ECONOMIA
Inversores no quisieron convalidar un dólar a $1.480 y a Caputo le falló la aspiradora de pesos

Pocos se mostraron sorprendidos por el escaso interés que despertó en el mercado el Bopreal, el bono que Toto Caputo ideó para que las empresas puedan cancelar deudas dolarizadas o remesar divisas al exterior. La explicación era obvia: equivalía a pagar un $1.480 por un dólar, es decir un 20% por encima del tipo de cambio actual.
Esto ocurre porque el bono cotiza en el mercado secundario al 83% de su valor nominal. Eso implica asumir un sobrecosto para sacar dólares fuera del país. Es algo que solamente se justifica en el caso de empresas en situación de urgencia financiera o que vean con mucho escepticismo la política cambiaria y esperen una fuerte devaluación -de hecho, quienes compraron el Bopreal aceptaron un tipo de cambio que supera en $50 el techo de la banda de flotación-.
Lo cierto es que el Banco Central apenas pudo colocar el 27,8% de los u$s3.000 millones previstos. Le queda una última chance dentro de dos semanas pero todo indica que el desinterés seguirá siendo la tónica, salvo que ocurra algún sacudón imprevisto en el mercado.
Los analistas del mercado creen que los u$s810 millones demandados en la primera licitación se explican por la demanda de bancos que tienen restricciones para dolarizarse o tomar cobertura. Y, además, coincidió con la aprobación para que los bancos internacionales pagaran dividendos. Pero ese efecto parecería agotado, dados los escasos u$s26 millones colocados el pasado miércoles.
En todo caso, la pregunta que circula en el mercado es cómo se debe interpretar esta situación: ¿es una buena noticia porque deja entrever una expectativa de estabilidad cambiaria?
¿O, por el contrario, es el reflejo de que el mercado esperaba una tasa más alta para compensar el hecho de que, a diferencia de lo que ocurría con las versiones anteriores, este nuevo bono vence en 2028, es decir ya cumplido el mandato presidencial de Javier Milei?
Hay analistas que afirman que la demanda del bono mejoraría si el dólar detuviera su carrera ascendente, porque eso haría mejorar la cotización del bono en el mercado secundario. En otras palabras, comprar un Bopreal supondría convalidar un tipo de cambio menor que el de la última licitación. Pero es un escenario al que se le atribuye baja factibilidad.
¿Señal de estabilidad cambiaria?
El Bopreal, cuya cuarta serie se anunció tras el levantamiento del cepo, tenía la intención de compensar a las empresas que aún no tienen la posibilidad de acudir libremente al mercado de divisas.
El gobierno lo presentó como una forma de compensar a las empresas que habían sido perjudicadas por la política de dosificación de divisas realizada por el gobierno anterior. Según el cálculo oficial, el incremento en la deuda externa de los importadores fue de u$s27.400 millones en los últimos dos años de la gestión peronista.
Pero, además de solucionar ese problema de stock de pagos atrasados, había otro motivo que le justificaba al gobierno la nueva emisión del Bopreal: ayudaría a aspirar pesos del mercado y, de esa forma, ayudar a que continúe el sendero de baja de la inflación.
Hablando en plata, si se cumpliera el plan original y todos los Bopreales fueran tomados por el mercado, eso implicaría que saldrían de circulación $3,6 billones -aproximadamente un 10% de la base monetaria «tradicional» -es decir, sin contar las letras fiscales de liquidez ni depósitos del Tesoro en el BCRA-.
Pero, dado lo ocurrido hasta ahora, solamente se absorberá $1 billón.
Un atractivo decreciente
Entonces, desde el punto de vista de Toto Caputo, ¿lo ocurrido es un éxito o un fracaso? Por un lado, podría interpretarse como una señal de confianza sobre la estabilidad cambiaria. De hecho, en las anteriores colocaciones del Bopreal, el año pasado, los momentos de mayor demanda de este bono coincidían con los períodos en que se estiraba la brecha entre el «contado con liquidación» y el tipo de cambio oficial.
Fue así que logró colocar bonos por unos u$s10.000 millones, lo cual le permitió varios objetivos en uno: aliviar la situación de empresas endeudadas, retirar liquidez a un costo relativamente bajo y, encima, obtener una mejora fiscal, porque la tercera serie pagó un 17,5% del impuesto PAIS, lo cual dio un empujón a la recaudación impositiva.
Pero claro, hoy el panorama es diferente. Entre otras cosas, porque ya no existen el cepo cambiario ni el impuesto PAIS. Y la brecha entre el dólar CCL y el oficial es menor al 1%.
En el mercado de futuros, los contratos a diciembre cotizan el dólar a $1.422, un 6% por debajo del nivel al que se ubicará el techo de la banda de flotación para fin de año.
En otras palabras, si hubiese ocurrido una demanda masiva por el Bopreal en la última licitación, el mercado podría interpretarlo como una señal de incertidumbre, dado que grandes jugadores habrían mostrado disposición a pagar un dólar que supera el actual techo de la banda.
La aspiradora de pesos, sin potencia
Pero, en el otro extremo, está la cuestión monetaria. ¿Es malo que Caputo haya planeado retirar del mercado $3,6 billones y sólo haya retirado la cuarta parte? Sobre este punto aplica el mismo razonamiento que suele esgrimir el gobierno cuando no «rollea» el total de un vencimiento de bonos.
Es decir, argumenta que es una señal positiva, porque implica que la economía se está remonetizando por la reactivación de la actividad comercial.
De hecho, en la última licitación se renovaron apenas 58,8% de los vencimientos -dicho de otra forma, se volcaron al mercado $4,3 billones-, hubo quienes interpretaron que esto es el síntoma de una escasez de pesos para las necesidades de las empresas.
En parte, es explicable por el «efecto aguinaldo», que hace que la caja de las empresas demande mayor liquidez. Hasta ahí, nada que sorprenda ni que no se haya visto en otros años.
Sin embargo, hay también quienes sospechan que se está dando otro fenómeno más preocupante: que esa baja disposición a tomar títulos públicos ocurrió aun cuando el ministerio de Economía convalidó tasas más altas que en licitaciones previas: 2,88% de tasa mensual, lo que implica una tasa de retorno anual efectiva de 40%, con casi toda la licitación concentrada en títulos de vencimiento corto.
¿Punto Anker para el Bopreal?
Para el gobierno no hay dudas sobre cómo explicar lo que está ocurriendo en el mercado: ante la explosión del crédito, se llegó al célebre«punto Anker», en el que los bancos prefieren volcar la liquidez a financiar la economía real y no colocarla en títulos públicos.
El principal teórico del punto Anker es Federico Furiase, cuya preocupación es dejar en claro que, ante ese desinterés de los bancos por comprar títulos públicos, los pesos que el Tesoro les entrega no proceden de «la maquinita» del BCRA, sino del ahorro que se había hecho por el superávit fiscal.
«Esta remonetización en pesos implica un cambio de composición de la base monetaria amplia (manteniendo fija la BMA), no ensucia la libre flotación cambiaria que tenemos adentro de la banda y se da contra cancelación de deuda del Tesoro», indica el asesor de Caputo y director del BCRA.
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ECONOMIA
ANSES: quiénes cobran hoy, lunes 23 de febrero 2026

El calendario de pagos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) marca el ritmo para millones de beneficiarios en Argentina. Este lunes 23 de febrero, distintos grupos recibirán sus haberes, según lo determinado por la terminación de su Documento Nacional de Identidad (DNI)y el tipo de prestación asignada.
El cronograma de acreditaciones incluye jubilaciones, pensiones y asignaciones, con montos actualizados tras el último ajuste por inflación.
La jornada de hoy marca una fecha clave para beneficiarios de distintos programas gestionados por ANSES. Las personas que reciben prestaciones deben consultar el calendario oficial, el cual se organiza según la terminación del Documento Nacional de Identidad (DNI) y el tipo de beneficio.

Las personas cuyos haberes previsionales superan el mínimo y tienen DNI terminados en 0 y 1 acceden hoy a su pago correspondiente a febrero. Esta fecha forma parte del tramo definido para quienes no perciben la jubilación mínima, según el esquema anunciado por ANSES.
El 23 de febrero está previsto el pago para titulares de la Asignación Familiar por Hijo y la Asignación Universal por Hijo cuyos DNI finalizan en 8. Esta disposición permite que las familias beneficiarias accedan a los fondos en la misma fecha que otros grupos prioritarios.

Las beneficiarias de la Asignación por Embarazo con DNI terminados en 7 también reciben su pago el 23 de febrero. Este beneficio está sujeto a un calendario diferenciado, pero mantiene la lógica de cobro según la terminación del documento.
El ajuste mensual de las jubilaciones y pensiones, dispuesto por la normativa vigente, llevó la jubilación mínima a $359.254,34, con un bono adicional de $70.000. Por lo tanto, los beneficiarios que perciben el haber mínimo reciben un total de $429.254,34.
Para aquellos que cobran la jubilación máxima, el monto se ubica en $2.417.441,64. En el caso de la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM), el haber es de $287.403,47, al que se suma el bono de $70.000, alcanzando los $357.403,47.

Las Pensiones No Contributivas (PNC) por invalidez o vejez se sitúan en $251.478,04, con el bono extra el pago total es de $321.478,04.
Estas cifras incluyen el ajuste por IPC y los refuerzos extraordinarios implementados por el Gobierno nacional ante la suba de precios.
En febrero, las principales asignaciones que abona ANSES presentan los siguientes valores, actualizados con un incremento del 2,85%:
- Asignación Universal por Hijo (AUH): $129.096, con un pago mensual de $103.276,80 (80%), dado que el 20% se retiene para el cobro anual tras la presentación de la libreta.
- AUH por Discapacidad: $420.354, con pago mensual de $336.283,20.
- Asignación por Embarazo: $129.096, igual que la AUH general.
- Asignación Familiar por Hijo (SUAF – primer rango): $64.554.
- Asignación Familiar por Hijo con Discapacidad (SUAF): $210.186.
- Asignación por Nacimiento: $75.246.
- Asignación por Adopción: $449.888.
- Asignación por Matrimonio: $112.668.
- Ayuda Escolar Anual: $85.000.

La Tarjeta Alimentar, destinada a beneficiarios de AUH, AUE y PNC, suma un monto adicional: familias con un hijo perciben $52.250, con dos hijos $81.936 y con tres hijos o más $108.062. Así, el ingreso total para quienes acceden a AUH y Tarjeta Alimentar puede superar los $181.000 en febrero.
El calendario de pagos de ANSES puede consultarse en la web oficial del organismo, donde cada beneficiario tiene acceso al detalle de su liquidación, fecha y lugar de cobro. Los fondos permanecen disponibles en la cuenta bancaria hasta 60 días después de la acreditación, sin necesidad de realizar trámites adicionales.
South America / Central America
ECONOMIA
Preocupa a las consultoras la posible caída de la popularidad del gobierno

Comienza una semana signada por los nuevos aranceles de Donald Trump ante el revés de los aranceles en la Corte Suprema. La incógnita es cómo afectará a la Argentina en el convenio bilateral y en la ayuda financiera a través de swaps.
Anoche los mercados, en las operaciones pre-market, mostraban incertidumbre. Los tres principales índices de las Bolsas de Nueva York estaban en decididas bajas, en particular el Nasdaq de acciones tecnológicas, que caía más de 0,5 por ciento. El oro subía más de 1%, señal de que los inversores salen de los activos de riesgo porque ven crecer la volatilidad.
Pero la preocupación de las principales consultoras es el problema que está originando la caída del consumo y el cierre de empresas. El ajuste es necesario, admiten, pero se preguntan por el humor social y el futuro apoyo a la gestión como factor de riesgo. La suba de tasas también preocupa por el crecimiento de las moras, el riesgo para los bancos y el financiamiento a las empresas.
La preocupación de las principales consultoras es el problema que está originando la caída del consumo y el cierre de empresas.
EconViews señaló que el cierre de la planta de neumáticos Fate y el debate sobre la reforma laboral “pusieron en el centro de la escena la creciente preocupación por el empleo y los salarios. La última encuesta de la Universidad de San Andrés confirma este giro: según la opinión pública, los bajos salarios son el principal problema que afecta al país, seguido de cerca por la corrupción y la falta de empleo. Recién en el décimo lugar aparece la inflación, un cambio drástico respecto a noviembre de 2023, cuando la suba de precios ganaba el primer lugar por goleada”.
La consultora que dirige Miguel Kiguel agrega que el problema central “no es el rumbo, sino la velocidad del cambio y la ausencia de amortiguadores. Hoy las empresas enfrentan desafíos por dos frentes: la competencia externa y una demanda interna que sigue débil. El impacto ya es visible en las estadísticas oficiales: en los últimos cinco meses se perdieron 71.000 empleos registrados, los salarios reales sufrieron nuevos retrocesos y la actividad económica sigue estancada”.
Según EconViews “este escenario se vuelve más exigente debido a la apreciación cambiaria. Con un tipo de cambio nominal que perforó los $1.400 y una apreciación real del 6% desde diciembre, la industria nacional queda nuevamente desprotegida. Si bien el Banco Central podría haber intervenido para sostener el precio del dólar y acumular más reservas, la urgencia por domar la inflación ha llevado a planchar el dólar una vez más. Es crucial distinguir que un tipo de cambio bajo por flujo no necesariamente representa un equilibrio deseable para el desarrollo. La experiencia internacional sobre la enfermedad holandesa, por ejemplo, demuestra que evitar una moneda excesivamente fuerte es vital para proteger la competitividad de los sectores transables. La política monetaria tampoco viene ayudando demasiado. El Gobierno sostiene un sesgo monetario duro, que provoca tasas de interés extremadamente volátiles y mantiene el costo del crédito en niveles altos. A esto se suma el aumento en la morosidad, lo que obliga a los bancos a extremar la cautela, complicando cualquier intento de reactivación vía financiamiento”.

Por último, la consultora advierte que “probablemente Fate sea el caso de una de las empresas que no hubiera podido competir de cualquier manera. Sin embargo, una apertura acelerada y sin anestesia corre el riesgo de convertir casos aislados en un fenómeno generalizado. Con una política fiscal contractiva y una monetaria que no acompaña, el Gobierno cuenta con pocas herramientas de respuesta inmediata ante una presión social que, lentamente, empieza a ganar la calle”.
FMyA destacó que en febrero las novedades siguen siendo mixtas: “buenas en el plano financiero, y más flojas en el plano real. En el frente financiero; el BCRA sigue comprando por el agro, por la oferta de dólares financieros y tasas de interés altas (2,8% a 30 días), que buscan contener al dólar y la inflación, que sigue alta. En la tercera semana de febrero dio 1% semanal y para febrero proyectamos 2.5%. Esta dinámica financiera no va a cambiar en el corto plazo; por el lado de los bonos, más débiles (riesgo país en 510 puntos) pero las acciones mejoraron un poco esta semana. Seguimos pensando que el riesgo país perfilando a 400, permitirá al Tesoro salir a los mercados globales (nuestro supuesto) y eso mejorará también a las acciones”.
La consultora de Fernando Marull también se preocupa por la economía real “No hay caída de empleo, por eso el desempleo es bajo (6.3% en el tercer trimestre de 2025) donde la mayoría de los aumentos de empleo son independientes o informales (más precarización). Ahí no vemos un riesgo; donde sí vemos -y lo venimos advirtiendo- es que los salarios reales vienen estables desde agosto; ya van a ser casi 6 meses que no levantan y eso puede cambiar el humor de la calle. Por eso la pobreza empezó a rebotar hace 3 meses (rebota por la inflación, no por el desempleo). En esta economía a dos velocidades (sectores ganadores y rezagados) viene levantando en los medios el problema del cierre de empresas, como fue el caso FATE de esta semana. Según datos de balances de empresas, las empresas argentinas todavía dan ganancias de 18% resultado operativo y, según el INDEC, un 34% de las empresas dan pérdida, no muy diferente a lo que pasó en los últimos años. No vemos un tema sistémico acá, pero si será un tema en los sectores rezagados”.
En el plano financiero FMyA no ve muchos cambios en el corto plazo, “pero si la economía real tiene que empezar a tomar impulso en el arranque de 2026, con el plano financiero “anclado”, debiera mejorar el clima de negocios; más allá de que los salarios no traccionan”.
Según la consultora “el mayor riesgo es que la gente se canse, porque eso va a impactar en el riesgo político, bajando el apoyo al oficialismo; Milei ya lleva 4 paros de la CGT (aunque la CGT ya dejó de ser lo que era en el pasado). Igualmente, si la calle se cansa, afectará a los mercados”.
F2, que dirige Andrés Reschini, señala que si bien puede tener cierto rezago, “el tipo de cambio como ancla inflacionaria no muestra señales de eficacia de momento y en la actividad se observan señales negativas. Los futuros siguen hundiéndose por el arrastre del tipo de cambio con un volumen de operaciones que se muestra firme a medida que el mayorista retrocede. Desde la victoria oficialista en octubre se redujo la liquidez en el tramo más largo y luego de que BCRA comenzara a comprar divisas hizo lo propio el tramo medio. Pero con la aceleración de la caída en el tipo de cambio el Interés Abierto en este tramo ha comenzado a repuntar lentamente. Aún así, la apertura de nuevos contratos está desacelerando con tasas implícitas subiendo más aceleradamente que la curva pesos y por ende con sintéticos perdiendo atractivo. Puede, entonces, que el BCRA haya menguado su grado de intervención”.
Agrega la consultora que el contexto internacional “se ha vuelto más complejo aún, dado que a las crecientes tensiones entre EEUU e Irán se le agrega el impacto de la Corte Suprema en materia arancelaria, algo que, probablemente, inyecte más volatilidad. Entretanto, el Gobierno logró pasar la reforma laboral cediendo en algunos puntos, lo que muestra cierta debilidad, pero también pragmatismo. En todo este escenario de complejidad internacional, compra de reservas con dólar mayorista cayendo y perspectivas inflacionarias firmes, el mercado sigue apostando al carry trade, pero sin desatender que el daño potencial de un eventual ajuste alza en el tipo de cambio crece con cada caída”.
La consultora 1816 centra su preocupación en la política monetaria. “En 2025 el Gobierno tomó muchas decisiones de política económica que lucían transitorias, para hacer frente a un mercado nervioso por el calendario electoral”, afirma, y destacamos 3 en particular:
- No comprar reservas dentro de las bandas, pese a que la única manera de acercarse a las metas que puso el FMI en abril era haciéndolo
- La reimposición de la restricción cruzada para individuos, que hizo que vuelva la brecha entre el tipo de cambio oficial y los paralelos
- El cambio de la política monetaria, que incluyó la eliminación de las LEFI y el comienzo de un régimen de tasa endógena.

La consultora agrega que pasadas las elecciones “y dado el rotundo éxito que consiguió el oficialismo, esperábamos que con mayor o menor velocidad el Gobierno vaya normalizando los tres frentes. En materia de reservas el BCRA hizo un cambio significativo a principios de año y ya lleva comprados más de USD 2.000 millones en el Mercado Libre de Cambios (MLC). En cuanto al cepo, suponemos que aprovechando el buen momento del dólar mayorista el Gobierno avanzará más temprano que tarde relajando restricciones. Pero donde nos sentimos más perdidos es en lo monetario, básicamente porque la volatilidad de las tasas se mantiene altísima y el Gobierno hace poco y nada al respecto, de lo que uno deduce que se siente cómodo con el funcionamiento actual del régimen. Lo hemos repetido en múltiples oportunidades durante 2025 y lo seguimos pensando: vemos muchos costos (se acortan los plazos de cualquier decisión financiera) y ningún beneficio a la volatilidad que tienen las tasas desde mediados del año pasado. Comprendemos que el Gobierno quiera darle un sesgo contractivo a la política monetaria (bajo la lógica de que lo más importante es bajar la inflación y que para hacerlo hay que controlar al dólar con tasas altas, incluso a costa de que la incobrabilidad de los préstamos bancarios aún no haya encontrado techo. Pero una cosa es que las tasas sean altas y otra que sean tan volátiles. Hay infinitas maneras de normalizar la situación, pero todas implican regresar de algún modo a un corredor de tasas, con el BCRA comprometido a determinado nivel de tasa tanto en pases pasivos como activos (o con el BCRA comprometido a intervenir en LECAP en determinados niveles). Más allá del piso que tiene la tasa overnight en 20%, la participación del Central para ponerle techo a esa tasa ha sido muy discrecional las últimas semanas lo que desincentiva a que los inversores estiren duration (plazos) en las licitaciones del Tesoro. De esta manera, la semana que viene vuelva a haber subasta del Tesoro y todo el mercado sabe que, en función del resultado de la licitación al día siguiente de la liquidación de la subasta, la tasa a 1 día puede valer 20%/25%, pero también puede valer más de 40 por ciento”.
Para hoy se espera una rueda tensa signada por los acontecimientos del exterior. La Bolsa y los bonos de la deuda serán el termómetro del humor de los inversores.
FATE
ECONOMIA
Cómo hace el Gobierno para regular la cantidad de pesos en la economía para intentar frenar el dólar y la inflación

El esquema monetario vigente en la Argentina desde comienzos de año se apoya en la coordinación entre el Banco Central (BCRA) y el Tesoro Nacional para mantener a raya la base monetaria. Según datos oficiales, la base monetaria se contrajo en 2 billones de pesos en lo que va del año con datos hasta al 13 de febrero, en el marco de un proceso dinámico donde las licitaciones de deuda del Tesoro y las compras de divisas del BCRA alternan episodios de absorción y expansión de pesos. Detrás de este esquema están, entre otras variables, la baja del dólar y un esquema de tasas que no termina de ser cómodo para empujar la actividad económica.
El mecanismo opera de la siguiente manera: el Tesoro realiza periódicamente licitaciones de deuda en pesos por montos superiores a los vencimientos, absorbiendo pesos del mercado y generando un sesgo contractivo sobre la oferta monetaria. El día de la integración de la licitación, el sistema financiero experimenta una marcada caída de liquidez y las tasas de interés suelen alcanzar máximos transitorios. En las jornadas posteriores, el BCRA inyecta pesos al sistema mediante la compra de dólares en el mercado cambiario (cada compra de divisas del Central es creación de dinero “nuevo” y cada venta lo contrario), lo que contribuye a revertir la contracción y a recomponer la liquidez, hasta que se repite el ciclo con una nueva licitación.
El 13 de febrero, último dato oficial, fue precisamente la fecha de liquidación de la última licitación de deuda en pesos del Tesoro: ese día salieron de circulación $1,5 billón que lentamente pasarán a inyectarse de nuevo -al menos parcialmente- mediante compras de divisas del BCRA.
El IERAL explicó la lógica del esquema: “el Tesoro Nacional juega el rol protagónico a la hora de definir la tasa y las condiciones de liquidez del mercado, mientras que el BCRA aparece más concentrado en la acumulación de reservas y en oficiar de auxiliar financiero. Sobre todo, cuando se trata de conseguir los fondos necesarios para hacer frente a los vencimientos, sentido en el cual las compras de divisas del BCRA también están jugando un rol fundamental”.
La dinámica quincenal de las licitaciones de deuda del Tesoro genera una secuencia de absorción y remonetización que impacta directamente sobre la evolución de las tasas de interés. Al integrarse las licitaciones, el mercado suele “secarse” de pesos y los costos de financiamiento suben, incentivando el carry trade y el desarme de posiciones en dólares para aprovechar los rendimientos en moneda local. A medida que el BCRA reinyecta pesos comprando dólares, las tasas tienden a bajar hasta la próxima licitación. Este ciclo se repitió a lo largo de enero y febrero, y marcó el pulso de la plaza financiera.
En lo que va del año, el BCRA ya compró más de USD 2.090 millones para sus reservas (aunque el Tesoro usó una cifra aún mayor para el pago de deuda), según datos de la autoridad monetaria.
La interacción entre Tesoro y BCRA resultó en variaciones diarias de la base monetaria de alto impacto. El Informe Monetario Diario del BCRA detalló que, entre el 2 de enero y el 13 de febrero, la base monetaria acumuló una contracción neta de 2 billones de pesos. En ese período, las compras netas de divisas generaron expansiones relevantes, pero las absorciones a través de operaciones del Tesoro, principalmente mediante licitaciones de deuda, determinaron el saldo negativo en la base. El informe consignó que la variación diaria de la base alternó jornadas de expansión y contracción, en línea con los movimientos de pesos entre el Tesoro, el BCRA y el mercado.
El informe semanal de Quantum Finanzas, dirigido por Daniel Marx, analizó el contexto de estos movimientos. Según Quantum, “la compra de divisas por parte del BCRA y la esterilización de fondos excedentes del Tesoro -por emisión de deuda por encima de los vencimientos- son algunos de los elementos que definen el sesgo contractivo de la política monetaria”. Este esquema respondió, en parte, a la necesidad de absorber la expansión estacional de fin de año y a la prioridad de sostener la desinflación en un escenario de tasas de inflación elevadas.
Daniel Marx y su equipo puntualizaron que “entre el 31/12/2025 y el 10/2/2026 la base monetaria se contrajo ARS 779 mil millones, un movimiento esperable considerando la estacionalidad en la demanda de dinero, que requiere una expansión de la oferta a fin de cada año para evitar alteraciones en la tasa de interés”. Quantum advirtió que los picos de tasas observados en enero y febrero reflejaron la competencia por la liquidez entre el Tesoro y el BCRA, con un impacto directo en el costo del dinero.
Un informe de Outlier describió la dinámica de las últimas operaciones del Tesoro: “El Tesoro absorbió pesos hacia el cierre de enero y en el arranque de febrero de 2026. A fines de enero salió primero a pagar premio sobre tasas de títulos en pesos que habían comenzado a bajar nuevamente, obteniendo un excedente sobre los vencimientos que se terminó utilizando para comprarle al BCRA las divisas necesarias para el pago de intereses al FMI de principios de febrero. Posteriormente, en la última licitación (esta semana; se integra hoy), decidió nuevamente tomar por encima de los vencimientos, recomponer sus tenencias de pesos y convalidar las tasas del secundario”.
El ciclo de absorción y expansión monetaria también incidió en la evolución de las tasas de interés del sistema financiero. La volatilidad reciente del costo del dinero respondió al forcejeo entre el Tesoro y el BCRA por la liquidez. Los picos transitorios de tasa funcionaron como un imán para el carry trade, incentivando el desarme de posiciones en dólares para aprovechar los rendimientos en pesos. Las tasas a un día, tras los movimientos de absorción, subieron a niveles de 27,4% TNA en la rueda simultánea (SIMU) durante febrero, frente a 20% de diciembre, mientras que la TAMAR alcanzó 31,7% TNA, superando el 27,5% del último mes de 2025. Las tasas activas, como las de Adelantos, también subieron en más de 500 puntos básicos en ese período.
El impacto de estas oscilaciones no se limitó al mercado financiero. El financiamiento al sector privado y el consumo se mantuvieron en niveles bajos, con los adelantos en cuenta corriente promediando 44,1% TNA en enero y 40,2% al 13 de febrero, en un escenario en el que la actividad económica se mantuvo estancada respecto de abril del año anterior. El crédito al consumo acumuló seis meses sin crecimiento, reflejando el efecto de las tasas elevadas y la dinámica de absorción y expansión de pesos.
El análisis del IERAL aportó otra mirada sobre la reacción de la demanda de dinero ante la política monetaria aplicada. “Lo que vimos en enero y en el arranque de febrero fue una contracción real de la masa de pesos transaccionales. Pero la demanda especulativa de pesos, de la cual el stock de depósitos a plazo fijo privados nos puede servir de proxy, se recuperó fuerte durante dicho mes, al punto de que la caída del M2 fue bastante menor que la del M1. De hecho, las licitaciones del Tesoro y el desempeño del valor de los títulos en pesos nos dicen que la demanda especulativa de pesos en el sentido más amplio posible —esto es, la demanda por activos denominados en pesos que devengan rendimientos en dicha moneda— también se incrementó de forma perceptible”.
La coordinación entre el Tesoro y el BCRA marcó el pulso de la política monetaria durante el primer tramo de 2026. El Tesoro utilizó los pesos obtenidos en las licitaciones para cancelar vencimientos y absorber excedentes, mientras el BCRA operó en el mercado de cambios para comprar reservas y reinyectar liquidez según la evolución de la demanda de dinero. Este proceso, caracterizado por la alternancia de episodios de absorción y expansión, determinó el saldo neto contractivo de la base monetaria, pero también la volatilidad de las tasas y las condiciones del crédito.
Un informe de Outlier sintetizó la lógica de este esquema: “El arranque de 2026 marca algunas cuestiones que, si bien no están escritas en piedra porque este es un esquema bastante dinámico, creemos que ponen en evidencia cuál es el orden de prioridades con el que la Administración Milei encara este inicio de 2026. En ese sentido, hay algo que no es nuevo, pero que se reforzó y reinstaló en este arranque de año: el Tesoro Nacional juega el rol protagónico a la hora de definir la tasa y las condiciones de liquidez del mercado, mientras que el BCRA aparece más concentrado en la acumulación de reservas y en oficiar de auxiliar financiero”.
El saldo actualizado de la base monetaria, de acuerdo con el Informe Monetario Diario del BCRA al 13 de febrero, reflejó el predominio de la absorción por parte del Tesoro sobre la expansión generada por la compra de divisas del BCRA. El proceso, de todas formas, se mantiene sujeto a la dinámica diaria de las operaciones de ambos organismos y a la evolución de la demanda de dinero, en un contexto de inflación elevada y tasas en niveles históricamente altos.
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