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Incertidumbres en la Justicia

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La oscuridad es el manto que tendieron sobre la Justicia. La primera responsable de esa opacidad es la política; la segunda cae sobre los propios jueces. Un juez bueno, Martín Irurzun, que fue uno de los magistrados que con más convicción condenó la corrupción política, está en un limbo que seguramente se resolverá, más vale pronto que tarde, en los propios tribunales. Irurzun cumplió 75 años, que es el límite etario que marca la Constitución para ser juez en la Argentina desde la reforma de 1994; antes no existía ninguna limitación que surgiera del mandato constitucional. De hecho, hemos visto aquí como el exjuez de la Corte Suprema Carlos Fayt fue miembro del tribunal supremo hasta los 98 años; renunció poco antes de morir. Tampoco en los Estados Unidos existe esa restricción impuesta por la edad. Hemos visto de igual modo al exjuez senior del tribunal sur de Nueva York Thomas Griesa, célebre en la Argentina por ser quien resolvía sobre el caso de los holdouts (los bonistas que persistían en considerar en default la deuda argentina), morir en el cargo a los 87 años.

En el país, existen dos jurisprudencias contradictorias de la Corte Suprema. Una corresponde precisamente al juez Fayt. El llamado “caso Fayt” refiere a una resolución del máximo tribunal de justicia en el que declaró “nulo de nulidad absoluta” el articulo de la Constitución que fijó ese precepto etario. El argumento de la Corte de 1999 consistía en que ese artículo agregado a la Constitución por los constituyentes no figuraba en el núcleo de coincidencias básicas que había aprobado el Congreso cuando convocó a la Asamblea Constituyente. El núcleo de coincidencias surgió, a su vez, del llamado Pacto de Olivos que suscribieron los dos mayores partidos políticos de ese momento: el peronismo conducido por Carlos Menem y el radicalismo liderado por Raúl Alfonsín.

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Mucho después, la Corte modificó esa jurisprudencia con el llamado “caso Schiffrin” por el camarista Leopoldo Schiffrin, quien reclamó, poco antes de cumplir los 75 años, que hicieran valer en su caso la jurisprudencia que había beneficiado a Fayt. La Corte, integrada ya en 2017 por otros jueces, cambió la jurisprudencia y dictaminó que la Asamblea Constituyente tenía autonomía como para agregar decisiones constitucionales que no estaban en el núcleo de coincidencias básicas. La Constitución quedó así con dos artículos contradictorios: el 99, inciso 4, que establece los 75 años como límite para que los jueces se vayan, y el artículo 110 que dispone la inamovilidad de los jueces mientras dure su buena conducta.

El reconocimiento de que el límite etario es inconstitucional, tal como la Corte estableció en 1999, contó con el voto del actual vicepresidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz, quien fue asesor de Alfonsín cuando este fue constituyente para aplicar la reforma pactada con Menem. Sin embargo, otros dos jueces de la Corte, Horacio Rosatti, actual presidente de la Corte, y Juan Carlos Maqueda, que renunció en diciembre de 2024 cuando cumplió los 75 años, votaron a favor de reconocer la vigencia de ese artículo. Rosatti y Maqueda fueron constituyentes por el Partido Justicialista para la reforma constitucional de 1994. Dos posiciones entre tres jueces que participaron de la misma reforma constitucional.

Ahora, Irurzun pidió una cautelar cuando el gobierno de Javier Milei ni siquiera le contestó una solicitud formal para contar con un nuevo acuerdo del Senado por cinco años más, mecanismo también previsto por la reforma del 94. El caso de Irurzun es el mismo del juez de la Cámara de Casación Carlos Mahiques, padre del actual ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques. Mahiques padre contó en el acto con el apoyo del Gobierno para continuar siendo juez hasta los 80 años. El Senado le dio el acuerdo con un número arrollador de votos. Hubo intensas gestiones del oficialismo.

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Carlos Mahiques con su hijo Juan Bautista, actual ministro de Justicia

La cautelar requerida por Irurzun fue rechazada por el juez de primera instancia y por la Cámara en lo Contencioso Administrativo. Irurzun planteó entonces la cuestión ante la propia Corte Suprema, pero el máximo tribunal debería en este caso dictar una cautelar, decisión que casi nunca tomó. Generalmente, las cautelares se deciden en las instancias inferiores de la Justicia.

Otro análisis que se escuchó en despachos cercanos a los jueces supremos es que se trata de un caso abstracto porque Irurzun ya cumplió los 75 años, aunque el reconocido magistrado hizo su presentación en la Corte antes de su cumpleaños. Irurzun también planteó en primera instancia la cuestión de fondo (¿el límite de los 75 años es constitucional según la jurisprudencia vigente o, por el contrario, es inconstitucional como lo estableció la Corte en 1999?).

Dijeron en despachos muy encumbrados de la Justicia que Irurzun debería esperar, sin renunciar, a que se resuelva el fondo de la cuestión. El problema es que, mientras no se resuelva el planteo a favor o en contra de Irurzun, este no puede ejercer el cargo de juez porque sus decisiones podrían ser objetadas. Mientras no renuncie y se jubile, tampoco cobrará su salario como juez hasta que no haya una sentencia definitiva. Ese es el limbo en el que está Irurzun, un juez que creó una doctrina propia cuando persiguió la corrupción del kirchnerismo. La “doctrina Irurzun” sostiene que los exfuncionarios deben ser sometidos a prisión preventiva porque pueden tener un poder residual para entorpecer el proceso. Julio De Vido fue preso, previa autorización de la Cámara de Diputados que integraba, porque prevaleció la “doctrina Irurzun”.

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Esos son los trazos principales de un conflicto de técnica jurídica que afecta a un juez que nunca fue cuestionado. La cuestión central es otra: Irurzun integra la sala II de la Cámara Federal de Apelaciones que tiene a su cargo la revisión de la investigación por el presunto pago de sobornos en la Agencia Nacional de Discapacidad, que expuso su propio exdirector, y amigo del Presidente, Diego Spagnuolo. La denuncia afecta directamente a la influyente hermana del Presidente, Karina Milei, y a los primos Menem, sobre todo a Eduardo “Lule” Menem, según se desprende de los audios atribuidos a Spagnuolo.

Fuentes oficiales inmejorables aseguraron que el ministro Mahiques le garantizó a la familia Milei que él se haría cargo de terminar con la investigación sobre los presuntos sobornos por la compra de medicamentos para discapacitados. El ministro Mahiques nunca habló bien del juez Irurzun, tal vez para justificar el desdén con el que lo trató su gobierno.

¿Permitirá la Justicia que se cometa semejante injusticia? En la cuestión de fondo, ¿no son muchos, acaso, los jueces capaces de suscribir la teoría de la inconstitucionalidad de ese artículo de la Constitución porque saben que algún día la guillotina caerá sobre ellos? Además, una justicia que le renueva de inmediato el acuerdo para seguir siendo juez al padre del ministro de Justicia, y se lo niega a un juez con reconocidos antecedentes como intachable magistrado, no es justicia.

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Peor: Irurzun podría ser reemplazado por el juez Pablo Yadarola, amigo personal del ministro Mahiques. Todo un estropicio. Como señaló ayer en un artículo en el entrañable político Esteban Bullrich “sin instituciones confiables, la república termina siendo apenas una palabra escrita en la Constitución”.

Ese es el contexto en el que se enmarca la audiencia convocada para hoy por la Cámara de Casación para escuchar a las partes; en síntesis, los jueces Diego Barroetaveña y Mariano Borinsky aceptaron escuchar a Claudio “Chiqui” Tapia y a su cómplice, Pablo Toviggino, otro personaje frecuentado por el ministro Mahiques, o a sus abogados. Estos aspiran a que la investigación sobre la propiedad de la mega mansión de Pilar, atribuida a Toviggino, testaferros mediante, se dirima en el juzgado federal de Campana, donde manda el juez Adrián González Charvay. Los dueños de la AFA confían más en la bondad para con ellos de González Charvay que en la jueza Verónica Straccia, actualmente a cargo de ese expediente y con prestigio de persona seria y trabajadora.

La carpa que montó la AFA en Pilar, en la que las diferentes categorías del ascenso eligieron a sus asambleístas

La Cámara de Casación debe decidir si la sede de la poderosa AFA está en un terreno baldío de Pilar (en ese caso, la cuestión caería en manos de González Charvay) o en su histórico edificio de la calle Viamonte en la Capital, donde durante décadas se vivieron los días de gloria y de infortunio del fútbol argentino. Hace poco, Tapia y Toviggino hicieron levantar una carpa en el terreno de Pilar, e instalaron baños químicos, para poder hacer una asamblea de dirigentes. Todo es poco para notificar a los jueces de que ellos ahora trabajan en Pilar y no en la calle Viamonte de la Capital. Todo es poco para que sea el juez González Charvay quien investigue la propiedad de esa mansión en la que el juez Carlos Mahiques, padre del ministro, habría festejado sus 75 años. No es solo una versión. Hay también una virtual confesión: “Y si fuera cierto, ¿cuál sería el problema?”, respondió Mahiques padre cuando le preguntaron si era cierta la información de su fiesta cumpleañera en ese lugar.

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Fuentes cercanas al Ministerio de Justicia señalaron que la Justicia debe establecer la sede de Pilar como el lugar de la AFA porque así lo estableció la Inspección General de Justicia. ¿Solo por eso? ¿Manda más la IGJ que el criterio de los jueces? Elisa Carrió reclamó ayer que el juez Barroetaveña se excuse de seguir tratando el caso de la AFA en la Cámara de Casación porque fue presidente de la Comisión de Ética de la entidad más importante del fútbol argentino hasta fines del año pasado. Tiene razón. No se puede ser juez y parte. Barroetaveña no es el único juez que estuvo cerca de Tapia y Toviggino en los últimos años. Son muchos, no pocos de ellos cumplen funciones en las provincias. La AFA y el vaho de poder que la rodea son demasiado seductores. Por su parte, el juez Yadarola, el amigo del ministro Mahiques, quedó en el puesto 16 entre los candidatos a integrar la Cámara Federal en el examen escrito, pero escaló hasta la terna finalmente enviada por el Consejo de la Magistratura al Gobierno luego de su examen oral. No hay otra deducción creíble si no se piensa mal: saben hablar, pero no saben escribir.




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Quién es Laura de Marinis, la jueza porteña que consideró inconstitucional el nuevo Régimen Penal Juvenil y sobreseyó a un adolescente de 14 años

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Laura Beatriz de Marinis es la jueza porteña que quedó en el medio de una fuerte controversia por la declaración de inconstitucionalidad del nuevo Régimen Penal Juvenil y el sobreseimiento a un menor de 14 años, en una causa caratulada como tentativa de robo, que derivó el pedido de juicio político de parte del jefe de gobierno porteño, Jorge Macri.

De Marinis empezó su carrera en la Justicia en 2006, cuando todavía no se había recibido como abogada, y pasó por diversos cargos, en el Ministerio Público Fiscal y el Ministerio Público de la Defensa.

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Antes de ser designada como magistrada, fue Prosecretaria de Cámara Letrada en la Secretaría Letrada de Intervención Penal Juvenil, que depende de la Defensoría General Adjunta en lo Penal, Contravencional y de Faltas, puesto que ocupó desde 2017.

En marzo de 2023 participó de un concurso de oposición y antecedentes ante la Comisión de Selección de Jueces, Juezas e integrantes del Ministerio Público del Consejo de la Magistratura, logró la calificación necesaria y el 19 de diciembre de ese año juró como jueza ante el Tribunal Superior de Justicia de la ciudad de Buenos Aires.

Ahora está a cargo del Juzgado Penal Juvenil, Contravencional y de faltas N°3 de la ciudad de Buenos Aires.

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A fines de 2023 dejó sin efecto la prisión domiciliaria de Carlos Manuel Andrés, el joven condenado a cuatro años y seis meses de prisión por pegarle una fuerte trompada al playero en un estacionamiento del barrio porteño de Monserrat, el 19 de noviembre de 2021. El argumento de la magistrada fue que el joven tenía una tobillera electrónica que podía geolocalizarlo.

La referencia de la jueza a una canción de Lali Espósito luego de la sanción de la baja de la edad de imputabilidad a 14 años

En abril, luego de la sanción de la edad de imputabilidad a 14 años, De Marinis le dio una entrevista a Lo Que No Se Dice Streaming, con referencias a la canción “No hay héroes”, de Lali Espósito.

Parte de la letra de la obra dice: “Y yo sé que ni vos sabés, que no hay héroes ni villanos, que en la guerra nadie gana, que no alcanzan las dos manos, que no siempre el malo paga”.

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La jueza mencionó: “A veces el malo no siempre paga, y a veces no es justo nada”. Luego dijo: “Los jueces tenemos que trabajar con lo que la ley dice, y a veces nos colocan en esos lugares donde el malo no siempre paga. La canción es muy rica, tiene un montón de partes lindas. No sé si la vida es solo de buenos y malos”.

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El Senado se encamina a una dura pelea por dos lugares en el Consejo de la Magistratura y el rol de Villarruel podría ser decisivo

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La pronta renovación del Consejo de la Magistratura volverá a colocar al Senado en el centro de una pulseada de alto voltaje político, con el oficialismo y el kirchnerismo mirando de reojo el reparto de las cuatro sillas que le corresponden a la Cámara alta en el organismo encargado de seleccionar, controlar y eventualmente sancionar a los jueces federales y nacionales.

La pelea que se anticipa es por ver quién se quedará con dos de los cuatro lugares en disputa, correspondientes a la mayoría o, como en este caso en el que ningún bloque tiene el control de la Cámara, la primera minoría.

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El fiel de la balanza en esta pelea será la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien tiene la facultad de firmar el decreto validando la designación de los cuatro representantes del Senado en el Consejo de la Magistratura.

A priori, la puja está pareja. Tanto La Libertad Avanza (LLA) como el kirchnerismo tienen 21 senadores y desde ambas orillas ya anticipan que lucharán por sumar un nuevo consejero, en el caso del oficialismo, o retener las dos poltronas que tiene en la actualidad el peronismo.

“Nosotros vamos a reclamar dos lugares, uno le corresponde al peronismo y el cuarto a la UCR”, hacen cuentas en la mesa de arena de Patricia Bullrich (Capital), la jefa de la bancada oficialista del Senado.

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“Nosotros tenemos 25 senadores, somos la primera minoría”, replican en el despacho de José Mayans (Formosa), jefe del bloque del kirchnerismo y vicepresidente del PJ en ejercicio de la presidencia porque Cristina Kirchner purga prisión domiciliaria condenada por corrupción en la administración pública.

Para el oficialismo, la cifra que citan los peronistas es discutible, ya que esos 25 senadores salen de contar un interbloque con los dos senadores del bloque del Frente Cívico de Santiago del Estero, liderado por Gerardo Zamora, y los otros dos peronistas del bloque Justicia Social Federal, que componen Fernando Salino (San Luis) y Fernando Rejal (La Rioja).

Senador nacional Gerardo ZamoraPilar Camacho

Pero en el oficialismo también reconocen que, por el momento, están flojos de argumentos para reclamar dos de los cuatro lugares y buscan la fórmula que les permita arrebatarles a los kirchneristas un sitial que podría ser clave.

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Es que la pelea promete ser áspera porque no se trata solo de nombres. En juego estará la capacidad del oficialismo de incidir en un cuerpo clave para la política judicial.

El control de la Justicia se ha convertido en una de las prioridades de un Gobierno que busca completar las más de 300 vacantes que le dejaron los gobiernos de Mauricio Macri y de Alberto Fernández, tarea que lleva adelante el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, bajo la atenta mirada de la secretaria general de la presidencia, Karina Milei, y los primos Martín y Eduardo “Lule” Menem.

El Consejo funciona hoy con veinte miembros: el presidente de la Corte Suprema, representantes de los jueces, abogados, académicos, del Poder Ejecutivo y ocho legisladores nacionales, cuatro por cada cámara del Congreso.

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En el caso del Senado, la ley establece que dos lugares corresponden al bloque con mayor representación y los otros dos a la primera y segunda minoría. Esa fórmula, aparentemente aritmética, suele convertirse en una batalla política cuando la composición de los bloques queda abierta a interpretaciones o maniobras tácticas.

Patricia Bullrich, la jefa del bloque de La Libertad Avanza en el SenadoNicolás Suárez

Los actuales representantes del Senado llegaron al Consejo en el período iniciado en 2022. Entonces fueron designados los ultrakirchneristas María Inés Pilatti (Chaco)y Mariano Recalde (Capiotal) por el oficialismo de aquel momento, Eduardo Vischi (UCR-Corrientes) por la primera minoría y otro ultrakirchnerista, Martín Doñate (Río Negro), por la segunda.

Aquella dotación surgió de una maniobra pergeñada por Cristina Kirchner, por entonces vicepresidenta y, por lo tanto, presidenta del Senado. En abril de 2022, tras el fallo de la Corte Suprema que ordenó volver a la integración de veinte miembros del Consejo, el Frente de Todos se dividió en dos bloques: Frente Nacional y Popular, con 21 senadores, y Unidad Ciudadana, con 14.

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Con esa jugada, el kirchnerismo intentó conservar la mayoría y, al mismo tiempo, quedarse con la segunda minoría, lo que le permitió sumar a Doñate y desplazar al entonces senador opositor Luis Juez.

La Corte Suprema desactivó la maniobra meses después. En un fallo de fuerte contenido político e institucional, anuló el decreto parlamentario que había permitido la designación de Doñate y sostuvo que la división del bloque oficialista no era aplicable para determinar la representación en el Consejo.

El tribunal habló de “ardid”, “artificio” y “manipulación”, y dejó asentado que la regla de las minorías no podía ser alterada por una ingeniería parlamentaria diseñada para obtener un beneficio político.

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Como consecuencia de aquel fallo, Doñate no pudo seguir en el Consejo y se habilitó la jura de Juez, por aquel entonces en el bloque Pro. El cordobés continúa en el organismo, pero ahora representa a La Libertad Avanza, bloque al que se sumó en diciembre del año pasado.

En el interín hubo más cambios: la hiperkirchnerista y miembro de La Cámpora Anabel Fernández Sagasti (Mendoza) juró como consejera en reemplazo de Pilatti, que concluyó su mandato.

El recambio general del Consejo está previsto para fin de año, cuando debe iniciarse el período 2026-2030, una renovación que ya generó movimientos judiciales y políticos por la posibilidad -resistida por el propio Consejo-, de habilitar reelecciones consecutivas.

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La batalla recién empieza, pero ya tiene antecedentes, protagonistas y un botín institucional codiciado. En el Senado saben que cada firma, cada decreto parlamentario y cada movimiento de bloque podrá terminar bajo la lupa de la Corte.




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El ministro de Justicia porteño promoverá un jury contra la jueza que cuestionó la baja de imputabilidad

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El ministro de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires, Gabino Tapia, anunció que presentará “a título personal” un pedido de jury contra la jueza Laura Beatriz De Marinis, quien declaró inconstitucional la baja de la edad de imputabilidad para un caso de tentativa de robo y sobreseyó a un adolescente de 14 años.

“Yo voy a estar presentando a título personal el pedido de jury a esta jueza para que el Consejo de la Magistratura de la Ciudad analice e interprete, porque ese es el tipo de procedimiento, si esta jueza cumplió o no con su tarea”, afirmó Tapia en diálogo con Radio Mitre.

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El funcionario cuestionó la resolución de la titular del Juzgado Penal Juvenil, Contravencional y de Faltas N.º 3. “Estamos indignados. Este tipo de fallos te ponen en crisis todo un trabajo que se viene haciendo, que se hizo en el Congreso Nacional, que bajó la edad de imputabilidad para que aquel que no cumple la ley tenga sus consecuencias”, sostuvo.

Tapia también objetó que la magistrada evaluara la constitucionalidad de la norma. “Los jueces no están para interpretar la ley, porque para eso están los legisladores”, dijo. Luego agregó que el pronunciamiento de De Marinis “ningunea inclusive un debate que se dio en el Congreso” y que resulta “atacable por donde se lo mire”.

La jueza Laura Beatriz De Marinis. Fuente: La 100

El ministro remarcó que la decisión judicial no suspendió la vigencia de la Ley Penal Juvenil en el territorio porteño. “Es un fallo de primera instancia que se aplica primero y principal a este único caso. O sea que la ley está vigente en la Ciudad”, señaló.

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La jueza declaró inconstitucional la baja de la edad de punibilidad para el expediente de un joven identificado por las iniciales M.I.A., acusado de tentativa de robo. La resolución ordenó su sobreseimiento y dispuso la intervención del Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes para que diseñe un plan de acompañamiento familiar, reinserción escolar y acceso a actividades recreativas.

Tapia afirmó que la fiscalía presentó un recurso contra la decisión. “Esta mañana acabo de cortar con el fiscal general, ya está presentada la apelación y estoy seguro que la Cámara lo va a revocar, lo va a dar vuelta, porque argumentos hay para eso”, expresó.

El funcionario vinculó la iniciativa de jury con el objetivo de que el Consejo de la Magistratura revise la actuación de la magistrada. “Así como trabajamos para que el delincuente o aquel que incumpla la norma tenga sus consecuencias, también, si hay algún juez que no está cumpliendo o aplicando la norma y se dedica a interpretarla, vamos a trabajar para que tenga sus consecuencias”, planteó.

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“En este caso, que deje de ser jueza”, agregó Tapia.

La magistrada sobreseyó al adolescente y ordenó que el Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes diseñe un plan de acompañamiento familiar

Consultado sobre las condiciones de alojamiento para adolescentes de entre 14 y 16 años que queden alcanzados por el nuevo régimen, el ministro explicó que la Ciudad contaba con un fuero penal juvenil y con un convenio previo en la materia.

Según Tapia, durante los 180 días previstos para la adecuación de la normativa, el Gobierno porteño trabajó sobre los lugares de alojamiento y los protocolos de actuación junto con el Ministerio Público Fiscal, el Ministerio Público Tutelar, el Ministerio de Educación y el Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes.

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“El encierro es la última de las medidas que dispone la norma”, afirmó. También indicó que existen sanciones previas y mecanismos de contención y cuidado para los adolescentes alcanzados por el sistema.

El ministro diferenció el arresto de un menor de la posterior intervención judicial. “La policía, cuando alguien comete un delito, no le pide el documento antes de detenerlo. Primero lo detiene”, explicó. A su vez, sostuvo que la modificación central de la ley alcanza a los adolescentes de 14 a 16 años, quienes ahora pueden ser juzgados por determinados delitos.

“La baja de imputabilidad no cambia el arresto cuando se lo lleva detenido. Cambia adónde se lo deriva y la acción que trae la ley”, señaló Tapia.

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