ECONOMIA
Pensión por viudez de ANSES y el valor que se cobra en Argentina

Ante el lamentable fallecimiento de una persona, la viuda o el viudo pueden solicitar una pensión ante ANSES. Los detalles del monto
02/05/2025 – 08:00hs
Una de las pensiones más habituales otorgadas por ANSES es la de fallecimiento. Esta se otorga a la viuda o viudo del fallecido y consiste en un porcentaje mensual de dinero que le correspondía cobrar al jubilado o al trabajador por sus aportes.
No obstante, es importante tener en cuenta que se debe cumplir con una serie de requisitos para solicitar este tipo de prestación. Además, se debe presentar cierta documentación para su solicitud.
ANSES: qué requisitos se tienen que cumplir para pedir una pensión y cuál es el monto a cobrar
Pueden solicitar a una pensión por fallecimiento de una persona trabajadora o jubilada los siguientes grupos:
- Cónyuge
- Conviviente (acreditado)
- Hijos menores de edad
- Hijos con discapacidad sin límite de edad
Cabe aclarar que uno de los integrantes del grupo familiar tenga derecho a la pensión, no excluye al resto. Por este motivo, si se cumplen determinados requisitos, la pensión se comparte y es posible que los porcentajes se modifiquen si deja de corresponderle a uno de los integrantes o se incluye a un nuevo titular de derecho.
En cuanto al monto a cobrar, es clave determinar cuánto dinero le correspondería cobrar a la persona que falleció. Sobre ese total, se aplica un aproximado del 70% entre los titulares, quedando de la siguiente forma:
- El 70% para el cónyuge o conviviente, si no hay hijos con derecho a pensión
- El 50% para el cónyuge o conviviente, si existen hijos con derecho a pensión
- El 20% para cada hijo. Si no hubiera cónyuge o conviviente con derecho a pensión, el porcentaje de cada hijo se incrementará distribuyéndose el 50% en partes iguales
La suma de las pensiones de todos los beneficiarios no podrá exceder el 100% de lo que cobraba la persona fallecida. En ese caso, deberá recalcularse manteniéndose las mismas proporciones.
Si alguno de los titulares pierde el derecho a cobrar, se recalculará el monto correspondiente a los demás. Por ejemplo, en el caso de un grupo familiar integrado por una viuda con un hijo, se calcula de la siguiente forma:
- Viuda: 50%
- Hijo: 20% (hasta los 18 años)
- Total: 70%
Luego de cumplidos los 18 años del hijo, el importe de la pensión de la viuda se recalculará (acrecerá) sumando el 20%, alcanzando el 70%. En el caso de tener dos o más hijos, cuando alguno de ellos alcance la mayoría de edad, los porcentajes de quienes sigan cobrando no se modificarán.
De esta forma, un jubilado que cobra la mínima, una pensión para una viuda sin hijos con derecho a pensión, sería de $207.537 aproximadamente.
Esto se debe a que el 70% se calcula sobre el haber mínimo de $296.481,75, pero no se tiene en cuenta el bono de $70.000 ni ningún otro monto extra. Cabe recordar que, para poder solicitar la respectiva pensión, el trabajador fallecido debía cumplir con lo siguiente:
- Tener 30 años de aportes para el régimen común
- Como aportante regular: haber aportado 30 meses o más dentro de los últimos 36 meses antes de su fallecimiento
- Como aportante irregular: haber aportado 18 meses o más dentro de los últimos 36 meses antes de su fallecimiento. Otra opción es haber aportado 12 meses dentro de los últimos 60 meses antes de su fallecimiento y tener la mitad del total de años exigidos por el régimen común o diferencial
De cumplir con todos los requisitos, los familiares habilitados pueden solicitar a la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) la respectiva pensión.
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ECONOMIA
Jornada financiera: las acciones argentinas cayeron por la volatilidad global, pero el riesgo país volvió a bajar

La plaza bursátil argentina se movió nuevamente influenciada por la tendencia del exterior, con fuertes caídas en las acciones de EEUU –Meta se desplomó un 8%-, el avance de más de 4% los precios del petróleo y la renovada debilidad para el dólar en el mercado doméstico, en sus mínimos desde octubre.
La incertidumbre por la guerra en Medio Oriente, iniciada hace casi un mes, siguió poniendo bajo presión a los negocios financieros. El mandatario estadounidense Donald Trump dijo que los negociadores iraníes estaban “suplicando” un acuerdo a pesar de haber sido “aniquilados militarmente”, según describió, rechazando la postura pública de Teherán de que sólo está revisando la propuesta de Washington.
La Bolsa de Comercio de Buenos Aires arrojó una caída de 1,3% en pesos -tras ganancias iniciales- con su índice líder S&P Merval, en los 2.769.368 puntos, luego de ganar un 1% el miércoles, con coberturas de corto plazo.
Entre los ADR y acciones de compañías argentinas operados en dólares en Wall Street destacaron las caídas de Central Puerto (-4,6%), Banco Supervielle (-4,2%), Loma Negra (-4,2%) y Cresud (-4%). En contraste, subieron algunos títulos ligados al sector energético: YPF (+1,2%), Vista Energy (+1,4%) y Tenaris (+2%), ante un ascenso de más de 4% en la cotización del petróleo crudo. Globant rebotó 4 por ciento.
Los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales-cedieron un 0,3% en promedio, mientras que el riesgo país de JP Morgan descendió ocho unidades para la Argentina, en los 583 puntos básicos, ante la suba de las tasas de los bonos del Tesoro de EEUU.
En el exterior, los indicadores de Nueva York operaron con amplias caídas en un rango de 1% a 2,4%, mientras que el barril de crudo Brent del Mar del Norte ascendió 4,2% a USD 106,48 el barril en los contratos con entrega en mayo, en un nivel máximo desde julio de 2022.
Juan Manuel Franco, economista Jefe de Grupo SBS, expresó que “el mercado sigue atentamente los acontecimientos en Medio Oriente, con rumores varios sobre puntos de disputa en materia de negociaciones entre las partes involucradas, que aún no se resuelven. En este contexto, novedades tomadas como ‘positivas’ respecto a acercamiento entre los países beligerantes tienen repercusión positiva en los índices de acciones y en bonos internacionales, con el petróleo cediendo terreno”.
“De todas formas, ante la falta de acuerdos, el mercado opera negativo y con un petróleo Brent que gana casi 5% respecto del miércoles para ubicarse en la zona de USD 107 el barril. De continuar el conflicto, y estos precios de commodities, comenzará a sentirse a nivel mundial la presión sobre el costo de vida, con los países debiendo ver qué medidas tomar para contener el alza, que abarcar a toda la cadena de valor”, añadió Franco.
El Tesoro llevará adelante este viernes la última licitación de deuda en pesos del mes, para renovar vencimientos por unos 8 billones de pesos, que contará con la particularidad de la emisión de un nuevo título Bonar, el AO28, con vencimiento en octubre 2028, o sea ya con un nuevo Gobierno electo en las presidenciales del 2027.
Este bono, al igual que el Bonar AO27, pagará un cupón mensual de 6% anual, amortizable al vencimiento.
Dólar débil y compra de reservas
En una rueda de negocios con discreto volumen de negocios en los USD 316,4 millones en el segmento de contado (spot), el dólar mayorista notó la tercera caída consecutiva, este jueves por 9,50 pesos o 0,7%, a $1.368, su precio más bajo desde el 14 de octubre del año pasado ($1.360).
El dólar mayorista registra un descenso de 29 pesos o 2,1% en marzo, mientras que en el acumulado del primer trimestre de 2026 la caída se extiende a 87 pesos o 6 por ciento.
“La divisa abrió la jornada en $1.380 y desde el inicio mostró una clara tendencia bajista. Si bien en las primeras operaciones intentó estabilizarse en torno a los $1.375, rápidamente comenzaron a evidenciarse señales de debilidad, con escasas posturas de compra en pantalla. En ese contexto, la presión vendedora se fue intensificando a lo largo del día, quebrando sucesivos niveles sin encontrar sostén. De esta manera, el tipo de cambio mayorista cerró en $1.368, marcando un nuevo mínimo en lo que va del año”, describió Nicolás Merino, operador de ABC Mercado de Cambios.
El Banco Central estableció una banda superior de su esquema cambiario en los $1.647,61, que dejó al tipo de cambio oficial a 279,61 pesos o 20,4% de dicho límite de libre flotación, la brecha más grande desde el 27 de junio de 2025 (21,2%), nueve meses atrás.
El dólar al público amplió a diez pesos o 0,7% la baja de este jueves, a $1.390 para la venta en el Banco Nación. Así igualó el piso de cotizaciones del 23 de febrero, a la vez un mínimo desde el 13 de octubre de 2025.
Un dólar a la baja contribuyó a nuevas compras del BCRA por USD 57 millones en el mercado, el 18% del monto operado en la plaza mayorista. Las reservas internacionales brutas cedieron en USD 296 millones, a USD 43.536 millones, debido en parte a la caída de la cotización del oro (-3,2% a USD 4.405 la onza).
Desde el inicio del nuevo esquema cambiario, el BCRA ha comprado dólares todos los días excepto el 2 de enero por cerca de USD 4.000 millones, con compras diarias promedio de 71 millones de dólares.
Aunque el dólar blue operó a contramano, y subió cinco pesos o 0,4%, a $1.425 para la venta, el dólar MEP operó en sintonía con la tendencia bajista del dólar oficial. Esta cotización implícita en activos bursátiles que son negociados en simultáneo en pesos y en dólares, tocó $1.398,50, mientras que el “contado con liquidación” negoció debajo de los 1.450 pesos, un piso desde el 23 de febrero.
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ECONOMIA
Trump usará maíz y soja para bajar la nafta: por qué no todo es festejo para el campo argentino

La guerra en Medio Oriente empujó a Donald Trump a alterar su política energética, con un mayor corte de biocombustibles, que le permita frenar las alzas de precios en las estaciones de servicios de Estados Unidos. Y la medida puede tener efecto sobre el campo argentino, ya que podría inducir a un alza en las cotizaciones de maíz y soja.
Es así que, desde el célebre eslogan «drill, baby, drill» pronunciado el mismo día de su asunción para dejar en claro que apoyaría la producción petrolera sin dejarse influenciar por las advertencias ecologistas, ahora el presidente estadounidense pasó a mirar con atención a la alternativa del combustible en base a cultivos.
En realidad, el corte de naftas con un 15% de etanol ya era una promesa del presidente, que viene sintiendo la presión del lobby agrícola, descontento por cómo la relación tensa con China afectó sus ingresos.
Y ahora, como efecto colateral del conflicto en Irán, se dio la oportunidad perfecta para el anuncio: la Agencia de Protección Ambiental autorizó temporariamente el uso de etanol, con lo cual se busca simultáneamente contener el precio de los combustibles y, además, generar un mercado interno adicional para los farmers.
Esta medida, que se veía como factible cuando empezó el ataque a Irán, se transformó en una certeza cuando se constató que las hostilidades podrían prolongarse más de lo previsto inicialmente. De hecho, entre los analistas del sector energético ya se está hablando de un posible precio del barril de apuntando al inédito precio de u$s200.
Trump, que en octubre intentará el apoyo del electorado en las legislativas de medio término, había hecho del precio de la nafta uno de sus caballitos de batalla durante la campaña presidencial de 2024. De manera que toda medida que ayude a atenuar el impacto del conflicto será ahora una prioridad de tipo político.
«A partir del 1 de mayo de 2026, las exenciones de la EPA contribuirán a prevenir interrupciones en el suministro de combustible en los Estados Unidos, manteniendo el E15 en el mercado y brindando a los estadounidenses más opciones de combustible. La EPA emite hoy este aviso de exención para dar a los actores de la industria de combustibles tiempo suficiente para adaptar el sistema de distribución», afirma el comunicado oficial.
Caputo y el campo miran diferentes cifras
El etanol es un subproducto del almidón de maíz, lo que implica que, con esta medida, habrá mayor demanda de este cultivo. Desde el inicio del conflicto en Irán, el precio del maíz se disparó 15 dólares y el precio sigue sostenido, sobre todo tras la apuesta masiva de los fondos de inversión en commodities.
Sin embargo, esto no debe llevar a conclusiones apresuradas: los productores argentinos no necesariamente saldrán ganando de esta situación. Ocurre que, así como la suba del petróleo y las medidas de Estados Unidos empujan los precios agrícolas, lo mismo ocurre con los fertilizantes y otros insumos del campo.
De hecho, los principales materiales que usan los agricultores argentinos están subiendo en mayor proporción que la cotización del grano, lo que implica que la rentabilidad de esta campaña podrá verse afectada.
No por casualidad, se escucharon voces de crítica entre los productores cuando el ministro de Economía, Toto Caputo, publicó un mensaje con tono celebratorio respecto del potencial exportador del campo, cuya situación calificó como «boom absoluto».
«Nuestras estimaciones son que en un escenario conservador, las exportaciones aumentarían en 3.700 millones de dólares con respecto al año pasado. En un escenario de precios y producción más altos (algo que se está convalidando), las exportaciones treparían a casi 42 mil millones. Esto es 8.700 millones más que el año pasado.
Granos por escalera, urea por ascensor
Pero del otro lado del mostrador, las cosas no se ven igual. Es cierto que el volumen de la cosecha será mejor al previsto, con unas 60 millones de toneladas de maíz y 49 millones de toneladas de soja. Pero la ecuación económica de los productores está empeorando.
Un reporte de Marianela de Emilio, experta del Inta, muestra que, en comparación con los precios que había antes del conflicto en Medio Oriente, la urea subió un 47%, el glifosato un 24%, el gasoil un 17% y el fosfato diamónico un 3%.
Y eso no es lo peor: si se considera el antecedente de la invasión rusa a Ucrania en 2022, estos productos todavía tendrían margen para seguir aumentando si el conflicto se prolonga y la situación del petróleo no se normaliza.
Dicho de otra forma, hace dos meses se necesitaba vender 1,4 toneladas de soja para comprar una tonelada de urea, mientras que ahora se necesita 2,6 toneladas, y la tendencia es al alza.
Esto es lo que hace que lo que en principio iba a ser una buena temporada para el campo argentino, súbitamente se haya transformado en un caldo de cultivo para los quebrantos. Ya desde el año pasado los productores se quejaban de que, fuera de la zona núcleo, los números del negocio no estaban cerrando, y que esa situación no cambió con la rebaja de dos puntos a las retenciones de la exportación sojera.
Para colmo, en el caso de la soja se observa una fuerte volatilidad, que llevó a que el precio tocara un máximo de u$s450 -después de haber promediado los u$s380 durante el año pasado- para luego desplomarse súbitamente en u$s25. Es un contexto en el que se vuelven a sentir reclamos por la baja de retenciones a la exportación.
Maíz: ¿cuándo y a quién vendérselo?
Para los productores argentinos, sobre todo para los de maíz, es un momento de decisiones difíciles. Por un lado, hay una perspectiva de suba de los precios internacionales, como consecuencia de la medida tomada por Trump sobre los biocombustibles. Pero, al mismo tiempo, el costo de los insumos está subiendo aceleradamente.
Por otra parte, el precio está volátil, y no sólo será influenciado por la demanda de etanol. También juega la expectativa sobre el nuevo informe del USDA -el departamento de agricultura del gobierno estadounidense-, donde se actualizarán las proyecciones de cosecha y nueva campaña. Y, sobre todo, si se confirma que Trump y su colega chino, Xi Jinping, retomarán las negociaciones comerciales, también esto podría alterar las cotizaciones.
Este escenario volátil hace que muchos productores argentinos consideren que es preferible asegurarse el precio hoy antes que especular con una suba en las pantallas de Chicago. De hecho, ya llevan 19 millones de toneladas negociadas para la venta -un tercio de la cosecha-, mientras el año pasado, a esta altura, no había más de 9 millones. Del total negociado, unas 12 millones de toneladas ya tienen precio fijado.
El impacto sobre las carnicerías
Pero, además, hay otro tema sensible vinculado al maíz, del que suele hablarse poco: incide directamente en el precio de la carne vacuna.
Ocurre que, mientras hay escasez de carne a nivel global -lo cual eleva la demanda y el precio de exportación- también se registra un bajo nivel de faena en Argentina, que cayó 10% en un año, lo cual se refleja en los precios de las carnicerías.
Esto ocurre porque, con un stock vacuno debajo de los 50 kilos de cabezas -el número más bajo de los últimos 15 años-, y además con precios en alza, los ganaderos prefieren vender menos animales, pero más gordos. Si antes la norma era enviar a faena el ganado de 300 kilos, ahora se los envíe al matadero con más de 480 kilos.
Y el dato clave es que el ganado vacuno se engorda con maíz, que aunque haya subido en el mercado mundial, está más barato que nunca en comparación con la carne. Para ponerlo en números: históricamente, para comprar 10 kilos de maíz, se necesitaba el equivalente un kilo de novillo. Hoy el costo es medio kilo de novillo.
Esto lleva a que una proporción alta de la campaña de maíz, en vez de ser exportada, sea vendida a los productores ganaderos. En principio, la opinión mayoritaria en el campo es que, por más que el maíz tuviera una suba, la tendencia del mercado cárnico no variaría drásticamente, dada la demanda insatisfecha a nivel global, que mantiene atractivos los precios de exportación.
Pero claro, si se produjera un boom en el precio del maíz, entonces nuevamente la ecuación cambiaría y los ganaderos verían disminuir el margen de rentabilidad previsto.
Lo cierto es que en el agro están afinando el lápiz más que nunca. Porque, además de la situación internacional, también juega, como siempre, la especulación local. Un dólar mayorista de $1.368 desincentiva la exportación, sobre todo la sojera, y hace inevitable que nuevamente se ponga sobre el tapete la discusión sobre el tipo de cambio y una eventual baja de retenciones.
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ECONOMIA
El Banco Central aprovechó la calma cambiaria para comprar dólares, pero las reservas volvieron a caer

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) completó 55 ruedas consecutivas con saldo comprador en el mercado de cambios, logrando la racha más prolongada desde 2007. Este jueves, sumó otros USD 57 millones y el saldo acumulado en lo que va de 2026 casi alcanza los 4.000 millones de dólares.
Desde el arranque de la cuarta fase del esquema monetario, en enero, la entidad ya sumó USD 3.989 millones, lo que equivale a cerca del 40% del objetivo trazado para el año. Para sostener este ritmo, el Central optó por incrementar la emisión de pesos sin absorber el excedente mediante instrumentos tradicionales, mientras que el Tesoro absorbió parte de esos fondos con nuevas colocaciones de deuda en el mercado local. En las últimas licitaciones, el Ministerio de Economía evitó expandir la cantidad de pesos en circulación, con el fin de contener tanto la base monetaria como la inflación y el valor del dólar.
Proyecciones oficiales ubican las compras netas de divisas para 2026 en un rango de USD 10.000 a 17.000 millones, condicionado por la demanda de pesos y la disponibilidad de dólares en el mercado. Santiago Bausili, presidente del BCRA, indicó que el ritmo de adquisiciones dependerá, sobre todo, de la demanda de moneda local y el flujo de ingreso de divisas. Hasta el momento, lo acumulado representa el 39% de la meta anual.
Al finalizar la última rueda, las reservas internacionales bajaron a USD 43.536 millones, tras una caída diaria de USD 296 millones y cayeron al menos nivel desde principios de enero de 2026. Según explicaron fuentes del BCRA, la contracción se explica por retrocesos de las cotizaciones de los activos que forman parte del stock del organismo como el oro. En efecto, la onza del metal precioso retrocedió 3,43% hasta los 4.430 dólares.
La acumulación de reservas se vio limitada por las compras de divisas del Tesoro, que recurrió al Central para afrontar vencimientos de deuda, afectando el ritmo de incremento. Buena parte de los dólares provino de la liquidación de exportaciones agrícolas y de colocaciones de deuda por parte de empresas y provincias. Tras las elecciones legislativas de octubre de 2025, las emisiones de bonos y obligaciones negociables superaron los USD 11.000 millones.
En una jornada con operaciones moderadas que totalizaron USD 316,4 millones en el mercado spot, el dólar mayorista retrocedió por tercera vez consecutiva. Este jueves, la cotización cayó 9,50 pesos, equivalente a un 0,7%, y finalizó en $1.368, el valor más bajo desde el 14 de octubre pasado, cuando se ubicó en 1.360 pesos.
Durante marzo, el tipo de cambio mayorista acumula una baja de 29 pesos, equivalente a 2,1 por ciento. En el primer trimestre de 2026, la disminución alcanza los 87 pesos o 6 por ciento.
El Banco Central fijó la banda superior del esquema cambiario en $1.647,61, lo que ubica al dólar oficial 279,61 pesos por debajo de ese techo, con una diferencia de 20,4 por ciento. Se trata de la mayor brecha desde el 27 de junio de 2025, cuando alcanzó 21,2%, hace nueve meses.
Por otra parte, el Banco Central resolvió reducir en 5 puntos los encajes bancarios a partir de abril, buscando incentivar la actividad económica en un contexto de inflación en descenso. La medida permitirá que los bancos cuenten con mayor liquidez disponible para otorgar préstamos y aumentará la cantidad de dinero en circulación.
El Directorio decidió no renovar la disposición transitoria que, desde agosto y con prórroga en noviembre, había elevado los encajes bancarios en 5 puntos porcentuales hasta el 31 de marzo. La norma, implementada bajo la presidencia de Bausili, había situado el nivel de encajes en el valor más alto de las últimas tres décadas.
Desde el 1 de abril, el esquema monetario adoptará un perfil más flexible, con el objetivo de avanzar en la remonetización que impulsa el Gobierno para estimular la economía. Hasta ahora, la política monetaria mantenía un enfoque marcadamente contractivo. En febrero, la base monetaria se redujo 1% en términos reales, reflejando el impacto de ese sesgo restrictivo en un contexto de recesión en varios sectores.
Los encajes representan una fracción de los depósitos en pesos o dólares que las entidades financieras deben mantener inmovilizados en el Banco Central. Cada vez que un cliente deposita fondos, el banco transfiere una parte a una cuenta especial en el BCRA, con el fin de garantizar solvencia ante eventuales retiros y operar como instrumento de política monetaria. Los cambios en el nivel de encajes inciden directamente sobre la cantidad de dinero circulante y, en consecuencia, sobre la inflación.
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