ECONOMIA
Riesgo país por debajo de los 500 puntos: cómo impacta en el dólar, la economía y las empresas

La baja del riesgo país, que perforó los 500 puntos básicos, medido por el índice de J.P. Morgan, marcó un hito para el mercado financiero local y volvió a poner sobre la mesa la posibilidad de que Argentina regrese al mercado internacional de deuda. Se trata de un umbral clave: no solo es una condición necesaria para que el Tesoro evalúe una emisión externa, sino que también ayuda a reducir el costo de financiamiento para empresas y provincias.
Detrás de esta compresión aparece un factor central para los inversores: la acumulación de reservas por parte del Banco Central (BCRA), una señal largamente esperada por el mercado y, al mismo tiempo, un compromiso asumido en el marco del acuerdo vigente con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Durante la actual gestión, los vencimientos se cubrieron mayormente con dólares propios, pero hacia adelante el acceso al crédito externo deja de ser una alternativa y pasa a convertirse en una necesidad estructural.
Desde el mercado explican que perforar los 500 puntos implica estar cada vez más cerca de una reapertura del financiamiento internacional. La expectativa oficial es que, con un riesgo país en ese rango, el Gobierno pueda volver a buscar capital extranjero a tasas más razonables, algo clave para la sostenibilidad de las cuentas públicas.
Riesgo país: qué beneficios trae la caída del indicador
La continuidad de esta tendencia tiene múltiples efectos positivos. Analistas del sector financiero destacan que un riesgo país más bajo dinamiza la actividad económica, impulsa la inversión y otorga mayor aire a las finanzas del Estado. En la práctica, permite refinanciar vencimientos de capital en lugar de afrontarlos con recursos propios, lo que reduce la presión sobre el superávit fiscal y mejora la previsibilidad.
Además, el impacto no se limita al sector público. La caída del riesgo país también se traslada al costo del crédito para empresas, algo que ya se refleja en un mayor dinamismo de las emisiones corporativas, que comienzan a salir al mercado a tasas más bajas. Este contexto, sostienen los especialistas, contribuye a reducir el llamado «costo argentino», un factor que históricamente encareció el financiamiento y limitó el crecimiento.
En ese sentido, los datos recientes muestran un fuerte repunte del financiamiento externo: desde fines de octubre, empresas y provincias colocaron más de u$s7.000 millones en el exterior, mientras que los préstamos bancarios en dólares al sector privado crecieron u$s885 millones solo en enero, el nivel más alto desde agosto, según la consultora 1816. Córdoba fue la primera provincia en volver al mercado durante esta gestión y ahora evalúa una nueva colocación de un bono en dólares, bajo ley de Nueva York, por un monto cercano a u$s500 millones.
Un menor costo del capital también tiene efectos macroeconómicos. Al abaratar el crédito, favorece una mayor expansión del financiamiento para familias y pymes, y contribuye a aliviar las presiones inflacionarias, al mejorar las condiciones generales de la economía.
Cómo puede impactar en el dólar
En tanto, la caída del riesgo país puede ayudar a mantener bajo control el dólar. Aunque -lógicamente- no está directamente relacionado, lo que conlleva que este indicador se ubique en niveles bajos puede favorecer a la calma cambiaria.
Es que el riesgo país bajo aumenta la confianza de los inversores en la economía local, lo que reduce la demanda de divisas como cobertura y fomenta el ingreso de capitales o la venta de dólares (carry trade), fortaleciendo la moneda local y estabilizando el tipo de cambio.
Entre algunas razones, se da una mayor confianza y menor cobertura: un riesgo país bajo indica menor probabilidad de impago de deuda, reduciendo la necesidad de que inversores y ahorristas busquen refugio en el dólar, lo que calma la cotización.
Además, se puede generar un mayor ingreso de dólares vía inversiones: al mejorar las condiciones de financiamiento, pueden ingresar dólares para inversiones productivas o financieras (bonos, acciones), aumentando la oferta de divisas.
Y finalmente, un riesgo país bajo con tasas de interés en pesos atractivas fomenta el «carry trade» (vender dólares para invertir en pesos), lo que genera presión a la baja sobre el tipo de cambio.
Ecuador salió a colocar deuda internacional: ¿sigue Argentina?
El regreso de Ecuador a los mercados internacionales, tras siete años de ausencia, reavivó las comparaciones. El país andino anunció una emisión récord por u$s4.500 millones, con bonos a 2034 y 2039, operación que permitirá recomprar deuda y normalizar su perfil financiero. La colocación estuvo acompañada por una mejora en la calificación crediticia por parte de Moody’s, que valoró el avance en materia fiscal bajo la gestión del presidente Daniel Noboa.
La operación incluyó la recompra de bonos por unos u$s2.500 millones con vencimiento en 2030 y u$s2.100 millones en títulos que vencen en 2035. Los rendimientos pactados rondan entre 8,75% y 9,25%, según el plazo. Para el mercado, estos niveles funcionan como referencia: Ecuador logró emitir con spreads de entre 460 y 500 puntos básicos, lo que refuerza la idea de que, una vez recuperado el acceso, se genera un círculo virtuoso que mejora la percepción de riesgo y abre la puerta a futuras rebajas en el costo del financiamiento.
Desde las mesas de análisis estiman que, si Argentina consolida el proceso actual, un riesgo país en torno a los 450 puntos aparece como un objetivo alcanzable. Incluso, un eventual regreso al mercado podría impulsar una compresión adicional hacia la zona de los 400 puntos, aunque con un piso condicionado por la volatilidad política que aún perciben los inversores.
El mercado sigue de cerca este escenario. Con el BCRA acumulando más de u$s1.000 millones en enero a través del mercado oficial de cambios, los inversores monitorean la evolución de los spreads y comparan la situación argentina con la de otros países de la región. Si bien hoy la tasa del bono del Tesoro de Estados Unidos a 10 años es más elevada que en la última emisión argentina, el antecedente ecuatoriano refuerza la pregunta clave: cuándo podría ser el turno de Argentina.
Las tasas logradas por Ecuador, pese a tratarse de un crédito que enfrentó múltiples shocks en los últimos años, alimentan el optimismo. No obstante, los analistas coinciden en que la acumulación sostenida de reservas será determinante para que, en una eventual salida al mercado, Argentina pueda hacerlo al menor costo posible.
Bonos favorecidos por la baja del riesgo país: en qué invertir
Con la baja del riesgo país, para los expertos, los bonos más favorecidos serán los emitidos a más largo plazo. «Nos gusta la parte larga de la curva, en particular el Global 2041 (GD41), que vemos como el bono con el mejor retorno esperado en un escenario positivo», afirma Alejo Rivas, estratega en Balanz.
En un contexto muy favorable para créditos emergentes, sostiene que los bonos globales «empezaron a reaccionar» ante los más de u$s1.000 millones que el BCRA lleva comprados en enero para las reservas.
«Hacia adelante, vemos más recorrido en caso de consolidarse la compra de reservas durante la época de cosecha. Además, si Argentina llevase adelante operaciones de manejo de pasivos, como la de Ecuador, estas podrían empujar aún más el riesgo país a la baja y facilitar el acceso fluido al mercado», sostiene Rivas.
Según lo demostrado por otros países de la región, el riesgo país argentino tiene potencial para una baja mayor de los actuales niveles cercanos a los 500 puntos básicos.
«Países comparables con Argentina están entre 200 y 300 puntos», graficó Marcelo Bastante, analista de mercados, sobre el margen de baja de este indicador clave.
Para Esteban Castro, economista y CEO de Inv.est, con un escenario de riesgo país en descenso, los principales beneficiados en bonos serían los «globales y bonares en dólares, como los emitidos al 2030 (GD30 y AL30) y al 2035 (GD35), que aparecen como los primeros candidatos, ya que una compresión del riesgo país se traduce directamente en suba de precios por caída de tasas implícitas».
En ello concuerda Leonardo Guidi, analista de AN Conectar Bursátil: «En bonos, el que más me gusta es el emitido al 2035 (AL35) porque, en procesos de tasa (TIR) a la baja, debemos posicionarnos en los bonos que tengan mayor Duration Modificada (MD), porque son los que más suben de precio con cada baja de la TIR. Técnicamente, el emitido al 2041 (AL41) tiene mayor MD, pero también hay que considerar el riesgo. Así que el que, para mí, tiene la mejor relación riesgo-retorno es el AL35, que puede subir de 20% a 25% si el riesgo país cae por debajo de 400 puntos».
En la misma sintonía, Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance, coincide: «Con la reciente baja del riesgo país, vemos una oportunidad clara en los bonos al 2035 (AL35) y 2041 (AL41), que son los que mejor capturan la ganancia de capital en un escenario de mayor compresión del spread».
A ello agrega Auxtin Maquieyra, gerente Comercial de Sailing Inversiones: «Con un riesgo país en proceso de compresión, vemos valor tanto en renta fija como en renta variable. En bonos soberanos, preferimos la curva media y larga, donde la mayor duration permite capturar un potencial superior de ganancia de capital ante una baja adicional de spreads».
En este contexto, destaca al bono al 2038 (AE38), con una TIR de 9,45%, y al emitido al 2035 (AL35), con una TIR de 9,3%, que «ofrecen una relación riesgo–retorno más atractiva que la parte corta, donde gran parte del ajuste ya estaría incorporado».
En qué acciones invertir, con el riesgo país en baja
Por el lado de las inversiones en acciones argentinas recomendadas en este escenario de menor riesgo país, los analistas detallan que el sector bancario será el más favorecido.
«La baja del riesgo país beneficia a todas las empresas, especialmente a aquellas con acceso al mercado de capitales, ya que pueden obtener financiamiento más barato», detalla Rubén Pasquali, analista de Fernández Laya, a iProfesional.
Desde en análisis de Andrés Repetto, analista de mercados y fundador de Andy Stop Loss, «si las medidas oficiales siguen reacomodándose con el riesgo país, con acumulación de reservas y leyes que fomenten el crecimiento de la industria y el empleo, me parece que el sector bancario será un claro ganador».
Esto se debe, según su argumento, a que con un aumento del consumo por parte de una clase media con mejores salarios y crecimiento del mercado laboral, «las entidades podrán dar más créditos, captar más ahorros y trabajar de bancos. Cosa que hace décadas no ocurre, por lo que me parece que es un sector que tiene mucho para crecer y Argentina empieza a ser un país normal». Sus acciones preferidas son Grupo Galicia (GGAL) y banco BBVA.
«En acciones, el foco está en bancos y utilities, sectores muy sensibles al riesgo soberano. Entidades como Grupo Financiero Galicia, Banco Macro o BBVA Argentina suelen reaccionar rápido ante expectativas de normalización financiera, mientras que empresas reguladas como Pampa Energía, Central Puerto o Transportadora de Gas del Sur (TGS) pueden beneficiarse de un escenario de mayor previsibilidad macro y ajuste de tarifas», resume Castro a iProfesional.
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ECONOMIA
El dólar profundiza su caída y toca su menor valor en tres meses: los factores detrás de la baja

El dólar volvió a caer este martes y se ubica en niveles más bajos en tres meses. El mayorista cae $13 (1,1%) a $1.407, el valor más bajo desde el 19 de noviembre. De esta manera, amplía la brecha con el techo de la banda cambiaria ($1.580,27), y se ubica en 12,31%.
En tanto, el minorista también bajó 1% a $1.425 en el Banco Nación. En el segmento bursátil, el MEP baja 0,8% hasta $1.427, mientras que el CCL cae 1,4% a $1.470,82. En el sector informal, el dólar blue se ofrece a $1.425.
En el arranque de 2026, la atención se corrió del precio del dólar hacia el «cómo» se sostiene la calma. La temporada de viajes, el financiamiento en moneda extranjera de empresas y provincias, y el crédito bancario en dólares aparecen como piezas que pueden inclinar la balanza, incluso sin movimientos bruscos en las cotizaciones.
El trasfondo también es político y financiero. Por un lado, está la trayectoria de las reservas y la capacidad del esquema para atravesar el bache previo a la cosecha gruesa. Por el otro, el precio del riesgo argentino y la posibilidad real —o potencial— de recuperar acceso a financiamiento externo, un factor que suele volverse más sensible cuando se acerca un año electoral.
Reservas y mercado oficial: el «puente» que el BCRA intenta sostener hasta la cosecha
Tras haber explicitado a fines de 2025 un objetivo de acumulación de reservas netas, el Banco Central arrancó 2026 con un dato que el mercado leyó como ancla: en enero compró USD 1.158 millones en el MULC. Para los especialistas de Grupo SBS, ese movimiento fue uno de los pilares de la compresión del riesgo país y, a la vez, del clima de menor tensión cambiaria.
Desde Grupo SBS señalaron que, incluso con monedas regionales fuertes y con una demanda estacional de pesos que suele presionar al sistema financiero, el frente cambiario no mostró un empuje relevante al alza. En esa lectura, el comportamiento del dólar se explicó más por el equilibrio de flujos que por un giro abrupto de expectativas.
Los expertos del bróker advirtieron que febrero suele traer un desafío adicional: la demanda estacional de pesos continúa cayendo y podría mantenerse débil al menos hasta mitad de año. Bajo ese marco, la remonetización en pesos y la compra de reservas deben evaluarse junto con variables domésticas y con el pulso de los flujos en dólares.
Para SBS, la clave del «puente» hasta la cosecha gruesa está en la continuidad de la oferta privada en el mercado oficial. En su análisis, emisiones en dólares, préstamos y depósitos en moneda extranjera pueden sostener la oferta en el MULC y permitir que el BCRA continúe comprando, siempre que no aparezcan shocks exógenos adversos que presionen al dólar.
Riesgo país en «zona Ecuador»: la ventana financiera que también impacta en el dólar
Con el riesgo país argentino rondando los 485 puntos básicos, 1816 planteó un espejo que el mercado repite en voz baja: el nivel es muy similar al que tenía Ecuador cuando anunció su regreso a los mercados internacionales. En aquel caso, Ecuador colocó USD 4.000 millones y destinó USD 3.000 millones a recomprar bonos, un esquema que funcionó como administración de pasivos más que como financiamiento neto.
Desde 1816 señalaron que, por comparación, Argentina podría emitir deuda offshore si quisiera. Sin embargo, en la lectura de la consultora, la señal política fue otra: Caputo reiteró que no planea colocar deuda en el exterior, y esa insistencia se interpretó como una apuesta a esperar un contexto que permita salir a tasas más bajas.
Los analistas de 1816 insistieron en que la discusión no es solo de oportunidad, sino de conveniencia macro-financiera. Con 2027 como año electoral, recordaron que la historia suele volver a los inversores más cautelosos, por lo que conseguir financiamiento externo en 2026 puede tener valor estratégico para atravesar el ciclo sin sobresaltos.
En ese marco, la consultora puso números a la hoja de ruta: entre el BCRA y el Tesoro, los compromisos en moneda extranjera con privados, FMI y Club de París suman USD 10.400 millones en lo que resta de 2026 y USD 21.100 millones en 2027 (bajo el recorte que asume rollover de la parte de otros organismos). Para 1816, ese calendario ayuda a explicar por qué el mercado sigue de cerca la ventana financiera y su efecto potencial sobre dólar y reservas.
Dólares que salen y dólares que entran: turismo con tarjeta versus crédito y emisiones
Un dato de micro, para 1816, capturó la atención del mercado cambiario: los préstamos por consumos con tarjeta en dólares cerraron enero en un máximo histórico. Esa señal fue consistente con una salida elevada por turismo y viajes, aunque la consultora aclaró que la estadística no incluye consumos con débito o a través de billeteras virtuales.
Aun con esa presión por el lado de la demanda, 1816 observó que el Banco Central pudo comprar divisas, y explicó una pieza clave de la mecánica: una porción importante de la oferta se entiende por otros préstamos bancarios en dólares que se liquidan en el mercado oficial. En enero, ese stock subió USD 1.194 millones, aportando oferta en el MULC en el momento de la liquidación.
En paralelo, Grupo SBS puso el foco en otro canal que, para su análisis, ayuda a sostener el equilibrio: las emisiones de bonos corporativos y provinciales en dólares en el mercado local. Según detallaron, esas colocaciones superaron USD 8.300 millones desde las elecciones nacionales de octubre de 2025 y se consolidaron como una fuente relevante de oferta en el mercado oficial.
La foto que surge de ambas lecturas es que la estabilidad del tipo de cambio se apoya en un balance de flujos. Turismo y consumos externos pueden empujar la demanda, pero crédito, emisiones y depósitos en dólares aportan oferta. La clave, para el mercado, es si esos canales se sostienen en las próximas semanas: de ese equilibrio depende que el dólar siga sin quedar exigido al alza.
Tasas, CER y reglas del juego
En el frente de precios, 1816 destacó un episodio con derivaciones financieras: el Gobierno decidió diferir indefinidamente el cambio de metodología del IPC Nacional que iba a implementarse con el dato de enero de 2026. La consultora explicó que el cambio implicaba un ajuste de ponderadores y que el esquema postergado elevaba el peso de los regulados a casi 25% del índice (desde alrededor de 20% en la metodología vigente).
Sin embargo, los expertos de 1816 remarcaron un contraste que sorprendió: el mercado no lo tradujo en precio. No vieron un impacto visible ni en la curva CER ni en los bonos en dólares. En su diagnóstico, la diferencia entre metodologías venía siendo acotada en los últimos meses y, además, los soberanos en dólares todavía reflejaban una prima elevada.
Para 1816, esa aparente indiferencia dejó una conclusión operativa: con el spot lejos del techo de la banda y con brecha MEP versus spot casi en cero, la lógica indicaría evitar que las tasas vuelvan a subir. Aun así, advirtieron que el esquema monetario es volátil y marcaron una señal puntual: el stock de «otros» pasivos remunerados del BCRA llegó a ser negativo en 0,73 billones de pesos, lo que interpretaron como provisión neta de liquidez en la última rueda de enero.
En estrategia de pesos, 1816 priorizó Lecap cortas hasta agosto de 2026 por sobre Boncap. Y, para alargar duration, mantuvo su preferencia por instrumentos duales, con una referencia de mercado: una TAMAR implícita promedio que iguala rendimientos en torno al 24% TNA promedio entre hoy y fines de noviembre de 2026.
Tipo de cambio real y cuentas externas
Desde Grupo SBS explicaron que el tipo de cambio real vuelve a ser una pieza central del rompecabezas. En su lectura, las cuentas de servicios —especialmente turismo— y las importaciones empiezan a reflejar un tipo de cambio real atractivo en términos históricos para esos consumos, lo que puede condicionar el balance externo si los egresos se aceleran.
Los especialistas del bróker destacaron que las exportaciones vienen mostrando dinámica positiva, con un rol cada vez más relevante del sector hidrocarburífero. Pero advirtieron que la foto del comercio exterior cambió: al mirar la balanza de 2024 y 2025, se evidencia una recomposición de la participación de combustibles en el superávit.
Según SBS, la participación de combustibles en el superávit pasó de 31% a 68%, mientras el superávit comercial total se redujo de 40,4% interanual a 4% interanual, con una suba significativa de importaciones de combustibles. En esa línea, remarcaron que la balanza comercial ex combustibles mostró un superávit de 72,5%, lo que refuerza la importancia de la energía en la cuenta externa.
Para SBS, esto deja una advertencia: si bien se espera que las exportaciones energéticas apunten al alza, los precios internacionales de los hidrocarburos se vuelven una variable crítica, al igual que la cuenta capital y financiera. Un equilibrio consistente entre todas esas cuentas es clave para evitar sobresaltos nominales ante shocks externos que presionen al dólar.
Qué mira la City para anticipar el próximo movimiento del dólar
El escenario, en síntesis, se sostiene sobre una arquitectura de flujos. Del lado del ancla, el mercado observa que el BCRA compró dólares en enero y que parte del sostén provino de oferta privada, vía crédito y emisiones en moneda extranjera. Del lado del riesgo, el mercado sigue la discusión sobre financiamiento y el calendario de vencimientos en dólares, especialmente de cara a 2026 y 2027.
La pregunta que atraviesa todo es de consistencia: ¿cuánto tiempo puede sostenerse la calma antes de que cambie la estacionalidad, se recaliente la demanda por turismo o se mueva el tablero de tasas? La respuesta no depende solo del precio del dólar, sino de la micro del mercado y de la continuidad de los flujos que alimentan la oferta.
La señal que emerge de los informes es que el «puente» hasta la cosecha gruesa existe, pero no es automático. Requiere que sigan funcionando, al mismo tiempo, el financiamiento privado, el crédito en dólares, la acumulación de reservas y el equilibrio externo.
Por eso, más que mirar una cotización puntual, la City sigue un tablero: reservas, flujos de MULC, turismo, tasa en pesos, brechas, canales de oferta privada y tipo de cambio real. Si ese tablero se mantiene ordenado, la calma puede estirarse. Si alguna pieza se corre, el dólar podría volver a moverse cuando el mercado menos lo espera.
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ECONOMIA
Por qué baja el dólar pese a las compras de divisas del Banco Central: 5 claves para entender al mercado

El dólar está teniendo un comportamiento contraintuitivo en este inicio de 2026: baja de precio a pesar de las constantes posturas compradoras del Banco Central en el mercado y se va alejando del techo de las bandas cambiarias, pese a que éstas se amplían al ritmo de una inflación todavía muy alta sobre el 2% mensual.
¿Por qué cae el dólar? Varios factores se combinan este verano para que tome esa tendencia, que no estaba prevista “en los papeles” al cierre de 2025, justamente un año de volatilidad extrema y precios récord en medio de la contienda electoral.
1) Importante oferta privada. Ya desde noviembre, pasadas las elecciones legislativas, se dio una serie de emisiones de Obligaciones Negociables y bonos provinciales que contribuyeron a inyectar divisas en el mercado. En enero destacó el récord en el registro de DJVE (Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior) por un volumen total que superó los 10 millones de toneladas, de la mano de las exportaciones de trigo y cebada.
Una oferta estacional importante para el período estival -entre USD 400 y 500 millones diarios- habilitó las compras oficiales sin alterar la estabilidad de las cotizaciones, hoy en todos los segmentos debajo de los 1.500 pesos.
2) Renace el “carry trade”. El Tesoro nacional se mantiene muy activo con la licitación de bonos en pesos de muy corto plazo para esterilizar eventuales excedentes, como los que podría provocar la compra de divisas a manos del BCRA. Un dólar quieto con tasas reales positivas en pesos también incentivan las liquidaciones de privados en el mercado para aprovechar los rendimientos de la deuda.
En este marco, el Ministerio de Economía llevará a cabo este miércoles 11 una licitación interna de deuda para cubrir vencimientos por casi 10 billones de pesos, mediante cuatro papeles a tasa fija, dos ligadas a la TAMAR, cuatro ‘Boncer’ y otra la letra vinculada al dollar linked.
3) Expectativa de fuertes liquidaciones. En febrero se “juegan” los rindes de la cosecha gruesa de soja y maíz y sus derivados industriales, que concentran su liquidación en el segundo trimestre del año. para ese lapso se espera una muy abundante oferta dado el superávit comercial estacional, que en parte será absorbida por el BCRA para cumplir con su objetivo de compras netas en el orden de USD 10.000 a 17.000 millones este año.
La soja registra una muy importante recuperación de precios de 7% este año, a USD 413 la tonelada en el Mercado de Chicago, que abona la teoría de una sobreoferta de divisas antes de mitad del año.
4) Depreciación global del dólar. El dólar exhibió debilidad en los últimos meses respecto de las principales divisas internacionales. Tras una caída del 10% en 2025, en este primer tramo de 2026 cede 1,6 por ciento. Este dólar débil -que también se observa en la cotización de las commodities– le da margen al Banco Central a asumir una mayor “inflación en dólares” en la Argentina o, dicho más simple- que el dólar pierda frente a la inflación doméstica sin afectar la competitividad exportadora, lo que se llama vulgarmente el “atraso cambiario”.
5) Ausencia de expansión monetaria. En lo que va del año, la emisión monetaria en la que incurrió el Banco Central para pagar por los dólares que compra alcanzó $1,879 billones. Una cifra para nada despreciable. Pero otros factores hacen que ese aumento de la oferta de dinero quede por demás compensado. Por ejemplo, las compras que el Tesoro Nacional hizo de dólares de la autoridad monetaria para el pago de deuda absorbieron $4,030 billones. Si se suman otras variables menores que expanden y contraen la base monetaria, se llega a que -con datos actualizados hasta el 4 de febrero- hubo una contracción del dinero en circulación de $1,144 billones en el período. En los hechos, los pesos que inyecta el BCRA al sistema con sus compras de dólares están siendo absorbidos, ya que el Tesoro Nacional usa pesos que en gran medida surgen de las licitaciones de deuda en pesos para comprar divisas de las arcas del Central. Así, el BCRA inyecta pesos cuando compra dólares pero los aspira cuando se los vende al Tesoro.
En los datos duros, el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral que mide el BCRA se sostiene próximo a los 95 puntos, muy cerca del nivel de equilibrio teórico de 100 puntos, lo que revela que no hay atraso cambiario pese a un dólar que viene en declive en el mercado interno.
El real brasileño, la moneda del principal socio comercial de la Argentina, mantiene en este primer tramo de 2026 una apreciación de 5% respecto del dólar, que ahora cotiza a 5,20 reales por unidad. Esa tasa es comparable a la apreciación real del peso argentino respecto del dólar en el mismo lapso, próxima al 6% (caída de 3% del dólar oficial más 3% aproximado de inflación doméstica).

“Mi impresión es que el Gobierno va a absorber mucho ¿Por qué? Porque está emitiendo mucho contra compra de dólares. El dólar tiene realmente una baja muy importante. Lo vengo diciendo: el dólar va a bajar. La idea del Gobierno es que esté entre 1.380 y 1.400 pesos. El Banco Central compró USD 1.451 millones desde que empezó el 2026 hasta ahora, y cada vez tenemos el dólar más cerca de los 1.400 pesos”, explicó el analista y asesor de negocios Salvador Di Stefano.
“¿Qué busca el Gobierno con esto? Atemperar los niveles de inflación, la inflación tiene que bajar porque el modelo cierra con bajos niveles de inflación, con lo cual hay absorción de pesos y baja del dólar van a generar un escenario recesivo. Acá hay un ancla cambiaria, fiscal y un ancla monetaria. O sea, la tasa de interés en pesos va a ser más alta que la tasa de inflación, y la tasa de inflación va a ser más alta que la tasa de devaluación”, puntualizó Di Stefano.
“El dólar mayorista continúa en descenso y así es que testea los $1.400 a partir de operadores que continúan detectando mayor oferta que no encuentra suficiente demanda privada, tal como refleja en algunas ruedas la elevada participación de las compras del BCRA. No sólo la cosecha fina y las liquidaciones de Obligaciones Negociables estarían alimentando dicho contexto, sino también el mayor apetito por carry-trade, en línea con los emergentes frente a la debilidad global del dólar», afirmó el economista Gustavo Ber.
“Con esta calma cambiaria el Gobierno se prepara para afrontar la licitación por $9,4 Billones con un menú amplio de instrumentos con vencimientos desde abril de 2026 a junio de 2028, que incluye Lecap, Boncap y dólar-linked cortos, Lecer y Boncer tramo medio al igual que TAMAR. En esa línea el Gobierno se prepara para tratar de alcanzar un buen nivel de rollover sin sacrificar tasa», indicó Wise Capital en un reporte.
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ECONOMIA
¿Oportunidad en el Merval? Un bróker top anticipa la condición que puede empujar el rebote

En las pantallas de los inversores, la comparación con América Latina volvió a ser el termómetro. No alcanza con mirar si un índice sube o baja: también importa cuánto rinde frente a sus pares y qué fuerzas lo empujan. Cuando un mercado se despega del resto sin una explicación evidente, el debate se vuelve inevitable: ¿es un problema de fundamentos o de flujos?
En ese dilema, el Merval medido en dólares quedó en el centro de la escena. Su recorrido reciente no fue un derrumbe, pero sí una lateralización que contrasta con el avance de varios mercados de la región. Esa diferencia, por sí sola, no define una oportunidad; lo que la vuelve interesante es que convive con señales que, a priori, deberían empujar en la dirección contraria.
La lectura se vuelve más nítida cuando se observa el engranaje que mueve al dinero grande. En tiempos de inversión globalizada, los índices, los ETFs y la composición sectorial pesan tanto como una noticia local. La misma mejora macro o el mismo viento de cola en commodities puede rendir distinto según el vehículo por el que ingrese el flujo y según qué sectores tenga más representados cada mercado.
Por eso, el foco hoy está menos en una anécdota del día y más en la mecánica que explica un rezago. Si el atraso responde a una cuestión técnica —de clasificación, liquidez o benchmark—, puede convertirse en una ventana táctica. Si, en cambio, anticipa un deterioro real, se transforma en una advertencia. Ese es el punto que abre el análisis.
Desacople regional: el Merval se frenó y la región aceleró
Desde Delphos señalaron que el Merval continuó lateralizando y quedó rezagado frente a sus comparables regionales. Para los especialistas del bróker, ese desempeño relativo no se condice con los fundamentos locales y, lejos de invalidar el caso argentino, refuerza su postura optimista sobre los activos domésticos.
Sus analistas apuntaron que, en el margen, la relación con la región empezó a normalizarse. La correlación de corto plazo del Merval con las bolsas latinoamericanas volvió a aumentar: el coeficiente móvil de 20 retornos diarios frente al ILF se ubicó en torno a 0,5, luego de haber estado por debajo de 0,3 en el período inmediatamente posterior a las elecciones.
Los expertos de la sociedad de bolsa explicaron que esa recuperación de la correlación lo acerca gradualmente a la franja 0,6–0,8, que describen como típica de contextos de alta correlación regional. En otras palabras: el mercado local dejó de comportarse como un caso aparte extremo en la foto diaria y empezó a moverse con una lógica más parecida a la del vecindario.
Sin embargo, para Delphos la tendencia anual siguió claramente divergente. En lo que va de 2026, el ILF sube 17% mientras el Merval en dólares se mantiene prácticamente flat. En ese proceso, remarcaron, el ajuste relativo del equity argentino desde el período post electoral alcanza 9%, lo que implica que ya se cerró cerca de la mitad del gap generado tras las elecciones, sin un deterioro equivalente en lo macro, lo político o lo micro.
Cuando el sector pesa: metales y composición del índice
Los especialistas de Delphos detallaron que una parte de la divergencia se entiende por la distinta composición sectorial. El rally de los metales benefició más a otras bolsas latinoamericanas, donde el peso del sector materiales es mucho mayor: alrededor de 22% en el ILF, 14% en Brasil (EWZ), 26% en México (EWW), 17% en Chile (ECH) y hasta 55% en Perú (EPU).
Según su diagnóstico, esa diferencia importa porque los índices no son promedios neutrales: amplifican lo que más pesa. Cuando un sector con viento de cola representa una porción grande del mercado, el rally se refleja rápido en el rendimiento del país. En Argentina, en cambio, Delphos subrayó que el peso del sector materiales es apenas 8% en el índice.
Para los analistas, esa asimetría explica por qué el Merval no capturó el mismo impulso que mostró la región cuando los metales tomaron la delantera. No es que el factor exista solo afuera, sino que el vehículo regional está más cargado de ese motor, mientras el local tiene otra mezcla.
Aun así, desde Delphos marcaron que la explicación sectorial no agota el fenómeno. El rezago argentino, advirtieron, también se ve en segmentos donde la comparación debería ser más pareja, lo que obliga a mirar el resto de los factores que mueven el precio: desde la rotación global hasta el costo índice que paga Argentina.
Rezago transversal en materiales, bancos, energía y utilities
Los expertos de la sociedad de bolsa explicaron que el rally regional no se limitó a materiales. En su lectura, los flujos de rotación y diversificación geográfica arrastraron a otros sectores, y allí también Argentina quedó rezagada.
Para Delphos, en lo que va de 2026 las compañías argentinas de materiales promedian una caída del 2% en dólares, frente a una suba del 14% en los ADRs regionales. Esa brecha, sostuvieron, refuerza que el desacople no fue un matiz, sino un comportamiento persistente.
En el sector financiero, los especialistas del bróker detallaron que los bancos latinoamericanos avanzan en promedio 14%, mientras los bancos argentinos caen 3%. En energía, indicaron que las petroleras regionales suben 21% frente a un avance del 7% en YPF y una caída del 4% en Pampa.
El mapa se completa con servicios públicos: según Delphos, las utilities argentinas retroceden 6%, contra ganancias promedio del 7% en la región. Para el bróker, esta foto transversal refuerza la idea de que el rezago no responde solo a un sector puntual, sino a un fenómeno más amplio.
El costo índice: emergentes, ETFs y la fricción de flujos
Desde Delphos señalaron que Argentina paga el costo de mantenerse al margen de los índices emergentes. En su análisis recordaron que entre Brasil, México, Chile y Perú suman el 10% del EMXC (ETF de emergentes excluyendo China), un dato que ilustra cuán determinante es la canalización de flujos por vehículos indexados.
Los analistas puntualizaron la composición del ILF por país: Brasil 58%, México 26%, Chile 8%, Perú 4% y Colombia 2%. Además, remarcaron que cada país cuenta con un ETF que trackea el índice MSCI que le corresponde.
Para Delphos, el punto crítico es que Argentina no forma parte de los índices de emergentes por su categoría de Standalone Market. Y, en ese marco, remarcaron que el país ofrece el ETF ARGT, cuya composición se forma en buena medida por activos ajenos al Merval.
Los especialistas del bróker concluyeron que, en un mundo donde los flujos dominan y los grandes inversores buscan diversificación global, la oferta de instrumentos líquidos y la pertenencia a grandes índices gana importancia. Esa mecánica, plantearon, ayuda a explicar un rezago aun cuando los fundamentos no se deterioran.
Fundamentos que sostienen el sesgo
Para Delphos, la divergencia no encuentra sustento en los fundamentos y, por el contrario, refuerza el atractivo relativo del equity local. En esa línea, sus analistas apuntaron que la estabilidad política y macroeconómica continúa reduciendo la prima de riesgo argentina: el riesgo país ya comprimió 55 bps en 2026 y llegó a perforar los 500 bps la semana pasada.
En paralelo, destacaron que el petróleo sube 13% en el año, un dato que —según su lectura— debería beneficiar a un índice con alta exposición a Vaca Muerta. En el mismo informe señalaron que el peso se apreció 1,8% nominal y 3,8% real, revalorizando balances y resultados de compañías peso-linked como bancos y utilities.
Los expertos del bróker añadieron que el acero subió 4,5% en lo que va del año, sumando otro viento de cola. Con ese combo, sostuvieron, el mercado local convive con señales que no justifican, en su lectura, un atraso tan marcado frente a la región.
La conclusión de Delphos es doble: el Merval sigue pagando el costo de quedar fuera de los índices de referencia, pero los fundamentos prevalecen. Por eso, mantienen un sesgo positivo sobre acciones locales seleccionadas, con la idea de que, si el desacople se explica más por flujos que por deterioro real, el catch-up puede volver a ponerse en marcha.
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