CHIMENTOS
Flor Álvarez emocionó a Marcelo Tinelli al recordar sus inicios: de cantar en el subte a ser viral

Marcelo Tinelli y Flor Álvarez compartieron una charla distendida en la previa del partido entre Argentina e Inglaterra, donde la cantante repasó su historia personal, su presente artístico y expresó su pasión por la Scaloneta.
Todo sucedió cuando el conductor recibió a la invitada en Infobae Mundial. Al presentarla, Tinelli expresó que se trataba de “una de las mejores del momento”, destacando su crecimiento y el impacto que genera en las redes sociales. “Me encanta cómo va creciendo y va creciendo y va creciendo y hace colaboraciones y cada vez está más metida. Del subte donde arranca o de casi una chica de la calle. Gran historia. Gran historia de vida. Señores, fuerte el aplauso para presentar a Flor Álvarez”, afirmó el comunicador.
Luego, adentrándose en el clima del partido, Marcelo le consultó a Álvarez por su relación con la selección argentina y sus rituales familiares durante los partidos. La cantante explicó: “La selección a mí me saca. Soy de Chicago, pero no soy muy futbolera. No es que me cuelgo a todos los partidos. Pero claro, juega la selección y sí. En mi casa yo estoy con mi pareja y mi hermano. Nosotros cábala, los tres. Si capaz vamos a la casa de mi tía y vamos los tres juntos. O sea, pero no nos separamos. Si arrancamos a ver los tres, vamos los tres”.
Al recordar sus comienzos, Álvarez relató: “Laburaba en el subte y sobrevivía. Y un día subo un video y yo no tenía ni celular, entonces así como lo subo, se hizo viral y yo no entendía nada porque la gente en el subte pasaba y me decía: ‘Qué grande es Flor, qué grande’. Digo: ‘¿Por qué todo el mundo sabe mi nombre?’”.
En otro tramo de la charla, Álvarez recordó el momento en que su carrera tomó impulso. “A los dos días Fer me manda un mensaje, Fer, cantante de Rombai, y me dice: ‘Juntémonos a hacer una cumbia’. Y yo no podía creer. Yo lo escuchaba desde los catorce años a Fer. Y a los dos días viajé a Uruguay. Yo no entendía nada. Recorrí todo Uruguay. La gente de Uruguay siempre me recibió muy bien, así que también muy agradecida con toda la gente de Uruguay. Y fuimos a tocar a Chile, a Brasil, a Paraguay, a Bolivia”.
La artista también compartió aspectos de su historia personal vinculados a la música y la fe. “Siempre canté porque yo me asociaba mucho a la historia de Cris Morena. De no tener papás biológicos, o de andar en hogares con la música y siempre me gustó la música, pero hoy día, que me acerco a Dios, entiendo que es un don que él me dio, que él siempre estuvo conmigo, ahí bancándome en todas. Una vez que lo aceptás en tu corazón es muy difícil de explicar. Es creer o reventar esto. Intento de a poco ir llevando ese mensaje en las redes sin ser muy invasiva tampoco. Es tan lindo lo que me pasó a mí que digo: ‘Uy, me encantaría que le pase a todos’”.

Flor es cantante, influencer y creadora de contenido. Alcanzó la popularidad gracias a sus interpretaciones musicales en el subte y en las calles de Buenos Aires; sus videos se viralizaron en TikTok y en Instagram. Inició su carrera artística de forma independiente y creó una sólida comunidad digital con su estilo que fusiona cumbia, pop urbano y versiones de canciones populares. En los últimos años, lanzó composiciones propias como 4:20 y el EP Etapas, y colaboró con artistas como Rusherking y Fer Vázquez.
Flor ingresó a un hogar junto a sus hermanos cuando tenía tres años. Desde entonces, la música fue refugio y motor para transitar la infancia. Gran parte de esa conexión surgió desde programas como Casi Ángeles, donde imaginaban que el arte podía ser una vía de escape y una forma de construir identidad.
Su historia de superación personal y crecimiento desde los escenarios callejeros hasta plataformas digitales masivas la posicionaron como una de las nuevas figuras en la música urbana y tropical argentina.
CHIMENTOS
Murió a los 28 años en los brazos de su novia: la inesperada tragedia que vinculó para siempre a Liz Solari y Walter Samuel

Mucho antes de convertirse en una de las figuras asociadas a la espiritualidad, el activismo y una vida alejada de los grandes flashes, cuando era una de las modelos más famosas de la Argentina, Liz Solari atravesó una tragedia que modificó profundamente su historia. El 31 de enero de 2010, Leonardo Jesús Verhagen, el joven con quien acaba de empezar una relación sentimental, murió repentinamente a los 28 años mientras estaba junto a ella en Rosario.
Liz y Leonardo llevaban alrededor de seis meses viéndose cuando ocurrió todo. Según las crónicas de aquel momento, la relación no había tenido aún exposición pública. Ella había viajado a Rosario —la ciudad donde crecieron los dos— para pasar unos días con él. Durante la madrugada habían estado en Rumah, el local gastronómico que Verhagen tenía en la ciudad. Por la mañana regresaron a su departamento de Boulevard Rondeau al 1000.
Fue allí donde Leonardo se descompensó de manera súbita. En la declaración que trascendió entonces, Solari contó que estaban juntos en la habitación cuando el joven empezó a convulsionar y cayó al piso. “Fue desesperante verlo morir en mis brazos”, relató posteriormente sobre aquellos minutos.
Liz salió desesperada a pedir ayuda y tuvo la fortuna de encontrarse con un vecino que era paramédico. El hombre entró inmediatamente y comenzó con las maniobras de reanimación. Poco después arribó una ambulancia y los profesionales continuaron intentando reanimar a Verhagen durante un tiempo prolongado. Nada logró revertir el cuadro. Leonardo falleció en el lugar.
La muerte de un hombre de apenas 28 años y en circunstancias tan repentinas provocó inmediatamente interrogantes. El cuerpo fue trasladado al Instituto Médico Legal y se abrió una investigación para establecer exactamente qué había sucedido. La Policía informó desde el comienzo que no había encontrado indicios de violencia ni elementos que apuntaran a un suicidio o un homicidio.
El resultado de los estudios fue contundente: Verhagen padecía cardiomegalia, un agrandamiento anormal del corazón, y su muerte fue considerada natural, vinculada a un paro cardíaco. Los análisis tampoco detectaron exceso de alcohol ni sustancias tóxicas. Años después, su propia madre hizo público el informe de autopsia para terminar con distintas versiones que habían circulado alrededor de la muerte de su hijo.
LIZ SOLARI Y WALTER SAMUEL, UNIDOS POR EL DOLOR
Detrás de aquella historia fatídica existe un vínculo poco recordado que conecta a la modelo con uno de los nombres más importantes del fútbol argentino. Porque la tragedia también golpeó de lleno a Walter Samuel.
El futbolista —que arrancó su carrera en Newell’s, en Rosario— estaba casado desde hacía años con Cecilia Verhagen, hermana de Leonardo. En el 2010 jugaba en el Inter de Milán, Italia, y la Selección Argentina, y atravesaba una de las temporadas más importantes de su carrera. Apenas supo de la muerte de su cuñado, viajó a Rosario para acompañar a la familia en su profundo dolor.
Apenas una semana después, Samuel regresó a Italia y convirtió de cabeza en el triunfo 3-0 del Inter frente al Cagliari. Su festejo no fue uno más: levantó el dedo hacia el cielo y le dedicó el gol a su cuñado. “Leonardo siempre estará en nuestros corazones, el mío y el de mi familia”, explicó Walter después del partido. También reconoció que habían atravesado una semana extremadamente difícil.

Para Liz, la pérdida marcó otro tipo de transformación. Durante años habló muy poco de aquella mañana, pero tiempo después explicó que el dolor la llevó a buscar nuevas herramientas y a acercarse cada vez más a la meditación y la espiritualidad. En 2018 sostuvo que aquella experiencia la había obligado a reconstruirse y, en 2025, volvió a identificar la muerte de Leonardo como uno de los grandes puntos de inflexión de su vida.
Así, una tragedia ocurrida en una casa de Rosario terminó uniendo inesperadamente dos mundos. Leonardo tenía solamente 28 años y una enfermedad cardíaca que convirtió aquella mañana de enero de 2010 en una herida que atravesaría a dos familias.
Liz Solari; Walter Samuel
CHIMENTOS
En fotos: Lali reunió a las máximas figuras del pop argentino y homenajeó a Madonna en una noche inolvidable



















Crédito: RSFOTOS
Lali Espósito
CHIMENTOS
Marcia Frisciotti, la mujer detrás de Pochi de Gossipeame, habla de su vida antes de la tele, la amistad rota con Wanda Nara y su época de soltería: «Yo era bravísima, pero nunca salí con un famoso, no les debo gustar»

Tras varios meses intentando coordinar agendas entre trabajo, maternidad, eventos, amigos y un entrenamiento que, para ella, es innegociable, Marcia Frisciotti —tal como figura realmente en su DNI— finalmente puso día y horario y se acercó a la redacción de Atlántida para participar de la sección A solas con Paparazzi.
“Después del programa (Puro Show, en El Trece) aprovecho para hacer cosas de madre. Y estoy a full con el gimnasio: eso no te lo cancelo por nada porque donde no te cumplí dos veces, lo abandono”, se sincera. Una vez en el estudio, micrófono mediante, Pochi se dispone a hablar de todo y de todos. Será una charla íntima, relajada y sin demasiados filtros, donde contará cómo era su vida antes de desembarcar, casi por accidente, en un mundo que jamás había imaginado como propio, y posible: el de los medios.
Su historia tiene varias vidas dentro de una misma. Pasó de ser una chica criada en un ambiente acomodado, alumna de un colegio irlandés bilingüe, a vivir en distintos lugares del mundo acompañando a su pareja, convertirse en madre joven, involucrarse en el negocio inmobiliario y tener su propio showroom. Hasta que, en plena pandemia, apareció una nueva versión de ella: la chimentera de las redes sociales que terminó convirtiéndose en una de las panelistas más reconocibles de la televisión.
Así, Pochi, la creadora de Gossipeame que irrumpió en las redes y terminó ganándose un lugar en la pantalla, abre su historia personal y muestra quién está realmente detrás del personaje que llegó casi de casualidad, pero con todo lo necesiario para quedarse.
—¿De repente le agarraste el gustito al gimnasio o venías haciendo de antes?
—No. No me gustaba mucho el plan gimnasio, y hace siete meses conocí a este profe y me enganché. Entonces intento cumplir, sí o sí. De hecho, todo el mundo me detesta porque es un horario que yo no muevo por nada en el mundo: siempre salgo al canal y lo hago, porque si hago otra cosa antes de ir, ya está. Me perdí en el medio con un bizcochito o algo.
—Es un presente muy afortunado. Estás trabajando, dando notas, participando en programas. ¿Cómo los estás viviendo? Porque tu nombre fue una explosión, hasta disfrutar de un montón de cosas dentro del medio.
—Estoy muy contenta con Puro Show, con ser parte de un proyecto que arrancó de cero. Lo siente como más propio. Nos está yendo cada vez mejor. Era un programa para tres meses, para el verano, y enganchó bien y gustó, y fuimos renovando. Aprendo mucho de Pampito, de Fer (Iglesias), de Angie (Balbiani), de todos. Disfruto un montón. Nunca había planeado ser parte de los medios, en mi vida había pisado un canal de televisión, entonces fue como que esto me encontró más a mí, no es que yo lo estaba buscando. Y cuando lo encontré, dije: «¡Ah, esto me encanta! Me sale fácil, me gusta, me divierto, lo disfruto». Me encanta lo que estoy haciendo.
—Hoy Pochi es una marca registrada. ¿Ya hay que sacar el «…de Gossipeame»?
—No. Todavía hay mucha gente… De hecho me río porque un día Beto Castella me dijo: «Parecés la mujer de Gossipeame». Es verdad: me siguen diciendo Pochi de Gossipeame. Ese nombre y «La No Noticia» son las dos marcas registradas de mi cuenta.
—¿Y qué significa para vos este Pochi de Gossipeame?
—En realidad puse Gossipeame porque una amiga un día me dice: «Hacete una cuenta de chismes». A mis amigas no les importaba el chisme, pero les divertía mucho cuando los contaba yo. Venía tipo: «¿Se enteraron que tal cosa?». Ellas no tienen ni idea, pero si yo lo contaba, les parecía atractivo. Aparte, yo siempre estaba en entornos donde me llegaban chismes. Lo hice. Por eso se llamó Gossipeame: porque yo no quería aparecer. Y no aparecí hasta que no me senté con Ángel (de Brito) en la tele. O sea, nadie sabía quién era yo, no me mostraba, tampoco mi nombre. Y Pochi me decía mi papá.
-Sos una chica de alta sociedad, y el Pochi te baja un poco más a tierra.
-Sí, porque Pochi me decía mi papá, de cariñosa. Pocha, Pochi, Pochita, tengo un montón de sobrenombres en realidad. Otros amigos me dicen Mavi, otros la Griega, tengo mil formas de decirme. Mi nombre es Marcia y me encanta; es raro conocer Marcias. Y en realidad yo arranqué con el Pochi porque no quería aparecer yo, no quería que supieran que era yo, en realidad. Mi nombre artístico.
—¿Quién es Pochi en realidad?
—Soy tal cual me muestro. No cambio nada de lo que soy. La que se ve en la tele o cuando me tratan fuera de cámara, es siempre la misma. Siempre fui medio un personaje: me gusta joder, reírme, hacer chistes, y me puedo calentar, y me gusta mover mucho las manos, hacer caras. Pero no soy muy diferente de lo que se ve: soy la misma.
—Antes, ¿a qué te dedicabas, qué hacías?
—Fui a un colegio irlandés bilingüe. Estudiaba inglés y francés. Era un colegio más tipo «tenés que ser empresaria, contadora, economista, médica», más ese estilo de educación. Y estudié Administración de Empresas en la UBA. Viví afuera con el papá de mis hijas, trabajé en el rubro inmobiliario, tuve proyectos propios, como un showroom de ropa. Era muy busca. Y bueno, cuando esta amiga mía me dice: «¿Por qué no te hacés esta cuenta?», era más de reírme, antes que pensarlo como una profesión o formar parte de… Siempre digo que entre El Trece y Ángel me descubrieron, me despertaron un bichito que no sabía que estaba ahí. Porque hay chicos que dicen: «De chiquita hice la cola, mi mamá me llevó y fui acá». Y no, en mi familia nunca sucedió eso.
—Es difícil llegar, pero todavía más mantenerse. Y vos pudiste. O sea, algo tenías, y tenés.
—Sí, sí, claramente sí. Eso siempre lo supe. Siempre tuve en claro que mi foco era la información, la primicia, que ese iba a ser mi camino para mantenerme. En mi familia, fue medio juzgado el tema. Alguien de mi familia me dijo: «¿Pero cómo que te vas a dedicar al chisme? Si vos hiciste una carrera, tenés idiomas…». ¿Viste que siempre tienen ese prejuicio? De hecho, me acuerdo que esa situación fue en los 15 de mi hija. Pero mi familia se lo tomó rebien, vieron que lo disfrutaba, que era buena, y me vieron feliz de verdad. En otros laburos me pasaba que era: «Uff, tengo que ir…». Y en esto, no hay un día que yo no lo haga.

—¿Ya estabas con tu pareja actual cuando arrancaste?
—Sí, sí.
—Hace unos meses, en una historia contaste que Japón que te traía recuerdos.
—Sí, estuve viviendo medio año en Japón con el papá de mis hijas. Yo era joven, tenía 22, 23 años. Todavía no estaban mis hijas. A mi hija más grande la busqué cuando, después de ahí, nos fuimos a vivir a Francia: ahí quedé embarazada. Era jovencita.
—O sea, en ese momento relegaste un poco. ¿Qué hacía tu ex?
—Estaba en una empresa de sistemas. Sí, yo era una «botinera de sistemas», digamos. Yo trabajaba y estudiaba, me iba re bien, y él un día me dice: «Tengo un proyecto, irnos a vivir a China». Pero él tenía un intermedio de irse a Japón, y allá les encantó cómo trabajó, así que nos quedamos en Japón. Ahora ves que la gente va toda a Japón, y yo te hablo que esto fue hace 21 años, cuando no veías a un argentino en Japón. Ahora sí hay gente.
—Y fuiste mamá joven.
—Sí, a los 24 años. Y hasta los 30, tuve a mis tres hijas. No era Susanita de querer casarme, pero no sé por qué se me había metido que quería ser mamá joven. Tal vez porque mi mamá me tuvo a los 40 años y entonces, yo quería ser más joven. El papá de mis hijas era más grande que yo y le dije: «Che, ¿por qué no probamos?». Y bueno, en un mes quedé embarazada. Y fui refeliz. Después retomé mi carrera, la terminé, entre medio de cada hija.
—¿Cuánto tiempo duró esa historia de amor con el padre de tus hijas?
—11 años. En realidad, el papá de mis hijas es el hermano de mi cuñado, o sea, mi hermana está casada con el hermano de él. Ellos están juntos desde que yo tengo 10 años y tienen cuatro hijos, y yo me enamoré a los 19 de él. Quedó todo en familia. Y bueno, después sucedieron cosas de la vida y nos terminamos separando cuando yo tenía 33 años. Ahí salí de joda, conocí un montón de gente. Si hubiese sido en esa época que yo estaba en la tele, todos los fines de semana hubiesen tenido un chisme, te digo, porque yo era bravísima. Me divertí un montón. 
—¿Estuviste con muchos famosos?
—No, famosos nada, nunca. ¿Sabés que a mí no me escriben? O sea, no soy una cuenta que pone… No me hago la sexy, o sea, pongo foto del look y un chisme. Y me parece que invitás más a que te hablen los famosos cuando te haces más la linda, la sexy. Bueno, yo a veces digo: «No les debo gustar, no debo ser atractiva».
—O a veces tienen miedo…
—Puede ser. Pero nadie, nunca. Previo a que tenga mi cuenta, caí de casualidad en el cumpleaños de un futbolista, o he conocido actores en fiestas, o gente, me he cruzado con gente famosa, pero nunca nadie me tiró onda.
—¿Y ahora, cuántos años en pareja?
—Unos años. Pero quiero preservar.
—¿Sos celosa?
—No, no soy tan celosa. De hecho, soy bastante abierta. Por ejemplo, no creo en la fidelidad. No me gusta que me digan «yo solo tengo ojos para vos» y que después, te enteres de otras cosas. Eso no me gusta.
—¿Tenés algún permitido?
—Si tuviera que elegir de acá, (Nicolás) Otamendi de River. Me encanta. Soy fanática de River. Pero no, ni lo pienso. Y de afuera, siempre Ryan Gosling. Mirá, de chica no fui de tener posters, no fui fanática de ningún actor, de ninguna banda, de nada. Soy muy virgo, chicas. Virgo es como todo terrenal, todo un embole, ¿viste? No hay como mucha cuestión así, de permitidos y todo eso.
—Muchas mujeres pasan por el quirófano para ponerse busto. En tu caso fue al revés.
—Chocha de la vida. Nunca me había hecho cirugías. La única que tenía la cesárea de mi tercera hija. Y la tele te requiere mucho vestuario y me veía en cámara y no me gustaba. Era «Adelaida, la de las tetas caidas«. Había amamantado a mis hijas, siempre tuve mucha lola y ya me estaba molestando, y quería poder estar sin corpiño. Entonces tomé la decisión de levantármelas y achicar un poco, porque tenía mucho como para que queden más estéticas. A mi vestuarista, a Moni, la volví loca: «Bancame a que me opere y ya después me pongo lo que vos quieras». Y fue un antes sin después, lo súper recontra recomiendo. Yo la había dudado un montón y me encantó. Me quedó espectacular.
—¿Te preocupás mucho por la estética?
—Hoy sí, antes no. Hay algo que yo no entendía de la gente que estaba en la tele: todo el tiempo nos estamos viendo a cámaras, y antes no estaba todo el tiempo mirándome al espejo, sacándome fotos. Ahora, tenés que sacar foto del look, foto de esto… Entonces, me empecé a fijar más. No hago grandes cosas. O sea, voy a la peluquería.
—¡El pelo lo tenés divino!
—Sí, bueno… Se cagaba de risa ella. Me estoy lavando con detergente. Me quedaba grasoso y me dijeron: «Lavate con detergente», y la verdad es que no sabés qué bien. En la bañadera, taca, taca, taca, y le doy dos primeras manos con detergente y después un shampoo. Voy mucho más a la peluquería, a la cosmiatra a que me limpien la cara, porque no soy de maquillarme y ahora, todos los días estando maquillada… Sí, mirás un poquito más.
—¿La mejor y peor panelista de la tele?
—La peor de la tele: Naiara Vecchio. Y la mejor: Fernanda Iglesias, sin duda. Es que Yanina Latorre hoy es conductora, pero Fer Iglesias la rompe por la información que lleva. Y Naiara no sé si es mala, pero siento que se quedó muy en «Wanda, Wanda, Wanda», y ese sesgo es como que no ayuda.
—¿Pensás que Fer disfruta un poco cuando traen chimentos que van en contra de Yanina?
—No, no. No es porque es mi compañera, pero Fer es súper variada y eso me encanta de ella. O sea, podés hacer una nota, un chimento…
—¿Es una de las panelista que sos más amiga?
—Soy muy amiga… Bueno, Caro (Molinari) ahora se fue a la LAM; también soy muy amiga de Angie Balbiani. Y con Fer estoy forjando una amistad. Sí, la quiero mucho. Y laburamos muy bien juntas. O sea, yo me río cuando dicen un montón de cosas de Fer porque la verdad que yo nunca lo viví. Pampito es amigo también, lo quiero un montón. Con Nancy Duré tengo la mejor de las ondas, pero por ahí no soy tan cercana, ni con Mati Vázquez. Pero con el resto sí hice más una amistad.
—¿Cómo ves el hecho de que se pueda romper la dupla Rodrigo Lussich y Adrián Pallares?
—Ah, me parece espectacular. Entiendo que, en la profesión, hay momentos que uno cumple ciclos y hay que tener nuevos desafíos porque si no, te quedás en lo cómodo y puede ser aburrido. Así que me parece bárbaro de Lussich. Un día le dije: «A veces te escucho y me río mucho con vos». ;e divierte.
—En su momento estuviste con Yuyito González en la tele y viviste los comienzos con Javier Milei.
—Todo el primer año de relación.
—Dicen se lo robó a Fátima.
—Nadie le roba nada a nadie. Es una estupidez decir eso. Sino pobre hombre él, víctima, ¿viste? Nadie le roba nada a nadie. Yuyito es una mujer hermosa, Fátima también, y bueno, nada, le habrá quedado como el pendiente a Milei y la vio. Y bueno, yo qué sé. Le gustó. Y Yuyito…
—¿Seguís hablando con ella?
—No. No, no me hablo con Yuyito. Si la cruzo la saludo, fuimos rebuenas compañeras, tengo buen recuerdo.
—¿Cómo está hoy la relación con Wanda? ¿Te traicionó?
—Con Wanda sucedió que hablábamos mucho por cuestiones de chismes y en un momento empezamos a hablar mucho más. Yo la aconsejaba. Lo que aprendí por Wanda es muy difícil ser amigo del famoso y en este Boca-River que se arma entre Wanda y la China y Mauro Icardi, perdés objetividad cuando tenés mucha cercanía con el famoso. Entonces se termina entremezclando todo porque la persona sabe tus cosas, vos sabés cosas de la persona, perdés objetividad, la gente piensa: «Ah, claro, sos team Wanda porque te llevas bien con Wanda». Nos distanciamos ya hace rato. No es que me traicionó, me parece que no estuvo bueno lo que dijo de mi hija porque era algo que yo le había contado, preocupada por las de ella, en una intimidad. Porque yo tampoco había dicho nada grave: creo que ya estaba desbordada en la situación y me tiró con eso. Mi mayor preocupación siempre fue mi hija porque no es una persona pública: yo no muestro a mis hijas, no hablo de nada ni nadie, ni cuento en que estoy. Entonces me preocupaba mucho más la salud mental de ella. El otro día le decía a mi hija: «Mirá si Wanda contaba esto en otro momento donde vos estabas mal…». Me dice: «Má, yo ya no puedo pensar con la cabeza de ese momento», y a mí eso me dejó tranquila.

—¿Y hoy, cómo está tu hija?
—Está rebien. Es increíble lo bien que está. Pero fue un laburo donde ella estuvo dos meses internada. La salud mental para mí es hoy una bandera por todo lo que pasó con mi hija. Con los adolescentes, uno va aprendiendo en el camino: no entendés si es la adolescencia, si efectivamente está pasando una depresión, no entendés cómo funciona la salud mental, cómo son las internaciones, hasta qué punto tiene que llegar una persona. Yo he tenido acompañantes terapéuticas en mi casa, dos chicas, por el miedo a que… no sé, que sucediera algo. De hecho lo que sucedió, sucedió en un contexto donde estábamos porque yo no la dejaba un minuto sola. Pero ella está rebien, que es lo importante: si vos encontrás buenos profesionales, das contención, actúas rápido… Yo crecí un montón como mamá y estoy sumamente agradecida y orgullosa de mi hija. Cuando terminó saliendo este tema, por suerte con ella ya siendo mayor de edad, me pidió que hable: estaba enojada. Porque (Wanda) daba a entender: «Contá cuando tu hija estuvo internada». Entonces quedaba raro, por qué había sido y qué había pasado. Mi hija me dijo: «Yo estoy bien. Contalo, le puede servir a gente». En el fondo, te juro: no hay mal porque por bien no venga.
—¿Alguna asignatura pendiente?
—En mi vida tengo un montón. Tengo una listita en mi celular. La voy a leer: conocer África, estar en estos lugares que cuidás monos, elefantes y te quedás un tiempo; nadar con delfines en libertad, no en una reserva; ver orcas salvajes, auroras boreales. Y una que puse es «conocer a mis nietos». Reromántica. En la tele, un camino largo por mejorar.
—Por último, ¿qué le diría Pochi a la Marcia Frisciotti de hace 20 años?
—La Marcia de 20 años cambió mucho, porque estaba con el papá de mis hijas, que era el proveedor. Y (le diría) que vaya por sus sueños siempre, que nunca afloje. Siempre se lo digo a mis hijas: la independencia económica e ir por lo que a uno le gusta. Que nunca nadie te diga no. No seas tímida y no desconfíes de vos y de tus capacidades. Divertite, insistí. En algún momento, alguien te va a ver.
Pochi de Gossipeame, A solas con Paparazzi
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