ECONOMIA
Ganadores y perdedores del nuevo dólar, que apunta al medio de la banda y sin intervención del BCRA

Como suele ocurrir en el boxeo, el primer round del nuevo tipo de cambio flotante fue «de estudio», con los contendientes tratando de no arriesgar demasiado y ver cómo se acomoda el rival. En la jerga financiera, a ese tiempo de espera se lo llama «price discovery» y es lo que está caracterizando a estas primeras jornadas post cepo.
Se notó ya desde el viernes pasado en el comercio -en especial en los sectores que manejan insumos importados- donde muchos proveedores dejaron en suspenso sus listas de precios hasta ver en qué valor se estabiliza el tipo de cambio. Y otros que habían reajustado sus precios por encima del 20% -lo que implicaba un dólar cerca del techo de la banda- no tuvieron mucha demanda de su producto.
En el mercado financiero, todos fueron motivos de festejo para el Gobierno, que no disimuló su alivio. Como se esperaba, los diversos tipos de cambio tienden al punto medio de la banda, lo cual deja una primera visión respecto de quiénes fueron los ganadores y quiénes los perdedores del nuevo esquema.
Es claro que el primer ganador es el propio Banco Central, que el lunes informó «sin intervención» luego de la jornada del viernes con su récord de u$s398 millones vendidos. Es, desde el punto de vista del gobierno, una potente señal al mercado en el sentido de que terminó la sangría de reservas que se estaba viviendo desde hacía dos meses.
Dado que el acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional permite que el BCRA intervenga incluso dentro de la banda cuando se den situaciones de volatilidad no habitual, se había generado cierta expectativa de que Santiago Bausili pudiera echar mano a su nueva billetera de dólares para marcar el nivel en el que pretendía que se estabilizara la paridad. Sin embargo, la convergencia se produjo sin sacrificio de reservas.
Entre el blue a pérdida y el nuevo rulo
El primer puesto entre los perdedores es para los minoristas que el viernes pasado compraron el blue a $1.365. Tras la liberación del cepo, el billete se cotizó a $1.230 en las principales entidades de plaza, lo que implica que sufrieron una pérdida de capital instantánea de 9,8%.
Para los bancarizados que compraban el dólar en su versión MEP, la opción lógica sería ahora comprar al tipo de cambio de los bancos, que cotiza más barata. Quienes el viernes habían pagado $1.333 se encontraron que esa operación les hizo perder un 7,7%. Sin embargo, quedó un consuelo para los más rápidos: aprovechando que se eliminó el «parking» en la operatoria de bonos, quedó margen para hacer un «rulo» consistente en comprar a la cotización bancaria y luego vender en el MEP, con una pequeña ganancia -que en un momento de la jornada llegó a ser del 3% y luego se fue angostando-.
Los analistas prevén que la posibilidad de hacer ese negocio terminará muy rápidamente, por efecto del inexorable arbitraje: el MEP tenderá al mismo valor que el dólar bancario precisamente por el aumento de la oferta que surge del citado «rulo».
El «contado con liquidación» también cae con fuerza, aunque se prevé que mantendrá su tradicional spread por encima del MEP -en situaciones de calma del mercado suele ubicarse en 1%- dado que ese costo es el precio que los inversores están dispuestos a pagar para dejar las divisas en una cuenta bancaria del exterior.
Entre los ganadores, los mayores festejos -al menos por ahora- están entre quienes se habían protegido de una suba del tipo de cambio oficial, cuya cotización respecto del viernes saltó un 11%. Una de esas herramientas había sido el bono dólar linked: aun cuando el título tiene una tasa negativa de 1,98%, igual compensaría a los inversores si para junio se mantiene el dólar mayorista encima de $1.110. Aunque los más entusiastas en el gobierno hablan sobre un derrumbe del dólar cuando empiecen a entrar las divisas del agro, la mayoría de los analistas creen que lo más probable es que la cotización quede estabilizada en un valor no inferior a $1.200.
Milei apura al campo
En el plano del comercio exterior, ocurrió lo previsible: a los importadores se les encareció la operatoria -11% en la primera jornada- mientras que a los exportadores les mejoró el ingreso. En el caso de los del sector agrícola que recibían el tipo de cambio «blend» -que hasta el viernes pasado se ubicaba en $1.128-, hubo una mejora acotada. De momento lo que embolsarán por sus ventas será un 6,2% más alto que la semana pasada.
Por cierto que se trataba de un efecto que todos daban por descontado, y es por eso que en las últimas semanas se había constatado un apuro de los importadores por adelantar compras y asegurarse un stock, mientras que en el campo se daba el fenómeno inverso y las exportaciones se ralentizaron, aun cuando todavía quedan 7 millones de toneladas de soja de la cosecha anterior guardados en los silobolsas.
Y, como siempre, la gran interrogante en el mercado es si con el nivel de dólar que se vio el lunes los productores verán un atractivo para la venta o si aguardarán a ver un tipo de cambio más alto. El presidente Javier Milei recordó que la rebaja temporaria de las retenciones -que en enero bajaron del 33% al 26% para la soja- mantiene su fecha de finalización en junio, por lo que resulta conveniente no demorar las ventas.
La afirmación del presidente generó críticas entre los productores, que consideraron esas declaraciones como una presión similar a la que sufrían durante las gestiones peronistas y que se dedicaron durante toda la jornada a poner en cuestión la vocación liberal de Milei.
Son esos mismos productores que reaccionaron ofendidos cuando en febrero pasado desde el propio gobierno les dieron la sugerencia de que había que aprovechar los precios relativamente altos del mercado internacional para vender toda la soja y colocar los pesos a «hacer carry trade», aprovechando la tasa alta.
La nueva cuenta de la soja
En todo caso, lo cierto es que en el campo son momentos de rehacer las cuentas. Por motivos estacionales, los expertos dan por descontado un incremento de las liquidaciones, dado que se está levantando la cosecha gruesa y hay dificultades logísticas para el acopio.
Además, en esta época del año están venciendo obligaciones financieras de productores que habían tomado financiación para sobrellevar los momentos de sequía.
No hay un consenso entre los expertos del negocio agrícola sobre cuál sería la cotización ideal para vender. El factor clave a considerar es que, así como los productores tienen ingresos dolarizados, también tienen costos que se rigen por el dólar, como la urea, los herbicidas y la maquinaria. O sea, no necesariamente un dólar muy alto implica una mejora en la rentabilidad.
Hasta la semana pasada, la brecha del 25% existente entre el tipo de cambio oficial y el «contado con liqui» impactaba sobre la ecuación de negocio del agro. Una vez descontadas las retenciones, liquidados los dólares el cambio oficial y luego recomprados en el paralelo, el resultado era que el productor apenas lograba retener un 62% del precio internacional que cotiza en Chicago. Ahora, esa diferencia cambiaria entre el cambio oficial y el CCL comprimió, de manera que lo que le queda al productor es un 70% del precio Chicago.
Entre los factores que pueden incentivar la venta, además, está el factor internacional, dado que el «efecto Trump» por la disputa arancelaria está golpeando los precios de las materias primas. Como el mercado asiático es el principal comprador de soja y sus derivados, podría haber una presión bajista sobre los precios. De hecho, hace meses que los consultores del sector agrícola intentan convencer -no con mucho éxito- a los productores de asegurarse el precio ante la perspectiva a una baja a futuro.
La pulseada por las tasas
Hay todavía algo de incertidumbre respecto de cómo evolucionará el mercado de las tasas en pesos, ahora que se abandonó oficialmente el congelamiento de la base monetaria amplia.Los analistas, tras los anuncios del viernes, habían insinuado que debería haber una suba de tasas como para rearmar el carry trade y asegurar un atractivo a las inversiones en moneda nacional para que no se repita una presión desmedida sobre el techo de la nueva banda.
Un reporte de la gestora de fondos SBS afirmaba que en el contexto de relajamiento de las restricciones cambiarias «esto implicará una mayor tasa de incremento de los stocks de deuda en pesos del Tesoro».
Por su parte, la consultora Analytica pronostica que «el crédito se encarecerá, ya sea por suba de los encajes bancarios o por un aumento de la tasa de interés».
El primer efecto se vio en las remuneraciones a los ahorristas de plazo fijo, con el Banco Nación tomando la delantera: llevó la tasa nominal anual desde el 29,5% hasta el 37%. Y la decisión se interpretó no sólo como una respuesta al nuevo esquema cambiario, sino también al sorpresivo repunte inflacionario después del 3,7% que dejó el IPC de marzo.
Sin embargo, desde el gobierno dieron a entender que tienen la expectativa de una caída en el mediano plazo. Por ejemplo, Felipe Núñez, uno de los ideólogos del plan de «las tres anclas», opinó: «con la recapitalización del BCRA y el nuevo esquema cambiario, es de esperar que las tasas reales y nominales compriman fuertemente».
Desde ese punto de vista, la nueva banda cambiaria debería disipar los temores a una devaluación brusca -que era lo que reflejaba el mercado de futuros la semana pasada– y por lo tanto las tasas de cobertura deberían reflejar ese nuevo escenario de estabilidad. Además, la expectativa es que los bonos soberanos suban su cotización, llevando así a una caída en el índice de riesgo país.
Pero, de momento, ese escenario de tasas en declive está por verse. De hecho, el mercado de futuros mostró aumentos de los contratos hasta junio, con caídas de tasas para el segundo semestre. La posición a octubre -la primera posterior a las elecciones legislativas- cayó hasta una cotización de $1.410. Implica una expectativa de suba del dólar de 17% acumulado en un período de seis meses teñidos por la campaña electoral.
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ECONOMIA
ANSES: quiénes cobran hoy, martes 24 de febrero de 2026

La Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) realiza hoy, martes 24 de febrero de 2026, nuevos pagos para distintos grupos de beneficiarios, con montos actualizados que incluyen aumentos y bonos extraordinarios. La fecha corresponde al calendario oficial y abarca jubilaciones, pensiones y asignaciones, según la terminación del Documento Nacional de Identidad (DNI).
El calendario de pagos de ANSES establece que este martes se concretan acreditaciones para varios programas. El cronograma vigente prioriza la terminación del DNI y el tipo de prestación, agrupando algunos pagos por feriados recientes. Los pagos de hoy comprenden tanto jubilaciones como asignaciones.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Las personas cuyos haberes previsionales superan el monto mínimo mensual y tengan DNI terminados en 2 y 3 pueden cobrar desde hoy. Este grupo incluye tanto a jubilados como pensionados, dentro del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). El esquema se organiza escalonadamente a lo largo de la semana para evitar aglomeraciones.
Los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Asignación Familiar por Hijo (SUAF) cuyos DNI terminan en 9 acceden hoy al pago. Estas asignaciones contemplan a trabajadores en relación de dependencia, monotributistas, desempleados y titulares de la AUH.
Las titulares de la Asignación por Embarazo con DNI finalizados en 8 reciben hoy la acreditación correspondiente. De acuerdo con el calendario oficial, el pago se distribuye en jornadas diferenciadas para evitar superposiciones y garantizar la atención en sucursales y cajeros.
A partir de hoy, se habilita el cobro de la segunda quincena de febrero para todas las terminaciones de DNI en las Asignaciones de Pago Único. Esto incluye los beneficios por matrimonio, adopción y nacimiento, vigentes hasta el 12 de marzo.
Los beneficiarios del Plan 1 de Desempleo con DNI terminados en 0 y 1 pueden acceder hoy al pago. El cronograma avanza durante la semana para el resto de las terminaciones.

La jubilación mínima en febrero de 2026 asciende a $359.254,34, cifra a la que se suma un bono extraordinario de $70.000 otorgado por el Gobierno nacional, lo que lleva el ingreso total a $429.254,34. El haber máximo se ubica en $2.417.441,64. La Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) alcanza $287.403,47 más el bono, totalizando $357.403,47. Las Pensiones No Contributivas (PNC) por invalidez o vejez llegan a $251.478,04 más el bono, sumando $321.478,04.
Estos montos reflejan el incremento del 2,85% aplicado este mes, conforme a la movilidad mensual que ajusta los haberes de acuerdo con el índice de inflación divulgado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El bono extraordinario de $70.000 permanece congelado desde marzo de 2024.
En febrero, las principales asignaciones que abona ANSES presentan los siguientes valores, actualizados con un incremento del 2,85%:
- Asignación Universal por Hijo (AUH): $129.096, con un pago mensual de $103.276,80 (80%), dado que el 20% se retiene para el cobro anual tras la presentación de la libreta.
- AUH por Discapacidad: $420.354, con pago mensual de $336.283,20.
- Asignación por Embarazo: $129.096, igual que la AUH general.
- Asignación Familiar por Hijo (SUAF – primer rango): $64.554.
- Asignación Familiar por Hijo con Discapacidad (SUAF): $210.186.
- Asignación por Nacimiento: $75.246.
- Asignación por Adopción: $449.888.
- Asignación por Matrimonio: $112.668.
- Ayuda Escolar Anual: $85.000.

La Tarjeta Alimentar, destinada a beneficiarios de AUH, AUE y PNC, suma un monto adicional: familias con un hijo perciben $52.250, con dos hijos $81.936 y con tres hijos o más $108.062. Así, el ingreso total para quienes acceden a AUH y Tarjeta Alimentar puede superar los $181.000 en febrero.
El calendario de pagos de ANSES puede consultarse en la web oficial del organismo, donde cada beneficiario tiene acceso al detalle de su liquidación, fecha y lugar de cobro. Los fondos permanecen disponibles en la cuenta bancaria hasta 60 días después de la acreditación, sin necesidad de realizar trámites adicionales.
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ECONOMIA
Los optimistas del mercado: 15 consultoras esperan un dólar barato para los próximos meses

El precio del dólar cayó al nivel más bajo de los últimos cinco meses, hecho que coincide con la publicación de una nueva encuesta internacional, en la que economistas de bancos y consultoras trazan sus proyecciones sobre tipo de cambio.
Por lo pronto, el precio del dólar mayorista tocó este lunes un piso de $1.370, el menor desde fines de septiembre pasado, en la previa electoral, y las proyecciones más bajas para fin de año de estos expertos no lucen tan alejadas al escenario actual.
Incluso, los analistas más «optimistas» relevados en febrero por el FocusEconomics prevén que el tipo de cambio mayorista puede llegar a fin de diciembre que viene a un valor mínimo de $1.335.
Claro que, entre los 44 economistas encuestados para este informe, apenas tres expertos ubican sus pronósticos muy por debajo de los $1.600 para la conclusión del 2026.
Por lo tanto, la cifra mínima que se puede considerar como «verdadera» referencia para las estimaciones más bajas es la de Credicorp Capital, que prevé un precio de $1.590 para fin de año.
Esta cifra «optimista» representaría un incremento del billete estadounidense mayorista para todo el 2026, en un porcentaje cercano al 10%.
Este escenario optimista respecto a una moderada suba en el precio del dólar, se sustenta en un momento en que existen ingresos de divisas por liquidación de exportaciones y colocaciones de deudas corporativas en moneda estadounidense.
Asimismo, desde el 5 de enero pasado, el Banco Central compró un acumulado de alrededor de u$s2.400 millones para las reservas. Hecho que también genera cierta calma en la City.
Entonces, según los expertos, se pueden esgrimir dos razones principales para explicar por qué está bajando el precio del dólar.
«La primera es que tanto empresas como provincias están trayendo dólares del exterior a la Argentina. Desde octubre, después de las elecciones, muchas consiguieron financiamiento afuera y el Gobierno las obliga a liquidar el 90% de esas divisas durante los primeros seis meses. Eso genera un fuerte ingreso de billetes estadounidenses», detalla Ian Colombo, asesor financiero de Cocos Gold.
La segunda razón que suma este analista es que «hoy no hay en Argentina instrumentos en dólares que ofrezcan rendimientos tan atractivos como antes. Entonces muchas personas físicas, que tienen dólares en cartera, se encuentran sin buenas alternativas para invertirlos y optan por venderlos para pasarse a pesos y buscar mayor rendimiento».
De esta manera, se evidencia una tranquilidad cambiaria y ello se refleja en las expectativas de su precio para los próximos meses.
A ello se agrega que otras variables clave también se mantienen en calma, ya que el consenso general de los panelistas que participaron en el informe considera que puede haber un aumento promedio del 25,4% en los precios al consumidor en 2026, una suba de 1,4 punto porcentual respecto a lo esperado el mes pasado.
«La autoridad monetaria prioriza sostener niveles de reservas y manejar las tensiones de corto plazo en el tipo de cambio, dado que la intervención en el mercado de cambios había sido significativa en semanas previas con compras para febrero», resume Ignacio Morales, jefe de inversiones de Wise Capital.
Economistas más optimistas proyectan un dólar mayorista cercano a $1.600 a diciembre.
Precio de dólar más bajo esperado
En cuanto al precio de dólar mayorista más bajo esperado para fin de año, existe una mirada positiva de estos analistas respecto a que el Gobierno logrará acumular una cantidad interesante de dólares y que podrá mantener estable la situación cambiaria.
Las consultoras y bancos más optimistas para el tipo de cambio en Argentina para diciembre, son: Barclays Capital ($1.335), Pezco Economics ($1.482) y 4Intelligence ($1.555).
Luego se puede citar al resto de los expertos más moderados, como es el caso de Credicorp Capital ($1.590), JP Morgan ($1.600), Econométrica ($1.610), Quantum Finanzas ($1.610), Banco Galicia ($1.621) y C&T Asesores, con una expectativa de $1.623 para fin de año.
«Es el mismo panorama que venimos manteniendo, es un año tranquilo en materia financiera y, de hecho, está bastante bajo el tipo de cambio. Además, está por delante la parte de la cosecha gruesa próximamente, que eso es un buen flujo de dólares. Un escenario en donde, al no haber un episodio que provoque una fuga de capitales como la del año pasado, el tipo de cambio tendría que estar bastante contenido», resume Camilo Tiscornia, economista y director de C&T Asesores.
Por su parte, Sebastian Menescaldi, economista y director asociado de Eco Go, que espera $1.647 para diciembre, agrega: «Creemos que el Gobierno, probablemente, va a seguir usando al dólar como ancla cambiaria, y si lo tiene que apreciar más de lo esperado para poder bajar la inflación, lo va a hacer. Aunque sea, a costa de que la actividad sea menor y, eventualmente, tasas más altas».
Un dato a considerar es que las nuevas bandas de flotación, en las que no interviene el Banco Central en el mercado, debido a que desde inicios de enero ajustan por inflación de dos meses atrás (t-2), hoy son de un mínimo de $875 y un máximo de $1.596.
Por lo que la cotización actual del billete estadounidense operado entre bancos, que es de $1.376, se ubica unos 220 pesos por debajo del límite más elevado de la banda.
Como referencia, el consenso de precio de dólar mayorista de los 44 economistas encuestados por el FocusEconomics es de $1.729 para fines de diciembre, un descenso de 5 pesos respecto a lo esperado en el informe anterior.
Este nivel es muy similar al convalidado en el mercado de opciones y futuros del Matba-Rofex, donde las operaciones para fin de año pactan un tipo de cambio de $1.739.
«Es una proyección que considera algún grado de mejora del tipo de cambio real y una inflación cercana al 20% en el año. Es consistente con una buena acumulación de reservas y un colchón para evitar problemas en el 2027, que es año electoral», opina Pablo Repetto, jefe de Research en Aurum.
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ECONOMIA
Cerraron más de 500 sucursales bancarias en los últimos 5 años: quiénes todavía prefieren utilizarlas

En la Argentina funcionan 4.088 sucursales bancarias según el último dato disponible del BCRA correspondiente a octubre pasado. Cinco años antes, había 4.598 filiales, lo que implica que en ese plazo hubo 510 sucursales que cerraron sus puertas en el sistema financiero argentino.
De esta forma, los bancos perdieron en 5 años el 11% de sus filiales. Los datos pueden resultar desactualizados ya que la cantidad de oficinas físicas puede reducirse aún con mucha mayor velocidad. El avances de los canales de atención virtuales y los medios de pago digitales puede acelerar la decisión de muchas entidades financieras para achicar su atención presencial. Varias bancos planean cerrar sucursales y ampliar su oferta online, por razones de eficiencia, de preferencias de su público o por haber concretado fusiones recientes con otros bancos que generaron superposiciones.
Históricamente, la apertura de nuevas sucursales era una clara señal de crecimiento para un banco, que le permitía asentarse en barrios o ciudades donde no están los competidores. Hoy, el gran interrogante es de cuánto sirve eso, dado que la competencia pasa por las fintech y por aquellas entidades que dan mejores soluciones en las apps y el homebanking.
El dato del BCRA corresponde a las sucursales convencionales. Si bien los bancos desarrollaron otras opciones, como los “minibancos” dentro de empresas o las sucursales móviles como las que se arman en los lugares turísticos durante el verano, es claro que la atención presencial ya no es lo que era.
El avance de las billeteras virtuales es tal que obligó a los bancos a desarrollar las propias y a dar la pelea. Claro ejemplo de ello fue la pelea que se dio en el marco del debate por la reforma laboral para que las fintech no estén habilitadas a acreditar salarios y manejar “cuentas-sueldo”. Hasta ahora esa discusión parlamentaria fue ganada por los bancos, lo que no impide que millones de argentinos cobren su sueldo en una cuenta tradicional y lo giren a una billetera para su vida cotidiana.

El cierre de sucursales también tiene impacto en el terreno laboral, ya que en los últimos años se consolidó el escenario en el que los bancos vienen perdiendo en forma progresiva una porción de sus trabajadores mientras que la dotación de las fintech no para de crecer. La transformación del negocio lleva a que haya menos empleados parados detrás de un mostrador y más diseñando herramientas para la atención online.
Los cajeros automáticos también dejaron de ser el motivo de visita obligada a la sucursal bancaria. No solamente porque el uso de los medios de pago virtuales (transferencias, QR, tarjetas) se multiplican y el efectivo se usa menos, sino también porque hay supermercados, estaciones de servicio, farmacias y otros comercios que entregan billetes en su línea de caja.
Pero las sucursales resisten y todavía tienen relevancia, aún con la expansión digital. Según un estudio de D’Alessio IROL para Infobae, la atención presencial para los clientes bancarios sigue teniendo un rol clave, aunque no para todo sino para aquellos casos en los que lo digital no resulta suficiente.
La encuesta de D’Alessio IROL registró que un 63% de los consultados fue a una sucursal bancaria en los últimos 3 meses. Es decir que 2 de cada 3 usuarios encuentran la necesidad de la visita presencial. En el otro extremo, un 25% aseguró que su último trámite presencial en un banco fue hace más de 6 meses. Solamente un 1% aseguró no haber ido nunca a una sucursal y manejarse de manera enteramente virtual.
¿Para qué van al banco los que siguen yendo? Allí está el punto clave que muestra el cambio. “La sucursal ya no es el lugar donde comienza la relación con el banco, sino donde se la sostiene cuando surgen fricciones», señala el informe.
Un 35% va para hacer consultas, un 33% para resolver problemas con las tarjetas, un 14% a hacer pagos y un 12% para hacer reclamos. Apenas un 2% dijo haber ido a la sucursal para abrir una cuenta y un 4% para pedir un préstamo.

“La sucursal dejó de ser el punto de entrada y pasó a cumplir un rol de resolución, explicación y corrección dentro del recorrido del cliente. Es el lugar al que se acude cuando algo no se entiende, no funciona o requiere acompañamiento humano. Paradójicamente, a mayor digitalización, mayor necesidad de soporte calificado», apuntó el informe.
En los segmentos más bancarizados, el 55% de las visitas a sucursal están vinculadas a problemas con las tarjetas, “lo que refleja mayor sofisticación operativa y mayores expectativas de servicio”.
En un sistema cada vez más digital, la sucursal “dejó de ser un canal transaccional masivo para convertirse en un punto crítico de soporte, con impacto directo en la experiencia, la confianza y la continuidad del vínculo con el banco», afirmó D’Alessio IROL.
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