DEPORTE
Jugó en Boca, salió campeón con O’Higgins y fue compañero de Messi: “Esta noche tendré el corazón partido”

Hay futbolistas que dejan huella en un solo club y otros que construyen una historia que los une para siempre con distintas camisetas. Julio Barroso pertenece a ese segundo grupo. El ex defensor integra el reducido grupo de jugadores que defendieron tanto a Boca Juniors como a O’Higgins, dos instituciones que esta noche volverán a cruzarse en la revancha por los 16avos de final de la Copa Sudamericana, con un fuerte atractivo para ambos países. Por eso reconoce que el encuentro entre ambos equipos lo encuentra con el corazón partido.
“O’Higgins fue un salto enorme en mi carrera, viví cosas intensas, logramos el primer título del club y eso me llevó a Colo Colo. Ahora, cuando se enfrentan Boca y O’Higgins, tengo el corazón partido porque me siento identificado con ambos clubes y guardo los mejores recuerdos de cada uno”, revela el ex futbolista de 41 años.
Su paso por el Xeneize le permitió cumplir el sueño de vestir la camiseta del club del que era hincha gran parte de su familia. “Me hubiese encantado rendir en Boca como lo hice en Colo Colo, pero igual fue un sueño jugar ahí, aunque fueran pocos partidos, sobre todo por mi familia hincha y por pisar la Bombonera”, sostiene el Almirante, su apodo más conocido.
En Chile, Barroso encontró el lugar donde explotó definitivamente como futbolista, siendo su inicio en O´Higgins previo a tener su mejor momento en Colo Colo. Fue campeón, construyó una vida junto a su familia, se retiró e inició una nueva etapa en su carrera. “Desde que me retiré, maté al jugador para darle lugar al entrenador”, aseguró Barroso, que colgó los botines con 39 años para seguir su carrera como director técnico desde hace un par de temporadas.

Pero, entre tantos recuerdos de su carrera, hay uno que ocupa un lugar especial. Barroso compartió plantel con Lionel Messi en la Selección Argentina Sub-20, y asegura que desde el primer entrenamiento, todos comprendieron que estaban frente a un jugador diferente. Incluso, conserva una fotografía y una camiseta que el rosarino les regaló cuando daba sus primeros pasos en el Barcelona, además de una anécdota que, según reconoce, refleja la humildad que mantiene hasta el día de hoy.
“Compartir plantel con Messi fue impresionante. Desde el principio sabíamos que era diferente y tengo recuerdos y gestos muy lindos de él. Sigue siendo una persona humilde y eso nos alegra mucho. Me faltó jugar en la Selección Mayor, ese es el único tema pendiente. Pero agradezco todo lo que viví, sobre todo con mi familia al lado. Fui sparring de Marcelo Bielsa en la Selección y eso me marcó mucho, aunque nunca supe si realmente estuve cerca de ir al Mundial 2002”, asevera.
En dialogo con Infobae, desde Santiago de Chile, el ex defensor, uno de los pocos futbolistas que vistieron las camisetas de Boca y O’Higgins, habló de su presente como entrenador en el país vecino, del Mundial 2026, su relación con el capitán de la Scaloneta y el único sueño que le quedó pendiente.
– ¿Cómo viviste el Mundial desde Chile?
– Fue especial. Lo viví con mis hijas y con mi esposa que son chilenas. Hoy, ellas están más grandes y fue muy lindo ver cómo vivían esa pasión que tenemos los argentinos. Más allá de estar en otro país, uno intenta transmitirles lo que significa la selección argentina, explicarles nuestras raíces, incluso contarles la historia de las Islas Malvinas cuando vieron la bandera. Fue hermoso compartir todo eso con ellas.

– ¿En Chile todavía duele no haber clasificado al Mundial?
– Sí, hay dolor y frustración. Las Copas América ilusionaron mucho al país, y hoy todavía se está buscando la forma de reestructurar el fútbol. Chile siempre sintió que debía ser protagonista y estar en los Mundiales. Se siente esa tristeza por no participar del evento más importante. Sabés que los cupos son siempre limitados, obviamente, las plazas, pero Chile siempre consideró ser parte de un Mundial. Nunca se consideró que si bien no es que fue constante en sus participaciones, pero siempre consideró de poder vivirlo con mucho tiempo. Yo tengo un amigo que está dolido por no estar en el evento más importante del fútbol.
– ¿Cómo es tu presente en el club Everton?
– Después de retirarme, me tomé un año sabático en Argentina para ordenar las ideas. Ya tenía el título de entrenador y el grupo Pachuca me abrió las puertas para comenzar en las divisiones formativas en el Everton de Viña del Mar. Arranqué en la reserva y hoy soy colaborador del primer equipo junto a Walter Ribonetto, además de seguir supervisando esa segunda categoría. Estoy muy feliz, porque sigo aprendiendo.
– Después de tantos años, ¿Chile terminó siendo tu lugar en el mundo?
– Sí. Intenté volver a Argentina, pero mis hijas no lograron adaptarse y yo también empecé a extrañar Chile. Gracias a Dios, fue una bendición que pude tener un año en Argentina, donde acomodar las ideas, pensar en el futuro, saber para dónde quería seguir con la misma pasión y vocación nueva. Acá hice grandes amigos, tengo mi casa y encontré un país que me dio muchísimo. Siempre voy a amar a Argentina, pero hoy siento que Chile es mi lugar en el mundo.
– ¿Cómo fue dejar el fútbol después de una carrera tan larga?
– Me preparé durante tres años junto a mi esposa para ese momento. Hoy, no extraño jugar. No extraño ni siquiera un picado. Me invitaron a jugar en un torneo inter country cuando estuve en Argentina, pero no quise jugar. Desde que me retiré, maté al jugador para darle lugar al entrenador. Disfruto muchísimo estar en una cancha desde otro rol y tengo la misma ilusión que cuando soñaba con debutar en Primera.

– ¿El mejor momento de tu carrera fue en Colo Colo?
– Sí. Me hubiese encantado rendir en Boca como rendí en Colo Colo, pero no se dio. Igual, jugar en Boca fue cumplir un sueño, pisar la Bombonera y vestir esa camiseta. Pero donde pude mostrar mi mejor nivel fue en Colo Colo.
– Compartiste plantel con Lionel Messi cuando recién empezaba. ¿Imaginabas lo que iba a lograr?
– Sí. Nosotros sabíamos que era diferente desde el primer entrenamiento. Yo concentraba con Gustavo Cabral y le dije: “Tenemos que sacarnos una foto con este chico porque va a ser el mejor del mundo”. Y lo hicimos. Tengo esa foto y también la camiseta que nos regaló cuando debutó en Barcelona. Después me lo crucé muchos años más tarde con la Selección y me saludó por mi nombre. Eso habla de la clase de persona que es. Nos llena de orgullo que alguien tan bueno haya llegado tan alto.
– ¿Te quedó algún sueño pendiente?
– Me hubiese encantado jugar en la Selección mayor. Creo que es lo único que me faltó. Escuchar el himno con la camiseta argentina es algo único. Pero igual le agradezco a Dios todo lo que viví y haber podido compartir mi carrera con mi familia.
– Fuiste sparring de Marcelo Bielsa antes del Mundial 2002. ¿Pensaste que podías integrar la lista final para Corea/Japón?
– Sí. Nunca supe realmente si existió la posibilidad de integrar la lista, pero sí tuve el privilegio de entrenar con Bielsa y aprender muchísimo de él. Me marcó para siempre.
– ¿Qué representa O’Higgins en tu carrera?
– Fue el gran salto. Llegué, peleamos una final, después conseguimos el primer título de la historia del club y eso fue inolvidable para toda la ciudad. Vivimos momentos muy intensos, incluso tragedias con hinchas durante ese proceso. Ese rendimiento me permitió dar el salto a Colo Colo.
– Esta noche se enfrentan Boca y O’Higgins. ¿Cómo vivís ese partido?
– Con el corazón partido. Me siento identificado con los dos clubes. Boca fue el sueño de mi familia y O’Higgins cambió mi carrera. Es un partido histórico para la ciudad, hay una expectativa enorme. Me encanta ver enfrentarse a dos equipos que marcaron mi vida. Después, que Dios decida quién gana.
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DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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