POLITICA
Fernando de Andreis: “Hoy Adorni parece más un obstáculo para el cambio que un colaborador”

Este martes, el diputado nacional Fernando de Andreis se refirió a la causa sobre supuesto enriquecimiento ilícito que pesa sobre el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Además, el secretario general de Pro no descartó una potencial candidatura presidencial de Mauricio Macri en las elecciones de 2027 y recordó cómo fue la salida de Patricia Bullrich del partido fundado por el expresidente.
“Hoy Adorni parece más un obstáculo para el cambio que un colaborador. Ojalá termine pronto el tema este, porque le quita energía al Gobierno: es una situación muy incómoda”, analizó De Andreis en medio del rearmado de Pro rumbo a los próximos comicios electorales y con la vuelta a la escena pública de Mauricio Macri. “Acompañar el cambio no es aplaudir todo”, manifestó el espacio político en las últimas horas.
“¿Mauricio Macri va a ser candidato en las elecciones presidenciales de 2027?“, le preguntaron al secretario general de Pro en una entrevista realizada en el programa Volviendo a casa, emitido por Radio Mitre. “Es difícil”, respondió De Andreis, y agregó: “Falta tanto que lo que hoy nos pasa es que, la realidad que viven los argentinos nos obliga a conectar con ellos y no hablar de una candidatura”.
En palabras del legislador nacional, “Mauricio es la persona más idónea para la reconstrucción argentina”. “Pero yo no soy objetivo. Cuando hablo de él se me juega algo muy profundo. Por eso digo que lo mejor que le puede pasar a la Argentina es que Macri sea candidato”, consideró.
Según el dirigente de Pro, lo elemental para delinear una candidatura del expresidente “es trabajar con la ansiedad del círculo rojo y la de la gente en la calle, que se lo pide todos los días”.
Luego, y como contrapeso de su deseo personal, De Andreis puso paños fríos. “Como síntesis, falta muchísimo. Hoy hay que acompañar al Gobierno y levantar la voz para marcar la cancha de lo que falta. Lo que quiere la gente es que al Gobierno le vaya bien”, sugirió el ladero de Macri.
Consultado sobre el rumbo de la gestión libertaria, De Andreis puntualizó: “La tarea que está llevando adelante Milei es titánica”. “Nosotros desde Pro no vamos a ser funcionales al kirchnerismo, por eso seguimos apoyando las decisiones del Presidente», consignó.
En referencia al rearmado del partido fundado por Macri, el secretario general destacó: “Después de casi dos años de una situación complicada, los que nos quedamos en Pro lo hicimos porque compartimos miradas, enfoques y objetivos. Por eso decidimos volver a ponernos las pilas en la reconstrucción”.
“Hace dos meses hicimos un encuentro en Parque Norte con más de 3000 dirigentes de todo el país, una cosa increíble”, recordó De Andreis. “Y en ese evento llegamos a dos conclusiones. La primera es que vamos a mirar para adelante, vamos a reconstruir el partido, con una mirada bien a futuro. Y la otra, que no podemos darnos el lujo de que la Argentina retroceda”, resaltó.
Consultado sobre cuál es el valor agregado que Pro aporta a la discusión política actual, el legislador reflexionó: “Cuando nosotros nos quedamos callados lo que mas se escucha es la critica kirchnerista: el populismo. Esa suerte de música engañosa que muchas veces prendió en la historia argentina de que el Estado soluciona todo, de que todo es fácil y vale el afano».
“Entonces, lo que entendemos es que, el que calla no le hace un favor al Gobierno ni a la transformación que tiene que llevar adelante la Argentina, más bien todo lo contrario“, subrayó De Andreis.
Por último, a De Andreis le preguntaron sobre el abrazo entre Patricia Bullrich y Mauricio Macri durante la cena anual de la Fundación Libertad, que tuvo lugar a fines de abril.
“Es impresionante como la simbología de algunas imágenes de algo tan natural como un saludo respetuoso puede generar tantas lecturas”, espetó el dirigente Pro. “La relación personal entre ambos siempre fue correcta. Mauricio tiene una valoración no menor por el rol de Patricia en su Gobierno y como presidenta del partido, pero hay diferencias desde lo político“.
Al cierre, De Andreis dejó su opinión sobre la partida de la actual senadora de las filas amarillas. “Por supuesto que lastimó y molestó la actitud de Bullrich yéndose de Pro. Pero hay que poner a la Argentina por sobre las personas: hay que dar vuelta esa página”, finalizó
el secretario general de Pro no descartó una potencial candidatura presidencial de,rearmado de Pro,manifestó el espacio político,el abrazo entre Patricia Bullrich y Mauricio Macri,Fernando De Andreis,Mauricio Macri,Manuel Adorni,Conforme a,Fernando De Andreis,,Le cerró la puerta de Pro. El dirigente más cercano a Macri le pidió a Bullrich que deje “de pasar de un partido a otro”,,»Es una joda». Larreta cruzó a un dirigente de Pro cercano a Macri por tratarlo de “socialista”,,»Mi voto es para De Andreis». Macri ratificó su apoyo a la alianza LLA + Pro en las elecciones en la Ciudad
POLITICA
En imágenes: cómo cambiaron la distancia física y los elementos de cuidado durante los anuncios de la cuarentena

1‘minuto de lectura
El de esta tarde fue el octavo anuncio del presidente Alberto Fernández para detallar cómo será la siguiente fase de la cuarentena en el país. Se dio justo cuando se cumplen 100 días desde aquel 19 de marzo, en el que anunció que desde la medianoche regiría el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) en todo el país.
En ese momento, aún no se tenía mucho detalle de cómo evolucionaría la pandemia del coronavirus Covid-19 en el país, ni la importancia del distanciamiento social.
Con cada nuevo anuncio, la separación entre las personas que acompañaron al Presidente durante la conferencia se fue agrandando. Incluso, de cinco personas en el estrado se pasó a tres.
Uno por uno los anuncios








LA NACION,Política
POLITICA
Moyano echó a un dirigente de Camioneros imputado por un fraude de USD 10 millones en un hotel sindical

Claudio Balazic, ex secretario Administrativo del Sindicato de Camioneros y ex hombre de confianza de Hugo Moyano, fue echado este jueves del gremio por una asamblea extraordinaria, aunque ya está imputado en una causa judicial por fraude de unos 10 millones de dólares en el hotel 15 de Diciembre en Mar del Plata.
La convocatoria al congreso sindical para expulsar al dirigente se adoptó de manera urgente, hace 24 horas, ante la inminencia de un agravamiento de la situación de Balazic ante la Justicia, según fuentes de Camioneros.
El expediente, radicado en la Unidad Funcional N° 10 de Delitos Económicos a cargo del fiscal Carlos David Bruna, investiga supuestos sobreprecios en servicios y alimentos del hotel del sindicato, ubicado en Santa Fe 2373, en pleno centro marplatense, a 4 cuadras del Casino y a 2 cuadras de la playa Bristol.

En realidad, la causa se inició a partir de una denuncia judicial presentada el 12 de septiembre de 2025 por Héctor “Yoyo” Maldonado, secretario de Prensa, Cultura y Turismo de Camioneros y estrecho allegado a Hugo Moyano, luego de lo cual, en octubre pasado, el líder del sindicato apartó de sus cargos a Balazic y a Paulo Villegas, secretario Tesorero de Camioneros.
La tensión en Camioneros por la denuncia judicial y el desplazamiento de los dos dirigentes del secretariado fue creciendo porque hubo indicios de que respondía a la dura interna del sindicato: a la semana del apartamiento de Balazic y Villegas, se arrojaron volantes con la leyenda “Marcelo Aparicio dejá de robarle a Hugo M., vos también participaste” frente a la sede del gremio.
Aparicio, conocido como “Feúcho”, es secretario Gremial de Camioneros y cercano a Pablo Moyano, secretario adjunto del sindicato, que mantuvo una prolongada pelea con su padre, Hugo, por fuertes diferencias acerca de la crítica situación financiera de la obra social.

Aunque padre y hijo dieron muestras de haberse reconciliado hace tres meses, en la asamblea donde se echó a Balazic, sugestivamente, Pablo Moyano y Aparicio no estuvieron sentados junto al líder de Camioneros sino en las últimas filas del salón del hotel Intersur, en el barrio de San Telmo, donde se hizo el encuentro.
Durante la asamblea, a la que no concurrió Balazic para defenderse, se dieron detalles acerca de las supuestas irregularidades cometidas por el acusado. Por ejemplo, según uno de los congresales presentes, el ex dirigente de Camioneros habría cerrado 6 habitaciones del hotel para unirlas, las alquilaba para eventos o fiestas y las cobraba con facturas emitidas a su nombre.
Además, de acuerdo con la misma fuente, se habría verificado que el acusado llegó a encargar a proveedores unos 53 mil kilos de pescado por año, como constaría en pedidos facturas que están en poder de la Justicia, y que no habrían tenido que ver con servicios del hotel.

Según se informó en la asamblea, como consecuencia de las presuntas irregularidades detectadas, el sindicato presentaría también una denuncia judicial contra algunos proveedores de mercadería del hotel.
Además de Balazic y Villegas, en la causa están imputados un contador y varios ex empleados del hotel, y bajo análisis de la Justicia figurarían cheques firmados por algunos de los directivos desplazados.
“La causa está en pleno trámite, se recolectaron pruebas, en especial documentación y testimonios del personal del hotel, y siguen están trabajando los peritos contables e informáticos”, dijo una fuente judicial.
El escándalo del fraude en el hotel marplatense sacudió al Sindicato de Camioneros porque coincide con las innumerables quejas de los afiliados por el corte de prestaciones médicas por la crisis de la obra social, los acuerdos salariales a la baja y las protestas que hubo en la rama de recolección de residuos por no haber recibido indemnizaciones por la llamada “Ley Moyano”.
POLITICA
María Soledad Morales. Mentiras, traiciones y escándalos, en el camino a las condenas por el crimen

1‘minuto de lectura
Ya estaba curtida de periodistas nacionales San Fernando del Valle de Catamarca cuando, el 15 de agosto de 1997, comenzó el segundo y definitivo juicio por el asesinato de María Soledad Morales. El movimiento de los móviles con sus antenas parabólicas y la incesante procesión de mujeres y hombres desconocidos en el centro cívico de la capital se convirtieron desde ese día, y durante 87 jornadas, en una nueva postal cotidiana para una provincia que, siete años antes, había implosionado y se había partido en dos.
El crimen de la estudiante había despabilado a una sociedad que se mostraba mansa ante el poder aparentemente inquebrantable de la dinastía de los Saadi. El homicidio había dejado al descubierto un secreto a voces: el de las fiestas de sexo y drogas de los «hijos del poder», amparados en un aparato aceitado que los cobijaba con un manto de impunidad. Y la presencia del periodismo nacional alimentó la rebelión de los oprimidos y algunos sectores políticos vernáculos entrevieron en aquellas marchas del silencio capitaneadas por una monja y dos padres atravesados por el dolor la posibilidad real del cambio de paradigma en Catamarca.
La investigación atravesó distintas fases, la intervención federal de la provincia sacudió las estructuras del poder real catamarqueño y el caso Morales -y la acusación sobre Luis Luque, hijo del viejo Ángel, uno de los fieles laderos del patriarca Vicente Leónidas Saadi y sus herederos- abrieron en la provincia una grieta que dividió a la sociedad. Fue como si la hubiese dejado al desnudo y todos pudieran ver lo que, durante décadas, callaron u ocultaron con esmero o con hipocresía.
El primer juicio, en 1996, corrió el telón de esa trama shakespeariana que regía a la sociedad catamarqueña: se descubrieron amantes, se develaron traiciones, se negaron grandes verdades y se dieron por ciertas flagrantes mentiras. Televisado en vivo y en directo para todo el país, los argentinos asistieron extasiados al drama y al absurdo: los careos, las acusaciones cruzadas, revelaciones morbosas (como aquel testigo que negaba enfáticamente haber tenido una relación amorosa con esa mujer que le reprochaba por haberle dado «los mejores 40 años de su vida»). Fue una suerte de The Truman Show de provincia andina que terminó abruptamente no porque el protagonista advirtiera que era un títere de un director de cine, sino porque las cámaras de TV habían captado los gestos espurios entre dos jueces que digitaban el devenir de las audiencias de debate.

Catamarca no se podía permitir un nuevo ridículo como aquel, así que en agosto de 1997 comenzó el nuevo juicio, pero ya no se televisó en vivo. Decenas de periodistas -la mayoría, porteños- debieron seguir las alternativas de las audiencias y las declaraciones de los testigos desde la pantalla de un televisor de tubo, de 20 pulgadas, en un salón frío situado justo encima de la sala de debate. Abajo, solo los tres jueces (otros tres), el fiscal cordobés Gustavo Taranto, los abogados defensores de Guillermo Luque y Luis Tula -los únicos acusados de un crimen que, evidentemente, requirió de muchos más partícipes- y los testigos, además del público, mayormente allegados a los imputados.
Casi todos los testigos eran los mismos que en el juicio anterior. Muchos fueron selectivamente desmemoriados (el «no me recuerdo…», patentado en el primer debate, gozaba todavía de excelente salud) y otros parecían virtuosos de la memoria fotográfica.
La columna vertebral del proceso era determinar si Luque, que en tiempos del crimen estudiaba en la Capital Federal, había estado en Catamarca el fin de semana en que un grupo de jóvenes y hombres se llevó del boliche Clivus a María Soledad para, en una fiesta de excesos y drogas, violarla y matarla. Y años de favores del Estado, deudas, miedos y ventajismos hicieron que, en pos de defender una u otra versión de los hechos, estallaran las polémicas, las acusaciones, las denuncias.

«¡Esta es la capital de la mentira!», dijo en aquellos días, con tono mordaz, Ángel Luque, cuando debió declarar en la causa en la que se lo acusaba de haber formado parte de un plan para matar a Tula, coimputado con su hijo, en un aparente intento de hacerlo callar. Resumía en una frase algo que, por entonces, se había convertido en una muletilla en el centro cívico de San Fernando del Valle: cualquier interlocutor se ufanaba de ser el único que decía la verdad entre tantas falsedades. La desconfianza se había vuelto, allí, una forma de vida.
El papel del periodismo
El periodismo hizo de las suyas: las salidas de los testigos, al cabo de cada declaración, eran tumultuosas; un enjambre de micrófonos, grabadores y viejos teléfonos celulares con tapa rebatible atacaba el rostro del ocasional declarante, que tenía entonces sus cinco minutos de fama. Hubo momentos inconfesables y otros hilarantes, como cuando la madre de Luque, Edith Pretti, arrancó su alocución ante el tribunal diciendo «Yo no sé si hay vida en otros planetas, señor juez…», como introducción a su larga diatriba contra uno de los testigos contra su hijo, José Antonio Gallo Melo, que en alguna ocasión dijo que había tenido un encuentro cercano del tercer tipo. Acusaban a Gallo Melo de ser un ex saadista desencantado.

Pero, así como hubo declaraciones estrambóticas, también hubo revelaciones, como la de Jesús Muro, al que le tomó dos audiencias decidirse a contar lo que sabía. Dijo que ya no toleraba el peso del secreto que llevaba siete años atragantado y confesó que, desde la barra de Clivus, donde preparaba tragos, había visto a Luque, entre otros jóvenes «del poder», llevarse a María Soledad, que apenas podía caminar, afectada, aparentemente, por bebidas que le habían suministrado. «Se quebró Muro», gritaban en la sala de periodistas y en la calle. Su testimonio fue demoledor para los acusados.
El segundo juicio no tuvo el rating del primero, por razones obvias. Pero, igual, desnudó las intimidades del poder saadista y le puso punto final a la causa, el 27 de febrero de 1998, con las condenas de Guillermo Luque, el hijo del exdiputado de la vieja guardia peronista, a 21 años de prisión por homicidio, y de Tula, que recibió una pena de 9 años de cárcel como «entregador» de la chica para que la drogaran y la violaran.

De aquella Catamarca, de aquellos días frenéticos en los que esa ciudad enclavada en el valle entre las sierras de Ancasti y de Ambato fue el epicentro del país, queda el monolito de la ruta 38, frente al Parque Daza. Ya nadie canta, como en aquellos días en que la Argentina toda miraba a la capital de la Fiesta Nacional del Poncho: «¡Estamos todos! ¡Solo falta Sole!».
Fernando Rodríguez,LA NACION,Política
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