SOCIEDAD
Esta película de ciencia ficción rompió todas las normas de Cannon. En lugar de ahorrar dinero, apostó 25 millones por una locura de vampiros espaciales

Conoces a Cannon Films aunque no te suene su nombre. Es la productora que Menahem Golan y Yoram Globus convirtieron en una fábrica de exactamente el cine que necesitabas a los doce años: cintas de acción, terror y ciencia ficción rodadas deprisa y vendidas con un asombroso descaro. Lo que quizá no sepas es que en 1985 decidieron apostarlo casi todo a una carta rarísima: contratar al director de La matanza de Texas, al guionista de Alien y darles veinticinco millones de dólares para rodar una historia de vampiros llegados del espacio dentro del cometa Halley. El resultado se llamó Lifeforce, en España Fuerza Vital, y no recuperó ni de lejos lo que costó. Cuarenta años después sigue siendo un objeto extrañísimo, difícil de defender y difícil de olvidar, y pero ese es justo su encanto.
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Dan O’Bannon es el arquitecto invisible de buena parte de la ciencia ficción moderna
El guion de Lifeforce lo firman Dan O’Bannon y Don Jakoby, y O’Bannon es uno de esos nombres que conoces aunque no sepas que lo conoces. Su primera película fue Dark Star, aquella comedia negra espacial que dirigió un jovencísimo John Carpenter en 1974 y de la que George Lucas sacó bastante más de lo que parece para levantar su saga Star Wars. También escribió después la pesadilla que Ridley Scott convertiría en Alien y firmó el guion de Desafío Total, adaptación libre de un relato de Philip K. Dick. ¿Cómo es posible que el mismo hombre que ayudó a dar forma a nuestra concepción de la ciencia ficción cinematográfica acabara escribiendo vampiros psíquicos para Cannon y que casi nadie lo recuerde?
Que la curiosidad mató al gato lo sabemos todos, que puede ponerte huevos alienígenas dentro, comerte la cara o vampirizar tu cerebro
La historia se pone todavía mejor. Antes de Alien, O’Bannon había trabajado en la adaptación imposible de Dune que Alejandro Jodorowsky intentó rodar en los años setenta y que nunca llegó a existir; de aquel naufragio salió su encuentro con el artista H. R. Giger, sin el cual el xenomorfo jamás habría sido lo que fue. Dicho de otro modo, y como expliqué en su momento, Alien no habría existido sin la cancelación de una de las películas más ambiciosas que se han soñado jamás. Ese es el nombre que, en 1985, le firmó a Golan y Globus una historia de vampiros del espacio basada en una novela de 1976 de Colin Wilson titulada The Space Vampires, que O’Bannon y Jakoby se llevaron a un territorio más gótico, más cercano al terror clásico británico que a la ciencia ficción pura. Resulta curioso que su trabajo estuviera por todas partes a principios de los 80 y no sea un tipo mucho más famoso, ¿verdad?

El aire familiar con Alien se nota en cuanto uno rascar. Lifeforce arranca igual: una tripulación encuentra algo dormido en el espacio, comete el error de subirlo a bordo y descubre, ya tarde, que ha traído a casa una forma de vida que no debería andar suelta. Que la curiosidad mató al gato lo sabemos todos, que puede ponerte huevos alienígenas dentro, comerte la cara o vampirizar tu cerebro solo te lo dice la ciencia ficción. El caso es que donde Alien era claustrofobia y silenciosa, Lifeforce es delirio, con toques de desnudez y apocalipsis en pleno Londres, con una vampiresa espacial drenando la energía vital de todo el que se le cruza. Tal vez se deba a que O’Bannon, aquí, tenía a Cannon detrás en lugar de a gente seria de la Fox.

Cannon vivía de vender el cartel antes de rodar la película
Para entender lo insólita que resulta esta película conviene entender cómo funcionaba Cannon. El método de Golan y Globus tenía una lógica interna casi perfecta en su cinismo: confiar antes en el título antes que en la calidad del contenido, vender el póster en el mercado de Cannes antes de rodar un solo plano, y rodar rápido y barato para que las cuentas salieran siempre. Producían películas a cholón, muchas de ellas olvidables por completo y algunas convertidas en objetos de culto casi por accidente. Era un modelo pensado para no perder nunca, y durante bastante tiempo funcionó. Lifeforce fue una excepción.
En lugar de rodar barato, Cannon puso sobre la mesa 25 millones de dólares, una de las apuestas más caras y ambiciosas de toda su historia
En lugar de rodar barato, Cannon puso sobre la mesa 25 millones de dólares, una de las apuestas más caras y ambiciosas de toda su historia. Contrató a Hooper, que venía de rodar dos exitazos como La matanza de Texas y Poltergeist, y le dio una libertad casi total; los efectos visuales corrieron a cargo de John Dykstra, uno de los grandes magos de los efectos de aquellos años y que había salido de Lucasfilm y Star Wars tras unos roces profesionales con George Lucas. Hooper, que soñaba con hacer una película de la Hammer rodada a lo grande, se lo tomó al pie de la letra y entregó algo desmesurado, con una partitura épica y solemne firmada nada menos que por Henry Mancini, el hombre de Moon River y La Pantera Rosa. El resultado no recuperó ni de lejos su presupuesto, y con razón. Pero eso no la hace mala película, tampoco la hace buena, claro; la hace exactamente lo que es, un despropósito singular que documenta una manera muy concreta de hacer cine comercial.

Dejadme que os hable de Patrick Stewart, mi querido Profesor Charles Xavier y mi capitán preferido de la Enterprise, porque es donde la peli resulta completamente psicodélica. Antes de convertirse en el capitán más sereno y respetado de la galaxia, Stewart aparece aquí en un papel secundario como el doctor Armstrong, y protagoniza una de las secuencias más extrañas que dio el cine de los ochenta, cuando la vampiresa toma posesión de su cuerpo y habla a través de él. La vampiresa en cuestión, interpretada por Mathilda May, es el motor visual de toda la película y buena parte de su fama, para bien y para mal. Digamos que Lifeforce no es precisamente sutil en su manera de entender el atractivo de su antagonista.
Lifeforce no es precisamente sutil en su manera de entender el atractivo de su antagonista
Puestos a rescatarla, os pongo sobre aviso. Es una película desigual, a ratos solemne y a ratos involuntariamente cómica, que no acaba de decidirse entre el susto, la fascinación, la pezonada y la carcajada. La idea de una criatura que se alimenta de la energía de los vivos no la inventó Hooper: el ser que drena la fuerza de su víctima es una de las pesadillas más antiguas que ha imaginado la humanidad, muy anterior al cine y a la propia palabra vampiro. Lo que hace Lifeforce es cogerla, subirla a una nave espacial y llevarla hasta el disparate, y en ese exceso hay un placer difícil de explicar. Si te van las rarezas de aquella época, esta es una de las grandes.

De chaval no me decía gran cosa, ahora me preocupa comprenderla
De chaval, Lifeforce nunca fue una de mis películas favoritas del género, ni de lejos. Me parecía demasiado rara, demasiado desigual, incapaz de decidir si quería asustarme, fascinarme o simplemente enseñarme cosas que a esa edad me pillaban a contrapié. O e corto, malilla. Una curiosidad extravagante de la videoteca. Durante muchos años no le di más vueltas. Pero volví a verla hace poco. No podía imaginarme que la película iba a envejecer mejor que mi opinión sobre ella. Bueno; o que yo también iba a envejecer y comprender cosas que antes no comprendía. Porque cuanto más adulto se hace uno, mejor entiende de qué habla en realidad Lifeforce: de eso que te va drenando la energía vital sin que te des cuenta.
Cuanto más adulto se hace uno, mejor entiende de qué habla en realidad Lifeforce
Teniendo en cuenta la cantidad de vampiros psíquicos que acechan el día a día de cualquier vida adulta (los te empujan en el metro, los de las reuniones que podrían haber sido un correo, las señora que se pone a contar las monedas justo cuando le toca pagar en la caja del super, el vecino que no sujeta la puerta del ascensor ni medio segundo), hoy comprendo esta película muchísimo mejor que a los doce años. Ahora mismo la tienes esperándote en Filmin, y sospecho que a estas alturas te va a decir bastante más de lo que promete su reputación. No es una gran película, nunca lo fue. Pero es una eperiencia extrañamente reconfortante para quien ya sabe lo que es que le chupen la energía un martes cualquiera.

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La noticia
Esta película de ciencia ficción rompió todas las normas de Cannon. En lugar de ahorrar dinero, apostó 25 millones por una locura de vampiros espaciales
fue publicada originalmente en
3DJuegos
por
Chema Mansilla
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SOCIEDAD
Su abuela denunció que abusaba de su hermana menor, estuvo tres años prófugo y lo atraparon en Banfield

Un joven de 23 años que estaba prófugo acusado de abusar sexualmente de su hermana menor de edad fue detenido por efectivos de la Policía Federal Argentina (PFA) en Banfield, partido bonaerense de Lomas de Zamora.
La causa comenzó el 20 de junio de 2023, cuando la abuela de la víctima se presentó en la Comisaría de la Mujer y la Familia de Tres de Febrero para realizar una denuncia penal.
Según relató la mujer, su nieta había sido abusada sexualmente por su propio hermano en al menos tres oportunidades. De acuerdo con la acusación, los episodios habrían ocurrido durante la madrugada, cuando la denunciante se retiraba de la vivienda para dirigirse a su trabajo, ubicado en la localidad de Caseros.
En el marco de la investigación, la víctima fue entrevistada en Cámara Gesell. Con el avance de la causa y los elementos reunidos, la Justicia ordenó un allanamiento con el objetivo de detener al sospechoso.

Sin embargo, cuando se llevó adelante el procedimiento, el acusado no fue encontrado. A partir de entonces, permaneció prófugo y su paradero se mantuvo desconocido para los investigadores.
Luego de casi tres años sin poder localizarlo, la Unidad Funcional de Instrucción N°14 Departamental, a cargo del fiscal Ricardo Romero, convocó a la División Búsqueda de Prófugos de la PFA para dar con el sospechoso.
Los agentes iniciaron tareas de campo y análisis de información, con la colaboración del Departamento Técnico de Cibercrimen, que utilizó un equipo de geolocalización.
A partir de esas medidas, los investigadores lograron establecer un posible lugar de trabajo del prófugo y el número de teléfono que utilizaría. Además, determinaron que el dispositivo operaba en inmediaciones de un domicilio de Banfield, que pertenecería a un familiar del acusado.

Con la información obtenida, el Juzgado de Garantías N°2 del Departamento Judicial de San Martín, a cargo del juez Carlos Mariano González, autorizó un procedimiento para concretar la captura.
Los efectivos federales montaron entonces un operativo de vigilancia en los alrededores de la vivienda. En un momento, observaron a un hombre cuyas características físicas coincidían con las del sospechoso.
Tras corroborar su identidad, lo detuvieron en la vía pública sobre la calle Rodríguez Peña al 1900, en Banfield.
El acusado, argentino y de 23 años, quedó a disposición de la Justicia por el delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo y por la convivencia preexistente con un menor de 18 años”.
Banfield,Policía Federal Argentina,detención,abuso sexual
SOCIEDAD
Padre de cuatro nenas y fanático del fútbol: quién era el empresario que murió en un vuelco en la ruta 65

Luis Farías, de 45 años, murió en un accidente en la Ruta Provincial 65, en jurisdicción de 9 de Julio. La Volkswagen Amarok que conducía hacia Bolívar despistó a la altura del kilómetro 230 y terminó volcada en un sector con agua. La Justicia investiga las circunstancias que provocaron el siniestro.
La noticia generó repercusión en distintas localidades de la región, donde Farías era conocido por su trayectoria vinculada al mercado automotor. También mantenía vínculos comerciales y personales con Los Toldos.
Quién era el empresario que murió en la ruta 65
Farías era padre de cuatro nenas y se desempeñaba como gerente de Autosport, una empresa dedicada a la comercialización de vehículos nuevos y usados, con presencia en 9 de Julio y Bolívar. Su actividad empresarial lo había convertido en un referente conocido dentro del sector automotor de la zona.
Además de su trabajo, tenía una relación cercana con el fútbol de 9 de Julio y la región. Durante una etapa estuvo vinculado al Club Compañía General Buenos Aires de Patricios, institución que lo despidió públicamente después de conocer su muerte.
Desde el club expresaron su “profundo pesar” y destacaron la importancia que tuvo Farías durante su paso por la institución.
“Dejó una huella imborrable en la institución de Patricios”, señalaron desde Compañía General Buenos Aires.
La entidad también recordó que durante su etapa en el club se consiguieron importantes logros futbolísticos y que Farías fue parte de distintos momentos destacados de la historia de la institución.
“Su compromiso y trayectoria quedarán en el recuerdo de todos quienes compartieron el camino dentro del club”, agregaron.
Finalmente, desde Compañía General Buenos Aires acompañaron a sus familiares, amigos y seres queridos.
“Q.E.P.D. Luis. Viviste a mil, las vueltas de la vida truncaron tantos proyectos y sueños en un instante. Dios de consuelo a todos los tuyos en tan sorprendente y triste momento”, sumó un amigo.
Cómo fue el accidente en la Ruta 65
El vuelco ocurrió cerca de las 22.10 del viernes, en el kilómetro 230 de la Ruta Provincial 65, en inmediaciones de Dudignac, en el tramo comprendido entre Santos Unzué y Corbett.
Farías viajaba en sentido 9 de Julio-Bolívar a bordo de una Volkswagen Amarok blanca cuando, por causas que todavía se investigan, perdió el control del vehículo.
La camioneta salió de la calzada y terminó volcada en la zona lateral de la ruta, con las ruedas hacia arriba y en medio de un sector con agua. Cuando llegaron los Bomberos Voluntarios de Dudignac y los efectivos policiales, constataron que el conductor había muerto.
Choque
SOCIEDAD
Le ocultó a su pareja que tenía VIH, se lo transmitió y ella se enteró cuando quedó embarazada de mellizos: “Entré en una nebulosa”

En Bahía Blanca, un hombre de 35 años está preso, acusado de haberle transmitido VIH a su pareja después de ocultarle su diagnóstico y mientras ambos buscaban tener un hijo. La mujer se enteró de que tenía el virus durante los controles de su embarazo de mellizos. Según la investigación, él conocía su condición desde 2016 y había interrumpido el tratamiento.
La denuncia de la mujer dio origen a una investigación a cargo de Marina Lara, titular de la UFI N°7, que derivó en la prisión preventiva del acusado. La jueza Marisa Gabriela Promé, a cargo del Juzgado de Garantías Nº 4 de Bahía Blanca, hizo lugar al pedido de la fiscal por el delito de propagación de una enfermedad peligrosa y contagiosa para las personas, en concurso ideal con lesiones graves. La resolución, a la que accedió Infobae, reúne los testimonios y los estudios médicos que sustentan la acusación.
La historia que la víctima reconstruyó ante la Fiscalía comenzó a fines de 2019, cuando conoció al acusado. En 2021 empezaron a convivir y hablaron de formar una familia. “Veníamos conversando de tener un hijo”, declaró. La decisión fue compartida: “Ambos queríamos ser papás”, respondió cuando le preguntaron si la propuesta había sido suya. Por eso dejó de tomar anticonceptivos.
Cuando quedó embarazada, su ginecólogo le indicó los estudios de rutina. Dos días después la llamó para pedirle que se acercara al consultorio: uno de los resultados había dado mal. Allí le comunicó que el análisis de VIH era positivo y que ya le había conseguido un turno con una infectóloga para esa misma jornada.
La mujer contó que se lo dijo llorando a su madre y que, al mediodía, habló con su pareja. Según su testimonio, él respondió con tranquilidad que también se haría los análisis. Volvieron al departamento donde convivían y el hombre se fue a trabajar. Al regresar, le dijo que tenía que pasar por la casa de su mamá a buscar unas cosas.

Volvió con una carpeta. “Nunca pensé que iba a llegar este momento, pero tengo que decirte que el portador de VIH soy yo”, le confesó.
“Entré en una nebulosa, no tuve reacción, lo único que podía pensar es cómo hago ahora”, recordó la mujer. De inmediato le preguntó por qué nunca se lo había contado. Según declaró, él le respondió que había sido por miedo a que ella no quisiera continuar la relación.
“A lo que le respondí que él nunca me dejó elegir lo que yo quería, que evidentemente siempre pensó en él”, relató.
Después fueron juntos a ver a la infectóloga. Ella llevó sus análisis y él, la carpeta con sus estudios. En esa consulta, según la denunciante, también se enteró de que su pareja no estaba tomando la medicación. Más adelante, antes de separarse y denunciarlo, dijo haber observado interrupciones en el tratamiento antirretroviral: “La tomaba, la dejaba, la tomaba, la dejaba…”.
La médica que siguió el embarazo explicó que la mujer tenía una carga viral indetectable o muy baja aun antes de comenzar el tratamiento, una particularidad que atribuyó a su sistema inmunológico.
La denunciante recibió medicación durante la gestación y los mellizos tuvieron tratamiento y controles después de nacer. En su declaración describió esos meses de seguimiento, las extracciones de sangre y el último análisis, al año y medio de los niños, cuyo resultado fue “no reactivo”. Los chicos no adquirieron el virus.
Para ella, en cambio, el tratamiento continuó. “Tengo que tomar unas pastillas todas las noches”, explicó. Cuando le preguntaron si debía hacerlo de por vida, respondió que sí.

La denuncia y el contacto con otra mujer
La relación terminó en septiembre de 2023, según la reconstrucción judicial. La mujer denunció posteriormente al hombre y aportó documentación médica para respaldar su relato. En su declaración sostuvo que durante el vínculo no había mantenido relaciones sexuales con otras personas y que tampoco había atravesado otra circunstancia que pudiera haberle transmitido el VIH.
Su testimonio también permitió reconstruir cómo otra pareja del acusado tomó conocimiento del diagnóstico. Se trataba de una mujer que mantuvo una relación con él entre junio de 2023 y febrero de 2024 y que la contactó porque sentía que el hombre le ocultaba algo.
“Le respondí que el que tenía que decirle la verdad y ser responsable era él, que lo único que podía decirle era que se hiciera análisis de sangre para que no le pasara lo que me pasó a mí”, declaró la primera denunciante.
La segunda mujer también contó que el acusado no le había informado que tenía VIH y que no utilizaban preservativo. Recurrió a su ginecólogo y a una infectóloga, mientras intentaba obtener explicaciones de él. Describió llamadas que no le atendía y la angustia que atravesó: “Lo quería matar. Tuve que comenzar terapia, ya no podía más”. Los estudios incorporados a la causa dieron negativos para ella.
La Fiscalía pidió la preventiva por ambos episodios, pero el juzgado diferenció la prueba reunida en cada uno. Respecto de la segunda mujer, consideró que no se había acreditado suficientemente que el acusado hubiera abandonado el tratamiento durante esa relación. Para ello valoró los testimonios médicos, entre ellos el de una infectóloga que lo atendió entre marzo de 2023 y septiembre de 2024 y mencionó un estudio de mayo de 2024 con carga viral indetectable.
“No encuentro configurado el peligro concreto de propagación de la enfermedad”, sostuvo la magistrada sobre ese hecho. Por ese motivo rechazó la preventiva en ese caso, sin disponer un sobreseimiento.

Las pruebas por las que quedó preso
En el caso de la primera denunciante, la resolución valoró un análisis de junio de 2019 con resultado negativo y otro de mayo de 2021 con resultado positivo, realizado durante el embarazo. También incorporó documentación del diagnóstico previo del acusado y un consentimiento firmado para su tratamiento.
La infectóloga que atendió a la pareja en 2021 declaró que había visto al hombre con diagnóstico positivo en 2016 y que, cuando volvió a consultarla en 2018, había interrumpido la medicación. Sobre la consulta a la que llegó con su pareja embarazada, sostuvo que tampoco estaba recibiendo tratamiento.
Al ser consultada sobre si podía transmitir el virus en ese momento, explicó: “Él no estaba recibiendo tratamiento por lo que, si bien no tengo la certeza, la probabilidad es que sí”.
La defensa cuestionó que no hubiera una prueba científica que permitiera determinar que el acusado le había transmitido el VIH a la denunciante y planteó la relevancia de un examen filogenético para comparar los virus.

La jueza consideró que el conjunto de indicios permitía sostener la hipótesis acusatoria para resolver la medida cautelar, aunque todavía no se trata de una condena. “La presente etapa procesal no requiere certeza, sino únicamente la existencia de indicios vehementes en orden a la probable participación del encartado en los hechos imputados”, señaló.
También rechazó el argumento de que la mujer podría haber adoptado por su cuenta medidas de prevención. La magistrada sostuvo que esa lectura omitía que ambos habían decidido buscar un hijo, en un contexto en el que ella desconocía el diagnóstico y la interrupción del tratamiento que se le atribuye a él.
“Pretender trasladar la responsabilidad a la víctima, soslayando la conducta atribuida al imputado, implica una valoración parcial de las circunstancias del caso”, escribió.
Para mantenerlo detenido, la jueza consideró que existía peligro de fuga. Aunque reconoció que no registra antecedentes penales, valoró la gravedad atribuida al hecho y la expectativa de una eventual pena de cumplimiento efectivo. La escala contemplada en la resolución es de 3 a 15 años de prisión.

La carta del acusado
El hombre rechazó la acusación mediante una carta enviada a La Brújula 24. En el escrito sostuvo que sus estudios indican que es “indetectable e intransmisible”, cuestionó su prisión preventiva y afirmó que no existen pruebas científicas que permitan establecer que él le transmitió el virus a la primera denunciante.
También señaló que la segunda mujer no tiene VIH y objetó la incorporación de sus estudios médicos al expediente. “Están criminalizando el VIH”, sostuvo, según publicó el medio local.
Los cuestionamientos sobre la confidencialidad de la documentación y el levantamiento del secreto profesional de una de las infectólogas ya habían sido planteados por su defensa. La jueza los rechazó: consideró que el propio acusado había exhibido los estudios a su pareja y que, además, la Fiscalía había obtenido información por vías independientes.
En cuanto al planteo de criminalización, la magistrada sostuvo que la legislación protege a las personas frente a la persecución por su condición de salud, pero que eso no impide investigar conductas concretas que puedan constituir un delito.
La resolución también distinguió su situación médica posterior de la del momento investigado: las referencias a una carga viral indetectable del acusado corresponden a “períodos de tiempo posteriores a mayo del 2021”. Para la jueza, esos resultados no desvirtúan las pruebas por las que ordenó la prisión preventiva.
Por su parte, Mariano Martínez, abogado de las dos denunciantes, cuestionó la exposición pública del caso y explicó que sus representadas le pidieron preservar su privacidad. En diálogo con Infobae señaló que la mujer que recibió el diagnóstico durante el embarazo continúa en tratamiento y expresó su preocupación por la exposición de sus mellizos.
Martínez también cuestionó la imagen del acusado presentada en la carta. Según afirmó, existe una denuncia por maltrato físico y violencia acompañada de videos e imágenes. Esa documentación no forma parte del material al que accedió este medio.
Respecto de la prisión preventiva, respaldó la medida y remarcó que fue una decisión judicial: “Tanto la fiscalía como nosotros hemos dado nuestros argumentos para la detención y posterior prisión preventiva, y quien ha resuelto ha sido el juzgado”.
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