ECONOMIA
El costo estructural de la nueva Carta Orgánica del BCRA: por qué esta estabilidad no es neutral
Como era de esperar, la reforma anunciada de la Carta Orgánica del Banco Central se estructura sobre la premisa de que la inflación es “siempre y en todo lugar un fenómeno monetario” y que el mandato múltiple de la institución (que hoy incluye el empleo y el desarrollo con equidad social) constituye una “consagración de la ignorancia”. En su lugar, impone un mandato único y excluyente: preservar el valor de la moneda.
Si bien la erradicación de la altísima volatilidad nominal argentina es una urgencia indiscutible, un análisis riguroso apoyado en la teoría económica revela que esta reforma esconde un profundo sesgo distributivo: promete estabilidad, pero a costa de institucionalizar la anemia del crecimiento, la caída del salario real y del empleo, fundamentalmente para los sectores de menores ingresos.
El proyecto asume que estabilizar los precios es un acto puramente técnico y aséptico. Sin embargo, desarrollos recientes en la frontera del mainstream económico (ver Lorenzoni y Werning (2023); Afrouzi, Halac, Rogoff y Yared (2024, 2026) o Ravenna y Walsh (2025)), demuestran formalmente que la política monetaria es, por definición, una política distributiva.
Por ejemplo, aun cuando Afrouzi, Halac, Rogoff y Yared (2026) defienden firmemente la independencia del Banco Central y la fijación de compromisos inflacionarios, su trabajo demuestra que una autoridad monetaria capaz de comprometerse con la estabilidad de precios mantiene la inflación baja, pero acepta que la participación salarial y el producto queden permanentemente en un nivel inferior. No es un costo de transición que se disipa: es una propiedad de la estabilidad. Menor inflación de equilibrio se corresponde con menor participación salarial de equilibrio y con márgenes de ganancia más altos.
Al prohibirle por ley al BCRA considerar el empleo o la equidad, la nueva Carta Orgánica no está despolitizando la moneda; está decidiendo legalmente que el costo del ajuste recaiga siempre sobre los trabajadores.
La objeción inmediata es que la inflación también castiga a los trabajadores, fundamentalmente a aquellos de menores ingresos (Ravenna y Walsh (2025)). Es cierta y está documentada. En un trabajo reciente, Afrouzi, Blanco, Drenik y Hurst (2026) muestran que los salarios reales se licúan y que recomponerlos depende de la capacidad de cambiar de empleo, que no todos tienen. Pero también muestra que el costo de la estabilización implica la privatización de estos ajustes: cada trabajador debe resolver sus problemas de forma individual.
Es decir, el argumento sobre el impacto distributivo de la inflación no debilita la oposición a esta reforma: lo completa. Como sostienen Lorenzoni y Werning (2023), la inflación es la manifestación de un conflicto distributivo no resuelto. La inflación y la desinflación por contracción monetaria transfieren desde el mismo lado; lo que cambia es el canal, no el signo. Suprimir el síntoma derrotando a una de las partes no resuelve el conflicto: lo cristaliza.
Conviene aquí despejar un equívoco respecto de la tan mentada “independencia” de la autoridad monetaria. El BCRA ya es una entidad autárquica desde 1992 y su Carta Orgánica establece desde entonces que no está sujeto a órdenes ni instrucciones del Poder Ejecutivo. Ese artículo el proyecto no lo modificó en la reforma de 2012, ni se modifica ahora.
Lo que cambió a lo largo de las últimas tres décadas no fue la independencia operativa sino los mandatos, las herramientas y —sobre todo— la forma concreta en que esa independencia se ejerció que depende del régimen de designación y remoción de los directores.
Pero de ahí no se sigue lo que el relato oficial sugiere. En primer lugar, porque la Carta Orgánica reformada en 2012 permitió el desarrollo de diferentes esquemas de política a lo largo del tiempo, pero siempre en línea con la forma en la cual cada directorio decidió ejercer su autonomía. En segundo lugar, y más importante, es que este proyecto de reforma no genera una nueva estructura legal en nombre de la independencia, solo agrava la posibilidad de remover a las autoridades del BCRA.
De este modo, la tan mentada “independencia” no es un dispositivo neutral que permite alcanzar la estabilidad: es el mecanismo institucional mediante el cual el gobierno de Milei busca apropiarse del control de la autoridad monetaria por los próximos años.
En efecto, basta mirar quién ejerce hoy esa autonomía para entender los motivos reales de este proyecto. Los diez integrantes del directorio del Banco Central fueron designados en comisión por decreto y ninguno cuenta con el acuerdo del Senado.
Sobre ese directorio el proyecto tiende un régimen de remoción que exige dos tercios de ambas cámaras, sin modificar en nada el mecanismo de designación: ni escalonamiento de mandatos, ni desfase respecto del ciclo presidencial, ni límite a la reelección, ni plazo máximo para los nombramientos en comisión. El resultado es una asimetría difícil de justificar desde cualquier posición. Para poner un director alcanza con un decreto y, eventualmente, una mayoría simple. Para sacarlo harán falta dos tercios de Diputados y del Senado.
Súmese que el proyecto fue elaborado por el ministro de Economía, el ministro de Desregulación y el propio presidente del Banco Central, y el cuadro se completa: la norma que blinda al directorio fue redactada, en parte, por quienes lo integran. No es un detalle de implementación. Es la diferencia entre independencia y captura. La primera exige que el nombramiento sea tan exigente como la remoción; si no, lo que se blinda no es la institución sino a quienes la ocupan en el momento de sancionar la ley.
Por supuesto, desde perspectivas teóricas alternativas estos resultados no son tan novedosos. Para la economía política postkeynesiana esta captura e hiper independencia de la autoridad monetaria es el vehículo legal para instaurar lo que la literatura denomina una “política de ingresos basada en el miedo” (Setterfield, 2007).
Al carecer de herramientas cooperativas para coordinar precios y salarios, el único mecanismo que le queda a la ortodoxia es un Banco Central aislado para frenar la inflación utilizando la amenaza del desempleo y la asfixia del crédito como dispositivos disciplinadores. Se suprime la espiral inflacionaria, sí, pero institucionalizando la precarización y la inseguridad laboral permanente.
En el debate público argentino es intuitivo creer que “apagar la maquinita” cerrando las vías de financiamiento al sector público resolverá automáticamente el problema de los precios. Sin embargo, la tradición estructuralista (Olivera, 1960, 1967) nos advierte que la inflación periférica responde también a graves cuellos de botella productivos y a la vulnerabilidad externa.
Estas restricciones, junto con las implicancias dinámicas de una economía atrapada en una “trampa bimonetaria”, implican que intentar estabilizar los precios exclusivamente contrayendo la liquidez o anclando variables nominales suele empujar al país a “zonas de incompatibilidad”. En estos escenarios, el tipo de cambio necesario para evitar una crisis de balanza de pagos es tan alto que resulta socialmente intolerable, pulverizando el poder adquisitivo (Gerchunoff y Rapetti (2016) o Dvoskin y Feldman (2018a, 2018b)).
La estabilización no puede ser sinónimo de la paz de los cementerios. Aprobar este proyecto en su redacción actual implica transformar al BCRA en una institución diseñada para externalizar los costos del conflicto distributivo hacia el sector productivo y el trabajo.
Hay un punto adicional que prácticamente no se discute y no requiere compartir ninguna de las objeciones anteriores para preocupar. El proyecto elimina la estabilidad financiera del mandato del Banco Central, y lo hace conservando la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias dentro de la institución, con un superintendente que sigue siendo miembro del directorio.
La combinación no tiene precedente regional. Brasil, Uruguay y Paraguay supervisan a los bancos desde el banco central y, coherentemente, incluyen la estabilidad financiera en su mandato. Perú es el único de la región con mandato único, y puede permitírselo precisamente porque la supervisión bancaria está fuera: la ejerce una Superintendencia separada. El proyecto argentino copia el mandato peruano y se queda con el supervisor adentro.
El resultado es que el BCRA conserva todas sus herramientas de prestamista de última instancia —los redescuentos y adelantos por iliquidez del artículo 17 no se modifican, incluido el régimen extraordinario que habilita exceder los máximos por mayoría absoluta del directorio— pero pierde el objetivo legal que las justifica. Y las conserva bajo un régimen de remoción cuya primera causal remite a las prohibiciones del artículo 19 sin exigir gravedad ni evidencia manifiesta, que sí se exigen para las demás. Si una asistencia de emergencia se recalifica después como exceso del marco de iliquidez transitoria —la distinción entre banco ilíquido e insolvente, que nunca es nítida en el momento de decidir—, el acto queda expuesto como causal de remoción.
Lo notable es que nada de esto era necesario. El objetivo declarado se alcanza igual con un mandato jerarquizado, que es el modelo del Banco Central Europeo que el propio mensaje invoca: estabilidad de precios como misión primaria y, sin perjuicio de ella, cuidado de la estabilidad del sistema financiero. Es apenas una oración, pero su omisión sugiere que la exclusividad del mandato responde menos a un problema de diseño que a una afirmación doctrinaria.
En definitiva, Argentina necesita imperiosamente derrotar la inflación, y claramente, esto requiere redefinir el espacio institucional para el desarrollo de políticas monetarias, fiscales, cambiarias y financieras consistentes. La evidencia académica demuestra que desarrollar senderos de sólido crecimiento económico, estabilidad nominal y equidad distributiva, implica coordinar expectativas mediante pactos de ingresos, transformar la matriz productiva para relajar la restricción externa, y contar con un Banco Central que, si bien debe ser responsable y técnico, no puede estar legalmente ciego ante el desarrollo y la equidad social del país al que sirve.
*El autor es presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires
ECONOMIA
Conflicto portuario: el Gobierno oficializó la reducción temporaria del 20% de las tarifas de practicaje

- Reactivación de la prestación del servicio de practicaje y pilotaje de manera regular
- La suspensión de los efectos del Decreto Nº 690/26
- La conformación de una mesa intersectorial con el objeto de establecer un nuevo reglamento de los servicios de practicaje y pilotaje
- La disminución en un 20% de las tarifas vigentes para el servicio de practicaje o pilotaje

ECONOMIA
Mercados: el riesgo país argentino vuelve a subir, mientras Wall Street retoma el alza
Las bolsas de Nueva York exhiben este viernes indicadores en alza y nuevamente cerca de su nivel récord, luego de conocido un reporte de empleo en los EEUU, aunque la tendencia no se traslada a los activos argentinos.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cae 0,1%, en los 3.100000 puntos, en la sexta caída en pesos para el panel líder. En agosto el retroceso se aproxima al 5 por ciento. El Merval en dólares se aleja de la barrera de los 2.000 puntos, en un piso desde el 22 de mayo.
Los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales- registran números mixtos, mientras que el riesgo país de JP Morgan aumenta en 13 unidades para la Argentina, en los 450 puntos básicos, un máximo desde el 10 de junio.
Entre los ADR y acciones de compañías argentinas que son operados en dólares en Nueva York se imponen las bajas, encabezadas por Bioceres (-4,8%) y Loma Negra (-2,7%).
Las acciones estadounidenses suben vertiginosamente mientras los inversores asimilaban un inesperado descenso en la creación de empleo y sus implicaciones para las decisiones de política monetaria de la Reserva Federal.
El promedio industrial Dow Jones sube un 0,3%, mientras que el S&P 500 gana un 0,5%. El Nasdaq Composite aumenta un 1,3% tras una jornada mixta en los mercados.
La atención se centró en el informe de empleo de julio en los EEUU, que mostró que la economía perdió inesperadamente 23.000 puestos de trabajo, mientras que la tasa de desempleo descendió ligeramente hasta el 4,1%. Los economistas encuestados por Bloomberg esperaban que se crearan 80.000 puestos de trabajo y que el desempleo se situara en el 4,2% durante el mes.
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“Si bien los debates en torno a la inflación y la vertiginosa inversión en inteligencia artificial han eclipsado la relativa estabilidad del mercado laboral en los últimos meses, el informe del viernes ofrece un dato clave para la Reserva Federal a la hora de sopesar una subida de los tipos de interés en su próxima reunión”, definió Yahoo Finance.
Los expertos de Balanz precisaron que “la creación de empleo no agrícola en Estados Unidos en julio sorprendió nuevamente a la baja tras mostrar una caída de 23.000 nuevos puestos, bastante por debajo de los 80.000 esperados. Es más, los datos de junio se revisaron a la baja hacia 20.000 desde 57.000 reportados inicialmente, con lo que la revisión a dos meses de la creación de empleo fue negativa en 103.000 (desde -74.000 en junio). Buena parte de la sorpresa negativa en los datos vino por el sector privado que tuvo una creación de empleo de 30.000 puestos, por debajo de los 82.000 esperados”.
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“A pesar de estos datos, y dado que proviene de una encuesta distinta, la tasa de desempleo se redujo de manera inesperada a 4,1% desde 4,2% (se esperaba ese número). La tasa de participación se redujo también de manera inesperada a 61,4% desde 61,5% (se esperaba 61,6%), alcanzando el valor más bajo desde febrero 2021. El mercado esta incorporando una suba de 25 puntos básicos en la tasa de política monetaria de la Fed recién para diciembre”,agregaron desde Balanz.
Los precios del petróleo crudo retoman las subas. El barril de Brent del Mar del Norte gana 1,2%, a USD 83,45 en los contratos con entrega en octubre. El barril de crudo ligero de Texas aumenta 1,3%, a USD 78,32 en las posiciones para septiembre.
“Mientras coincidan una moderación del mercado laboral, menores presiones salariales y petróleo más barato, el escenario seguirá siendo favorable para el oro. El verdadero riesgo para esta narrativa sería que la inflación vuelva a acelerarse o que los próximos datos de empleo demuestren que julio fue simplemente una anomalía”, aportó Sergio Cisternas, analista de mercados EBC Financial Group.
Business,Corporate Events,North America
ECONOMIA
Es el segmento de autos que más crece: cuáles fueron los 10 SUV más vendidos en julio y cuánto cuestan
La presentación de la nueva Ford Territory Platinum, la versión de alta gama de equipamiento del SUV más vendido del mercado automotor argentino, es el reflejo del crecimiento de este segmento en la preferencia de los consumidores.
El caso de Ford es también un símbolo del cambio que se dio en los últimos dos años en la composición del ranking de los 10 autos más vendidos. Con siete meses computados de 2026, la pick up Ranger recién pudo superar las ventas de la Ford Territory en julio, y solo por 34 unidades, porque hasta el mes anterior, el SUV había sumado más patentamientos que la camioneta nacional.
Una mirada rápida por los rankings de los autos más vendidos desde antes de que se produjera la apertura de las importaciones, y de igual registro actualizado a julio de 2026, muestra el cambio profundo que se dio en el mercado y el crecimiento de los SUV en dos años y medio.
En 2023, ese Top 10 de vehículos estaba conformado por cuatro pick ups, Toyota Hilux, Ford Ranger, Volkswagen Amarok y Nissan Frontier, tres autos compactos, Peugeot 208, Fiat Cronos y Toyota Etios, un furgón, Renault Kangoo y solo dos SUV, el Chevrolet Tracker y el Volkswagen Taos.
Los diez más vendidos en la actualidad, en cambio, tienen tres pick ups -ya no está la Nissan Frontier-, tres autos, reemplazando al Toyota Etios por el Chevrolet Onix, y cuatro SUV, Ford Territory, Volkswagen Tera, Chevrolet Tracker y Peugeot 2008.
Lo que cambió fue la mayor oferta de esta nueva categoría, que hoy alcanza el 45% del total de patentamientos gracias a la aparición de nuevos modelos en dos segmentos, los compactos o B-SUV, y los medianos, técnicamente C-SUV. De hecho, de los cuatro SUV que están en el Top 10, solo el Tracker estaba en 2023, los otros son modelos de nueva generación.
Los 10 SUV más vendidos de julio
1. Ford Territory: 1.564 unidades
Aunque es un modelo del segmento superior entre los de venta masiva, este vehículo que Ford trae importado desde China no solo es el SUV con mayor demanda del mercado sino también el auto importado más vendido, un verdadero hito para el sector, ya que desde 1991, con la entrada en vigencia del Mercosur, el importado con mayores patentamientos siempre fue un vehículo brasileño. Territory es un C-SUV que se vende desde este mes en cuatro versiones, tres nafteras y cuatro híbridas, con un precio de acceso a la gama de $48.861.930 y el más alto en $60.850.000.
2. Toyota Yaris Cross: 1.339 unidades
Fue el mejor B-SUV en julio, quedando muy cerca de Territory, lo que hubiera significado para este nuevo producto de Toyota, convertirse en el SUV más vendido del mes, algo que podría ocurrir antes de fin de año. El Yaris Cross se presentó a fines de febrero, lo que limita el volumen acumulado del año por tener dos meses menos que sus rivales, viene importado de Brasil, y se comercializa en tres versiones nafteras y dos híbridas autorecargables. El precio de entrada al portafolio de versiones es de $41.464.000 y llegan hasta los $54.020.000 que es la híbrida de mayor equipamiento.
3. Volkswagen Tera: 1.199 unidades
Este modelo B-SUV de Volkswagen es brasileño y salió al mercado un año atrás en Argentina. Fue líder del subsegmento en 5 de los seis meses anteriores, y en el único que perdió, lo hizo contra el Yaris Cross también. Es la propuesta más audaz de Volkswagen en una categoría en la que tiene cinco modelos en todos los segmentos, y la gran apuesta de la marca para 2026, ya que hasta julio era el auto más accesible de la marca, ahora solo superado por el nuevo Polo Robust. El Tera se vende con cuatro versiones que arrancan en $37.865.250 y llegan hasta los $48.159.550.
4. Chevrolet Tracker: 1.007 unidades
Es el SUV argentino más vendido del mercado, pertenece al segmento B, aunque desde junio tiene un segundo modelo de la propia marca como competidor interno con el nuevo Sonic. El Tracker se fabrica en Argentina y Brasil en diferentes versiones que se complementan en ambos países para conformar la gama completa. Se vende con cuatro versiones, que tienen la de acceso con un precio de $40.540.900 y terminan con la de mayor equipamiento en $50.540.900, exactamente diez millones por encima.
5. Peugeot 2008: 900 unidades
Se trata del otro SUV de producción nacional, aunque en este caso con la producción total en la planta bonaerense de Stellantis en Palomar. El 2008 se lanzó en agosto de 2024 y pertenece también al segmento compacto o B-SUV. Se comercializa en tres versiones con un precio de entrada de $49.640.000 que sube hasta los $57.600.000. Las tres versiones tienen el mismo motor de tres cilindros turbo T200 de 1.0 litros y caja de velocidades automática.
6. Toyota Corolla Cross: 852 unidades
Tras tener que interrumpir la producción en octubre por la destrucción de la planta de motores de Brasil, el abastecimiento de unidades de este C-SUV que lideró las ventas en el mercado en 2024 y 2025, recién se pudo normalizar hace tres meses, con lo que la combinación de un mercado con muchos más competidores y una caída de stock de unidades determinaron un reposicionamiento inferior de este modelo en el ranking. Corolla Cross se vende en seis versiones, dos híbridas y cuatro nafteras, con precios que arrancan en $51.918.000 y llegan hasta los $64.083.000.
7. Volkswagen Taos: 645 unidades
Dejar de ser un vehículo de producción nacional y convertirse en un modelo importado desde México condiciona las ventas de este C-SUV que supo ganar la categoría dos años atrás en la preferencia de los clientes. Las limitaciones de volumen actuales por la interrupción del acuerdo comercial de Argentina con México obligan a administrar unidades y eso condiciona las ventas de uno de los SUV mejor equipados del mercado gracias a la renovación de la versión 2026. Se comercializa en tres versiones que van desde los $59.248.800 de la versión de acceso hasta los $68.322.000 de la de mayor equipamiento.
8. Volkswagen Nivus: 617 unidades
Es uno de los SUV que se diferencian de la media por su origen de crossover que le da una silueta más similar a las de un auto deportivo que a un SUV puro. Es un modelo del segmento B, se produce en Brasil, y se comercializa en cinco versiones desde la incorporación de una nueva versión de acceso en junio pasado. El Sense, el más barato de la gama, tiene un precio de $34.286.650, pero los siguientes cuatro modelos suben desde los 47 millones hasta llegar a un precio máximo de $55.660.800.
9. Jeep Compass: 585 unidades
Más allá de la caída de uno de los modelos chinos de mayor demanda, el BYD Atto 2 del que se agotaron las unidades del cupo exento de arancel de importación, ya en julio el Compass había superado las métricas de ventas del vehículo chino con un buen desempeño que mejora la performance de la mayoría de los meses de este año. Este C-SUV que tiene una versión 4×4 como tope de gama, se importa desde Brasil con cuatro versiones, tres con el motor T270 y tracción simple y una con el 2.0 turbo, caja de 9 velocidades y tracción en las cuatro ruedas. Los precios van desde $61.270.000 y suben hasta $78.490.000.
10. Baic BJ30: 492 unidades
En el cierre del Top 10 aparece finalmente el mejor auto de una marca china entre los SUV más vendidos de julio. Se trata del modelo híbrido que entra en el cupo de autos habilitados por el Gobierno para importarse sin arancel extrazona, y que lideró la avanzada de las marcas asiáticas durante los últimos meses de 2025 y comienzos de este año. El Baic BJ30 es un C-SUV que se vende en dos versiones, una dentro del cupo con tracción simple y un precio de USD 35.800, y una 4×4 fuera del cupo que bajó su precio ya en julio y ahora cuesta USD 39.800.
Ford,Territory Platinum,SUV,Argentina,lanzamiento
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