CHIMENTOS
Guillermo Andino cantó en Es mi sueño y el Puma Rodríguez se rindió a sus pies: “Para mí eres cantante”

El debut de Guillermo Andino en Es mi sueño (Eltrece) estuvo marcado por la emoción y por una devolución elogiosa del jurado. Luego de que Leticia Brédice fue la primera famosa en abrir la noche, en la primera presentación del periodista junto a Gisela Lepio interpretó “Fly to the moon”, sorprendió al jurado con su talento vocal y cerró la noche con cuatro luces verdes.
Antes de cantar, el periodista se emocionó al recordar sus inicios en el canal, evocó una entrevista que le hizo al José Luis “Puma” Rodríguez en 1992 en Venezuela, el artista que debuta esta temporada. Al final de la noche, recibió elogios de Abel Pintos, Jimena Barón, Joaquín Levinton y del Puma.
Andino llegó al escenario conmovido y lo dijo desde el arranque: “Me emocioné como me vuelvo a emocionar cada vez que hablan de la noticia de mi carrera, porque yo empecé en este canal y tenían las imágenes de cuarenta años atrás”.
El cantante de Turf lo recibió con entusiasmo antes de la actuación. “Qué lindo. Me entusiasma la idea de escucharte cantar”. Luego, ante la pregunta sobre su vínculo con la música, Andino mantuvo el tono distendido: “Me gusta cantar. De chico aprendí a tocar la guitarra en el colegio, eh, pero simplemente como, como un hobby. Pero no es lo mío, pero soy un periodista que viene acá por lo menos a no desafinar”.

Andino recordó además su vínculo previo con el Puma Rodríguez. “Lo veo al Puma porque allá por el año 92 le fui a hacer una nota a Venezuela”, contó. Después precisó el lugar de aquel encuentro. “Estuve en tu casa, en el Alto Hatillo”, recordó.
Cuando llegó el momento de la presentación, el exconductor de América Noticias y Gisela Lepio brillaron con su versión de “Fly to the moon”, éxito inoxidable del cancionero estadounidense que entre sus voces más famosas tiene a Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, Nat King Cole y Tony Bennett. El jurado fue unánime.
“Qué lindo lo que hicieron. Divino lo que hicieron. Me gustaron mucho juntos”, dijo Jimena Barón. “Arrancaste vos la canción, Guillermo, que me gustó porque eso también vale. Es más fácil entrar cuando ya empezó tu compañera”, destacó. Barón amplió después su devolución sobre la interpretación de la pareja. “Me parece que se generó algo lindo, mágico, que las voces de alguna manera tenían que ver, que fueron generosos entre ustedes, que se sabían y se supieron acompañar”.

También señaló un aspecto a corregir en escena. “Por ahí un poquito más de contacto con esta diosa que tenés al lado. Estabas como muy de frente y recién al final la miraste”. La jurado cerró su balance con una valoración positiva. “La verdad, chicos, felicitaciones. Una gran noche”.
Guido Kaczka dio paso a una de las devoluciones más enfáticas de la noche. El primero en tomar la palabra fue El Puma Rodríguez, que comenzó con un elogio a Lepio: “Gisela es una cantante extraordinaria, no hay que agregar absolutamente nada”. Luego fue directo con Andino. “Mira, Guillermo, si te quito todo lo que tú has hecho, para mí tú eres un cantante”. El artista sostuvo esa definición con otra explicación. “Un tipo que afina, que tiene ritmo, oído tonal, oído rítmico y se desenvuelve así como tú lo hiciste. Para mí es válido”. Y completó su mirada con una idea sobre el canto popular. “El canto popular, hermano, es eso. El canto popular es eso, es una expresión del alma, nada más”.

Levinton se sumó después con una comparación que mezcló sorpresa y humor. “Cuando empezaste a cantar te transformaste en Frank Sinatra”, lo elogió a Andino. El músico llevó esa imagen al terreno televisivo con otra frase. “Yo que te vi toda la vida presentando noticias, era como ver a Frank Sinatra diciendo: ‘Un jubilado se escapó en una moto por la Panamericana’”.

La presentación terminó con el respaldo pleno del jurado y del estudio. Kaczka despidió a Andino y a Lepio con agradecimientos, y la pareja avanzó al palco con cuatro luces verdes.
CHIMENTOS
La vida extraordinaria de Noëlle Balfour: de su relación con Gustavo Cerati al día en que Axl Rose la llamó al escenario

Hay historias que permanecen en silencio durante años, como si el tiempo pudiera acomodarlas en algún rincón de la memoria y mantenerlas a salvo de las preguntas ajenas. Historias que transcurren lejos de los escenarios, cuando todavía no existe la dimensión de lo que vendrá después.
Para Noëlle Balfour, una de esas historias tiene nombre y apellido: Gustavo Cerati. Antes de que el líder de Soda Stereo se convirtiera en una de las figuras fundamentales del rock en español, ella conoció al hombre detrás de las canciones, compartió con él una etapa intensa de su vida y atravesó experiencias que, hasta ahora, había preferido conservar para sí misma.
Su vida también parece escrita con la estructura imprevisible de una novela: una joven que empieza a trabajar frente a las cámaras cuando todavía es adolescente, una historia de amor con uno de los músicos más influyentes de la historia latina, viajes por Europa, una experiencia tan extraordinaria como intimidante junto a Guns N’ Roses y una mudanza a Los Ángeles que terminaría abriendo una nueva etapa profesional.
Durante décadas, muchas de esas vivencias permanecieron en un territorio íntimo, lejos de las entrevistas y de la exposición pública. Hasta que decidió sentarse a escribirlas.
El resultado es Cerati y yo, el libro que reúne recuerdos, episodios personales y situaciones que, según anticipa su autora, pueden resultar tan difíciles como divertidas. Noëlle lo escribió hace cuatro años, pero su publicación llega después de un proceso que, en sus palabras, empezó mucho antes de sentarse frente a una página: comenzó cuando se animó a recuperar experiencias que había mantenido guardadas durante demasiado tiempo.
“Creo que, en primer lugar, yo escribo hace muy poco tiempo. Empecé a escribir durante la pandemia”, contó en diálogo exclusivo con Teleshow. Su primer libro fue Seventeen Days in the Jungle, escrito en inglés, una experiencia que le permitió descubrir que podía contar historias y que había lectores dispuestos a acompañarla. Cuando terminó ese trabajo, sintió la necesidad de volcar en otro texto una parte fundamental de su vida.
“Sentí la necesidad de volcar así como un volcán en erupción, largar todas esas historias, pero sobre todo esta historia que es una parte muy importante de mi vida, sobre una persona que es muy importante para mucha gente y sigue siéndolo”, explicó sobre el impulso que la llevó a escribir acerca de Cerati.
No fue, sin embargo, una decisión tomada para responder a las preguntas que durante años le hicieron sobre su pasado ni una estrategia pensada desde el comienzo para convertir sus recuerdos en un libro. Noëlle asegura que la escritura nació de una necesidad personal, de una acumulación de episodios que no había terminado de procesar y que, hasta entonces, permanecían en el fondo de su memoria.

“Yo escribí el libro principalmente para mí”, remarcó. Y describió el primer momento de la escritura como una descarga: escribió de un tirón, sin detenerse demasiado en las consecuencias de lo que estaba poniendo en palabras, y después comenzó el trabajo más delicado de revisar, ordenar y volver sobre cada escena.
“Nunca hablé de estos temas con la gente y son historias guardadas, o historias que la gente me preguntó y les di poco detalle, no quería sacarlo de adentro mío. Creo que estaba todo empujado al fondo de mi alma”, contó. Para encontrar el tono y la medida de lo que quería narrar, recurrió a una amiga en la Argentina, con quien compartía las páginas que escribía y conversaba sobre ellas. También necesitó ayuda con el idioma: hace más de tres décadas que vive fuera del país y reconoce que el español ya no le resulta tan espontáneo como antes.
La escritura se convirtió así en una forma de volver a un tiempo que había quedado suspendido. Tuvo que revisar una y otra vez sus propios recuerdos, distinguir lo que quería contar de aquello que prefería reservar y encontrar una distancia posible frente a experiencias que todavía conservaban su carga emocional. “Hay partes muy duras, hay partes muy divertidas”, anticipó sobre el libro, que también incluye historias relacionadas con otras personas conocidas y situaciones que, según asegura, pueden sorprender a los lectores.
Terminarlo tampoco fue sencillo. Para ella, cerrar un libro tiene algo de despedida y, al mismo tiempo, de comienzo. “Yo vivo adentro de mis libros mientras los escribo”, explicó. Por eso, cuando llega el momento de poner el punto final, aparece cierta tristeza por abandonar ese universo y, enseguida, la tarea de volver a leerlo, corregirlo y revivirlo tantas veces como sea necesario. En el caso de Cerati y yo, esa revisión implicó regresar a una historia personal que había mantenido en silencio durante años.

Noëlle nació en Nueva York y se crió en Buenos Aires. Desde los 13 años trabajó como modelo y actriz. Su madre, traductora en las Naciones Unidas, había despertado en ella desde muy chica el interés por los idiomas y las culturas.
“Empecé a los trece años. Lo primero que hice fue una publicidad con Luis Puenzo como director”, recordó. Después llegaron más comerciales, el modelaje, la televisión y el cine. Trabajó durante años y tuvo como representante a Ricardo Piñeiro, una de las figuras centrales del mundo de las modelos en Buenos Aires durante aquella época.
Para ella, la actividad nunca fue un pasatiempo. “Nunca jamás pensé que era un hobby”, sostuvo. Aunque admite que las remuneraciones no siempre eran buenas, aquel trabajo le permitía sostenerse y definía su identidad profesional. No era alguien que se acercara a las cámaras para probar suerte durante un rato: trabajaba, tenía agente y construía una carrera.
No conocía a Soda Stereo ni seguía especialmente las novedades de la música argentina de aquel momento. La primera aproximación fue indirecta: una amiga le habló de una canción de la banda que sonaba en la radio de un taxi. Después la invitó a un concierto, al que Noëlle fue sin saber demasiado quiénes eran los músicos que tenía enfrente.

“Yo no sabía quiénes eran. Yo no sabía quién era Gustavo Cerati, pero tampoco Soda Stereo. Eran nuevos y, honestamente, yo no escuchaba tanta música argentina en ese momento”, recordó. Aquella primera presentación no fue el comienzo inmediato de una relación. Fue, más bien, una escena que adquirió otro significado con el paso del tiempo.
Poco después, durante el verano, viajó con una amiga a Pinamar. Soda Stereo estaba tocando allí y Noëlle volvió a cruzarse con el grupo, aunque todavía no había ido con la intención de conocer a sus integrantes. En ese contexto, cuando la banda comenzaba a ampliar su público, se produjo el encuentro con Cerati que cambiaría el rumbo de su vida personal.
En 1985, Soda Stereo ya había publicado Nada personal, su segundo álbum, y empezaba a consolidar una presencia cada vez más importante en la escena musical argentina. El crecimiento del grupo avanzaba a la par de una agenda intensa de ensayos, presentaciones y viajes. Noëlle conoció a Gustavo en ese momento de transición: cuando el músico todavía podía moverse entre el trabajo con sus compañeros, los escenarios y una vida privada que empezaba a quedar condicionada por la popularidad.
La relación sentimental avanzó mientras Soda Stereo crecía. Noëlle acompañó de cerca parte de ese proceso, asistió a ensayos y presentaciones y conoció una dimensión de Cerati que no era necesariamente la que el público veía desde abajo del escenario. Sin embargo, el aumento de la fama también trajo sus propias dificultades. A la intensidad de la vida cotidiana se sumaron las tensiones que generaba la relación y el rechazo que, según el relato biográfico que acompaña la historia, encontró en parte del entorno familiar del músico.

En medio de esa dinámica, el desgaste empezó a hacerse sentir. La relación terminó formalmente en 1986, el mismo año en que Soda Stereo grabó Signos, un disco fundamental en la trayectoria de la banda.
Noëlle continuó con su carrera y se trasladó a España. Pero la separación no significó que sus caminos quedaran definitivamente apartados. Durante un viaje a París volvió a encontrarse con los integrantes de Soda Stereo y, más adelante, Cerati la invitó a pasar unos días con ellos en Londres. El vínculo sentimental volvió a aparecer, aunque sin que la pareja retomara formalmente la relación.
Fue entonces cuando se desarrolla uno de los capítulos más delicados de aquella historia, atravesada por decisiones íntimas y circunstancias que dejaron una marca en su vida.
Tiempo después, Cerati se casaría con la modelo con la que Noëlle compartía departamento en España. Pero la escritora mantiene una posición cuidadosa al hablar de aquel vínculo y de la intimidad del músico. En la entrevista con Teleshow, cuando se le planteó la importancia que había tenido en aquella etapa de la vida de Cerati y el contexto de la grabación de Signos, prefirió no convertir la conversación en una confirmación de interpretaciones ajenas.

“Eso son cosas que dice la gente. Yo no”, respondió entre risas. Y enseguida explicó el límite que se impone al reconstruir esos años: “Si Gustavo nunca dijo nada al respecto, yo no estoy acá para decir nada que él no haya dicho”.
Esa aclaración es central para entender el lugar desde el que escribió Cerati y yo. No busca presentarse como la voz definitiva sobre la vida privada de una de las figuras más importantes del rock argentino. Su intención es contar su propia experiencia, reconstruir lo que vivió y dejar constancia de una parte de su historia sin adjudicarle al músico declaraciones que nunca hizo.
De regreso a la Argentina, volvió a acercarse al mundo de la música y comenzó a trabajar como intérprete ocasional para bandas internacionales. Antes de Guns N’ Roses había viajado con grupos como Psychedelic Furs y B-52’s, aunque sus tareas eran muy distintas de las que terminaría enfrentando con Axl Rose. En aquellos casos, las consultas eran básicas: cómo llegar a un lugar, dónde estaba la entrada, dónde comprar cigarrillos o conseguir una Coca-Cola.
La diferencia entre esas pequeñas traducciones y la situación que la esperaba en el escenario de River Plate fue abismal. Noëlle todavía no dominaba el inglés y, según cuenta, su conocimiento del idioma era muy limitado. Sin embargo, en diciembre de 1992 se encontró en medio de una situación que no había imaginado y que, décadas más tarde, seguiría siendo una de las escenas más recordadas de su trayectoria.

La historia ocurrió durante la gira sudamericana de Guns N’ Roses, cuando la banda llegó a la Argentina para presentarse en el estadio de River Plate. En diciembre de 1992, el grupo atravesaba uno de los momentos de mayor popularidad de su carrera y sus recitales eran acontecimientos multitudinarios. El clima en el estadio se volvió tenso cuando comenzaron a arrojar objetos hacia el escenario y Axl Rose interrumpió el show para reprender a los espectadores.
En ese contexto, Noëlle fue llamada para interpretar sus palabras. La escena quedó registrada en imágenes que volvieron a circular con los años y que permitieron reconstruir el desconcierto de aquella joven que, sin haber sido preparada para una intervención de esa magnitud, terminó frente a miles de personas en una de las noches más intensas de su vida.
Ella ya había viajado con otras bandas, pero nunca le habían pedido algo semejante. “Mi inglés era paupérrimo, nulo. Era ‘yes’, ‘no’, cuatro cosas entendía”, recordó con humor. Hasta entonces, sus tareas consistían en resolver cuestiones prácticas. No tenía experiencia interpretando discursos extensos, y mucho menos traduciendo en tiempo real las palabras de un cantante enfurecido frente a una multitud.
“En mi vida me esperé que me llamaran al escenario”, contó. La convocatoria de Axl la tomó completamente desprevenida. Mientras intentaba entender por qué la necesitaba, el cantante comenzó a caminar y se alejó de ella, justo cuando más necesitaba escucharlo.

En ese primer instante, la llamada del cantante fue para explicarle al público que había rumores infundados sobre la actitud de la banda con el país y su entorno.
Noëlle explicó que suele apoyarse en la lectura de los labios para comprender mejor a una persona. Para ella, observar la boca, los labios y los movimientos de la lengua es una manera de completar lo que el oído no alcanza a captar. Pero aquella noche, en medio del ruido del estadio, Axl se fue alejando hasta quedar fuera de su campo visual.
“Yo le miro la boca a la gente para poder escuchar lo que dice y entender. Para mí no es fácil mirar a alguien a los ojos y escuchar. Es mucho más fácil mirarle la boca”, explicó. En River, sin embargo, perdió esa posibilidad: el cantante se alejó, el sonido de la multitud se impuso y ella dejó de entender lo que decía.
El recuerdo todavía le provoca una mezcla de vergüenza y risa. “No pude verle más la boca, no pude escuchar más absolutamente nada. El horror absoluto, el horror absoluto. Creí que me moría. Quería que se abriera la tierra instantáneamente y que me tragara, porque era imposible sobrevivir eso”, relató.
La situación se repitió cuando Axl volvió a llamarla, pero la comunicación ya no sería en buenos términos. En las dos intervenciones posteriores, según recuerda, el cantante permaneció más cerca de ella y la comunicación resultó menos complicada. Noëlle no sabe si él comprendió por sí mismo el problema que estaba teniendo o si simplemente se quedó en el lugar por otra razón. Lo cierto es que, al poder verlo y captar mejor sus palabras, ella consiguió interpretar con más precisión la esencia de lo que decía.
Axl Rose estaba furioso y descargaba su enojo con insultos. Noëlle, en cambio, tenía instrucciones de no reproducir las malas palabras en sus traducciones. Así, mientras el cantante soltaba una catarata de improperios, ella debía encontrar sobre la marcha una manera de suavizar el mensaje sin dejar de transmitir la tensión del momento.
“Él no hacía más que putear”, recordó. Y agregó que, detrás del escenario, le habían pedido expresamente que no hiciera lo mismo al traducir. “Tenía que inventar inmediatamente algo pueril, infantil. Algo para menores de dieciocho”.
El contraste era casi absurdo: de un lado, una estrella de rock enfurecida que exigía respuestas a un público que arrojaba objetos; del otro, una intérprete que debía transformar insultos en expresiones mucho más suaves, en medio de un estadio ensordecedor y sin la posibilidad de escuchar todas las palabras. Noëlle tuvo que improvisar y resolver cada momento con los recursos que tenía a mano.

“‘You motherfucking piece of…’. Era imposible”, recordó entre risas, al reproducir el tono de las palabras de Axl. La escena, que en aquel momento vivió como una pesadilla, terminó convirtiéndose con los años en una anécdota extraordinaria, tanto por la magnitud del espectáculo como por las condiciones en las que tuvo que desempeñar su trabajo.
La experiencia no se limitó a la Argentina. La gira también la llevó a Chile, donde, según aclaró durante la entrevista, fue donde se registró la cifra de cien mil personas.
Noëlle también estaba trabajando en una telenovela en aquel momento, Princesa, protagonizada por Maricarmen Regueiro y Gabriel Corrado. La imagen de una joven que transitaba simultáneamente por la televisión y por los escenarios internacionales ayuda a entender por qué describe esa etapa como una sucesión de experiencias intensas, difíciles y, al mismo tiempo, extraordinarias. “Yo no puedo estar más agradecida al universo y a la vida de haber vivido todas esas experiencias, porque me encantaron, a pesar de que eran bravísimas”, afirmó.
La repercusión de la intervención de Noëlle no fue inmediata. Meses después de los recitales, se mudó a Los Ángeles y perdió el contacto cotidiano con lo que sucedía en la Argentina. Todavía no existían las redes sociales como las conocemos hoy y la circulación de imágenes y comentarios tenía otra velocidad. Durante un tiempo, aquella experiencia quedó atrás, como un episodio más de una vida que ya estaba cambiando de rumbo.

Pero, con el paso de los años, comenzó a leer críticas sobre su desempeño. Algunas radios la llamaban para preguntarle por Guns N’ Roses y ella respondía sin imaginar que, en internet, se estaban acumulando comentarios que cuestionaban su capacidad como intérprete.
“Empecé a ver las atrocidades que decía la gente sobre mí y mi interpretación”, recordó. “Y yo me horroricé con todo lo que vi. Eran miles de comentarios que se empezaron a acumular todos en internet”. Las críticas apuntaban a su conocimiento del inglés y a la forma en que había traducido a Axl Rose durante aquellos episodios en River.
Decidió dejar de leer. No encontraba utilidad en volver una y otra vez sobre las opiniones de quienes juzgaban la escena sin conocer las condiciones en las que se había producido. Su explicación, con la perspectiva que le dieron los años, es directa: no dominaba el inglés, no podía escuchar al cantante cuando se alejaba y, además, tenía prohibido reproducir los insultos que él decía.
“Número uno, yo no sabía inglés. Número dos, no lo escuchaba. Número tres, no podía putear. Muchas cosas juntas”, resumió. Lo que para una parte del público había sido motivo de burla, para ella se convirtió en una historia que podía contar desde otro lugar, sin el peso de la humillación inicial.

Con el tiempo, incluso encontró una ironía en el modo en que cambió la percepción sobre su intervención. “Primero me humillaron diciéndome que era la peor intérprete del mundo”, contó entre risas. “Y ahora soy la más diplomática del mundo y me adoran”.
Por su parte, la mirada que conserva sobre el músico no está definida por aquel momento de furia. Al contrario, cuando se le preguntó por el trato personal con Axl y con los demás integrantes de Guns N’ Roses, habló de una experiencia que la sorprendió por razones muy distintas.
“Me pareció un tipo amoroso, generosísimo, generoso con sus fans, cuidadoso”, afirmó. Noëlle tuvo que interpretar también conversaciones con seguidores que se acercaban a hablar con el cantante y pudo observar el comportamiento de la banda fuera del escenario. Su recuerdo es el de un grupo educado, sin las actitudes de divismo que algunos podrían haber esperado de estrellas de semejante magnitud.
“Todos eran bien educados”, insistió. Y evocó una imagen que le quedó grabada: Axl sentado en una habitación, regalando zapatillas a los fans, arrojándolas por una ventana. “Nuevas, impecables, con el logo de Guns N’ Roses”, precisó. Para ella, aquella escena decía más sobre el trato del cantante con sus seguidores que las imágenes de su enojo frente al público.

“No, en absoluto”, respondió cuando le preguntaron si había percibido aires de divismo. “Si los tenían o los tuvieron, no fue conmigo. Nunca”.
Después de aquella gira, Noëlle se mudó a Los Ángeles, aproximadamente en febrero o marzo del año siguiente, según su recuerdo. La decisión abrió una etapa completamente distinta. La ciudad que había conocido como destino profesional se convirtió en su lugar de residencia y en el escenario de una transformación personal: allí aprendió inglés por inmersión, siguió trabajando como actriz y modelo, y buscó la manera de sostenerse en una industria tan competitiva como imprevisible.
Su carrera incluyó una participación en Seinfeld, la famosa serie estadounidense. También actuó en otras producciones y continuó presentándose a audiciones. Uno de sus primeros trabajos en ese período fue en Cosmic Slop, una producción vinculada a los hermanos Hudlin, en la que interpretó a la Virgen María. Para ella fue una oportunidad importante, aunque el recorrido profesional no siempre resultó sencillo.
Los Ángeles, explicó, puede ser un lugar especialmente duro para quienes llegan con la expectativa de triunfar en el cine o la televisión. “Los Ángeles es donde vienen los sueños a morir”, dijo, con una frase que condensa la distancia entre la fantasía de una carrera artística y la realidad de sostenerla todos los días. La competencia era enorme, las oportunidades escasas y, mientras esperaba audiciones, tenía que encontrar trabajos que le permitieran pagar sus gastos.
Noëlle se resistía a abandonar la actuación para dedicarse a otra actividad. Seguía buscando oportunidades en el mundo audiovisual, con agentes y audiciones, aun cuando debía superar una dificultad adicional: todavía no hablaba inglés.
“Yo aprendí el inglés cuando me mudé a Los Ángeles”, explicó. Su método fue tan sencillo como exigente: escuchar la radio y mirar televisión en ese idioma, hablar con la gente y pedir que le repitieran las frases cuando no entendía. Volvió a recurrir a la observación de los labios, una herramienta que ya utilizaba para comprender mejor a sus interlocutores.

Con el tiempo, esa experiencia también la llevó a replantearse su vínculo con la actuación. Después de muchos años trabajando frente a las cámaras, comenzó a sentir que necesitaba otro camino. No se trató de una decisión repentina ni de una renuncia motivada por un único episodio. Fue el resultado de una vida profesional que había empezado a los 13 años y que, para entonces, ya le había dado una enorme cantidad de experiencias.
Más adelante se inscribió en un programa de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y se graduó como traductora e intérprete en áreas criminales, civiles, legales y médicas. Sin embargo, tampoco ese recorrido terminó de convencerla. Trabajó durante un tiempo en ese ámbito y luego se acercó a la locución, una actividad que le permitió poner su voz al servicio de publicidades de radio y televisión, películas y videojuegos.
La escritura apareció después de otro viaje transformador, esta vez a la selva peruana. De aquella experiencia extrema nació Seventeen Days in the Jungle, su primer libro terminado y publicado. El resultado le permitió descubrir una faceta que no había explorado de esa manera y que, durante la pandemia, se convertiría en una nueva actividad central.
Hoy, Noëlle reparte su tiempo entre la escritura, la enseñanza del español y el trabajo como intérprete. Vive en Los Ángeles y organiza sus actividades desde su casa, por teléfono, videollamada o computadora. Trabaja con abogados y médicos, y también enseña español a estudiantes angloparlantes. La dinámica le permite manejar sus horarios y elegir cómo quiere vivir.
“Son todos trabajos que me encanta hacer: escribir, enseñar e interpretar”, contó. “Me divierto y tengo mis propios horarios. Por eso te puedo atender el teléfono a la mitad de la tarde, sin tener ninguna otra presión”. Después de tantos años de actividad frente a las cámaras y de experiencias en escenarios multitudinarios, encontró una rutina más reservada, alejada de la exposición pública.

Esa preferencia por la intimidad también se refleja en su relación con la tecnología. Noëlle admite que es una persona reclusa, que sale poco y que no participa demasiado de la vida pública. Le gusta hablar por teléfono, encontrarse con amigos, compartir una comida o conversar cara a cara. No le entusiasma la idea de que los vínculos dependan exclusivamente de las pantallas.
Mientras tanto, sigue escribiendo. Después de Seventeen Days in the Jungle y Cerati y yo, tiene otros dos libros que esperan encontrar editorial. Su presente profesional está lejos de la modelo adolescente que comenzó con una publicidad o de la intérprete que, sin esperarlo, terminó frente a Axl Rose en un estadio repleto. Pero esas etapas no desaparecieron: forman parte de la misma biografía que ahora se permite revisar y narrar.
En ese recorrido también hubo un reencuentro con Cerati, años después de que la relación quedara atrás. Tras mucho tiempo sin saber de él, Noëlle recibió un mensaje del músico por Facebook para que fuera a verlo tocar en Los Ángeles. Aquella invitación le permitió volver a encontrarse con alguien que había sido importante en su vida y con quien compartía recuerdos que, durante años, permanecieron sin una conversación pública.
En ese reencuentro pudo preguntarle por algunas alusiones que creía reconocer en sus canciones. Fue uno de los pocos encuentros que tuvo con él antes del accidente cerebrovascular que cambiaría para siempre la vida del músico y conmovería a sus seguidores.
La publicación de Cerati y yo llega, entonces, desde un lugar complejo: el de una mujer que quiere contar su propia historia sin apropiarse de la de otro, que vuelve sobre una relación que formó parte de su juventud y que reconoce la dimensión que Cerati conserva para millones de personas. Su cuidado al hablar de él no implica negar lo vivido, sino establecer un límite entre los recuerdos personales y aquello que solo el propio músico podría haber confirmado.
Noëlle Balfour no es solamente la mujer que amó a Gustavo Cerati ni la intérprete que quedó asociada para siempre a una escena de Guns N’ Roses. Es también alguien que empezó a trabajar cuando todavía era una adolescente, aprendió a reinventarse cada vez que cambió de país y encontró, muchos años después, una forma distinta de mirar su pasado.
Gustavo Cerati,Zeta Bosio,Noelle Balfour,Londres
CHIMENTOS
Dalila le pidió a El Polaco que se separe de Barby Silenzi porque es ‘fea’ y apareció la explosiva respuesta: “Yo no tengo adicciones, ni soy una…”

Dalila se convirtió en una de las protagonistas de los Martín Fierro de la Música 2026. La cantante ganó el premio a Mejor Artista Tropical Femenina, pero sus declaraciones sobre El Polaco y Barby Silenzi terminaron generando un escándalo que trascendió la ceremonia. Sin vueltas, cuestionó a la bailarina y hasta le aconsejó al músico que buscara una pareja mejor.
“Te merecés una mina muchísimo mejor”, le dijo Dalila al cantante frente a las cámaras. Y, lejos de detenerse ahí, lanzó una frase que también apuntó directamente contra la apariencia física de Barby: “Con esa cara, dale, imaginate si le sacan el maquillaje”. Sus comentarios no pasaron inadvertidos y llegaron rápidamente a oídos de la pareja del músico.
La respuesta de Silenzi llegó a través de un audio que le envió a la producción de Intrusos, donde Rodrigo Lussich lo reprodujo al aire. La bailarina expresó su desconcierto por el ataque y cuestionó el argumento que había utilizado la artista tropical para referirse a su relación con El Polaco.
“No entiendo por qué una mujer me ataca de esa manera y además usando un argumento diciendo que él merece una mujer mejor que yo”, sostuvo Barby, visiblemente molesta por las palabras de Dalila. Aunque admitió que no puede agradarle a todo el mundo, dejó en claro que no está dispuesta a aceptar que se descalifique su vínculo sentimental a partir de una cuestión estética.
BARBY SILENZI LE RESPONDIÓ CON TODO A DALILA
“Las parejas se aman por un proyecto de familia, por amor. Y además el tiempo corre, el tiempo pasa para todos”, reflexionó la bailarina, que puso el foco en los sentimientos y en la historia que construyó con el cantante, más allá de las opiniones ajenas sobre su aspecto físico.
Pero Silenzi también puso en duda que Dalila conozca realmente al hombre detrás del personaje. “Ella no conoce cómo es él como persona. Habla como si el Pola se mereciera algo mejor, como si fuese el presidente de la nación”, disparó con ironía. En ese sentido, aclaró que para ella su pareja es simplemente “Ezequiel”, alguien con virtudes y defectos, lejos de la idealización que, según consideró, transmitieron los dichos de la cantante.
Finalmente, Barby eligió defenderse con una frase que sintetizó su postura y que apuntó tanto a las críticas sobre su apariencia como a los valores que considera fundamentales en su vida cotidiana. “Lo único bueno que tengo: seré fea, pero yo soy sana, no tengo adicciones, cuido a mi familia y respeto a todo el mundo”, sentenció, en una respuesta que dejó instalada la polémica tras la entrega de premios.
Barby Silenzi, El Polaco, Dalila
CHIMENTOS
El director Julián Tagle reflexiona sobre su documental familiar: “Los Machado son magnéticos, trágicos y genuinos”

En la familia Machado, una anécdota puede empezar como un recuerdo, volverse una escena y terminar en una carcajada. Entre silencios, gestos que dicen más que una explicación y una intimidad que no busca disimular sus contradicciones, Julián Santiago Tagle encontró el pulso de un documental sobre la familia, llamado sin ambages así, Machado, que mira hacia adentro sin ofrecer respuestas fáciles.
La película se asoma a ese universo familiar, donde muchos de sus integrantes se dedicaron a la actuación, con cercanía y sin solemnidad. Hay afectos, heridas, secretos a medias y personajes que parecen moverse con la naturalidad de quien no sabe que está dejando una huella. De esa convivencia entre lo cotidiano y lo inesperado nace una historia en la que cada revelación abre una nueva pregunta.
—¿Por qué empezaste a filmar a tu familia?
—Empecé hace mucho, hace como 20 años. No arranqué pensando tanto en contar la historia de la familia, porque había muchas cosas que no sabía cuando comencé a filmarlos. Pero me llamaba la atención lo que pasaba alrededor mío. Lo vivía más con la sensación de ser espectador que de ser director.
—¿Qué veías en ellos?
—Son muy magnéticos delante de la cámara. Son genuinos, divertidos. Hay algo de un Machado frente a cámara que funciona.

—¿Con qué equipos hiciste esas primeras filmaciones?
—Con el celular que tenía a mano. Por eso la película tiene una escalada de formatos: hay cosas que se ven muy mal, imágenes hechas con cámara de fotos, con celulares viejos y con celulares nuevos. Esa es también una de las reglas de la película.
—¿Tu familia aceptaba que la filmaras?
—A todos les encanta que los filmen. Incluso mi abuela, que no es actriz y es un personaje muy importante. Con el tiempo se acostumbraron a que estuviera con la cámara. Como tardé tanto en terminar la película, creo que por momentos habrán dudado de que fuera a llegar al final.

—¿Quiénes integran la familia que aparece en el documental?
—Mi mamá es Marta Machado, la mayor de cuatro hermanos. Después viene Rodolfo Machado, que se llama igual que mi abuelo. Él fue el único que no se dedicó a la actuación hasta que murió mi abuelo, en 2020. A partir de entonces empezó a trabajar como actor.
—¿Tu madre también tuvo una carrera artística?
—Sí. Actuó en Rosa de lejos, junto con mi abuelo; tuvo participaciones en Montaña rusa, Muñeca brava y Hombres de ley. También trabajó en El lado oscuro del corazón y en varias obras de teatro. Hizo trabajos con Alberto Ure y compartió escenario con Cristina Banegas.
—¿Vos seguiste ese camino?
—Estudié teatro durante bastante tiempo, pero entendí que no era lo mío. Me sirvió como una herramienta para lo que quería hacer, que era dirigir películas. Mi hermana menor, Carmen, sí es actriz; mi hermana mayor es abogada.

—En la película aparece la historia de tu mamá. ¿Cuándo comenzaron sus internaciones?
—Su primera internación fue cuando yo tenía 11 años. Me enteré de eso hace relativamente poco, porque yo recordaba como primera internación la que tuvo cuando se fue de casa, dos años después. Ella atravesó depresión, bipolaridad, trastorno límite de la personalidad y otros problemas de salud mental. También tuvo intentos de suicidio.
—¿Cómo fue ese proceso para la familia?
—En las internaciones le indicaban medicación, se estabilizaba y, al tiempo, recibía el alta. Después se sentía mejor y dejaba de tomarla, o se sentía mal y tomaba más de lo que le habían recetado. Eso la desestabilizaba. En distintos momentos, ella misma pidió volver a internarse. Nunca fue internada por la fuerza. En el lugar donde está ahora lleva cinco o seis años, pero antes pasó por alrededor de diez o quince instituciones psiquiátricas, entre la Ciudad y la provincia de Buenos Aires.

—¿Por qué se fue de su casa?
—Ella decidió irse porque sentía que no era feliz, que necesitaba libertad y vivir cosas que no había vivido. Pero nunca se fue y se borró. Siempre estuvo presente y, en el estado en que estuviera, su prioridad fuimos nosotros tres: mis dos hermanas y yo.
—¿Qué edad tenían ustedes entonces?
—Yo tenía 13 años, mi hermana menor nueve y la mayor 15. Nos quedamos viviendo con mi papá, que es psicoanalista. Él intentaba contenerla y ayudarla, pero para una persona con los impulsos que tenía ella también podía ser insoportable sentir que la controlaban todo el tiempo.
—¿Cómo describís hoy el problema de salud que atravesaba tu mamá?
—Nunca perdió la noción del tiempo y el espacio. Le costaba controlar impulsos y pensar en las consecuencias. Podía conseguir un trabajo muy bueno, ir una semana y después no volver. O tener plata y gastarla. Mi papá cuenta que, al principio, le fascinaba su costado libre y desestructurado. Hay algo de esa forma de ser que en la juventud puede resultar atractivo, pero con los años necesita otro encauzamiento.
—¿Filmar a tu familia fue un ejercicio catártico?
—Creo que ese fue un efecto secundario. Nunca encaré la película con ese objetivo. Si uno hace un proyecto así solo para tramitar un trauma o elaborar algo personal, puede terminar siendo insoportable para el espectador. Yo la pensé como una película para disfrutar en una sala, para reírse y emocionarse.
—¿Qué pasó en el plano personal mientras hacías la película?
—Inevitablemente pasan muchas cosas en el vínculo conmigo, con mi mamá y con mi familia. Tengo pocos recuerdos de mi infancia y, al ver la película, me conecto emocionalmente con situaciones de mi historia con ella que en la vida cotidiana no me pasan o me cuesta registrar. Viéndola me emociono, me río y me atraviesan cosas que no aparecen de la misma manera fuera de la película.

—¿El dolor fue lo que te impulsó a filmar?
—No. La película en punto es divertida. Ellos hablan de situaciones terribles desde el humor y el amor; atraviesan la tragedia de una forma muy vital. Eso siempre estuvo presente en la familia.
—Uno de los temas es la ludopatía de tu abuelo, Rodolfo Machado. ¿Cómo decidiste abordarlo?
—Es algo delicado de la intimidad familiar, pero quienes lo conocían sabían que era central en su vida. La actividad que más hacía era ir al bingo a jugar a las maquinitas. Sin embargo, tampoco era un tema tabú: él mismo se reía de eso.
—Tuvo una carrera con continuidad, y sobre todo en la ficción…
—Hizo muchísima televisión y todo tipo de personajes. En sus últimos 15 años dejó la televisión y salió de gira por la provincia de Buenos Aires con un unipersonal que escribía, dirigía, protagonizaba y vendía él mismo. Lo hacía en bares y teatros pequeños. Siguió trabajando hasta dos semanas antes de morir, a los 88 o 89 años.

—La obra también hablaba de su relación con el juego…
—La última se llamaba Cerraron el bingo, me quiero matar. Él se reía mucho de eso. En la familia, casi ningún tema funciona como un tema delicado. Es una forma de vivir y de transitar las cosas.
—¿Cuánto tiempo te llevó editar la película?
—Estuve diez años editando y trabajé con cinco montajistas distintos. Fue muy importante para mí trabajar con esas personas, porque cada una proponía una mirada diferente. A uno le parecía mejor sumar más escenas de novelas; otro proponía sacar entrevistas. Fui tomando lo que me servía de cada proceso.
—¿Por qué decidías cambiar de montajista?
—Porque no sentía que la película estuviera terminada. Con cada uno trabajaba un aspecto distinto y aparecían ideas nuevas. Seguí mucho mi intuición. Cuando terminé el último corte, sentí que habíamos llegado al mejor corte posible con el material que tenía. Después de tanto tiempo, fue una satisfacción enorme.
—¿Cuánto material reuniste?
—Hay unas 80 horas de filmaciones propias, además de muchas horas en VHS que mi abuela grababa cuando los Machado aparecían en televisión. Con los últimos dos montajistas, el trabajo fue muy preciso. Ellos partían del corte que yo les llevaba y proponían ideas; entonces yo podía volver a una escena o una entrevista determinada porque tenía todo el material catalogado y marcado.

—¿Todo lo que se ve en la película es real?
—Sí. Hay escenas de ficción protagonizadas por ellos que vienen de VHS en los que mi abuela grababa telenovelas, pero lo que contamos es real. Mucha gente me pregunta cómo podía estar con la cámara en ciertos momentos y no puede creer que no estuviera guionado.
—¿Agregaste voces o sonidos en el proceso de edición?
—En el documental se puede construir sentido con voces o sonidos que no estaban presentes cuando se registró una escena. En esta película, todo lo que se escucha estaba sonando y todo lo que se decía se dijo en el instante en que la cámara filmó. Hay algo genuino, incluso bruto, en la cámara enfocando y encuadrando como podía en ese momento. Eso forma parte del sentido de la película.
—¿Cómo fueron las primeras reacciones?
—En BAFICI la película recibió el premio de la crítica, el del público y el de asociaciones de montaje. En las últimas semanas pasó algo distinto: empezó a circular más, hubo entrevistas y recomendaciones de personas que la vieron. Las repercusiones fueron increíbles.
—Presenciaste funciones…
—Sí, claro. Disfruto mucho cuando la gente se ríe, y viene pasando bastante. Pero también hubo proyecciones en las que algunas personas se reían y otras se ofendían por esas risas. Depende de cómo lo tome cada uno. Hay quienes terminan más golpeados desde lo emocional y otros que salen más esperanzados. Que pase eso muestra que la película genera cosas.
—¿Los espectadores comparten sus propias experiencias?
—Muchísimo. Después de cada función se acercan dos o tres personas y dicen que su familia es igual o cuentan situaciones que vivieron. Se identifican mucho, y eso es algo lindo.

—¿Tu familia estuvo en el estreno?
—Sí, fueron todos, mi mamá, mi abuela y mis tres tíos. Estaban encantados. El único que no llegó a ver la película terminada fue mi abuelo, porque murió en 2020.
—¿Alguien te cuestionó una escena o te pidió que quitaras algo?
—No, nada. Vienen a verla y cada vez les gusta más. Antes del estreno, algunos estaban preocupados porque no habían visto el corte final y yo tenía muchísimo material. Con esas horas se podía armar una película muy diferente.
—¿Dejaste cosas afuera para cuidar la intimidad de la familia?
—Hay un montón de cosas que no usé, que habrían armado otra película y contado otros aspectos de la intimidad familiar. Decidí no incluirlas porque los conozco y sé qué cosas exponen y cuáles quieren que se sepan.

—¿Cómo fue la reacción de tu papá?
—Está fascinado y va a todas las funciones. En los primeros cortes tenía entrevistas muy buenas y era otro personaje de la película. Pero uno de los montajistas propuso sacarlo: mi papá, desde su lugar de psicólogo, podía quedar como una voz autorizada que opinaba sobre los Machado, y eso rompía con la esencia de la película.
—¿Y tu abuela?
—Era la persona sobre la que más dudas tenía, porque siempre fue muy de las formas, la imagen y lo correcto. Su familia tuvo mucho dinero y lo perdió todo, y a veces fue negadora con algunos aspectos de la historia familiar. Pero vio la película, le encantó y, al terminar la función, dijo que quería que todos supieran que seguía amando a su marido y que lo amaría para siempre.
Machado,Julián Tagle,documental,BAFICI
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