DEPORTE
El US Open y los argentinos: de Vilas y Sabatini a Del Potro y Zeballos, una historia dorada en Nueva York

El US Open ocupa un lugar especial en la historia del tenis argentino. Aunque las memorias del torneo se escribieron en su mayoría sobre superficies diferentes a aquellas en las que se formaron muchos de los jugadores nacionales, Nueva York fue escenario de varias conquistas albicelestes.
Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini y Juan Martín del Potro levantaron allí el trofeo de individuales. Paola Suárez se consagró tres veces en dobles femenino y, en 2025, Horacio Zeballos conoció la gloria al conquistar el título masculino de dobles.
La relación, sin embargo, comenzó mucho antes de la era del cemento. En 1942, Alejo Russell se convirtió en el primer argentino en disputar una final del Campeonato de Estados Unidos. Junto a la estadounidense Patricia Todd, llegó a la definición del dobles mixto en Forest Hills, sobre césped, y perdió ante Louise Brough y Ted Schroeder por 3-6, 6-1 y 6-4.
Desde entonces, hubo presencia argentina en finales de las principales modalidades del torneo, que atravesó distintas superficies y escenarios hasta convertirse en el Grand Slam que hoy se disputa sobre cemento en Flushing Meadows.
Guillermo Vilas y una consagración histórica
La historia grande comenzó a escribirse con Guillermo Vilas. El marplatense ya había dejado su marca en Nueva York en 1975, cuando protagonizó una de las semifinales más recordadas de la historia del torneo. Frente a Manuel Orantes, Vilas ganó los dos primeros sets y se puso 5-0 en el cuarto. Tuvo cinco match points, pero el español protagonizó una remontada extraordinaria y terminó imponiéndose por 4-6, 1-6, 6-2, 7-5 y 6-4.
Aquella edición había marcado además un cambio histórico: el US Open había abandonado el césped para darle lugar al Har-Tru, una arcilla verde. La superficie se mantuvo durante tres ediciones.
Dos años después llegó la revancha. En 1977, en la última edición disputada en Forest Hills, Vilas alcanzó nuevamente la final y enfrentó al estadounidense Jimmy Connors, número 1 del mundo y campeón defensor. El argentino se impuso por 2-6, 6-3, 7-6 (7-4) y 6-0 y levantó el segundo de sus cuatro Grand Slams: ya se había coronado esa misma temporada en Roland Garros y luego vendrían los dos títulos consecutivos en el Australian Open, en 1978 y 1979.
Aquel triunfo convirtió a Vilas en el primer argentino campeón del US Open. También dejó una de las imágenes más recordadas del tenis nacional: el marplatense levantado en andas por el público después de conquistar el torneo.

Sabatini y el título que esperaba al tenis femenino
Tuvieron que pasar 13 años para que otro argentino volviera a levantar el trofeo individual. En 1990 fue el turno de Gabriela Sabatini, quien llegó a la final después de una campaña brillante y se encontró con Steffi Graf, número 1 del mundo.
Sabatini se impuso por 6-2 y 7-6 (4) y conquistó el primer y único Grand Slam de su carrera. Fue, además, la segunda consagración argentina en singles y la primera de una mujer.
La relación de Sabatini con el US Open ya era especial: en 1988 había alcanzado la final, también frente a Graf, y en 1989 fue semifinalista. La victoria de 1990 terminó de convertir a Nueva York en uno de los escenarios centrales de su carrera.

Nalbandian, Coria y una generación que siempre estuvo cerca
El comienzo del nuevo siglo encontró a varios de los mejores jugadores argentinos de la historia peleando en las últimas rondas del último Grand Slam del año.
En 2003, David Nalbandian y Guillermo Coria, ambos de 21 años, tuvieron una recordada actuación: Nalbandian avanzó hasta las semifinales, instancia en la que enfrentó a Andy Roddick, mientras Coria llegó a los cuartos de final, donde cayó ante el local Andre Agassi.
El cordobés había ganado los dos primeros sets y estuvo break arriba en el tercer parcial. Sin embargo, Roddick resistió, ganó ese set en el tie-break y terminó dando vuelta el partido para avanzar a su primera final de Grand Slam. Eran años en los que la presencia argentina en las últimas rondas del US Open comenzaba a convertirse en algo habitual.
En el dobles femenino, Paola Suárez escribió otra página extraordinaria junto a la española Virginia Ruano Pascual. La pareja ganó tres títulos consecutivos en Nueva York: 2002, 2003 y 2004. La racha convirtió a la pergaminense en otra de las grandes protagonistas argentinas de la historia del torneo.
Del Potro y el sueño cumplido
Hacia fines de la década del 2000, la historia del US Open todavía tenía reservado otro capítulo inolvidable para el tenis argentino.
Juan Martín del Potro había comenzado a acercarse progresivamente a las últimas rondas del Grand Slam neoyorquino. En 2007 cayó ante Novak Djokovic en tercera ronda y un año después llegó hasta los cuartos de final, donde perdió frente a Andy Murray.
Hasta que en 2009, con apenas 20 años, dio el salto definitivo.
Del Potro derrotó a Rafael Nadal en semifinales por un aplastante 6-2, 6-2 y 6-2 y accedió a la definición frente a Roger Federer, que buscaba su sexto título consecutivo en Nueva York.
Delpo protagonizó una final memorable. Perdió el primer set, ganó los dos siguientes en tie-break, cedió el cuarto y terminó imponiéndose por 3-6, 7-6 (5), 4-6, 7-6 (4) y 6-2. Como había ocurrido con Vilas, el argentino derrotaba en la final al número 1 del planeta y campeón defensor.

El idilio de Del Potro con el US Open, el torneo con el que soñó desde chico, no terminó allí: en 2018, volvió a estar en una final. En aquella edición eliminó nuevamente a Nadal en semifinales y se encontró con Djokovic en la definición. El serbio se impuso por 6-3, 7-6 (4) y 6-3 y le impidió al argentino repetir la hazaña de 2009.
Zeballos y una deuda que finalmente quedó saldada
La historia argentina en Nueva York todavía tenía un título pendiente: el dobles masculino. Horacio Zeballos había llegado a la final en 2019 junto al español Marcel Granollers. La pareja perdió aquella definición ante los colombianos Juan Sebastián Cabal y Robert Farah.
La revancha llegó seis años después.
En 2025, nuevamente junto a Granollers, Zeballos alcanzó la final y esta vez consiguió el título. La pareja derrotó a los británicos Joe Salisbury y Neal Skupski por 3-6, 7-6 (4) y 7-5, después de salvar tres match points.
La conquista tuvo un valor especial: Zeballos se convirtió en el primer tenista argentino en ganar el título masculino de dobles del US Open.
El triunfo completó una colección extraordinaria para el tenis argentino: Vilas y Del Potro en singles masculino, Sabatini en singles femenino, Suárez en dobles femenino y Zeballos en dobles masculino.
Una historia que atraviesa generaciones
La presencia argentina en el US Open, sin embargo, no se limita a los campeones.
También hubo otras finales en dobles. Inés Gorrochátegui fue finalista del dobles femenino en 1993 junto a la sudafricana Amanda Coetzer; Mercedes Paz y Pablo Albano disputaron la definición del dobles mixto en 1997; y Gisela Dulko y Eduardo Schwank hicieron lo propio en 2011.
En el circuito junior también hubo campeones argentinos. Claudia Casabianca ganó el singles femenino en 1977; Gabriela Sabatini y Mercedes Paz conquistaron el dobles femenino en 1984; David Nalbandian fue campeón de singles masculino en 1998; y en 2000 María Emilia Salerni ganó el individual femenino y, junto a Gisela Dulko, también el dobles.
Son distintas generaciones, distintas superficies y distintas historias, pero todas forman parte de un mismo vínculo. Desde aquella primera final de Alejo Russell en 1942 hasta el título de Zeballos en 2025, el tenis argentino encontró en Nueva York uno de los escenarios donde más veces pudo tocar la gloria.
DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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