ECONOMIA
Pasajes aéreos internacionales subieron casi 30 por ciento en dos meses por la guerra

El alza internacional del crudo tras el conflicto aumentó sensiblemente los costos de viajes a destinos fuera del país en las últimas semanas
12/04/2026 – 11:58hs
El precio de los pasajes aéreos desde Argentina al exterior pegó un salto que nadie esperaba. En apenas dos meses de guerra en Medio Oriente, los vuelos internacionales aumentaron en promedio 15,6%, con picos que rozaron el 30% en algunas rutas clave.
Lo que arrancó como una estabilidad relativa en los precios de los tickets a principios de 2026 se convirtió, en menos de 60 días, en una escalada tarifaria de doble dígito. Las compañías aéreas se vieron obligadas a realizar ajustes bruscos en sus tarifas.
El fenómeno es resultado directo de una crisis energética global que reconfiguró la estructura de costos de la aviación comercial. El motor principal de estas subas es el comportamiento del precio del crudo, que pasó de u$s66 el barril de Brent a principios de febrero a u$s104 en los primeros días de abril.
Ese salto del 57% en el precio de la materia prima se tradujo de forma casi inmediata en el costo del combustible de aviación (Jet Fuel). En algunos mercados, el Jet Fuel registró incrementos cercanos al 100% en apenas ocho semanas.
Cuánto subieron los pasajes al exterior desde que arrancó la guerra
Según un informe de la consultora EcoSur, el precio promedio de los pasajes internacionales desde Argentina escaló de u$s715 a u$s824. Eso representa un incremento de u$s109 por ticket en el lapso de dos meses.
Pero no todos los destinos sintieron el impacto de la misma manera. El tramo Buenos Aires-Los Ángeles lideró las subas con un incremento del 29%, seguido por la ruta a Nueva York, que se encareció 23%.
Por debajo quedan los vuelos Buenos Aires-Miami, con un alza del 17%. Apenas superaron a los trayectos hacia destinos de alta demanda como Madrid, Cancún y Punta Cana, que registraron subas algo superiores al 16%.
Estos movimientos tarifarios no se aplican una vez comprados los pasajes. Solo afectan a quienes buscan reservar vuelos desde que comenzó el conflicto bélico.
Por qué el combustible impacta tanto en el precio de los vuelos
La respuesta está en la composición de los gastos de una aerolínea. El combustible representa aproximadamente el 40% de los costos totales de operación en vuelos de mayor alcance, por lo que afecta mucho más a los internacionales que a los nacionales.
A diferencia de otros insumos, el combustible no es elástico. Las empresas no pueden decidir consumir menos para ahorrar si quieren mantener sus frecuencias de vuelo.
Además, la coyuntura geopolítica actual llevó a muchas compañías aéreas a evitar ciertos espacios aéreos por seguridad. Esto se traduce en rutas más largas y mayor tiempo de vuelo, con escalas imprevistas que antes no existían.
También aumentaron de forma sustancial las primas de los seguros de caución. Todo eso termina encareciendo el producto final que paga el pasajero.
Qué estrategias adoptaron las aerolíneas ante la crisis del combustible
Ante el alza sostenida del combustible, las compañías globales implementaron tres estrategias principales para no quebrar:
- Recargos dinámicos: Esta estrategia, que ya llegó a la Argentina, contempla la aplicación de cargos variables que se ajustan semana a semana según el precio del petróleo. Permite a las empresas no quedar desfasadas ante la volatilidad diaria.
- Optimización de flotas: Se aceleró el retiro de aeronaves antiguas y menos eficientes. Las empresas priorizan el uso de aviones con motores de última generación, que permiten ahorros de combustible de entre 15% y 20%.
- Reducción de la oferta: Para evitar volar con asientos vacíos en un contexto de costos tan altos, muchas aerolíneas recortaron frecuencias. Esta menor disponibilidad de asientos, frente a una demanda que aún se mantiene activa, termina empujando los precios hacia arriba por la simple ley de oferta y demanda.
La combinación de estas medidas busca que las compañías puedan sostener sus operaciones sin acumular pérdidas millonarias. Pero el costo lo terminan absorbiendo los pasajeros, que enfrentan tarifas más altas y menos opciones de vuelo para planificar sus viajes al exterior.
Mientras la guerra en Medio Oriente continúe y el precio del petróleo se mantenga volátil, la perspectiva es que los pasajes aéreos internacionales permanezcan elevados en los próximos meses.
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ECONOMIA
Economistas recalculan a la baja el volumen de importaciones: ¿señal de enfriamiento de la economía?

Siempre insólita, la Argentina atraviesa una nueva contradicción: justo cuando la apertura a los productos producidos en el exterior se transforma en uno de los puntos más calientes del debate, se está produciendo un desplome en las expectativas de cifras de importación.
Los economistas que participan en la encuesta REM del Banco Central esperan que el año termine con compras por apenas u$s79.121 millones, lo que implicaría que, en el resto del año, todos los meses deberían rondar un promedio de u$s6.800 millones.
Si bien ese pronóstico supone una cifra que supera en 4% al nivel importador del año pasado, los economistas están continuamente revisando sus estimaciones a la baja. Y eso no es una buena noticia, porque va de la mano con una percepción de enfriamiento en la actividad económica.
A fines del año pasado, la misma encuesta REM preveía que este año habría importaciones por u$s81.500 millones, lo cual supondría un salto de casi 8%, más a tono con un PBI en crecimiento. Hay, entre los expertos, algunos que llegan aun más lejos y hasta creen que las importaciones serán menores que las del año pasado. Por caso, un reciente informe del banco de inversión Morgan Stanley pronostica que el volumen de las compras será de apenas u$s74.700 millones.
Como en todo dato estadístico, puede verse un costado positivo y uno negativo. El positivo es que habrá un mayor ingreso de divisas al país por saldo comercial, y hasta es posible que ese superávit compense a la salida de dólares por turismo y servicios. En definitiva, se disipan las preocupaciones por un déficit en la cuenta corriente, que históricamente suele ser el disparador de las devaluaciones.
Pero la «mitad medio vacía» es la de un indicio recesivo. Si se confirmaran las previsiones de una importación en caída, habría que poner en duda las proyecciones sobre la actividad económica -que el gobierno estima en un alza de al menos 4,5% del PBI para este año-.
De hecho, los últimos años en que hubo caída de exportaciones fueron recesivos. En 2023, cuando las importaciones totalizaron u$s73.714 -un desplome de 9,3% respecto del año anterior- se registró una variación negativa del PBI de 1,6%. Y al año siguiente, ya en la gestión Milei, cuando la devaluación tornó la situación más grave, con apenas u$s60.822, también se registró una recesión, por 1,7% del PBI.
Importaciones con olor a recesión
En principio, hay indicios que parecen darles la razón a quienes creen que las importaciones seguirán bajando. Por ejemplo, la recaudación impositiva por aranceles. Es cierto que es un dato que está impactado por el recorte en las alícuotas arancelarias, por lo que su variación no refleja con exactitud el movimiento comercial. Pero aun así llama la atención la magnitud de las cifras: en marzo pasado, los ingresos por aranceles y tasas de estadística aportaron a ARCA un 12% menos que el año pasado, en términos reales.
¿Por qué es preocupante esta tendencia? Porque el principal consumidor de las importaciones es el entramado industrial, que se encuentra en crisis y está utilizando apenas un 53% de su capacidad fabril instalada.
Los economistas suelen manejar una regla histórica de «tres a uno»: para que la economía argentina crezca un punto porcentual, es necesario que suban tres puntos las importaciones.
No siempre esa relación se cumple, claro. Las principales excepciones ocurren cuando hay distorsiones cambiaras como la del cepo: en esos casos, lo típico es que los importadores adelantes compras, aun cuando no las necesiten en ese momento, porque sospechan que habrá una devaluación a mediano plazo. Es lo que ocurrió, sin ir más lejos, en el final del gobierno de Alberto Fernández, cuando se produjo una gran acumulación de stock en las empresas, que luego de la devaluación bajaron drásticamente sus compras
Pero también durante la gestión de Javier Milei ocurrió este fenómeno, de un modo más acotado. Así, las importaciones en los meses previos a la elección legislativa se dispararon por encima de los u$s7.100 millones mensuales, porque había incertidumbre sobre si después de los comicios se mantendría el esquema cambiario de banda de flotación. En contraste, luego se produjo un desplome importador que alcanzó su mínimo en enero pasado, con importaciones por apenas u$s5.057 millones.
Por qué el gobierno festeja
Si las importaciones van con tendencia a la baja, ¿por qué entonces sigue siendo un tema polémico el de la entrada de productos del exterior, en particular de China? La respuesta es clara cuando se observan las estadísticas sobre cómo varía cada rubro de importación.
Por ejemplo, que la compra de bienes de capital cae a un ritmo de 17% interanual, lo cual es compatible con un escenario recesivo para la rama industrial. En cambio, las importaciones de productos finales para consumo y de automóviles sigue gozando de buena salud y representa un 23% del total de las importaciones, cuando hace un año esa participación era la mitad.
La vehemente argumentación del presidente Milei en defensa de la apertura comercial -en la que trató de «ladrones» a líderes de la industria local que pidieron protección contra la competencia china- hacen suponer que esa ponderación de los productos de consumo en el total de importaciones del país no sólo no disminuirá, sino que podría crecer a lo largo del año.
Para el gobierno, además de la ratificación de su discurso liberal sobre la defensa de los consumidores por encima de los industriales, la apertura importadora supone otro objetivo más terrenal: los productos importados, como textiles y electrodomésticos, han sido los que registraron menor inflación. De esa manera, compensan las subas previstas en los servicios públicos, como consecuencia de la «recomposición de precios relativos».
Es por eso que en el gobierno no parece generar preocupación la marcha de la balanza comercial. Más bien al contrario, la posibilidad de que haya este año un saldo comercial en torno de u$s20.000 millones -que es lo que ocurriría si se cumpliera el pronóstico de Milei sobre un boom exportador de u$s100.000 millones-, entonces el ingreso los dólares no solamente alcanzarían para compensar la salida de turistas sino que, además, quedaría un remanente para que el Banco Central pueda acumular reservas.
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ECONOMIA
¿Se acelera la inflación?: qué muestran los datos en la región y en la Argentina, en medio del conflicto en Medio Oriente

La publicación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente a marzo, prevista por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) para el próximo martes, se produce en un contexto de renovada presión sobre los precios internacionales. Los datos oficiales de las principales economías del mundo y de la región ya reflejan un fenómeno de aceleración durante el tercer mes del año, impulsado fundamentalmente por el incremento en el costo de la energía y los combustibles a raíz del conflicto bélico en Medio Oriente.
En la Argentina, la dinámica inflacionaria del primer bimestre de 2026 mostró una estabilidad relativa en niveles del 2,9% mensual tanto en enero como en febrero. Sin embargo, el quiebre de la tendencia descendente en los indicadores globales durante marzo establece un nuevo piso de expectativas para el dato local.
La evolución del mercado petrolero, marcada por la volatilidad en las rutas comerciales del estrecho de Ormuz y el vencimiento de los plazos diplomáticos entre las potencias, ha impactado de manera directa en las estructuras de costos de transporte y producción a escala mundial.
El escenario global
Las estadísticas oficiales de diversos países confirman que marzo fue un mes de reversión en la tendencia de desaceleración de los precios. Según los datos del Bureau of Labor Statistics (BLS), Estados Unidos registró un salto significativo en su inflación mensual, que pasó del 0,4% en febrero al 0,9% en marzo, llevando la cifra interanual al 3,3 por ciento. Este incremento estuvo traccionado en gran medida por el rubro energético, que reaccionó a las fluctuaciones del precio del crudo en el mercado de Texas.
En la región, el fenómeno fue similar. En Chile, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) notó un salto de 1% en marzo. México, por su parte, reportó a través del Inegi una inflación del 0,86% en el tercer mes del año, frente al 0,38% del segundo. Brasil también mostró una curva ascendente, con un avance del 0,88% en marzo según el IBGE, superando el 0,70% registrado en febrero.
Incluso en la Eurozona, donde las presiones suelen ser más rígidas, los datos preliminares de Eurostat proyectaon un incremento del 0,4% al 0,6 por ciento.
En el ámbito local, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) ya ofreció un anticipo a través del Idecba, que reportó un IPC del 3,0% para marzo, lo que representa una aceleración respecto del 2,6% medido en febrero y una inflación acumulada interanual del 32,1 por ciento.
La suba del petróleo: la raíz de la volatilidad
El principal motor de la aceleración de precios ha sido el mercado de hidrocarburos. Durante marzo, el barril de crudo Brent, referencia para el mercado argentino, acumuló un incremento mensual del 63%, cerrando el mes en USD 118,35 por barril. Esta escalada respondió al conflicto militar directo que involucró a Estados Unidos, Israel e Irán, sumado al cierre parcial del Estrecho de Ormuz.
Si bien un breve acuerdo de tregua entre Irán y Estados Unidos logró descomprimir los valores de manera transitoria —llevando al Brent a tocar los USD 95,53 y al WTI a los USD 91,55—, la incertidumbre sobre la durabilidad del alto el fuego provocó nuevos repuntes en las últimas horas. El jueves, el WTI volvió a superar el umbral de los 100 dólares durante las últimas ruedas de negociación, manteniendo la presión sobre los costos logísticos internacionales a pocos días de que el Indec cierre el cómputo de marzo.
El impacto en los surtidores: Argentina en el ranking global
El traslado de estos costos internacionales a los precios internos ha sido desigual. Según un relevamiento global de precios de combustibles realizado por Global Petrol Prices, la Argentina se ubicó en el puesto 24 entre 124 países en cuanto a la magnitud de los aumentos registrados desde el inicio de la guerra. Con una suba acumulada del 23,8% en las naftas, el país quedó por encima de vecinos como Chile (16,8%), Brasil (7,6%) y Paraguay (7,9%), aunque por debajo de Perú, que lideró la región con un incremento del 35,6%.

En comparación con economías desarrolladas, la suba en los surtidores argentinos fue menor a la de Estados Unidos, donde los combustibles escalaron un 31,1%, ubicando a la economía norteamericana en el puesto 13 del ranking global. En el extremo superior del listado aparecen países como Myanmar y Filipinas, con alzas que superaron el 70% en el mismo periodo.
Para la economía argentina, el peso de los combustibles es central debido a su efecto multiplicador. Un incremento en el precio de la nafta y el gasoil impacta no solo de forma directa en el rubro de Transporte del IPC, sino también de manera indirecta en el precio de los alimentos y bienes de consumo masivo por el costo de los fletes.
Medidas de contención
Ante la posibilidad de que la escalada internacional impactara con mayor fuerza en el índice de marzo y abril, las empresas del sector energético en la Argentina implementaron mecanismos de estabilización. Por iniciativa propia y ante una merma sensible en el consumo interno —especialmente en el interior del país, donde el litro de nafta súper superó los $2000—, las principales compañías acordaron un esquema de “amortiguador” de precios.
Este acuerdo involucra a productoras como Tecpetrol y Pluspetrol, refinadoras como Raízen y Trafigura, e integradas como YPF y PAE (Axion). El mecanismo establece que los precios en los surtidores se mantendrán estables por un periodo de 45 días desde el 1 de abril. Para lograr esto, las empresas acordaron utilizar el valor del crudo de marzo como referencia para sus transacciones internas, acumulando la diferencia con el precio internacional en una cuenta compensadora.
Desde YPF señalaron que la petrolera estatal, que concentra más del 50% del mercado, ha trasladado hasta el momento solo un tercio del aumento del Brent al consumidor final. Según explicaron directivos de la compañía, la estrategia busca evitar la especulación y proteger el mercado interno en un contexto donde el 30% del crudo refinado se adquiere a terceros.

Complementariamente, el Gobierno resolvió postergar a fines de marzo la actualización prevista de los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono para el mes de abril. Esta decisión fiscal se fundamentó específicamente en la necesidad de mitigar el impacto de la tensión energética global derivada de la guerra.
Qué mostrará el IPC de marzo
El dato que el Indec difundirá el próximo martes será el primer registro oficial que refleje el impacto pleno del shock energético de marzo sobre la economía doméstica. Tras el 2,9% mensual registrado en enero y febrero, el mercado analiza si las medidas de contención —como la postergación de impuestos y el amortiguador de las petroleras— fueron suficientes para disociar la tendencia local de la aceleración observada en Estados Unidos, Brasil y Chile.
Como anticipo, se puede recordar que los analistas que participaron del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA proyectaron una inflación del 3% en marzo. De cumplirse este pronóstico, el ICP habrá aumentado sólo 0,1 puntos porcentuales respecto al mes previo.
Lo que sí está claro, es que la persistencia de la volatilidad en Medio Oriente y la incertidumbre sobre la durabilidad de las treguas mantienen el precio del petróleo en niveles elevados. Con una infraestructura energética global dañada por el conflicto, los analistas advierten que, incluso si las hostilidades cesan, los costos logísticos podrían no retornar a los niveles previos de manera inmediata.
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ECONOMIA
Polémica por la venta de carne de burro como alternativa económica en Chubut: afirman que es “muy nutritiva”

La reciente incursión en la producción y comercialización de carne de burro en la provincia de Chubut abrió un intenso debate social, productivo y cultural en la Argentina. Lo que comenzó como una iniciativa individual impulsada por el productor rural Julio Cittadini, en la zona de Punta Tombo, rápidamente se transformó en un tema de discusión pública que expone tensiones entre tradición, innovación y necesidad económica en el ámbito agropecuario.
El proyecto, que ya dejó atrás su etapa teórica, comenzó a concretarse en abril de 2026 con una fase experimental que incluyó faenas controladas y las primeras ventas al público.
Según informó el sitio Noticias de la Calle, la carne de burro empezó a comercializarse en una carnicería de Trelew a un valor de 7.500 pesos por kilo, con cortes similares a los vacunos, lo que marca un intento claro de posicionarla como un sustituto o complemento dentro del consumo habitual.
Paralelamente, se organizó una degustación abierta en una parrilla local para el 16 de abril, donde los vecinos podrán probar empanadas, chorizos y asado elaborados con esta carne, en una estrategia orientada a romper prejuicios y medir la aceptación social.

La propuesta de Cittadini no surge de manera aislada ni caprichosa, sino como respuesta a una problemática estructural que afecta a la región patagónica: la crisis de la producción ovina. En los últimos años, la actividad lanera sufrió un fuerte deterioro debido a factores como la depredación por fauna silvestre, la baja rentabilidad y las dificultades climáticas.
A esto se suma que muchos campos no son aptos para el desarrollo de la ganadería bovina, lo que limita las alternativas productivas tradicionales. En este contexto, el productor plantea al burro como una especie resistente, adaptable al ambiente árido y con potencial económico aún no explotado.
En una entrevista brindada al portal Bichos de Campo, Cittadini dijo que “la carne de burro presenta cualidades nutricionales y organolépticas comparables a las de la carne vacuna”, lo que podría facilitar su inserción en el mercado.
“La carne de burro es muy nutritiva, de buen sabor y de muy buena calidad”, afirmó el productor al enumerar sus cualidades. “Estoy convencido que el consumo de carne va a venir en paralelo con el incremento que nosotros podamos tener de la producción”, agregó.
Sin embargo, el principal desafío no parece ser técnico sino cultural. En Argentina, el consumo de determinadas carnes está profundamente arraigado a tradiciones y costumbres, y la idea de comer burro genera rechazo o, al menos, sorpresa en buena parte de la población. Esta barrera simbólica es uno de los ejes centrales de la polémica.

A favor del proyecto, algunos sectores destacan la necesidad de diversificar la producción y adaptarse a las condiciones cambiantes del entorno. Consideran que la innovación es clave para sostener la actividad rural en regiones complejas como la Patagonia. Además, señalan que el consumo de carne de burro no es inusual en otros países y que, con el tiempo, podría normalizarse si se garantiza calidad, inocuidad y un precio competitivo.
Por otro lado, las críticas no se hicieron esperar. Organizaciones proteccionistas de animales cuestionaron la iniciativa desde una perspectiva ética, argumentando que el burro ha sido históricamente un animal de trabajo y compañía, lo que genera un vínculo emocional diferente al que existe con otras especies destinadas al consumo.
También hay quienes dudan de la viabilidad económica del proyecto, señalando que la escala actual es muy reducida y que será difícil generar una demanda sostenida.
Otro punto de discusión gira en torno a las regulaciones sanitarias y comerciales. Actualmente, el emprendimiento cuenta con habilitaciones locales provisorias, pero necesita la aprobación del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) para poder comercializar el producto a nivel federal. Este paso es fundamental para consolidar la actividad y evitar que quede relegada a un experimento aislado. En este sentido, el antecedente de la carne de guanaco —que aún no cuenta con habilitación comercial en la provincia— funciona como un recordatorio de las dificultades burocráticas que pueden frenar este tipo de iniciativas.
El proyecto “Burros Patagones”, como lo denominó su creador, también contempla un potencial de desarrollo más amplio que va más allá de la carne. Cittadini menciona la posibilidad de aprovechar el cuero del animal para producir ejiao, una gelatina utilizada en la medicina tradicional china, cuya demanda internacional es creciente. Este aspecto introduce una dimensión exportadora que podría resultar clave para la rentabilidad futura del emprendimiento.
Así, entre la curiosidad, la polémica y la expectativa, la carne de burro comienza a abrirse camino en el sur del país, desafiando tradiciones y proponiendo una alternativa que, para algunos, podría ser parte del futuro del campo patagónico.
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