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POLITICA

Luz, cámara, Malvinas

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Dos novedades internacionales están modelando la estrategia de Javier Milei para defender, como obliga la Constitución, la soberanía argentina sobre las islas Malvinas. La primera es la divergencia cada vez más profunda entre los Estados Unidos e Israel, por un lado, y el Reino Unido, acompañado por Francia y Canadá, por otro, respecto de los conflictos de Medio Oriente. Es imposible saber qué duración tendrá ese entredicho entre antiguos aliados. La otra novedad es el atractivo económico de Vaca Muerta, que es utilizado por el Gobierno como herramienta de presión para inhibir a las petroleras que quieran hacer negocios con los “kelpers”.

La escena que se configuró a partir de estos factores, que tienen alcance muy diverso, fortalece una decisión que Milei parece haber tomado hace ya tiempo. Él está relativizando la estrategia fundada por Miguel Ángel Zavala Ortiz durante el gobierno de Arturo Illia, que consistió en apostar a las negociaciones con Londres en el marco de las Naciones Unidas. El Presidente está más próximo al curso de acción que prefirió el kirchnerismo: ejercer una especie de embargo sobre la población de las islas acorralando con sanciones a los potenciales inversores que quieran hacer negocios habilitados por el gobierno usurpador.

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El desencuentro de los Estados Unidos e Israel con el Reino Unido tuvo una manifestación muy elocuente en marzo pasado, cuando el gobierno laborista de Keir Starmer se negó a autorizar al de Donald Trump a utilizar la base militar de la isla Diego García para atacar a Irán. Más agresivo que ese veto fue el argumento en que se sostuvo: Irán no era el agresor sino el agredido. Si se repasa la historia de la alianza militar norteamericano-británica, esa fue una diferencia de primera magnitud. En ese contexto apareció un cable del Pentágono que insinuaba que Washington podría revisar su neutralidad en el diferendo por Malvinas.

El episodio ligado a la guerra contra Irán se inscribe en una tensión más amplia: la decisión de Trump de replegar a los Estados Unidos de su rol de garante de la defensa atlántica, exigiendo un mayor aporte económico europeo al sostenimiento de la OTAN. También en este punto Londres está enfrentada con Washington. El gobierno laborista se niega a hacer los recortes fiscales a los que estaría obligado si tuviera que contribuir, como pretende Trump, con 3% de su PBI al sostenimiento de la organización militar aliada. El actual primer ministro, Andy Burnham, promete cumplir con ese requisito para 2035. Pragmáticos, los ingleses se proponen arrastrar los pies hasta que Trump abandone la Casa Blanca. Como si la retracción norteamericana fuera una ocurrencia exclusiva del actual presidente.

En este clima de desavenencia, la semana pasada Trump repitió los términos de aquel cable del Pentágono. Milei, impulsado por Santiago Caputo, el “Mago del Kremlin”, le tomó la palabra y lanzó una iniciativa política que ocupa hoy los principales esfuerzos de la administración.

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A esta divergencia se agregó la crítica del Reino Unido, Francia y Canadá contra Israel por la expansión de los asentamientos de colonos sobre Cisjordania. La posición tradicional del Reino Unido es que la ocupación israelí sobre esos territorios de Cisjordania viola el derecho internacional. Además de ratificar esa tesis, el gobierno del laborista Andy Burnham propuso castigar a las compañías que faciliten el establecimiento de israelíes en esa región. El principal argumento de Burnham es que Israel dificulta la existencia de un Estado palestino con territorio en Cisjordania y Gaza. Además, denuncia que la ocupación se realiza con violencia.

Burnham es criticado por la oposición conservadora, que alerta sobre el costo que puede tener para Gran Bretaña un conflicto con Israel y con empresas que operen en la Cisjordania ocupada.

La reacción en Israel ha sido, siguiendo a Trump, utilizar la usurpación de las Malvinas como argumento contra Londres. En un juego de espejos, el ministro de Seguridad israelí, Itamar Ben-Gvir, pidió a Benjamin Netanyahu que sancione al Reino Unido por la anexión ilegal de Malvinas.

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La defensa británica en el Parlamento es muy significativa para la disputa con la Argentina: el avance de los colonos israelíes no sería igual a la presencia del Reino Unido en las islas porque es resistido por el pueblo palestino. En otras palabras, los británicos apelan al principio de autodeterminación de los pueblos, al deseo de la población radicada en las tierras en conflicto. Es una diferencia importantísima con la diplomacia argentina, que siempre ha considerado que los “kelpers” no son el “pueblo” de Malvinas sino una población implantada por una apropiación ilegal. Para dirimir la soberanía se pueden tener en cuenta los intereses de los habitantes, pero no sus deseos. De este debate depende, entre otras cosas, qué comité de Naciones Unidas tiene competencia sobre el diferendo. La Argentina siempre fue exitosa en conseguir que sea el comité de descolonización.

Más allá de las diversas modulaciones de estos conflictos entrelazados, apareció un fenómeno nuevo del que Milei intenta sacar todo el provecho posible. Es este: la ocupación de Malvinas se ha convertido para el Reino Unido en una vulnerabilidad en la que hunden el puñal las potencias que rivalizan con él.

El gobierno libertario profundizó una estrategia que ya había esbozado. Cuando la canciller Diana Mondino justificó un voto en contra del embargo norteamericano a Cuba en la Asamblea General de Naciones Unidas con el argumento de que, si no acompañábamos esa posición tradicional, no conseguiríamos los votos contra el Reino Unido en la cuestión Malvinas, Milei no dudó en despedirla. Demostró allí que él no sacralizaba la escena multilateral de la ONU. Y que prefería mucho más obtener beneficios de una lealtad canina hacia los Estados Unidos de Trump.

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Milei tiene derecho a pensar que eligió el camino correcto. Por las ambiguas declaraciones de Trump y por la posición pro argentina de su otro aliado, la derecha israelí. A la luz de ese éxito, la Casa Rosada vuelve a confiar en la estrategia que arrojó a Mondino fuera del palacio. El reclamo por Malvinas no debe sostenerse tanto en las gestiones multilaterales como en el hostigamiento a la economía “kelper” a través de algo muy parecido a un embargo. La administración libertaria se distancia, entonces, de la línea radical. Y se recuesta sobre la del kirchnerismo. La ley que el Poder Ejecutivo enviará al Congreso potencia la que en su momento impulsaron dos nacionalistas como Pino Solanas y Cristina Kirchner. Con una curiosidad: el espíritu de esa normativa procede de un proyecto frustrado de Eduardo Menem, quien siendo senador siempre mantuvo en relación con las Malvinas un temperamento mucho más combativo que el que convalidaba su hermano Carlos, respaldando al canciller Guido Di Tella. En el menemismo convivieron dos concepciones alrededor de esa disputa: la de Carlos Menem/Di Tella y la de Eduardo Menem/Mario Cámpora, su asesor en la materia.

No deben sorprender algunas afinidades. La Libertad Avanza tiene algunas expresiones nacionalistas afines e incluso más marcadas que las del kirchnerismo. Basta repasar los mensajes del “Mago” Caputo a través de su cuenta de X. Allí declaró que para los Estados Unidos “Inglaterra es el pasado y la Argentina es el futuro”. Dijo que para defender la soberanía territorial la Argentina debe ser, entre otras cosas, “militarmente respetable”, una afirmación inquietante en el contexto de la discusión sobre Malvinas. Caputo también señaló como agentes británicos a quienes se opongan a las actuales decisiones del Gobierno en relación con esta materia. Y ordenó: “Márquenlos”. Bromas de un mago.

La decisión de sancionar a empresas que hagan negocios concedidos por el gobierno “kelper” en territorio argentino se apalanca sobre otra novedad de época: el valor que tiene la formación Vaca Muerta para las empresas internacionales de servicios petroleros. La amenaza de “no hacés negocios en la Argentina si te involucras con los negocios de los usurpadores en Malvinas” tiene otro voltaje. Milei resolvió llevarla a fondo. Más allá de lo que en su momento ensayaron Cristina Kirchner o Alberto Fernández.

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El programa de sanciones debe atravesar algunas encrucijadas críticas que, cabe esperar, ya fueron contempladas. Son los desafíos propios de un sector, el petrolero, en el que las operaciones suelen estar entrelazadas. El Gobierno ya experimentó este problema. Una de las notificaciones que advertía sobre castigos a empresas que operaran en relación con el proyecto Sea Lion, en Malvinas, estaba dirigida a la empresa Bluewater. Es la compañía de servicios contratada por Navitas, la principal accionista del consorcio que opera en las islas, para proveer la planta flotante para la extracción de petróleo de Sea Lion.

Gracias al aviso de un diplomático advertido de esta historia, se demoró el envío de la carta. Sencillo: Bluewater es la fabricante de las dos monoboyas en las que se sostendrá el oleoducto que sacará el petróleo de Vaca Muerta a través del puerto de Punta Colorada. Las autoridades hicieron una excepción y esperaron a que esas boyas salieran de Dubai, sortearan el bloqueo del estrecho de Ormuz y fueran transportadas hasta la Argentina.

Las fechas de los contratos de Bluewater plantean un problema. En junio de 2025 el consorcio que opera el oleoducto, al que pertenece YPF, contrató a esta compañía como proveedora de las monoboyas. Pero Bluewater ya tenía un contrato con Navitas, de Sea Lion, que ya era público en enero de ese año. La ley que prevé sanciones para casos de este tipo, y que Milei quiere endurecer, no se aplicó. ¿Se ignoraba la relación de Bluewater con Navitas? ¿O el Gobierno no estaba tan sensibilizado con las inversiones en Malvinas como empezó a estarlo después de las declaraciones de Trump?

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Anoche, el canciller Pablo Quirno y el procurador del Tesoro, Sebastián Amerio, redactaron otra tanda de denuncias contra firmas que colaboraron, de un modo u otro, con la explotación petrolera de Malvinas. En el marco de esta vía de acción, el caso Bluewater habilita a plantear algunas incógnitas que ya deben haber sido despejadas por el “Mago” y los funcionarios oficiales. Por ejemplo, ¿qué bancos financiaron a Navitas, la empresa israelí que, en sociedad con la inglesa Rockhopper, opera Sea Lion? ¿Son bancos que gestionan intereses argentinos?

Es posible que Luis “Toto” Caputo y el propio Quirno, ex secretario de Finanzas, se lo estén preguntando. Otro interrogante: ¿cuáles son las compañías de trading que comercializarán el petróleo argentino usurpado en Sea Lion? En ese rubro no hay muchas firmas. ¿Ninguna opera u operará en Vaca Muerta? No hay por qué dudar de la consistencia técnica de la arremetida penal de la Casa Rosada. En todo caso, esa consistencia se podrá calibrar por un detalle: las excepciones que se vayan decidiendo, como en el caso de la demora con Bluewater.

Un detalle relevante: el procurador Amerio está en contacto permanente con el ministro de Economía para evaluar el costo eventual de las denuncias. Habrá que ver cómo se proyecta esta prudencia sobre la redacción de la reforma a la ley de sanciones. Es posible que se introduzcan dispositivos disuasivos más que punitivos.

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Es posible que entre las excepciones en danza esté la situación de Eduardo Elsztain. Este reconocido empresario estuvo comprando desde 2005 acciones de la Falkland Islands Holding, controlante de Falkland Islands Company, la empresa que durante años controló casi toda la economía de Malvinas. Elsztain publicó una nota explicando esa operación. El texto es muy interesante en varios aspectos. Uno de ellos: en 2017, cuando estuvo cerca de convertirse en accionista mayoritario, el gobierno británico lo bloqueó con el argumento de su origen argentino. Elsztain recuerda ese antecedente para verificar que él no pretendía sólo hacer negocios en Malvinas: creía que la posición que había adquirido forzaría un acercamiento capaz de facilitar la discusión de soberanía.

La evocación de Elsztain hace juego con la ocurrencia de un experto que se acercó a Julio De Vido en pleno kirchnerismo para sugerirle: “Si varios empresarios siguen a Elsztain, una vez que los argentinos controlen la Falkland Islands Company pueden bloquear todo el juego ‘kelper’ en las islas”. La ocurrencia no voló.

La carta de Elsztain justificando sus negocios en Malvinas tiene otro aspecto interesante. Reivindica un enfoque particular del problema de la soberanía. Es el punto de vista que adoptaron Carlos Menem y Di Tella. Para recuperar las islas no hay que hostigar a los “kelpers”. Al revés, hay que involucrarse con ellos a partir de los negocios. Si esos lazos se fortalecen, habrá un día en que la discusión por la soberanía será inevitable. Si algo no se puede sospechar de Elsztain es que sea crítico del gobierno de Milei. Aun cuando, en contra de una versión muy extendida, no le haya prestado un departamento a la hermana del Presidente. Sin embargo, la nota de este empresario es una crítica tácita, implícita, pero muy fundada, a la vía que acaba de adoptar el Gobierno.

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El “Mago” Caputo parece haber ordenado: “Luz, cámara, Malvinas”. Es natural. La soberanía argentina sobre las islas se convirtió en un argumento de conflictos mucho más globales. Fue puesta en el centro de la escena internacional por Trump y por el gobierno israelí en su disputa con el Reino Unido. Imposible no aprovechar esa oportunidad. Caputo la aprovechó al cuadrado: avanzó también sobre el presupuesto de la administración y fortaleció las áreas que él domina. En especial, la SIDE y sus fondos reservados. Otro desafío a la señorita Milei.

La puesta en escena no alivia al Gobierno en otros frentes. Desde la batalla parlamentaria por las moras financieras, hasta el nuevo derrumbe de la construcción y de la industria. Malvinas debe compensar esos sinsabores. Con una dificultad. Como señaló la especialista en campañas electorales Ana Iparraguirre, es casi imposible llevar agua para el propio molino cuando se trata de una cuestión que, como la “sagrada causa” de Malvinas, no provoca debate alguno. El “Mago” por un momento exhibió algún sentido del humor y ordenó “márquenlos”. Pero no hay a quien marcar.




Carlos Pagni,Conforme a

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Jorge Macri respaldó las detenciones de los metrodelegados: “El que bloquea un servicio esencial va preso”

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En medio del conflicto por el paro en todas las líneas de subte, el jefe de gobierno porteño Jorge Macri salió a respaldar las detenciones de los metrodelegados y advirtió: “En mi gestión las cosas por su nombre: lo que la justicia ordena se cumple”.

Macri remarcó que no va a aceptar “extorsiones mafiosas” y que quienes bloqueen un servicio esencial “van presos, sin vueltas”.

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El mandatario porteño insistió en que no permitirá que “les jodan la vida a millones de personas para defender sus curros y encima se la lleven gratis”.

El secretario de Seguridad porteño explicó por qué detuvieron a tres metrodelegados

En diálogo con TN, el secretario de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, Maximiliano Piñeiro, explicó que las detenciones de los trabajadores del subte se produjeron luego de que un gremialista abriera una puerta de emergencia en la estación Juan Manuel de Rosas de la línea B para permitir el paso de los usuarios como medida de fuerza.

“En la primera hora del día, un gremialista del subte abrió una de las puertas de emergencia y habilitó el paso de los usuarios como medida de fuerza. A raíz de ello, el personal policial consultó a la fiscalía, que ordenó el cese de esta actividad irregular. Ante la negativa de esta persona, la fiscalía dispuso su detención por desobediencia”, relató.

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Luego, según su relato, otros dos gremialistas intervinieron para impedir el accionar policial, por lo que la fiscalía también avaló que sean detenidos. “Están detenidos por incumplir lo ordenado por la Justicia”, reiteró Piñeiro.

Los metrodelegados advierten que no reanudarán los servicios del subte “hasta la inmediata liberación” de los gremialistas

La Asociación Gremial de Trabajadores del Subterráneo y Premetro (AGTSYP) denunció la detención de dos trabajadores por parte de la Policía de la Ciudad en la estación Juan Manuel de Rosas (Línea B).

“No habrá servicio de subte hasta la inmediata liberación de los compañeros detenidos. Exigimos su libertad urgente y el cese de la represión”, alertaron.

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Jorge Macri, Metrodelegados, Subte

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Malvinas: el Gobierno evita confrontar con Washington por el Comité de Descolonización de la ONU y la ley de soberanía

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“(Donald) Trump es Trump. Aun con los amigos”, reflexionó un diplomático de carrera en la noche del lunes, cuando ya era conocido que el gobierno norteamericano solicitó, a través de sus representantes diplomáticos, disolver el Comité Especial de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que desde 1965 insta al Reino Unido a sentarse a negociar con la Argentina una resolución a la diputada por la soberanía de las islas Malvinas.

En la Cancillería no hubo comentarios públicos sobre el pedido, que va en línea con la escasa estima que Trump tiene hacia las Naciones Unidas (sentimiento compartido por el presidente Javier Milei) y que tuvo como argumentos que ese comité “dejó de cumplir su propósito original”. Ayer, en la conferencia de prensa semanal que brinda en Casa Rosada, el portavoz Adrián Ravier afirmó que esa postura de Estados Unidos “está bajo análisis hoy como para tomar una decisión final”, y afirmó que “seguramente” el canciller Pablo Quirno, que acompaña al Presidente en su actual gira por España, hablaría sobre el tema. La consulta incomodó a Ravier, que no pudo precisar qué es lo que “está en análisis”.

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En la última reunión del Comité de Descolonización, en junio pasado, el canciller Quirno acusó en duros términos al Reino Unido de “desconocer la realidad histórica”, y afirmó que “el principio de autodeterminación no aplica en casos de colonialismo que vulneran la integridad territorial de una nación preexistente”, en relación con la posición de Londres en relación con los pobladores de las islas. Fue solo una de las exposiciones de los últimos meses en las que el Gobierno y la Cancillería elevaron el tono del reclamo por la soberanía de las islas.

“Lo que dijeron los Estados Unidos tiene que ver con la propuesta de racionalizar la ONU, algo similar a la motosierra”, explicó una fuente diplomática cercana al Gobierno, con intención de minimizar un eventual conflicto.

“Por supuesto que, como todo país con controversias de ese tipo, apoyamos la continuidad del comité. Pero no sería un daño para la Argentina, el reclamo se puede presentar, como se hacía en los años noventa, ante la Asamblea General de la ONU”, agregó el experto.

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En coincidencia con el despertar del sentimiento nacionalista en el país por la recuperación de Malvinas, que explotó luego del partido con Inglaterra en el mundial de fútbol, y enojado por la posición del Reino Unido durante la guerra con Irán, Trump declaró que “podría revisar” su postura en relación a la soberanía de Malvinas. Semanas después, se reunió con el primer ministro británico Andy Burnham, y esa amenaza se disipó.

Más allá de la controversia por el Comité de Descolonización (que no integran ni Estados Unidos ni Gran Bretaña, que sostiene 10 de los 17 territorios no autónomos en disputa, entre ellos Malvinas), el freno al tratamiento en comisión de la ley de Defensa de la Soberanía Nacional, vinculado con la causa Malvinas e impulsado por el Poder Ejecutivo, también muestra posturas divergentes entre Washington y Buenos Aires.

Empresas norteamericanas le habrían transmitido al Gobierno su preocupación por la “laxitud” del Título I del proyecto, que no solo establece sanciones para las compañías Rockhopper (británica) y Navitas (israelí) que llevan adelante el proyecto Sea Lion en las aguas circundantes de Malvinas, sino también contra empresas asociadas a ellas en otros proyectos, con la secretaría de Malvinas que encabeza la secretaria Paola di Chiaro, como autoridad de aplicación.

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“A la industria le preocupaba este abordaje tan amplio que tiene la ley, y que impacte sobre la actividad”, comentó a una importante fuente del sector petrolero. No sólo las empresas se quejaron: según informadas fuentes del Gobierno, el embajador norteamericano Peter Lamelas también le habría expresado su preocupación vía telefónica a miembros del oficialismo. Consultadas por este diario, fuentes de la embajada norteamericana evitaron hacer comentarios sobre el asunto, y desde el oficialismo de la Cámara baja -los diputados Silvana Giúdici y Gabriel Bornoroni trabajan en el dictamen de la ley- dijeron no haber recibido llamado alguno. Adjudicaron la postergación del tratamiento a la cantidad de temas que incluirá la próxima sesión de la Cámara baja.

Diplomáticos alejados del Gobierno agregan un tercer foco de disenso, siempre dentro de los márgenes de la excelente relación entre ambos países. Se trata de la postulación de Rafael Grossi como próximo secretario general de la ONU, impulsado por Argentina y que marcha en el primer pelotón en las votaciones secretas que se han venido haciendo hasta ahora. Esos diplomáticos aseguran que Grossi “no es” el preferido de Trump, que ya intentó postular al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y con el megamillonario Elon Musk, y que podría insistir con otro “outsider” en las próximas semanas, si como viene ocurriendo, ninguno de los postulantes alcanza la mayoría necesaria (sin vetos de los cinco miembros permanentes) para ser elegido.

El jueves próximo, ya con Milei y Quirno de regreso en el país, el influyente subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, y el responsable de Asuntos del Hemisferio Occidental, Juan Pablo Segura, llegarán a Buenos Aires. Entre otros asuntos, las divergencias por el comité de Descolonización y el proyecto de ley de Defensa de la Soberanía podrían ser temas de conversación con el Gobierno.

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POLITICA

Fallo clave para el Gobierno: la Justicia puso en revisión la cautelar sobre Financiamiento Universitario

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La Sala III de la Cámara Contencioso Administrativo Federal le dio la razón al Ministerio de Capital Humano y ordenó que la justicia revise si la medida cautelar sobre financiamiento universitario sigue o no vigente. El tribunal consideró que el Estado Nacional enfrentaba un perjuicio irreparable al verse obligado a cumplir una orden cuya vigencia está en disputa.

El Ministerio de Capital Humano, a través de la Secretaría de Educación y la asistencia legal de la Procuración del Tesoro de Sebastián Amerio, había reclamado ante la Cámara porque el juez de primera instancia le negó el derecho a apelar. La causa de fondo es el amparo promovido por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y otras instituciones contra el Decreto 759/25 del Poder Ejecutivo Nacional, que recortó fondos universitarios.

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“La vamos a seguir a muerte”, respondieron fuentes de primera línea del Ministerio de Capital Humano al ser consultados por el fallo judicial. “La Justicia todavía no nos está sugiriendo ‘no cumplan con la cautelar’, pero lo que nos dice es que van a revisar si la tenemos que cumplir”, explicó uno de los principales patrocinadores legales del Gobierno.

La Cámara no resolvió si el Estado cumplió o no con la medida cautelar. Lo que decidió, el 20 de octubre de 2026, es más acotado: que el juez de primera instancia se equivocó al bloquear la apelación, y que esa apelación debe tramitarse.

La resolución fue firmada por los jueces José Luis López Castiñeira y Jorge Eduardo Morán, quienes cubrieron dos vacantes en la Sala conforme a las acordadas 2/26 y 5/26 de la Cámara. El Ministerio de Capital Humano argumentó que la medida cautelar original tenía un límite temporal expreso y que ese plazo ya había vencido. Desde esa postura, continuar con la ejecución de la orden equivalía a extender artificialmente una tutela que había caducado.

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El origen del conflicto

El amparo fue impulsado por el CIN tras la sanción del Decreto 759/25, que modificó la distribución del financiamiento para las universidades nacionales. El juzgado federal N° 11 dictó una medida cautelar que obligó al Estado a garantizar recursos mientras se resolvía el fondo del asunto.

La sentencia de primera instancia se dictó en el expediente principal. Contra esa sentencia, el Estado interpuso un recurso de apelación que fue concedido en ambos efectos, lo que en términos prácticos paraliza la ejecución de la condena mientras la Cámara resuelve.

El nudo del problema apareció cuando el mismo juez ordenó, en paralelo, que el trámite de ejecución de la medida cautelar continuara en el incidente vinculado, con un plazo de cinco días para cumplir bajo amenaza de sanciones. El Estado intentó apelar esa decisión, y el juez lo rechazó.

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El argumento del Estado y la decisión de la Cámara

La postura del Ministerio descansó en un principio procesal: si la medida cautelar fue otorgada con un límite temporal, ese límite forma parte del contenido de la orden y no puede ampliarse por vía interpretativa. “La limitación temporal no fue accesoria ni irrelevante, sino que integró expresamente los términos de la tutela concedida”, sostuvo el Estado en su presentación ante la Cámara.

Además, el Ministerio señaló que las sumas exigidas eran de “dimensión extraordinaria” y que no existía una liquidación concreta que permitiera determinar con exactitud cuánto debía pagar. Denunció que se le imponía cumplir una “manda judicial imprecisa, genérica, omisiva y sin datos ciertos”, sin posibilidad de revisión por parte de un tribunal superior.

La Cámara no evaluó el fondo de ese debate. Lo que analizó fue si el bloqueo de la apelación generaba un perjuicio concreto e irreparable para el Estado. La conclusión fue afirmativa: dejar al Ministerio sin posibilidad de recurrir mientras corría el plazo de cumplimiento, con sanciones conminatorias latentes, configuraba un agravio que justificaba abrir la instancia de apelación.

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El trámite que sigue

Con la queja aceptada, el recurso de apelación del Estado quedó concedido “en relación”, una modalidad que, según el artículo 243 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, no suspende automáticamente la ejecución de la resolución apelada. La causa regresa ahora al juzgado de primera instancia para que implemente el trámite correspondiente.

La Cámara dejó expresamente aclarado que su decisión no anticipa ninguna opinión sobre si el Estado cumplió o incumplió la medida cautelar original. Esa pregunta quedará para una resolución posterior, una vez que el recurso de apelación tramite en forma.

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