que proveen insumos como semillas y plaguicidas, además de servicios como el acopio, se ven impactadas por las menores ventas derivadas de la suba de los costos internos.
Al mismo tiempo, el mercado atraviesa una instancia de precios internacionales planchados para las «commodities». En paralelo, la presión fiscal derivada de la continuidad de las retenciones impacta, también, en los volúmenes de producción y eso pega de lleno en la demanda de, como se dijo, insumos agrícolas.
Cómo detalló iProfesional en artículos anteriores, los exportadores vienen adoptando planteos de siembra más defensivos, es decir, con menor inversión en tecnología e insumos básicos, y se enfocan en tratar de salvar la campaña. A sabiendas de que se pierde producción y rentabilidad, hacer inversiones en el campo sigue siendo una actividad de alto riesgo, especialmente para quienes alquilan la tierra, que comprenden al 75% de los productores.
La inestabilidad política y económica, el clima, las guerras, las plagas, las disputas comerciales y las amenazas de nuevos aranceles, junto con un tipo de cambio que muchos consideran atrasado, son factores que siguen presentes en la mente del productor a la hora de sembrar. Por eso, enfatizan analistas del agronegocio, la producción argentina de granos atraviesa una instancia de meseta.
Todo eso genera una merma en el negocio de los proveedores de insumos, quienes desde hace más de un año operan en un mercado que se reduce a partir de la cautela de los exportadores. Eso redundó en una competencia feroz que, dada la limitación que exhibe el mapa productivo, amenaza dejar afuera a las compañías más endebles en términos financieros.
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ECONOMIA
Caputo y Milei festejan la menor inflación en 8 años pero al mercado le preocupa lo que dejó el IPC

Para Luis Caputo, el IPC sigue siendo un dato digno de festejo, aun cuando se registró el séptimo mes consecutivo de aumento mensual de la inflación. Su argumento en simple y pragmático para celebrar el 2,8% de diciembre y el 31,5% anual: con los elementos que jugaban en contra, podría haber salido todo mucho peor.
El ministro destacó que la inflación estuvo relativamente contenida pese a que hubo «un contexto de reacomodamiento de precios relativos, la implementación de una flotación cambiaria y una fuerte contracción en la demanda de dinero, producto del feroz ataque político que derivó en una dolarización cercana al 50% del M2″.
Lo llamativo de su argumento es que, después de las elecciones legislativas, la inflación siguió su tendencia ascendente, a pesar de que ya se había despejado el «riesgo kuka«, al que anteriormente se culpaba por las actitudes defensivas de comerciantes y ahorristas, que incrementaban su demanda de bienes y de dólares.
En noviembre y diciembre, se verificó una caída de las tasas de interés, luego de la gran turbulencia generada en los meses previos a la elección de octubre. Además, se redujo notablemente la compra de divisas por parte del público minorista, que pasó de un boom dolarizador de u$s5.000 millones en octubre a compras por apenas u$s1.590 millones en noviembre.
En otras palabras, se vio en el último bimestre el indicio de una recuperación en la demanda de dinero por parte del público, según los propios funcionarios del gobierno se ocupaban de enfatizar. Sin embargo, los hechos parecían contradecir las declaraciones. Así, en las licitaciones del Tesoro, lejos de dejar pesos «sueltos» para mejorar la liquidez, Caputo prefería absorber la mayor cantidad de dinero posible.
¿El dólar es inocente?
En cuanto al dólar, el anuncio de cambio de régimen -ahora con un techo de la banda que ya no se mueve al 1% mensual, sino al ritmo de la inflación- no supuso un movimiento importante de la cotización: el tipo de cambio oficial se movió en diciembre un 1%, mientras que el «contado con liquidación» lo hizo en 1,5%.
Pero, en todo caso, el argumento que siempre ha defendido Javier Milei es que no existe relación de «contagio» entre el dólar y los precios.
Según la tesitura de Milei, es en estos momentos cuando debería revelarse el «principio de imputación de Menger». Es decir, la teoría que defiende que son los precios los que determinan los costos, y no al revés.
Milei suele sintetizar ese postulado teórico en una expresión mucho más gráfica respecto de en qué parte de la anatomía de los comerciantes se guardarán los stocks de mercadería no vendidos. Y, por lo tanto, la visión oficial es que, ante la falta de convalidación de la demanda, debería registrarse una caída de los precios hasta ubicarse en el nivel aceptado por los consumidores.
Como suele ocurrir, los economistas no se ponen de acuerdo en este punto: para algunos, lo que está ocurriendo refleja que esa tesis es incorrecta, porque los precios dan señales de seguir subiendo. Pero otros argumentan que, si en medio de una turbulencia del dólar y las tasas, los precios apenas tuvieron una pequeña variación, es precisamente por la «ayuda de Menger».
El factor carne, uno de los culpables del repunte de la inflación
Hay más curiosidades en el festejo oficial: hace unos meses, el argumento de Milei y Caputo era que, aunque el IPC estuviera subiendo, lo importante era que se mantenía contenida la «inflación núcleo«, que excluye a los precios regulados y los de productos estacionales.
Ahora, ni siquiera queda ese consuelo: la inflación núcleo tuvo una variación de 3%, es decir, mayor a la del IPC, mientras que los productos estacionales apenas registraron aumentos del 0,6%.
Sí es cierto que hubo una fuerte incidencia en los servicios de precios regulados, que aumentaron un 3,3%. Pero ese dato tampoco trae tranquilidad a futuro, dado que el shock de los servicios no terminó en diciembre, sino que continuó en el inicio de año, con las subas tarifarias de la energía.
¿Qué pasó, entonces? Uno de los grandes culpables del repunte inflacionario de fin de año es la carne. Los números son contundentes: el asado aumentó un 13% en diciembre, mientras el corte de cuadril subió un 10,4%.
Es cierto que diciembre, por las fiestas, suele ser un mes de aumentos en los precios cárnicos, que tienen una fuerte incidencia en la canasta del Indec. Pero también es cierto que los expertos están advirtiendo que lo ocurrido no se trató de una excepción estacional, sino que es el síntoma de una reducción en la población vacuna del país.
En el sector ganadero, el debate del momento es el alto índice de faena de hembras jóvenes, lo que impide la reposición del stock y puede inducir a una menor oferta de carne en el mediano plazo. Hay quienes responsabilizan al gobierno, por la presión impositiva sobre los productores y la desregulación del peso mínimo de la faena.
Argumentos para los críticos de la política anti inflacionaria del Luis Caputo
Lo cierto es que los más críticos del plan económico están encontrando cada vez más motivos para poner en duda la eficacia de la política anti inflacionaria. Para empezar, porque esta tendencia ascendente del IPC ocurre en coincidencia con el superávit fiscal.
Además, ya pasó el famoso período de 18 meses que, según la teoría que defiende Milei, se demora para que la contracción monetaria se vea reflejada en las góndolas de los supermercados.
Esto lleva a dos posibles explicaciones, ambas difíciles de aceptar por el gobierno: o bien el superávit fiscal no es la condición suficiente para frenar la inflación, o son ciertas las críticas de quienes dicen que la contabilidad oficial tergiversa el resultado fiscal, al no contabilizar los intereses capitalizados de los bonos del Tesoro.
Y, a partir del próximo mes, ya entra en vigencia el nuevo sistema cambiario, con lo cual el techo de la banda correrá a 2,5% en enero y a 2,8% en febrero. Para quienes creen en el ancla fiscal -y, en los hechos, Caputo ha demostrado ser uno de ellos- se trata de una mala noticia.
Para que la inflación del 2026 se ubique en torno de 20%, como espera el gobierno, el IPC mensual promedio debería ser de 1,6%. Si, en cambio, se mantuviera el nivel inflacionario registrado en diciembre, no sólo no se reduciría la inflación de 2025, sino que se incrementaría hasta el nivel de 39%.
El peor dato para el Gobierno
Lo cierto es que parece más difícil que nunca el cumplimiento del pronóstico de Milei, quien había adelantado que en agosto de este año la inflación sería menor a 1%. El presidente volvió, como siempre, a colmar de elogios a su ministro de economía en las redes sociales. Sin embargo, esta vez se abstuvo de apelar a explicaciones técnicas para suavizar el hecho de que se registró el séptimo mes de inflación al alza y que el IPC se acerca peligrosamente al nivel de 3% mensual.
Y, acaso, el peor dato para el Fobierno no estuvo en el reporte de la inflación, sino en el de la canasta de pobreza y la de indigencia: ambas registraron aumentos de 4,1% en el último mes del año.
Así, ya van tres meses consecutivos en que estos indicadores se mueven más rápido que la inflación promedio, lo cual empaña el discurso oficial sobre la tendencia a la disminución de la pobreza.
Quienes ya tomaron nota de ese agravamiento son los dirigentes sindicales, que están revisando al alza sus peticiones de reajuste salarial, en su mayoría a negociarse en el primer trimestre del año.
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ECONOMIA
El Gobierno enfrenta un test clave de deuda en pesos: vencen $9,6 billones y hay expectativa por las tasas de interés

El Ministerio de Economía afrontará este miércoles una prueba clave en el mercado de deuda en pesos, con vencimientos por $9,6 billones. Se trata de la primera licitación en moneda local del año y llega inmediatamente después del pago del primer compromiso en moneda extranjera más significativo de 2026.
La operación estará a cargo de la Secretaría de Finanzas y tiene como objetivo principal renovar los compromisos que vencen, en su mayoría correspondientes a dos Letras del Tesoro capitalizables (LECAP). El resultado de la licitación permitirá medir el apetito de los inversores por los instrumentos en pesos y la capacidad del Tesoro para refinanciar su deuda sin convalidar un fuerte aumento del costo financiero.
La oferta diseñada para esta subasta contempla letras capitalizables, bonos ajustados por inflación, instrumentos vinculados al dólar y opciones a tasa fija. La estrategia oficial apunta a extender los plazos de vencimiento y, al mismo tiempo, reducir la tasa de interés implícita de la deuda.
La licitación se desarrollará en un escenario de “falta de pesos” en la plaza financiera, situación que se reflejó en un fuerte aumento de las tasas de interés en los últimos días. Para los especialistas, esta dinámica introduce un factor de incertidumbre adicional, ya que puede condicionar tanto el nivel de participación de los inversores como las tasas que el Tesoro deba convalidar para lograr un alto grado de renovación.
Los analistas siguen de cerca las decisiones que tomará el ministro de Economía, Luis Caputo, en esta licitación. Uno de los puntos centrales será el nivel de ofertas que reciba la Secretaría de Finanzas por parte de los bancos y otros inversores institucionales, así como el costo al que estarán dispuestos a prestarle pesos al Estado en un contexto de elevada volatilidad.
Emilio Botto, jefe de Estrategia de Mills Capital Group, explicó que “el Tesoro necesita lograr un alto nivel de renovación (rollover) y una buena demanda de los instrumentos ofrecidos, de modo que el mercado perciba que hay liquidez y voluntad de continuar financiando al Estado sin presiones adicionales de tasas o de dólar”. En ese sentido, advirtió que este resultado es clave “para sostener la confianza financiera y evitar que se disparen las primas de riesgo o el dólar financiero”. No obstante, señaló que “las tasas de corto plazo están muy volátil, lo que demostraría que la liquidez es escasa”.
Otro elemento que estará bajo análisis es el equilibrio que deberá buscar el equipo económico entre dos objetivos que, en el corto plazo, pueden resultar contradictorios. Por un lado, el Tesoro necesita absorber pesos para recomponer parte de los fondos utilizados recientemente en la compra de dólares para afrontar el fuerte vencimiento en moneda extranjera. Por otro, también requiere volcar pesos al mercado para contribuir a estabilizar las tasas de interés y monetizar la economía, en un contexto de restricción de liquidez.
Desde Aurum Valores destacaron que “el Tesoro Nacional licitará mañana instrumentos en pesos y dólares para renovar vencimientos por casi $10 billones”. Detallaron que el menú incluirá “3 LECAP (42, 91 y 185 días), 1 BONCAP (junio 2027), 1 Letra TAMAR (agosto 2026), 4 CER cupón cero (mayo 2026, noviembre 2026, junio 2027 y junio 2028) y 2 LELINK (febrero 2026 y marzo 2026)”. Para la consultora, esta será “la primera salida al mercado del Tesoro en el año en un contexto desafiante, marcado por la falta de liquidez del sistema”.
Una visión similar expresaron desde Max Capital, desde donde remarcaron que la licitación se da en un escenario complejo por la escasez de pesos en el sistema financiero. Según la firma, la composición del menú refleja el intento oficial de ofrecer alternativas para distintos perfiles de inversores, combinando instrumentos de corto y mediano plazo, con y sin ajuste por inflación o tipo de cambio.
En términos operativos, la Secretaría de Finanzas pondrá a disposición del mercado letras capitalizables en pesos con vencimientos en febrero, mayo y noviembre de 2026, así como un bono capitalizable con vencimiento en junio de 2027. También se ofrecerá una letra a tasa TAMAR con vencimiento en agosto de 2026. En el segmento ajustado por inflación, se licitarán letras y bonos CER con vencimientos que van desde mayo de 2026 hasta junio de 2028. Además, el menú se completa con letras vinculadas al dólar, con vencimientos en febrero y marzo de 2026.
Ignacio Morales, de Wise Capital, señaló que “la Secretaría de Finanzas intentará reabsorber mañana la totalidad de unos $9,6 billones en vencimientos de bonos y letras en manos de inversores privados, en un escenario marcado por la volatilidad de las tasas de interés y una fuerte concentración de compromisos en el corto plazo”. Para el analista, el resultado permitirá evaluar la capacidad del Tesoro para administrar el perfil de vencimientos en un contexto financiero exigente.
El foco del mercado estará puesto en el porcentaje de renovación que logre el Gobierno y en la señal que deje la tasa de interés convalidada en la licitación. Un alto nivel de rollover aliviaría las necesidades de financiamiento inmediato y podría contribuir a reducir tensiones en el mercado de pesos. En cambio, una demanda más débil o tasas significativamente más elevadas podrían reflejar las dificultades que enfrenta el Tesoro para refinanciar su deuda en un contexto de liquidez limitada.
La licitación de este martes se perfila así como un test clave para la estrategia financiera del Gobierno en el arranque del año. Más allá del resultado puntual, los inversores buscarán señales sobre la hoja de ruta oficial en materia de deuda en pesos, la administración de la liquidez y el manejo de las tasas de interés en los próximos meses.
Con información de NA
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ECONOMIA
Cómo quedó Argentina en el ranking de inflación frente a otros países del mundo y la región

El Gobierno celebró este miércoles el dato de inflación más bajo de los últimos ocho años, en un contexto en el que la economía argentina viene de arrastrar dos ejercicios consecutivos con registros anuales de tres dígitos. De acuerdo con la medición oficial, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) cerró 2025 con un alza del 31,5%, lo que marca una desaceleración significativa en comparación con años previos.
Sin embargo, pese a esa mejora, la Argentina volvió a ubicarse entre los países con mayor inflación de la región y del mundo.
La inflación anual más baja desde 2017: cómo quedó Argentina en el ranking
El INDEC informó este martes que la inflación de diciembre fue del 2,8% mensual, el valor más elevado desde abril, cuando se dispuso la flexibilización del cepo cambiario para ahorristas minoristas. Con ese registro, el incremento de precios acumulado a lo largo de 2025 alcanzó el 31,5% punta a punta.
Para encontrar un dato anual similar hay que retroceder hasta 2017, cuando la inflación fue del 24,7%. A partir de allí, la trayectoria fue claramente ascendente: 47,6% en 2018, 53,8% en 2019 y luego un descenso transitorio al 36,1% en 2020, un año atípico atravesado por la pandemia de Covid-19. El proceso inflacionario retomó fuerza en los años siguientes, con un 50,9% en 2021 y un salto al 94,8% en 2022. En 2023, la inflación cerró en 211,4%, superando por primera vez las tres cifras desde la última hiperinflación de comienzos de los años ’90. Ya en 2024, el primer año completo del gobierno de Javier Milei, el IPC retrocedió al 117,8%, para luego desacelerar con fuerza en 2025.
Aun con esa baja interanual, la inflación argentina continúa en niveles que solo un puñado de países comparte. Un caso comparable es Turquía, que terminó 2025 con un IPC acumulado del 30,89%. Por encima se ubica Irán, que en medio de un fuerte conflicto sociopolítico cerró el año pasado con una inflación del 52% anual, según datos de su centro estadístico.
Existen además países que liderarían el ranking global, aunque la falta de estadísticas oficiales confiables impide contar con cifras transparentes. De acuerdo con las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) incluidas en el informe de Perspectivas Económicas de octubre, Sudán habría cerrado 2025 con una inflación del 87,2%, Sudán del Sur con 97,5% y Venezuela con 269,9%, en un contexto de «apagón estadístico» que se arrastra desde mayo. El FMI también había estimado una inflación del 89% para Zimbabue, aunque el gobierno de ese país informó oficialmente un 15%, tras la introducción de una nueva moneda.
Si se toman como válidas las proyecciones del organismo internacional y se excluye a Zimbabue del ranking, la Argentina habría finalizado 2025 en el quinto lugar a nivel mundial:
- Venezuela: 129,9%
- Sudán del Sur: 97,5%
- Sudán: 87,2%
- Irán: 52%
- Argentina: 31,5%
No obstante, las perspectivas para 2026 muestran un escenario más alentador: el FMI prevé que la inflación local descienda hasta el 16,4% en los próximos 12 meses, lo que implicaría un retroceso de varios escalones en la comparación internacional.
Para el año próximo, por delante de la Argentina se ubicarían Zimbabue (18,2%), Yemen (18,5%), Nigeria (22%), Turquía (24,7%), Haití (26,2%), Burundi (26,3%), Myanmar (28%), Irán (41,6%), Sudán (54,6%) y Venezuela (682,1%), siempre según estimaciones del FMI.
A nivel global, el FMI proyectó que la inflación mundial fue del 4,2% en 2025 y que se moderará al 3,7% en 2026. «La inesperada resiliencia de la actividad y el escaso aumento de la inflación no solo reflejan que el shock arancelario resultó ser menos profundo de lo que se anunció originalmente, sino también una serie de factores que proporcionan alivio momentáneo, pero que no fortalecen los fundamentos económicos subyacentes», explicó el organismo.
El ranking de América Latina
Dentro de América Latina, la mayoría de los países cerró el año con inflaciones de un solo dígito. Las excepciones fueron Venezuela, la Argentina y Bolivia, que en este último caso acumuló un 20,4% en 2025, el nivel más alto en casi cuatro décadas. Más atrás se ubicaron Colombia (5,1%), Honduras (4,98%), Brasil (4,26%), México (3,69%), Uruguay (3,65%), Chile (3,5%), Paraguay (3,1%) y Ecuador (1,9%).
En Guatemala, los precios subieron 1,65% interanual, mientras que en Perú el avance fue del 1,51%. El Salvador, con una economía dolarizada, cerró el año con un IPC del 0,91%, y Costa Rica fue el único país de la región que registró deflación, con una caída interanual del 0,99%.
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