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El juez Aníbal Pineda: “Mi primer trabajo fue a los doce, un inicio distinto al común denominador de los jueces federales”

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Aníbal Pineda nació y creció en un barrio popular de la zona sur de Rosario. Empezó a trabajar a los doce años vendiendo canastos de mimbre puerta a puerta con su hermano, después fue ayudante de cocina, mozo y conserje de hotel. Los turnos rotativos hicieron que cursara libre buena parte de la carrera de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario. En 2017, llegó a la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario. Fue su presidente cuatro veces.

“La vida me fue preparando para el cargo que tengo ahora”, dice. En su barrio conoció también, desde chico, las dos caras de una ciudad que años después iba a convertirse en el centro de la discusión nacional sobre el narcotráfico. De sus amigos de la infancia aproximadamente la mitad terminó atravesada por el consumo de drogas: algunos murieron, otros quedaron con graves secuelas. Años más tarde, ya como juez federal, le tocaría intervenir en las causas que marcaron los años más violentos de la ciudad, cuando las balaceras, las extorsiones y los ataques contra jueces y periodistas habían puesto en cuestión la capacidad del Estado para controlar el territorio.

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En esta nueva entrega de Sr. Juez, un ciclo dedicado a explorar las experiencias, pasiones y dilemas que moldean el pensamiento de los jueces más importantes del país, Aníbal Pineda habla de pobreza, narcotráfico, violencia y justicia desde una perspectiva poco común dentro del Poder Judicial.

—Juró como juez de la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario en 2017…

—Tuve un camino particular y largo para llegar al cargo que hoy ocupo. Trabajé desde chico, durante toda la carrera y también parte de la secundaria. Viví hasta los treinta años en un barrio popular y periférico de la zona sur de Rosario. De niño fui de clase media baja y, por las vicisitudes de la vida, después caímos un poco más. Eso te da las vivencias propias de un chico de barrio pobre, como me gusta llamarlo. No sé si te condiciona, pero te da experiencias distintas de las que pueden tener otros colegas. Mi camino no es mejor ni peor, pero sí distinto del que puede haber experimentado cualquier otro juez federal.

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—¿Cuál fue ese primer trabajo?

—Nací en 1973, en una familia de clase media baja. Después, por la crisis económica de 1986 y 1987, mi mamá, que era el único ingreso familiar, quebró como comerciante y tuvo que salir a trabajar. Somos cuatro hermanos. Primero cuidaba a personas enfermas los fines de semana y después fue empleada doméstica durante treinta y cinco años, desde que yo tenía aproximadamente diez.

A nosotros también nos tocó empezar a trabajar. Mi primer trabajo fue a los doce o trece años, cuando estaba en la escuela primaria. Con mi hermano, un año menor que yo, salíamos a vender canastos de mimbre casa por casa. Había un distribuidor cerca de casa: comprábamos los canastos y después tocábamos timbre para venderlos. Fue un inicio duro y distinto del común denominador de los jueces federales, pero hoy, a la distancia, lo veo como un activo. Creo que fue una experiencia muy nutritiva, aunque en ese momento uno la vive con angustia, bronca y dolor porque son situaciones no deseadas.

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Ese trabajo no duró mucho, pero después trabajé de manera permanente, tanto en la escuela secundaria como en la facultad. En la secundaria lo hacía menos, aunque trabajaba durante todas las vacaciones. Fui ayudante de cocina: tenía un tío con un bufet en un sindicato y lo ayudaba con todo lo que podía hacer en una cocina un chico de quince o dieciséis años. Durante los primeros tres años de facultad trabajé de mozo y después fui conserje de un hotel. Tenía turnos rotativos, lo que modificó mi vida universitaria porque hice libre la mayor parte de la carrera: no podía cursar por los horarios del trabajo. Todo eso te da vivencias y características particulares.

—¿Cuáles son esas características?

—En ese momento era un pesar y me generaba enojo y angustia porque tenía otras inquietudes, vinculadas con el estudio y el deporte. Siempre me gustó mucho hacer deporte y no podía. En la escuela primaria íbamos doble turno porque mi mamá tenía que salir a trabajar. Éramos cuatro hermanos y estábamos todo el día en una escuela de un barrio pobre. Nos daban la copa de leche todos los días. Algunos compañeros se quedaban al mediodía a comer; nosotros no, porque tampoco estábamos tan mal.

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Esas experiencias te van formando el carácter, la personalidad y la templanza. Te enseñan el esfuerzo y una lógica de funcionamiento vinculada con la perseverancia. La vida te va golpeando desde chico y también te genera cierta rebeldía. Para salir y avanzar, ante un obstáculo uno tiene que redoblar el esfuerzo, duplicar la apuesta, seguir y encontrar una salida. Nada es simple.

Siempre digo que la vida me fue preparando para el cargo que tengo ahora. Hubo situaciones y anécdotas fuertes que me dieron herramientas para ejercerlo de una manera particular y, para mí, mejor.

Como rendí gran parte de la carrera libre, estudiaba de noche porque trabajaba. A veces, después de estudiar tres o cuatro horas, salía a repasar mientras caminaba por la calle. Podían ser las doce de la noche o las dos o tres de la mañana. Siempre fui muy activo.

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Una vez, durante la semana, caminaba por un bulevar y no había nadie en la calle. Vi a una persona que estaba golpeando de manera muy violenta a una mujer. No pasaban autos. Intervine. Conocía al agresor: era alguien de una villa ubicada a una cuadra de donde yo vivía. Era mucho mayor y más corpulento que yo, y estaba acostumbrado a pelear. Yo tendría dieciocho o diecinueve años. Evité la situación, lo eché y se fue, pero me amenazó con ir a buscarme a mi casa. Yo tenía miedo y la certeza de que me iba a salir caro haber intervenido. Aun así, entendí que debía hacerlo. La justicia del caso me obligaba a intervenir y decidir, aunque yo fuera el más débil.

Traslado esa experiencia a mi rol como juez. En la Cámara Federal de Apelaciones tenemos competencia múltiple y causas muy complejas. En muchas de ellas, el juez tiene la certeza de que es el actor más débil porque las dos partes en juego son poderosas. Aun con inseguridad y miedo, tenés que resolver. Sabés que la decisión tendrá un costo, que probablemente enojará a las partes y que puede haber represalias. Pero entendés que ese es tu rol y que, por la justicia del caso, tenés que tomarla.

Creo que esas experiencias de chico me formaron para atravesar este tipo de situaciones con mayor decisión. Cuando uno tiene que asumir situaciones fuertes desde temprano, genera una estructura de funcionamiento con más templanza y menos estrés para tomar decisiones difíciles. Pesan menos porque esa fue siempre la lógica de tu vida.

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—Ahora, en su rol como juez, frente a casos complicados que muchas veces involucran a personas peligrosas, ¿tiene miedo?

—Sentís miedo porque comprendés cómo funciona la vida y sabés que puede haber represalias. Más todavía en Rosario, que atravesó un contexto complicado de violencia e inseguridad. Pero hay momentos en los que uno tiene que cumplir el rol que las circunstancias le exigen, tomar una decisión, hacerse cargo y resolver. Mi historia de vida me dio herramientas para ejercer el cargo incluso en ese contexto difícil que Rosario atravesó hace algunos años.

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—¿Cómo llegó un pibe de barrio a ser juez?

—Fue un camino largo y divertido, que se fue dando por distintas circunstancias favorables y que no fue planificado. Le doy un mérito muy grande a la educación pública. Hasta que me recibí de abogado nunca pagué una cooperadora escolar. En la primaria me daban la copa de leche. Después fui a una escuela secundaria que dependía de la universidad, el Superior de Comercio, equivalente al Carlos Pellegrini de Buenos Aires. Eso significó un salto de calidad muy importante en mi vida social: me dio otros vínculos, compañeros y experiencias.

Hasta la secundaria había tenido una vida muy concentrada en mi barrio de la zona sur, con mis amigos de allí y con todo lo que eso implicaba: violencia y carencias. En la secundaria empecé a interactuar con chicos que tenían otras vidas, como hijos de empresarios, con otras inquietudes y experiencias. Siempre me gustó aprender de la experiencia ajena y me nutrí mucho. Ese fue un salto importante.

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Otro salto fue conocer a la familia de mi esposa. Ella tiene un perfil absolutamente distinto: es hija de empresarios de envergadura y siempre vivió muy bien.

—¿Cuándo se conocieron?

—Nos conocimos en la facultad y nos casamos a los treinta años. Eso me llevó a interactuar con otro estamento social, a enriquecerme y a conocer otras inquietudes. En la mesa de los domingos y en las charlas diarias se hablaba de las preocupaciones de una familia empresaria: el manejo de empleados, la carga tributaria, las vicisitudes económicas a otra escala, empresas que quiebran, se reformulan y vuelven a surgir.

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Esa lógica me sirvió mucho porque hoy me da herramientas para tener una mirada de 360 grados. Conozco en primera persona el sentir de alguien marginal, de un barrio pobre: el enojo, la angustia, la rebeldía y, sobre todo, la falta de oportunidades. Por mis amigos de la secundaria y la facultad, y por la familia de mi esposa, también conozco a otro segmento de la sociedad, con inquietudes y necesidades válidas que deben ser atendidas y que está vinculado con la producción y el desarrollo económico. Puedo trasladar esas dos experiencias a las resoluciones judiciales y a las sentencias. La vida me fue formando y me dio herramientas para ejercer el cargo con mayor amplitud.

—Voy a decir una frase muy desagradable, pero que está en boga en este momento: “El pobre es pobre porque quiere”. ¿Le parece que es así?

—El pobre tiene muchas menos oportunidades y herramientas. No es pobre porque quiere. Todo se le hace cuesta arriba. Desde muy temprano, la falta de oportunidades genera enojo y rebeldía. Desgraciadamente, muchos canalizan ese enojo mediante las drogas o la violencia y, cuando entran en esa bifurcación, es casi imposible volver.

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En el barrio teníamos un grupo de amigos. La vida en el barrio te hace muy callejero porque pasás mucho tiempo en la calle. Durante mis primeros dieciocho años, creo que me fui una sola vez de vacaciones: tres días a Córdoba con mi familia. Vivís en la calle porque no tenés club ni vacaciones. Eso te pone en contacto permanente con malos hábitos. Si a eso se suman la angustia, la rebeldía y el enojo por la falta de oportunidades, tenés el cóctel perfecto para tomar otro camino. Es casi una fatalidad que hace muy difícil terminar bien.

—Menciona la problemática de la droga en el barrio y hoy trata muchas causas de narcotráfico. ¿Cómo cambió Rosario desde que era chico hasta hoy a raíz de este problema?

—Soy juez de la Cámara Federal de Apelaciones y tengo competencia múltiple. Según las estadísticas, dicto cincuenta sentencias por día en materias civil, comercial, previsional, tributaria, ambiental y laboral. El área penal, y puntualmente el narcotráfico, es la más emblemática, aunque representa alrededor del 20 % de nuestro trabajo diario.

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Tengo una postura bastante estricta frente a los delitos de narcotráfico. Creo que allí también pesa mi experiencia personal. De los nueve o diez amigos de la cortada donde me crié, cerca de una villa con la que interactuábamos mucho, la mitad terminó mal por la droga. Un par se suicidó porque tenía problemas de consumo y no pudo salir; otros fueron internados y quedaron con secuelas graves. Conozco en primera persona el daño que genera la droga. Eso me predispone a ser más estricto al juzgar a quienes cometen delitos vinculados con ella, siempre aplicando el derecho, las garantías constitucionales, el debido proceso y el derecho de defensa. Soy muy estricto porque conozco sus consecuencias nocivas.

—¿Por qué es importante para todo el país lo que pasa con el narcotráfico en Rosario?

—Hoy estamos en una situación mucho mejor, pero hace tres o cuatro años Rosario atravesó una etapa extrema de inseguridad. El narcotráfico había calado hondo y alcanzado un estadio más profundo de institucionalización. En la pulseada entre el Estado y el narcotráfico, ganaba el narcotráfico. Eso se traducía en atentados y balaceras contra jueces y periodistas. En los barrios dominaban los narcos, que les cobraban protección a los comerciantes y los extorsionaban.

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La situación mejoró por un trabajo conjunto de todos los estamentos: los ministerios de Seguridad de la Nación y de la provincia, los poderes ejecutivos, el sistema penitenciario y el Poder Judicial. Cambió la política criminal y se modificó la lógica que permitía que, desde las cárceles, los detenidos mantuvieran las comunicaciones y siguieran administrando el negocio del narcotráfico en los barrios. También se intervino sobre la policía, que era un factor importante para la permanencia del delito.

Hubo una toma de conciencia general. Recuerdo que, entre los candidatos a presidente de 2023, todos incluían en sus planes de gobierno la lucha contra el narcotráfico y la inseguridad, con Rosario como un punto central. Logramos instalar el problema en la agenda pública y mediática nacional. El país entendió que, si el narcotráfico ganaba la pulseada en Rosario, esa lógica podía trasladarse a otras metrópolis con características sociales similares.

Fue un esfuerzo de todos y se atravesaron momentos muy angustiantes. Hoy la situación es mucho mejor, aunque la tensión es permanente. La gran demanda de drogas continúa siendo un problema pendiente. Esto funciona como un mercado ilícito: si no se reduce el consumo, seguirá existiendo un buen negocio económico que genera interés por controlar el comercio de drogas.

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La mejora debe sostenerse. Desde el Poder Judicial también hicimos mucho. Cuando asumí como juez de la Cámara Federal de Rosario, hace nueve años, desde el derecho se aplicaban automáticamente ciertos institutos, como el principio de inocencia y la libertad durante el proceso, y algunas doctrinas que reparaban especialmente en la menor posibilidad de autodeterminación o en la vulnerabilidad de origen del chico de barrio que comete delitos vinculados con el narcotráfico y la violencia. Esa vulnerabilidad es real. Por esa razón, por ejemplo, se reducían los mínimos al imponer una pena o se otorgaban excarcelaciones y detenciones domiciliarias.

El problema es que, si no se consideran las consecuencias y el efecto que ese vulnerable genera sobre otras personas, se alimenta un círculo vicioso. Puede haber llegado a vender droga o a cometer un delito violento porque no tuvo oportunidades o porque empezó a consumir desde chico, y eso limita su culpabilidad. Pero, a su vez, la venta de drogas, la violencia y los homicidios generan nuevas personas vulnerables. Desde el derecho penal y la Justicia debemos intervenir en esa rueda. En los últimos años, desde la Justicia Federal y la Cámara adoptamos una posición más estricta con institutos como las excarcelaciones y las detenciones domiciliarias.

—Me detengo en aquello que lo toca de cerca en estos casos, como la historia de sus amigos de toda la vida. ¿Cómo los maneja emocionalmente?

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—Mi historia y mi experiencia me llevan a intentar darles una vuelta más a mis resoluciones. Hay situaciones en las que me toca decidir sobre la excarcelación o la detención domiciliaria de madres y padres con hijos menores de edad. Por el perfil de esas personas, porque son violentas o reinciden en delitos cometidos desde su domicilio, de acuerdo con mi cosmovisión y mi interpretación del derecho, no puedo otorgarles la detención domiciliaria o la excarcelación. Son generadoras de más violencia e inseguridad.

Mi obligación dentro del expediente podría terminar al rechazar el pedido. Sin embargo, también existen niños y niñas cuyo padre queda encarcelado por el Estado y que permanecen solos en un barrio pobre, con muchas carencias y falta de oportunidades, al cuidado de un pariente o un vecino que tampoco tiene dinero.

Frente a ese contexto, hace cinco o seis años empezamos a actuar de otra manera en la Cámara. La iniciativa comenzó con un voto mío y después me acompañaron mis colegas. Aunque rechazamos la excarcelación o la detención domiciliaria de los padres, en el mismo expediente penal le ordenamos a la Secretaría de la Niñez que asista al menor y le dé herramientas para tener una vida digna y desarrollarse.

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Le exigimos, por ejemplo, que constate con quién vive el niño y quién está a su cuidado; que le garantice las cuatro comidas diarias; que se comunique con la escuela y entreviste a la directora para verificar si asiste; y, si no lo hace, que obligue a la persona responsable a llevarlo. También pedimos que concurra al hospital o al dispensario del barrio y cumpla con el plan de vacunación obligatorio. Buscamos que el Estado le dé herramientas para desarrollarse y llevar una vida digna, como exige la Convención sobre los Derechos del Niño.

—¿Es habitual que se haga este tipo de seguimiento?

—No. Es algo que iniciamos en la Cámara Federal de Rosario y tuvo buenas repercusiones. Al principio, los municipios y la provincia, que por ley tienen a cargo la protección de la niñez, no reaccionaban como queríamos. Después de insistir, llegamos a una buena situación.

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Así encontramos una manera de congeniar el interés de la sociedad en perseguir a quienes cometen delitos —que se materializa en encarcelar a quien vende droga— con la protección del niño vulnerable, que también paga el costo de que la sociedad encarcele a su padre o a su madre.

Creo que esta decisión está relacionada con mi experiencia de vida y con la necesidad de darles una vuelta más a los casos. No debemos limitarnos a resolver el expediente penal: también tenemos que abordar el conflicto subyacente. Nuestra obligación reglamentaria terminaba con la resolución de la excarcelación o la detención domiciliaria, pero fuera del expediente seguía existiendo el problema del niño.

Tampoco es inteligente, desde el punto de vista de la política pública, dejarlo desamparado. Un chico sin sus padres ni recursos económicos, al cuidado de una persona que tiene otros hijos y necesidades, en un barrio donde hay droga, corre el riesgo de caer en una mala vida y reproducir el círculo de falta de oportunidades, exclusión social y delito. Los jueces somos parte del Estado y tenemos la obligación, como funcionarios públicos, de mirar nuestras resoluciones desde la lógica de la política pública.

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Aníbal Pineda es el nuevo invitado de Sr. Juez, el ciclo semanal de entrevistas conducido por Paula Guardia Bourdin

—¿Cómo funciona el narcotráfico en la Argentina?

—No soy experto ni investigador; resuelvo lo que me toca. En Rosario, en particular, se dan dos dimensiones. La primera está vinculada con la Hidrovía y el comercio exterior, en el que Rosario es un actor importante. El volumen y el flujo permanente de barcos y mercancías convierten a la ciudad en un lugar de interés para las organizaciones criminales transnacionales dedicadas al comercio exterior de drogas.

La segunda dimensión es el microtráfico, que actúa en los barrios y se vale del mercado y el consumo internos. Fue el que generó la crisis de inseguridad y violencia. Ambas dimensiones están relacionadas, aunque son llevadas adelante por distintas personas.

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En su momento, Rosario quintuplicó la media nacional de homicidios por una combinación negativa de distintos factores. Hoy la situación está bastante controlada y mejoró muchísimo. La crisis también fue producto de no haber terminado de entender la lógica del narcotráfico y de cierta ingenuidad institucional. Creo que hoy se comprende mejor.

—¿Es necesaria la corrupción para que florezca el narcotráfico?

—Para que se mantenga, creo que sí. El narcotráfico a esa escala alcanza una gran envergadura y necesariamente tiene que interactuar con la policía, la Justicia o el Poder Ejecutivo. De otro modo es imposible que permanezca.

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—¿Están aceitados los mecanismos de control dentro del Poder Judicial y del Ejecutivo para combatir estos casos de corrupción?

—Hoy estamos en una situación mejor, sin duda. Hay una coordinación permanente entre la Fiscalía Federal y las fiscalías provinciales. En Santa Fe se adoptó una política criminal distinta: la competencia sobre el microtráfico pasó de la Justicia Federal a la Justicia provincial. Eso también fue beneficioso. Hay un mayor control de la policía y de las cárceles. Fue una acción coordinada e integral.

El narcotráfico es un fenómeno muy complejo que ningún actor institucional puede abordar por separado. No pueden hacerlo solos la Justicia ni los poderes ejecutivos provincial o nacional. Hace falta un trabajo conjunto y coordinado, que es lo que hoy existe.

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Desde el Poder Judicial aportamos mucho. Durante la gran crisis de inseguridad, cuando habían baleado los tribunales federales, en 2022 o 2023, la Corte Suprema viajó en pleno a Rosario, en un hecho inédito. También lo hizo el Consejo de la Magistratura y se convocó a los jueces federales a través de AJUFE. Me tocó ser uno de los voceros de la Cámara Federal. Hicimos el diagnóstico que estoy planteando y reclamamos la implementación del sistema acusatorio y la creación de más cargos de fiscales y jueces federales. En ese momento hacía cuarenta años que no se creaba uno de esos cargos.

Elaboramos una hoja de ruta sobre cómo podía contribuir la Justicia a superar esa situación. No nos limitamos a presentarla: convocamos al gobernador y a los legisladores nacionales, armamos una mesa de trabajo y consensuamos un proyecto que se convirtió en la Ley de Fortalecimiento de la Justicia Federal.

Al debate del proyecto en la Cámara de Diputados asistieron actores inéditos, como asociaciones empresariales de Rosario, el Foro Regional Rosario y la Bolsa de Comercio. Acompañaron a la Justicia Federal en la comisión de la Cámara para reclamar su fortalecimiento. Logramos instalar esa necesidad en la agenda pública y social y mostrar que no era solamente un problema de la Justicia: también afectaba a la industria, las organizaciones intermedias y el comercio.

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Cuando el narcotráfico gana la pulseada, están en juego las reglas que le permiten a un periodista ejercer su trabajo de manera independiente y a un comerciante o industrial mantener su empresa sin pagar extorsiones ni protección, y sin que un narco lo presione, lo amenace o le tirotee el negocio para comprarlo por dos pesos.

Desde la Justicia hicimos el diagnóstico, planteamos una hoja de ruta y trabajamos para crear conciencia. La mejora no se debió únicamente al accionar o a la renovación de la Justicia, sino también a las políticas coordinadas de los poderes ejecutivos nacional y provincial. Me toca defender el papel que desempeñó la Justicia Federal en ese momento.

—¿Cuál es su balance de la implementación del sistema acusatorio? ¿Cree que puede funcionar en todo el país?

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—No sé si puede funcionar de la misma manera en todo el país, porque las realidades son distintas. Buenos Aires tiene otra lógica. En Rosario fue muy positivo y, después de casi dos años y medio, creo que ya se ven los resultados. Nosotros reclamamos la implementación del sistema acusatorio y la creación de cargos de jueces y fiscales federales.

Hoy Rosario es noticia nacional porque hay dos jueces federales en prisión preventiva, en el marco de investigaciones sobre causas complejas. Creo que eso está relacionado con el sistema acusatorio y con el nuevo rol de los actores judiciales. No voy a hablar mal de mis colegas porque los ampara el principio de inocencia: todavía no fueron a juicio y bien podrían resultar absueltos. Me tocó intervenir en las dos causas y entendí que existía mérito para dictar la prisión preventiva. Eso no significa una condena.

Todo ese avance está relacionado con la implementación del sistema acusatorio. Puede decirse, al mirar la mitad vacía del vaso, que la Justicia Federal de Rosario está en crisis porque tiene dos jueces federales en prisión preventiva. Pero también es necesario señalar que el proceso de control fue realizado por fiscales y jueces federales de Rosario. Las investigaciones estuvieron a cargo de fiscales federales de Rosario y Buenos Aires, y quienes intervinimos fuimos jueces federales de Rosario. Participaron alrededor de seis, entre jueces de garantías, jueces de revisión y la Cámara Federal en pleno. Yo intervine en ambos casos y en otros tantos.

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Es importante reparar en que el control también se realiza desde adentro de la Justicia Federal. Esto no suele visibilizarse y tenemos que contarlo en primera persona. Si la Justicia Federal no explica ni rinde cuentas de lo que hace, deja vacío un espacio que debería ocupar para mostrar su trabajo. Es un tema institucional pendiente.

—Recién mencionó las balaceras contra los tribunales. ¿Sufrió alguna situación de violencia? ¿Lo amenazaron?

—A mí puntualmente no, pero viví situaciones complejas cuando comenzaron las balaceras contra jueces provinciales, hace ocho o diez años. Eso condiciona la vida cotidiana. Me ofrecieron protección.

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Uno va naturalizando anormalidades que a otra persona pueden parecerle absolutamente ilógicas. Las ventanas de mi casa que dan a la calle tienen un chapón de dos milímetros y medio. Las balaceras tenían esa lógica: pasaban y disparaban. Decidí colocar la chapa de manera preventiva, con todo lo que significa llegar a tomar esa decisión. Sentías que no tenías otra defensa que la propia.

En su momento descarté la seguridad porque altera, condiciona y limita mucho la vida. Hoy no tengo custodia, aunque manejo ciertos protocolos para moverme. Rosario está mucho mejor desde hace dos o tres años, pero durante la crisis esos protocolos me limitaban mucho.

—¿Cómo vivió su familia ese momento?

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—Con cierta naturalidad y tomando muchas precauciones, aunque no se modificó lo esencial de nuestra vida. Cuando me ofrecieron custodia la descarté porque entendí que, si yo la tenía, también debía tenerla mi hijo. Ponerle custodia a un chico de trece o quince años prácticamente le arruina la vida social.

—¿Considera que hoy puede llevar una vida normal?

—Sí, con cuidado y protocolos. Permanentemente me toca resolver casos de personas conocidas, vecinos o gente con la que puedo cruzarme. Me gusta ir a la cancha, soy hincha de Rosario Central y allí hay cincuenta mil personas: entre ellas puede haber imputados, investigados o condenados.

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—¿En la cancha?

—Digo la cancha porque es un espacio popular, pero puede ocurrir en cualquier lugar. Me tocó dictar la prisión preventiva de un profesional contra el que debía jugar al fútbol a la semana siguiente. Yo no lo sabía. Así interactúan permanentemente la vida social y la vida personal con el trabajo.

También puede tocarte resolver casos de personas con las que compartiste un asado o experiencias, como ocurrió con estos colegas. Eso te condiciona de alguna manera, aunque llevo una vida absolutamente normal.

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POLITICA

“Riesgo Kicillof”: con los mercados como lanza, el Gobierno usó el viaje de Milei para polarizar hacia el 2027

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“Es muy pelotudo. Nos la deja servida siempre. Es fantástico”. Una importante figura de la comunicación del Gobierno se regodeaba hacia el final del miércoles por la forma en la que salieron diferentes usuarios del ecosistema libertario a insultar y cuestionar al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, que mantuvo una agenda en Nueva York, paralela a la del presidente Javier Milei.

En el entramado de cuentas trolls y de funcionarios libertarios activaron una suerte de operativo para difundir el contraste entre la agenda de ambos dirigentes. “La diferencia es que mientras Kicillof se fue a pavear allá aprovechando que íbamos a estar ahí, Milei fue invitado a la Asamblea General de la ONU”, agregan desde la Casa Rosada. La intensidad que han puesto en esa confrontación solo se explica en el hecho de que lo siguen viendo como el precandidato peronista con el que mejor pueden confrontar de cara a un eventual balotaje: “Seguimos creyendo que un balotaje con un ultra es lo mejor para nosotros”.

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Kicillof se lanzó como candidato a presidente el pasado sábado en un acto en Avellaneda para, días después, tomarse un vuelo y arribar en Nueva York. Su primera actividad fue un encuentro con representantes de fondos de inversión, algunos en calidad de tenedores de bonos provinciales -como Eaton Vance, Vanguard, GoldenTree y Mesaret– y otros como interesados de conocer qué tenía la cúpula de la Gobernación para decir, siendo que el economista peronista es una de las principales figuras que pretende competir el año próximo.

Axel Kicillof con fondos de inversión en Nueva York.

Este suceso no pasó desapercibido para la Casa Rosada. Fue el mismo Milei quien al día siguiente, en una disertación organizada por la Fundación Federalismo y Libertad y el Instituto Republicano Internacional, atribuyó la suba del Riesgo País a la visita del gobernador bonaerense por territorio estadounidense: “Aparece en la zona de los 500, sube y fluctúa, pero si aparecen pelotudos hablando por Nueva York, sube. Creíamos que era boludo, pero no tanto”. Una fuente del Gobierno afirma que uno de los motivos por lo que lo dijo fue que, mientras el gobernador se reunía con inversores, el diputado nacional Maximo Kirchner y otros integrantes del bloque de Unión por la Patria presentaron un proyecto para crear un impuesto a las transferencias al exterior. Los números concretos indican que el Riesgo País subió ocho ruedas consecutivas. Antes que cualquier viaje.

“Sobre Axel pesa un estigma muy fuerte sobre su vinculación con el kirchnerismo y su pensamiento económico. Está bien que se presente. Pero hoy su credibilidad es cero, principalmente por los kirchneristas que están dentro de su espacio político. Ese es el gran tema que tiene por resolver”, explica a Infobae uno de los principales enlaces entre la Casa Rosada y Washington, quien agrega que el ministro de Economía, Luis Caputo, está particularmente empesinado en hablar con fondos inversores para brindarles algo más de calma de cara al año próximo. “Les dice que hay un colchón de reservas, que la dolarización de carteras que hay hoy en día es significativa y que el año próximo podrían haber más dólares”, afirma.

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Pese a ese mensaje de calma que buscan dar algunos actores del equipo económico, el Gobierno también comenzó a bordear su narrativa en base al “Riesgo Kicillof”.

En una entrevista publicada ayer por Bloomberg en Línea, el CEO de JPMorgan para Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia, Facundo Gómez Minujin aseguró que “si gana Milei, durante el siguiente mandato seguro que [la Argentina] es investment grade”. Esto fue utilizado por Milei para repostear una publicación similar -que la atribuía erroneamente al CEO global del banco estadounidense, Jamie Dimon- y escribir “sacala del ángulo, kukita… MAGA!”.

Tuit de Javier Milei (X)

El director de Realizaciones Audiovisuales de la Presidencia, Santiago Oría, replicó el mismo posteo para decir: “Si Milei reelige el país va a ser irreconocible en 2031. Va a poder hacer la reforma tributaria y aduanera. Van a llegar millones de inversiones. Va a dejar un legado de liberalismo que durará décadas”.

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En tanto, la economía argentina muestra señales mixtas: el PBI cayó 0,6% en el segundo trimestre y podría registrar una segunda caída consecutiva en el tercero, lo que la pondría técnicamente en recesión. Sin embargo, el Gobierno sostiene sus pilares de baja de inflación y estabilidad cambiaria, mientras sectores como la energía y el agro lideran el crecimiento. El empleo formal retrocedió, la informalidad subió al 45% y el consumo sigue débil, aunque el índice de confianza del consumidor mejoró, especialmente en el interior del país y en los sectores de menores ingresos.

Tal como publicó Infobae, en Wall Street, bancos como Citibank, Morgan Stanley y JP Morgan mantienen una visión optimista sobre la continuidad de Milei. El Citi proyecta un crecimiento del PBI del 3,2% para 2027, una inflación mensual del 1,9% y salarios por encima de los niveles de 2023. A nivel electoral, señalan que sin PASO y con una oposición dividida, crecen las chances de una victoria en primera vuelta. No obstante, el informe también advierte sobre un fenómeno regional preocupante: casi todos los oficialismos latinoamericanos perdieron sus elecciones, lo que representa una señal de alerta para el Gobierno

Javier Milei

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Milei afirmó que su relación con Patricia Bullrich es “excelente” y resaltó que “forma parte de la mesa política”

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El presidente Javier Milei descartó hoy que las diferencias públicas con la senadora de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, expresen una crisis dentro del Gobierno y sostuvo que la existencia de posiciones distintas ayuda a mejorar la estrategia oficial. “Excelente”, definió su vínculo con la referente del oficialismo, al ser consultado en LN+ por sus desacuerdos en temas legislativos y políticos.

El mandatario afirmó que dentro de su administración hay diversidad de criterios y defendió esa dinámica frente a las lecturas sobre una eventual competencia interna. “Los liberales no somos monada”, planteó, y agregó que las distintas miradas permiten construir una estrategia mejor.

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Bullrich se había diferenciado en las últimas semanas de posiciones del oficialismo en asuntos como el juicio político a jueces, la relación con la prensa y la discusión legislativa sobre discapacidad. Milei consideró que esas posturas no representan un problema para la coalición gobernante.

Ante la hipótesis de que la ex ministra de Seguridad pueda estar construyendo una candidatura presidencial propia, Milei evitó anticipar definiciones electorales y señaló que Bullrich respalda el objetivo de la reelección del proyecto libertario.

“Patricia juega a la mancha con los aviones, así que no la subestimen”, respondió el Presidente. También pidió no minimizar el trabajo de la mesa política del Gobierno, que reúne a dirigentes de distintos sectores de La Libertad Avanza y sus aliados.

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Consultado sobre una posible fórmula presidencial junto a Bullrich, Milei sostuvo que no corresponde adelantar nombres. Explicó que el Ejecutivo divide sus tareas en tres áreas: gestión, batalla cultural y política. En este último plano, ubicó a la mesa política, de la que participan la senadora, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, el asesor Santiago Caputo, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem.

El Presidente sostuvo que la diversidad de opiniones entre los funcionarios ayuda a construir una mejor estrategia oficial.

“Lo que está trabajando la mesa política, de la cual Patricia es parte”, remarcó Milei al explicar que Bullrich integra el espacio que conduce las negociaciones políticas del oficialismo.

“Déjelos trabajar tranquilos”, expresó al referirse a las negociaciones electorales. El jefe de Estado indicó que una definición de su parte sobre eventuales candidaturas podría imponer límites al trabajo de ese espacio.

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“Lo que surja de las negociaciones políticas dependerá de lo que está trabajando la mesa política, de la cual Patricia es parte. Digo, mi hermana es parte, Santi Caputo es parte, Diego Santilli es parte, Martín Menem es parte. Son ellos los que están haciendo la política. (Si respondo sobre la fórmula presidencial) yo les estaría poniendo una restricción. Entonces, así como a mí no me gusta que me pongan restricciones en las palancas que tengo que manejar yo, que la política haga su trabajo”, agregó.

El debate dentro de la mesa política

Milei también negó que exista una interna grave entre los integrantes de la conducción política del Gobierno. Frente a una pregunta sobre posibles tensiones entre Bullrich, Santilli y el ministro de Economía, Luis Caputo, señaló que la coincidencia total sería contraproducente.

“Si todos opinan lo mismo, no hay nadie pensando”, afirmó. Para el mandatario, el debate entre funcionarios forma parte de la dinámica de una fuerza de gobierno y no debe confundirse con una disputa que ponga en riesgo la coordinación oficial.

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En ese tramo de la entrevista, cuestionó a los analistas políticos que, según su visión, presentan esos debates como conflictos internos. Milei los acusó de buscar controversias para publicar “notas” que describió con términos descalificadores y equiparó su tarea a la del periodismo de espectáculos.

Bullrich, al salir de una cena del bloque convocada por Karina Milei (RS Fotos)

El conductor le señaló que los intercambios de ideas son distintos de las descoordinaciones en la gestión. Como ejemplo, mencionó las idas y vueltas sobre una iniciativa vinculada con el área de discapacidad.

Milei admitió que puede haber desinteligencias en la gestión

El Presidente aceptó que, ante el volumen de medidas que impulsa su administración, pueden ocurrir “algunas desinteligencias”. Sin embargo, les restó dramatismo y sostuvo que los únicos que no cometen errores son quienes no realizan ninguna acción.

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“Los únicos que no se equivocan son los que no hacen nada. Bueno, nosotros hacemos un montón de cosas y a veces puede haber algunas desinteligencias, puede pasar. Cuando usted está haciendo tantas cosas todo el tiempo, bueno, puede pasar, no es la culpa de nadie”, añadió durante el reportaje en LN+.

Respecto de la discusión sobre discapacidad, evitó precisar el contenido final de la propuesta oficial. Señaló que el Poder Ejecutivo enviará su planteo y que el debate continuará en el Congreso, en el marco del tratamiento del Presupuesto.

“Va a haber una propuesta del Ejecutivo y el Congreso trabajará sobre esa propuesta”, indicó. Luego insistió en que la situación “no es tan dramática”.

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La visita del Papa

Por último, Milei anticipó que recibirá “con mucha alegría” la visita de León XIV a la Argentina y la definió como un acontecimiento de relevancia religiosa e institucional. “Me parece un evento fenomenal estar recibiendo al Papa”, expresó, y añadió que valora que el evento se produzca durante su administración: “Tengo la dicha de que ocurra también en mi gobierno”.

Al referirse a la gravitación de la Iglesia Católica, el Presidente señaló: “Usted lo puede mirar desde el punto de vista de la fe: 2026 años de historia de la Iglesia, desde el primer Papa, Pedro, hasta León XIV. O también lo puede mirar como jefe de Estado, un jefe de Estado que tiene más de 2000 millones de fieles”. “¿Usted se da cuenta de la magnitud?”, planteó.

Consultado por la posibilidad de que León XIV aborde cuestiones como la justicia social o la igualdad durante su paso por el país, Milei respondió: “El Papa hablará de lo que tenga que hablar y dirá lo que tiene que decir. ¿Y cuál es el problema?”. Además, desestimó las críticas por el retuit de una publicación de La Libertad Avanza sobre la agenda papal: “Es una estupidez. Era para que la gente vea la agenda del Papa”.

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POLITICA

Comienza un juicio contra dos jefes camioneros por bloqueos a una empresa distribuidora

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Los sindicalistas camioneros Maximiliano Cabaleyro y Fernando Espíndola, que lideraban la seccional San Nicolás, Ramallo y San Pedro del sindicato que conducen Hugo y Pablo Moyano, enfrentarán desde este lunes a las 8 un juicio oral por haber bloqueado la empresa Rey Distribución SRL, ubicada en San Pedro. Los hechos que se juzgarán se produjeron entre 2017 y 2021, y tuvieron su pico de tensión en abril de 2022, cuando los líderes regionales del sindicato fueron detenidos y, en protesta, el gremio cortó los ingresos a la ciudad de San Nicolás y paró la recolección de residuos durante tres días. Cabaleyro y Espíndola, ambos en prisión domiciliaria, están acusados de turbación de la posesión, coacción, extorsión y amenazas.

Cabaleyro y Espíndola encabezaron protestas en la puerta de Rey Distribución SRL (una firma de distribución de alimentos y bebidas, con 34 empleados) en el año 2021: hubo un primer bloqueo el 15 de enero, y otro que se extendió entre el 22 y el 26 de febrero. En abril de 2022, fueron detenidos por orden de la jueza de San Nicolás María Eugenia Maiztegui. Los dueños de la firma habían denunciado el accionar gremial en 2021, e incluyeron hechos de presunta extorsión iniciados en 2017, como pedidos de dinero bajo amenaza de “paralizar o trabajar con dificultades en la empresa”, según consta en el expediente.

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Cabaleyro era el secretario general de camioneros en San Nicolás y ocupaba una banca de concejal por el Frente de Todos; Espíndola era dirigente del sindicato. Tras ser apresados, el gremio lanzó una protesta que incluyó el corte de los accesos a la ciudad de San Nicolás y el freno del servicio de recolección de residuos. La cúpula de camioneros, con Hugo y Pablo Moyano a la cabeza, estuvo en la ciudad para liderar la protesta, que se extendió entre el viernes 8 de abril de 2022 y la noche del domingo 10, cuando se restableció la recolección de residuos. Los contenedores de la ciudad rebalsaban de basura.

Así lucían los contenedores de San Nicolás durante la protesta sindical que frenó la recolección, en abril de 2022

Los dos sindicalistas camioneros están bajo arresto domiciliario desde hace tres años, luego de pasar aproximadamente un año y medio en la cárcel. En caso de ser hallado culpable, Cabaleyro enfrenta una pena posible de entre seis y 15 años. Espíndola, en cambio, acordó la realización de un juicio abreviado con una pena de seis años.

Los denunciantes, que tienen como abogada a la senadora provincial Florencia Arietto (La Libertad Avanza) aspiran a una condena en un caso que consideran “inédito”; la defensa de los sindicalistas, a cargo del abogado Mauricio Gugger, buscará establecer la conducta de los gremialistas en “el ejercicio legítimo del derecho de huelga” por temáticas como el encuadre sindical, sanciones o diferencias salariales. El juicio estará a cargo del Tribunal Oral Criminal Nº2 de San Nicolás, presidido por Alejandro López. Las fiscales serán María del Valle Viviani y Verónica Marcantonio. Entre los testigos convocados a declarar está el intendente de San Pedro, Cecilio Salazar (PJ), y la delegada regional del Ministerio de Trabajo bonaerense Sofía Rotundo.

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“Estamos esperando, como familia, con muchas ansias, desde hace mucho tiempo. Estuvimos impulsando llegar a esta instancia de juicio oral y público, solicitando que se permitiera la presencia de medios de comunicación. Tenemos mucha esperanza de sacar a luz la verdad. Estamos muy convencidos de que Cabaleyro y Espíndola saldrán condenados, por el bien de la verdad y de la sociedad. Es un caso inédito, un sistema de extorsión que se tiene que terminar porque impide el desarrollo, la inversión y el trabajo. Es una mafia que te quita las ganas de trabajar. Confiamos mucho en la Justicia”, dijo a Ariel Rey, uno de los propietarios de la distribuidora. Rey es concejal en San Pedro (ganó las elecciones locales de 2025 al frente de la lista de La Libertad Avanza, y actualmente integra un bloque denominado “San Pedro Puede”).

Hugo Moyano y dirigentes nacionales de camioneros se acercaron a apoyar la protesta que bloqueó accesos a San Nicolás, luego de la detención de Cabaleyro y Espíndola, en abril de 2022Prensa Multisectorial 21F

Por el lado de los sindicalistas acusados, en el juicio se hará hincapié en el derecho de huelga. “Llegamos con grandes expectativas de poder demostrar que los delitos que se imputan no son más que el ejercicio legítimo del derecho de huelga”, afirmó Gugger a . “Va a ser un juicio interesante, porque se van a tratar cuestiones constitucionales y dogmáticas. Hay confusiones entre el alcance del derecho penal y el alcance del derecho sindical y laboral colectivo”, añadió el abogado de Cabaleyro y Espíndola.

Habrá audiencias de lunes a viernes, en un juicio que tendrá siete citas previstas. Arietto pidió que el juicio fuera por jurado popular y con acceso de la prensa, solicitud que fue rechazada. Además de los jefes sindicales, serán juzgados seis trabajadores despedidos de la empresa, a quienes se les imputa el delito de turbación de la propiedad, que llegan en libertad al proceso.

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