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ECONOMIA

Exportación de carne argentina a EE.UU.: por qué Trump amplió el cupo por fuera del acuerdo

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La exportación de carne argentina a Estados Unidos, tal como fue anunciada por el gobierno de Javier Milei, no figura en el Acuerdo de Comercio e Inversión entre Argentina y EE.UU. Lo que sí está, blanco sobre negro, es exactamente lo contrario: la cuota de 80.000 toneladas es para que ingrese la carne de Estados Unidos en nuestro país, pero el presidente Donald Trump firmó este viernes una proclamación que permite ese mismo cupo a la carne argentina.

El presidente Donald Trump finalmente publicó una «Proclamación«, que equivale a un decreto, equiparando la oferta y que fue publicado por la Casa Blanca.

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Señala que para el año 2026, la cantidad agregada dentro del cupo para carne «se incrementará en 80 000 toneladas métricas» y que «esta proclamación se aplicará únicamente a los recortes de carne magra». También señala que «las 80.000 toneladas métricas adicionales de esta proclamación se asignan en su totalidad a la Argentina».

El primer tramo de 20.000 toneladas se abrirá el 13 de febrero de 2026 y cerrará el 31 de marzo de 2026. El segundo tramo de 20.000 toneladas se abrirá el 1 de abril de 2026 y cerrará el 30 de junio de 2026. El tercero se abrirá el 1 de julio de 2026 y cerrará el 30 de septiembre, y el cuarto se abrirá el 1 de octubre de 2026 y cerrará el 31 de diciembre de 2026.

El presidente Trump fundamentó esta Proclamación en la sequía y la baja de producción de carne de los productores norteamericanos y en la alta demanda de ese producto.

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¿Por qué no lo plasmaron en el acuerdo? Porque Trump no tiene competencias administrativas para fijar cupos y aranceles y eso está discutido en el Congreso y en la Corte Suprema. Es decir, no podía ponerlo en un acuerdo bilateral de comercio e inversiones, pero si mediante un decreto.

Por qué Donald Trump amplió el cupo para la carne argentina por decreto

El problema, según las fuentes oficiales, consiste en que, si la Corte Suprma le deniega en febrero o marzo la competencia para fijar cupos y aranceles, se caería la exportación de carne argentina, pero igualmente quedaría en pie la importación de los bifes norteamericanos.

El anuncio del gobierno fue inexacto y bien podría ser desmentido por la nueva Oficina de Respuesta Oficial (ORO) que creó Javier Milei para «desmentir las operaciones y mentiras de los periodistas ensobrados». El cupo no figuró en el Acuerdo sino en un decreto de Trump.

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En rigor, esa fue la información que dio este jueves el canciller Pablo Quirno y difundió la Casa Rosada, con lo cual fue publicada de ese modo por todos los medios, confiados en que era la información oficial.

El célebre cupo de 80.000 toneladas de carne no es para que la Argentina exporte a EE.UU., sino para que Estados Unidos exporte carne a la Argentina, libre de aranceles, durante 2026, en cuatro tramos trimestrales de 20.000 toneladas. Eso surge del Anexo I, dedicado exclusivamente a los aranceles y contingentes que Argentina concede a productos originarios de Estados Unidos.

Carne con hormonas y un déjà vu europeo

El problema se agrava: Estados Unidos exporta carne con hormonas, prohibidas en Argentina y en la Unión Europea. Bruselas ya litigó este tema en la OMC, ganó y terminó compensando a EE.UU. con otros beneficios comerciales.

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Ahora, Argentina abre el mercado sin red sanitaria equivalente, aceptando certificados y autoridades estadounidenses como válidas.

El mismo esquema se replica con los 10.000 vehículos anuales que Argentina habilita a ingresar desde EE.UU., también en el Anexo I. A eso se suma una lista extensa: quesos, almendras, pistachos, fructosas, confitería, papas, vinos y más. Todo entra con cupo, cronograma y arancel reducido o cero. Todo concedido por Argentina, que hizo más concesiones que logros propios.

En Cancillería hicieron el conteo que nadie quiso difundir:

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  • 104 «shall» obligatorios para Argentina
  • 10 para Estados Unidos

Y no solo son más: son más profundos, más intrusivos y más estratégicos. En materia de aranceles existe una asimetría brutal. En los documentos del USTR (United States Trade Representative), de Jamieson Greer, el balance es demoledor:

  • Argentina concede 5.600 posiciones arancelarias, con 82% a arancel cero. El listado de esas posiciones ocupa las primeras 415 páginas del Schedule que se puede leer en la web de la USTR.
  • EE.UU. concede 950, con solo 36% en cero. Ese listado ocupa 77 páginas del documento alojado en la web del USTR.

Por añadidura, no se tocaron los aranceles al acero y al aluminio, que siguen pagando 50% para entrar en los Estados Unidos. Uno de los grandes objetivos de Milei quedó afuera, directamente no se abordó en el acuerdo. El Gobierno señaló que Estados Unidos se comprometía a analizarlo para más adelante. No es lo que dice el Acuerdo.

Regulaciones «americanizadas»

Argentina acepta, por otra parte, un conjunto de normas y regulaciones impuestas por Trump y Greer:

  • Normas técnicas, reglamentos, certificaciones y evaluaciones de EE.UU.
  • Organismos certificadores estadounidenses con trato nacional.
  • Eliminación de controles propios si Washington los considera «barreras».

Argentina acepta todo el sistema regulatorio de EE.UU. sin poner ningún reparo. EE.UU. no acepta el argentino. Fin del principio de reciprocidad.

Las medidas sanitarias deberán basarse en «ciencia«, es decir, en la ciencia validada por EE.UU. La Argentina se compromete a eliminar barreras que Washington considere injustificadas y no podrá firmar acuerdos con terceros que contradigan estas reglas.

También la Argentina se comprometió a un respeto a rajatabla por las patentes y la Propiedad intelectual de los medicamentos y agroquímicos de laboratorios extranjeros. El acuerdo protegerá a las Patentes, marcas, derechos de autor, sanciones civiles, penales y en frontera.

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Tal como anticipó iProfesional, esto obligará a la Argentina a ratificar acuerdos internacionales de patentes y derogar resoluciones de 2012 para que los laboratorios o empresas nacionales no puedan copiar inventos extranjeros.

Servicios, IVA y aduanas

En otros capítulos se fijó que la Argentina no podrá discriminar proveedores de servicios estadounidenses, ni aplicar IVA «en la práctica» de forma diferenciada, ni mantener trabas aduaneras, licencias ni controles previos. Todo debe ser rápido, digital y amigable para el exportador estadounidense.

En materia de Comercio digital, existirá un blindaje total a las empresas norteamericanas. La Argentina se auto-prohíbe:

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  • Crear impuestos digitales presentes o futuros.
  • Exigir código fuente, algoritmos o transferencia tecnológica.
  • Cobrar aranceles a transmisiones electrónicas.

También se les dará claros beneficios a todas las empresas «tech» norteamericanas y al mundo de Silicon Valley (Alphabet (Google), Amazon, Apple, Meta (Facebook) y Microsoft, X, Tesla, Starlink) con impuestos diferenciales y exenciones tributarias, o sea entran sin peaje y sin auditoría estructural. La soberanía digital queda archivada.

Seguridad económica: alineamiento automático. El Acuerdo deja de ser comercial y pasa a ser estratégico: la Argentina replica medidas de EE.UU. por «seguridad nacional», coordina sanciones, controles de exportación y revisiones de inversiones, no compra insumos nucleares a «ciertos países» (China, Rusia o Irán), y coopera en defensa, ciberseguridad y control tecnológico.

Más que un tratado de libre comercio, el Acuerdo es un alineamiento automático y geopolítico explícito. Inversiones y empresas estatales de otros países quedan afuera del alcance de la Argentina, se prohíbe a la Argentina hacer negocios o importar insumos de países que tengan trabajo forzoso. Esto podría convalidar el reclamo de Techint por dumping al quedar afuera de la licitación de Southern Energy (SESA) para un gasoducto de 500 kilómetros desde Vaca Muerta por haber sido superada en precio por la empresa india Welspun, que importa chapa de China, que tiene normas laborales flexibles.

El acuerdo consagra una apertura total de las inversiones norteamericanas en minería, minerales críticos, tierras raras, energía, telecomunicaciones e infraestructura. Las empresas estatales deben operar «como privadas». Subsidios se permiten solo si están en proceso de privatización y bajo vigilancia.

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El acuerdo no tendrá un tribunal, sino que se manejará con poder unilateral, donde no hay arbitraje y cada parte evalúa incumplimientos según su propia ley. Los EE.UU. tiene más herramientas. Los grandes ganadores son las Big Tech, la energía, minería y defensa de EE.UU, y Washington, que logra alineamiento sin tratado formal.

Los perdedores son la autonomía regulatoria argentina, la política industrial y digital futura, la flexibilidad geopolítica.

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Conflicto en Medio Oriente: qué pasará con el precio del petróleo y cómo impactará en Argentina

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Por el Estrecho de Ormuz transita cerca del 20–25 % del petróleo mundial en dirección a mercados de Asia, Europa y América (Movant Connection)

La estabilidad del mercado energético global se encuentra hoy supeditada a una franja marítima de apenas tres kilómetros de ancho. El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente, con Irán e Israel como protagonistas directos, ha vuelto a poner bajo la lupa al Estrecho de Ormuz. Esta vía, fundamental para el tránsito de aproximadamente 20 millones de barriles diarios de crudo y refinados, además del Gas Natural Licuado (GNL) proveniente de Qatar, es el epicentro de una tensión que amenaza con reconfigurar el tablero económico mundial.

Especialistas consultados por Infobae coinciden en que, aunque la interrupción total del paso es un escenario extremo, la sola posibilidad de un bloqueo o el encarecimiento de la logística ya están operando sobre los precios. La combinación de ataques a instalaciones estratégicas y el aumento de los costos de seguros perfila un horizonte de volatilidad que podría llevar al Brent a quebrar la barrera de los tres dígitos.

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Para Emilio Apud, ex secretario de Energía de la Nación, la situación actual presenta dos niveles de impacto. El primero es el “efecto especulación”, donde el precio sube por cobertura de riesgo ante la incertidumbre. El segundo, mucho más severo, sería el impacto real de un bloqueo físico.

“En el Estrecho de Ormuz hay una franja de tres kilómetros de ida y de vuelta donde pueden pasar los grandes barcos tanque. Con que se hunda un barco en uno de los dos canales, se genera un problema tremendo”, explicó Apud. Según el experto, la infraestructura de ductos existente no es suficiente para reemplazar el volumen que quedaría varado. Sin esta vía, los buques deberían desviar su ruta hacia el norte, rodeando el continente para ingresar por el Canal de Suez, lo que añadiría al menos dos semanas de viaje y un incremento sustancial en los costos operativos.

Para los especialistas, el cierre
Para los especialistas, el cierre del estrecho de Ormuz podría llevar el precio del barril de petróleo por arriba de los USD 100

Pese a la gravedad del escenario, Apud considera que un bloqueo prolongado es poco probable debido a los intereses en juego, especialmente los de Estados Unidos. “A Estados Unidos lo que menos le interesa es que se dispare el petróleo y la inflación. Irán tampoco puede permitirse tener una fragata cortando el paso por mucho tiempo”, señaló, añadiendo que el principal interesado en mantener los precios estables es el propio Donald Trump. No obstante, fue tajante en su advertencia: “Si el estrecho efectivamente se bloquea de forma total, el barril superará ampliamente los USD 100”.

Desde una perspectiva técnica, Matías Togni, analista de la consultora Next Barrel, advierte que el cierre del estrecho puede ser “virtual” antes que físico, impulsado por el sector financiero y de seguros. “Lo que sube mucho es la prima de riesgo de los barcos petroleros y eso hace que, aunque haya tráfico, se den avisos de frenar las operaciones”, indicó.

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La industria evalúa actualmente que una demora de apenas cuatro o cinco días en el tráfico hacia Asia —donde China e India son los principales compradores— generaría un estrangulamiento de la oferta. Togni estima una consecuencia inmediata: una suba del petróleo de casi el 5%, situándolo en torno a los 80 dólares por barril, niveles que no se registraban desde abril de 2025.

A diferencia de crisis anteriores, el analista destaca que la táctica de Irán de presionar a sus vecinos mediante bombardeos introduce una variable nueva y peligrosa. “Puede haber instalaciones, terminales o tanques comprometidos. Si la guerra escala a nivel regional, los precios elevados podrían mantenerse durante más tiempo. La clave es la duración de este conflicto, que parece ser diferente al escenario del año pasado”, analizó Togni.

Paradójicamente, la crisis en Medio Oriente presenta una “cara positiva” para la economía argentina, aunque matizada por los riesgos inflacionarios domésticos. En diálogo con este medio, los expertos señalaron que el país se encuentra en una posición particular debido al crecimiento de su capacidad exportadora de crudo proveniente de la cuenca neuquina.

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Emilio Apud destacó que un aumento en el precio internacional “aumenta el flujo de caja a las petroleras que están exportando”. Actualmente, el crudo local se vende al exterior a un valor cercano a los USD 70 por barril. Un salto en la cotización internacional podría, en consecuencia, potenciar y acelerar los procesos de inversión en Vaca Muerta, al mejorar la rentabilidad de los proyectos no convencionales.

La mejora en la rentabilidad
La mejora en la rentabilidad de las petroleras exportadoras podría acelerar las inversiones en Vaca Muerta

Por su parte, Matías Togni identificó lo que denomina un “doble beneficio” para el sector local. Hasta hace pocas semanas, el mercado global presentaba una sobreoferta que obligaba al petróleo argentino —y al de la región, como el brasileño— a venderse con un descuento de entre el 3% y el 4% respecto al Brent.

“Además de aumentar el precio del Brent por la tensión bélica, el conflicto también levantará parte o la totalidad de ese descuento que aplicaba el país para vender su petróleo en el extranjero”, explicó el analista de Next Barrel. De este modo, Argentina no solo ganaría por el aumento del precio base, sino por la valorización relativa de su crudo frente a un suministro global amenazado.

Sin embargo, esta mejora en los ingresos por exportaciones tiene su contraparte en el mercado interno. En una economía con alta inflación como la argentina, cualquier movimiento ascendente en el precio del petróleo presiona los costos de toda la cadena económica.

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Apud aclaró que el precio del crudo no se traslada de forma total al valor que el usuario paga en la estación de servicio: “El petróleo forma parte del 40% del precio final del combustible”. Aun así, el impacto es ineludible. Un barril más caro encarece el transporte de cargas y pasajeros, lo que genera un efecto cascada sobre los precios de los productos básicos.

En conclusión, mientras que para la industria petrolera local y el ingreso de divisas el conflicto en el Golfo Pérsico actúa como un catalizador de inversiones, para el bolsillo del consumidor argentino representa un nuevo factor de presión inflacionaria. La duración de la tensión en Ormuz determinará si Argentina logra capitalizar los beneficios de Vaca Muerta o si el costo de la energía importada y el aumento de los combustibles terminarán opacando las ventajas de la coyuntura internacional.

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ECONOMIA

La crisis secreta de ChatGPT: el agujero de u$s 14.000 millones que divide a Wall Street

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La inteligencia artificial se ha convertido en la obsesión principal de los mercados globales durante los últimos años. OpenAI, la empresa liderada por Sam Altman, se posiciona como el estandarte de esta transformación tecnológica sin precedentes. Sin embargo, detrás del brillo de ChatGPT se esconde una realidad financiera que asusta a los inversores más conservadores.

El crecimiento de la compañía ha sido meteórico en términos de usuarios y de impacto cultural. Logró hitos de ingresos que a gigantes como Google o Facebook les tomó casi una década alcanzar. No obstante, la velocidad de su expansión solo es superada por la velocidad a la que consume su capital.

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Esta dinámica plantea un interrogante fundamental para quienes siguen de cerca las finanzas tecnológicas mundiales. ¿Es OpenAI una máquina de generar valor o un incinerador de billetes a gran escala? La respuesta a esta pregunta puede determinar el futuro de la industria digital en la próxima década.

El «agujero negro» de 2026: números que queman

Análisis financieros recientes revelan que OpenAI estima pérdidas operativas de u$s14.000 millones para 2026. Esta cifra representa casi el triple de lo que la empresa espera perder durante el presente ejercicio. Es un volumen de saldo negativo que no tiene comparación con otros inicios de startups tecnológicas.

A pesar de que sus ingresos anuales ya superan los u$s12.000 millones, los gastos crecen de forma exponencial. La empresa proyecta que el flujo de caja negativo acumulado podría llegar a u$s115.000 millones hacia finales de 2029. Solo entonces, según sus propios cálculos, podrían empezar a ver la luz al final del túnel.

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Muchos analistas comparan esta trayectoria con empresas como Uber o Amazon en sus comienzos. Pero aquí hay una diferencia decisiva: OpenAI requiere una infraestructura física muchísimo más costosa para operar cada día. No son solo programadores: es hardware, energía y capacidad de cómputo sin techo.

El mercado observa con asombro cómo una empresa puede valer u$s150.000 millones mientras pierde fortunas. La valoración descansa en una promesa: que la Inteligencia Artificial General transformará la economía mundial. Si esa promesa se cumple, las pérdidas actuales podrían verse como «inversión» en el futuro.

Por qué los costos de entrenamiento son astronómicos

Entrenar un modelo de lenguaje de última generación no es sencillo ni barato. Cada nueva versión requiere procesar volúmenes mayores de datos en servidores extremadamente potentes. OpenAI gasta miles de millones solo en alquilar capacidad de cómputo en la nube de Microsoft.

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Los chips especializados, las GPUs —fabricadas principalmente por Nvidia—, tienen precios prohibitivos. Una sola unidad puede costar lo mismo que un auto de gama alta, y OpenAI necesita decenas de miles operando en simultáneo las 24 horas.

Además del hardware, el consumo eléctrico de los centros de datos es otro factor crítico. Se estima que para 2030 estas instalaciones podrían consumir más electricidad que varios países pequeños combinados. Es un costo fijo enorme que existe haya o no más suscriptores.

A esto se suma la guerra por el talento: salarios inéditos. Un ingeniero experto puede cobrar remuneraciones anuales de siete cifras. OpenAI compite contra Google y Meta, lo que encarece y tensiona la carrera por investigadores estrella.

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El veredicto de J.P. Morgan

Los bancos de inversión mantienen posiciones encontradas. J.P. Morgan se muestra optimista y respalda el gasto. Para su visión, el capex se justifica por los saltos de productividad que habilita la IA.

Según sus analistas, no es una burbuja como la del 2000: a diferencia de las puntocom, las compañías de IA ya generan ingresos reales. La monetización ocurre mientras se construye la infraestructura.

Kristin Lemkau advierte que hay riesgos de entusiasmo excesivo, pero sostiene que la transformación es real. El banco ve oportunidades en toda la cadena: desde fabricantes de chips hasta plataformas de software. Para ellos, OpenAI marca el ritmo de una nueva era económica.

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Esta postura sugiere que el mercado seguirá financiando a la empresa pese a sus balances rojos. El respaldo de los grandes capitales es el combustible de la maquinaria de Sam Altman.

Morgan Stanley y el temor a una estructura frágil

En la otra vereda, Morgan Stanley plantea dudas sobre la sostenibilidad. Señalan que la dependencia del mercado de deuda podría esconder riesgos sistémicos. Muchas inversiones podrían convertirse en «capital varado» si la rentabilidad no llega.

El banco advierte que el costo de mejorar modelos crece más rápido que los ingresos. Afirman que cuesta cinco veces más energía y dinero hacer un modelo apenas el doble de inteligente. Esta lógica de rendimientos decrecientes sería una amenaza central.

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Otro problema potencial: límites de infraestructura eléctrica. Si no hay energía suficiente, la expansión se frena. Ese cuello de botella físico no se arregla con ingeniería financiera.

Para este enfoque, existe el riesgo de que OpenAI termine como un incinerador de efectivo permanente. Si la adopción corporativa no acelera, el flujo de caja negativo sería insostenible.

Cómo invertir en este activo desde la Argentina

Muchos ahorristas argentinos se preguntan cómo participar. OpenAI es privada, así que no se pueden comprar acciones directas. Pero existe una vía indirecta a través de CEDEARs.

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La ruta más directa es el CEDEAR de Microsoft (MSFT), socio principal y con participación relevante en beneficios económicos futuros. Invertir en Microsoft es, en la práctica, exponerse al motor detrás de ChatGPT.

Otra opción es Nvidia (NVDA), proveedora del hardware clave. Sin sus chips, los modelos no se entrenan ni escalan. Es la estrategia clásica de «vender palas» en una fiebre del oro.

También existen ETFs que agrupan empresas del sector y permiten diversificar riesgo. Se compran en pesos desde un broker local, brindando exposición a IA sin depender de una sola firma.

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El dilema del futuro: ¿Riesgo u oportunidad histórica?

A pesar de las pérdidas proyectadas, el potencial transformador sigue siendo enorme. OpenAI apuesta a que su tecnología sea indispensable para empresas y hogares. Si lo logra, la rentabilidad llegaría por economía de escala.

El riesgo de burbuja existe cuando las valuaciones suben tan rápido. Goldman Sachs cree que los precios se respaldan en un crecimiento sólido. Pero la historia muestra que el mercado corrige excesos.

Para el inversor argentino, el desafío es equilibrar ambición y preservación. Nunca es recomendable concentrar todo en un solo sector. La diversificación sigue siendo la regla de oro.

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OpenAI seguirá en portada por sus avances y por sus números rojos. El camino a la rentabilidad será largo y caro, con obstáculos técnicos y regulatorios. Solo el tiempo dirá si Sam Altman es el nuevo genio de las finanzas o un soñador costoso.

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ECONOMIA

El valor de mercado de OpenAI se disparó después de recibir una histórica de inversión: cuántos millones vale

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El logotipo de OpenAI (REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración)

OpenAI anunció ayer que cerró una ronda de financiación récord por USD 110.000 millones a una valoración de USD 730.000 millones, sin incluir el capital recaudado, lo que impulsa la costosa apuesta del creador de ChatGPT por asegurar mayor capacidad de cómputo y talento para el desarrollo de inteligencia artificial.

Amazon invertirá USD 50.000 millones en la ronda, informó OpenAI el viernes, con diferencia la mayor suma que el gigante del comercio electrónico ha destinado a una sola empresa. SoftBank Group y Nvidia aportaron USD 30.000 millones cada una, señaló la compañía.

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OpenAI y su rival Anthropic han intensificado este año sus rondas de financiación para respaldar costosas apuestas en chips y centros de datos que sostienen su software de inteligencia artificial. Cada vez más, ambas startups han recurrido a un grupo coincidente de fondos de capital de riesgo e inversionistas de grandes tecnológicas.

Anthropic es el principal rival
Anthropic es el principal rival de OpenIA (REUTERS/Dado Ruvic/Illustration/File Photo)

La fuerte inversión de Amazon, patrocinador de Anthropic desde hace mucho tiempo, también estrecha su relación con OpenAI. Como parte del acuerdo, OpenAI utilizará la línea de chips propios de inteligencia artificial de Amazon, llamados Trainium, y desarrollará conjuntamente modelos personalizados para los equipos de ingeniería de la compañía. Además, OpenAI destinará USD 100.000 millones adicionales a Amazon Web Services (AWS) durante los próximos ocho años. En noviembre, ambas empresas anunciaron un acuerdo por el cual el desarrollador de modelos utilizaría unos USD 38.000 millones en servicios de AWS a lo largo de siete años.

Microsoft, uno de los mayores patrocinadores previos de OpenAI y anteriormente su socio exclusivo de infraestructura, afirmó que su relación con el desarrollador se mantiene sólida. “Nada de los anuncios de hoy cambia en modo alguno los términos de la relación entre Microsoft y OpenAI”, indicaron las compañías en un comunicado conjunto el viernes.

El CEO de Anthropic, Dario
El CEO de Anthropic, Dario Amodei (REUTERS/Bhawika Chhabra)

Anthropic recaudó USD 30.000 millones en una ronda de financiación a comienzos de este mes de inversionistas que incluyeron a Nvidia y Microsoft. La operación valoró a Anthropic en USD 380.000 millones, incluyendo el capital captado.

Los compromisos de financiación representan el ejemplo más reciente de acuerdos circulares entre las principales startups de inteligencia artificial y proveedores de chips y computación en la nube. Estos vínculos buscan garantizar que el sector pueda satisfacer sus enormes necesidades de infraestructura, aunque el riesgo es que tales acuerdos amplifiquen las pérdidas si la demanda de IA no alcanza las elevadas expectativas actuales.

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Ayer también se supo que el presidente Donald Trump ordenó a las agencias del gobierno estadounidense que dejaran de usar los productos de Anthropic, culminando una disputa entre el gigante de la inteligencia artificial y el Pentágono sobre las salvaguardas de su tecnología.

Trump dijo el viernes que habrá un “período de eliminación gradual” de seis meses para las agencias, incluido el Departamento de Defensa, que utilizan los productos de Anthropic.

“Los izquierdistas desquiciados de Anthropic han cometido un error desastroso [estas dos últimas palabras en mayúsculas] al intentar presionar al Departamento de Guerra y obligarlo a obedecer sus Términos de Servicio en lugar de nuestra Constitución”, publicó el presidente en redes sociales.

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“Por lo tanto, ordeno a todas [mayúsculas] las agencias federales del gobierno de EEUU que cesen inmediatamente [mayúsculas] el uso de la tecnología de Anthropic”, agregó el mandatario.

Con información de la agencia Bloomberg



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