CHIMENTOS
La conmovedora historia de Sergio Denis antes de convertirse en ídolo popular

Hay recuerdos que parecen escritos con la madera áspera de una carpintería de pueblo. Esos en los que el hambre, el frío y las tormentas no alcanzan para borrar el calor de una cocina a leña ni el amor silencioso de una familia.
La historia de Sergio Denis empezó mucho antes de los escenarios, de los aplausos y de las canciones que marcaron generaciones enteras. Empezó en una casa humilde de Coronel Suárez, entre el olor a aserrín, el recuerdo de las manos curtidas de un padre trabajador y las canciones que se entonaban los domingos interminables de campo.
Allí nació Héctor Omar Hoffmann. Hijo de Feliciano Hoffmann y María Esther Fenzel. Nieto de inmigrantes alemanes del Volga y de una abuela española que terminaría siendo uno de los grandes amores de su vida. Mucho antes de convertirse en el creador de éxitos inoxidables, fue simplemente “El Negro”, el chico morocho del pueblo, el hijo del carpintero, el que cantaba folclore en reuniones familiares mientras soñaba, todavía sin saberlo, con escaparle a la pobreza a través de la música.
“Sé que nací a la mañana, a las 8.30, pero de eso nunca hablamos con mis viejos”, recordaría alguna vez con esa mezcla de ternura y melancolía que atravesaba cada uno de sus relatos, sobre lo ocurrido en esa casa el 16 de marzo de 1949, sobre su llegada al mundo. En cambio, había otro tema que sí habitaba permanentemente la memoria familiar: la muerte de Alicia, la beba que su madre perdió con apenas tres meses de vida.
“Se hablaba mucho de la beba que murió, y eso me impresionaba muchísimo. Creo que hasta recuerdo a mi madre sufriendo… aunque yo tenía dos años”, confesaría. “Finalnente somos tres hermanos, Carlos, es mi hermano mayor, de un año más, y mi hermana menor Nora, de cuatro años menos”.
Aquella tristeza quedó suspendida para siempre dentro de la casa familiar. Una vivienda mínima, “que la compartíamos con la familia de un camionero, separada por un tabique y chapadur”. De un lado ellos. Del otro, los vecinos. Todos respirando las mismas necesidades.
“Era una espacio muy humilde. Una cocina y una pieza grande donde dormíamos todos”, recordaba. Hasta los siete años estuvieron allí, apretados, sobreviviendo. Después, gracias a un crédito y a años enteros de sacrificio, Feliciano pudo comprar una casita a catorce cuadras.
Pero incluso en medio de las carencias, Sergio siempre hablaba de felicidad. No de una felicidad idealizada. No de una infancia perfecta. Sino de algo mucho más profundo: la sensación de hogar.

“Vivimos una infancia de muchas necesidades, pero para mí fue fantástica”, decía. Y entonces aparecían las imágenes que lo acompañaron toda la vida: la cocina de hierro encendida, la leña sobrante de la carpintería, el olor a torta caliente, el ruido del viento golpeando los techos. “Una vez escuché que un escritor decía que la felicidad era el olor a torta caliente… y yo entendí perfectamente lo que quería decir”.
La pobreza no necesitaba explicaciones en aquellos años. Se sentía. Estaba en cada comienzo de clases en marzo, en cada lista de útiles imposible de comprar: “Recuerdo la incomodidad que había en mis viejos cuando llegaba el momento del inicio de clases, porque no se llegaba nunca a comprar libros. Y uno no quería traer problemas, pero por ahí lo que te daban anotado para llevar al colegio era demasiado y no había ninguna posibilidad. Y nos arreglábamos como podíamos, quizás algún vecino nos prestaba algún manual de otro tiempo y con eso zafábamos más o menos». El colegio Sarmiento fue su espacio en la primaria, en tanto que la secundaria fue en el Manuel Estrada.
No había lugar para dramatizar. La palabra “depresión” todavía no existía en el lenguaje cotidiano de los trabajadores, o al menos no lo hacía notar. “Mi viejo era un hombre callado, pero muy sabio. Sufrió muchísimo, pero jamás se quejó. Me enseñó el amor al trabajo. Podías estar triste, pero había que salir adelante porque las cosas no podían esperar”.
Feliciano Hoffmann era carpintero. Un hombre silencioso, duro y noble. En aquella carpintería el joven Héctor descubrió uno de los olores más importantes de su vida: “El recuerdo más conmovedor que tengo es el olor a madera de la carpintería de mi papá y el olor a pasto mojado del campo”. Esos perfumes quedaron tatuados en su memoria incluso cuando ya era famoso.

La otra gran figura de su infancia fue su abuela: “Era uno de los seres más importantes de mi vida. Chiquita, flaquita, pero inmensa. Poderosa. Trabajadora. Me llamaba a las cuatro de la mañana para ordeñar”. Cierra los ojos y recuerda la casa de sus abuelos, pero no sólo por la nostalgia de lo que fue, dino de lo que padeció: “A veces cuando escucho las tormentas, agradezco tener un lugar seguro, porque la casa de mis abuelos era de paja y adobe, más de una vez se le volaba el techo y se le llovía adentro, arriba de la cama. Y yo recuerdo eso y me provoca una emoción muy grande. El campo de mi abuelo era chiquito, pero tenía eso; primero, rogar que llueva, porque para el sembrado era fundamental, pero a la vez el terror por las tormentas y el granizo. En esa época el cielo se ennegrecía, se ponía oscura la ciudad y podía arrasar hasta con palos de teléfono”.
En ese universo áspero nació la música.
Los domingos familiares en el campo se convertían en verdaderas celebraciones populares. Se cantaba durante horas. Su abuelo tocaba el acordeón, mientras sus tíos interpretaban canciones alemanas y rancheras mexicanas que llegaban gracias a las películas de ese país que en un momento fueron furor en el pueblo, y esas melodías terminaron atravesando también la sensibilidad del pequeño Héctor: “Crecí en un ambiente donde se cantaba siempre”.
“Mis padres siempre nos apoyaron mucho, fuimos bastante independientes, bastante libres en la elección del repertorio, incluso mi papá me hizo un bombo y ahí toqué la primera chacarera”, rememoraría.
A tal punto atravesó su vida, que a los doce años ya tenía un conjunto musical junto a su hermano Carlos y un amigo apodado “El Negro Ruiz” con el que ensayaban todo el tiempo, porque la perfección tenía que estar siempre. Y a los 16 empezaron las giras.

En realidad, eran pequeñas aventuras ferroviarias por pueblos vecinos: Pigüé, Coronel Pringles, localidades perdidas de la provincia donde viajaban con los instrumentos cargados a mano en el tren “y después desarmar todo y esperar al otro día el tren a la 1 o las 2 de la tarde para volver. Para nosotros eso era un sueño, y hacer 80 kilómetros era ser internacionales”, recordaría entre risas.
Comenzaron cantando folclore y tangos. Y su gran escuela sentimental fue Atahualpa Yupanqui: “Yo tuve una escuela de oreja. Aprendí escuchando”, pero luego llegaría el sonido beat, y Los Jokers comenzarían, además de hacer temas propios, covers de Sandro y Los Beatles.
La primera guitarra llegó gracias a un episodio que parece salido de una película costumbrista. “De más está decir que en casa no había plata para comprar un instrumento”, entonces apareció el abuelo del Negro Ruiz, que tenía abandonada en un galpón una vieja guitarra de gaucho destruida por el tiempo. “Era una cosa descalabrada, rota por todos lados”, pero que me la dieron con la condición de que mi padre a deje en condiciones. Así, Feliciano la reconstruyó pieza por pieza en su carpintería.
“Yo esperaba todos los días que papá terminara de arreglarla… aunque después el viejo Ruiz me la pidió de vuelta cuando quedó linda”, contaba muerto de risa.
La música comenzaba a ocupar cada rincón de su vida, pero él tenía otro sueño continuar el legado de su padre en la carpintería, aunque reconocía que no tenía habilidades para eso, pero lo intentaba, y lo vovía a intentar. hasta que… “Papá me tuvo que echar de la carpintería”, tras una escena que lo perseguiría toda la vida. “Vino un cliente y me vio martillando un tornillo… ahí mi viejo entendió que yo no servía para eso”. Después remataba la anécdota con una frase demoledora: “Más que tocar la guitarra y escribir canciones, no sé hacer nada”.
En esas peimeras presentaciones empezó a notar algo que le cambiaba el ánimo: cuando cantaba, la gente reaccionaba: “Veía que gustaba. Que tenía aceptación con las chicas. Y empecé a pensar que quizá podía pasar algo más grande”.
En ese momento de la historia, su padre, que trabajó haciendo arreglos nen el hotel de un amigo, le habló sobre su hijo y el canto, y éste le respondió que vuelva a los días, que tenía alguien para presentarle. No sería otro que un productor llamado Arturo Gómez Ferrán, quien escuchó hablar de “un pibe que cantaba” en Coronel Suárez. Tras el cara a cara en el hotel: “Cuando me vio me dijo: ‘Ah, le vas a gustar a las chicas’. Y ni siquiera quiso escucharme cantar”.
Pasaron casi dos años sin novedades, pero la ilusión intacta, por lo que emprendió el viaje. Llegó en 1968 con una cintadebajo del brazo -grabada a voz y piano con un amigo-, y el miedo pegado al cuerpo. Venía de una ciudad de veinte mil habitantes y la Capital Federal lo paralizaba.

“Yo no sabía moverme en Buenos Aires. Me aterraba, pero seguía buscando a ese hombre que me crucé en el hotel”. Hasta las cosas más simples le parecían enormes: “No me animaba ni a tirar la soga del colectivo para pedir la parada porque pensaba que lo iba a hacer mal y me iban a echar”.
Ahí empezó la verdadera pelea. En marzo de 1969 se instaló definitivamente y entró al grupo Los Bambis, de Paso del Rey. Grabó por primera vez para CBS el disco Los Bambis también cantan. Pero la estabilidad duró poco.
Cuando dejó el grupo, en noviembre, terminó viviendo en una pensión de La Reja de la que tuvo que escaparse porque no podía pagar. “Le dejé ropa, unas frazadas y una carta pidiéndole disculpas a la dueña porque era una mujer buenísima”.
Tras ello llegaría el tiempo de habitar un hotel de Talcahuano y Mitre que apenas un año y medio después sería clausurado por insalubre y disturbios. “Conocí gente fantástica, pero el hotel era fatal. Tengo recuerdos de ese lugar que son lindísimos, mucha gente sola hay en Buenos Aires”, destacaría sobre las noches de compañías anónimas, salvo por un nombre que siguió mucho tiempo después en su memoria y en su corazón.

“Recuerdo de ese tiempo a Marga, una mujer mayor que trabajaba y volvía tarde a la noche. Yo en ese momento dejaba la puerta abierta de mi habitación porque quién me iba a robar algo si no tenía ni para el sánguche. Lo único que tenía era un trajecito colgado para cuando hacía los shows. Y Marga pasaba a la noche y me dejaba comida en la mesa de luz. Y después cuando ese lugar cerró empecé a ir por otros hoteles”.
En medio de esa incertidumbre volvió a cruzarse a Fernando Iborra, representante de Los Bambis, quien insistía en que tenía condiciones para triunfar como solista. La respuesta del joven Héctor fue inmediata: “Si me conseguís una prueba en CBS, sigo”. La prueba llegó.
En las oficinas del sello lo esperaban Hugo Piombi, el directivo de la compañía, y el productor Francis Smith. “Me aceptaron a los dos o tres meses, y en ese momento apareció Francis con Te llamo para despedirme’, que fue mi primera canción, y cuyo lado B fue Fui un soñador”.
Y junto con aquella oportunidad llegó también una transformación definitiva. Porque “Héctor Hoffmann” no sonaba comercial. Entonces, en esa reunión, nació el nombre artístico que lo acompañaría hasta el final de su vida: Sergio Denis. “Al principio me daba vergüenza. Sentía que era como traicionarme”.
Pero después entendió algo. Que detrás de Sergio Denis seguía viviendo el mismo chico de Coronel Suárez que se le estrujaba el corazón escuchando la lluvia. El hijo del carpintero. El nieto de inmigrantes. El muchacho que aprendió a cantar rodeado de rancheras, acordeones y guitarras rotas.
El chico que alguna vez llegó con miedo a Buenos Aires sin saber siquiera cómo pedir una parada de colectivo… y terminó convirtiéndose en una de las voces más queridas de la música argentina.
El hombre que estaba cantando Te llamo para despedirme en el teatro Mercedes Sosa de Tucumán el 11 de marzo de 2019 cuando, al volver al escenario desde la platea, cayó hacia el foso de orquesta, sufriendo graves heridas y que luego de 14 meses determinarían su muerte, el 15 de mayo de 2020.
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CHIMENTOS
Benjamín Vicuña contó cómo es su vínculo con sus exparejas: “Es lo que me tocó”

Como cada sábado, Mirtha Legrand recibió a una serie de figuras en su histórica mesa: entre ellos se encontraba Benjamín Vicuña, quien disfruta de un gran presente tanto laboral como personal. Conociendo esto, y siendo fiel a su estilo, la Chiqui ahondó en la vida privada del chileno y le preguntó cómo era su vínculo con sus exparejas.
“Y contame, con tus ex, ¿te llevás bien? Son preciosas las dos. Ambas muy bonitas”, lanzó Mirtha. Tras las risas iniciales de los invitados, Vicuña mostró una clara incomodidad. Fue entonces cuando el actor comentó: “Yo sabía que esto iba a pasar. Me pasa que, y esto lo van a entender todas las personas que tienen familias grandes y ensambladas, lo más importante de verdad es el bienestar de los chicos. O sea, y es muchísimo laburo. Y la verdad que con ambas, yo que tuve hijos con dos mujeres, se le busca la vuelta para tener un equipo sano, para entender que eso se concrete, que los hijos puedan llevar adelante su, su vida, eh, tener el mejor entorno posible”.
Aún así Legrand continuó: “¿Y con ellas tenés una buena relación? ¿Le hablás o no? Lo pensó mucho”. Tras unos instantes de dudas, Benjamín aclaró: “No, me hablo, me hablo, esto también lo van a entender muchos. Uno por momentos se disocia y lográs hablar de lo que hay que hablar. ¿Existen escenarios mejores? Posiblemente. Existen otros, pero bueno, es lo que me tocó”.
Al ver que no daba una respuesta concreta, Mirtha eligió cambiar el tema y comentó: “Sos terrible vos. Tenés éxito con las mujeres. Bueno, felicitaciones. Está bien, está bien. Peor sería que te rechazaran, mirá”.
En otro pasaje de la charla, Benjamín Vicuña habló de su hijo mayor y se refirió a la vocación artística que eligió Bautista, de 18 años. El actor expresó su orgullo y también sus temores ante la decisión de su hijo de seguir sus pasos en el mundo de la actuación. “Soy padre hace 20 años y tuve la suerte de ir evolucionando. Y lo digo de verdad. Y de repente a mi hijo adolescente, que el otro día me vino con algunos planteos y reclamos. Me dijo “quiero ser actor”, pero también me dijo algunas cosas que tienen que ver con su niñez. Porque cada persona tiene un punto de vista. Y se complementa con el nuestro, pero su verdad es su verdad. Y ante eso él me dijo: “Mira, a mí me faltó esto, y esto y esto”. Yo le dije: “Bueno, Bauti, está bien, pero estoy acá”. Tengo a Bauti que ya es un adolescente, es hermoso y quiere ser actor, así que esto va a seguir”, dijo emocionado. Vicuña agregó: “Me encanta. Es algo muy fresquito que vengo acá y lo digo. Está yendo mucho al teatro, fue a ver a Francella y me mandó un audio hermoso”.

En ese contexto, el actor compartió que la noticia le genera una mezcla de alegría y preocupación debido a las dificultades de la profesión: “Me da miedo porque es una carrera muy difícil”, confesó, dejando en claro la complejidad del camino elegido por su hijo.
Vicuña también repasó algunos aspectos de su vida familiar y el desafío cotidiano de la crianza de sus hijos. “Tuve seis hijos, así que estoy lidiando ahora con las vacaciones de invierno”, comentó entre risas, haciendo alusión a la intensidad de la vida doméstica. El artista es padre de Blanca, quien falleció en 2012, Bautista, Benicio y Beltrán, fruto de su relación con Pampita, y de Magnolia y Amancio, junto a la China Suárez.
Además, se refirió a los intereses de Beltrán, de 14 años, quien eligió el fútbol como su gran pasión y juega en Defensores de Belgrano. Sobre este camino, Vicuña explicó: “Es un mundo muy sacrificado, tiene que entrenar tres o cuatro veces por semana”. De este modo, el actor describió las distintas vocaciones y sueños de sus hijos, así como el acompañamiento y apoyo que les brinda en cada etapa.
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Benjamín Vicuña contó por qué no quiere saber nada con convivir con su novia: «Son muchos hijos y…»

Benjamín Vicuña fue uno de los invitados a la Noche de Mirtha Legrand y durante su participación, la Chiqui le consultó sobre su presente sentimental. El actor chileno está en pareja con la empresaria Anita Espasandín y desde hace tres años que siguen su romance. Sin embargo, por mutuo acuerdo, decidieron no convivir juntos a pesar de que su relación va muy bien, son familia ensamblada y se mantienen super enamorados.
Consultado sobre la posibilidad de dar un paso más en la relación, el actor explicó que tanto él como su pareja tienen hijos y que esa situación hace que cualquier decisión deba tomarse con calma. «Ya a esta altura, la convivencia es un proyecto… Son muchos hijos, ella tiene a sus hijos. Hay que ir paso a paso, cada uno con sus realidades y sus formas», expresó, algo nervioso. “Hay mucha gente que opta por casas separadas”, lo apoyó, Karina Mazzocco, otra de las invitadas al ciclo de El Trece.
Además de hablar de la convivencia, Vicuña compartió una profunda mirada sobre las relaciones en la actualidad y destacó que lo más importante es acompañarse y priorizar a los chicos. «En nuestro caso, vamos lento», empezó a decir y agregó: “Hay tantas formas de amar y de entender, formas de construir vínculos. Hoy lo importante es criar a nuestros hijos, ayudarnos, encontrarnos y sumar”. Con esta reflexión, el actor dejó en claro que vive un presente muy tranquilo.
Vicuña es padre de cinco hijos: Bautista, Benicio y Beltrán, frutos de su relación con Pampita, y Magnolia y Amancio, de su relación con La China Suárez. Mientras que Anita es madre de dos hijos de su matrimonio. A pesar de la popularidad de su romance, ambos decidieron mantener su relación con perfil bajo, protegiendo a los hijos de Espasandín, de los que poco se sabe ya que ella no publica fotos en sus redes públicas.
BENJAMÍN VICUÑA Y UN TENSO CON MIRTHA
«¿Te llevás bien con tus ex?», preguntó la conductora a Vicuña, quien se puso algo nervioso. «Me hablo…uno por momentos habla de lo que hay que hablar, existen escenarios mejores pero es lo que me tocó», lamentó el chileno. A lo que la Chiqui, fiel a su estilo picante, aseguró: «Sos terrible…Tenés éxito con las mujeres, peor sería que te rechazaran».
«¿Te enamorás? ¿Sos enamoradizo?», volvió a consultar la diva generando risas en la mesa. «Sí, si me enamoro», dijo él, ya nervioso. «¡Cómo sos eh!», agregó ella de manera pícara. El momento quedó interrumpido por las lecturas de los PNT que salvaron a Vicuña que quedó algo incómodo por la situación generada.
Benjamín Vicuña
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Sofía la Reini Gonet reveló por qué no quiere tener relaciones íntimas con hombres: “Me da miedo”

Sofía la Reini Gonet contó su entusiasmo por su cita con un chef
Lejos de los rumores de reconciliación con Homero Pettinato, este sábado, Sofía la Reini Gonet mostró que se mantiene abierta a conocer nuevas personas. Así las cosas, fiel a su estilo, la joven abrió la puerta de su intimidad y relató que se preparaba para tener una cita con un chef. En ese marco, mientras contaba los pormenores de su salida, la influencer sorprendió a sus fanáticos al revelar por qué no tiene relaciones íntimas con hombres.
Todo comenzó mientras Sofía se maquillaba para su salida: “Nunca estuve tan ansiosa por tener una cita como hoy. Sé que vengo de experiencias una peor que la otra, realmente. Yo verdaderamente me niego a creer que no exista un tipo que se comporte como un ser humano decente. Uno. Si no hubiera igual, no pasa nada porque acá no estamos en riesgo, mi corazón no está en juego. Solo para divertirme. Claramente no hay ningún tipo de sueño de casarme o estar en pareja. Nada de eso, todo eso lejos. Simplemente soy yo probando una teoría”.
Luego, con la idea de adentrar a sus seguidores al plan de esa noche, Gonet comentó: “Les voy a contar mi cita de esta noche. Nunca me había pasado de estar entusiasmada por tener una cita con alguien, por ver a alguien, pero esta vez, esta vez, chicas, soy capaz de cualquier cosa. Saben que yo soy una persona glotona. No descubrí nada en la vida que me guste más que comer. Este chico es chef, gracias Dios, y lo vamos a poner a cocinar. La cita va a consistir en que me va a preparar su nuevo menú y lo voy a degustar y lo voy a probar. Y ya le hice algunos pedidos de algunas cosas puntuales que a mí me gustan mucho, como por ejemplo torta vasca. Yo sé que la vara está baja, pero a mí que me prepares una torta vasca”.
Fue entonces cuando la influencer fue más allá y habló de su intimidad: “Ustedes no me creen que yo practico el celibato porque tengo citas. Tranquilamente pueden tener una cita y no estar con la persona, ¿no? No tengo sexo con hombres porque me da miedo que me roben la creatividad y el éxito laboral. Así que hay energías que no comparto. Ya saben que yo las actualizo cuanto antes. Voy a ir un rato, o sea, voy a probar todo el menú, pero ya le dije a mi chofer que me espere en la puerta de la casa, porque mañana yo tengo que grabar todo el día desde las siete de la mañana, entonces no tengo mucho tiempo. Bueno, ya casi estamos, ya estoy lista”.
Después de su separación de Pettinato, la influencer optó por distanciarse del mundo de las citas y priorizó un período de soltería. Ese tiempo de “celibato” autoimpuesto se extendió hasta que Sofía decidió volver a salir. En sus redes sociales comenzó a insinuar, sin demasiados detalles, que las nuevas citas superaban sus expectativas.
El entusiasmo inicial se desvaneció rápido. La situación tomó un rumbo inesperado y La Reini eligió compartirlo con su audiencia en un video en TikTok, sin filtros, en pijama y con mate en mano. Comenzó su relato con una advertencia: “Chicas, vayan a servirse una copita de vino o un mate porque tengo un story time recién sacado del horno”.
Sofía narró que el hombre en cuestión había mostrado interés durante dos semanas, invitándola a citas diurnas y participando en sus actividades. “Me invitaba a salir, nos veía mucha gente, parecía todo normal”, señaló. El hombre mantenía contacto diario, proponía planes, se involucraba en sus proyectos y hasta ofrecía ayuda para la mudanza.
La influencer decidió volver al mundo de las citas y reveló la mala experiencia que tuvo con un hombre
El quiebre ocurrió de manera abrupta y sin explicaciones. “Tuvimos una cita el martes, todo bien, fuimos a comprar una alfombra para mi casa y el jueves eliminó mi contacto de WhatsApp y dejó de seguirme en Instagram”, relató. Sofía primero buscó respuestas en sí misma y luego decidió confrontarlo: “Le escribí: ‘Explicame ya qué carajos estás haciendo’”.
La respuesta no resultó satisfactoria. “El tipo empezó con un cuento poco creíble, alegando que lo hackearon y que recibía mensajes de Estados Unidos advirtiéndole que no se relacionara conmigo. Decía que alguien lo estaba amenazando, era todo muy extraño”, contó.
La versión del hombre se desmoronó cuando, mientras decía estar hackeado, publicaba historias en Instagram. Fue entonces cuando una usuaria anónima le envió un mensaje y le reveló que él tenía una relación con una persona de otra provincia.
Sofía destacó la ironía de la situación: “No sé qué pensó cuando decidió invitarme a salir durante semanas, ¿qué podía salir mal?”. Sobre la identidad del hombre, se mostró tajante: no la iba a revelar. “A este chabón no le voy a dar ni el lujo de decir quién era. Porque sí, chicas, los tipos también buscan plata y buscan fama. Después dicen que las interesadas somos nosotras. Al menos en mi experiencia, no puedo explicar lo buscaplata y buscafama que son los tipos que se me acercan”.
La resolución del caso se dio con ayuda de sus amigas, que analizaron la situación como si se tratara de una investigación. “Cuando finalmente lo descubrimos, fue como ver una película”, comparó Sofía, quien concluyó con alivio: “Por suerte, no pasó a mayores y me lo tomé con humor. Aunque inquieta ver que no aparece un tipo que se comporte decentemente”. Antes de despedirse, se definió en su nuevo papel: “Nací para generar story times”.
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