ECONOMIA
Luis Caputo cruzó a Ricardo López Murphy y defendió el plan económico del Gobierno

«Agarramos la peor herencia económica de la historia y en un año sacamos 10 millones de argentinos de la pobreza», afirmó el ministro de Economía
01/04/2025 – 10:28hs
El ministro de Economía, Luis Caputo, defendió el rumbo económico del Gobierno y respondió a las críticas que recibió el plan oficial. En declaraciones públicas, el funcionario sostuvo: «Siete años más de planes ‘mal hechos’ como este y somos potencia».
Las declaraciones del titular del Palacio de Hacienda se produjeron luego de que el diputado Ricardo López Murphy cuestionara las medidas del Gobierno y advirtiera sobre el estado de la economía. Durante la noche del lunes, el legislador sostuvo que «Argentina está en dificultades serias» y puso en duda la solidez del plan económico del Ejecutivo.
«Es fácil verlo: el Gobierno ha llamado desesperadamente al apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI)«, afirmó López Murphy. Además, agregó que «si tuviera un plan económico robusto, eso no sería necesario. El plan no estuvo bien hecho, exhibe muchas debilidades y por eso están pidiendo auxilio».
Ante estas críticas, Caputo respondió y destacó las acciones implementadas por el Gobierno en materia económica. «Agarramos la peor herencia económica de la historia y en un año sacamos 10 millones de argentinos de la pobreza, bajamos la inflación a niveles que nadie pronosticaba, hicimos crecer la economía 6 por ciento, terminamos con el déficit fiscal en un mes y con la emisión monetaria en seis meses», detalló el funcionario.
Qué dijo Luis Caputo sobre los salarios y las jubilaciones
En relación con los salarios y jubilaciones, Caputo aseguró que «subieron 5 y 9 por ciento en términos reales». También mencionó la reducción de la carga tributaria y la asistencia social: «Bajamos impuestos por el equivalente a dos puntos del PBI y duplicamos la asistencia social».
En este contexto, el titular de la cartera económica reafirmó su postura y afirmó que, de mantenerse la estrategia del Gobierno por los próximos siete años, Argentina podría convertirse en una potencia económica.
El debate sobre el plan económico se produce en un contexto de negociaciones entre el Gobierno y el FMI, en medio de un ajuste fiscal y medidas de estabilización que han generado opiniones divididas entre economistas y sectores políticos. Mientras desde el Ejecutivo se defiende la estrategia adoptada, sectores de la oposición sostienen que las políticas económicas generan tensiones sociales y económicas.
El Gobierno mantiene negociaciones con el FMI en busca de garantizar el cumplimiento de las metas acordadas y obtener financiamiento adicional. En paralelo, el plan económico sigue siendo un punto de debate en el ámbito político y económico del país.
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ECONOMIA
El gran desafío de la industria automotriz argentina en 2026: aumentar las exportaciones de autos

Con 612.178 patentamientos en el año en total, y un 40% de vehículos fabricados en el país, los números de 2025 para la industria automotriz argentina muestran que se vendieron 244.871 vehículos nacionales y 367.307 importados.
La referencia de 2024 indica que los autos argentinos habían sido 227.722, lo que implica un crecimiento de ventas de la industria argentina del 7,5 por ciento. El número no es nada despreciable para cualquier país que manufactura productos. Pero en el contexto de un crecimiento del mercado del 47,8% el resultado no es tan bueno. En los mismos 12 meses, las importaciones aumentaron un 97,1%, de 186.318 a 367.307 unidades.
El próximo martes la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa), publicará los números oficiales de diciembre y del año completo de la industria automotriz argentina. Se sabrá entonces cuántos autos se fabricaron en las plantas nacionales y cuántos se exportaron. Este último dato, el de autos enviados al exterior, rondará las 285.000 unidades, lo que implica una reducción cercana al 10% en relación con 314.735 del año previo.
Si las importaciones subieron un 97% y las exportaciones bajaron un 10%, la balanza negativa es significativa y preocupante para una industria que, a pesar de esos porcentajes, sigue siendo una de las que más dólares trae del exterior.

Ese es uno de los grandes desafíos de 2026 para el sector: que el crecimiento vuelva a ser parejo, no asimétrico, para lo cual es necesario mejorar la competitividad de las exportaciones en un escenario cada vez más complejo por la sobreoferta de productos asiáticos.
El problema es que mientras la industria automotriz camina lentamente con el Gobierno nacional en busca de poder eliminar definitivamente los aranceles de exportación y los impuestos que encarecen la producción de automóviles que se venderán al exterior, las importaciones van por el carril de alta velocidad, tanto para las compañías que tienen operaciones industriales en Argentina como para las que tienen una representación oficial de marcas que fabrican en el extranjero.
En los últimos dos años, pero especialmente en 2025, se lograron reducir costos que exponían financieramente a las automotrices, como los plazos de pago de 180 días (bajó a 30 días al final de 2024), la eliminación del impuesto PAIS que afectaba el costo de las autopartes importadas para ensamblar y exportar unidades, y la anulación del doble IVA que se pagaba en la Aduana.
Pero esas medidas no mejoraron la competitividad de la industria ni siquiera como para mantener el mismo flujo de exportaciones del año anterior, especialmente al principal comprador de autos argentinos que es Brasil., Hacia allí se exportaron 225.231 autos en 2024 (el 71,6% de la producción argentina), pero en 2025 rondarán las 193.000 unidades, un 14% menos. Hasta el mes de noviembre, las exportaciones argentinas a Brasil representaron el 67,3% del total de unidades fabricadas en Argentina.

Eliminar el arancel de exportación fue uno de los pedidos que las fábricas le hicieron al ministro de Economía, Luis Toto Caputo, desde su primera reunión a fines del primer trimestre de 2024. Eso no ocurrió, e incluso fue peor aún, porque este año que pasó no se renovó la exención a las exportaciones incrementales que regía desde 2021, por medio de la cual, una vez superados las 137.000 unidades, la industria dejaba de pagar esa retención que afecta a la competitividad de los productos nacionales.
Pero aunque sea un impuesto distorsivo que perjudica, la realidad muestra que ese impacto no es tan alto, porque no lo pagan todos los fabricantes sino sólo aquellos que exportan modelos que se producen desde antes de 2022 y no lo pagan aquellos que fueron lanzados al mercado desde 2023 en adelante. Esto se debe a que ese año comenzó a regir una Ley de promoción de la industria automotriz y autopartista argentina, que entre varios beneficios, exime del pago de aranceles de exportación a esos vehículos.
Así, hoy lo pagan pocos autos que se venden en el exterior, como la pick-up Toyota Hilux, el SUV 4×4 Toyota SW4, el Fiat Cronos, el Peugeot 208, el Renault Kangoo, el Chevrolet Tracker o la pick-up Volkswagen Amarok.

Algunos de esos modelos dejaron de exportarse y quedaron como vehículos para abastecer el mercado local, pero otros, especialmente la camioneta mediana de Toyota, es el vehículo que, a pesar de esa carga fiscal adicional que tiene un impacto cercano al 2,5%, es el modelo más exportado de la industria argentina.
El problema no son los autos importados de Brasil, de los cuales el 85% son traídos por las mismas marcas que producen autos, dan empleo y tributan como grandes contribuyentes en Argentina. El problema tampoco es China, que este año alcanzó el 4,7% del total de autos 0km que se vendieron en el mercado local.
La solución para la industria está adentro y en dos frentes paralelos, uno a cargo de las automotrices mismas y otro de los gobiernos nacional, provinciales y municipales. La industria debe mutar hacia producir vehículos más exportables, es decir, aquellos que tienen mayor demanda de los mercados regionales por tener menos competencia asiática. Esos son los vehículos utilitarios y comerciales livianos, no los autos particulares y SUV.
Por eso se están dejando de fabricar autos y SUV en algunas plantas como las de Renault y Volkswagen, y en ambos casos entre 2026 y 2027 comenzarán a producirse nuevas pick-up focalizadas en los mercados externos. Por eso también Stellantis empezó a fabricar Fiat Titano y RAM Dakota en la planta cordobesa de Ferreyra, donde sólo se producía el Fiat Cronos.
Pero esos proyectos llevan tiempo. La referencia es Ford, que comenzó a producir la nueva pick-up Ranger en 2023 y recién dos años después se consolidó fuertemente en Brasil con un crecimiento mayor aún que el de Toyota Hilux.

El trabajo que puede mostrar resultados más rápidamente es el que tienen los gobernantes, a quiénes se les pide que eliminen el impuesto a los débitos y créditos, a los ingresos brutos y las tasas municipales. Todos los ejecutivos de la industria automotriz coinciden en señalar que estos últimos representan cerca del 75% de la “mochila fiscal” que tienen los autos argentinos que se exportan.
En 2027 vencen los bonos BOPREAL que el Gobierno emitió para permitir que la industria automotriz se reactivara a pesar de las millonarias deudas que sumaban a fines de 2023, y que paralizó muchas veces ese año la producción de las plantas por falta de insumos.
Algunas marcas pudieron negociar cómo volver a fabricar reteniendo esos bonos que sirvieron como garantía de pago para los acreedores y casas matrices. Otros los negociaron en el mercado para cancelar deudas. Pero para llegar a 2027 y tener a la industria automotriz saneada de esos pasivos, hay que pasar 2026 en el que, al menos, las exportaciones vuelvan a crecer.
ECONOMIA
El vice de Caputo dijo que Brooks, un economista de EEUU crítico de la política cambiaria oficial, está “100%” equivocado

José Luis Daza, secretario de Política Económica y virtual viceministro del equipo que encabeza Luis Caputo, se hartó de las críticas de Robin Brooks, un persistente impugnador de la política económica del gobierno de Javier Milei y, en particular, de la política cambiaria.
En las últimas horas, Daza, que tiene nacionalidad chilena y argentina y es señalado como posible ministro de Economía del presidente electo de Chile, José Antonio Kast, consideró un posteo de Brooks la gota que rebasó el vaso y le respondió diciendo que la interpretación que tiene de la economía argentina es “100% incorrecta” y que la realidad “es precisamente lo opuesto de lo que planteás”.
El núcleo del desacuerdo es la política cambiaria. El sábado Brooks, investigador de la Brookings Institution, un think tank bipartidario de Washington, posteó en X que a la “elite en la Argentina” le gusta la política cambiaria de anclar el precio del dólar “porque tienen un montón de riqueza financiera y de otro tipo que perdería valor si esa política es abandonada”. Se trata, subrayó, “de una política para pocos a expensas de muchos; el PBI de la Argentina está aplastado por esa locura”.
Daza no soportó el nuevo dardo y respondió por X que si bien conoce de hace muchos años a Brooks como “un economista serio”, su reciente comentario lo impulsó a responder, cosa que no había hecho hasta ahora, explicó, porque los posteos de su viejo conocido tenían “poca información sustantiva”. No obstante, señaló, “el último va demasiado lejos y revela un serio malentendido acerca de la realidad económica de la Argentina”.

El vice de Caputo explicó que la economía argentina es “una de las más dolarizadas del mundo”. Casi toda la riqueza, explicó, está dolarizada, el dólar sirve como unidad de cuenta para formas ilíquidas de riqueza, mientras el peso tiene “un rol muy limitado, casi exclusivamente para propósitos transaccionales”. De hecho, precisó, la base monetaria representa menos del 4,5% del PBI argentino, “uno de los ratios más bajos del mundo”. Por otro lado, citó, “los argentinos tienen aproximadamente USD 200.000 millones en dólares billete”, los llamados “dólares del colchón”, y tendrían otros USD 400.000 millones en el exterior. Hasta ahora, nunca se había calculado semejante nivel de dolarización por parte de los residentes argentinos.
“Los sectores más ricos de la sociedad están completamente dolarizados, periódicamente convierten dólares a pesos solo para cubrir sus expensas diarias y prácticamente no tienen posiciones en pesos”, explicó Daza. En ese marco, prosiguió, “las depreciaciones del peso generan masivas transferencias de riqueza desde los asalariados hacia los ricos; erosionan los salarios reales y profundizan la pobreza entre los más vulnerables. Las devaluaciones benefician masivamente a los ricos a expensas de los trabajadores asalariados sin activos”. Por eso, concluyó, “Robin, en esta instancia tu interpretación es 100% incorrecta; la realidad es precisamente lo opuesto de lo que planteás”.
Lo extraño es que Brooks, que ya sacó de las casillas a Caputo, acompañó su posteo con un análisis sobre “el costo enorme” de la política cambiaria argentina, que publicó en Brookings el 2 de noviembre, días después de la victoria del gobierno en las elecciones legislativas, incluyendo gráficos sobre la evolución del PBI y estimaciones de fuga de capitales.
Aquella vez, Brooks dijo que el impacto de esa política “se vuelve cada vez más visible ante la magnitud de la salida de capitales que se intensificó en los meses previos a las elecciones recientes”. Citaba al respecto datos del BCRA según los cuales la fuga “no solo igualó sino que superó los niveles observados durante las turbulentas jornadas de agosto de 2019”, luego de las PASO en que la fórmula Fernández-Fernández sacó 15 puntos de ventaja sobre Mauricio Macri.

Brooks afirmó entonces: “la historia muestra que una vez que los ahorros abandonan el país, se pierden para Argentina, y estas salidas masivas de fondos rara vez, o nunca, revierten su curso. El efecto inmediato de este proceso es la descapitalización del sistema financiero argentino, con consecuencias profundas y duraderas para la economía”. Y todo, explicó, por la decisión de “anclar” el peso al dólar, una medida popular y políticamente redituable a corto plazo, pero que genera una profunda distorsión porque -fundamentó- “cuando la moneda local se encuentra sobrevaluada, la incertidumbre política y económica motiva a los hogares a refugiar sus ahorros en monedas fuertes, lo cual acelera el ritmo de la fuga de capitales”.
En cambio, consideró Brooks, “de haberse dejado flotar el peso antes de las elecciones, la salida de capitales se habría detenido, puesto que desaparecería el incentivo para adelantar una devaluación”. En cambio, afirmó, sostener la paridad por razones políticas “es la causa directa de la fuga de capitales”. Brooks calificó la persistente preferencia de la política económica argentina por anclar el valor del peso al dólar como “una fijación casi patológica” que distrae la atención de las soluciones posibles y priva al país del ingreso de capitales, lo que más necesita para combatir su recurrente escasez de divisas”.
Habrá que ver qué informe publica ahora Brooks y qué polémica genera dentro de un par de meses.
ECONOMIA
El real brasileño registró en 2025 su mayor apreciación frente al dólar en casi 10 años

El real brasileño cerró 2025 con una apreciación anual del 11,18% frente al dólar estadounidense, registrando su mayor avance en una década.
Al finalizar la última jornada del año, la divisa se cotizaba en 5,488 reales por dólar, notablemente por encima de los 6,18 reales por dólar con los que concluyó 2024.
A lo largo del año, la moneda presentó diversas fluctuaciones. Aunque sufrió caídas del 2,87% en diciembre, 2,92% en el último trimestre y 1% en el segundo semestre, el resultado anual fue claramente positivo.
Este comportamiento solo fue superado en 2016, cuando el real subió 17,8% frente al dólar. El máximo nivel se alcanzó en el primer semestre, con una apreciación del 14,7% y una cotización de 5,27 reales por dólar.
Posteriormente, el segundo semestre estuvo marcado por alta volatilidad, con repuntes temporales del dólar, sobre todo en abril, tras el anuncio de nuevos aranceles estadounidenses a productos brasileños.
Sin embargo, el mercado se estabilizó y la moneda brasileña retomó su senda de fortalecimiento en los meses siguientes.
El escenario internacional fue decisivo en este proceso. El inicio de la administración de Donald Trump en Estados Unidos introdujo políticas económicas orientadas a la reducción de impuestos y al aumento de aranceles desde enero. Aunque estas medidas impulsaron inicialmente al dólar, la posterior rebaja de tasas de interés por parte de la Reserva Federal y la débil eficacia de los aranceles para limitar las exportaciones brasileñas favorecieron que la moneda estadounidense perdiera fuerza globalmente.
Ese debilitamiento se reflejó también en otras monedas internacionales, que ganaron valor ante el dólar durante el año.
Dentro de Brasil, los indicadores económicos robustos respaldaron el avance del real. La inflación cerró en 4,32% y el desempleo descendió al 5,2% en noviembre, marcando un mínimo histórico.
La tasa de interés anual se situó en el 15%, el nivel más alto en dos décadas, lo que mantuvo atractivo el país para la entrada de capital extranjero.
Ante estas señales, se prevé que el Banco Central de Brasil continúe manteniendo tasas elevadas, especialmente en un contexto de descenso de los tipos de interés en Estados Unidos.
A pesar del repunte de 2025, la moneda brasileña no consiguió revertir la fuerte depreciación sufrida el año anterior, cuando perdió un 27,35% de su valor frente al dólar. Esta caída fue la más severa desde la registrada en 2020 durante la pandemia de COVID-19 (29,33%) y solo superada por el desplome del 48,3% en 2015, en medio de la crisis política nacional.
El avance de este año representa una recuperación sustancial, aunque sin compensar en su totalidad los retrocesos de años recientes. El fortalecimiento del real no se produjo en solitario. La debilidad generalizada del dólar benefició a diversas monedas de economías industrializadas y emergentes.
No obstante, el desempeño del real brasileño estuvo matizado: mientras ganó terreno frente al dólar, frente al índice DXY —que mide al dólar en relación con otras grandes monedas como el euro, el yen japonés, la libra esterlina, el dólar canadiense, la corona sueca y el franco suizo— acumuló en 2025 una depreciación del 9%.
Así, aunque la moneda brasileña logró recuperar parte del terreno perdido en el mercado de divisas, su evolución reflejó los contrastes del escenario internacional.
Corporate Events,South America / Central America,SAO PAULO
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