POLITICA
Los límites al esfuerzo narrativo del Gobierno

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El relato tiene límites. El esfuerzo narrativo de Javier Milei para instalar como un éxito lo que fue el traspié de la ley ómnibus en Diputados empieza a encontrar problemas. No todas son victorias pírricas de los adversarios, como la de ayer en el Senado. La palabra necesita del eco de los hechos para sostener la verosimilitud.
El sorpresivo tratamiento y el previsible rechazo al mega-DNU desregulatorio en el Senado producido ayer, abre ahora nuevas incertidumbres, dispara mayores desafíos para el Gobierno y expone importantes grietas hacia el interior del oficialismo. Tres cuestas cada vez más pronunciadas.
El indisimulable cortocircuito entre el Presidente y la vicepresidenta por la habilitación de la sesión expone con crudeza que el armado (aluvional y heterogéneo) de La Libertad Avanza necesita de bastante más cohesión, habilidad política y profesionalismo de lo que el liderazgo carismático del Presidente ha podido darle. El rey león se enfrenta a los límites que tienen los presidentes de las repúblicas. Más cuando en el Poder Legislativo los suyos son una absoluta minoría. Una jungla desconocida.
“Victoria [Villarruel] no es fácil, tiene su carácter y a veces ni contesta los mensajes. Podría haber hecho más para evitar esta sesión, pero también hay que entender que ella había asumido el compromiso de habilitar el tratamiento del DNU cuando logró los votos para derrotar al kirchnerismo en la designación de las autoridades de la Cámara y estaba sometida a una fuerte presión. Solo cuenta con siete senadores oficialistas, de los cuales menos de la mitad da la talla”, admite una importante fuente de la Casa Rosada.
“Hay que tener cierta plasticidad y sentido político. No todo se puede manejar con puño de hierro, como muchas veces hace Karina [Milei]”, completa, respecto del caso Villarruel, otro funcionario que lidia a diario con el inflexible círculo cerrado presidencial. La influencia que tiene la secretaria general de la Presidencia en la toma tanto de decisiones administrativas y políticas como en las relaciones personales no parece tener límites. Tampoco que los vaya a encontrar en algún momento en su hermano el Presidente. Es todo a resultados.
La fisura que acaba de quedar expuesta en la cima, aunque no es nueva, agrega una cuota de preocupación en el espacio oficialista frente a las muchas dificultades y problemas postergados que existen y a los que debe dar respuesta el gobierno. Nada que pueda ocultar o despejar la singular hermenéutica de las declaraciones y los comunicados presidenciales que suele practicar el locuaz vocero presidencial.
“De todas maneras, lo de Javier y Victoria no se parece a lo de Cristina [Kirchner] y [Julio] Cobos, ni a lo de Alberto [Fernández] y Cristina. Y más temprano que tarde van a tener que sentarse y acordar. Ella es parte del Gobierno y llegó con Javier”, siente la obligación de aclarar un estrecho colaborador presidencial.
La necesidad de marcar diferencias con aquellas relaciones tumultuosas recientes entre presidentes y vicepresidentes termina trayendo infaustos recuerdos y trazando analogías por la negativa. Más aún porque nadie tiene en claro quiénes podrían facilitar la reparación de ese vínculo afectado por diferencias tanto personales como de visión política.
El rechazo del DNU por parte del Senado tiene así más consecuencias políticas que efectos prácticos inmediatos para la norma, que aún continúa vigente, mientras no sea rechazada también por la Cámara de Diputados y hasta que no avancen más los planteos en la Justicia. El impacto hacia adentro del oficialismo y de la propia Casa Rosada ha sido estruendoso y habilita nuevos interrogantes.
“Uno puede instalar en los títulos que lo que los adversarios califican como fracaso del Gobierno es un triunfo, porque esos son los que ‘no la ven’, pero, al final, necesitás concreciones, no títulos en los medios. Para gobernar, sobre todo si querés hacer transformaciones profundas y duraderas, se necesitan leyes. No alcanzan los relatos, y, como queda demostrado, tampoco alcanzan los decretos”. La contundente afirmación no es el cuestionamiento de ningún opositor envalentonado sino la autocrítica de un importante oficialista dolido y, sobre todo, enojado, más con los propios que con los ajenos.
Se comprende la frustración. Para tomar dimensión de la magnitud de este primer traspié legislativo del DNU basta con reparar en el grandilocuente título que lleva (“Bases para la reconstrucción de la economía argentina”), además de las enjundiosas defensas hechas por el propio Presidente, como si de un texto sagrado se tratara, pero, sobre todo, por la cantidad de desregulaciones de las más diversas áreas que abarcaba.
Tan extenso es su alcance que para la puesta en práctica ya se han elaborado unos 8000 decretos y resoluciones reglamentarios. En eso viene trabajando a destajo el ideólogo de la normativa desreguladora (vale el oxímoron), Federico Sturzenegger, y su equipo, quienes junto con el Presidente y la diminuta mesa del poder confían en que el DNU no sea rechazado por la Cámara de Diputados.
Amateurismo y rigidez
Los pocos funcionarios duchos en política con que cuenta el oficialismo ya han advertido que el costo para que ese doble rechazo no se produzca puede ser más alto después de la negativa del Senado. Los errores se pagan caro. “Hay demasiado amateurismo y un exceso de fundamentalismo”, admiten muy por lo bajo y con pesar funcionarios que temen más problemas si no se revén algunas prácticas, admite un colaborador presidencial con inocultable preocupación.
La conjunción de elementos que llevaron a esta situación es notable. Por un lado, operó la estructural rigidez presidencial ante las demandas de la política (por convicción y construcción simbólica) y la pretensión plebiscitaria que choca contra cualquier idea de negociación para lograr la sanción de leyes. Por otro lado, está la negativa absoluta a atender algunas necesidades económicas de las provincias, que hizo que la foto de los gobernadores no se tradujera linealmente en apoyos de los senadores. Los raptos de independencia conviven con la habilidad para subirse el precio.
Los gobernadores Raúl Jalil (Catamarca), Alberto Weretilnek (Río Negro), Hugo Passalacqua (Misiones) y Claudio Vidal (Santa Cruz) están ahora bajo observación. Para los mandatarios que dieron muestras de apoyo con sus legisladores ahora puede haber algunas consideraciones respecto de las necesidades que afrontan sus administraciones. Es un enorme desafío que tienen por delante los funcionarios más políticos. Saben que Milei y los dos Caputo no serán fáciles de convencer: cuidan con igual fervor los números del fisco como los de la imagen presidencial.
Las urgencias y restricciones que tiene el Gobierno eran señales de alarma que algunos funcionarios y varios interlocutores del oficialismo ya habían advertido. Pero solo ahora empiezan a asumirse con suficiente preocupación en la Casa Rosada, aunque no necesariamente demasiado cerca del despacho presidencial. Tal vez la opción para el Gobierno ahora no sea entre acelerar y pisar el freno, dilema que Milei dice no tener, sino revisar la hoja de ruta y la forma de encarar los accidentes del camino, para seguir con las metáforas presidenciales.
Los objetivos del oficialismo, como reflejan las encuestas después de los primeros 95 días de gestión, siguen gozando de una mayoritaria aceptación, a pesar de que la misma mayoría de consultados admite más penurias de las que tenía hace tres meses. Sin embargo, la incertidumbre no se disipa y, desde ayer, subió algunos grados. Las dificultades para convertir proyectos en leyes (ni hablar de que se cumplan y tengan efectos concretos) se suman a la falta de efectividad, las disputas en lo más alto del poder y la falta de cohesión en el oficialismo.
Nuevas dudas
Los diálogos de pasillo de la reciente cumbre de la cámara empresaria argentino-norteamericana (AmCham) reflejaban ese escenario. Representantes de empresas, políticos, economistas y consultores expresaban ahí tanta adhesión como interrogantes.
“Respecto de hace cinco meses, para nosotros solo se disiparon las dudas sobre el rumbo y la profundidad que se pretende darle al cambio y los nombres de los que intentan llevarlo a cabo. En cambio, la incertidumbre sobre el futuro inmediato, en cuanto a capacidad de ejecución y resultados, sigue igual que entonces”, dijo el director de una consultora en economía y negocios que tiene entre sus clientes a grandes empresas. Una de ellas acaba de poner en pausa algunos negocios a la espera de que se disipen las nubes. A la recesión económica se agregaron la disfunción en la dimensión política y un poco más de inseguridad jurídica. Solo un botón de muestra.
Unos pasos más allá de ese corrillo, un alto dirigente político aliado de hecho del oficialismo y un gobernador que pocos minutos antes había anunciado desde el estrado su decisión de firmar el Pacto de Mayo que propuso Milei el 1º de marzo agregaban otras inquietudes de similar tenor. “El Presidente tiene indudablemente la claridad, la determinación y el coraje para hacer lo que el país necesita para volver a crecer, pero todavía seguimos sin saber cómo ni con quiénes lo va a hacer. O peor, tenemos más dudas”, explicó el mandatario provincial.
“No solo no hay un equipo de gobierno que entienda cómo hacer para que se concrete lo que buscan, sino que faltan hasta los funcionarios que lo ejecuten. Algunos son desautorizados desde arriba, otros son tirados por la ventana sin mucha explicación y muchos otros todavía ni siquiera tienen firma. Sin hablar de los que desconocen hasta los más elementales pasos administrativos. Y eso sin contar las designaciones que, después de tres meses, siguen sin concretarse”, agregó el político filomileísta.
El diagnóstico que en esa cumbre del súper círculo rojo compartían los políticos era avalado por experimentados hombres de negocios, que expresaban dudas, aunque mantenían su esperanza. Todos esperan los hechos. El relato tiene límites. El arte de vender derrotas como éxitos siempre es efímero.
Claudio Jacquelin,LA NACION,Política
POLITICA
Elisa Carrió cuestionó el rumbo económico del Gobierno: “Se está aniquilando a la clase media”

Elisa Carrió, líder de la Coalición Cívica, criticó este lunes las políticas económicas del gobierno de Javier Milei y aseguró que “se está aniquilando a la clase media”.
En diálogo con el programa Solo una vuelta más por TN, la dirigente profundizó: “Hoy en la Argentina, la enajenación del Presidente, en el sentido de que no entiende que se está eliminado la clase media y se está aniquilando también la idea de una vida mejor para nuestros adolescentes, para nuestros hijos”.
Y amplió: “Se está dando en las redes, por culpa del algoritmo, una idea de polarización absolutamente falsa”.
“Los dueños de la Argentina son los mismos”, remarcó la exfuncionaria.
Consultada sobre si podría presentarse para ocupar algún cargo en las próximas elecciones o a quién votaría, Carrió fue contundente: “Me da asco la política. No voy a ir a votar. No lo voté a Milei, menos a Sergio Massa. A Axel Kicillof tampoco lo pienso votar. Él es un hombre decente rodeado de corruptos”.
“No podemos estar con un capitalismo terrible y una falta de humanismo”, añadió Carrió.
Sobre los anuncios económicos del Gobierno, la exdiputada lanzó: “Luis ‘Toto’ Caputo puede hacer magia, pero ya no sabe qué hacer. Mucho menos convencer a un presidente que está aislado”.
“Estamos en una especie de convertibilidad con un dólar barato falso. Es lo que le exige el Fondo Monetario Internacional (FMI) al gobierno. La clase media tiene que reaccionar. Ya están en la pobreza”, reiteró Carrió.
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“Se busca ampliar la impunidad”: duras críticas de Poder Ciudadano al Gobierno por la corrupción y la falta de transparencia

En su tradicional cena anual, y con escasa presencia de representantes del oficialismo, Poder Ciudadano apuntó este lunes en duros términos contra el Gobierno al destacar que “la corrupción sigue siendo una enfermedad endémica” y que “en los últimos años no sólo no se ha avanzado en ninguna política específica destinada a incrementar la transparencia, sino que pareciera que buscamos ampliar la impunidad”.
Así lo dijo en su discurso el presidente de la organización, Martín D’Alessandro, quien remarcó que es “imperioso ocuparse en serio de la corrupción de una buena vez”, ya que, puntualizó, “en las encuestas sigue en el tope de las preocupaciones de la ciudadanía y en el Índice de Percepción de la Corrupción que confecciona anualmente Transparencia Internacional para 182 países, Argentina se ubica recién en el puesto 104, con apenas 36 puntos sobre 100″. “Es el peor resultado de los últimos 10 años, consolidando la tendencia declinante de los últimos 6 años”, afirmó el titular de Poder Ciudadano.
En un salón del hotel Sheraton, en Retiro, lo escuchó un variado auditorio en el que se destacó la presencia de dirigentes de la oposición, miembros del Poder Judicial, empresarios y pocos referentes libertarios: estuvieron Luis Petri, Sebastián Pareja y Nicolás Mayoraz, por ejemplo, pero no concurrió ningún miembro del Gabinete nacional ni las máximas autoridades de los bloques legislativos de La Libertad Avanza.

Entre los representantes de la oposición estuvieron, entre otros, el gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio; Martín Lousteau, Emilio Monzó, Maximiliano Ferraro, Ernesto Sanz, Jesús Rodríguez, Carolina Losada, Laura Alonso, Nicolás Massot, Luis Naidenoff, Mario Negri, Gabriel Katopodis, Germán Martínez, Juan Manuel Abal Medina, Diego Bossio, José Octavio Bordón, Karina Banfi, Ricardo Gil Lavedra, Daniel Arroyo y Marcelo Stubrin. Además, hubo empresarios como Martín Rappallini, Jorge Brito, Gustavo Weiss y Cristiano Ratazzi, y economistas como Hernán Lacunza, Carlos Melconian, Alfonso Prat Gay y Marina Dal Poggetto.
Además, concurrió una nutrida representación de jueces y fiscales: Julián Ercolini, Daniel Rafecas, Sebastián Casanello, Diego Luciani, Diego Barroetaveña, Inés Weinberg de Roca, Mariano Borinsky, Daniel Petrone, Sergio Mola Leopoldo Bruglia, Mariano Llorens, Eduardo Taiano y Alejandra Mángano, entre otros.
En su discurso, D’Alessandro consideró que la corrupción tiene dimensiones morales, colectivas, estatales, republicanas, democráticas y económicas, al tiempo que señaló que afecta la igualdad ante la ley, debilita la confianza en las instituciones, perjudica las políticas públicas y distorsiona la asignación de bienes públicos.

El titular de Poder Ciudadano cuestionó que desde el Gobierno no se hayan implementado políticas específicas para elevar la transparencia y denunció intentos del oficialismo de reducir la cantidad de juzgados con capacidad para investigar hechos de corrupción cometidos por funcionarios. También criticó el proyecto de inocencia fisca”, enviado al Congreso durante este año, porque inicialmente permitía a funcionarios blanquear dinero no declarado sin dar explicaciones.
El proyecto oficial de reforma política fue otro de los puntos objetados por D’Alessandro: sostuvo que la iniciativa contempla liberar los límites a las donaciones privadas para campañas electorales y habilitar campañas paralelas sin controles, en sentido contrario a las prácticas internacionales en la materia.
También cuestionó el incremento del gasto en agencias de inteligencia sin rendición de cuentas y las demoras o versiones contradictorias que, según dijo, buscaron ocultar enriquecimientos sospechosos de funcionarios. Describió esos episodios como una combinación de “arrogancia y tozudez, de tragedia y de comedia”.

Tras mencionar que la Argentina quedó en el último lugar de América Latina en recepción de inversiones extranjeras, de acuerdo con el último relevamiento de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el presidente de Poder Ciudadano vinculó ese retroceso con el deterioro institucional y sostuvo que las reglas estables, la Justicia independiente, la transparencia y la integridad reducen la incertidumbre económica.
D’Alessandro mencionó estimaciones según las cuales la corrupción le hace perder al país entre 8% y 10% del PBI cada año. A partir de esa cifra, planteó que combatirla podría tener un efecto económico rentable.
Por otra parte, rechazó la idea de que la corrupción desaparecería solamente con la reducción del Estado. Admitió que las regulaciones excesivas pueden generar oportunidades de corrupción, pero advirtió que una desregulación sin controles también facilita el aprovechamiento de la debilidad estatal.

Como ejemplo, recordó una denuncia presentada por la organización que dirige ante la Procuraduría de Investigaciones Administrativas en diciembre del año anterior luego de descubrir que, tras la eliminación de trámites y controles, ingresaban al país autos de lujo declarados como vehículos de colección, una maniobra que permitía evadir millones de pesos en impuestos.
La denuncia derivó en la detección de un posible delito de contrabando agravado, sanciones a funcionarios, cambios normativos y la elevación del caso a la Justicia Penal Económica. Para D’Alessandro, ese episodio mostró la necesidad de instituciones sólidas y de una sociedad civil que controle las decisiones públicas.
El presidente de Poder Ciudadano aseguró que la democracia no puede depender del crecimiento económico. Recordó que ningún país que sufrió golpes de Estado tuvo ingresos superiores a los de Argentina en 1976, al referirse a la relación entre desarrollo, estabilidad democrática e instituciones.

La participación de organizaciones y ciudadanos debe ser considerada un aporte al control de los gobiernos y no una interferencia, enfatizó D’Alessandro. Sin embargo, denunció que el Gobierno avanza en una dirección opuesta mediante decretos y proyectos legislativos que limitarían la intervención de la sociedad civil.
Entre esas medidas mencionó un decreto que restringió el acceso ciudadano a la información pública y otro que eliminó la participación y la consulta ciudadana en el proceso de designación de jueces. Según expuso, ambas decisiones contradicen la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción.
También objetó el proyecto de regulación del lobby, que, según describió, busca someter a miles de organizaciones no gubernamentales a un régimen de vigilancia que las obligaría a informar al Estado prácticamente todos sus movimientos. El proyecto de defensa de la soberanía nacional, agregó, pretende limitar la libertad de opinión.

Ambas iniciativas prevén delitos de prisión formulados de manera ambigua, señaló. D’Alessandro consideró que ese tipo de disposiciones acerca al país a modelos como los de Venezuela, Hungría y Nicaragua, en lugar de aproximarlo a Estados Unidos o a Europa.
“Los políticos no se dejan ayudar por los ciudadanos”, resumió el presidente de Poder Ciudadano. A partir de esa premisa, se preguntó cómo podría recuperarse la confianza en la política y en las instituciones si el Estado desconfía de su propia ciudadanía.
Recordó que la fundadora de la organización, Marta Oyhanarte, había definido ese objetivo durante la primera convocatoria pública de Poder Ciudadano, en abril de 1989: “Hemos iniciado un camino que pretende reavivar nuestra conciencia cívica -dijo-. Esto implica un cambio de modalidad en nuestra forma de pensar y de actuar, porque somos copropietarios de esta democracia”.

Oyhanarte agregó entonces: “Intentamos ser promotores de participación para vivir en un país normal, con un sistema de normas claras que sean cumplidas por gobernantes y gobernados”. También sostuvo que el espíritu de la entidad era “la suma de muchos que hacen poquito y no a la inversa”.
D’Alessandro afirmó que esa definición continúa orientando las convicciones y la propuesta de Poder Ciudadano. La organización que preside, según precisó, configuró la corrupción como un problema público y promovió el activismo social como complemento de los controles y las sanciones estatales.

D’Alessandro sostuvo que la organización “no adoptó una posición antipolítica ni alentó escándalos, fanatismo punitivo o la idea de que algunas personas son moralmente inferiores por sus opiniones partidarias”. En cambio, salió en defensa de una visión pluralista basada en la transparencia, los controles, la rendición de cuentas y la calidad institucional.
Cuando los ciudadanos se repliegan en la vida privada, la esfera pública se debilita y aumenta la vulnerabilidad frente al autoritarismo, advirtió. Según D’Alessandro, una sociedad organizada que exige explicaciones fortalece la confianza entre la población y el Estado, reduce las probabilidades de autocratización y mejora las condiciones para el desarrollo.
POLITICA
Malvinas: el Gobierno denunció a una empresa británica por realizar vuelos sin autorización hacia Chile

El Gobierno denunció este lunes las operaciones realizadas por la empresa británica THALES UK LIMITED en la ruta aérea que conecta las Islas Malvinas con Punta Arenas, en Chile, mediante una aeronave con matrícula del Reino Unido y sin autorización de las autoridades argentinas.
El presidente Javier Milei ordenó a los equipos de Gobierno “dar inicio de forma urgente a los procedimientos sancionatorios y las denuncias penales correspondientes, así como también a las gestiones diplomáticas pertinentes”.
“La República Argentina no se quedará de brazos cruzados y continuará defendiendo sus derechos soberanos con firmeza, utilizando todas las herramientas diplomáticas, administrativas y jurídicas que le reconocen el derecho nacional e Internacional. Las Malvinas son argentinas”, cierra el texto.
Explotación de hidrocarburos
En tanto, el Gobierno intimó formalmente al Reino Unido para que, en un plazo de dos semanas, adopte las medidas necesarias para “impedir el inicio o la continuación” de las actividades de explotación de hidrocarburos del proyecto Sea Lion en las Islas Malvinas.
Milei también instruyó a la Cancillería y a los equipos jurídicos a iniciar el procedimiento de arbitraje previsto en el Anexo VII de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR). El objetivo, según el comunicado, es impedir la explotación de hidrocarburos en la Cuenca Malvinas Norte, a través del proyecto Sea Lion, y evitar el otorgamiento de nuevos permisos sobre los recursos de la Plataforma Continental Argentina.
Si Londres no cumple con la intimación, el Gobierno anticipó que solicitará al Tribunal Internacional del Derecho del Mar las medidas provisionales necesarias para preservar sus derechos soberanos sobre la plataforma continental. El comunicado sostiene que la explotación unilateral de esos recursos es “contraria al derecho internacional” y provoca un “perjuicio irreversible e irreparable”.
“LAS MALVINAS SON ARGENTINAS y se defienden con hechos, no palabras”, publicó Milei en sus redes tras compartir el comunicado. En el texto oficial, el Gobierno también manifestó su “rechazo categórico” a la respuesta del Reino Unido frente al discurso del Presidente ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y remarcó: “La pretendida denominación de las Islas Malvinas como “Territorio Británico de Ultramar” y el referéndum unilateral celebrado en 2013 y no reconocido internacionalmente no alteran la existencia ni el objeto de la controversia de soberanía reconocida por las Naciones Unidas».
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