ECONOMIA
Ganadores y perdedores del nuevo dólar, que apunta al medio de la banda y sin intervención del BCRA

Como suele ocurrir en el boxeo, el primer round del nuevo tipo de cambio flotante fue «de estudio», con los contendientes tratando de no arriesgar demasiado y ver cómo se acomoda el rival. En la jerga financiera, a ese tiempo de espera se lo llama «price discovery» y es lo que está caracterizando a estas primeras jornadas post cepo.
Se notó ya desde el viernes pasado en el comercio -en especial en los sectores que manejan insumos importados- donde muchos proveedores dejaron en suspenso sus listas de precios hasta ver en qué valor se estabiliza el tipo de cambio. Y otros que habían reajustado sus precios por encima del 20% -lo que implicaba un dólar cerca del techo de la banda- no tuvieron mucha demanda de su producto.
En el mercado financiero, todos fueron motivos de festejo para el Gobierno, que no disimuló su alivio. Como se esperaba, los diversos tipos de cambio tienden al punto medio de la banda, lo cual deja una primera visión respecto de quiénes fueron los ganadores y quiénes los perdedores del nuevo esquema.
Es claro que el primer ganador es el propio Banco Central, que el lunes informó «sin intervención» luego de la jornada del viernes con su récord de u$s398 millones vendidos. Es, desde el punto de vista del gobierno, una potente señal al mercado en el sentido de que terminó la sangría de reservas que se estaba viviendo desde hacía dos meses.
Dado que el acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional permite que el BCRA intervenga incluso dentro de la banda cuando se den situaciones de volatilidad no habitual, se había generado cierta expectativa de que Santiago Bausili pudiera echar mano a su nueva billetera de dólares para marcar el nivel en el que pretendía que se estabilizara la paridad. Sin embargo, la convergencia se produjo sin sacrificio de reservas.
Entre el blue a pérdida y el nuevo rulo
El primer puesto entre los perdedores es para los minoristas que el viernes pasado compraron el blue a $1.365. Tras la liberación del cepo, el billete se cotizó a $1.230 en las principales entidades de plaza, lo que implica que sufrieron una pérdida de capital instantánea de 9,8%.
Para los bancarizados que compraban el dólar en su versión MEP, la opción lógica sería ahora comprar al tipo de cambio de los bancos, que cotiza más barata. Quienes el viernes habían pagado $1.333 se encontraron que esa operación les hizo perder un 7,7%. Sin embargo, quedó un consuelo para los más rápidos: aprovechando que se eliminó el «parking» en la operatoria de bonos, quedó margen para hacer un «rulo» consistente en comprar a la cotización bancaria y luego vender en el MEP, con una pequeña ganancia -que en un momento de la jornada llegó a ser del 3% y luego se fue angostando-.
Los analistas prevén que la posibilidad de hacer ese negocio terminará muy rápidamente, por efecto del inexorable arbitraje: el MEP tenderá al mismo valor que el dólar bancario precisamente por el aumento de la oferta que surge del citado «rulo».
El «contado con liquidación» también cae con fuerza, aunque se prevé que mantendrá su tradicional spread por encima del MEP -en situaciones de calma del mercado suele ubicarse en 1%- dado que ese costo es el precio que los inversores están dispuestos a pagar para dejar las divisas en una cuenta bancaria del exterior.
Entre los ganadores, los mayores festejos -al menos por ahora- están entre quienes se habían protegido de una suba del tipo de cambio oficial, cuya cotización respecto del viernes saltó un 11%. Una de esas herramientas había sido el bono dólar linked: aun cuando el título tiene una tasa negativa de 1,98%, igual compensaría a los inversores si para junio se mantiene el dólar mayorista encima de $1.110. Aunque los más entusiastas en el gobierno hablan sobre un derrumbe del dólar cuando empiecen a entrar las divisas del agro, la mayoría de los analistas creen que lo más probable es que la cotización quede estabilizada en un valor no inferior a $1.200.
Milei apura al campo
En el plano del comercio exterior, ocurrió lo previsible: a los importadores se les encareció la operatoria -11% en la primera jornada- mientras que a los exportadores les mejoró el ingreso. En el caso de los del sector agrícola que recibían el tipo de cambio «blend» -que hasta el viernes pasado se ubicaba en $1.128-, hubo una mejora acotada. De momento lo que embolsarán por sus ventas será un 6,2% más alto que la semana pasada.
Por cierto que se trataba de un efecto que todos daban por descontado, y es por eso que en las últimas semanas se había constatado un apuro de los importadores por adelantar compras y asegurarse un stock, mientras que en el campo se daba el fenómeno inverso y las exportaciones se ralentizaron, aun cuando todavía quedan 7 millones de toneladas de soja de la cosecha anterior guardados en los silobolsas.
Y, como siempre, la gran interrogante en el mercado es si con el nivel de dólar que se vio el lunes los productores verán un atractivo para la venta o si aguardarán a ver un tipo de cambio más alto. El presidente Javier Milei recordó que la rebaja temporaria de las retenciones -que en enero bajaron del 33% al 26% para la soja- mantiene su fecha de finalización en junio, por lo que resulta conveniente no demorar las ventas.
La afirmación del presidente generó críticas entre los productores, que consideraron esas declaraciones como una presión similar a la que sufrían durante las gestiones peronistas y que se dedicaron durante toda la jornada a poner en cuestión la vocación liberal de Milei.
Son esos mismos productores que reaccionaron ofendidos cuando en febrero pasado desde el propio gobierno les dieron la sugerencia de que había que aprovechar los precios relativamente altos del mercado internacional para vender toda la soja y colocar los pesos a «hacer carry trade», aprovechando la tasa alta.
La nueva cuenta de la soja
En todo caso, lo cierto es que en el campo son momentos de rehacer las cuentas. Por motivos estacionales, los expertos dan por descontado un incremento de las liquidaciones, dado que se está levantando la cosecha gruesa y hay dificultades logísticas para el acopio.
Además, en esta época del año están venciendo obligaciones financieras de productores que habían tomado financiación para sobrellevar los momentos de sequía.
No hay un consenso entre los expertos del negocio agrícola sobre cuál sería la cotización ideal para vender. El factor clave a considerar es que, así como los productores tienen ingresos dolarizados, también tienen costos que se rigen por el dólar, como la urea, los herbicidas y la maquinaria. O sea, no necesariamente un dólar muy alto implica una mejora en la rentabilidad.
Hasta la semana pasada, la brecha del 25% existente entre el tipo de cambio oficial y el «contado con liqui» impactaba sobre la ecuación de negocio del agro. Una vez descontadas las retenciones, liquidados los dólares el cambio oficial y luego recomprados en el paralelo, el resultado era que el productor apenas lograba retener un 62% del precio internacional que cotiza en Chicago. Ahora, esa diferencia cambiaria entre el cambio oficial y el CCL comprimió, de manera que lo que le queda al productor es un 70% del precio Chicago.
Entre los factores que pueden incentivar la venta, además, está el factor internacional, dado que el «efecto Trump» por la disputa arancelaria está golpeando los precios de las materias primas. Como el mercado asiático es el principal comprador de soja y sus derivados, podría haber una presión bajista sobre los precios. De hecho, hace meses que los consultores del sector agrícola intentan convencer -no con mucho éxito- a los productores de asegurarse el precio ante la perspectiva a una baja a futuro.
La pulseada por las tasas
Hay todavía algo de incertidumbre respecto de cómo evolucionará el mercado de las tasas en pesos, ahora que se abandonó oficialmente el congelamiento de la base monetaria amplia.Los analistas, tras los anuncios del viernes, habían insinuado que debería haber una suba de tasas como para rearmar el carry trade y asegurar un atractivo a las inversiones en moneda nacional para que no se repita una presión desmedida sobre el techo de la nueva banda.
Un reporte de la gestora de fondos SBS afirmaba que en el contexto de relajamiento de las restricciones cambiarias «esto implicará una mayor tasa de incremento de los stocks de deuda en pesos del Tesoro».
Por su parte, la consultora Analytica pronostica que «el crédito se encarecerá, ya sea por suba de los encajes bancarios o por un aumento de la tasa de interés».
El primer efecto se vio en las remuneraciones a los ahorristas de plazo fijo, con el Banco Nación tomando la delantera: llevó la tasa nominal anual desde el 29,5% hasta el 37%. Y la decisión se interpretó no sólo como una respuesta al nuevo esquema cambiario, sino también al sorpresivo repunte inflacionario después del 3,7% que dejó el IPC de marzo.
Sin embargo, desde el gobierno dieron a entender que tienen la expectativa de una caída en el mediano plazo. Por ejemplo, Felipe Núñez, uno de los ideólogos del plan de «las tres anclas», opinó: «con la recapitalización del BCRA y el nuevo esquema cambiario, es de esperar que las tasas reales y nominales compriman fuertemente».
Desde ese punto de vista, la nueva banda cambiaria debería disipar los temores a una devaluación brusca -que era lo que reflejaba el mercado de futuros la semana pasada– y por lo tanto las tasas de cobertura deberían reflejar ese nuevo escenario de estabilidad. Además, la expectativa es que los bonos soberanos suban su cotización, llevando así a una caída en el índice de riesgo país.
Pero, de momento, ese escenario de tasas en declive está por verse. De hecho, el mercado de futuros mostró aumentos de los contratos hasta junio, con caídas de tasas para el segundo semestre. La posición a octubre -la primera posterior a las elecciones legislativas- cayó hasta una cotización de $1.410. Implica una expectativa de suba del dólar de 17% acumulado en un período de seis meses teñidos por la campaña electoral.
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ECONOMIA
Bitcoin: cómo le fue a la mayor criptomoneda en el ultimo año y qué se espera para el 2026

A lo largo del último año, el desempeño de Bitcoin (-6%, a USD 87.800) fue uno de los más volátiles. La criptomoneda alcanzó un récord histórico durante el ciclo 2025 (USD 126.188 el 6 de octubre), pero finalizó con saldo negativo en el balance de doce meses. Analistas atribuyeron este desenlace al endurecimiento de las condiciones financieras, la reducción de liquidez y el cierre de posiciones apalancadas a nivel global. El segmento cripto mostró así su dependencia del contexto monetario internacional.

Las divisas digitales serán un foco de atención durante este año; las iniciativas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el desarrollo de nuevos modelos de inteligencia artificial fungirán un papel importante en la cotización de estos activos. Después del lanzamiento del nuevo modelo de IA chino, DeepSeek, BTC y otras criptos cayeron en la mayoría de los mercados de valores.
La inflación mundial, un problema familiar para los argentinos, volvió a ocupar el centro de la escena en 2025. La búsqueda de alternativas para resguardar ahorros ante la pérdida de valor del dinero reavivó el debate sobre el rol del dólar y el surgimiento de los activos digitales. Por décadas, los argentinos recurrieron al dólar estadounidense como refugio, pero la reciente inflación en Estados Unidos sumó incertidumbre sobre la moneda norteamericana.
En este contexto, se observa un cambio en el comportamiento de los inversores argentinos. De acuerdo con un relevamiento realizado por Bitget, uno de los principales exchanges de criptomonedas a nivel global, entre el 17 y el 28 de noviembre, el 44% de los encuestados que invierten en criptomonedas lo hace atraído por el potencial de altos rendimientos. Este dato marca una diferencia respecto a periodos anteriores en los que el 40% de los usuarios elegía estos activos como protección contra la inflación. El informe refleja una transformación en la percepción de los criptoactivos, que pasaron de ser vistos principalmente como resguardo de valor a representar una opción de inversión de riesgo y oportunidad.
Consultados sobre las perspectivas de Bitcoin y el futuro del mercado para 2026, los especialistas coinciden en que el desarrollo estará condicionado por factores como los flujos institucionales, las políticas monetarias globales y eventuales cambios regulatorios en los principales mercados.
“Al mirar hacia 2026, vemos que la industria de los activos digitales está entrando en una nueva fase crucial. La industria se define no solo por su crecimiento, sino por una integración más profunda en el sistema financiero global y por una dinámica de mercado más madura. El año pasado mostró un cambio fundamental en el perfil de los poseedores de Bitcoin que señala un paisaje de mercado en transformación. A diciembre de 2025, el Bitcoin mantenido en exchanges ha caído a su nivel más bajo en cinco años -2,94 millones de Bitcoin- mientras que las tenencias por parte de empresas públicas y ETF continúan aumentando, superando ahora los 2,5 millones de Bitcoin combinados», evaluó Richard Teng, Co-CEO de Binance.
“Esta migración de la propiedad minorista a la institucional es más que una estadística. Marca un punto de inflexión que podría reducir la volatilidad, moderar las oscilaciones especulativas de precios y suavizar la severidad y duración de futuros mercados bajistas. En otras palabras, podríamos estar avanzando hacia ciclos de mercado menos pronunciados, reflejando una clase de activos más estable y madura», señaló Teng.
Desde Bitget explicaron que el Bitcoin mantiene bases sólidas gracias a la incorporación de nuevas instituciones, lo que le otorga mayor estabilidad a largo plazo. No obstante, advierten que el escenario presenta una elevada volatilidad, con movimientos abruptos en el precio tanto al alza como a la baja.
La evolución de los activos digitales, en particular de Bitcoin, seguirá de cerca las dinámicas macroeconómicas y regulatorias internacionales, manteniendo la atención de los inversores argentinos ante un panorama de incertidumbre global.
“El Bitcoin continúa siendo la criptomoneda más reconocida y, pese a su elevada volatilidad, muchos inversores lo consideran un activo especulativo con potencial de crecimiento en el largo plazo. Su precio ha atravesado fuertes subidas y caídas, por lo que se lo suele destinar solo a una pequeña proporción del portafolio de inversores con alta tolerancia al riesgo. Se habla de que 2026 va a ser un mal año para las criptomonedas en general, pero los especialistas mencionan que puede ser buen momento para ‘acumular’, lo que significa ir haciendo pequeñas compras a lo largo del tiempo», comentó Ariel Mamani, fundador de InverArg.
REUTERS/Dado Ruvic/Illustration/File Photo/File Photo
“Si bien el precio de Bitcoin se mantiene en torno a los 90.000 dólares por unidad, cualquier ahorrista puede comprar ‘satoshis’ que son partes mínimas de Bitcoin. El monto mínimo depende de la plataforma que se utilice, pero en general ronda los 1.000 pesos. Para todo ahorrista e inversor es importante destacar que toda inversión conlleva un riesgo. Las inversiones más conservadoras, típicas y tradicionales para el argentino como el plazo, fijo tienen casi garantía de pago, pero tienden a perder contra la inflación”, agregó.
El Bitcoin, la primera moneda virtual lanzada al mercado, fue creado por un inversor bajo el pseudónimo de Satoshi Nakamoto en 2008 tras la crisis financiera mundial; esta divisa digital tenía como base un ideal libertario y buscaba poner en jaque a las instituciones monetarias y financieras tradicionales.
Conocido en el mundo de los mercados bajo las siglas BTC, el Bitcoin utiliza la criptografía para garantizar que su gestión sea descentralizada, es decir, que no pueda ser regulado por ninguna institución u organismo bancario, lo que a su vez hace que las criptomonedas sean volátiles.
Pese al avance y alcance que ha tenido el Bitcoin y otros activos digitales de gran talla como Ethereum, organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aún se muestran dudosos sobre los “pros” de este tipo de criptomonedas.
La victoria electoral de Trump significó un movimiento positivo para las principales criptomonedas del mercado. A finales de 2024, el Bitcoin registró un nuevo máximo histórico que logró superar los 107.000 dólares por unidad, después de que el presidente estadounidense reiteró su idea de crear una reserva estratégica de la criptodivisa en Estados Unidos. La tendencia alcista se ratificó a lo largo de 2025, aunque el 14 de noviembre último rompió el piso de los USD 100.000, que no consiguió recuperar.
La cotización de la criptomoneda Bitcoin para este jueves 1 de enero alcanzaba los USD 87.853 dólares. Esto quiere decir que la moneda digital reportó un cambio de -0,9% en el último día. Por su nivel de capitalización, esta moneda digital ocupa la posición número 1 entre las más populares.
El Bitcoin vino rompiendo nuevos máximos históricos y reafirmándose como la criptomoneda más importante en el mercado, con un valor total de token en circulación de 1,755 billones de dólares. Este récord se obtuvo en medio de un flujo sin precedentes de inversiones hacia las criptomonedas, un acontecimiento notable para el sector financiero digital.
El aumento en el valor de Bitcoin ocurrió en un contexto donde hay un entrante masivo de capital hacia las criptomonedas, lo que indica un creciente interés y confianza de los inversores en estos activos. La subida del precio beneficia no solo a bitcoin sino que también tiene un impacto positivo en el mercado de las criptomonedas en general, favoreciendo una mayor estabilidad y visibilidad, de acuerdo a un análisis de Bloomberg.
Expertos justificaron este aumento a diferentes factores, como la adopción institucional de las criptomonedas en las principales economías, la búsqueda de alternativas de inversión debido a la incertidumbre económica mundial y la innovación continua en la tecnología blockchain que respalda a bitcoin y otras divisas digitales. Esta combinación de factores ha creado un entorno propicio para el crecimiento continuo en el valor de Bitcoin y otras emisiones virtuales.
Europe
ECONOMIA
Se liberaron u$s20.000 millones del blanqueo y en la City crece el optimismo por su impacto

Este 1 de enero se liberaron unos u$s20.000 millones: los fondos de hasta u$s100.000 que ingresaron al blanqueo de capitales que se realizó en 2024 debían permanecer hasta el cierre de 2025 en las cuentas especiales bancarias o de inversión para evitar pagos de alícuotas. Desde este viernes, si así lo desean, podrán sacarlos nuevamente del sistema financiero local para enviarlos al exterior, hacer transacciones en «negro» o volver a guardarlos «debajo del colchón».
Si bien es muy complejo anticipar qué harán exactamente las personas a partir de este viernes (primer día hábil tras la caducidad de la normativa), en el mercado coinciden en que la mayoría mantendrá los fondos en el sistema financiero, ya sea en posiciones bursátiles en las que ya están o nuevas decisiones de inversión en inmuebles o bienes durables.
La expectativa se basa en la mayor confianza del mercado tras el contundente triunfo de Javier Milei en las elecciones legislativas de octubre. De hecho, desde entonces, se observa un desplome en la demanda de dólares para atesoramiento y el incremento que se registra en estos días está vinculado principalmente con los viajes al exterior durante las vacaciones de verano.
Por qué no hay incentivos para retirar los fondos del sistema
No hay incentivos para retirar los fondos del sistema: en este lapso, los que ingresaron al blanqueo no se vieron perjudicados de ninguna manera. Incluso, los que utilizaron los fondos para invertirlos en acciones o bonos argentinos en dólares se beneficiaron de la fuerte valorización de esos activos durante el último año, especialmente tras el triunfo electoral de Milei en octubre, lo que incentiva a mantener la inversión por un tiempo más.
«De esos u$s20.000 millones que se liberan del blanqueo, creo que la mayoría va a quedar dentro del sistema financiero. Unos u$s9.000 millones están invertidos en acciones argentinas, bonos soberanos en dólares y Obligaciones Negociables (ON), mientras que menos de u$s1.000 millones están en fondos de inversión. En promedio, estimo que todo ese blanqueo tiene una rentabilidad de más del 20% anual en dólares», calcula el analista financiero Gastón Lentini en diálogo con iProfesional.
De acuerdo con Lentini, más allá de las fluctuaciones, las fuertes ganancias acumuladas incentivan a mantener los montos invertidos en el mercado bursátil, aunque advierte que volver a lograr ganancias similares en un año sería un objetivo muy optimista. Por fuera de Argentina, destaca, el índice S&P 500 rinde 10% anual y acciones de empresas como Berkshire, de Warren Buffett, proyectan ganancias de 20% a largo plazo, aunque contienen riesgos.
«La liberación de más de u$s20.000 millones del blanqueo en cuentas CERA reabre una cuestión fundamental sobre la importancia de ingresos y salidas de fondos en el mercado de capitales. En 2024, el blanqueo generó un ingreso extraordinario que resultó claramente alcista para los activos locales, con impulso en los precios de los distintos bonos en dólares, además de sostener al mercado cambiario. Ahora, con la liberación de los fondos, surge el riesgo de salida», agrega Pedro Moreyra, director de Guardian Capital.
El escenario constructivo que reduce los incentivos a sacar dólares
En diálogo con iProfesional, Moreyra afirma que el escenario base para la Argentina en 2026 continúa siendo constructivo: ausencia de incertidumbre electoral en el año (no hay elecciones), nuevo programa monetario, acumulación de reservas por parte del Banco Central, posible regreso a los mercados internacionales para refinanciar la deuda en dólares y compresión del riesgo país. Este escenario reduce los incentivos a sacar nuevamente los dólares del sistema.
Diego Fraga, socio de Expansión Business, afirma que a partir de ahora no habrá ninguna restricción sobre los fondos que ingresaron al sistema financiero para el último blanqueo de capitales. Por lo tanto, aquellos que los tienen invertidos en activos bursátiles, si quieren, pueden liquidarlos para retirar el dinero de los bancos, enviarlo a cuentas en el exterior o invertirlo en algún tipo de bien (inmuebles, campos, etcétera).
«Recordemos lo que fue el mercado local en la etapa electoral, después de las elecciones en la provincia de Buenos Aires y antes de las nacionales. En ese momento, de mucha incertidumbre y pesimismo, creo que cualquier persona que haya entrado al blanqueo e invertido en activos locales, estaba esperando al 1 de enero para poder venderlos, sacarlos del sistema, quedarse en efectivo, asumir la pérdida y no tener más activos argentinos», afirma ante iProfesional Félix Marenco, asesor en Cocos Gold.
Pero desde el triunfo electoral de Milei en octubre el escenario es otro: el riesgo país en mínimos desde 2018, el tipo de cambio relativamente estable y el índice de acciones argentinas (S&P Merval) en la zona de u$s2.000, apenas por debajo del pico que alcanzó al inicio de 2025. Es decir, «la dinámica actual es muy distinta y, producto de que el ánimo del mercado es otro, no esperamos que la primera semana de 2026 haya un flujo vendedor muy grande con todos esos inversores deshaciéndose de activos argentinos».
Qué esperan los analistas para el arranque de 2026
«Hay interés en acciones y bonos argentinos en dólares, en un contexto de mejores perspectivas para 2026, con avances legislativos en reformas estructurales y la aprobación del Presupuesto, con un Congreso notablemente más oficialista. A priori, las perspectivas para el nuevo año son muy buenas y no creo que aparezca un flujo vendedor muy grande para sacar los fondos del sistema, que haga corregir a la baja los precios de los activos locales en el arranque del año», sostiene.
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ECONOMIA
Más del 40% del precio de los alimentos son impuestos: así se forma el valor final

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Comprar alimentos en la Argentina significó, durante 2025, afrontar una carga impositiva elevada incluida directamente en el precio final. Según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), la carga tributaria legal argentina sobre un alimento se ubicó entre el 42% y el 43% del valor que paga el consumidor en las principales ciudades del país. El dato surgió del análisis de la legislación vigente en los tres niveles de gobierno y permitió identificar qué impuestos y aportes explicaron esa porción del precio.
El estudio midió el costo impositivo total promedio que recayó sobre un alimento que tributó la alícuota plena del IVA del 21%, a lo largo de toda la cadena productiva y comercial. Para realizar el cálculo, el IARAF partió del nivel industrial y consideró un proveedor de insumos, un establecimiento industrial, un distribuidor mayorista y un comercio minorista. A partir de esa estructura, el informe reconstruyó cuánto aportó cada tributo al precio final que enfrentó el consumidor.
La estimación se basó en la legislación impositiva vigente en 2025, tanto a nivel nacional como provincial y municipal. En el caso de los municipios, el análisis solo incluyó la Tasa de Inspección, Seguridad e Higiene (TISH), debido a que se trató del tributo local más generalizado y aplicado sobre las ventas netas. El informe no incorporó tasas inmobiliarias ni al automotor, ya que la variabilidad entre jurisdicciones y empresas impidió una estimación homogénea.
En el plano provincial, el estudio se concentró en el Impuesto sobre los Ingresos Brutos, que representó el tributo de mayor peso recaudatorio para las provincias. El informe no consideró el impuesto de sellos ni los tributos inmobiliarios o automotores, por las mismas razones metodológicas vinculadas a la diversidad de regímenes y alícuotas.
A nivel nacional, el análisis incluyó el Impuesto al Valor Agregado, el Impuesto a las Ganancias y el Impuesto a los Débitos y Créditos en cuentas bancarias, conocido como impuesto al cheque. Para Ganancias, el cálculo tomó como referencia el porcentaje del impuesto abonado sobre las utilidades totales, según promedios sectoriales, y luego expresó su incidencia en función de las ventas. En el caso del impuesto al cheque, el informe partió del supuesto de bancarización del ciento por ciento de las operaciones, compatible con el cumplimiento de las obligaciones fiscales vigentes.

Otro componente central del estudio correspondió al Régimen Previsional y de Seguridad Social. El IARAF consideró tanto las contribuciones patronales como los aportes personales de los trabajadores, que los empleadores retuvieron de manera obligatoria. El informe trató a la totalidad de estas obligaciones como costo previsional, ya que se organizaron bajo un régimen de solidaridad y no guardaron una relación directa entre aporte y beneficio individual.
Sobre esta base metodológica, el informe presentó dos escenarios. En el primero, supuso que los tres primeros eslabones de la cadena productiva correspondieron a establecimientos de gran tamaño, mientras que el último eslabón, el comercio minorista, operó como un negocio pequeño. En el segundo escenario, asumió que todos los eslabones funcionaron como establecimientos grandes, como ocurrió en el caso de los hipermercados.
En el escenario de venta en comercios minoristas pequeños, la carga tributaria promedio sobre el precio final de un alimento alcanzó el 42%. Dentro de ese total, el IVA explicó la mayor parte de la carga, con una incidencia del 17,4% del precio final. Los aportes a la Seguridad Social representaron el 9,4%, mientras que Ingresos Brutos aportó el 7,6%. El Impuesto a las Ganancias explicó el 4,4%, el Impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios el 1,9% y la TISH el 1,5%.

Cuando el informe analizó la estructura de la carga tributaria en este escenario, mostró que el IVA concentró el 41,2% del total de impuestos incluidos en el precio final. La Seguridad Social explicó el 22,2% de la carga, Ingresos Brutos el 18%, el Impuesto a las Ganancias el 10,5%, el Impuesto al Cheque el 4,5% y la TISH el 3,5% restante. De este modo, el estudio evidenció que la mayor parte del peso impositivo provino de tributos indirectos y aportes obligatorios distribuidos a lo largo de toda la cadena.
El segundo escenario analizó la venta en comercios minoristas grandes, como los hipermercados. En este caso, la carga tributaria promedio sobre el precio final subió un punto porcentual y llegó al 43%. El IVA mantuvo la misma incidencia sobre el valor final, con un 17,4%, y los aportes a la Seguridad Social también se ubicaron en 9,4%. Sin embargo, Ingresos Brutos aumentó su peso hasta el 7,8%, mientras que la TISH alcanzó el 2,2%. El Impuesto a las Ganancias volvió a representar el 4,4%, y el Impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios se mantuvo en el 1,9%.
La estructura de la carga tributaria en este segundo escenario mostró un incremento en la participación relativa de Ingresos Brutos y de la TISH respecto del caso de los comercios minoristas pequeños. En contrapartida, el resto de los tributos redujo su participación porcentual dentro del total, aunque sin cambios relevantes en su incidencia directa sobre el precio final que pagó el consumidor.
El informe destacó que la estimación del costo impositivo total se realizó a partir de estructuras de ingresos y costos promedio construidas con información sectorial. De esta manera, el estudio buscó reflejar el impacto legal de los tributos vigentes, sin incorporar efectos derivados de incumplimientos o regímenes especiales.
Así, el análisis del IARAF permitió observar cómo se conformó el precio final de un alimento a partir de la acumulación de impuestos nacionales, provinciales y municipales, junto con aportes previsionales obligatorios. El resultado mostró que una porción significativa del monto que pagó el consumidor correspondió a obligaciones fiscales que se sumaron en cada etapa de la cadena productiva y comercial, desde el proveedor de insumos hasta el comercio minorista.
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