SOCIEDAD
El origen de Castlevania: Belmont’s Curse está en la expansión de Castlevania de Dead Cells – Nintenderos

Las últimas novedades disponibles de Castlevania en relación a Nintendo pasaron por Castlevania Dominus Collection, que ya está disponible en Nintendo Switch y ahora tenemos novedades.
Tras conocer su lanzamiento en físico, se rumoreó que la franquicia podría regresar con un nuevo juego AAA en 2025. Ahora la nueva entrega recién presentada, Castlevania: Belmont‘s Curse, se ha confirmado para Nintendo Switch, y ya tenemos nuevos detalles.
Se trata de declaraciones sobre su origen. Este está directamente ligado al éxito de Dead Cells, cuyo DLC inspirado en Castlevania en 2023 abrió la puerta a esta nueva entrega. Según Benjamin Laulan, el equipo no esperaba que Konami aceptara la colaboración, pero la buena relación y la confianza generada acabaron llevando no solo a aprobar el contenido adicional, sino también a encargarles el desarrollo de este nuevo título de la saga:
Recuerdo haber pensado: «Es demasiado grande. Nunca dirán que sí». Me dijeron: «Hagámoslo, ¿y te interesaría también hacer el próximo juego de Castlevania?». Estoy entusiasmado… a veces solo tienes que preguntar, y la respuesta te puede sorprender.
¿Qué esperáis vosotros? ¡Os leemos!
Fuente.
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Perdió el control del camión en la ruta 9, chocó contra un puente y lo derribó

Un camión que transitaba este sábado a la madrugada por la ruta 9 tuvo un desperfecto técnico, chocó contra un puente peatonal y lo derribó. La estructura cayó sobre otro vehículo de carga que pasaba por allí y cortó el tránsito en ambas manos de la vía.
El accidente ocurrió a la altura del partido de Escobar, donde un camión de color azul que transportaba arena, según las primeras versiones, pinchó un neumático, perdió el control e impactó contra uno de los pilares de la estructura, que cayó sobre otro, de color verde y gran altura.
El hecho sucedió aproximadamente en el kilómetro 50 de la ruta nacional, en donde ya trabajan los bomberos, personal del SAME y el equipo técnico de la municipalidad de Escobar. También estuvo involucrado un vehículo Ford Fiesta de color blanco que pasaba por la zona, aunque se reportó que sólo sufrió daños materiales. Una persona resultó herida.
De acuerdo con las primeras evaluaciones de los oficiales, la remoción podría tardar alrededor de unas 12 horas. Esto se debe a que no sólo tienen que retirar ambos camiones, sino también restablecer la estructura del puente.

Se espera un mayor impacto en el tránsito masivo por haber ocurrido de cara al fin de semana largo, ya que el próximo lunes es feriado nacional, al conmemorarse el Día de la Revolución de Mayo. El personal que participa en el operativo deriva a los conductores por caminos alternativos.
La ruta tiene un importante caudal de pasajeros, ya que une siete provincias distintas y atraviesa localidades con gran afluencia. Específicamente conecta las tres ciudades con mayor cantidad de habitantes del país: Buenos Aires, Córdoba y Rosario.
La empresa Autopistas del Sol, encargada de la concesión, comunicó en sus redes sociales: “Se registra una persona herida trasladada. Sin víctimas fatales. Equipos de Seguridad Vial, Mantenimiento y personal de tránsito de Escobar trabajan en el lugar, con apoyo de tránsito municipal. A la espera de peritos y de grúas para la remoción de la estructura”.
Además, anticipó demoras importantes durante varias horas y recomendó evitar la zona, circular con precaución y respetar la señalización.

Otro accidente de cara al fin de semana
Un camión con acoplado volcó este viernes por la tarde en la autopista General Paz, a la altura de la avenida Constituyentes, provocando graves demoras en el tránsito hacia el Río de la Plata, justo en el comienzo del fin de semana largo por el feriado del 25 de Mayo.
El accidente ocurrió cuando el vehículo, que transportaba alimentos, realizó una presunta mala maniobra al tomar la curva de salida de tránsito pesado desde Panamericana.
A raíz del siniestro, el chofer de 43 años sufrió heridas leves y fue asistido en el lugar por médicos del SAME sin necesidad de traslado. Efectivos de la Comisaría Vecinal 12B y operarios con grúas trabajaron en la zona para remover el rodado, que ocupaba casi la totalidad de uno de los carriles y afectó la salida de miles de automovilistas.
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Sabíamos que los pulpos eran increíblemente inteligentes, pero no hasta el punto de tener un "cerebro" por brazo. Que te inclines al girar en Forza tiene mucha relación

Que los pulpos son una de las especies más inteligentes del planeta es algo que dejó de generar dudas tan pronto supimos que eran capaces de resolver puzles o incluso reconocer caras humanas. Pero lo que hasta ahora se quedaba a medio camino entre la poesía y la metáfora ha quedado más que confirmado por un estudio: cada uno de sus ocho brazos funciona como un cerebro independiente.
Para ti, que tal vez llevas unos días sentado ante el televisor disfrutando de las carreras de Forza Horizon 6 por Japón, la idea de que los brazos de los pulpos sean como un cerebro probablemente te diga poco. Sin embargo, los expertos en neurociencia llevan años sosteniendo que, en realidad, nuestro cuerpo también funciona de una forma similar. Que no todo ocurre dentro de nuestra cabeza.
Un sistema nervioso nada central
El estudio publicado en 2025 por la Universidad de Chicago ponía sobre la mesa una idea que los expertos llevaban años planteándose. Pese a que los pulpos tienen más de 500 millones de neuronas, sólo un tercio de ellas se concentran en su cabeza. El resto, repartidos por el resto del cuerpo, es lo que permite que un animal con ocho brazos pueda moverlos de forma individual.
«Si vas a tener un sistema nervioso que vaya a controlar un movimiento tan dinámico, esa es una buena forma de organizarlo», contaba Clifton Ragsdale, autor principal del estudio. «Creemos que es una característica que evolucionó específicamente en los cefalópodos de cuerpo blando con ventosas para llevar a cabo estos movimientos propios de los gusanos».

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Con brazos plagados de neuronas colocadas en estratégicos segmentos, los complejos movimientos del pulpo, sumados al hecho de que sus ventosas pueden saborear y oler todo lo que tocan, requerirían una concentración abismal. Lo que permite su sistema es que cada uno pueda tomar decisiones complejas por sí mismo sin esperar a que un cerebro central le diga qué tiene que hacer en todo momento.
Estudiar estos sistemas de control modulares va más allá de la curiosidad sobre estos fascinantes animales, teniendo consecuencias importantes también en el desarrollo de robots cada vez más complejos, pero no sólo por eso. Su estudio también nos acerca a comprender un poco mejor por qué cuando tomamos una curva en Forza Horizon 6 nuestro cuerpo se inclina como si estuviésemos dentro del coche.
Nuestro cerebro no es sólo un ordenador aislado
En 1991 se lanzaba un libro que lleva años generando un curioso debate en el mundo de la neurociencia. Los filósofos y psicólogos Francisco Varela, Evan Thompson y Eleanor Rosch, hablaban de algo llamado cognición encarnada. A grandes rasgos, su planteamiento formulaba que la mente y el cuerpo no son independientes, y que nuestro cerebro está lejos de ser un simple ordenador aislado que controla todo lo demás.
La premisa, recogida en el libro The Embodied Mind, planteaba hasta qué punto nuestro cuerpo es mucho más que un mecanismo a la espera de las órdenes del cerebro, de cómo nuestra percepción del espacio genera ideas abstractas o cómo nuestros movimientos pueden llegar a alterar nuestro estado mental. La idea de forzar una sonrisa y sentirte mejor es el ejemplo más simple, el de cómo tu cuerpo actúa cuando estás conduciendo por el Japón de Forza Horizon 6 va un poco en la misma línea.

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Lo de apretar los pies para frenar, contener la respiración en una curva o inclinar el cuerpo cuando estás marcándote uno de los clásicos derrapes de las carreteras niponas, va un poco en la misma línea. Tu cerebro no está procesando sólo un videojuego, está inmerso en una situación de conducción y, lejos de seguir cualquier lógica, tu cuerpo está actuando en consecuencia por su cuenta.
Puede que nuestras neuronas no posean esa anatomía modular de los pulpos, pero sin duda alguna hay algo fascinante en cómo nuestro cerebro parece desconectar de ciertas acciones, como si estuvieran inmersas en un bucle tan perfectamente dominado como condenado a repetirse. Es otra muestra más de hasta qué punto estamos muy lejos de saberlo todo sobre nuestra mente.
Imagen | JeuxVideo
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La noticia
Sabíamos que los pulpos eran increíblemente inteligentes, pero no hasta el punto de tener un «cerebro» por brazo. Que te inclines al girar en Forza tiene mucha relación
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por
Rubén Márquez
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Tiene 21 años, es pilota comercial, maneja su propio avión y tiene un sueño extremo por cumplir

El hangar del aeródromo de General Rodríguez todavía está frío cuando Candela Destefano levanta la persiana metálica y deja entrar la luz de la mañana. El avión descansa a pocos metros de la puerta de su casa y el ritual empieza siempre igual: revisar el combustible, drenar el tanque, controlar el aceite, recorrer la estructura con una lista de chequeos en la mano.
Tiene 21 años, habla rápido, sonríe seguido y se mueve alrededor de la aeronave con una naturalidad que desarma cualquier prejuicio.
“Generalmente me levanto temprano, agarro el iPad, preparo el vuelo, me fijo el clima, que es lo más importante”, cuenta Cande, pilota comercial e instructora de vuelo. Después vendrá el despegue, el ruido del motor, el campo extendiéndose debajo de las alas y esa sensación de adrenalina que todavía hoy —aunque ya forme parte de la rutina— le sigue pareciendo única.
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Su historia con la aviación empezó temprano. A los 15 años sintió una inquietud difícil de explicar. “Siempre fue medio una incógnita saber por qué se me despertó este sueño”, admite. Había algo de adrenalina, de búsqueda, de necesidad de estar en el aire. Un año después, su papá la llevó a un aeroclub para hacer un vuelo bautismo. Desde ese momento, no paró más.
“Encontré esa adrenalina que yo quería”, recuerda sobre aquella primera vez suspendida en el cielo. A los 17 ya era pilota y con el tiempo sumó horas de vuelo hasta convertirse en piloto comercial. Hoy trabaja de manera freelance, realiza traslados privados y pasa buena parte de sus días volando sobre zonas rurales, un paisaje que define como su favorito.
Pero detrás de esa pasión también hubo sacrificios. La carrera es costosa y, como suele ocurrir en la aviación, el dinero aparece como una barrera permanente. “Puede llegar a frustrar un poco”, reconoce. Sin embargo, hubo alguien que empujó el sueño incluso cuando parecía difícil: su papá.
La historia entre ambos tiene condimentos inesperados. El sentido común lleva a creer que él era piloto desde antes. Pero fue exactamente al revés. Él siempre había querido volar y nunca había podido hacerlo. Recién después de ver a su hija avanzar entre clases, exámenes y horas de vuelo, decidió animarse.
“Mi papá pensaba que no podía porque ya era muy grande. Tenía 49 años cuando empezó”, cuenta Candela. Fue ella quien insistió para que se anotara. Hoy comparten vuelos, almuerzos improvisados en pequeños aeródromos y una pasión que terminó uniéndolos todavía más. “Él se siente orgulloso y yo también me siento orgullosa de él”, dice la pilota.
La aviación, sin embargo, sigue siendo un ambiente donde las mujeres todavía tienen que demostrar. Cande lo sabe. Habla de instructores que las tratan “con más cautela”, de pasajeros que desconfían por verla joven y mujer, y de ciertas puertas que cuestan más abrir.
“Hay gente que no quiere que trabajes para ellos porque no confían en vos”, explica. Pero lejos de correrse, eligió mantenerse firme. “A una chica que quiere ser piloto le diría que no tenga miedo y que lo haga sin dudarlo. Ahora mis clientes vuelan felices, tienen que atravesar la barrera del prejuicio”.
Ella tampoco dudó el día de su primer vuelo sola. En la formación de pilotos existe un momento inicial clave: el instructor se baja del avión sin previo aviso y deja al alumno completamente solo en la cabina. Cande tenía apenas unas horas de experiencia cuando le tocó atravesarlo.
“Es una experiencia única porque estás vos con la máquina y no hay nadie que te salve”, recuerda. “Tenés que hacer las cosas bien”, asegura.
Desde entonces aprendió que arriba del avión no hay lugar para el miedo, aunque sí para algo más importante: el respeto. “El miedo es problemático. El respeto hace que nos sintamos seguros”, explica.
Cuando no trabaja, sigue volando. A veces con amigos, otras con su novio. Le gusta escaparse a la Isla Martín García o aterrizar en Lobos para almorzar cerca de la zona de paracaidismo. Habla del cielo como quien habla de una segunda casa.
Y aunque asegura que ya está “viviendo un poco el sueño”, todavía hay un objetivo que aparece en el horizonte: la acrobacia aérea. Competir, exhibirse, hacer maniobras extremas. Por ahora lo mira de lejos porque los aviones acrobáticos cuestan demasiado. Pero no parece alguien acostumbrada a renunciar.
Mientras tanto, sigue acumulando horas, vuelos y amaneceres entre hangares. A los 21 años, Cande aprendió algo que muchos tardan una vida entera en descubrir: que hay sueños que no esperan las condiciones perfectas, solo necesitan despegar.
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