INTERNACIONAL
Israel bombardea Beirut y despierta fantasmas de guerra en la capital libanesa

Cuando al mediodía de este viernes, Israel lanzó su primera orden de evacuación para los suburbios meridionales de Beirut en cuatro meses del alto el fuego, Sawsan dormía plácidamente en su hogar, a apenas 400 metros del inmueble que el Ejército del país vecino amenazaba con bombardear.
El aviso, apenas hora y media antes de que dos misiles redujeran a escombros el edificio, despertó para muchos residentes del extrarradio del Dahye los fantasmas de un conflicto durante el que sus barrios fueron bombardeados cruentamente, casi siempre tras órdenes de evacuación como la de este viernes.
«Estaba durmiendo cuando el conserje llamó a la puerta para avisarme, me desperté, y vi que tenía muchas llamadas y mensajes de familiares alertándome (…) Puse ropa en una mochila y la primera explosión de aviso me atrapó en el departamento; todo tembló y entonces salí corriendo«, relata Sawsan a EFE.
Los cazas israelíes llevaron a cabo tres simulaciones de ataque a intervalos, hasta que, finalmente, el bombardeo real resonó con fuerza por toda la capital.
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Israel bombardea Beirut y despierta fantasmas de guerra en la capital libanesa
La mujer, de 30 años, explica que el ataque tuvo lugar unos 15 minutos después de que abandonara corriendo su casa en el barrio de Hadath y no esconde que está «asustada» mientras deja pasar el tiempo junto a otros evacuados congregados alrededor de una iglesia no muy lejos de lugar del ataque.
«Cuando escuché el sonido recordé lo que sentía durante la guerra y me sentí fatal. Estaba nerviosa, notaba como mi cuerpo temblaba», afirma la vecina.
Durante la cruenta ofensiva área israelí que golpeó el Líbano entre el 23 de septiembre y el 27 de noviembre de 2024, y que acabó convirtiendo el Dahye en un suburbio fantasma hasta la entrada en vigor de un alto el fuego, Sawsan dormía en el coche o en la calle.
«Ahora estamos otra vez aquí afuera esperando», lamenta.
Las últimas explosiones habían resonado en el Dahye la madrugada del 27 de noviembre, cuando el reloj se acercaba a la entrada en vigor del cese de hostilidades, y desde entonces el suburbio capitalino vivía en calma pese a la repetición de algunos ataques en zonas más meridionales.
Sin embargo, a primera hora de este viernes, dos cohetes fueron lanzados desde el Líbano hacia el norte de Israel, provocando en respuesta una serie de bombardeos contra el sur del territorio libanés, el más grave de los cuales causó al menos tres muertos y 18 heridos en Kfar Tebnit.
Al mediodía, llegó el ataque al lado de Beirut, disparando los miedos a una nueva espiral de violencia.
Farid, otro vecino de Hadath que este viernes tuvo que abandonar su hogar corriendo, reconoce que no se puede sacar de la cabeza la posibilidad de que se reactive la guerra y solo espera que este ataque no sea el inicio de un regreso a la situación que les tocó vivir hasta finales del pasado año.
«Si la guerra vuelve tengo que cuidar de mi mujer, de mis hermanas y padres. Tengo que estar pendiente de mi vida y de la suya, y me preocupa; si ahora pasase algo en mi casa no tendría otro hogar donde vivir», lamenta a EFE el joven, de 32 años.
«Durante la guerra dormíamos en el coche, solo entrábamos a casa de vez en cuando para ducharnos y volvíamos al coche», recuerda.
Por ello, al enterarse de la nueva orden de evacuación israelí lo primer que sintió fue «miedo» a tener que volver a pasar sus días de aquella forma. También le cruzó la mente un pensamiento claro: «No quiero vivir en un coche», comenta Farid.
Mostafa es cristiano, tiene 51 años y el caos de este viernes le dejó atrapado en la carretera de Hadath mientras iba a buscar a su hijo.
Después de que el Ejército israelí avisara en la red social X de que tenía planes de hacer volar por los aires un edificio en la zona, la población salió corriendo a las calles entre disparos al aire para avisar del peligro y las autoridades anunciaron la cancelación de clases en el área.
Sin embargo, pese a todo, Mostafa no comparte los miedos a un nuevo ciclo de violencia de envergadura, ya que está convencido de que el lanzamiento del cohete no tiene nada que ver con Hezbollah.
«No creo que la guerra vaya a volver a empezar, no estoy asustado, solo es una amenaza», zanja, mientras las autoridades libanesas tratan de establecer la autoría del ataque simbólico que despertó a los cazas israelíes.
INTERNACIONAL
Se quedó sin trabajo, le rechazaron un crédito e intentó secuestrar un avión para matar al presidente en 1974

La llamó Operación Caja de Pandora. Un nombre ampuloso, un objetivo muy ambicioso: matar al presidente de Estados Unidos.
Samuel Byck era un hombre de 44 años que había quedado desocupado y al que el banco le había negado un crédito para emprender un nuevo negocio. Estaba enojado y frustrado. Padecía también de problemas mentales. Adjudicó todos sus males a Richard Nixon, el entonces presidente de Estados Unidos. Y diseñó un plan unipersonal para asesinarlo.
El 22 de febrero de 1974 secuestraría un avión, obligaría a la tripulación a tomar rumbo hacia Washington y luego lo haría caer en picada sobre la Casa Blanca. De esa manera cometería el magnicidio. Consideraba que la parte más compleja del plan era asegurarse de que, en el momento en que él estrellara el avión, Nixon se encontrara en la Oficina Oval.
A decir verdad, los planes de Byck no eran muy detallados. Ni siquiera había pensado demasiadas alternativas. Había decidido improvisar. Suponía que con un objetivo claro -tener el dominio del avión para dirigirlo a la Casa Blanca- bastaba. En una de las grabaciones que dejó dice que tomaría un avión con algún ardid, una mentira o por la fuerza, sin demasiados detalles. Lo único que tenía claro era que iba a obligar al piloto a dirigirse a Washington, apuntar a la Casa Blanca y, mientras el avión estuviera descendiendo hacia su objetivo, mataría al piloto de un tiro en la nuca y él tomaría su lugar para asegurarse de cumplir con su objetivo.
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Samuel Byck era el mayor de cuatro hermanos de una familia pobre del sur de Filadelfia. Dejó el colegio siendo muy joven para trabajar y así ayudar en su hogar. Poco después de los 20 se alistó en el ejército donde permaneció dos años. Después se casó y tuvo cuatro hijos. Pasó por múltiples trabajos. Sufría de problemas mentales. Fue diagnosticado como bipolar. Su esposa lo dejó. Samuel pidió un crédito de 20.000 dólares, pero le fue denegado porque el negocio en el que pensaba usarlo era estrafalario. Ese rechazo que lo dejaba sin horizonte laboral lo terminó de desequilibrar. Se persuadió de que el único responsable de sus males era Richard Nixon. Y decidió asesinarlo. No sólo para vengar sus desgracias personales sino también como un supuesto servicio patriótico: estaba convencido de que era un deber que debía afrontar alguien como él.
En varias reuniones sociales contó que pensaba matar al presidente. Tan insistente fue que sus comentarios llegaron a oídos del FBI, que comenzó a investigarlo, pero muy rápido descartó su peligrosidad. Lo consideró un desequilibrado inofensivo. Descubrieron que había intentado afiliarse a las Black Panther Party y que había enviado largas cartas a referentes judíos de diferentes ámbitos, entre ellos, algún senador, jueces, el director de orquesta Leonard Bernstein y el científico Jonas Salk: un elenco variado.
Byck, por su parte, desde el día en que se autoimpuso la misión comenzó a vigilar a Nixon. Caminaba alrededor de la Casa Blanca, esperaba el paso del auto presidencial, anotaba horarios y rutinas. El día de Navidad lo encontraron en la explanada exterior de la Casa Blanca disfrazado de Papá Noel.
El 22 de febrero de 1974, Samuel Byck secuestraría un avión, obligaría a la tripulación a tomar rumbo hacia Washington y luego lo haría caer en picada sobre la Casa Blanca. (Foto: AP)
El primer problema que enfrentó fue cómo conseguir un arma. Él estaba impedido de comprar una en el mercado legal. Había amenazado en público al presidente de Estados Unidos y el FBI, aunque lo había desestimado como objetivo a seguir permanentemente, lo había puesto en una lista de vedados. Necesitaba un arma de fuego: nadie secuestra un avión sin al menos un revólver. Se la robó a un amigo y fue el Smith & Wesson que utilizó para sus crímenes.
Desde fines de los años sesenta y hasta los primeros de la década del setenta la práctica de secuestrar aviones fue muy extendida, tuvo un auge que parece inconcebible en estos tiempos: hubo más de 300 casos. Años de virulencia, convulsionados, en el apogeo de la Guerra Fría, con grupos terroristas exigiendo reivindicaciones y liberación de detenidos en cualquier lugar del mundo y también de algunos vivos como el misterioso caso de D.B.Cooper que se lanzó del avión en pleno vuelo y nadie nunca supo si logró sobrevivir con el botín que obtuvo.
Estos secuestros se hicieron tan habituales que, cuando se convirtieron en un problema serio, se modificó de manera contundente la seguridad aeroportuaria. Byck no había sido original, se inspiró viendo los noticieros. Pero no tuvo en cuenta que la mayoría de los piratas, compraba un pasaje común y procedía a tomar de rehenes a los pasajeros y a la tripulación una vez que ya estaban en el aire.
Al secuestro de los aviones se sumaron otros dos episodios que utilizó como musas. El de un hombre que disparó a decenas de personas desde la terraza de un hotel y al de un helicóptero que aterrizó sin autorización en los jardines de la Casa Blanca. El entonces presidente de los Estados Unidos Richard Nixon, en 1974. (Foto: AFP)
El 22 de febrero de 1974 Samuel Byck se despertó muy temprano. Tomó su arma, se subió a su auto y se dirigió al aeropuerto Baltimore-Washington. Todavía no había amanecido cuando llegó. Después de estacionar, aprovechó la oscuridad para merodear unos minutos mientras buscaba un lugar para ingresar a la pista sin llamar la atención. Hasta que vio una reja abierta. Apuró el paso, pero antes de atravesarla un policía salió a su paso: no podía caminar rápido porque cargaba una valija de cuero pesada. El hombre le explicó con amabilidad y algo de firmeza que el paso estaba restringido, que sólo podía ir por allí personal autorizado. Byck no insistió; sacó la Smith & Wesson de su cintura y disparó desde muy corta distancia. El guardia murió en el acto. El estampido del disparo fue tapado por el rugido de los motores de los aviones.
Byck corrió y subió a un DC-9 de Delta Air Lines con destino a Atlanta que estaba en la pista, próximo a despegar. La unidad no fue elegida con premeditación: tan solo fue la que más cerca estaba y tenía sus puertas abiertas. Se dirigió raudo a la cabina —siempre sin despegarse de su valija de cuero— y, blandiendo el arma, amenazó al piloto y al copiloto. Les ordenó despegar de inmediato.
Los hombres trataron de calmarlo. Le dijeron que harían lo que él les pedía, pero que debían cumplir ciertos pasos porque, de otro modo, no sólo no los autorizarían a salir sino que el avión no estaría en condiciones materiales de volar. “¿Qué condiciones?”, gritó desaforado Byck. Le explicaron que era imposible despegar con las puertas abiertas. “¡Que las cierren!”, gritó. El piloto pidió a las azafatas que lo hicieran. Una de las chicas dudó en obedecer. Byck, con una mano —el arma no la soltaba—, abrió con dificultad la valija de cuero y mostró orgulloso su contenido. Era una bomba casera, muy sencilla pero letal: un bidón metálico de dos galones (unos siete litros y medio) de nafta con una mecha que salía de la parte superior. De uno de los bolsillos del saco extrajo un encendedor y lo acercó a la mecha. “Si no cumplen, explotamos todos”, dijo, simulando serenidad. Las azafatas se apuraron a cerrar todo. Un Douglas DC-9, tal como el que Samuel Byck intentó secuestrar. (Foto: Wikipedia)
Byck apoyó el arma en la nuca del copiloto y ordenó el despegue. Los hombres le mostraron, siempre con paciencia y aplomo, que esa luz roja en el tablero indicaba que los topes de las ruedas todavía estaban puestos y que si el personal de tierra no los retiraba no podrían carretear. Byck no aceptó las explicaciones. Creyó -acaso con razón- que le estaban mintiendo y que dilataban el despegue.
Mientras el piloto intentaba hablar con la torre de control, el secuestrador les disparó a los dos. Los hirió de gravedad. Quedaron en el piso, desangrándose. Byck no se demoró contemplando su obra. Caminó por el pasillo de la nave y escrutaba a los pasajeros aterrados. Con el arma apuntó a una mujer y le ordenó que lo acompañara a la cabina. Decidió que ella fuera la que manejara el avión, la que intentara el despegue, sin importar sus nulas aptitudes. La mujer nunca había pilotado un avión, había sido elegida al azar por Byck, en medio de la nube de alienación que lo envolvía. Uno de los pasajeros quiso convencerlo de abandonar su aventura. Le dijo que si intentaban volar sin alguien capacitado al mando todos iban a morir. Byck no le contestó, sólo miró la valija y regresó a la cabina. Samuel Byck era un hombre de 44 años que había quedado desocupado y al que el banco le había negado un crédito para emprender un nuevo negocio. (Foto: AP)
Ya enterados del secuestro de la nave, varios policías se apostaron cerca del avión y en otros sitios estratégicos del aeropuerto. Los equipos Swat estaban en camino. Uno de los policías decidió disparar a las ruedas del tren de aterrizaje para impedir el despegue. Pero las balas no penetraron el caucho apretado y rebotaron; las balas terminaron perforando las alas del avión.
Mientras tanto, los policías habían acercado una manga a una de las puertas del avión. Y comenzaron a disparar para intentar ingresar. Byck desistió del despegue al darse cuenta de que la mujer que había elegido no tenía la menor idea de lo que tenía que hacer y él, menos aún. Escuchó un estruendo dentro del avión. Uno de los disparos había atravesado el grueso vidrio de la puerta. Byck se acercó y comenzó a disparar, a devolver el fuego. Pero cayó al suelo. Dos balazos lo impactaron. Sangraba, estaba muy dolorido pero consciente. Antes de que pudieran abrir la puerta, Samuel Byck se pegó un tiro en la sien. Unos minutos después, lograron ingresar a la nave. Byck todavía respiraba. Estiró una mano hacia el primero que se acercó a él y dijo: “Ayúdeme, por favor”. Después dejó de respirar. La valija con la bomba de nafta había quedado debajo de su cuerpo. El encendedor estaba tirado debajo de un asiento a cuatro o cinco metros de distancia.

Tumba de Samuel Byck, en el Shalom Memorial Park en Huntingdon Valley, Pennsylvania, Estados Unidos. (Foto: AFP)
Los diarios al día siguiente dieron cuenta del intento frustrado de secuestro de un avión. Un avión que ni siquiera había despegado. Tuvo algo más de repercusión por las muertes que produjo. El guardia en tierra y el copiloto que murió en la ambulancia mientras era llevado al hospital. El piloto logró sobrevivir y tiempo después consiguió volver a volar.
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El significado de las acciones de Byck cambió unos días después de su muerte. El periodista Jack Anderson publicó una serie de artículos en The Washington Post que provocaron una enorme conmoción: allí se reveló que el objetivo de Byck era asesinar a Richard Nixon, el presidente de Estados Unidos. Byck había grabado cuatro casetes con sus confesiones y los envió por correo al periodista para que se conocieran las motivaciones de sus actos. Supuso que, cuando el mundo conociera sus argumentos y una vez consumado el magnicidio —nunca consideró que pudiera fallar—, sería erigido en el pedestal de los héroes; hasta debe haber imaginado su perfil tallado en el Monte Rushmore.
Richard Nixon, Historia, Estados Unidos, Sumario
INTERNACIONAL
Grenell calls ice rink vandal a ‘terrorist’ as federal authorities hunt suspect in toxic attack

NEWYou can now listen to Fox News articles!
Surveillance video and images of a suspect accused of vandalizing the Trump-Kennedy Center’s outdoor ice rink were released Saturday as federal authorities investigate what officials described as a «targeted attack.»
Trump-Kennedy Center President and Ambassador Richard Grenell shared the footage on social media and urged the public to help identify the suspect.
«Help us find this terrorist suspect who attacked the Trump Kennedy Center,» he wrote.
He added: «Notice his shoes and his umbrella.»
TRUMP–KENNEDY CENTER DETAILS MASSIVE REPAIRS, WARNS VENUE WON’T SURVIVE WITHOUT FIXES
Surveillance images released Saturday, Feb. 21, 2026, show a suspect accused of vandalizing the Trump-Kennedy Center’s outdoor ice rink. (Richard Grenell via X)
U.S. Park Police have obtained video footage, recovered what officials described as a toxic chemical container for DNA processing, and are reviewing cellphone tower data. Investigators are also canvassing nearby cameras, including Metro bus footage showing the suspect. The FBI is assisting in the investigation.
The Trump-Kennedy Center previously described the incident as a «calculated, malicious attack.»
Roma Daravi, vice president of public relations for the Trump-Kennedy Center, said in a statement to Fox News Digital on Friday: «Today, a targeted attack on the Trump Kennedy Center vandalized and destroyed our outdoor arena, causing severe damage that we unfortunately must cancel tonight’s performance, but we are working feverishly to complete repairs so programming can resume tomorrow.»
TRUMP’S NAME ADDED TO KENNEDY CENTER FOLLOWING UNANIMOUS BOARD VOTE TO RENAME HISTORIC BUILDING

A split image provided exclusively to Fox News Digital shows a dark substance spread across the Trump-Kennedy Center’s outdoor ice rink alongside skaters rehearsing before the performance was canceled. Officials said video footage has been turned over to authorities. (Courtesy of the Trump-Kennedy Center)
She added: «We have turned over video footage to the authorities who are investigating this calculated, malicious attack and hold those responsible accountable.»
Officials said a brown-black substance was poured across the ice surface and that a gallon-sized container was left behind. Leadership described the substance as «toxic.» The exact chemical has not been publicly identified.
The Trump-Kennedy Center confirmed to Fox News Digital that U.S. Park Police are investigating and surveillance video was also offered to the FBI for review.
BOARD VOTES KENNEDY CENTER TO BE RENAMED ‘TRUMP-KENNEDY CENTER,’ LEAVITT SAYS

Surveillance footage released Feb. 21, 2026, shows a suspect accused of vandalizing the Trump-Kennedy Center’s outdoor ice rink, authorities said. (Courtesy of the Trump-Kennedy Center)
Daravi later said authorities recovered the chemical container and are reviewing digital and cellphone data as part of the probe.
In a separate post linking to Fox News Digital’s exclusive reporting on the incident, Grenell wrote:
«This is so sad & unnecessary— @TheDemocrats have been calling artists urging them to cancel and attacking the Center non-stop. It’s a calculated campaign. And now they have mentally unstable people taking action – and vandalizing the Center. We’ve seen serious death threats and constant harassment. Commonsense Democrats must speak up before this violence takes a life.»
KENNEDY CENTER BLASTS ‘FAR-LEFT BIAS’ IN RATINGS COVERAGE, POINTS TO NO. 1 DEMOGRAPHICS TIE
No suspect has been publicly identified. Authorities have not publicly released a motive.
The vandalism forced the cancellation of a scheduled performance at the outdoor rink.

Video released Saturday, Feb. 21, 2026, shows a suspect tied to what officials described as a «targeted attack» at the Trump-Kennedy Center. (Richard Grenell via X)
Officials previously stated that violence «will not be tolerated» and said those responsible would be held accountable.
The board of trustees voted unanimously in December 2025 to rename the facility «The Donald J. Trump and The John F. Kennedy Memorial Center for the Performing Arts.»
President Donald Trump was later elected chairman of the board.
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The White House did not immediately respond to a request for comment Saturday.
Ambassador Grenell is urging anyone with information to call 202-416-7900 or reach out to U.S. Park Police.
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INTERNACIONAL
Ucrania condenó el “chantaje energético” de Eslovaquia y Hungría: “Los ultimátums deberían ser para el Kremlin”

El Gobierno ucraniano denunció el sábado el “chantaje energético” ejercido por Eslovaquia y Hungría tras la amenaza eslovaca de cortar el suministro de electricidad de emergencia si Ucrania no reanuda los envíos de petróleo.
En un comunicado, el Ministerio de Exteriores de Ucrania rechazó y condenó las amenazas de los gobiernos respecto al suministro de energía. “Los ultimátums deberían ir dirigidos al Kremlin, y no a Kiev”, sostuvo el comunicado.
Kiev instó a ambos países a cooperar de manera constructiva y actuar con responsabilidad. En ese sentido, insistió en dejar de lado “las amenazas infundadas e irresponsables provenientes de Budapest y Bratislava en los últimos días”.
Las autoridades ucranianas subrayaron que estas acciones, además de beneficiar a Rusia, perjudican a las propias empresas energéticas de Hungría y Eslovaquia que mantienen relaciones comerciales con Ucrania. El comunicado recordó el papel de Ucrania como “socio energético fiable” de la Unión Europea y país de tránsito de recursos energéticos.
El Ministerio de Exteriores no descartó la posibilidad de activar el Mecanismo de Alerta Temprana previsto en el Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la Unión Europea.
La advertencia ucraniana se produce después de que el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, diera un ultimátum al presidente ucraniano Volodimir Zelensky: o admite la reanudación de los envíos de petróleo ruso a Eslovaquia antes del lunes, o ese mismo día se cortará el suministro eléctrico de emergencia a Ucrania.
El primer ministro húngaro, Victor Orbán, apoyó la postura eslovaca y advirtió con sumarse a la medida, recordando que Hungría ya dejó de suministrar diésel a Ucrania y rechazó los “préstamos de guerra” a Kiev. “Una parte importante de la electricidad de Ucrania proviene de Hungría, y si dejamos de suministrarla, podría haber graves problemas allí”, advirtió el jefe de Gobierno.
Fico criticó la actitud de Zelensky y lo acusó de ingratitud y de dificultar la relación bilateral, mientras que Orbán respaldó el ultimátum y mantuvo su postura crítica respecto al apoyo a Ucrania.
Eslovaquia y Hungría solicitaron a Croacia utilizar el oleoducto Adria como ruta alternativa para el suministro de petróleo, pero el ministro de Economía croata, Ante Susnjar, rechazó la solicitud.

La decisión del primer ministro eslovaco responde al corte en el oleoducto Druzhba, principal vía de transporte de petróleo ruso hacia Europa Central, interrumpido desde el 27 de enero tras un ataque ruso en el oeste ucraniano.
“El presidente ucraniano se niega a comprender nuestro enfoque pacifista y, porque no apoyamos la guerra, se comporta con malicia hacia Eslovaquia”, argumentó Fico y afirmó: “Primero, detuvo el suministro de gas a Eslovaquia y ahora ha interrumpido el suministro de petróleo, lo que nos provoca aún más pérdidas y dificultades logísticas”.
El primer ministro de Eslovaquia recordó que el país proporcionó ayuda humanitaria a Ucrania desde el inicio de la guerra, recibió a unos 180.000 ucranianos y celebró reuniones bilaterales de alto nivel.
Sin embargo, advirtió que no aceptará una relación “unidireccional” y enfatizó: “Eslovaquia es un país orgulloso y soberano, y yo soy un eslovaco orgulloso y soberano”.
Especialistas del sector señalan que Eslovaquia aportó el 18% de las importaciones récord de electricidad de Ucrania el mes pasado. Según el operador estatal Ukrenergo, Eslovaquia representa actualmente el 17% de las importaciones eléctricas ucranianas, mientras que Hungría cubre el 45%.
El trasfondo de la situación evidencia una fractura dentro de la Unión Europea respecto a la estrategia frente a Rusia y la dependencia energética de algunos de sus miembros. Mientras la mayoría del bloque redujo drásticamente las compras de energía rusa desde el inicio de la guerra, Hungría y Eslovaquia mantienen sus vínculos energéticos con Moscú.
(Con información de Europa Press)
International Relations,War,Diplomacy / Foreign Policy,Europe,Military Conflicts
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