CHIMENTOS
¡Estremecedor! El drama familiar de Beto Casella con su nieto de 5 años: “Nació sin muchos órganos desarrollados en la panza”

Detrás de su clásico humor, sus opiniones picantes y la versatilidad que lo caracteriza, Beto Casella tiene un lado mucho más íntimo y sensible que no siempre sale a la luz. A los 65 años, el conductor disfruta de una vida familiar plena junto a sus hijos, su pareja y sus nietos. Pero esa felicidad también estuvo atravesada por momentos de enorme angustia.
En una charla con Nico Peralta para Pronto, Casella abrió una puerta de su intimidad y habló por primera vez del complejo nacimiento de su nieto Gabriel. Una historia que todavía hoy conmueve a toda su familia, que se dio en tiempos de la pandemia y que más allá del drama también expone un relato lleno de superación.
Antes de entrar en ese terreno, Beto contó algunos detalles sobre sus hijos. “Tengo dos hijos: Juan Pablo tiene 34 años y Franco, 30. Juampi se está recibiendo de psicólogo, es counselor, que es otra carrera, y ya tiene consultantes. Un counselor tiene consultantes, no pacientes”, relató. Pero luego habló de un episodio que lo transformó por completo: el de abuelo.
Ahí apareció una emoción distinta en su relato. “¡Sí! Eso me fascina. Es espectacular. Están los mellizos, Milena y Fede, que son bebés de pocos meses y antes llegó Gaby, que nació prematuro. Nació a los cinco meses. Fue tremendo. Hay pocos chicos que viven en esa situación. Los mellizos fueron sietemesinos y lo de Gaby fue un milagro, porque nació sin muchos órganos desarrollados en la panza”, contó Beto.
BETO CASELLA CONTÓ EL DRAMA DE SALUD CON EL QUE NACIÓ SU NIETO
La historia impacta todavía más cuando explica todo lo que vivió el pequeño durante sus primeros meses de vida. Casella recordó el trabajo del equipo médico y la incertidumbre que rodeó aquel momento. “Los tuvo que desarrollar afuera. No sé cómo hicieron los ángeles de neonatología del Italiano de San Justo y Dios para mantenerlo con vida”, contó.
Y agregó: “Lo normal es que no lo pase, que no sobreviva. Se llama Gabriel, tiene cinco años y nació en pandemia. Es un chico feliz, que todo lo fue consiguiendo más tarde, porque es como si hubiera nacido muy prematuro. Todo le fue costando un poco más, desde hablar hasta empezar a caminar. Pero hoy es un chico feliz, que lo vemos caminar y decimos: ´Ahí va el milagro de Dios´”.
Beto también contó cómo vive hoy su rol de abuelo y reconoció que disfruta cada momento con sus nietos. “Baboso, como todos los abuelos. Pero imaginando y planeando cuando pueda acompañarlos o llevarlo a Gaby a la cancha si es que sale futbolero. O con Mile y Fede compartiendo cosas que hoy todavía no podemos porque son muy chiquitos”.
Y contó lo muy ansioso que estaba por tener nietos. “La palabra abuelo me encanta y hasta estaba un poquito apurado por serlo. Un poco que yo le estaba reclamando a Juampi sobre todo, que está en pareja hace más tiempo. ´Che, loco, dale, tengan un chico. No me quiero ir de este plano sin vivir esa experiencia´, le decía. Así que ya me dieron tres».
Beto Casella
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Adrián Suar sorprendió a Mirtha Legrand en vivo con una propuesta que la emocionó: “Soy centenaria”

A los 99 años, Mirtha Legrand sigue siendo la dueña indiscutida de la mesa más famosa de la televisión argentina. Y no hay señales de que eso vaya a cambiar. La conductora ya dejó en claro que en 2027 quiere seguir al frente de su programa, y Adrián Suar, gerente de programación de El Trece, no solo escuchó el mensaje sino que fue un paso más allá. En la última emisión de La noche de Mirtha (El Trece), que tuvo como invitados al elenco de Sottovoce, el productor aprovechó su lugar en la mesa para hacerle una propuesta en vivo que dejó en claro cuál es el plan del canal para cuando la conductora sople las velas del número más esperado: sus 100 años, el próximo 23 de febrero.
Con la complicidad que construyeron a lo largo de años de trabajo conjunto, Suar tomó la palabra y se dirigió directamente a ella. “Yo te quiero preguntar. Si vos querés…”, arrancó, con un tono que mezclaba la formalidad del anuncio con la calidez de quien conoce bien a su interlocutora. Mirtha, atenta y pícara como siempre, lo frenó antes de que terminara. “A ver, ojo, ¡atención!”, respondió entre risas del estudio. Suar le prometió solo dos preguntas y ella le dio el pie.
“El año que viene, el 23 de febrero, se cumple una fecha muy importante para tu vida y la vida de los argentinos. Si mal no recuerdo es tu cumpleaños”, introdujo Suar antes de ir al punto. “¿Es centenaria?”, preguntó Mirtha, anticipándose. “Centenaria”, confirmó él. La palabra desató una reacción inmediata en la conductora. “¡Ay, soy centenaria! No lo puedo creer. No, no puede ser. Esta palabra no la digo más”, exclamó entre las carcajadas de toda la mesa. Suar la tranquilizó: “No la digas más, no la digas más. Cumplís un buen número”. Y fue entonces cuando llegó la propuesta: “El canal te va a armar una fiesta enorme. ¿Vas a querer que lo armemos?”. La respuesta de Mirtha no dejó lugar a dudas: “Sí, sí, sí”.
“¿Estás cómoda en El Trece?”, le consultó Suar. “Comodísima. ¿Cuántos años hace?”, retrucó ella, antes de agregar con la picardía que la caracteriza: “Porque me voy, pero vuelvo”. La frase desató nuevas risas y Suar la tomó con humor: “Siempre quiere que nos separemos… Pero siempre se va La Chiqui, pero ella, siempre vuelve”. Mirtha cerró el intercambio con palabras que resumieron décadas de vínculo. “Estoy feliz. Como en mi casa. Los quiero y me quieren”, dijo. “Te queremos mucho”, respondió Suar. “Muy feliz”, repitió ella. “Gracias, chiquita”, cerró el productor.
Pero el momento de la noche no terminó ahí. Fue Carla Peterson quien sumó un dato que incluso la propia Mirtha desconocía en toda su dimensión. “Es una pregunta medio afirmación, porque yo lo sé, pero no sé si vos sabías que no solo tenés el récord de mayor cantidad de programas, sino que también es el récord porque es el único formato que siempre fue el mismo, con la misma conductora, en el mundo”, le planteó Peterson. “¿Vos lo sabías eso?”, preguntó. “No, en el mundo no”, admitió Mirtha, visiblemente sorprendida.

“En el mundo”, repitió Peterson, con énfasis. Suar se sumó para confirmarlo: “Sí, en el mundo sí, chiquita”. Peterson fue más precisa: “¿60 años de programa?”. Y Mirtha respondió con una mezcla de modestia y orgullo: “Y sí, soy yo. Es récord…”. Peterson insistió en subrayar el mérito: “Pero es el récord por vos”. “Por vos, chiquita, que te amamos”, cerró Suar. Mirtha lo recibió con la calidez de siempre: “Bueno, gracias, amorosos”.
La escena resumió en pocos minutos lo que Legrand representa para la televisión argentina: una figura que a los 99 años sigue generando récords, sigue sorprendiéndose con ellos y sigue siendo el centro de cada mesa en la que se sienta. Con una fiesta en camino, un contrato por renovar y un siglo de vida a la vuelta de la esquina, la Chiqui no solo no piensa en retirarse, sino que tiene agenda llena para el año que viene.
mirtha legrand
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Emiliano Pinsón contó los detalles más fuertes del accidente que sufrió mientras lucha contra el Parkinson: “Me dieron tres puntos”

La imagen golpeó de lleno a quienes siguen de cerca la lucha de Emiliano Pinsón contra el Parkinson. Desde España, donde atraviesa un tratamiento experimental para intentar ralentizar el avance de la enfermedad, el periodista compartió una foto en la que se lo veía con heridas visibles en el rostro y un ojo completamente lastimado. La preocupación fue inmediata.
Ante todas las alarmas que se propagaron, Pinsón decidió grabar un extenso descargo para explicar exactamente qué le había pasado y llevar tranquilidad sobre su salud. “Vengo por acá en realidad para hacer un descargo. Pequé de tonto, como el otro día, porque en realidad, me caí, que fue la verdad”, comenzó relatando.
Lejos de dramatizar la situación, Emiliano explicó por qué subió la primera foto con los golpes y moretones que dejó su caída. “Para mostrarles que, por si subía otra cosa, para evitar el: ‘¿Qué te pasó? Todo esto’. Bueno, la verdad que les dije lo que me pasó”, expresó.
El accidente de Pinsón ocurrió mientras se dirigía a una clínica para recibir la medicación habitual de su tratamiento. Según contó, sufrió un episodio de hipotensión, y todo empeoró. “Tengo hipotensión, es decir, presión baja. No me puedo marear, no puedo cambiar de estado, de estar tranquilo a estar moviéndome. Si yo me paro, por ejemplo, tengo que esperar cinco segundos parado o diez segundos parado y después a caminar”, explicó.
EMILIANO PINSÓN RELATÓ CÓMO FUE SU ACCIDENTE Y QUÉ PASÓ CON SU SALUD
Pinsón también contó cómo ciertas situaciones diarias se volvieron más difíciles por el avance de su enfermedad. “No puedo irme a una montaña rusa. Los cambios de niveles no los puedo tener». Y aunque reconoció que estos episodios no son nuevos, esta vez se descuidó. “Eso ya lo sabía, siempre me ha pasado en otras oportunidades, pero bueno, esta vez me di cuenta”.
Luego Emiliano reconstruyó el momento exacto de la caída. “Tenía que ir a la clínica para medicarme y cuando estaba yendo, llegué, entré a la clínica. Acá ahora está haciendo calor, hace mucho calor. Me levanté rápido del cacharro que me lleva, que manejo la motito. Entré medio rápido, me olvidé, sinceramente”.
“Cuando estoy llegando a la esquina donde iba a doblar en un pasillo, era largo, me la vi venir y dije: ‘Bueno, si me agarro, a veces me agarro de algún lugar, cuando me pasa, cierro los ojos con calma y se me pasa’. Bueno, acá no se me pasó. Me levanté en el suelo, me caí”, siguió relatando Pinsón sobre cómo fue el momento donde se descompensó.
El golpe le provocó heridas en el rostro y necesitó puntos de sutura. Aun así, Pinsón intentó quitarle dramatismo al episodio y hasta contó la reacción de su hijo con humor. “Me golpeé, me caí, me dieron tres puntos. Partido ganado. Eso es lo primero que me dijo mi hijo, eso es gracioso”. Y contó que, gracias a que todo pasó dentro de la clínica, pudo recibir atención inmediata: “Menos mal que estaba en la clínica dentro cuando me caí“.
Emiliano contó que perdió el conocimiento por unos segundos. “No sé, habré estado cinco segundos dormido. Me levanté, me vi así y toda la gente se acercaba, me pusieron una camilla y se acabó. Eso solo, no es más que eso”. Y a pesar de la sensible foto que subió, insistió en tranquilizar a todos. “No estoy de la mejor manera, no estoy un diez para nada, pero no estoy así, no es grave. Si fuera grave, les digo: ‘Soy grave. Miren, me pasa esto y esto’”.
También habló sobre cómo convive con las dificultades físicas producto del Parkinson. “Tuve caídas, tengo caídas habitualmente, les quiero decir, por más que ande con una motito, tengo caídas, tengo a veces problemas con el habla, con la escritura. No estoy diez puntos”. Y tras recibir el alta médica, contó: “No tengo dolor, me dejaron libre enseguida, me dieron el alta al toque, no estuve en observación, nada. Quédense tranquilos los que se preocuparon, que sé que son muchos”.
Actualmente, Pinsón continúa en España realizando un tratamiento experimental cuyo objetivo, según explicó, no es curar la enfermedad sino frenar su avance. “Eso, el tratamiento, es para ralentizar la enfermedad, no para curarla. Entonces, bueno, vamos viendo qué pasa”, contó.
Además reveló que todavía desconoce si en esta etapa del ensayo recibió medicación real o placebo. “Eso lo vamos a saber entre junio y julio“. Mientras tanto, Emiliano busca estar mejor, los golpes que sufrió en su caída son parte del pasado y ahora queda seguir mejorando y con su tratamiento.
Emiliano Pinsón
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Cine, lengua de señas y puente entre culturas: Emilio Insolera, el actor ítalo argentino que es sordo y conquista el mundo

Hay vidas que parecen hechas para el guion y Emilio Insolera lo sabe. Nació en Buenos Aires, pero su acento es global y su historia se mueve entre lenguas de señas, sets internacionales y una energía que desarma prejuicios. Protagonista de Sobran las palabras, la película italiana que escaló al primer puesto en Netflix y no para de sumar países y pantallas, Emilio es mucho más que un rostro: es un puente entre mundos que rara vez se rozan. En exclusiva con Teleshow, el actor comparte su recorrido, entre mudanzas, miradas y la certeza de que el cine puede decirlo todo sin una sola palabra.
En la industria, Insolera es ese nombre que aparece en los créditos de los grandes y se cuela en historias que cruzan fronteras. De trabajar con Johnny Depp, Jessica Chastain y Penélope Cruz, a recibir guiños de Ridley Scott y Jacob Elordi, el actor ítalo argentino se mueve entre sets de renombre internacional.
Hijo de una familia sorda, Emilio lleva el orgullo de su identidad como bandera, desarmando etiquetas con cada personaje y cada entrevista. Con una mirada que desafía, celebra y provoca, se planta ante el público y le recuerda que las palabras, a veces, sobran; lo que importa es lo que se siente, lo que se mira y lo que se comparte, sin traductores ni excusas.
—Mucha gente no sabe que naciste en Argentina… ¿qué vínculo tenés hoy el país?
—Es muy cercano. Nací y viví allí durante los primeros diez años. Mis primeras “grabaciones” de experiencia emocional y mental, que fueron muy bonitas y valiosas, quedaron profundamente impresas en mí y creo que se han reforzado desde el momento en que dejé el país. No faltan tampoco mi amor por la comida, desde las empanadas hasta los alfajores. Sigo teniendo experiencias increíbles cada vez que visito la gran ciudad azul y blanca.
—¿Recordás el momento en que dijiste: “quiero dedicarme a la actuación”?
—Desde niño, la actuación siempre fue parte de mí. En los pocos canales de televisión que había, entre estos Canal 7, 9, 11, 13, 2, veía películas sin subtítulos y sin sonido. Lo observaba todo de forma visual, incluso en los detalles más pequeños, pero me enfocaba principalmente en la actuación de los actores y desde ahí notaba algunas imperfecciones. Muchas veces terminaba imitándolos o imaginando cómo lo habría hecho yo mejor que ellos.
—Venís de una familia de personas sordas… ¿cómo influyó eso en tu identidad artística?
—Vengo de una familia de personas sordas, o, en otras palabras, de personas muy visuales que utilizamos una lengua exclusivamente visual. Mis padres, Alfio Insolera y María Cristina Drovetta, crecieron en una escuela para sordos, él en La Plata y ella en el Instituto Provolo; eran internos, por lo que la hermandad que mantienen con sus amigos y amigas de infancia es muy fuerte y profunda y, en términos cuantitativos, es una familia de sordos muy extensa, casi como una gran familia ampliada. Con esas líneas y rayos de luz, humor y slang en lengua de señas en la vida cotidiana con todos ellos, tuve sin dudas una influencia artística extremadamente positiva.
He incorporado en mí un lenguaje tejido de micro y macro expresiones faciales y una coreografía precisa desde brazos, manos hasta los dedos. No hay caos, aunque lo parezca desde fuera; hay gramática, estructura, arquitectura interna. Una lengua con reglas propias, orgánica y exacta, que exige años, décadas incluso, de refinamiento fino.

—¿Y cómo llevaste adelante tu educación?
—Yo iba al Instituto Oral Modelo, una escuela para personas sordas, pero no usábamos la lengua de señas. Yo utilizaba ambas lenguas: la sonora en la escuela y la visual fuera de ella. Este era el plan de mis padres: me preparaban para ser bi-modal y estar listo para convivir en ambos mundos, el audio-céntrico y el visual-céntrico. En Italia fui a una escuela para personas sordas, donde se usaba la LIS (Lengua de Señas Italiana) y luego cambié entre varias escuelas, tanto de oyentes como de sordos. Finalmente obtuve la beca Fulbright-Wirth y me fui a la Gallaudet University, en Estados Unidos, la única universidad del mundo para personas sordas. Este recorrido, y el aprendizaje de diferentes lenguas visuales, desde la LSA (Lengua de Señas Argentina), LIS hasta la ASL (Lengua de Señas Americana), me permitió desarrollar no solo un vocabulario visual más amplio, sino también una mayor sofisticación en las configuraciones manuales, las técnicas de movimiento, la fluidez y los distintos estilos de uso a nivel comunicativo.
—En una industria tan centrada en el sonido, ¿creés que todavía falta entender sobre el mundo de los sordos, o como decís, de los visual-centralistas?
—Sí, la fuerza lingüística de la industria cinematográfica es audiocéntrica, todavía no se ha comprendido del todo lo que queremos decir cuando hablamos de nuestro visualcentrismo. No se trata de imágenes visuales en el sentido convencional. Hablamos de lenguas, de nuestras manifestaciones expresivas del pensamiento y del sentimiento a nivel lingüístico. Es otro sistema de input y output comunicativo. Y, sin embargo, esta área sigue siendo en gran parte inexplorada. Aún no se ha entendido en profundidad este territorio.
—¿Sentís que hubo un progreso a raíz de los avances tecnológicos?
—Sí, muchos avances, desde las videollamadas hasta los subtítulos automáticos, que obviamente nos hacen respirar. Es exactamente comparable a lo que representaron para ustedes el nacimiento del teléfono o del cine sonoro. Lo que todavía falta explorar más profundamente es el reconocimiento de las lenguas de señas. A partir de ahí, podrían generarse subtítulos automáticos o incluso una voz de IA que hable por uno. Hay que asegurar siempre que ambas dimensiones, la sonora y la visual, estén bien equilibradas en cada innovación tecnológica para garantizar una accesibilidad justa para quienes las utilizan.
—Trabajaste con estudios enormes como Universal, Disney o Paramount… ¿hubo algún momento en el que sentiste “llegué”?
—“Llegar” no es una palabra que use para describirlo. Estoy de viaje dentro de esta industria y sé que todavía vienen nuevos capítulos. Hay directores y artistas con los que quiero colaborar, eso seguro. Pero, al mismo tiempo, tengo una responsabilidad en términos de representación. Además de romper estereotipos, todavía faltan historias realmente visuales, no como “tema”, sino como lenguaje en sí: una cultura más visual que pueda expresarse sin representaciones erróneas, sin distracciones, sin esa falta de foco en los detalles que realmente importan, y que pueda expandirse con precisión.

Eso es lo que quiero ver como resultado: algo más afilado, más consciente, más avanzado y estético en su intención visual, donde pueda decir sin dudas: “esta película me representa” o “me da orgullo verla”. Esto puede funcionar, sí, pero solo si hay un núcleo pequeño, muy afinado, de profesionales sordos trabajando en el centro del proceso junto a un equipo de oyentes. No como inclusión decorativa, sino como arquitectura real del lenguaje. El ojo del sordo ve lo que el ojo del oyente no ve.
—Tu película Sobran las palabras llegó al Top 10 en más de 40 países… ¿en qué momento te diste cuenta de que esto ya no era un proyecto más?
—Ya me di cuenta desde el momento en que me llamaron para este rol. Es el remake de la película francesa La Famille Bélier, que luego los estadounidenses adaptaron con CODA, hasta el punto de que Troy Kotsur, un actor sordo estadounidense, ganó el Óscar al mejor actor de reparto. Me preparé con algunos diálogos y, durante los primeros días de producción, le dije al director Luca Ribuoli que necesitábamos algunos ajustes en los diálogos, en particular con la lengua de señas, para que el mundo pudiera conectarse con la película. Él me respondió: “Esta es una película italiana, nacional, no pensada para el exterior. Es solamente para Italia.” En ese momento pensé: “No, todavía no entiende con quién está trabajando. Con Emilio Insolera. Y posiblemente no reconoce su propio talento; es un gran director”.

—También alcanzó el primer puesto en Argentina, ¿te sorprendió?
—Me imaginaba que en mi país natal, Argentina, de alguna manera, iba a alcanzar el número uno y así ocurrió. En una reciente video-entrevista con Matías Cufré, periodista sordo argentino de Locufre, la primera radio-streaming en Lengua de Señas Argentina accesible también para oyentes, descubrí un dato interesante a nivel estadístico: muchas personas en Argentina no utilizan Apple TV, por lo que no tuvieron la oportunidad de ver CODA. En ese contexto, Sobran las palabras se convirtió para muchos en la primera película de este tipo. El engagement generado por la comunidad sorda y sus aliados impulsó fuertemente la película en el ranking, acompañado también por el interés de la Generación Z y del público amante de la música. Desde una perspectiva de marketing, los datos muestran claramente que la lengua de señas en el cine es muy marketable: tiene un alto potencial de impacto y conexión con el público.
—¿Qué creés que conecta tanto con el público?
—Creo que lo que conecta tanto con el público de Sobran las palabras es la mezcla de varios elementos potentes. Primero, el contraste constante entre la música armónica y el ruido fastidioso. Esto genera tensión y humor al mismo tiempo, de una forma cómica un poco exagerada e irónica al estilo italiano. Segundo, el amor como lenguaje universal: la conexión y la desconexión entre los personajes muestran que el entendimiento va mucho más allá de las palabras.

—¿Qué te dejó este personaje a nivel personal?
—Me recordó a mi padre de alguna manera. De niño dejó Sicilia para ir a Buenos Aires, a los 10 años, y más tarde, cuando tenía alrededor de 50 años, regresó a Italia con toda la familia, incluido yo, que en ese momento tenía 10 años. Círculo interesante que se repite. Bueno, él tuvo una educación discontinua debido a la situación de la posguerra. A pesar de ser profundamente sordo y comunicarse exclusivamente a través de la lengua de señas, siempre tuvo una gran determinación y una fuerte voluntad para alcanzar sus objetivos.
Su pasión por los autos era tan intensa que, gracias a su fuerte base en matemática aplicada y precisión técnica, logró trabajar como matricero, para varias empresas automotrices. Aparte de mi padre, hoy en día el personaje de Alessandro Musso me deja sonrisas. Sería interesante explorar más este personaje. Me hago preguntas: “¿Qué haría como político?, ¿cómo manejaría el trabajo?» Ya me río solo imaginándolo: un caos total, como un casino, todo desordenado.
—¿Sentís que hoy hay un cambio real en la representación o todavía es más excepción que regla?
—Sí, hoy hay cambios. Hay más apertura por parte de la industria. Pero, al mismo tiempo, todavía sigue siendo más la excepción que la regla. Para mí, el cambio concreto sería cuando el mundo entienda que hablar visualmente es humano y no está reservado únicamente para una categoría de personas.
—¿Alguna vez te ofrecieron un rol que rechazaste por cómo representaba la sordera?
—Sí, he recibido guiones y he tenido que rechazarlos cuando la representación no estaba bien hecha, estaba mal planteada o claramente escrita por personas que imaginan lo que es la sordera o intentan explicar cómo se vive siendo sordo sin haberlo vivido. Siempre estoy abierto a modificarlo si hay espacio para cambios y mejoras.


—¿Cómo ves la relación entre actores de Hollywood y la lengua de señas dentro de la industria actual?
—Debo decir que muchos actores en Hollywood tienen una excelente relación con la lengua de señas y algunos conocen lo básico. Lo primero que me dijo Joaquin Phoenix en una fiesta en Los Ángeles, llevando todavía en la mano el Globo de Oro que acababa de ganar por su papel en Joker, fue que conocía el alfabeto manual. Era muy entusiasta y abierto a expandir la conversación desde ese ámbito. Sebastian Stan también me comentó que tenía un amigo sordo, así que nuestra conversación fue bastante fluida durante las semanas que compartimos rodaje. Incluso me dijo que le gustaría usar más lengua de señas en algunas películas.
El problema muchas veces no son los actores, sino los equipos de producción: hay que formar e instruir mejor a los equipos. Con Quentin Tarantino, por ejemplo, se mostró más bien reservado e inquieto, casi como si su percepción dominante era lo auditivo, con cierta dificultad para mantener una conversación fluida. Aun así, creo que puede ser una figura capaz de generar un gran cambio en la forma de contar historias y en la inclusión de actores sordos en el cine.

—¿Hay prejuicios en Hollywood que el público no ve?
—Sí, seguramente por falta de información correcta y de diversidad mediática. Todo empieza con los guionistas, donde muchas veces no se incorpora la diversidad desde el inicio del proceso creativo. Luego está el casting, donde las agencias de talento no siempre proponen a sus clientes para personajes sordos o visuales. Y después están los directores y productores, que no se atreven a hacer pequeños cambios en el lenguaje del diálogo o en la estructura misma de la escena.

Por ejemplo, en la película The 355, la actriz Jessica Chastain, ganadora del Oscar a la Mejor Actriz y una de las productoras de este proyecto, me ayudó a conseguir una audición con Simon Kinberg, lo que me permitió obtener un papel en la película. Todo esto fue posible no solo porque ella reconocía mi talento, sino también porque estaba familiarizada con lo básico de la lengua de señas y la cultura sorda. Por esto los medios de comunicación, como ustedes, los que moldean cómo se habla de nosotros y de nuestra comunidad visual, tienen un rol muy importante.
—¿Trabajaste alguna vez en una película en Argentina?
—Hace como una década aparecí en el videoclip de María Eva Albistur, “Flash”. Me gustó mucho la vibra, la identidad y el concepto del personaje interpretado por mí. Sería interesante expandir este ángulo y convertirlo en una película. Durante más o menos este mismo periodo me crucé con Gaspar Noé en un bar en la calle Honduras, en Buenos Aires, ambos estábamos de visita, y hablamos de nuestra movida en Japón, él para Enter the Void y yo para Sign Gene. Muy buena onda. Incluso estábamos armando un encuentro, pero el tiempo era corto: ambos en la capital por la misma razón, nuestros padres no estaban bien de salud, y al final perdimos el contacto.

Por otro lado, recientemente, fui contactado por Disney en Estados Unidos para prestar mi voz de doblaje en inglés a un personaje sordo en la serie argentina Limbo, producida por Mariano Cohn y Gastón Duprat. Lo hice, pero en Argentina la serie se realizó con un actor oyente que fingía ser sordo. Lamentablemente, el resultado de su actuación fue incorrecto en varios aspectos. Habría sido mejor contar con un actor sordo real y utilizar su propia voz en castellano, para lograr una representación más auténtica y respetuosa. Hoy en día, me encantaría trabajar en una película argentina, además de Gaspar, Mariano y Gastón, quizá con Ricardo Darín. Creo que juntos podemos crear algo potente.
—Si hoy ese chico que nació en Buenos Aires te viera, ¿qué creés que diría?
—Estaría orgulloso de mí mismo, sin dudas. Quizás me haría algunas preguntas, porque todavía no hago otro tipo de películas que admiraba y sigo admirando.

—¿Qué mensaje le darías a alguien que siente que su diferencia es un límite?
—Para mí, es una forma de bullying no intencional usar el término “capacitado” en oposición a “discapacitado”. Nadie es perfecto. Todos tenemos nuestros límites. Muchas veces, esos límites pueden superarse si buscamos soluciones en lugar de quedarnos dentro del problema. También es importante distinguir si se trata de un límite individual o de un límite externo. Y si lo es, se puede evitarlo o trabajar para cambiarlo. Lo peor es adaptarse pasivamente.
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