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ECONOMIA

Del crack del ’29 a las subprime, todas las crisis globales impactaron sobre Argentina: ¿esta vez es diferente?

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La historia nunca se repite, pero a veces rima, decía Mark Twain en una de sus frases más célebres. Y la crisis global desatada a raíz de la suba de aranceles dispuesta por Donald Trump está confirmando la vigencia de esa máxima.

La preocupación se justifica, sobre todo, porque cada gran crisis global tuvo su correlato sobre la economía argentina. Y, en casi todos los casos, la forma de contagio fue con una caída de ingresos de divisas y la inevitable devaluación.

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Es una situación que los políticos argentinos de todas las épocas han vivido con cierta ambigüedad: por un lado, las crisis globales complicaron el panorama doméstico e hicieron tambalear gobiernos; pero también es cierto que los shocks externos más de una vez han sido elegidos como los villanos perfectos a quien culpar por el fracaso de planes económicos inconsistentes.

Así, los más veteranos recuerdan que José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de economía durante la primera etapa de la dictadura militar (1976-1981), culpaba a Paul Volker, entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, por la debacle de su esquema cambiario, inmortalizado con el nombre de «la tablita» -a la cual muchos economistas atribuyen similitudes con el plan de Toto Caputo-.

Volker fue nombrado para comandar la Fed en el momento de máxima inflación de Estados Unidos, y en plena crisis petrolera por el conflicto con Irán y otros productores de la OTAN. Su receta fue simple, brutal y efectiva: en menos de un año subió la tasa de interés del 10% al 20%. Provocó una tormenta financiera, pero la inflación, que había sobrepasado el 14% anual, cayó rápidamente.

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En Argentina, mientras tanto, la tablita de Martínez de Hoz lograba que la inflación, que en los años previos había sido de tres dígitos, cayera al entorno de 80% a fines de 1980, pero al costo de un notable retraso cambiario que sólo podía sostenerse con un continuo ingreso de capitales externos, porque la balanza de pagos estaba en rojo. Películas como «Plata Dulce» inmortalizaron aquellos años en que los argentinos de clase media viajaban a Miami y, después de gastar sus dólares baratos, volvían atestados de ropa, televisores color y demás novedades.

La cosa funcionó hasta que cambió el flujo de capitales, que desarmó el «carry trade» y corrió a refugiarse en el dólar. En un semestre, las reservas del BCRA perdieron un 60% de su volumen. El final es conocido: tras un intento de flotación controlada dentro de bandas cambiarias, sobrevino una sucesión de devaluaciones, un rebrote inflacionario y una aguda recesión.

¿Quién había tenido la culpa, el plan que apostó al atraso cambiario o el mundo que generó un brusco cambio de flujos de capitales y crisis de deuda justo cuando Argentina estaba reduciendo la inflación?

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Petróleo, euforia y Rodrigazo

La polémica es inagotable y se repitió en todas y cada una de las grandes crisis. Lo cierto es que, si bien antes de cada estallido había desajustes de las variables fundamentales, lo que terminaba por tumbar los planes económicos era un shock externo.

La cuestión petrolera que afectó a la tablita ya había tenido su célebre antecedente con la crisis de 1973, que generó un sacudón en la economía argentina: primero con el beneficio de la suba en las materias primas y luego con una brusca caída. El resultado: el gran ajuste cambiario y tarifario de 1975 que pasó a la historia con el nombre de «Rodrigazo».

El discurso del ministro Celestino Rodrigo, emitido por TV el 4 de junio de 1975 -que se puede ver en YouTube- es una pieza antológica por la dureza con la que describe la «herencia» que recibió del propio gobierno peronista que él integraba.

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Y Rodrigo culpó a su antecesor, José Ber Gelbard -aún hoy reivindicado por varios dirigentes peronistas, incluyendo a Cristina Kirchner– por haber subestimado el impacto de la situación global, en la que los países desarrollados estaban tratando de cortar un período de «permanente derroche».

«Los argentinos no tomamos conciencia de esta circunstancia y seguimos un camino dislocado y distorsionado de irrealismo, continuando en una ilusión enfermiza de prosperidad creciente. A mediados de 1974 se empiezan a sentir las primeras consecuencias de esta desacertada actitud compartida en ese momento por todos aquellos que integran la vida democrática del país», afirmaba Rodrigo en su sombrío diagnóstico.

El déficit fiscal llegaba a un impactante 12%, mientras la inflación se mantenía contenida a fuerza de contener el tipo de cambio y las tarifas. Pero el plan se hacía cada vez menos efectivo: un síntoma de ello era que cada acuerdo salarial era más corto que el anterior. El primer aumento duró nueve meses sin necesidad de actualizar los ingresos para compensar la inflación; el segundo se acortó a seis; el tercero duró cuatro meses y el cuarto no llegó a durar dos meses. Pero la inflación era cada vez más alta.

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Fue uno de los ajustes más traumáticos, con una inflación que pasó del 40% al 335%.

El crack del 29 y el primer cepo

Por cierto que las crisis argentinas que aparecen ligadas a shocks externos pueden rastrarse hasta el fondo de la historia nacional: los períodos de prosperidad suelen coincidir con los de altos precios de las materias primas de exportación, mientras que las recesiones están ligadas a caídas en los volúmenes del comercio mundial.

El ejemplo de crisis financiera mundial más famoso, el del «crack» bursátil de 1929 en Estados Unidos, que marcó toda la década de los años ’30 a nivel global, sirve también para ilustrar esa fragilidad argentina ante los shocks externos.

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Esa crisis también es el punto de partida en el «clásico» entre los keynesianos y los ortodoxos. Desde los años ’30 y hasta el día de hoy se debate si la depresión estadounidense fue causada por falta de estímulo al consumo o por un apretón monetario que restringió el crédito. En Estados Unidos, quedó el trauma del alto desempleo y el derrumbe del consumo en un contexto de deflación. Ese recuerdo es lo que ha llevado en las décadas siguientes a que, en crisis como la de la explosión hipotecaria de 2008 o la pandemia de 2020 se recurriera a una apertura del grifo de dólares -los famosos quantitative easing– para evitar una deflación a toda costa.

¿Cómo le pegó a Argentina la depresión de los ’30? Como recuerdan Pablo Gerchunoff y Lucas Llach en su libro «El ciclo de la ilusión y el desencanto», hubo una disminución del comercio global que le pegó de lleno al país, dado que los precios de los productos de exportación cayeron un impactante 42% entre 1928 y 1932. La caída en el ingreso de divisas hizo que en cuatro años la importación de los insumos necesarios para la industria y la infraestructura del país cayera un tercio.

Ya antes del crack, el país había sentido un fuerte impacto cambiario: como los capitales corrían hacia Wall Street, atraídos por las altas tasas, en un año se «fugaron» reservas por 173 millones de dólares -que ajustadas por la inflación de EE.UU. hoy serían u$s3.228 millones-. Esto llevó al presidente Hipólito Yrigoyen a terminar con el sistema de convertibilidad.

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Todo se agravaba por la dificultad para obtener préstamos a un país ya endeudado. «En períodos de deflación, los acreedores se benefician a costa de los deudores, ya que un monto nominal fijo tiene mayor poder de compra cuando los precios bajan. Para la Argentina, que era un deudor neto, la deflación mundial hacía más pesada la carga», explican Gerchunoff y Llach.

Dispuesto a defender el valor del peso y no caer en default, el gobierno empezó a echar mano de sus reservas de oro. En el medio de esa situación, ocurrió el golpe militar que derrocó a Yrigoyen. Hacia 1931, el país vivía una corrida bancaria que generó una crisis de liquidez. Esto derivó en una emisión sin respaldo, que devaluaba al peso.

Fue allí cuando surgió el control de cambios, que buscaba en simultáneo frenar la desvalorización del peso sin seguir sacrificando reservas de oro. Así, una especie de «cepo» se quedaba con las divisas de los exportadores y establecía una lista de receptores prioritarios, que empezaban por el propio gobierno.

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La convertibilidad perdió en el segundo round

Más cerca en el tiempo, hay ejemplos de qué ocurre con los shocks externos cuando el país tiene un esquema rígido de tipo de cambio fijo. La convertibilidad «uno a uno» de Domingo Cavallo sufrió dos crisis externas: superó la primera y sucumbió a la segunda. En ambos casos, el costo se midió en altos índices de desempleo.

Todo era euforia durante la primera fase, por la superación del trauma que había dejado la hiperinflación de 1989 -en el marco de una nueva crisis de deuda regional-. Pero la calma terminó a fines de 1994 con la devaluación mexicana que derivó en un efecto dominó en toda la región: el célebre «efecto Tequila». Implicó una súbita interrupción en el flujo de capitales, que hasta ese momento era generoso, por la estabilidad cambiaria y el plan de privatizaciones.

Cavallo anunció medidas de ajuste fiscal, dijo que no había motivos para temer una devaluación ni para retirar depósitos y criticó a los bancos por las elevadas tasas de interés. En un 1995 muy recesivo, el sistema financiero sufrió algunos temblores pero la convertibilidad sobrevivió gracias a las reservas del BCRA. En ese contexto, Carlos Menem ganó con comodidad y en primera vuelta su reelección.

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Muy diferente fue el siguiente shock externo, que se dio como una sucesión de devaluaciones que empezó en 1997 en el sudeste asiático y llegó en 1999 hasta Brasil. Una vez más, los precios de exportaciones argentinas sufrieron caídas.

Argentina, endeudada, con problemas fiscales y ya inocultables problemas de retraso cambiario, vio cómo todos los blindajes financieros se quedaban cortos ante la sangría de reservas. El nuevo presidente, Fernando de la Rúa, había prometido no devaluar, pero perdió el apoyo del FMI, lo cual derivó en el recordado «corralito» y el traumático final del gobierno. En 2002, con un pico de desempleo de 22%, el dólar cuadruplicó su valor y el país vivió su peor conmoción social.

La subprime y la devalución de Cristina

La siguiente crisis global se dio con el kirchnerismo en el poder: tras años de dólar débil y precios altos para la soja, la política de fomento al crédito de George W. Bush encontró un brusco «stop» por el estallido de la burbuja inmobiliaria. La crisis «subprime» de 2008 hizo temblar al sistema bancario estadounidense y generó un masivo traspaso de recursos desde el sector privado hacia el gobierno.

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Para el resto del mundo, esto implicó una recesión por contagio, en medio de una nueva reversión en el flujo de capitales. Cristina Kirchner avaló una suba de 20% en el tipo de cambio, lo cual le costó una derrota en las legislativas de 2009 pero le permitió equilibrar las cuentas externas y retomar el crecimiento cuando nuevamente la soja hizo de motor. Había, además, un recurso a mano: las reservas del BCRA, que permitieron al gobierno sostenerse sin acceso al crédito externo, a un costo que todavía hoy se ve en el balance del Central.

Cuando se produjo un nuevo reflujo de capitales, ya con Mauricio Macri en el poder -y con Donald Trump amenazando a China- había vuelto el crédito, incluyendo el del FMI. Pero aun así la devaluación fue inevitable, tras un nuevo atraso cambiario que había llevado el déficit de cuenta corriente por encima de 5% del PBI.

¿Qué pasará ahora con la crisis arancelaria? Los primeros efectos tienen gusto a situación repetida -devaluaciones en cadena y caída de commodities-. Pero Milei y Toto Caputo se empeñan en afirmar que «esta vez es diferente». Tienen a su favor el superávit fiscal, pero los antecedentes históricos no son muy alentadores.

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ECONOMIA

Sube la nafta pese al traslado gradual del alza del petróleo a surtidores: qué se espera para las próximas semanas

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El litro de nafta súper ya superó su valor histórico en dólares al ubicarse en USD 1,25 por litro. (Crédito: NA/Juan Vargas)

De manera gradual, la suba del barril por la guerra con Irán empezó a sentirse en el precio de los surtidores en el mercado local. Todas las marcas definieron incrementos de nafta en torno al 4%, reflejando solo parcialmente lo que está ocurriendo en el mercado internacional pero, al mismo tiempo, presionando al menos marginalmente sobre el índice de inflación de marzo. Es posible que se produzca algún incremento adicional antes de fin de mes, si como se prevé el barril no baja de los 80 dólares.

En el caso de YPF, la empresa líder del mercado con más de 55% de participación en el total de ventas en surtidores, se definieron dos incrementos: uno el sábado y otro ayer, totalizando ese 4 por ciento. El resto de las empresas acompañó, pero fuentes del sector indicaron que la decisión de subir los precios estaba tomada, independientemente de lo que en esta oportunidad decidiera la principal compañía del sector.

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Horacio Marín, titular de YPF, había indicado que la intención era evitar “cimbronazos en los precios de los combustibles”, agregando que “somos prudentes y estamos honrando nuestro compromiso honesto con los consumidores”. El ejecutivo recordó que la empresa trabaja con una estrategia de “micropricing” con el objetivo de analizar los precios día a día. El objetivo, afirmó en ese momento, es “atenuar picos de aumento y bajas” para darle mayor estabilidad a los valores en las estaciones de servicio.

El presidente de YPF, Horacio
El presidente de YPF, Horacio Marín, había asegurado que no habrá «cimbronazos» de precios ante la suba del crudo por la guerra en Irán.

Como resultado de los últimos incrementos, la nafta de mayor octanaje superó por primera vez los 2.000 pesos. En cuanto al precio de la súper ya se ubica en niveles de $1.800, lo que equivale aproximadamente a 1,25 dólares. Se trata de un dato relevante, teniendo en cuenta que históricamente el precio era equivalente a un dólar.

La suba del barril Brent fue sustancialmente más alta desde que comenzó el conflicto con Irán. En apenas dos semanas saltó cerca de 20% hasta niveles de los USD 91 actuales. No se tiene en cuenta la suba que lo llevó a casi USD 120 en la madrugada del lunes. El anuncio de los países del G-7 sobre la posibilidad de empezar a utilizar reservas petroleras para compensar el corte de tránsito de barcos petroleros por el estrecho de Ormuz ayudó a bajar los niveles de nerviosismo extremo entre los operadores.

La baja de $15 que tuvo el dólar ayer en el mercado local, hasta los $1.420 para la cotización minorista, debería ayudar a suavizar la posibilidad de futuros aumentos en el corto plazo. Tanto el tipo de cambio como el precio del barril son insumos claves para las decisiones que adoptan las petroleras.

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Sin embargo, las perspectivas hacia adelante no son del todo tranquilizadoras. La Administración de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés) proyectó que el barril se mantendrá en la zona de los USD 95 en los próximos dos meses debido a la reducción de la oferta global. Recién para el tercer trimestre se espera que el precio caiga de los 80 dólares.

El presidente de Estados Unidos,
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, busca contener las posibles tensiones inflacionarias por el aumento de los combustibles. REUTERS/Kevin Lamarque

En Estados Unidos, por ejemplo, la proyección es de un incremento de casi 15% para el precio del galón, lo que tendría claras consecuencias inflacionarias. Por eso, Donald Trump intenta frenar los embates de Irán sobre refinerías de países del Golfo Pérsico. Y, en simultáneo, se busca reestablecer la navegación en el estrecho de Ormuz, que representa el 20% de la comercialización mundial de petróleo.

El aumento de la nafta en el mercado local plantea nuevas presiones para la inflación local. La estimación de los analistas es que en febrero se habría ubicado en niveles de 2,7%, pero la incógnita es qué puede suceder en marzo. Este mes tiene una fuerte estacionalidad por el inicio de clases y la proximidad de Semana Santa. A esto se agrega este factor con el precio del combustible. El piso para la inflación del mes se ubicaría en 2,5%, pero nuevamente con peligro de acercarse al 3 por ciento.

Si el precio de la energía se mantiene elevado, esto también provocará un impacto en las tarifas de luz y de gas, con posibles nuevos incrementos en invierno que es cuando más se gasta. En ese escenario es el Gobierno el que tendrá que decidir si traslada de manera directa los mayores costos o si decide aumentar los subsidios para que el impacto sobre el bolsillo de las familias no sea tan grande.

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ECONOMIA

Qué precio del dólar prevén 45 economistas de la City y Wall Street tras guerra en Medio Oriente

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El precio del dólar es un tema relevante para la inflación argentina, sobre todo en un momento de volatilidad global por el conflicto en Medio Oriente. En este contexto, se publicaron nuevas proyecciones sobre el tipo de cambio y la inflación elaboradas por 44 economistas de bancos y consultoras nacionales y del exterior, que anticipan una tendencia de menor suba para el billete estadounidense y de mayor incremento para el índice de precios al consumidor (IPC).

Las estimaciones surgen del informe de marzo de FocusEconomics, en el que el consenso de analistas prevé que el dólar mayorista se ubicará en $1.713 hacia fin de año, cifra que equivale a unos $16 menos que lo proyectado en el relevamiento del mes pasado para la misma fecha.

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Como dato a tener en cuenta, el precio del dólar se mantiene «neutro» durante todo marzo y, en el acumulado de 2026, registra una caída del 4%.

Para los economistas, por el momento Argentina se mantiene al margen de los coletazos del conflicto en Irán. Además, los ingresos de divisas por exportaciones y emisiones de deuda contribuyen a tranquilizar al mercado doméstico. A esto se suma que la demanda de moneda estadounidense ha disminuido, mientras que el Banco Central continúa comprando reservas internacionales a diario.

Este escenario refuerza la expectativa de que el tipo de cambio mayorista avance por debajo de la inflación, que en los últimos meses comenzó a ubicarse por encima de lo previsto por el mercado.

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«Tras un largo período de descenso, la inflación se ha acelerado durante tres meses consecutivos, impulsada por la rápida depreciación de la moneda en el segundo semestre de 2025. Se espera que la inflación disminuya hacia finales de este año, gracias a una depreciación más moderada de la moneda, una mayor competencia en el mercado y el aumento de las importaciones», indicaron desde FocusEconomics.

De esta manera, los analistas encuestados prevén un aumento promedio del 27% en los precios al consumidor durante 2026, lo que representa un incremento de 1,6 puntos porcentuales respecto del relevamiento del mes anterior.

Por otro lado, el informe señala que el crecimiento del PBI debería superar el promedio regional por segundo año consecutivo en 2026.

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«Los factores que lo respaldan incluyen el avance de las reformas estructurales, la inversión en energía y minería, el dinamismo de las exportaciones agrícolas y una mayor confianza empresarial después de que el presidente Milei obtuviera apoyo del Congreso en las elecciones de 2025. Sin embargo, la austeridad fiscal y una inflación aún elevada serán un lastre», detallaron los expertos.

En este contexto, los analistas pronosticaron una expansión de la actividad del 3,2% para todo este año, sin cambios respecto a lo previsto en el informe anterior.

Precio de dólar esperado por economistas

El precio de dólar mayorista esperado para diciembre por los economista presenta una tendencia bajista, si se lo compara con las proyecciones previas.

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El consenso esperado por los analistas en el FocusEconomics para el tipo de cambio mayorista, indican que llegará $1.712,5 a fines del 2026, una cifra que representa una baja de 16,5 pesos frente a lo previsto en el relevamiento de febrero.

El consenso de precio de dólar de economistas es de $1.713 para fin de año.

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Así, en todo 2026, según las nuevas proyecciones de los expertos, el billete estadounidense podría aumentar 17,7%. Un ascenso que ya es bastante inferior a la inflación proyectada (27%) para el corriente año, y que generaría más atraso cambiario.

También el precio de dólar para fin de año previsto por los economista queda atrás de las estimaciones del Presupuesto 2026, presentado por el Gobierno, que aprobó el Congreso de la Nación meses atrás, que indica una cifra de $1.423 para esa fecha.

Por lo pronto, en las operaciones del mercado de opciones y futuros del Matba-Rofex, se espera que el tipo de cambio mayorista alcance a fin de diciembre de $1.730,5. Es decir, unos 18 pesos por arriba de lo consensuado por los economistas en el FocusEconomics.

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Y este dato es inferior al estimado por el reciente Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que es la encuesta confeccionada por el Banco Central todos los meses entre unos 40 economistas nacionales, donde prevé un precio de dólar mayorista de $1.707 para fin de año.

Precio de dólar, economista por economista

Al momento de analizar las proyecciones de precio de dólar mayorista para fin de año de cada consultora o banco de inversión relevados por FocusEsconomics, se puede afirmar que el rango estipulado se ubica entre un mínimo de $1.335 y un máximo de $2.002, donde esta última cifra se encuentran en un nivel inferior al esperado meses atrás.

Entre los economistas que esperan un mayor precio para el tipo de cambio mayorista para diciembre que viene, se ubican Empiria Consultores ($2.002), MAPFRE Economics ($1.996), Aurum Valores ($1.900), Invecq consulting ($1.900), LCG ($1.869), Oxford Economics ($1.859), y la ALyC nacional Aldazabal, con 1.834 pesos.

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«Esperamos un dólar de $1.900 para fin de año porque la expectativa es que el Gobierno corrija un poco el tipo de cambio real, que lo deje un poco menos apretado que lo que está hoy. Por ende, considero que la inflación va a tardar en bajar de manera consistente y firme. De hecho, el segundo semestre, en general, es bastante más complicado que el primero para la acumulación de dólares y para la demanda de divisas», resume a iProfesional Pablo Repetto, jefe de Research en Aurum Valores.

Para Fernando Baer, economista de la consultora Quantum de Daniel Marx, que proyecta $1.603 para fin de año, indica que el fundamento de este valor es «la combinación de mayor oferta de divisas con menor demanda, porque 2026 no es un año electoral».

Finalmente, Sebastián Menescaldi, economista y director asociado de Eco Go, con estimaciones de $1.567 para diciembre, argumenta que todo dependerá lo que ocurra con la guerra en Medio Oriente: «Tenemos que ir de a poco, creemos que en los próximos 15 días se define el conflicto. Si es corto o va a ser más largo que lo previsto. Por ahora, subimos la estimación para la inflación y algo el tipo de cambio de fin de año», detalla a iProfesional.

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Por el momento, la guerra en Medio Oriente no está impactando de forma notoria en el precio del dólar a nivel doméstico. Todo dependerá qué ocurra con esta situación y con la cotización del petróleo en las próximas semanas.

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ECONOMIA

Impuestos y combustibles: cómo se encarecen la nafta y el gasoil por las tasas municipales

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La volatilidad del precio internacional del petróleo se sintió en las estaciones de servicio argentinas (Fotografía: Adrián Escandar)

Los vaivenes en el precio del barril Brent, impulsada por la reciente escalada del conflicto en Medio Oriente, provocó un aumento directo en el precio de los combustibles en la Argentina. La nafta registró un alza del 6% desde el inicio de la crisis internacional, según la consultora Eco Go, pero el incremento no fue homogéneo en todas las estaciones de servicio a lo largo del país. Pero el contexto internacional se ve agravado por la aplicación de tasas municipales que hacen que se generen diferencias adicionales entre las distintas provincias y municipios.

La tasa vial se consolidó como un componente clave en la estructura de precios. Los municipios pueden optar por aplicar el recargo como un porcentaje sobre el valor de venta al público o como un monto fijo en pesos por cada litro de combustible expendido. Esta autonomía local genera una dispersión relevante en el costo final que pagan los usuarios, dependiendo de la localidad donde cargan combustibles. A la que ahora se suma la volatilidad del barril de petróleo que, tras la escalada a USD 119 el lunes, al cierre de esta nota, bajó a 88,54 dólares.

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En medio de la pelea del Gobierno Nacional con los intendentes por la creación o aumento de las tasas, además de exigir que las estaciones de servicio coloquen una leyenda en los surtidores que indique a los clientes que se cobra la tasa vial en ese municipio, en la página de la Jefatura de Gabinete se creó un portal para que los consumidores puedan ver lo que les cobran, como también reportarlo.

El presidente de YPF, Horacio
El presidente de YPF, Horacio Marín, aseguró que no habrá cimbronazos en el precio de la nafta,

Entre los ejemplos más extremos de tasa vial aparece la provincia de Neuquén, en donde ocho municipios cobran un recargo del 4,5% sobre el precio de cada litro de combustible. Entre los que se destacan Centenario, Cutral Co, Junín de los Andes, Neuquén, Plaza Huincul, Plottier, San Martín de los Andes y Senillosa. Pero no se trata de la única provincia, sino que se aplica la misma alícuota en Cipoletti, Río Negro. En un rango menor, se ubican diferentes municipios de Jujuy, como San Pedro, San Salvador de Jujuy y Yala, en donde se cobra una tasa vial del 1,8 por ciento.

En la provincia de Buenos Aires, el municipio de Colón, General Pueyrredon y Pinamar cobra una tasa del 3% sobre el precio de venta, que es la mayor en términos porcentuales. Luego le siguen Pilar, Moreno y Azul, en donde se abona una alícuota levemente inferior al 2,5%. Estas cifras, aunque menores a lo que se aplica en algunas provincias del sur del país, representan una suma considerable en un país afectado por la inflación y por las oscilaciones del mercado internacional de hidrocarburos.

La modalidad porcentual presenta la particularidad de que, ante cada suba del valor de la nafta y el gasoil, el recargo municipal se ajusta automáticamente, manteniendo su peso relativo y asegurando una recaudación constante para los gobiernos locales. El sistema favorece a los municipios en escenarios de aumentos internacionales, como el actual, y les garantiza recursos para obras de infraestructura vial, según lo declarado oficialmente.

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Hay varios municipios que aplican una tasa menor. Según el portal de la Jefatura de Gabinete, se identificaron 12 municipios en donde se cobra una tasa vial del 2% sobre el precio de venta del combustible, entre los que se encuentran Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui, Ezeiza, Florencio Varela, Ituzaingo, Lanús, Lomas de Zamora, Luján, Pehuajó, Presidente Perón y Quilmes.

Pero hay otros municipios que optaron por aplicar la tasa vial como un monto fijo en pesos por cada litro de combustible vendido. Este modelo se diferencia del sistema porcentual porque el recargo permanece constante, sin importar las oscilaciones del mercado. Entre los ejemplos más destacados figura Chivilcoy, que cobra $12 por litro. Esta cifra representa el valor fijo más alto informado en la provincia de Buenos Aires y, en períodos de suba de los combustibles, su incidencia relativa disminuye, aunque el monto nominal sigue sumando al ticket final de cada carga.

En la provincia de Neuquén
En la provincia de Neuquén se cobra la mayor tasa vial reportada por la Jefatura de Gabinete.

En el caso de José C. Paz, la tasa se estableció en $30 por litro para todos los combustibles, salvo en GNC, que es $16. Este municipio también eligió el esquema de monto fijo, lo que implica que el recargo solo se modifica cuando el Concejo Deliberante actualiza el valor por ordenanza. Si el precio de los combustibles aumenta rápidamente, como ocurre tras la suba internacional del Brent, la tasa en pesos pierde peso relativo frente al porcentaje, aunque sigue representando un costo adicional para los automovilistas. Otro ejemplo es General Rodríguez, donde la tasa vial se ubica en $ 10 por litro. La decisión de estos municipios de aplicar montos fijos busca otorgar previsibilidad a la recaudación, pero requiere ajustes periódicos para evitar que la inflación erosione el impacto del tributo.

Los municipios que no cobran tasa vial, como Vicente López y Bahía Blanca, se ubican en el extremo opuesto del espectro. Allí, el precio final de la nafta y el gasoil es sensiblemente menor, lo que incentiva a automovilistas de distritos vecinos a trasladarse para abastecerse, siempre que la diferencia compense el gasto en combustible y tiempo de traslado. Esta ausencia de recargo municipal impacta en la competencia local entre estaciones de servicio, según lo informado por Infobae.

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El impacto de la tasa vial es directo en el bolsillo de los usuarios y se suma a otros componentes del precio, como los impuestos nacionales y provinciales. En municipios con recargos altos, la diferencia respecto de los distritos sin tasa puede alcanzar varios puntos porcentuales o cientos de pesos por operación. En un contexto de suba internacional del crudo y de inflación, el peso de la tasa municipal se vuelve un elemento central en la decisión de dónde cargar combustible.

La modalidad elegida por cada municipio responde a variables propias, como la necesidad de financiamiento, la estructura del presupuesto y las prioridades en materia de obras públicas. Algunos gobiernos locales justifican la aplicación de la tasa vial como un mecanismo para financiar mejoras en la red de caminos y calles, mientras que otros lo utilizan para reforzar partidas generales de la administración.



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