POLITICA
Fishel Szlajen fue condecorado “Comendador Magistral de Ética”

El pasado domingo 31 de mayo, el rabino Dr. Fishel Szlajen fue distinguido en el salón Presidente del Palacio Barolo con la Superior Condecoración de Comendador Magistral de Ética, en reconocimiento a una trayectoria dedicada a proyectar la reflexión moral más allá del ámbito académico y convertirla en criterio aplicado a políticas públicas.
Rabino, magíster y doctor en filosofía, posdoctorado en bioética, miembro de academias nacionales e internacionales y de la Comisión Nacional de Bioética, Szlajen ha consolidado una obra singular dentro del pensamiento ético argentino contemporáneo. Su producción se ubica en el cruce entre tradición religiosa, filosofía moral, bioética, derecho, educación, salud, tecnología y políticas públicas, con intervenciones concretas sobre dignidad humana, autonomía, objeción de conciencia, aborto, eutanasia, responsabilidad institucional y límites morales del poder.
Esta máxima distinción que otorga el Palacio Barolo adquiere especial relevancia en una época atravesada por dilemas sanitarios, educativos, jurídicos, políticos, tecnológicos y sociales, donde la ética ya no puede ser entendida como una reflexión abstracta, sino como una condición de legitimidad para toda política pública que afecte derechos, instituciones y vidas humanas. Recientemente distinguido también con el Premio Konex 2026 Diploma al Mérito en Ética y Bioética, Szlajen ha recibido en 2025 la Medalla de Plata y Diploma de Honor por la Pontificia Academia para la Vida, Vaticano; el Estado de Israel lo distinguió en 2020 por la elaboración del Protocolo de Triage y Asignación de Recursos Vitales; en 2019 fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura Porteña y en 2018 el Senado Nacional le otorgó la Mención de Honor Domingo F. Sarmiento.
La condecoración fue otorgada por decisión de la Superior Junta Palaciega de Honor, y efectivizada por el Mons. Adrián Guedes Domínguez de Álzaga, Comandante General y autoridad ceremonial del Palacio Barolo. El grado de Comendador remite a la distinción honorífica vinculada a la encomienda de responsabilidad, servicio y guía en favor de valores superiores. La mención Magistral de Ética destaca una trayectoria dedicada a pensar los problemas morales de nuestro tiempo desde una perspectiva filosófica, jurídica, bioética, religiosa e institucional.

El Palacio Barolo, ícono arquitectónico de Buenos Aires inspirado en la Divina Comedia de Dante Alighieri, ofreció un marco especialmente significativo para esta distinción. El reconocimiento propuesto por una autoridad católica y de una fuerza activa federal a un rabino académico dedicado a las políticas públicas expresa, además, una escena de cooperación entre tradiciones religiosas que, sin diluir sus identidades, pueden aportar al espacio público criterios prácticos de responsabilidad, prudencia y respeto por la dignidad humana.
Con más de 400 publicaciones, una extensa labor académica y activa participación en el diseño, evaluación y promoción de iniciativas legislativas y políticas públicas, uno de los aportes conceptuales característicos de Szlajen es la formulación de una Ética del Límite como categoría moral, jurídica y civilizatoria. Su pensamiento insiste en la necesidad de establecer límites al poder, a la técnica, a la arbitrariedad, al decisionismo político y a toda intervención institucional que, aun invocando eficiencia, urgencia o progreso, pueda vulnerar la dignidad de las personas.
En tiempos de decisiones públicas cada vez más complejas sobre salud, educación, innovación tecnológica, datos públicos y derechos individuales, la trayectoria de Szlajen articula un perfil poco frecuente: pensamiento filosófico, experiencia bioética, inserción institucional, sensibilidad religiosa, conocimiento jurídico y capacidad de intervenir en debates públicos con criterios de orientación práctica.

El nombramiento estuvo acompañado por la distinción Condecoración Ceremonial de Mayo a la Dra. Mónica Nefke, gobernadora del Rotary Internacional, y a la Dra. Graciela Villota, Fundadora de Global Planet of Children, por sus servicios a la sociedad y a la infancia respectivamente.
La condecoración a Fishel Szlajen no sólo celebra una trayectoria personal, sino también una contribución sostenida al campo de las humanidades aplicadas. En una época que exige decisiones veloces, pero también responsables, su obra recuerda que ninguna política pública puede ser verdaderamente legítima si pierde de vista el límite moral que protege a la persona humana.
POLITICA
El Gobierno volvió a colocar las piedras del memorial por las víctimas del COVID-19 en Plaza de Mayo

El Gobierno restituyó las piedras en homenaje a las víctimas de la pandemia de COVID-19 en Plaza de MAyo. Habína sido sacadas de manera preventiva con motivo de las celebraciones por el segundo puesto de la Selección Argentina en la Copa del Mundo.
La restitución se realizó en forma conjunta con personal del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Tal como se había anunciado al momento de su retiro, la medida tuvo como única finalidad preservar las piedras y evitar que sufrieran daños durante las celebraciones masivas. Finalizado el evento, las piedras fueron reinstaladas en el mismo lugar donde se encontraban originalmente.
Fuentes oficiales señalaron que la medida fue adoptada por recomendación de las fuerzas de seguridad y que las familias de las víctimas fueron notificadas previamente sobre el procedimiento.
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El memorial fue instalado en 2021 durante una convocatoria impulsada por familiares de fallecidos por coronavirus. Cada piedra lleva escrito el nombre de una víctima y fue colocada como símbolo de recuerdo y homenaje. Con el paso del tiempo, el espacio se convirtió en un lugar de conmemoración permanente en Plaza de Mayo.
El primer intento de hacer este homenaje fue el 16 de agosto de 2021, durante la primera Marcha de las Piedras que se organizó a través de redes sociales luego de que la Argentina superara los 100 mil muertos por coronavirus. La idea era que hubiese una ofrenda por cada muerto por coronavirus en Plaza de Mayo y en la Quinta de Olivos.
En ese momento, miles de personas se trasladaron hasta la Casa Rosada para dejar sus ofrendas, que llevaron la inscripción de los nombres de los fallecidos por la pandemia de Covid. El deseo era que quedaran allí, como muestra de homenaje.
COVID-19, Homenaje, Plaza de Mayo
POLITICA
A un año de la entronización. Un presidente inesperado, de cara a los peores fantasmas

1‘minuto de lectura
En su teléfono asomaron uno, dos, tres mensajes de Telegram.
-¿Pasó algo?-tipeó Alberto Fernández, preocupado, en su celular.
-Vení a verme urgente, tengo que hablar con vos-le contestó Cristina Kirchner.
Alberto Fernández no planeaba ser presidente. No se le cruzaba por la cabeza. Caminaba el llano desde 2008. Su ambición política pasaba por ser el arquitecto de la unidad del peronismo y ganarle a Mauricio Macri. Si el PJ triunfaba, bromeaba en tertulias con amigos, a lo sumo tendría la embajada en Madrid.
Armador de carreras ajenas, Fernández había dado el paso más difícil: reconciliarse con Cristina. Al hacerlo, dejó atrás una pelea de nueve años que parecía no tener retorno. Tras esa reconciliación, Fernández comenzó a trabajar sigiloso para volver a llevar a la ex presidenta a la Casa Rosada. Pero la historia dio un vuelco inesperado. Y fue por decisión de ella.
Esa mañana de mayo, un año atrás, Fernández estaba dando clases en la Facultad de Derecho. Cuando Cristina insistió con los mensajes, él entendió que era importante. A las 15, llegó a verla al departamento de Florencia Kirchner, en Constitución. Y se quedaron los dos a solas en el comedor. «Me dijo que lo pensó mucho. Que ella tal vez podía ganar pero que le iba ser muy difícil gobernar porque la Argentina estaba demasiado enfrentada. Que hacía falta alguien que pudiera abroquelar a todos los nuestros y también convocar a gente que no estaba con nosotros», relató Fernández a en 2019.
-Así que llegué a la conclusión que el candidato tenes que ser vos…
-Honestamente, no me parece una buena idea. Pensalo bien porque vos no transferís tus votos a nadie-reaccionó Fernández.
-No, no.. ¡Yo voy a ser tu candidata a vicepresidenta! Por todo lo que vos trabajaste en este tiempo, tomé esta decisión… El candidato tenés que ser vos.
Un año después, Alberto Fernández gobierna el país en completo estado de excepción, con los índices económicos desplomados y en un camino de cornisa al borde del default
Fernández le contó la noticia a muy pocas personas. A su pareja, Fabiola Yáñez, y a su hijo, Estanislao, les pidió que se hicieran a la idea. El viernes 17 de mayo fue a un asado con intendentes en Lomas de Zamora y disimuló toda la noche. Pero de regreso, en el auto, se lo confesó a Santiago Cafiero, el joven que se había ganado su confianza en los encuentros del Grupo Callao. Al día siguiente, el sábado 18 de mayo, hace exactamente un año, Cristina anunció la candidatura con un video en Twitter. Y sorprendió al país.
A partir de entonces, Fernández se lanzó a una carrera vertiginosa. Sedujo a los gobernadores peronistas y a Sergio Massa. Encolumnó detrás de su candidatura a un PJ que había jugado dividido en los tres últimos turnos electorales. Él, que supo ser el kingmaker de Néstor cuando nadie sabía cómo se escribía Kirchner, ahora debía demostrar que no era un títere de Cristina. Con un país polarizado, debía intentar saltar la grieta abrazado al kirchnerismo. Y en medio de una profunda crisis, debía convencer que pondría «a la Argentina de pie» sin anticipar un plan económico.

A un año de aquella entronización, hoy Alberto Fernández gobierna el país en completo estado de excepción, con los índices económicos desplomados, una espiralización del dólar y en un camino de cornisa al borde del default. Todo ello cuando la pandemia del coronavirus que puso en jaque a mundo aún no llegó a su pico en el país. «Ya sabíamos que íbamos a gestionar con la mochila de la deuda y sin plata. Pero nos cayó encima como una bomba el coronavirus», reconoce a el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.
A cinco meses de asumir, Fernández gestiona con «superpoderes». Su primera decisión fue trabajar sin ley de presupuesto y su primera acción de gobierno, redactar un proyecto de emergencia que le otorgó atribuciones extraordinarias. Con el coronavirus se inauguró, el 12 de marzo, la emergencia sanitaria. Desde entonces, fueron sancionados 23 decretos de necesidad y urgencia. El último le otorgó al jefe de Gabinete la potestad de ampliar y redistribuir los fondos del Estado hasta fin de año, sin pasar por el Congreso.
Con un mundo en una postal apocalíptica, Fernández siguió el paradigma sanitarista y puso al país en cuarentena. Fue una medida inédita. Pese a la crítica coyuntura, en pandemia el Presidente subió su nivel de aprobación pública. Llegó a cosechar una imagen positiva de más de 80 puntos. «Alberto mostró su mejor versión en la pandemia. Pensó, como jurista, que el primer derecho es a la integridad física», dice su amigo Eduardo Valdés.

Pese a que goza de un alto nivel de aceptación en los sondeos, Fernández neutraliza cualquier intento de fortalecer una línea política propia. Tiene en claro los riesgos que eso implicaría. «Él es el primero que le dice no al albertismo. Sabe que debe mantener al frente unido. Su lógica de construcción de poder es armonizar», dice un estrecho colaborador de su entorno.
Mesa chica
Desde el día uno, Fernández supo que su rol pasaría por arbitrar en el frente que lo llevó al triunfo. Sin embargo, construyó en torno suyo un círculo de personas de confianza, que nutrió de relaciones que cosechó a lo largo de su vida y que hoy comanda de manera radial.
El Grupo Callao -la usina de dirigentes jóvenes y poco conocidos que había quedado como resabio de la frustrada campaña de Florencio Randazzo en 2017- fue el que lo escoltó en la campaña. De un día para el otro, los debates en el café Los Galgos dieron a lugar a un búnker electoral en la calle México. Cafiero se consolidó como su mano derecha. Matías Kulfas y Cecilia Todesca fueron sus personas de consulta en materia económica. Miguel Cuberos se ocupó de la logística y la puesta en escena. A Juan Pablo Biondi le encargó la comunicación, aunque más como un ladero todoterreno que como un simple vocero.

Tras las PASO, Fernández tuvo el primer botón de muestra del cambio que implicaría la investidura presidencial. En la gira de México, quisieron custodiarlo como si fuera un mandatario electo. «Protestó durante todo el viaje», recuerda Cuberos. Aún hoy el Presidente discute por la Casa Militar por el protocolo.
Fernández se alzó con 48 puntos en octubre y se recluyó en un piso de Puerto Madero para organizar la transición, lejos del escrutinio público. Fue entonces cuando sumó a su esquema a dos amigos del PJ porteño que recalaron en la Casa Rosada: Julio Vitobello se convirtió en secretario de la Presidencia y Juan Manuel Olmos, en su jefe de asesores. Acercó a un joven, Julián Leunda, a quien conocía como productor del canal C5N, para la gestión de asuntos políticos sensibles.
El ministro del Interior, Eduardo «Wado» De Pedro, jefe de La Cámpora devenido en articulador político, es hoy considerado por Fernández como uno de sus funcionarios más importantes
Fernández también convocó a dos personas que se convertirían en custodios silenciosos de la gestión presidencial: Gustavo Béliz y Vilma Ibarra. Ambos con perfil extrabajo, habían tenido un distanciamiento traumático con el kirchnerismo y simbolizaron, con su solo nombramiento, una señal de independencia hacia Cristina Kirchner.

Béliz, que llevaba quince años en el ostracismo, se reencontró con Fernández en su departamento de Puerto Madero una mañana después de las PASO, con la excusa de una entrevista que el por entonces candidato tendría con el arzobispo Marcelo Sánchez Sorondo. Cuando el prelado se fue, Fernández y Béliz se quedaron conversando durante horas. Hablaron de todo y llegaron a emocionarse hasta las lágrimas. Béliz luego le acercó un paper con ideas para un Estado «moderno». A Fernández le gustó y lo convenció para volviera. Con Ibarra -que fue su pareja durante muchos años- Fernández conservó siempre una relación de respeto. Logró convencerla para que dejarla un puesto estratégico en una de las firmas más importantes del país y volviera a lo público.
Fernández conformó un gabinete de 20 carteras, sin superministros ni primus inter pares. Colocó a su socia de toda la vida, Marcela Losardo, en el ministerio de Justicia y a su viejo amigo, Claudio Moroni, en Trabajo. Y repartió el resto de las carteras entre sus socios políticos. El kirchnerismo se reservó puestos con manejo de caja, como PAMI, YPF o la DGI y lugares institucionales importantes, como la Procuración del Tesoro, la Oficina Anticorrupción, la secretaría de Derechos Humanos y la IGJ. La Anses, el brazo del Estado con mayor llegada al territorio, estuvo a cargo de uno de los economistas que disertaba en el Instituto Patria, Alejandro Vanoli. Por problemas de ineficiencia, el Presidente lo apartó y designó a Fernanda Raverta una referente de La Cámpora que deslumbró a Fernández en la campaña. Máximo Kirchner resaltó en los últimos días que los mejores cuadros de su agrupación recalaron en el gabinete de Alberto.
Entre quienes ganaron en la consideración del Presidente figuran ministro del Interior Eduardo «Wado» De Pedro, jefe de La Cámpora devenido en articulador político. Hoy es considerado por Fernández como uno de sus funcionarios más importantes. Otra figura clave es el intendente de Hurlingham, «Juanchi» Zabaleta, que se erigió como su principal enlace con el conurbano bonaerense, el territorio que obsesiona al Presidente en tiempos de pandemia.

Fernández asumió la presidencia el 10 de diciembre con un llamado a una «solidaridad en emergencia», desde entonces su leitmotiv. «No cuenten conmigo para seguir transitando el camino del desencuentro», dijo. Advirtió que «el país tiene la voluntad de pagar su deuda, pero carece de capacidad para hacerlo». Y anunció que impulsaría una reforma judicial y de los organismos de inteligencia para terminar con los «sótanos de la democracia». Todavía no la presentó.
El intendente de Hurlingham, «Juanchi» Zabaleta, se erigió como su principal enlace con el conurbano bonaerense, territorio que obsesiona al Presidente en tiempos de pandemia
A los pocos días de asumir, Fernández se alzó con la ley «ómnibus» de emergencia económica, la «llave maestra» para gestionar la crisis con plenas atribuciones presidenciales. «La sanción de esa ley fue la primera demostración de fortaleza institucional de Alberto», dice hoy un alto funcionario.
Fernández tomó en pocos días medidas que resultaron antipáticas para distintos actores económicos como la suspensión de la movilidad jubilatoria, el decreto anti despidos, el impuesto PAIS a la compra de dólares y las retenciones al campo. Zigzagueó en los primeros conflictos y evitó desbordes con los gremios, los movimientos sociales y los empresarios. «Nosotros le decimos que es muy suertudo. Es el único que puede visitar al Papa, anunciar su proyecto de legalización del aborto y seguir trabajando con los curas», dice Valdés.
Cuarentena en Olivos
El día que asumió, Fernández le dijo a sus colaboradores que iría todos los días a trabajar a la Casa Rosada: «Néstor desde Olivos no trabajó nunca», comentó. Sus planes se vieron súbitamente interrumpidos por la pandemia. Hace casi dos meses que Fernández no pisa Balcarce 50. El Presidente mudó su lugar de trabajo a la Jefatura de Gabinete en la quinta de Olivos.

Se acostumbró. Por la mañana realiza caminatas por los parques y lee los diarios en el chalet presidencial. Cerca de las 10.30 pasa a la zona de trabajo común. Por la quinta circulan sin pedir permiso solo un puñado de colaboradores. Vitobello, Béliz, Biondi, Guzmán y Leunda comparten jornada completa, mientras que Cafiero, Todesca e Ibarra se reparten entre la Casa Rosada y Olivos.
El día que asumió, Fernández dijo que iría todos los días a la Casa Rosada: «Néstor desde Olivos no trabajó nunca», comentó. Por la pandemia, hace casi dos meses que Fernández no pisa Balcarce 50
El Presidente, que tiene fama de impuntual, trabaja con una agenda que, en buena parte, se arma sobre la marcha. Tuvo que aprender a delegar: hoy la gestión diaria de los ministerios está a cargo de Cafiero, mientras que él se concentra en el coronavirus y la negociación de la deuda. El Presidente hace, sin embargo, llamadas a sus funcionarios por asuntos puntuales, en general durante la noche. Al final del día, se da un tiempo para mirar series en Netflix con Yáñez.
En los últimos días, Fernández citó a Olivos aun cura que tiene fama de hacer milagros. El religioso le dijo que habría «luz» para la Argentina y el Presidente lo tomó como una buena señal.
Con Cristina se reunió varias veces a solas en los últimos 55 días. «Se vieron más veces que las que trascendieron públicamente», reconoce un colaborador presidencial. A ella, a diferencia de otros visitantes, la recibe en el chalet presidencial. Nadie, ni los colaboradores más cercanos, saben a ciencia cierta qué se dicen cuando se ven. «Solo ellos dos saben lo que hablan ahí», dicen en el entorno de Fernández. «A veces estamos de acuerdo y a veces no, pero yo la escucho por su gran capacidad e inteligencia», dijo Fernández días atrás sobre uno de esos encuentros.
«Lo que hay con Cristina son diferencias de lenguaje y de método, no de fondo. Alberto es un hombre que va por los acuerdos, Cristina es más explosiva. Ella tiene un dolor, una llaga, que le dificulta superar la grieta», dice alguien que conoce de cerca a los dos.
En los últimos días trascendió que a la vicepresidenta no le gustó el acercamiento que Fernández exhibió con Horacio Rodríguez Larreta. «No es que le molestó, simplemente es algo que ella no podría hacer», aseguran allegados a la vicepresidenta. Un estrecho colaborador presidencial aseguró que fue testigo de un mensaje que Cristina le envió a Alberto diciéndole que le había gustado la foto con Axel Kicillof y el jefe de gobierno porteño en el último anuncio de la cuarentena.
La bandera blanca duró poco. La decisión del jefe de gobierno porteño de liberar el comercio en la Ciudad puso en pie de guerra a La Plata y a intendentes del kirchnerismo que temen que la mayor circulación del virus desborde la General Paz. Fernández intentó poner orden y se sacó otra instantánea con Rodríguez Larreta en Olivos.
La relación con la oposición y la revisión del pasado es algo que deja a la luz las diferencias de criterio entre el Presidente y su vice. Cristina sostiene que existió un lawfare y que su situación en los tribunales es producto de una persecución política del macrismo. El kirchnerismo duro tenía redactada desde hace meses la denuncia penal contra la llamada «mesa judicial» del ex gobierno que presentó en los últimos días. Fernández había pedido evitar la guerra en los tribunales.
El Presidente aspira ahora a impulsar una reforma judicial que lleve su nombre, un proyecto hasta este fin de semana muy pocos conocían. Abrirá otro frente de tormenta, justo cuando está de cara a los peores fantasmas.
Hoy, a un año del inicio de su carrera presidencial, enfrenta el momento más duro de su gobierno. Le toca atravesar la peor parte de la pandemia y transitar el sprint final de una negociación de la deuda que lo tiene al filo del default.
Maia Jastreblansky,LA NACION,Política
POLITICA
Misiones: dos senadores clave para el Gobierno quedaron en medio de la interna entre Passalacqua y Rovira

La disputa entre el gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua, y el caudillo Carlos Rovira, quien representó el poder real en la provincia durante las últimas dos décadas, tendrá un round en el Congreso de la Nación. Será durante la votación del proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada en el Senado.
Los senadores Carlos Arce y Sonia Rojas Decut están frente a dos planteos irreconciliables. O acompañan al mandatario, que se opone, o se mantienen en línea con el “hombre fuerte”, quien tiene un acuerdo con la Casa Rosada.
Según la última versión que se maneja en Posadas, cuando el proyecto sea tratado en la sesión del 6 de agosto, la voluntad de los senadores misioneros se manifestará en una diagonal.
Como gesto hacia los acuerdos de Rovira con Balcarce 50, bajarían al recinto y votarían a favor en general. Pero cuando se debata en particular, se expresarían en contra del capítulo 3, como guiño a Passalacqua.
El apartado en cuestión se refiere a la venta de tierras a extranjeros. Uno de los hombres de confianza del gobernador misionero, Carlos Sartori, dijo al medio local El Territorio que el capítulo representa un riesgo para la provincia. El 90% de los límites de Misiones es frontera con Brasil y Paraguay. En Posadas hay temor por la pérdida de reservas de biodiversidad y recursos hídricos estratégicos.

Arce y Rojas Decut jugarán a la escondida hasta el último minuto. Por un lado, saben que el “poroteo” está muy ajustado. Y eso preocupa al gobierno nacional, que se juega una ficha clave con la iniciativa. Pero, por otro, son conscientes de que su supervivencia política en Misiones, habida cuenta del giro gravitacional que se registró en el oficialismo, está en riesgo si no acompañan la voluntad del gobernador.
El escenario
Passalacqua pidió a los senadores nacionales de su provincia que no voten la ley que impulsa la Casa Rosada. Fue durante una reunión que mantuvo con ambos legisladores en el Instituto de Biodiversidad a mitad de semana. El título del encuentro era elocuente: “Extranjerización de tierras. Reforma a la ley 26.737”.
Hasta hace unos meses, los tres compartían el mismo espacio político: el Frente Renovador de la Concordia (FRC). Pero Rovira decidió romper para frenar las intenciones reeleccionistas de Passalacqua. Así que ahora los senadores, que son roviristas, quedaron en Encuentro Misionero (EM). Y el mandatario formó el Movimiento por lo que viene.
Rovira tiene desde siempre un pacto con el Ejecutivo nacional. El acuerdo es independiente de qué fuerza ocupe el sillón de Rivadavia. Sus legisladores nacionales han acompañado todos los proyectos que venían de Balcarce 50 en las últimas dos décadas.
Pero la ecuación de poder en Misiones cambió. El veterano caudillo está de salida. Ya adelantó que no será candidato en 2027. Y todos los días dirigentes y referentes del rovirismo buscan el sol que brilla en la vereda del gobernador.

De allí que, a esta altura, la fidelidad de Arce y Decut, que llegaron a sus bancas por el dedo del caudillo, haya entrado en la separación de bienes del divorcio Rovira-Passalacqua.
Un documento premonitorio
Viviana Rovira es prima de Carlos y esposa del gobernador. Con su pariente no se habla desde hace un tiempo. Hoy por hoy, ocupa la titularidad del Instituto de Biodiversidad y lidera la Red de Mujeres que trabaja por la reelección de su marido.
El grupo emitió hace una semana un documento. En el escrito, pidió a los tres senadores misioneros, incluyendo a Martín Goerling (PRO), que voten en contra del proyecto. El representante del macrismo, que suele estar en línea con La Libertad Avanza, fue contundente. Adelantó que acompañará la norma y que el gobierno misionero “tergiversa” el texto del proyecto en discusión.
El reclamo de la Red fue a todo o nada. “No pedimos abstenciones. No pedimos ausencias oportunas. Pedimos votos negativos, con nombre y apellido, registrados en la votación nominal”, indica el texto.
“Instamos al pueblo de la provincia de Misiones a llevar adelante todas las acciones que estén a su alcance —institucionales, comunitarias y ciudadanas— en defensa de la intangibilidad del patrimonio territorial de la provincia. La tierra no se defiende sola. La defiende un pueblo que sabe lo que le pertenece”, añade.
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