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ECONOMIA

Se viene una lluvia de dólares por la soja y el mercado teme que el BCRA no acumule reservas

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Mayo es uno de los meses preferidos para todos los ministros de economía. Es, históricamente, el mes en el que se produce la mayor entrada de dólares por la exportación de la cosecha gruesa, y por consiguiente cuando se consigue un respiro en los momentos de volatilidad financiera.

Todo indica que este año no será la excepción, salvo por un detalle que tiene preocupado al mercado: ¿se aprovechará el ingreso de divisas para aumentar las reservas del Banco Central, o se seguirá cumpliendo a rajatabla con la promesa de no comprar dólares hasta que la cotización toque el piso de la banda -algo que podría no ocurrir nunca-?

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Hablando en números, este mes hay un potencial ingreso de unos u$s3.500 millones por exportación agrícola. Si se mantuviera el comportamiento de los productores visto en abril -cuando las ventas superaron en un 32% el ingreso del año pasado, se llegaría a esa cifra. Y el mismo cálculo, proyectando el mes de junio, daría un adicional de u$s2.600 millones.

Son montos que están por debajo del promedio histórico para esta época del año, pero que tienen el mérito de ocurrir en un momento de baja de los precios agrícolas en el mercado global, lo que implica que, si en vez de medirse en dólares se mide en volúmenes, la suba es mucho mayor.

Si se toma el caso de la soja, el producto más representativo de la exportación argentina, la cotización en Chicago viene mostrando variaciones en torno de u$s380, con algunas caídas marcadas a inicios de año como consecuencia del «efecto Trump». En cambio, hace un año, la tonelada de soja cotizaba a u$s450, y en 2023 superaba los u$s530.

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Todo indica que, a pesar de las protestas iniciales, finalmente la estrategia de Toto Caputo de rebajar las retenciones -con advertencia de que la medida sólo durará hasta mitad de año- surtió su efecto. Es cierto que la liquidación había sido lenta en marzo -ventas promedio de u$s61 millones por día- en coincidencia con el peor momento de incertidumbre cambiaria -y, además, dificultades logísticas en el campo-. Pero las ventas de abril dieron un salto al nivel de u$s77 millones diarios.

Un otoño con u$s6.000 millones

En definitiva, si no ocurren imprevistos económicos ni climáticos, todo indicar que están dadas las condiciones como para que, entre mayo y junio, haya un nivel de exportación agrícola por u$s6.000 millones.

Es un ingreso que debería traer tranquilidad al equipo de Toto Caputo, por varios motivos. Antes que nada, porque consolidaría la certidumbre en el sensible tema cambiario. Con ese nivel de ingreso de divisas, resulta difícil pensar en un salto del dólar dentro de la banda, sobre todo si, además, el gobierno acentúa su política de restricción monetaria y de incentivo para que los ahorristas utilicen los «dólares del colchón» para realizar transacciones cotidianas.

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Pero, además, el ingreso masivo de los «sojadólares» debería ser una ayuda para que se pueda cumplir con uno de los principales objetivos de política económica asumidos con el Fondo Monetario Internacional: la acumulación de u$s4.400 millones en las reservas del BCRA.

No por casualidad, el Central suele tener en los meses de otoño su «zafra» en la que compra divisas, mientras que se torna vendedor neto a partir del segundo semestre. Esa reversión suele ser más marcada en los momentos en que hay apreciación del peso y se produce un voluminoso «rojo» en la cuenta de servicios del balance cambiario -con protagonismo estelar para los gastos por turismo emisivo-.

Sin embargo, este año hay un condimento especial. Para reforzar su discurso de disciplina monetaria y para ayudar a reducir la volatilidad cambiaria, el gobierno ha dicho que no hará uso de su potestad para comprar dólares dentro de la banda de flotación. Aun cuando esa posibilidad estaba aceptada en el texto del acuerdo con el FMI, Javier Milei fue enfático en el sentido de que únicamente se comprará cuando la cotización caiga al piso de la banda -que en el promedio de mayo será de $990-.

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¿Los pesos irán al crédito o al dólar?

La fundamentación técnica del plan fue explicada por Federico Furiase, el ideólogo del plan de «las tres anclas» -fiscal, monetaria y cambiaria-. Su argumento es que la única forma de que la inflación baje es con una estricta política monetaria que «cierre la canilla» de pesos. Si el BCRA se pusiera a comprar dólares ahora, estaría inyectando pesos que no necesariamente son demandados por la economía.

Es también por eso que le resta gravedad al hecho de que, en las últimas licitaciones, el Tesoro no haya logrado el «rolleo» de la deuda que vence. El argumento es que si un banco prefiere recuperar liquidez antes que cambiar un bono viejo por un bono nuevo, es porque necesita los pesos para darles crédito a sus clientes. Es decir, un aumento en la monetización de la economía por motivos genuinos y no forzado por el BCRA.

El argumento de Furiase está lejos de concitar unanimidad. Lo que varios economistas creen es que es factible que el tipo de cambio nunca llegue al piso de la banda, porque si cayera desde su actual nivel de $1.170, los ahorristas e importadores podrían ver una oportunidad de compra y mantenerlo siempre algo por encima del piso.

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Uno de quienes cuestionó el argumento fue Gabriel Rubinstein, ex viceministro de Sergio Massa, quien en una declaración «con espíritu constructivo» le recordó a Furiase que el hecho de que haya un congelamiento monetario no es garantía contra una corrida cambiaria. Lo que objeta Rubinstein es que un «rolleo» inferior al 100% en las licitaciones del Tesoro puede implicar una mayor demanda de pesos por crecimiento del crédito, pero también podría porque resurge el apetito por los dólares.

«Hay que ser cuidadosos: podría ser contra remonetización, pero también contra dólar (como pasó entre abril y julio de 2024) o simplemente convalidar una inflación aún muy alejada del 0% (como ha venido pasando desde julio 2024 hasta ahora)», advirtió el ex viceministro.

¿Cómo comprar dólares sin emitir?

En todo caso, el interrogante que hoy se plantea el mercado es qué pasará si, tal como muchos creen, el tipo de cambio nunca toca el piso de la banda. Pese al levantamiento del cepo, los exportadores siguen obligados a liquidar las divisas en el mercado oficial. Si el BCRA no compra, ¿quién lo hará? ¿Los propios productores para financiar el costo de la próxima cosecha? ¿Los importadores que se vean tentados a volver a adelantar compras para acumular stock? ¿Los pequeños ahorristas que vean la oportunidad del bajo costo?

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Todo esto es altamente factible, y hasta es posible que, por vía indirecta esto ayude a las reservas -por ejemplo, si se produce un aumento en los depósitos bancarios en dólares, que desde el fin del cepo detuvieron su caída y están creciendo otra vez-.

Pero lo cierto es que la forma de aumentar de manera sustancial las reservas es mediante la compra directa del Central, que hoy en su resumen diario de variables financieras exhibe la frase «El BCRA no intervino en el mercado de cambios».

Los analistas más inquietos por esa situación siguen de cerca el índice de riesgo país, al que consideran todavía demasiado elevado después del refuerzo financiero de u$s12.000 millones que supuso el acuerdo con el FMI. El índice está hoy en torno de 740 puntos, lo cual es un logro después del registro de 978 ocurrido en la primera semana de abril.

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Pero eso está lejos de ser un consuelo: ese nivel de abril correspondía a un momento defensivo del mercado, con ventas masivas de bonos de deuda soberana, y una expectativa de inminente eliminación del «crawling peg». Y, sobre todo, se condecía con una situación de sangría de reservas del BCRA -que el viernes del levantamiento del cepo había vendido u$s398 millones-.

El nivel de riesgo país es considerado en este momento un dato fundamental, porque marca qué tan lejana es la posibilidad de que Caputo salga a buscar financiamiento al mercado internacional y obtener ofertas a tasas pagables. Es algo que requiere que el índice caiga por debajo de los 500 puntos.

Según los analistas, si el índice de riesgo país muestra reticencia en caer de manera más marcada es, justamente, por la duda sobre cómo hará el BCRA para acumular reservas.

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Y es ahí donde aparecen las clásicas especulaciones entre los operadores de la city. Hay quienes creen que las compras de divisas se harán de todas formas, pero no será el Central quien figure como comprador sino otras dependencias estatales. También puede haber intervención en el mercado de bonos que haga subir el precio de la deuda soberana -y, por ende, contribuir a una caída del riesgo país-.

Eventualmente, el Tesoro podría contar con dólares, vendérselos al Central y luego depositar esos pesos en su cuenta, por si necesitara cancelar deuda en una licitación en la que no se llegue al «rolleo» mínimo.

No sería una situación que el FMI objetara -dado que el punto que más le importa al organismo es el incremento de reservas, sea por el método que sea- pero el gobierno se preocupa en cuidar las formas, para que no se lo acuse de estar infringiendo su autoimpuesta promesa de no emitir pesos en el marco de la batalla anti inflacionaria.

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El BCRA anotó la segunda mayor compra en el año y ya acumula u$s4.242 millones en 2026

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Por otro lado, los bonos soberanos argentinos retomaron la tendencia negativa y el riesgo país volvió a escalar, en una jornada atravesada por la expectativa global en torno a las señales de la Reserva Federal de Estados Unidos. La atención de los inversores estuvo puesta en las declaraciones de Jerome Powell, que condicionaron el ánimo de los mercados.

En Nueva York, los títulos en dólares operaron con mayoría de bajas, con el Bonar 2029N liderando las caídas con un retroceso cercano al 1%, mientras que el Bonar 2029 (AL29) logró desmarcarse con una leve suba del 0,1%.

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En ese contexto, el riesgo país elaborado por J.P. Morgan avanzó 3,6% y se ubicó en torno a los 337 puntos básicos, el nivel más alto en casi cuatro meses.

Durante su exposición, Powell sostuvo que las expectativas de inflación de largo plazo en Estados Unidos se mantienen bajo control, aunque aclaró que la Reserva Federal sigue monitoreando el impacto del conflicto en Medio Oriente. Para el mercado, el mensaje implicó una señal de cautela y redujo las chances de una baja de tasas en el corto plazo.

En paralelo, el mercado también digirió los resultados de la última licitación de deuda. El Gobierno colocó u$s150 millones del bono en dólares con vencimiento en octubre de 2028 (AO28), con cupón del 6% y una tasa efectiva anual de 8,86%. A su vez, emitió otros u$s150 millones del bono AO27 a una TIREA de 5,12%. En pesos, adjudicó $11,04 billones y alcanzó un rollover del 138% sobre vencimientos por $8 billones, con fuerte demanda por instrumentos ajustados por CER.

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Las acciones subieron: el Merval trepó 2,6% y ADR hasta 4,5%

A contramano de los bonos, la renta variable mostró una dinámica más favorable. El índice S&P Merval avanzó 2,6% en pesos hasta los 2.865.753 puntos, mientras que medido en dólares ganó 1,7%. Las subas fueron generalizadas dentro del panel líder, con papeles que treparon hasta 8,7%, encabezados por Aluar. En el segmento general, algunas acciones llegaron a subir más de 10%, con Agrometal a la cabeza.

Según analistas del mercado, el rebote accionario estuvo impulsado por la mejora en los precios del petróleo y por la lectura positiva del fallo en el caso de YPF en tribunales de Nueva York. En el balance mensual, el Merval acumula una suba del 8,5% en pesos y del 6,2% en dólares, aunque en lo que va del año aún muestra caídas.

En cuanto a los ADRs, las acciones argentinas que cotizan en Wall Street registraron avances de hasta 4,5%, con Loma Negra entre las destacadas, seguida por Central Puerto y Pampa Energía. En el acumulado de marzo, las energéticas lideran ampliamente las ganancias, con subas que llegan al 30%, impulsadas principalmente por el desempeño de YPF y otras compañías del sector.

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La advertencia del economista que más escucha Milei: “Nos van a salir dólares por las orejas mientras no choquemos la calesita”

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El economista Ricardo Arriazu consideró que 2026 puede ser un gran año para el país. (Latam Economic Forum)

El economista Ricardo Arriazu, uno de los más escuchados por el presidente Javier Milei, analizó el escenario económico argentino y el papel central de la confianza en la dinámica cambiaria, la política fiscal y la estructura productiva del país. “Nos van a salir dólares por las orejas mientras no choquemos la calesita”, afirmó Arriazu, al referirse a las posibilidades de recuperación y crecimiento siempre que no se cometan errores graves de política económica, aunque alertó por la destrucción de empleo en el Gran Buenos Aires.

Durante una charla en Fundación del Tucumán, Arriazu definió la confianza como el factor clave en la demanda de dólares: “Toda la palabra confianza es compro dólares o no compro dólares. Eso es todo Argentina”.

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El analista económico recordó que el año pasado expresó su desacuerdo con la implementación del esquema de bandas cambiarias: “Ahora ya sabemos el resultado de la banda que tanto aplaudimos. Inflación, que con el crawl 1% yo lo estimaba en 18%, terminó en 31 por ciento. La actividad económica venía creciendo hasta el momento de la banda, comenzó a caer después de la banda. Habían comprado USD 25.000 millones, no compraron nada. El riesgo país se duplicó. Que alguien me explique dónde está la ventaja de dar incertidumbre en un país donde la verdadera unidad de cuenta es el dólar y la gente piensa en dólares”.

Para Arriazu, la única política efectiva es brindar confianza para que los ciudadanos no demanden dólares. Cabe destacar que desde la flexibilización del cepo cambiario en abril de 2025, las personas físicas compraron divisas por más de USD 31.000 millones.

“El año pasado decía que el Gobierno no puede hacer nada, excepto dar confianza. ¿Y cómo se define la confianza financieramente? La tasa de retorno ajustada por riesgo. Yo voy a donde está la mayor tasa de retorno ajustada por riesgo. ¿Y cuál es el problema argentino? El riesgo. Un país que defaulteó nueve veces cantando el himno nacional es un país que es estafador serial”, juzgó.

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En ese sentido, el expositor enfatizó las dificultades de convencer a la sociedad y la importancia de ganar la pulseada contra quienes especulan con el dólar: “La única alternativa era que el que especulara en contra del peso perdiera. Porque desde el 80 para acá hubo veinte años de crecimiento negativo, todos asociados a crisis de balanza de pago, todos porque la gente salió a comprar dólares y excepto en el 95, el que compró dólares ganó”.

Arriazu advirtió sobre los riesgos de no frenar la demanda de divisas: “¿Se imaginan si el año pasado hubieran ganado? ¿Qué habría pasado este año y sobre todo el año que viene? Una gigantesca corrida en contra del peso. Por eso era tan importante que el Gobierno ganara la pulseada. Está bien, vino la caballería, vino Estados Unidos, nos ayudó, pero no hay la menor duda. El Gobierno ganó fortuna y el contado estaba en $1.500 y hoy está en $1.390. Eso es fundamental, porque la próxima vez, el que quiera comprar dólares va a pensar: ¿qué va a pasar?”.

El economista proyectó un panorama alentador para el futuro inmediato: “Los planetas se están alineando para un gran 2026, excepto que choquemos la calesita. Chocar la calesita es cometer un error de ese tipo, como alguna gente que decía: ‘Bueno, ya están las elecciones, entonces ahora es el momento para cambiar el sistema y devaluar’. No, era el momento para romperle la cabeza al que especulaba en contra”.

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ricardo arriazu
El economista Ricardo Arriazu cuestionó el sistema de bandas cambiarias. (Ariel Torres)

Sobre la estructura productiva del país, Arriazu consideró que es “absolutamente artificial”. “Hemos subsidiado lo que no tenemos ventaja comparativa y hemos castigado a todo lo que tenemos ventaja comparativa. Si Argentina quiere crecer, tiene que cambiar eso. Pero cambiar implica que hay sectores que van a desaparecer. Y como yo dije en una charla el año pasado, la destrucción es siempre más rápida que la creación, y eso genera bolsones de pobreza, de descontento y de desempleo. Lo que se va a crear está casi todo en la provincia y en la periferia”“, opinó.

A propósito de la destrucción de empleo, proyectó que tiene lugar en el Gran Buenos Aires, donde se concentra la industria, uno de los sectores que más cayó en los últimos años.

“Al observar el último indicador de confianza de Di Tella, subió en las provincias, cayó en Buenos Aires. Y ese es el juego y el gran desafío. Por eso yo dije que lo que había que hacer era un estudio de equilibrio general para ver dónde iban a estar los bolsones, de tal manera de atemperarlo, porque sabemos que después, posteriormente, la economía va a crecer y va a crear el empleo de vuelta. El problema son los dos o tres años que me toca, y me toca en el Gran Buenos Aires. El proteccionismo hizo que la industria se radique al lado del centro de consumo, Buenos Aires, y generó una enorme migración del interior a Buenos Aires. Y el interior, o se quedó con ventajas comparativas o se quedó con empleo público, con enormes errores de precios relativos, y esa es la historia del interior. Ahora es al revés”, graficó.

Finalmente, sintetizó las prioridades para la economía argentina: “En el corto plazo, lo que más importa es la confianza, que la gente deje de comprar dólares. Y para eso tenía que perder. En el mediano plazo, es aprovechar las ventajas naturales y evitar las crisis periódicas de balanza de pago. Para evitar las crisis periódicas no hay que tener déficit fiscal y para el resto hay que aprovechar el enorme potencial que tiene Argentina, que eso va a hacer que el país surja con enormes cambios internos”.

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La Argentina se prepara para una llueiva de miles de millones de dólares extra por Vaca Muerta

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El inicio del segundo trimestre presenta mejores perspectivas porque, según el equipo económico, la inflación presentaría una desaceleración significativa. Consideran que el impacto de la suba de la nafta habría sido por única vez y en la segunda quincena de marzo se habría desacelerado la suba de precios en el rubro alimentos y bebidas, el que más incidencia tiene en la medición.

De todos modos, hay que considerar que una suba del 10 puntos porcentuales en el precio de la nafta incide un 0,4% en el IPC. Por lo tanto, si la nafta sube un 20% en marzo aportaría un aumento de 0,8 puntos en el IPC.

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Por ahora, el conflicto bélico del Golfo Pérsico generó una suba del barril de petróleo internacional del 50%: subió de los u$s60 a u$s115 el barril, que hasta ahora tuvo un solo impacto en la economía argentina. El aumento de la nafta llegó a casi 20% e implica unas décimas más de inflación en marzo, que finalmente se ubicaría en torno al 3%.

Argentina se posiciona como exportador energético en medio de la crisis global

Pero, la suba del barril de petróleo, que hoy cotiza por encima de los u$s115, generará un mayor ingreso de divisas. De acuerdo a los datos dados el fin de semana por el CEO de YPF, Horacio Marín, las exportaciones de energía como petróleo y GNL podrían dejarle al país hasta u$s5.000 millones más en el año. En este aspecto, hay que destacar que la cotización de las empresas argentinas del sector reflejan estas ganancias extraordinarias, como Vista Energy, pero también hubo subas significativas en otros papeles como TGS, Pampa e YPF.

Por el momento, la suba en el futuro es incalculable. Hay algunos estudios de bancos de inversión que dicen que, en caso de extenderse el conflicto, podría llegar a superar los u$s200 el barril. Esto pone en tensión la economía global, pero encuentra a la Argentina en un rol de potencial exportador energético y con un récord de exportaciones del agro que el año pasado superaron los u$s52.000 millones y con una balanza energética superavitaria que llegó a los u$s8.500 millones, revirtiendo los déficit de los años anteriores al 2024.

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Es en este contexto que el economista Ricardo Arriazu proyecta un escenario optimista con respecto a las posibilidades de la actividad nacional en medio del conflicto bélico.

Arriazu plantea el desafío central del crecimiento argentino

En un evento organizado por la Fundación del Tucumán, en la localidad de Yerba Buena, en su disertación titulada «¿Estancamiento o recuperación? La importancia de la confianza», Arriazu planteó: «Si todo el mundo ganara exactamente igual, cosa que es imposible, el salario promedio en la Argentina sería de $2.000.000 por mes. Somos pobres, no alcanza. Y no lo vamos a resolver con discurso. La única manera es agrandando la torta, y para agrandar la torta hay que producir, hay que sacrificarse, y hay que hacer esfuerzo».

En ese marco, Arriazu analizó una situación para diferenciar la percepción pública de los índices: «La gente dice no llego a fin de mes, mis ventas bajaron 50% y las empresas cierran y se está destruyendo la industria. Está claro que eso es lo que leen. Y al mismo tiempo, el INDEC dice que el nivel de actividad económica en el mes de diciembre fue el más alto de la historia, y hoy acaban de publicar que enero fue más grande que diciembre. Por lo tanto, enero fue el más grande de la historia. Entonces la pregunta es: ¿alguien miente?».

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Arriazu agregó: «Los planetas están alineados y nos van a salir dólares por las orejas mientras no choquemos la calesita. La Argentina, por primera vez, a diferencia del shock petrolero de 1973, esto lo agarra como exportador de petróleo y gas. En el 73 éramos importadores y aparte cayó el precio de la soja a la mitad. Ahora, con el tema de la urea, está subiendo el precio de la soja».

Sin embargo, Arriazu puso un límite a las proyecciones nacionales: «Toda la palabra confianza es compro dólares o no compro dólares. Eso es todo en Argentina. Esta es la variable fundamental para ver todos los días, todos los meses y saber qué es lo que va a pasar en el país en el corto plazo».

Ante ello, se refirió a la política monetaria de la actual gestión: «Ya sabemos el resultado de las bandas cambiarias que tanto aplaudimos: la baja de inflación, aumento de la actividad económica que venía hasta el momento de poner en práctica las bandas de cambio y que alguien me explique dónde está la ventaja de dar incertidumbre en un país donde la verdadera unidad de cuenta es el dólar y la gente piensa en dólares y eso nunca lo voy a entender».

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El blindaje argentino frente a la crisis: superávit fiscal y reservas récord

Hay que mencionar que, a diferencia de lo que pasó en otros conflictos bélicos en los últimos años —como por ejemplo la Guerra entre Rusia y Ucrania—, no hubo hasta ahora problemas ni en el mercado cambiario, ni en el aspecto fiscal ni en el mercado monetario. Esto es gracias a que la Argentina muestra un superávit fiscal de 1,5 puntos del PBI, un total acumulado de unos u$s43.500 millones de reservas internacionales brutas, ya que en lo que va del año el BCRA compró el equivalente a unos u$s3.500 millones, producto de la gran liquidación de divisas del sector agroexportador industrial.

Por ahora, a diferencia de otras crisis externas, el mercado cambiario ni se enteró del conflicto bélico. El peso argentino, de hecho, fue una de las pocas monedas del mundo que se fortalecieron en medio del conflicto bélico. La cotización minorista incluso llegó a caer por debajo de los $1.400 y el BCRA lleva un récord de 52 jornadas consecutivas comprando dólares en lo que va del año.

La tranquilidad cambiaria es un factor relevante para que los precios se estabilicen en los próximos meses. Ya la inflación mayorista de febrero fue de solo 1%, lo que marca una menor presión sobre los costos de las empresas. Por eso es esperable que el proceso de aceleración de precios que ya lleva diez meses toque un pico en marzo.

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Abril sería el primer mes en casi un año en el que se registraría una baja mensual. La última vez había sido mayo de 2025, cuando el IPC tocó un piso de 1,5% mensual.

El BCRA avanza con la remonetización: baja de encajes y más pesos en el sistema

La reducción de 5 puntos de encajes que aplicará el BCRA a partir de abril es una señal clara para avanzar en el proceso de remonetización que se anunció a fines de 2025 y que hasta ahora no se había puesto en marcha. Los pesos emitidos para la compra de dólares fueron luego esterilizados en las licitaciones del Tesoro y también por distintos instrumentos emitidos por el BCRA.

Esa baja de 5 puntos implica liberarle a los bancos unos $2,6 billones, aunque los efectos en el mercado serán menores ya que la porción de los encajes que les liberarán a las entidades son los integrados con bonos y no con efectivo en pesos.

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La semana pasada, el ministro de Economía, Luis Caputo, rechazó las versiones sobre una supuesta recesión y aseguró que «la economía argentina atraviesa un proceso de crecimiento, apoyado en datos concretos y no en percepciones» y explicó que el nuevo modelo económico libertario expone a las empresas a competir sin privilegios.

Caputo volvió a hablar sobre la cotización del dólar al manifestar: «Si no estuviéramos comprando, el dólar se iría a $1.200 o incluso menos«. A pesar de la presión bajista sobre el tipo de cambio, no hay por el momento señales de una mayor liberación del mercado.

Caputo embistió contra el kirchnerismo en el programa de Gordo Dan

En el programa «Las Tres Anclas» en el canal de streaming Carajo, se notó a un Caputo por momentos muy enardecido y empujado por el fanatismo mileista del secretario de Finanzas, Federico Furiase, y de los conductores: el Director del Banco BICE, Felipe Núñez, y del popular Gordo Dan. El ministro embistió muy fuerte contra el kirchnerismo y una gran parte del sector empresario.

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Caputo rechazó las versiones sobre una supuesta recesión y aseguró que «la economía argentina atraviesa un proceso de crecimiento, apoyado en datos concretos y no en percepciones» y que el nuevo esquema económico expone a las empresas a competir sin privilegios.

Admitió, además, que «no todos los indicadores son positivos» y confirmó que «el desempleo subió un punto y que la inflación mostró un repunte reciente». No obstante, sostuvo que estos movimientos son parte del proceso de transición hacia el nuevo esquema económico y no invalidan la tendencia general.

«No negamos los datos que no nos favorecen, pero cuando mirás el conjunto, hablar de depresión es falso«, afirmó. El ministro también destacó un cambio en el clima político a nivel federal. Señaló que hay algunos gobernadores opositores que están respaldando el rumbo económico, lo que consideró clave para sostener la estabilidad y atraer inversiones de largo plazo.

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EMAE de enero alcanzó un máximo histórico que desafía las percepciones negativas

Además, en su cuenta de X la semana pasada, Caputo destacó que «en enero, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) alcanzó un nuevo máximo histórico, tanto en la serie desestacionalizada como en el indicador tendencia-ciclo. El EMAE registró un crecimiento de 0,4% mensual sin estacionalidad en enero de 2026″.

Además, explicó que, en términos interanuales, el indicador registró una expansión de 1,9% y se ubicó 8,3% por encima del nivel de enero de 2024. Excluyendo el rubro Administración Pública y Defensa, 10 de los 14 restantes sectores del EMAE registraron crecimiento en la comparación interanual. Entre ellos se destacaron:

  • Pesca (+50,8%)
  • Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura (+25,1%)
  • Explotación de Minas y Canteras (+9,6%)

Caputo apuntó directamente contra lo que definió como una construcción mediática negativa: «Se hace una combinación de cherry picking y tomar la parte por el todo», dijo, al cuestionar que se destaquen sectores puntuales en caída para generalizar una crisis. Según explicó, de acuerdo a los datos del INDEC, 12 de 16 sectores económicos mostraron crecimiento.

Por ahora, los pronósticos sobre la evolución del PBI para el año son variados. Todos coinciden que será otro año de crecimiento, a partir de una muy buena cosecha y otros sectores que traccionan, especialmente energía. Las proyecciones van desde 2 a 4%. La aceleración o no con el correr de los meses dependerá del comportamiento del mercado interno.

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