ECONOMIA
Tras el acuerdo firmado con EEUU, el Gobierno aseguró que un Tesla costará un 40% menos en Argentina

Ante la concreción del acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos, que todavía debe pasar por el filtró del Congreso Nacional para su puesta en marcha, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, hizo un posteo en su perfil de X refiriéndose al impacto que tendrá en el sector automotor argentino.
El ministro, uno de los impulsores de las grandes reformas que involucran la importación de automóviles y la homologación para circular en la vía pública, no tomó como referencia una pick-up Full Size como las que mayormente podrían ocupar gran parte del cupo que no pagará arancel, sino un Tesla Model 3, el auto 100% eléctrico que se fabrica en Estados Unidos y que queda alcanzado por este beneficio arancelario.
“En automóviles se abre un cupo de 10.000 vehículos que no pagarán arancel. Sumado a la baja de impuestos internos un Tesla que hasta unos meses costaba 85.500 dólares pasaría a costar 52.800”, dijo inicialmente el posteo de Sturzenegger, involucrando también la eliminación del impuesto interno que está incluida en el paquete del proyecto de ley de reforma laboral que se trata de aprobar en sesiones extraordinarias durante febrero.
“Entiendo, 10.000 vehículos no van a cambiar nada en un mercado que el año pasado vendió 650.000 unidades, pero todo es bienvenido para darle más competencia al mercado automotor. Es, en realidad, un tema de vida o muerte. Un parque automotor más moderno es fundamental para salvar vidas. Por dar un ejemplo, la baja de impuestos internos que implementó el ministro Luis Caputo hace unos meses permitió salvar 100 vidas en estos meses”, finalizó el ministro, sin explicar el origen de ese dato estadístico de significación que aportó.

El posteo fue acompañado de una fotografía de un Tesla Model 3, el más barato de la gama en la marca de Elon Musk, detallando que su precio de venta FOB (libre de gastos e impuestos en puerto de embarque) es de USD 36.990, pero que sumando USD 3.000 de flete y seguro se convierten en un precio de importación (CIF) de USD 39.990.
Más abajo, en el detalle de los impuestos que pagan los autos en Argentina al ser nacionalizados, el ministro señaló que no se pagará el arancel de importación extrazona equivalente a USD 13.997, por tasa de estadística (tachado el 3% porque con este acuerdo con EE.UU. corresponde un 2%) unos USD 800, en concepto de IVA un 21% que se traducen en USD 8.565, mientras que se evitan por concepto de impuestos internos unos USD 15.748 que no se pagarán si se aprueba la reforma laboral con el capítulo impositivo tal como envió el Gobierno al Congreso. Finalmente, en concepto de gastos de despacho en Argentina se calculan unos USD 3.000.
En la ecuación no se cuenta un 10% que corresponde a Ingresos Brutos, impuesto a las ganancias o anticipo, impuesto a los débitos y créditos, tasas provinciales y municipales. Probablemente esto sea exprofeso por tratarse en algunos casos del impuesto provincial que generó polémica esta semana entre el ministro de Economía, Luis Caputo y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof.
Así, por impuestos nacionales, según la ecuación del ministro, ese Tesla Model 3 pasaría de costar USD 85.524 a USD 52.356, con una percepción de impuestos del 38,78% de impuestos en lugar de un 113,86%. Dicho de otro modo, un auto cuyo precio de importación puesto en Argentina era de USD 39.990 pagaba USD 45.534 de impuestos y ahora pagará solo USD 12.366 por todo concepto para ser nacionalizado.
En esta ecuación que hace Sturzenegger, sin embargo, no se cuentan el margen del importador y del concesionario que venden el vehículo en Argentina, por lo que ese precio sería el que paga un ciudadano común, particular, que quiera importarse un vehículo por su propia cuenta, con lo que no tendrá cobertura de repuestos y garantía oficial.
Si se compra ese mismo auto a un importador, cualquiera de los dos modelos aplica, el precio sería un 20% más alto por lo menos, contando un 10% de margen de quién lo importa y otro 10% del punto de venta, con lo cual ese mismo Tesla Model 3 pasaría a costar cerca de USD 63.000.
Sin embargo, como el importador oficial compra el auto a precio mayorista, que oscila entre un 20% y un 30% del precio de un concesionario, y no paga los impuestos nacionales que sí se pagan en un concesionario (las fábricas no venden autos a particulares salvo contadísimas excepciones), toda la escala de impuestos nacionales varía aproximadamente en un 15% a favor del precio que paga el importador versus el que paga un particular.
Así, tomando el mismo ejemplo, el auto traído por un importador oficial costaría puesto en el puerto de Argentina USD 27.800 CIF, con lo que la tasa de estadística del 2% ahora sería de USD 556 y el IVA sería USD 5.954. Aún contando que los costos de logística en Argentina sean los mismos USD 3.000 porque también hay que trasladarlo hasta los concesionarios, el precio pasaría a ser de USD 37.310, que al sumarle los márgenes de ganancia del importador y del concesionario, un 20%, terminarían en un precio de USD 44.772, es decir casi un 15% menos.

De todos modos, si la misma mirada se aplica a los autos del cupo de autos híbridos y eléctricos que este mismo Gobierno estableció desde el año pasado, y por el cual tampoco se paga el arancel de importación del 35%, y en lugar del 2% de tasa de estadística se paga el 3%, el precio FOB de USD 16.000 se transforma en USD 28.000 antes de aplicar los márgenes de importador y concesionario, es decir un 75% más alto. Adicionalmente, en el caso de los autos del cupo de electrificados, por su propio precio FOB no están alcanzados por el impuesto interno escala 2.
“Me encantaría comprarle un auto a quién consiga traerlo pagando sólo esos impuestos. Ese es un esquema muy simple al que le falta muchos costos. El cupo que tomaron las marcas chinas es la prueba. Un auto de USD 16.000 el usuario lo paga USD 35.000. El que más recauda con un auto importado sigue siendo el Estado”, señalaron este viernes desde un importador oficial a Infobae.
Si los impuestos son los mismos, un Tesla Model 3 con un precio FOB de 36.990 debería costar en Argentina USD 64.732. En cualquier caso, la reducción de impuestos es significativa y vuelve a mostrar cuánto más caros pagan los autos los usuarios argentinos a causa de los impuestos que se aplican en su país.
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ECONOMIA
Conflicto en Medio Oriente: qué pasará con el precio del petróleo y cómo impactará en Argentina

La estabilidad del mercado energético global se encuentra hoy supeditada a una franja marítima de apenas tres kilómetros de ancho. El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente, con Irán e Israel como protagonistas directos, ha vuelto a poner bajo la lupa al Estrecho de Ormuz. Esta vía, fundamental para el tránsito de aproximadamente 20 millones de barriles diarios de crudo y refinados, además del Gas Natural Licuado (GNL) proveniente de Qatar, es el epicentro de una tensión que amenaza con reconfigurar el tablero económico mundial.
Especialistas consultados por Infobae coinciden en que, aunque la interrupción total del paso es un escenario extremo, la sola posibilidad de un bloqueo o el encarecimiento de la logística ya están operando sobre los precios. La combinación de ataques a instalaciones estratégicas y el aumento de los costos de seguros perfila un horizonte de volatilidad que podría llevar al Brent a quebrar la barrera de los tres dígitos.
Para Emilio Apud, ex secretario de Energía de la Nación, la situación actual presenta dos niveles de impacto. El primero es el “efecto especulación”, donde el precio sube por cobertura de riesgo ante la incertidumbre. El segundo, mucho más severo, sería el impacto real de un bloqueo físico.
“En el Estrecho de Ormuz hay una franja de tres kilómetros de ida y de vuelta donde pueden pasar los grandes barcos tanque. Con que se hunda un barco en uno de los dos canales, se genera un problema tremendo”, explicó Apud. Según el experto, la infraestructura de ductos existente no es suficiente para reemplazar el volumen que quedaría varado. Sin esta vía, los buques deberían desviar su ruta hacia el norte, rodeando el continente para ingresar por el Canal de Suez, lo que añadiría al menos dos semanas de viaje y un incremento sustancial en los costos operativos.

Pese a la gravedad del escenario, Apud considera que un bloqueo prolongado es poco probable debido a los intereses en juego, especialmente los de Estados Unidos. “A Estados Unidos lo que menos le interesa es que se dispare el petróleo y la inflación. Irán tampoco puede permitirse tener una fragata cortando el paso por mucho tiempo”, señaló, añadiendo que el principal interesado en mantener los precios estables es el propio Donald Trump. No obstante, fue tajante en su advertencia: “Si el estrecho efectivamente se bloquea de forma total, el barril superará ampliamente los USD 100”.
Desde una perspectiva técnica, Matías Togni, analista de la consultora Next Barrel, advierte que el cierre del estrecho puede ser “virtual” antes que físico, impulsado por el sector financiero y de seguros. “Lo que sube mucho es la prima de riesgo de los barcos petroleros y eso hace que, aunque haya tráfico, se den avisos de frenar las operaciones”, indicó.
La industria evalúa actualmente que una demora de apenas cuatro o cinco días en el tráfico hacia Asia —donde China e India son los principales compradores— generaría un estrangulamiento de la oferta. Togni estima una consecuencia inmediata: una suba del petróleo de casi el 5%, situándolo en torno a los 80 dólares por barril, niveles que no se registraban desde abril de 2025.
A diferencia de crisis anteriores, el analista destaca que la táctica de Irán de presionar a sus vecinos mediante bombardeos introduce una variable nueva y peligrosa. “Puede haber instalaciones, terminales o tanques comprometidos. Si la guerra escala a nivel regional, los precios elevados podrían mantenerse durante más tiempo. La clave es la duración de este conflicto, que parece ser diferente al escenario del año pasado”, analizó Togni.
Paradójicamente, la crisis en Medio Oriente presenta una “cara positiva” para la economía argentina, aunque matizada por los riesgos inflacionarios domésticos. En diálogo con este medio, los expertos señalaron que el país se encuentra en una posición particular debido al crecimiento de su capacidad exportadora de crudo proveniente de la cuenca neuquina.
Emilio Apud destacó que un aumento en el precio internacional “aumenta el flujo de caja a las petroleras que están exportando”. Actualmente, el crudo local se vende al exterior a un valor cercano a los USD 70 por barril. Un salto en la cotización internacional podría, en consecuencia, potenciar y acelerar los procesos de inversión en Vaca Muerta, al mejorar la rentabilidad de los proyectos no convencionales.
Por su parte, Matías Togni identificó lo que denomina un “doble beneficio” para el sector local. Hasta hace pocas semanas, el mercado global presentaba una sobreoferta que obligaba al petróleo argentino —y al de la región, como el brasileño— a venderse con un descuento de entre el 3% y el 4% respecto al Brent.
“Además de aumentar el precio del Brent por la tensión bélica, el conflicto también levantará parte o la totalidad de ese descuento que aplicaba el país para vender su petróleo en el extranjero”, explicó el analista de Next Barrel. De este modo, Argentina no solo ganaría por el aumento del precio base, sino por la valorización relativa de su crudo frente a un suministro global amenazado.
Sin embargo, esta mejora en los ingresos por exportaciones tiene su contraparte en el mercado interno. En una economía con alta inflación como la argentina, cualquier movimiento ascendente en el precio del petróleo presiona los costos de toda la cadena económica.
Apud aclaró que el precio del crudo no se traslada de forma total al valor que el usuario paga en la estación de servicio: “El petróleo forma parte del 40% del precio final del combustible”. Aun así, el impacto es ineludible. Un barril más caro encarece el transporte de cargas y pasajeros, lo que genera un efecto cascada sobre los precios de los productos básicos.
En conclusión, mientras que para la industria petrolera local y el ingreso de divisas el conflicto en el Golfo Pérsico actúa como un catalizador de inversiones, para el bolsillo del consumidor argentino representa un nuevo factor de presión inflacionaria. La duración de la tensión en Ormuz determinará si Argentina logra capitalizar los beneficios de Vaca Muerta o si el costo de la energía importada y el aumento de los combustibles terminarán opacando las ventajas de la coyuntura internacional.
ECONOMIA
La crisis secreta de ChatGPT: el agujero de u$s 14.000 millones que divide a Wall Street

La inteligencia artificial se ha convertido en la obsesión principal de los mercados globales durante los últimos años. OpenAI, la empresa liderada por Sam Altman, se posiciona como el estandarte de esta transformación tecnológica sin precedentes. Sin embargo, detrás del brillo de ChatGPT se esconde una realidad financiera que asusta a los inversores más conservadores.
El crecimiento de la compañía ha sido meteórico en términos de usuarios y de impacto cultural. Logró hitos de ingresos que a gigantes como Google o Facebook les tomó casi una década alcanzar. No obstante, la velocidad de su expansión solo es superada por la velocidad a la que consume su capital.
Esta dinámica plantea un interrogante fundamental para quienes siguen de cerca las finanzas tecnológicas mundiales. ¿Es OpenAI una máquina de generar valor o un incinerador de billetes a gran escala? La respuesta a esta pregunta puede determinar el futuro de la industria digital en la próxima década.
El «agujero negro» de 2026: números que queman
Análisis financieros recientes revelan que OpenAI estima pérdidas operativas de u$s14.000 millones para 2026. Esta cifra representa casi el triple de lo que la empresa espera perder durante el presente ejercicio. Es un volumen de saldo negativo que no tiene comparación con otros inicios de startups tecnológicas.
A pesar de que sus ingresos anuales ya superan los u$s12.000 millones, los gastos crecen de forma exponencial. La empresa proyecta que el flujo de caja negativo acumulado podría llegar a u$s115.000 millones hacia finales de 2029. Solo entonces, según sus propios cálculos, podrían empezar a ver la luz al final del túnel.
Muchos analistas comparan esta trayectoria con empresas como Uber o Amazon en sus comienzos. Pero aquí hay una diferencia decisiva: OpenAI requiere una infraestructura física muchísimo más costosa para operar cada día. No son solo programadores: es hardware, energía y capacidad de cómputo sin techo.
El mercado observa con asombro cómo una empresa puede valer u$s150.000 millones mientras pierde fortunas. La valoración descansa en una promesa: que la Inteligencia Artificial General transformará la economía mundial. Si esa promesa se cumple, las pérdidas actuales podrían verse como «inversión» en el futuro.
Por qué los costos de entrenamiento son astronómicos
Entrenar un modelo de lenguaje de última generación no es sencillo ni barato. Cada nueva versión requiere procesar volúmenes mayores de datos en servidores extremadamente potentes. OpenAI gasta miles de millones solo en alquilar capacidad de cómputo en la nube de Microsoft.
Los chips especializados, las GPUs —fabricadas principalmente por Nvidia—, tienen precios prohibitivos. Una sola unidad puede costar lo mismo que un auto de gama alta, y OpenAI necesita decenas de miles operando en simultáneo las 24 horas.
Además del hardware, el consumo eléctrico de los centros de datos es otro factor crítico. Se estima que para 2030 estas instalaciones podrían consumir más electricidad que varios países pequeños combinados. Es un costo fijo enorme que existe haya o no más suscriptores.
A esto se suma la guerra por el talento: salarios inéditos. Un ingeniero experto puede cobrar remuneraciones anuales de siete cifras. OpenAI compite contra Google y Meta, lo que encarece y tensiona la carrera por investigadores estrella.
El veredicto de J.P. Morgan
Los bancos de inversión mantienen posiciones encontradas. J.P. Morgan se muestra optimista y respalda el gasto. Para su visión, el capex se justifica por los saltos de productividad que habilita la IA.
Según sus analistas, no es una burbuja como la del 2000: a diferencia de las puntocom, las compañías de IA ya generan ingresos reales. La monetización ocurre mientras se construye la infraestructura.
Kristin Lemkau advierte que hay riesgos de entusiasmo excesivo, pero sostiene que la transformación es real. El banco ve oportunidades en toda la cadena: desde fabricantes de chips hasta plataformas de software. Para ellos, OpenAI marca el ritmo de una nueva era económica.
Esta postura sugiere que el mercado seguirá financiando a la empresa pese a sus balances rojos. El respaldo de los grandes capitales es el combustible de la maquinaria de Sam Altman.
Morgan Stanley y el temor a una estructura frágil
En la otra vereda, Morgan Stanley plantea dudas sobre la sostenibilidad. Señalan que la dependencia del mercado de deuda podría esconder riesgos sistémicos. Muchas inversiones podrían convertirse en «capital varado» si la rentabilidad no llega.
El banco advierte que el costo de mejorar modelos crece más rápido que los ingresos. Afirman que cuesta cinco veces más energía y dinero hacer un modelo apenas el doble de inteligente. Esta lógica de rendimientos decrecientes sería una amenaza central.
Otro problema potencial: límites de infraestructura eléctrica. Si no hay energía suficiente, la expansión se frena. Ese cuello de botella físico no se arregla con ingeniería financiera.
Para este enfoque, existe el riesgo de que OpenAI termine como un incinerador de efectivo permanente. Si la adopción corporativa no acelera, el flujo de caja negativo sería insostenible.
Cómo invertir en este activo desde la Argentina
Muchos ahorristas argentinos se preguntan cómo participar. OpenAI es privada, así que no se pueden comprar acciones directas. Pero existe una vía indirecta a través de CEDEARs.
La ruta más directa es el CEDEAR de Microsoft (MSFT), socio principal y con participación relevante en beneficios económicos futuros. Invertir en Microsoft es, en la práctica, exponerse al motor detrás de ChatGPT.
Otra opción es Nvidia (NVDA), proveedora del hardware clave. Sin sus chips, los modelos no se entrenan ni escalan. Es la estrategia clásica de «vender palas» en una fiebre del oro.
También existen ETFs que agrupan empresas del sector y permiten diversificar riesgo. Se compran en pesos desde un broker local, brindando exposición a IA sin depender de una sola firma.
El dilema del futuro: ¿Riesgo u oportunidad histórica?
A pesar de las pérdidas proyectadas, el potencial transformador sigue siendo enorme. OpenAI apuesta a que su tecnología sea indispensable para empresas y hogares. Si lo logra, la rentabilidad llegaría por economía de escala.
El riesgo de burbuja existe cuando las valuaciones suben tan rápido. Goldman Sachs cree que los precios se respaldan en un crecimiento sólido. Pero la historia muestra que el mercado corrige excesos.
Para el inversor argentino, el desafío es equilibrar ambición y preservación. Nunca es recomendable concentrar todo en un solo sector. La diversificación sigue siendo la regla de oro.
OpenAI seguirá en portada por sus avances y por sus números rojos. El camino a la rentabilidad será largo y caro, con obstáculos técnicos y regulatorios. Solo el tiempo dirá si Sam Altman es el nuevo genio de las finanzas o un soñador costoso.
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ECONOMIA
El valor de mercado de OpenAI se disparó después de recibir una histórica de inversión: cuántos millones vale

OpenAI anunció ayer que cerró una ronda de financiación récord por USD 110.000 millones a una valoración de USD 730.000 millones, sin incluir el capital recaudado, lo que impulsa la costosa apuesta del creador de ChatGPT por asegurar mayor capacidad de cómputo y talento para el desarrollo de inteligencia artificial.
Amazon invertirá USD 50.000 millones en la ronda, informó OpenAI el viernes, con diferencia la mayor suma que el gigante del comercio electrónico ha destinado a una sola empresa. SoftBank Group y Nvidia aportaron USD 30.000 millones cada una, señaló la compañía.
OpenAI y su rival Anthropic han intensificado este año sus rondas de financiación para respaldar costosas apuestas en chips y centros de datos que sostienen su software de inteligencia artificial. Cada vez más, ambas startups han recurrido a un grupo coincidente de fondos de capital de riesgo e inversionistas de grandes tecnológicas.
La fuerte inversión de Amazon, patrocinador de Anthropic desde hace mucho tiempo, también estrecha su relación con OpenAI. Como parte del acuerdo, OpenAI utilizará la línea de chips propios de inteligencia artificial de Amazon, llamados Trainium, y desarrollará conjuntamente modelos personalizados para los equipos de ingeniería de la compañía. Además, OpenAI destinará USD 100.000 millones adicionales a Amazon Web Services (AWS) durante los próximos ocho años. En noviembre, ambas empresas anunciaron un acuerdo por el cual el desarrollador de modelos utilizaría unos USD 38.000 millones en servicios de AWS a lo largo de siete años.
Microsoft, uno de los mayores patrocinadores previos de OpenAI y anteriormente su socio exclusivo de infraestructura, afirmó que su relación con el desarrollador se mantiene sólida. “Nada de los anuncios de hoy cambia en modo alguno los términos de la relación entre Microsoft y OpenAI”, indicaron las compañías en un comunicado conjunto el viernes.
Anthropic recaudó USD 30.000 millones en una ronda de financiación a comienzos de este mes de inversionistas que incluyeron a Nvidia y Microsoft. La operación valoró a Anthropic en USD 380.000 millones, incluyendo el capital captado.
Los compromisos de financiación representan el ejemplo más reciente de acuerdos circulares entre las principales startups de inteligencia artificial y proveedores de chips y computación en la nube. Estos vínculos buscan garantizar que el sector pueda satisfacer sus enormes necesidades de infraestructura, aunque el riesgo es que tales acuerdos amplifiquen las pérdidas si la demanda de IA no alcanza las elevadas expectativas actuales.
Ayer también se supo que el presidente Donald Trump ordenó a las agencias del gobierno estadounidense que dejaran de usar los productos de Anthropic, culminando una disputa entre el gigante de la inteligencia artificial y el Pentágono sobre las salvaguardas de su tecnología.
Trump dijo el viernes que habrá un “período de eliminación gradual” de seis meses para las agencias, incluido el Departamento de Defensa, que utilizan los productos de Anthropic.
“Los izquierdistas desquiciados de Anthropic han cometido un error desastroso [estas dos últimas palabras en mayúsculas] al intentar presionar al Departamento de Guerra y obligarlo a obedecer sus Términos de Servicio en lugar de nuestra Constitución”, publicó el presidente en redes sociales.
“Por lo tanto, ordeno a todas [mayúsculas] las agencias federales del gobierno de EEUU que cesen inmediatamente [mayúsculas] el uso de la tecnología de Anthropic”, agregó el mandatario.
Con información de la agencia Bloomberg
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