ECONOMIA
Más polémica por el petróleo de Malvinas: un proveedor estratégico del oleoducto estrella de Vaca Muerta también trabaja para Sea Lion

El yacimiento petrolero Sea Lion, ubicado a 220 kilómetros al norte de las Islas Malvinas, volvió al centro de la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido.
El jueves por la noche, el presidente Javier Milei anunció en cadena nacional la firma de un decreto para agilizar las sanciones contra empresas vinculadas al proyecto, aunque el marco legal que invocó no es nuevo: la Cancillería ya había sancionado antes a las dos operadoras de Sea Lion, la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration.
La tensión se da luego de comentarios de Donald Trump, presidente de EEUU, quien sugirió que podría revisar la histórica postura de apoyo a Inglaterra en lo referente a las islas, y en un momento en que la relación se recalentó tras la eliminación de Inglaterra a manos de la selección argentina en semifinales del Mundial 2026 y el despliegue de una bandera con la frase “Las Malvinas son argentinas” por parte de los jugadores.
En el medio de esa escalada diplomática, y luego del que el Gobierno anunciara anoche que abrió un proceso sancionatorio contra 45 personas y empresas por actividades petroleras que serían ilegales en Malvinas, surgió un dato que hasta el momento había pasado inadvertido: uno de los cuatro contratos comerciales que Navitas firmó para poner en marcha Sea Lion, es con empresa neerlandesa Bluewater Energy Services, dueña del buque Aoka Mizu, la plataforma que dará inicio a la producción de crudo en el yacimiento.
Esta empresa –que nació en 1978 y se especializa en sistemas flotantes de producción, almacenamiento y descarga (FPSO) y sistemas de amarre (SPM) y boyas (CALM) para la industria del petróleo– es la misma compañía que fabricó recientemente las dos monoboyas que utilizará el Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS), el proyecto de exportación de crudo que impulsa YPF junto con otras seis petroleras en la costa de Río Negro y que promete duplicar las exportaciones de petróleo argentino y comenzará a operar a comienzos del año que viene.
Días atrás, esas boyas lograron un hito casi impensado: cruzaron el Estrecho de Ormuz, la zona más caliente del mundo en medio del contexto bélico en Medio Oriente y la tensión entre EEUU e Irán. Salieron del puerto de Emiratos Árabes Unidos, país en el que se fabricaron, y viajaron en el barco Topaz Ishim –con bandera de las Islas Marshall– desde el Golfo Pérsico hasta el Golfo de Omán, del otro lado del polémico estrecho. En Omán, en el puerto de Muscat, pasaron al barco carguero Jumbo Javelin –de mayor porte y bandera neerlandesa– y empezarán en pocos días su viaje hasta el país.

“Quiero compartirles una buena noticia. Las dos monoboyas del proyecto VMOS ya cruzaron el Estrecho de Ormuz y avanzan rumbo a Punta Colorada, Río Negro, donde llegarán a finales de octubre para completar la obra marina”, posteó en X el pasado 20 de agosto, Horacio Marín, presidente de YPF. “El cruce representa uno de los tramos más críticos del traslado y confirma que la obra sostiene el cronograma previsto. Cada vez falta menos para que todo el potencial de Vaca Muerta se transforme en más producción, más exportaciones y más trabajo para los argentinos”.
En VMOS le aseguraron a este medio que no hay conflicto alguno con el contrato de Bluewater, aunque está claro que ese acuerdo alcanzó un estatus diferente luego de la cadena presidencial del jueves. El Gobierno prometió cambios para endurecer la vigente “ley Pino Solanas”, que prohíbe a cualquier persona física o jurídica desarrollar actividades hidrocarburíferas en la plataforma continental argentina —que incluye las aguas alrededor de las islas— sin autorización del Estado. Además, el Canciller Pablo Quirno confirmó que el Gobierno ya notificó a 180 empresas. Bluewater podría estar entre los destinatarios de las intimaciones, aunque no figuró en la lista de los primeros 45.
“El proceso de contratación de las monoboyas a Bluewater Energy Services (BES) cumplió con todos los requisitos establecidos por los procedimientos internos de compliance de la compañía y con la normativa nacional vigente. Al momento de la firma del contrato, el 12 de junio de 2025, Bluewater Energy Services (BES) no mantenía relación alguna con empresas vinculadas al proyecto Sea Lion”, dijeron en VMOS.
Lo cierto es que el contrato sufrió demoras por la guerra: la entrega estaba pactada para cuando comenzó el conflicto y su finalización y la entrega de las monoboyas se demoró varias veces. Ese pacto entre VMOS y Bluewater estaba técnicamente vigente cuando esta última firmó un acuerdo por el barco para Sea Lion. O sea, desde ese punto de vista sí hubo “superposición”. ¿Se incumplieron las leyes locales? Parece difícil de determinar en este momento, aunque el cumplimiento efectivo de cualquier sanción sí suena muy relativo. ¿Bluewater debió informarle a VMOS de quien era su nuevo cliente? ¿VMOS debería saber si sus contratados realizan actividades que contrarias a las normas locales?

Si está está claro que, de cara al nuevo esquema que plantea el Gobierno y luego de las advertencias posteriores a la cadena nacional, será mucho más complicado para Bluewater volver a firmar contratos con empresas locales o que hagan negocios en el país.
Un decreto que reglamenta, no que crea sanciones nuevas
En una cadena nacional que duró poco más de 20 minutos, Milei calificó a Sea Lion como una amenaza a los “intereses estratégicos” del país. El decreto firmado esa noche no crea sanciones nuevas, sino que reglamenta la aplicación de la mencionada ley 26.659, sancionada en 2011 y modificada dos años después.
Esa norma ya se había usado contra las dos operadoras de Sea Lion. Rockhopper fue declarada “clandestina” por la Resolución de la Secretaría de Energía N° 133/2012 e inhabilitada por 20 años mediante la Resolución N° 456/2013. Navitas recibió una sanción idéntica en 2022, a través de la Resolución N° 240/2022, y hoy opera el 65% del proyecto pese a esa inhabilitación.
El decreto amplía ahora el alcance de la ley a “accionistas, directores y proveedores” de las compañías sancionadas, con penas de entre cinco y 20 años de inhabilitación, e instruye a todos los organismos del Estado a informar a la Cancillería, dentro de los cinco días hábiles, cualquier incumplimiento detectado. También incorpora una declaración jurada obligatoria para acceder al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Según anticipó el mandatario, el Gobierno enviará además al Congreso un proyecto de ley para extender ese régimen sancionatorio a los proveedores con las mismas penas que hoy recaen sobre las operadoras, aunque el texto de esa iniciativa todavía no fue difundido.
Cómo se conoció el nombre de Bluewater
El plan de desarrollo de Sea Lion contempla más de 60 pozos submarinos en dos áreas —la Norte y la Central— y una inversión combinada de USD 3.900 millones hasta completar todas las fases.

Para poner en marcha la primera etapa, con el primer petróleo previsto para marzo de 2028, Navitas firmó cuatro contratos comerciales al momento de la Decisión Final de Inversión (FID), según confirmó Rockhopper Exploration en un comunicado enviado el 10 de diciembre de 2025: la contratación del FPSO (plataforma flotante de producción, almacenamiento y descarga) con sus acuerdos de ingeniería y operación asociados, un contrato de plataforma de perforación, un marco de servicios y terminación, y un contrato de construcción e instalación de infraestructura submarina (SURF). Ninguno de esos cuatro acuerdos identificaba a sus contrapartes.
La revista JPT, publicación técnica de la Society of Petroleum Engineers, fue la primera en mencionar a la empresa neerlandesa. El mismo día del FID escribió que el buque Aoka Mizu, que hasta entonces servía al campo Lancaster en el Mar del Norte, sería adaptado para atender el yacimiento Sea Lion. Bluewater confirmó el vínculo dos meses después, en un comunicado a la bolsa de Oslo fechado el 3 de febrero de 2026. Según ese texto, la compañía resultó adjudicataria de un contrato con Navitas para el uso del Aoka Mizu por 12 año y ocho opciones de extensión anual. La propia empresa estimó un respaldo de ingresos operativos (EBITDA) de más de USD 650 millones para todo el período del acuerdo.
El esquema es de alquiler y no de venta, ya que Bluewater conserva la propiedad del buque y cobra una tarifa diaria por su uso. La plataforma dejó de operar en el campo Lancaster en mayo pasado y navega desde entonces hacia un astillero de Singapur, donde será adaptada a los requerimientos de Sea Lion. Comunicados regulatorios de Rockhopper ante la bolsa de Londres ubicaron su llegada prevista para septiembre de este año.
La misma compañía fabrica las boyas del VMOS
Mientras el Aoka Mizu se prepara para Malvinas, otra línea de negocio de Bluewater está en camino a territorio argentino. Según pudo reconstruir Infobae, las dos monoboyas tipo Turret CALM (Catenary Anchor Leg Mooring) que se instalarán frente a la costa de Río Negro, para el sistema de exportación de crudo del VMOS, fueron provistas por la firma neerlandesa. Cada unidad pesa 272 toneladas, mide 15,3 metros de diámetro y permite la carga directa de petroleros de gran porte sin necesidad de infraestructura portuaria fija.

El propio sitio web de la compañía describe el diseño y suministro de sistemas de amarre CALM como una de sus dos especialidades históricas, junto con los FPSO. La instalación submarina de esas estructuras en el golfo San Matías estuvo a cargo de la firma noruega DOF Group, según un informe de la consultora Minergy de mayo pasado, aunque el fabricante de las boyas es la misma empresa que alquila el buque a Navitas.
El VMOS conectará la cuenca de Vaca Muerta con una nueva terminal marítima en Punta Colorada y es impulsado por YPF junto con Vista Energy, Pampa Energía, Pan American Energy, Chevron, Shell y Pluspetrol.
Tambalea la rentabilidad del proyecto
La ecuación de rentabilidad de Sea Lion es, por ahora, la variable menos discutida y más determinante de todo este conflicto. Perforar un pozo en Vaca Muerta cuesta entre USD 10 millones y USD 20 millones; uno offshore, como los que exige el proyecto en Malvinas, ronda entre USD 70 millones y USD 140 millones, con la mayoría de los desarrollos más cerca del techo que del piso de ese rango, según estimaciones del sector.
La distancia, la logística marítima y el hecho de operar en una zona en disputa territorial disparan los costos hasta catorce veces por encima de los que enfrenta cualquier operador en el shale argentino. “Como vienen dados los precios internacionales, que ya son muy fluctuantes, si bajan y suben los costos, por lejanía, zona de conflicto, no hay renta para apropiar y repartir. La explotación se vuelve no rentable”, resumió el economista Daniel Montamat, ex secretario de Energía y ex presidente de YPF.
Esa cuenta se volvió más frágil en los últimos meses. El barril de Brent cerró este viernes en torno a los USD 95, después de haber estado cerca de los USD 70 a mediados de año, cuando el acuerdo entre Estados Unidos e Irán y la reapertura del estrecho de Ormuz habían calmado al mercado. Antes de esa tregua, los contratos a futuro proyectaban un escenario todavía más adverso, de apenas USD 55 el barril, un nivel que —según reconstruyó Infobae en junio pasado— ya alcanzaba para poner en duda la rentabilidad de varios desarrollos en marcha en Vaca Muerta.

Si esa volatilidad puede complicar proyectos con costos de perforación diez veces menores, la lectura de Montamat es que el margen de Sea Lion queda mucho más expuesto a cualquier corrección del mercado: “Si bajan los precios, hoy influidos por la geopolítica, la explotación en esa zona alejada de todo y en conflicto puede volverse no rentable”. Para el ex funcionario, ese cálculo explica en parte “la dura posición negociadora de largada que se ha establecido” desde el Gobierno.
Las empresas ya habían sido alertadas
La práctica de advertir a las empresas antes de sancionarlas tampoco es nueva. Según un comunicado oficial de la Cancillería de julio de 2021, el gobierno nacional había remitido notas de desaliento a Navitas y a Chrysaor Holdings, en las que se les recordaba que las Malvinas forman parte del territorio nacional argentino y se las invitaba a abstenerse de participar en el proyecto, bajo apercibimiento de sanciones administrativas y judiciales.
Chrysaor era, en ese momento, la firma que después se fusionó con Premier Oil para formar Harbour Energy, la petrolera que terminó por vender su participación en Sea Lion en 2022. Bluewater no figura en el comunicado de 2021, ni en ningún otro documento oficial de la Cancillería revisado hasta el momento.
Los otros tres contratos de Sea Lion —perforación, servicios de terminación e infraestructura submarina— siguen sin contraparte pública aún confirmada. Ninguna fuente pública de SLB, Halliburton y Weatherford, las tres compañías que dominan el mercado de servicios de fractura en Vaca Muerta, arrojó vínculos con el proyecto de Malvinas hasta el momento.
Barco bluewater sea lion
ECONOMIA
Según el proyecto de Presupuesto, el gasto por empleado del Congreso será de casi $6 millones mensuales en 2027

Para la elaboración del Presupuesto se explicita que el Poder Legislativo Nacional cerrará 2026 con una partida de $936.680 millones, supera en 22,7% la autorización de gasto vigente
- La planta total prevista se reduciría de 13.454 a 12.978 empleados.
- El recorte equivale a 476 cargos, una baja del 3,5 por ciento.
- El crédito legislativo tendría un incremento real del 17,5% frente a la autorización ampliada vigente para 2026.
- El Senado mantendría su dotación de 5.018 empleados.
- Diputados reduciría su planta en 422 cargos, hasta 4.135 empleados.
La combinación de mayor presupuesto corriente y menor planta se traduce en un incremento real promedio del 28,3% en la asignación por empleado
- Asistencia Bibliográfica del Congreso pasaría de 1.244 a 788 empleados, una baja de 456 cargos equivalente al 36,7%, mientras su partida de gastos crecería 121% en términos reales.
- Dirección de Ayuda Social del Congreso reduciría su planta de 788 a 544 agentes, 244 cargos menos, con una caída real del 64,3% en su asignación presupuestaria.
- “Otros” sumaría 646 cargos, un 61,1%, hasta 1.704 empleados, con un incremento real del 129,4% en su presupuesto.
- Imprenta del Congreso y la Procuración Penitenciaria mantendrían su dotación estable, con subas reales de 26,8% y 0,4%, respectivamente.
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ECONOMIA
En negro y sin jefe: a qué se dedica y cuánto gana el sector de trabajadores qué más crece en la Argentina

La publicación por parte del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) de los datos de mercado laboral del segundo trimestre del año reveló mucho más que un crecimiento leve del desempleo. Entre los datos del instituto estadístico, se distinguió con claridad una tendencia que se separa nítidamente de todas las otras: un salto del 317% en un año del cuentapropismo informal, es decir del trabajo independiente y en negro, como forma de subsistencia ante la escasa demanda de empleo en blanco. El salto, que llevó a ese colectivo a superar los 2 millones de personas, hizo que los especialistas ahondaran en los números para intentar entender quiénes son, a qué se dedican y cómo viven las personas que no consiguen, ni siquiera, un empleo en negro.
Lo que muestran los datos del mercado de trabajo es una caída histórica del empleo asalariado, independientemente de que sea en blanco o negro. En el segundo trimestre de 2026, los asalariados representaron el 70,5% de las personas ocupadas, el valor más bajo de toda la serie que releva el CIAS desde 2016 e igual al registrado en el cuarto trimestre de 2020, durante la pandemia. La caída de la asalarización implica que una proporción menor de quienes tienen trabajo se desempeña bajo una relación de dependencia, registrada o no.

En sentido inverso, el cuentapropismo llegó al 25,5% de los ocupados, tras subir 1,8 puntos porcentuales frente al segundo trimestre de 2025. El incremento equivale a unas 307.000 personas más que pasaron a trabajar por su cuenta en apenas un año. El nivel actual se acerca al máximo de la serie, que se había alcanzado en 2020, cuando las restricciones sanitarias y la destrucción de empleo empujaron a más trabajadores hacia actividades independientes.
El agregado es que ese trabajo por cuenta propia tiende a ser, a su vez, informal. Entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo período de 2026, la cantidad total de ocupados aumentó en 265.000 personas, pero los empleos informales crecieron en 348.000, mientras que los registrados descendieron en 83.000. En ese contexto, la tasa de informalidad general alcanzó el 45%, el valor más alto desde que el Indec comenzó a publicar esta medición a fines de 2023.
Los especialistas reniegan contra la idea de que es una cuestión de preferencias: no se trata de emprendedores que no quieren tener jefes. Se trata de personas que recurren a la única opción disponible.
Para Santiago Poy, vicerrector del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), el crecimiento de esta modalidad está ligado principalmente a la falta de ingresos y no a la aparición de nuevos emprendimientos con capacidad de expandirse. “Es un cuentapropismo de necesidad”, explicó a Infobae, porque se trata de personas que “se lanzan o desarrollan una actividad por su cuenta, principalmente por falta de ingresos”. El investigador lo diferenció del cuentapropismo “de oportunidad”, que puede generar actividades productivas, y advirtió que los bajos ingresos y la baja productividad ayudan a explicar su condición informal.

“A veces se explica la informalidad y el trabajo por cuenta propia como una preferencia de los jóvenes, algo que puede llegar a ser cierto en niveles económicos más bien altos. Esto no es una opción, sino una necesidad: los datos de ingresos muestran que trabajar en negro o por cuenta propia implica ganar muchísimo menos, no es algo que se elige”, dijo Claudio Caprarulo de Analytica a este medio.
Las brechas de ingresos, en este sentido, son muy claras. De acuerdo con datos del Instituto Universitario CIAS para el primer trimestre de 2026, los trabajadores por cuenta propia informales tuvieron un ingreso mensual promedio de $ 541.000 y una mediana de $ 400.000. El monto equivale a menos de la mitad del promedio de $ 1.391.000 que percibieron los cuentapropistas formales y quedó por debajo del ingreso medio de $ 1.104.000 para el conjunto de los ocupados.
La diferencia se sostuvo incluso al considerar la carga horaria: quienes trabajan por cuenta propia en la informalidad dedicaron en promedio 30,5 horas semanales a su actividad y obtuvieron $ 4.435 por hora, frente a las 38 horas y los $ 9.154 por hora de los formales. Además, el 55% de los informales ganó menos que el valor de la canasta básica de un adulto y el 29% declaró que trabajaba menos horas de las que deseaba.

A la hora de buscar cuáles son las salidas labrales que encuentra en estas personas, los números de la encuesta permanente de hogares muestran que la inserción laboral de ese grupo se concentra, ante todo, en actividades de baja escala y vinculadas al consumo cotidiano. El comercio reúne a 635.000 cuentapropistas informales, el 30% del total, con presencia en almacenes y kioscos, venta de mercaderías, ropa, calzado, ferias, puestos y comercialización por internet o redes sociales. La pequeña construcción agrupa a otros 402.000 trabajadores, el 19%, y está dominada por las changas y arreglos en casas particulares, mientras que los servicios personales suman 354.000 personas, el 17%, en rubros como peluquería, estética, jardinería, cuidado y recreación. También aparecen la producción artesanal e industrial, la reparación de autos y electrodomésticos, el traslado de pasajeros y la gastronomía, donde cocinar en casas particulares reúne 62.000 trabajadores. En varias de esas ocupaciones, la informalidad supera el 80% de quienes trabajan por cuenta propia.
En cuanto a su formación y ubicación geográfica, el perfil de los cuentapropistas informales combina una mayoría con niveles educativos medios o bajos y una fuerte presencia en el conurbano bonaerense. El 46% vive en los partidos del Gran Buenos Aires, aunque esa región reúne al 43% de los ocupados; le siguen la región pampeana, el Noroeste y Cuyo. El 49% no completó el secundario y otro 33% tiene el nivel medio terminado, mientras que solo el 7% alcanzó estudios superiores completos. La edad promedio es de 43 años y las mujeres representan el 42% del total, aunque su participación es mayoritaria en actividades como gastronomía, comercio de indumentaria, elaboración de alimentos, peluquería y cuidado personal.

Para Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, esta modalidad reúne mayormente a mujeres y adultos jóvenes con formación media o medio-baja, insertos en tareas de comercialización minorista y servicios personales. El especialista señaló a Infobae que se trata de “trabajo refugio frente a la pérdida de empleo”, pero también de una fuente complementaria de ingresos para personas ya ocupadas o integrantes de sus hogares. Las condiciones relevadas por CIAS reflejan esa precariedad: el 76% no dispone de un local, el 78% desarrolla su actividad en la casa del cliente o en la calle y el 22% no cuenta con máquinas, local ni vehículo para trabajar.
El deterioro de esos ingresos aparece en paralelo con el último dato de pobreza. El Indec informó el el jueves que la pobreza alcanzó al 32,3% de la población y la indigencia al 7,5% durante el primer semestre de 2026, lo que equivale a 15,56 millones de personas bajo la línea de pobreza y 3,61 millones bajo la línea de indigencia. En ese período, el ingreso per cápita familiar aumentó en promedio 11,5%, por debajo de la suba de 21,4% de la canasta básica alimentaria —que determina la línea de indigencia— y del alza de 19,6% de la canasta básica total, utilizada para medir la pobreza.
La distancia entre ingresos y canastas permite poner en contexto el avance de las ocupaciones de menor remuneración y sin protección laboral. Entre los hogares pobres, el ingreso familiar promedio fue de $ 922.755, mientras que la canasta básica total necesaria para ese mismo grupo alcanzó los $ 1.440.395, una brecha de 35,9%. En ese marco, la expansión del cuentapropismo informal refleja la búsqueda de ingresos ante la falta de empleos formales, aunque los niveles de remuneración que ofrece esa actividad resultan insuficientes para cubrir el costo de las necesidades básicas en una parte significativa de los hogares.
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ECONOMIA
“Milqui”: la increíble historia del clásico de los ‘80 que brilló como uno de los primeros autos medianos que se vendieron en el país

Se cumplieron 55 años de la presentación del Dodge 1500 en Argentina, un modelo de origen británico que Chrysler-Fevre adaptó para el mercado local y que, tras sobrevivir al retiro de la marca estadounidense, terminó su vida industrial con emblema Volkswagen. Entre 1971 y 1990 se fabricaron 262.668 unidades.
El lanzamiento ocurrió el jueves 12 de agosto de 1971, en el Plaza Hotel de Buenos Aires. La fecha es un detalle relevante para reconstruir una historia que, cinco décadas y media después, se mantiene en el recuerdo de varias generaciones de argentinos, tanto por su confiabilidad como auto familiar, como por su versatilidad para taxi o su eficiencia como auto de carreras.
El auto había nacido en el Reino Unido como Hillman Avenger, un sedán desarrollado dentro del grupo Rootes, entonces controlado por Chrysler. Para Argentina se convirtió en el primer automóvil mediano fabricado localmente por una marca estadounidense, que hasta entonces sólo había producido autos voluminosos.

Este vehículo pudo entrar a competir en una franja donde Fiat y Peugeot tenían una posición dominante hacía varios años, primero con los 1500 y 404, y después con los 1600, 125 y 504.
Su llegada tuvo además un componente simbólico. A la presentación asistieron Juan Manuel Fangio y Juan Manuel Bordeu, dos figuras centrales del automovilismo argentino. Antes del lanzamiento, Chrysler había traído unidades de prueba del Avenger para someterlas a ensayos y ajustar componentes a las calles, rutas y hábitos de uso locales.
El “Chevy chico” entró a un mercado dominado por Fiat y Peugeot
El Dodge 1500 se fabricaba en dos plantas: las piezas de carrocería se estampaban en Monte Chingolo y el armado final se realizaba en San Justo, donde Chrysler-Fevre producía también los modelos grandes de la marca.
A diferencia de los grandes Dodge con motores de seis cilindros que ya integraban la oferta local, el nuevo modelo apuntaba a una familia que buscaba un auto de dimensiones contenidas, cuatro puertas, baúl amplio y costos de uso más bajos. Su diseño trasero, con una caída pronunciada del baúl, motivó una comparación que pronto se hizo popular: para una parte del público era el “Chevy chico”, por su parecido con el Chevrolet fabricado por General Motors.

La versión inicial fue la STD, equipada con un motor de cuatro cilindros de 1.498 cm³, árbol de levas lateral, varillas y cinco bancadas de cigüeñal. Era una mecánica de carrera corta, una configuración conocida como supercuadrada, que priorizaba el régimen de giro por encima del torque a bajas vueltas.
Tenía caja de cambios manual de cuatro velocidades con la palanca en el piso, la suspensión delantera era de esquema independiente tipo McPherson y la trasera tenía eje rígido, mientras que los frenos alternaban discos adelante y campanas en el eje posterior.
El interior también buscaba despegarse de los autos más austeros del mercado. Tenía butacas delanteras separadas, tablero acolchado y cuatro relojes circulares. El diseño incluía un lugar un cuentavueltas, algo que no era frecuente en los modelos generalistas de ese tiempo. Sin embargo ese instrumento recién se incorporó en las versiones posteriores con una mayor orientación deportiva.

Del STD al GT100, confort, potencia y caja automática
Poco después del debut apareció el Dodge 1500 SPL, que agregó butacas reclinables, radio de serie, nuevos tapizados y detalles exteriores. En 1973 llegó el GT90, con una puesta a punto más deportiva, servofreno, cuentavueltas y una estética diferenciada.
La evolución mecánica más importante se produjo en 1975 con el Dodge 1500 M 1.8, porque el aumento de cilindrada amplió las posibilidades del auto para viajar en ruta y le permitió a Chrysler sostener su competencia frente a una oferta en la que ya estaba también el Ford Taunus, como una evolución de otra automotriz americana hacia los vehículos medianos.
Dos años más tarde, la marca presentó el Dodge GT100, que conservaba el motor 1.8, pero incorporaba dos carburadores Stromberg horizontales y un árbol de levas con un cruce más marcado. La potencia declarada llegaba a 105 CV, una cifra significativa para el segmento en esa época.
La gama también tuvo una rareza para el mercado argentino de mediados de los años setenta: una versión SPL con caja automática. No era una configuración convencional entre los medianos nacionales, pero mostraba el esfuerzo de Chrysler por ampliar la oferta de un producto que ya se había consolidado en el mercado con espacio propio.
En 1978 llegó el primer rediseño importante, en el que se hicieron modificaciones en la parrilla, ópticas y paragolpes. Ese mismo año llegó la rural, una variante le dio un tono familiar y utilitario al 1500.

De Dodge a Volkswagen 1500
La crisis internacional de Chrysler cambió el destino del modelo. En 1980, Volkswagen adquirió Chrysler-Fevre Argentina y encontró en el 1500 una base óptima para iniciar su operación industrial en el país con un modelo que no fuera tan americano sino más bien europeo.
Durante la etapa de transición, el auto adoptó una extraña denominación, ya que se llamó Volkswagen Dodge 1500 Serie W. La convivencia de las dos marcas mostraba una situación poco habitual como era ser un Volkswagen construyendo un producto diseñado en Inglaterra, lanzado en Argentina por Chrysler y asociado desde su origen a Dodge.
Así fue como en 1982, la empresa alemana retiró definitivamente el nombre Dodge y lo rebautizó Volkswagen 1500. El cambio llegó acompañado por una nueva actualización estética, con paragolpes plásticos, nuevas ópticas y retoques en la parte trasera.

Ese modelo de Volkswagen se mantuvo hasta 1990, cuando cerró una trayectoria de casi dos décadas exitosas en ventas y porción de mercado. Su mecánica sencilla, la disponibilidad de repuestos, el precio de compra y una reputación de confiabilidad fueron los cimientos del suceso y su permanencia.
La propia marca sintetizó esa condición en una campaña que quedó asociada al modelo: “Anda, y anda, y anda”. El mensaje reflejaba una virtud que todavía sostienen muchos propietarios del “milqui” como era la simpleza mecánica el costo de mantenimiento relativamente accesible.
El 1500 ganó los primeros cuatro campeonatos nacionales de TC2000
El otro capítulo decisivo de la historia se escribió en las pistas. El Dodge 1500 había tenido una incursión inicial en Turismo Nacional, pero su reconocimiento deportivo quedó ligado al nacimiento del Turismo Competición 2000.
Jorge Omar del Río fue campeón en 1980, 1981 y 1982 con el 1500 preparado por el equipo Pianetto Competición. El primer título coincidió con el traspaso de Chrysler-Fevre a Volkswagen, por lo que el auto atravesó una singular transición de identidades mientras dominaba la categoría.
En 1983, Rubén Luis Di Palma logró el cuarto campeonato consecutivo para el modelo. El 1500 se convirtió así en el gran referente de los primeros años del TC2000 nacional, en una etapa que también reunió a los Ford Taunus, Peugeot 504 y Fiat 125.

La campaña deportiva prolongó la estrategia publicitaria de Volkswagen, que transformó el eslogan de confiabilidad en otro mensaje: “Anda, y anda, y gana…”. El 1500 no sólo había logrado continuidad comercial; también se había consolidado como una plataforma competitiva.
En 1988, gracias a una modificación reglamentaria, el VW 1500 volvió a las pistas con Guillermo Maldonado, múltiple campeón de Fórmula 2, y con un vehículo conocido como el “multicromático”, que lucía un diseño de Rogelio Polesello, disputó el campeonato nuevamente en TC2000, culminando en segunda posición final, pero enfrentando a las Renault Fuego y Ford Sierra XR4, autos mucho más modernos y potentes del momento. Ese último “grito de guerra”, terminó de consagrarlo como uno de los autos más queridos del mercado argentino de todos los tiempos.
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