POLITICA
Javier Milei defendió el recorte de los subsidios y ratificó el rumbo económico: “Los argentinos despertaron”

En un acto en el Palacio Libertad, donde lideró el “Tributo al Rebe de Lubavitch”, el presidente Javier Milei defendió este lunes la reducción de subsidios y reafirmó el rumbo económico de su gestión al sostener que “los argentinos despertaron” y entendieron que la prosperidad se alcanza mediante el esfuerzo, la responsabilidad y la creación de riqueza.
Además, planteó que el desafío para el país es abandonar la comodidad de la “zona de confort” y apostar por la producción de valor como motor del desarrollo.
En su discurso, el mandatario sostuvo que “el sistema que hace de la propiedad privada uno de sus pilares es el sistema que está en consonancia con la ley de Dios”. Al repasar algunos mandamientos, vinculó “no matarás” con el derecho a la vida y con “el principio de no agresión en su forma más pura”, al señalar que “la vida del prójimo es inviolable”.
Sobre “no robarás”, planteó que “sin propiedad privada no hay mercado; si se confisca, se saca el incentivo a producir”. En tanto, interpretó “no codiciarás” como la base para que “sin respeto por lo ajeno no hay convivencia pacífica”.
Milei agregó que “el paraíso no se alcanza, se trae cumpliendo la ley de Dios en esta tierra y en este tiempo”. En un tramo de su discurso, contrastó modelos económicos al recordar que “durante años se instaló la idea de vivir de subsidios o recursos ajenos, sin generar riqueza alguna”. Sin embargo, consideró que “los argentinos despertaron y comprendieron que la prosperidad real requiere esfuerzo y creación de valor”.
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“Si uno abraza los valores judeo-cristianos, su vida espiritual vibra en la misma sintonía que su vida material, y como consecuencia de esa consonancia, prospera. Cuando uno rechaza esos valores, la vida material entra en conflicto con la vida espiritual y el resultado es la miseria. No es una intuición ni una metáfora; es una ley tan rigurosa como cualquier ley económica: 2 + 2 es 4″, aseguró el presidente.
En el mismo evento expuso Yosef Chaim Ohana, exmilitar israelí que permaneció dos años como rehén en la Franja de Gaza tras el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023. El tributo se inscribe en una agenda del Presidente con fuerte impronta en el vínculo con Israel y la comunidad judía argentina, en un contexto de renovadas tensiones en Medio Oriente. El encuentro incluyó además la recepción de delegaciones que participarán en los Juegos Macabeos.
Javier Milei, Gobierno, discurso
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Tras el revés en el Senado, Patricia Bullrich se reunirá con Sturzenegger para evaluar cambios al proyecto de ley de propiedad privada

El Gobierno busca recomponer la estrategia para aprobar la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada después del traspié que sufrió la semana pasada en el Senado. En la Casa Rosada aseguran que Patricia Bullrich se reunirá con el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, para revisar el proyecto y acercar posiciones de cara a una nueva sesión prevista para el 6 de agosto.
Del encuentro también participará la secretaria de Legal y Técnica, María Ibarzabal, que en Balcarce 50 quedó a cargo de ordenar las diferencias técnicas y políticas que terminaron trabando la iniciativa. El objetivo es consensuar una versión definitiva del texto antes de retomar las negociaciones con los bloques dialoguistas.
En el Ejecutivo reconocen que la relación entre Bullrich y Sturzenegger quedó tensionada después de las sucesivas modificaciones que sufrió el proyecto. La iniciativa acumuló múltiples borradores y cambios de último momento mientras el oficialismo intentaba reunir los votos necesarios para aprobarla en la Cámara alta.
En Nación sostienen que el ministro llegó incluso a advertir que impulsaría un veto presidencial si el Congreso aprobaba una versión que se apartara de los lineamientos originales impulsados por su cartera. En el entorno de Bullrich, en cambio, atribuyen el fracaso parlamentario justamente a esas diferencias de último momento y aseguran que el propio Sturzenegger fue quien objetó la redacción final cuando el oficialismo daba por encaminada la votación.
La Casa Rosada intenta ahora cerrar esa discusión puertas adentro. La participación de Ibarzabal responde a la necesidad de evitar nuevas diferencias jurídicas sobre un proyecto que modificó más de una decena de veces su redacción desde que obtuvo dictamen y que terminó exponiendo descoordinaciones entre las áreas técnicas y políticas del Gobierno.
El traspié en el Senado también dejó consecuencias en la estrategia parlamentaria del oficialismo. En Balcarce 50 comenzaron a revisar la decisión de enviar los proyectos más sensibles primero a la Cámara alta, una lógica pensada para negociar directamente con los senadores alineados con los gobernadores y luego girarlos a Diputados con media sanción.
Después de la postergación de Propiedad Privada, el Ejecutivo analiza descomprimir la agenda del Senado y darle mayor protagonismo a Diputados. Bajo esa lógica, la Casa Rosada ya proyecta enviar allí los cambios de Inocencia Fiscal y la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, dos iniciativas que Javier Milei pretende convertir en ejes del segundo semestre.
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En Balcarce 50 insisten en que el problema no fue únicamente la resistencia al capítulo sobre tierras rurales. También reconocen que la acumulación de borradores, las diferencias internas y la falta de coordinación con los aliados terminaron debilitando la negociación parlamentaria y obligaron a pedir un cuarto intermedio hasta el 6 de agosto.
El oficialismo quiere que la reunión entre Bullrich, Sturzenegger e Ibarzabal sirva para cerrar definitivamente esa etapa. La intención es llegar al próximo intento legislativo con un único texto consensuado entre el Ministerio de Desregulación, Legal y Técnica y el bloque oficialista para evitar nuevos cambios durante la negociación en el recinto.
La Casa Rosada también busca bajar la tensión interna después de los cruces de los últimos días. Aunque algunos sectores responsabilizaron a Bullrich por el fracaso legislativo, en el Gobierno sostienen que la senadora seguirá integrando la mesa política y relativizan las diferencias con Karina Milei. En paralelo, otros funcionarios remarcan que Milei mantiene la intención de tenerla como una de las principales figuras del oficialismo rumbo a las elecciones de 2027.
Patricia Bullrich, Federico Sturzenegger
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Javier Milei no desacelera la motosierra en el Gabinete y ya despidió a 55 altos funcionarios

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Esa lógica de Milei se traslada al manejo de sus equipos de ministros, asesores y colaboradores. En los 223 días que lleva al frente del Gobierno, el líder de los libertarios echó a unos 55 funcionarios de alto rango. Es decir, personas que habían sido designadas en puestos estratégicos de la función pública y que estaban al mando de carteras, secretarías, subsecretarías o empresas que controla el Estado. En base a esas cifras se deduce que, en promedio, casi dos funcionarios fueron eyectados por semana de sus cargos desde que Milei tomó posesión el 10 de diciembre pasado. Dicho de otro modo: cada cuatro días de gestión, un integrante de la planta política de la administración nacional fue desplazado de sus funciones por orden de Milei, quien dio el salto a la política grande sin contar con experiencia en la gestión de grandes estructuras de poder o la tarea de articular equipos de asesores y manejar enormes presupuestos.
Julio Garro (Deportes) y Fernando Vilella (Bioeconomía) fueron las últimas víctimas de la ira de Milei y de su principal comisario político en el aparato estatal: Santiago Caputo, asesor de la Secretaría General de la Presidencia. Caputo es el funcionario que más poder acumuló en la Casa Rosada desde que Nicolás Posse fue exonerado de la jefatura de Gabinete. Como Karina Milei, el influyente asesor se sienta en la mesa chica del Presidente y se mete directamente en decisiones de ministerios u organismos públicos, donde coloniza áreas con soldados fieles.
El ritmo frenético de la “purga” que ejecutan de manera impiadosa Milei y Caputo ante aquellos que contradicen el relato oficial o no se alinean con las directivas expresas que emanan desde la cúpula del Gobierno no aminoró con el correr de la gestión ni la aprobación de las reformas económicas en el Congreso. Al contrario, en los meses de mayo y junio, cuando ya concluía el primer semestre de los libertarios en el poder, hubo un récord de despidos. Al menos veinticuatro funcionarios perdieron su lugar en la estructura nacional en esos 60 días. O sea, hubo doce expulsados por mes. Hasta ese momento los picos máximos se habían dado en febrero y abril, con siete bajas. Y en lo que va de julio ya se fueron seis altos funcionarios. El dato se desprende de un trabajo del politólogo y consultor Pablo Salinas, quien realiza un monitoreo diario de los despidos en el Estado. Las áreas que más bajas sufrieron son Capital Humano (29%); Economía (24%), Jefatura de Gabinete (13%); Salud (7%); y Educación (5%).
Con la cesantía de Posse como jefe de Gabinete, no solo se aceleró la mutación en el seno del equipo de ministros, sino que se instauró una nueva dinámica interna en la Casa Rosada. En rigor, las necesidades políticas se impusieron a las urgencias de la gestión. Aquellos colaboradores de Milei que estaban encargados de la estrategia electoral y el armado político se quedaron con el control y la gerencia del Estado.
El avance de Caputo
Poco a poco, Caputo desarmó el diseño organizacional que había preparado Posse desde que inició la campaña presidencial. Guillermo Francos, el fixer de Milei a la hora de trenzar acuerdos con la oposición en el Congreso, fue promovido a ministro coordinador, pero, en rigor, su misión principal sigue siendo la articulación política. “Nadie ordena la gestión y tiene que ver con una mirada política: el Estado no tiene impacto, solo genera problemas o intervenciones innecesarias en la vida de la gente. Entonces, creen que por más que mejoren el funcionamiento del equipo, el impacto va a ser marginal en la sociedad”, grafican cerca de un ministro de Milei.
En paralelo, Caputo delegó tareas de la jefatura de Gabinete en el nuevo ministerio del “coloso” Federico Sturzenegger y colocó a sus leales en posiciones estratégicas o áreas donde hay cajas codiciadas. Por caso, el abogado Silvestre Sívori, el titular de la AFI que había seleccionado Posse, fue reemplazado por Sergio Neiffert, un hombre que responde a Caputo. El asesor más influyente de la Casa Rosada también se quedó con el manejo de la secretaría que administra las empresas del Estado, donde ubicó a Diego Chaher. La privatización de las compañías públicas es uno de los objetivos prioritarios para el relato de Milei. Por esa razón, Caputo oficia como un “facilitador” de los encargados de llevar adelante el proceso de venta. Antes de que Chaher se hiciera cargo de las privatizaciones, el asunto estaba en manos de Mauricio González Botto, cercano a Posse.
En el Gobierno quedan pocos funcionarios de confianza del exjefe de Gabinete en cargos relevantes. Sobrevivieron José Rolandi, que tuvo un rol clave en la negociación con la oposición para sancionar la Ley Bases y el paquete fiscal, y Julio Cordero, secretario de Trabajo. O los jefes de las fuerzas federales -como Alfredo Gallardo, titular de la PSA-, a quienes Posse designó antes de que Patricia Bullrich pudiera hacer sugerencias.
Al igual que Rolandi o Cordero, Eduardo Rodríguez Chirillo se mantiene cargo de la Secretaría de Energía. Chirillo, del equipo de Carlos Bastos y Domingo Cavallo, también sufre el agobio de la avanzada de Caputo, quien influye en el área energética a través de Mario Cairella, vicepresidente de Cammesa. Lo mismo padece Diana Mondino en Cancillería, donde Karina Milei puso como veedora a Úrsula Basset.
Asimismo, los tentáculos de Caputo llegan al Enacom, YPF -con Guillermo Garat- o el sector de Salud, donde Mario Lugones -su hijo Rodrigo es íntimo amigo del estratega de Milei- tiene una enorme capacidad de interferencia. A su vez, el asesor presidencial desembarcó en el Ministerio de Justicia, donde Sebastián Amerio controla de facto los hilos de la cartera de Mariano Cúneo Libarona, quien perdió a su mano derecha, el abogado Diego Guerendiain, en mayo pasado.
Pese a que el avance de Caputo genera roces internos y despierta reproches, Francos avaló el nuevo diseño de la Jefatura de Gabinete porque no tiene intenciones de ser un controller de la gestión o asumir la performance de monitorear al resto de los ministros. De hecho, nombró pocos hombres de su confianza en áreas clave y delegó tareas en Caputo. Por ejemplo, apenas colocó al radical José Luis Vila para reemplazar a Jorge Antelo, un leal a Posse, al frente de la Secretaría de Estrategia Nacional. Es que Francos no exhibe voluntad de construir poder. Prefiere enfocarse en crear relaciones con los dialoguistas y fortificar la base de sustentación política de Milei.

De este modo, la gestión de Milei se quedó sin un liderazgo definido que oficie como ordenador, admiten funcionarios actuales y cesanteados por el Presidente. Y la avalancha de 55 despidos de altos funcionarios provoca un mal clima interno. “Se despide gente por cualquier error y eso genera poco compromiso, o que nadie se quiera sumar. Los que están solo buscan sobrevivir”, retrata un asesor del Gobierno. La nueva estructura de la Jefatura de Gabinete se reflejará en el decreto de reformulación del Estado que preparan en Balcarce 50.
En las últimas horas, Francos buscó relativizar el efecto de la ola de despidos en la calidad de la gestión. A pesar de que admitió que Milei aún no pudo consolidar los equipos porque LLA es una fuerza nueva, vinculó las intempestivas salidas de funcionarios a la falta de resistencia de los desplazados a las dificultades de la gestión, y no a las falencias del liderazgo del Presidente o la ausencia de experiencia en la función pública. “Hay mucha gente que llegó a la función pública y no tuvo el aguante suficiente”, señaló Francos en una entrevista que concedió al diario Perfil.
La mutación del Gabinete de Milei también exhibe cómo el Presidente fue perdiendo aliados o desgastando los vínculos con sus socios políticos a raíz de los contratiempos de la gestión o los traspiés en las batallas legislativas del oficialismo. Eso se refleja, por ejemplo, en las salidas de Osvaldo Giordano (Anses), Flavia Royón (Minería), Pablo de la Torre (Niñez, Adolescencia y Familia) y Omar Yasín (Trabajo), entre otros. Con excepción de Bullrich o Luis Petri (Defensa), los aliados fueron relegados a un rol marginal.
Según Federico Aurelio, de Aresco, los despidos en el Estado no afectaron hasta ahora el nivel de imagen del Presidente en las encuestas. “No modificó nada, ni para bien ni para mal. Fue absolutamente inocuo. Si la gente viera que las cosas no funcionan y hay una continuidad de estos movimientos, lo puede afectar a Milei en el futuro, sobre todo, si no se ven resultados”, indica Aurelio.
El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que elabora la Universidad Torcuato Di Tella volvió a caer en junio, cuando el Presidente echó a doce funcionarios. Según la encuesta, la gestión de Milei obtuvo 2,46 puntos (en una escala que va de 0 a 5), lo que significó una baja del 2,1% respecto de mayo.
Cuando aún formaba parte del Gobierno, Posse supo ser un pararrayos cuando el Presidente o Caputo pedían cortar cabezas de funcionarios díscolos en un ataque de furia. “¿Para qué los vamos a echar?”, respondía Posse en situaciones de crisis para apaciguar los ánimos e intermediar. Pedía templanza para no incrementar la incertidumbre y el desorden en el manejo de la gestión del Estado. En cambio, los detractores de Posse creían que exhibía quietismo en la toma de decisiones. “Yo soy bilardista, esto es resultado puro. Se fue Posse y la productividad del gobierno voló”, afirmó el viernes último Milei en diálogo con el canal Neura.
El exjefe de Gabinete chocaba con Caputo a la hora de avanzar con nombramientos en sillas codiciadas. “No renuncié tres veces, sino más de 300″, suele decir Posse a sus íntimos. Por estos días disfruta de unos días de vacaciones con su familia, alejado de los altos niveles de estrés de la función pública. Al igual que durante su travesía por el Gobierno, Posse sigue cultivando un bajo perfil. “Los que trabajamos desde el principio estamos apenados. Ahora la épica del relato no está en la inexperiencia de liderazgo de la mesa chica de Javier, sino que la gente que llegó a la función pública ‘no tenía aguante’”, ironiza un exfuncionario nacional de LLA.
El rol marginal de los aliados
El gabinete de Milei se gestó durante la campaña electoral en un bar de Palermo, ubicado cerca de la sede de Corporación América, la empresa de Eduardo Eurnekian, donde trabajaba Posse. Luego, se mudaron a unas oficinas de coworking de la compañía HIT. Por allí desfilaban Mondino, Victoria Villarruel, que añoraban tener injerencia en Seguridad y Defensa, Pettovello o Rodríguez Chirillo.
Hasta el desembarco de los libertarios en la Casa Rosada, Karina Milei y Caputo eran los encargados de bosquejar el relato político, definir la hoja de ruta de la campaña y tallar la identidad del candidato presidencial. Posse, en tanto, era quien se ocupaba de organizar los equipos técnicos, reclutar eventuales ministros o secretarios -como fueron los casos de Guillermo Ferraro o Vilella y Luis Caputo- y potenciales inversores. Era el gerente general del “Gabinete en las sombras”, como le decía Milei. A contrarreloj, construyeron un equipo de gestión como si fuera una startup. “Era un espacio nuevo y en construcción. Javier le encargó armar un Gobierno, porque no tenía experiencia y no pensó que iba a ganar. Por eso, le dio poder o le entregó la AFI”, recuerda uno de los protagonistas de la gestación del gobierno de LLA.
En el arranque de la gestión de Milei había un hilo conductor entre Francos, Caputo, Posse y Karina Milei. Todos ellos resistían el avance de Mauricio Macri sobre áreas sensibles del Gobierno. Bullrich y Petri (Defensa), que se mantenían como islas autónomas, también notaron en sus carteras el avance de Caputo con la reestructuración de la AFI. Hay decenas de dirigentes con pasado en Pro en el Estado, como Alejo Maxit (Aysa) o Javier Herrera Bravo (Legal y Técnica), pero todos ellos no ingresaron por un acuerdo con Macri. Bullrich acobijó a sus fieles y otros amarillos tejieron lazos para garantizarse un lugar en el Estado. Por caso, Macri tampoco promovió a Alejandro Pablo Cecati, titular de la Agencia de Seguridad Nacional, que funcionará bajo la órbita de la SIDE. Sin embargo, tiene una relación de amistad, ya que Cecati fue jefe de su custodia durante años. Es más, Cecati era asesor en el Ministerio de Seguridad de Vicente Ventura Barreiro, a quien Bullrich desplazó y denunció ante la Oficina Anticorrupción.
Lucas Aparicio (Pro) estuvo a punto de convertirse en el jefe de asesores de Pettovello, una de las ministras que más bajas sufrió: 16. Sin embargo, Aparicio quedará como asesor y no asumirá en el lugar que dejó vacante Fernando Szeresesky tras la crisis por el escándalo del reparto de alimentos.
A Garro, quien debió presentar su dimisión después de la polémica que generó en las redes sociales su opinión sobre los cánticos racistas de la selección argentina, lo reemplazó el exfuncionario macrista Diógenes de Urquiza, quien ya tenía la confianza de Daniel Scioli, secretario del área y ladero de Francos.
La semana pasada había sido el turno de Vilella, exsecretario de Bioeconomía, quien se enteró en París, Francia, de que ya no formaba parte del Gabinete de Milei después de una gira oficial por Asia. A Vilella lo sustituirá Sergio Iraeta, con pasado en la universidad del CEMA y cercano a Luis Caputo. “Milei aprendió algo de Macri: la gestión del Estado o la ‘institucionalidad’ no sirven para ganar elecciones”, grafica un exfuncionario de Cambiemos.
Matías Moreno,LA NACION,Política
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El post Mundial del peronismo: se pone en juego la frágil unidad electoral y la convivencia política

Luego de un mes y medio, y unas cuantas batallas futbolísticas ganadas por la Selección Argentina, terminó el Mundial. El sabor agridulce que quedó tras la final perdida se irá disipando con los días. Y a medida que avancen las horas el país volverá a su cause normal, donde la política tiene un importante protagonismo, hasta ahora limitado por el espíritu futbolero que se vive en el país.
En esta segunda parte del año, el peronismo tiene un enorme desafío por delante que es evitar profundizar la autodestrucción del espacio político. Hasta aquí las internas y los conflictos cruzados han trastocado el proceso de reorganización que la fuerza política tenía por delante cuando dejó la Casa Rosada. El gran problema es que, después de tres años de gestión, los únicos acuerdos son de gestión y circunstanciales.
Reducir el nivel de conflicto interno en la provincia de Buenos Aires debería ser el objetivo central de todas las tribus que sobreviven en el barro bonaerense. Porque allí reside el 40% del padrón electoral y porque están las dos personas que en la actualidad más mueven el amperímetro electoral del peronismo: Cristina Kirchner y Axel Kicillof. Si la interna sigue, como un cuento sin final, entonces el peronismo se irá desgastando lentamente hasta el momento en que el calendario lo obligue a la decisión final.
Para esta semana Kicillof tiene una nutrida agenda de gestión que incluye actividades en Morón, Salto, San Antonio de Areco, Tapalqué y Alvear. Las apariciones permanentes que le permite su rol como gobernador y que tienen, además de un perfil de gestión, una impronta política electoral. El Gobernador parece moverse en ese circuito cada vez con más comodidad, convencido de que es un candidato que puede representar a una porción importante del peronismo, pero despojado de ser el candidato de Cristina Kirchner.

El Gobernador ya asumió que el cristinismo no lo quiere como candidato. Y, en algún punto, es por lo que luchó hasta aquí. Por no ser el candidato puesto a dedo por el sector que comanda la ex presidenta. La incógnita que se generó en las últimas semanas es cómo se va a sostener esa convivencia hasta el momento que lleguen las elecciones. Ahí reside otra parte de los desafíos del peronismo para este tiempo que arranca con el final del Mundial.
El cristinismo cree que Kicillof quiere un “kirchnerismo sin Cristina” y que no busca su apoyo ni el de nadie que la rodee. El Gobernador responde con silencio y enfocado en lo que él considera que tiene que hacer para construir un proyecto electoral el año que viene. Y lo hace en el medio de críticas que le llueven desde distintos sectores del peronismo por su estrategia y su táctica vinculadas al armado electoral.
En los meses que siguen el cristinismo seguirá redoblando los esfuerzos para colocar en el centro de la escena a Cristina Kirchner. A la que anuncian como candidata a presidenta, pese a no tener posibilidades reales de serlo. La condena en la causa Vialidad y su detención se lo impiden. Sin embargo, el sector que ella lidera construye desde hace algunas semanas -y lo seguirá haciendo- la candidatura virtual de la ex presidenta.
El cristinismo no solo tiene por delante tratar de conciliar alguna idea con otros sectores del armado justicialista, sino también poner en cancha un precandidato a gobernador bonaerense. La idea de la corriente K es estar presente en unas eventuales PASO. Hay tres nombres posibles para ese lugar: Mayra Mendoza, Máximo Kirchner y Eduardo “Wado” de Pedro. Nombres que están siempre en la línea de largada y que son parte de la identidad ultra K.

El líder de La Cámpora empezó a encabezar algunos actos por fuera de los límites bonaerenses y despertó la incógnita sobre su futuro electoral. Sobre todo en un momento donde la posibilidad de una fractura expuesta es concreta. Kirchner apareció en escena como el referente natural que lidera al cristinismo en la calle. El delegado en el poder de su madre, que no puede atravesar la puerta de San José 1111. El crecimiento de su liderazgo dentro de ese sector es probable que se vea con claridad en los próximos meses.
En los meses que vienen en el peronismo se especula mucho con el regreso a la primera escena de Sergio Massa. “Es probable”, dicen algunos dirigentes cercanos. En el entorno más chico del ex ministro son bien cautos. Evitan definiciones claras que pongan parámetros temporales sobre sus movimientos. El líder del Frente Renovador nunca dejó de estar activo, más allá de su bajo perfil mediático. Habla con todos. Y juega fuerte para que la coalición no se rompa en mil pedazos.
Massa suele decir en privado que si el peronismo se quiebra el año que viene, alguien va a tener que hacerse responsable de esa situación que, a priori, sería un movimiento que beneficiaría al gobierno nacional. Su figura da vueltas en el universo peronista como un potencial candidato a presidente. Nadie lo sube y nadie lo baja completamente. Sobre todo porque figura como un potencial punto de unidad de las distintas vertientes.
El PJ Federal afronta el desafío de engrosar su territorialidad dirigencial y terminar el año con un prencandidato a presidente. Quienes lo integran saben con claridad que la idea de no tener candidato para que no se convierta en una traba, tiene fecha de vencimiento. Sobre todo porque tiene que haber una figura que identifique el proyecto político que están discutiendo.

En las semanas que vienen por delante están armando una serie de actos para hacer pie en el norte y el sur del país. Es también una forma de mantener activo el espacio y de seguir estrechando lazos con dirigentes de base en las provincias. El esquema federal construye representatividad territorial por fuera de la provincia de Buenos Airea. En el interior, donde el peronismo tiene una idiosincracia distinta a la del conurbano.
En esa línea del interior nacional se va a mover también Sergio Uñac. El jueves va a visitar una nueva provincia y va a seguir en el tour electoral de baja intensidad. Más calles y menos medios. Más cara a cara y más instalación en el territorio. El paso siguiente es hacer crecer sus posibilidades de candidato y su viabilidad para dar la pelea entre medio de tantas triunfos justicialistas.
El peronismo afronta varios objetivos que no sabe si va a poder cumplir. Hay grietas que parecen difíciles de cerrar. Hay diferencias que se agrandan en vez de achicarse. Hay un futuro donde aparecen caminos que llevan a distintos destinos. La unidad ha dejado de ser un factor determinante para varios sectores de la coalición. El futuro es un fran signo de interrogante.
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