CHIMENTOS
Messi, el inventor de un nuevo fútbol inalcanzable, y un anuncio que hace lagrimear a todo Argentina: «El Último»
Probablemente sean infinitos los párrafos y adjetivaciones, que como su fútbol, hay que inventar nuevos para poder describir al más grade de todos los tiempos: Lionel Andrés Messi; este domingo desde las 16 defenderá el título del Mundial de Argentina contra España.
Algo que se venía hablando mucho en la previa y a lo largo de esta Copa del Mundo, es que se trata del último baile. Mucho se viene hablando de cuándo será el retiro de la Pulga en la Selección Argentina; lo cual nadie quiere, pero él vive este duelo ante España, su último en una competencia de tantísimo elite.
A través de sus redes sociales, Messi compartió un video de esos icónicos e hipnotizadores botines color celeste que lograron inventar un nuevo fútbol, e inalcanzable, saldrá por vez última este domingo en un duelo para la historia.
“Qué viaje estamos teniendo juntos, adidas football, con ‘El Último tango’, a por la final, vamos Argentina!!!”, escribió Leo. En sus historias, agregó un video muy emotivo y a donde hacía todo un repaso de su recorrido, desde sus orígenes hasta llegar al final del Mundial.
MESSI VA POR LA CUARTA, SU ÚLTIMA
Ese posteo no hizo más que confirmar lo que muchos sienten pero nadie quiere decir en voz alta: que cada partido puede ser el último de Lionel Messi con la camiseta de la Selección en un Mundial. Y eso le agrega una carga emocional aún mayor a una final que ya de por sí es histórica.
A lo largo de esta Copa, Leo volvió a demostrar por qué es distinto a todos. No solo por su talento, sino por su liderazgo, su vigencia y esa capacidad de aparecer en los momentos más importantes, guiando a un equipo que volvió a ilusionar a todo un país.
Messi se prepara para otra cita con la historia. Tal vez la última en un Mundial, tal vez no. Pero lo que es seguro es que este domingo no será un partido más: será otro capítulo inolvidable del más grande de todos los tiempos.
Lionel Messi, Selección Argentina
CHIMENTOS
Andy Kusnetzoff: “PH Podemos Hablar se basa en valores de mi papá; que decía ‘lo que se verbaliza deja de ser peligroso’”
El regreso de Andy Kusnetzoff a la televisión marca un nuevo capítulo en su carrera y en la historia de uno de los ciclos más reconocidos de la pantalla argentina. El conductor vuelve al frente de PH Podemos Hablar para su octava temporada, luego de tres años de ausencia, el sábado 8 de agosto a las 21:30 en Telefe.
En una conversación con Teleshow, el conductor habló sobre el espíritu renovado del programa y la emocionalidad que atraviesa cada emisión del programa. El debut contará con Pampita, Yanina Latorre, Martín Cirio, La Joaqui y Diego Leuco como invitados, un grupo que promete confesiones a corazón abierto, momentos a flor de piel y también divertidas anécdotas.
Hombre de los medios, Andy analizó la actualidad televisiva, el streaming y por qué su ciclo llega descansado, pero con una vigencia familiar. A dos años de la muerte de su padre, el sexólogo Juan Carlos Kusnetzoff, profesional que colaboró durante cuatro décadas a derribar tabúes y prejuicios de los argentinos, el conductor se sensibilizó al reflexionar sobre el duelo, cómo su papá fue una inspiración en PH y el significado en su vida que tienen Helena y León, sus hijos de 10 y 5 años, fruto de su unión con la productora y escritora Florencia “Kourny” Suárez. “Los dos son súpercariñosos y eso me encanta”, se sincera.
—Después de tres años PH vuelve a la pantalla de Telefe. ¿Por qué el descanso y cómo se dio el regreso?
—Nunca me terminé de ir. Creo que le vino bien al formato, a mí me venía bien un descanso, a la gente también y a los invitados. El programa estaba muy sano y en un buen momento para el regreso. Cuando cortás las cosas así, podés volver. Siempre seguí hablando con el canal y ahora que asumió Federico Levrino, que siempre le gustó el programa y lo bancaba desde su lugar dentro de la dirección de canal, pero ahora como gerente de programación, me dijo: “¿Volvemos?” “Volvemos”. Y acá estamos.

—¿Qué novedades trae esta octava temporada?
—Hacemos pequeños cambios, pero la esencia es la misma. Retomamos algunas secciones que eran muy lindas, como el fuego, que queremos volver a hacerla y después siempre le vamos agregando cosas. Hay un tótem de seguridad que te recibe. El final va a ser como con un tejo, por un premio, para el que se acerque más a la bocha. Cosas divertidas. Hay unos ejercicios que me han salido con Rolón en la radio que voy a llevar ahí. Siempre hay clásicos como Frente a Frente y el Punto de Encuentro.
—A lo largo de los años, PH se consolidó como espacio de confesiones. ¿Qué historias te impactaron más como conductor?
—Fueron más las historias que me impactaron que pequeñas situaciones o peleas que tuvimos. Me acuerdo situaciones donde llegué a mi casa y, después de grabar, le conté a Flor, muy movilizado por cosas que escuché, por historias de vida. Me da cosa nombrarlos porque no quiero contarlo como “fue este y este”, porque fueron muy sagrados. Salieron todas al aire, pero, por ejemplo, recuerdo una historia de violencia de género y persecución que había sufrido una actriz, alguna historia de abuso que alguien contó que no esperábamos, una historia de infancia de otro. En el segmento del fuego, Abel Pintos contó la historia de una amiga y son historias que no estaba en ninguna data y que alguien tiene ganas de compartir y sintió que estaba la atmósfera como para hacerlo.

—¿Cómo ves la televisión argentina hoy? ¿Cambió la forma de verla?
—La tele está vigente. Algo en televisión tiene mucha repercusión y tiene repercusión en todas las plataformas. Está todo unido. Vos por ahí vas a ver un recorte en PH y lo vas a ver en tu teléfono. PH para mí es un programa para disfrutar sábado a la noche, sentarte y verlo en vivo, pero seguramente te vas a enterar si no pudiste verlo por distintos recortes.
—¿Qué le falta a la TV actual?
—Es una tele que evidentemente le falta el presupuesto de la ficción, claramente. Yo extraño. Me encantaban las tiras de Telefe de Underground, de Seba Ortega, los espacios de Pol-ka, no existe más tampoco. Nuestra historia, nos fuimos quedando sin ficción. Telefe todavía tiene grandes formatos como La Voz, Gran Hermano, MasterChef, que son tanques hechos con plata, espectaculares. Yo pertenezco más al programa personal, artesanal, resistiendo con nuestro formato creado por nosotros, pero orgulloso y muy contento. Pero nos falta la ficción.

—¿Qué lugar tienen hoy los streamings y las plataformas digitales en los medios?
—Me parece que se democratizó mucho. La cosa está en la calidad y en la gente que te sigue, te consume. Todos tienen la posibilidad con una cámara: subir a una plataforma como YouTube, hacer un programa en vivo, grabado, una entrevista o un pódcast y subirlo a Spotify. Eso democratizó mucho. Surgieron conductores nuevos espectaculares y después hay un montón que quedarán en su nicho. Cada uno tiene lo suyo, hay comunidades más chiquitas y comunidades que te llenan varios Movistar Arena. Cambió todo y está buena la diversidad. A mí me gusta.
—¿A quiénes consumís de esta nueva camada de influencers y figuras de las redes?
—No sé si me considero consumidor directo de influencers, pero hay comunicadores nuevos que me gustan mucho. Por ejemplo, Pedro Rosemblat me encanta. Pedro y Marcos Aramburu me parecen una linda dupla, fui a su programa y eso me encanta. Nico Occhiato evidentemente creó algo importante. No lo consumo yo directo, pero lo veo con un espíritu muy parecido a lo que hacemos nosotros: un grupo de amigos y contenido. Buenísimo. Me gusta escuchar a distintas personas que antes no estaban.
Andy Kusnetzoff, a dos años de la muerte de su padre: “La tranquilidad de un duelo consiste en haber estado al día”

—Hace dos años falleció tu papá, el sexólogo Juan Carlos Kusnetzoff, alguien muy querido y conocido en los medios. ¿Cómo transitaste ese duelo?
—Se transita como se puede y con tiempo. Pero la tranquilidad de un duelo, en mi entender, consiste en haber estado al día. Haber estado al día consiste en no dejar ni procrastinar momentos para pasar con: “No, bueno, después cuando pueda voy a estar con…”. Yo traté de estar al día con mi vieja y con mi viejo estuve al día todo lo que pude, compartí todos los momentos, le expresé todos mis sentimientos y él también. Eso, cuando tocó la hora de partir, obviamente es duro, pero te da una tranquilidad.
—Entiendo.
—Una de sus frases de cabecera era: “Lo que se verbaliza deja de ser peligroso”. Quiere decir que si algo tenés adentro, por más traumático que sea y lo hablás, ya no es un peligro para vos, para tu cuerpo, para tu psiquis, para tu salud mental, sino que ya pasa a otra instancia y empieza tu sanación. Haber crecido con un papá sexólogo en la dictadura, donde era tabú, donde me tuve que ir a vivir a otro país, y donde siempre él, el Podemos Hablar, creo que lo representa bien el nombre. Podemos Hablar representa bien todo lo que significó mi papá. (Se emociona)

—…
—Viste, yo no te voy a decir a vos hacés notas para llorar. A veces se abre la emoción, como ocurre en PH.
—Por supuesto.
—No, boludo, cuando uno se abre… Me pone feliz poder emocionarme cuando hablo con vos. Esa es la diferencia. Afuera a veces se ve como algo malo y para mí, por todo lo que te acabo de decir, es espectacular poder decir: “Uy, mirá, hablé de mi papá, me emocioné, qué lindo”. Lo traje, lo honro en su integridad y en lo que me dejó. Lo pude contar. Me emocioné porque en vez de que quede ahí, mi papá en frío, tomé contacto con algo de mucho afecto. Bueno, para mí el programa trata de hacer eso con los demás, lo mismo que me acaba de pasar con vos. Para mí es hermoso eso. Por eso lo busco.
El rol de Andy Kusnetzoff como papá de Helena y León: “Mis hijos nunca vieron uno de mis programas”
El conductor con su familia en las playas de Chapadmalal (Video: Instagram)
—¿Cómo sos como papá de Helena y León?
—Me cambió ser padre muchísimo mi forma de ser. A los cuarenta vos creés que más o menos hiciste un montón de programas, tuviste varias parejas, ya resolviste muchos temas, decís: “Tengo en claro todo, voy a tener un hijo”. Y ahí me di cuenta que no sabía nada. Es empezar de cero. No sabía nada, tengo todo para aprender y así lo transité, con miedos, pero con mucho amor de una forma muy linda, con la ayuda de Flor. Ahora ya es otra situación, pero es hermoso. Eso sí que es hacer un programa todos los días.
—¿Qué ves de vos en tus hijos?
—Helena y León son muy diferentes. Los dos son supercariñosos, que eso me encanta. Trato de descubrir qué puedo conocer de ellos más que ver lo mío en ellos. Me parece una mirada medio egocéntrica que trato de no tenerla. Helena no vio mis notas, no sabe nada de lo que hice. Hoy vino a la radio, sabe que hago radio, porque además con Flor nos conocimos en la radio y nada más. Nunca le mostré ningún programa, ni notas, ni nada. Recién ahora sabe que voy a volver a la televisión, porque está grande y le puedo decir, pero nunca vio un programa mío. Me encanta. Estoy más tratando de descubrirlos más que ver cosas mías en ellos.
CHIMENTOS
Imputaron a Thiago Medina luego de que su prima lo acusara por abuso sexual a los 13 años
La situación judicial que involucra a Thiago Medina sumó este viernes un nuevo capítulo. Ahora el ex Gran Hermano quedó formalmente imputado por una denuncia de abuso sexual con acceso carnal. El expediente avanzó luego de que su prima, Iara Agustina Ledesma, una joven que hoy tiene 19 años, lo denunciara por hechos que habrían ocurrido seis años atrás.
Thiago se presentó durante la mañana ante la Fiscalía del Fuero de la Responsabilidad Juvenil Nro. 2 del Departamento Judicial de La Matanza, donde quedó formalmente imputado. En la causa interviene el juez de Garantías del Joven 1, Gustavo Indovino, mientras que la investigación está a cargo del fiscal Juan Pablo Volpicina.
El expediente tramita en el fuero de la Responsabilidad Penal Juvenil porque, al momento de los hechos denunciados, Thiago tenía 17 años. La denunciante, en tanto, tenía 13. Según consta en la denuncia, el episodio habría ocurrido en una vivienda de Virrey del Pino, partido de La Matanza.
De acuerdo con el relato de Ledesma, ella se encontraba acostada cuando Medina habría ingresado a su habitación, levantado el acolchado y recostado a su lado. La joven sostiene que entonces comenzaron los tocamientos en sus partes íntimas. Antes de retirarse y según la denuncia, el ex GH le habría advertido: “Si lo contás se va a armar un gran lío familiar”.
THIAGO MEDINA QUEDÓ IMPUTADO POR ABUSO SEXUAL A SU PRIMA Y LA INVESTIGACIÓN AVANZA
Sin embargo, la historia permaneció durante años puertas adentro de la familia. Iara guardó silencio por tres años y recién a los 15 pudo contar por primera vez lo que había vivido. Días atrás relató, en LAM y entre lágrimas, cómo atravesó ese período. “Estaba mal constantemente, pero bueno, no lo contaba”, expresó. También explicó por qué había decidido no hablar con su madre en aquel momento: “Ella trabajaba y no quería cargarla con esto”.
Al reconstruir aquella noche, la joven fue todavía más precisa: “Yo estaba acostada en mi pieza cuando Thiago estaba con mi hermano y bueno, estaban jugando a los juegos. Y él se mete a mi cama y me empieza a tocar”.
La primera vez que la joven contó lo ocurrido no fue ante la Justicia, Iara acudió junto a su madre a la casa de la familia Medina, donde, según su testimonio, Thiago reconoció los hechos frente a sus familiares. “Él lo contó llorando, que lo perdone, que él no quería hacer eso, pero que lo perdonen”, relató la joven.
En aquel momento, la madre de Iara habría respondido que no podía perdonarlo, aunque decidió no avanzar con una denuncia. La familia acordó entonces mantener lo ocurrido dentro del ámbito familiar.
Pero con el paso del tiempo, la situación habría tomado otro rumbo. Según contó la joven, Brisa -hermana gemela de Thiago– le había prometido acompañarla, aunque días después Camila Deniz -la otra hermana del ex GH– sostuvo ante vecinos y conocidos que la acusación era falsa. “Hace poco me enteré que estuvo hablando de mí, que yo mentía con todo esto”, aseguró Iara. De acuerdo con su relato, esa versión habría circulado durante años en el barrio.
Finalmente, la joven decidió recurrir a la Justicia. La denuncia formal fue presentada en el Centro de la Mujer y la Familia de Virrey del Pino, con intervención de la Secretaría de la Mujer de La Matanza. Fuentes judiciales precisaron que Ledesma instó la acción penal, aunque no solicitó medidas cautelares contra Medina.
Al explicar por qué decidió avanzar, la joven fue contundente respecto de lo que espera del proceso: “Yo quiero que salga todo, que sea todo legal y que salga por la justicia, que si es mentira o es verdad”.
La denuncia tomó estado público el jueves 31 de julio y, horas después, Thiago decidió responder a través de sus redes sociales. El ex Gran Hermano negó las acusaciones y aseguró que puso el caso en manos de su abogado. “Quiero expresar que niego de manera categórica los hechos que se me atribuyen”.
En ese mismo comunicado, Medina manifestó que se pondría a disposición de la Justicia y anticipó que no realizaría nuevas declaraciones sobre el caso “por respeto a la investigación y a todas las personas involucradas”. El joven también fue consultado por Pilar Smith en LAM y en ese momento el joven habría respondido: “Esta piba es la tercera o cuarta vez que me jode con eso”.
Ahora, con la imputación formal, la causa entra en una nueva etapa judicial. El expediente deberá avanzar para determinar qué ocurrió y establecer las responsabilidades correspondientes, mientras ambas versiones permanecen planteadas ante la Justicia. Por el momento, el caso de Thiago sigue bajo investigación.
Thiago Medina
CHIMENTOS
El bailarín Herman Cornejo vuelve a la Argentina: “Mi historia es un milagro”
El bailarín Herman Cornejo, desde New York, se detiene un instante en su rutina y comienza su charla con Teleshow, con emoción y brindando detalles de su vida. A sus ojos, el estreno de su espectáculo Anima Animal en Buenos Aires va mucho más allá de una función.
La vida de Herman pudo haber seguido otro rumbo. De niño, en cada recreo, se ilusionaba con la pelota entre los pies y soñaba con llevar una camiseta de fútbol. Esa pasión ocupó sus primeros años, hasta que un día, sin dudar, cambió los botines por las zapatillas de baile.
“Mi historia es un milagro”, reconoce Herman, recordando el episodio que lo marcó para siempre. Cuando tenía apenas once meses, una grave afección de salud lo llevó a un estado crítico. El relato familiar cuenta que su padre militar, en plena guerra de Malvinas, logró volver un instante del frente para despedirse de su pequeño. “Mi papá me besó y me desperté”, detalla Cornejo, quien siempre ha sentido que ese gesto selló su destino.
Para el bailarín, presentar esta obra en Buenos Aires es la concreción de un anhelo largamente postergado. El espectáculo simboliza la recuperación de una pieza que considera parte del patrimonio nacional y le permite compartir con su gente la riqueza de la historia de la danza local.
“Poder traer a la luz lo que hubiera sido en su momento el primer ballet para Argentina en el año 1917 es un gran honor y orgullo para mí”, confiesa Cornejo, quien siente que la obra es tanto un homenaje a la historia de la danza argentina como un acto de amor hacia su ciudad natal.
El bailarín describe la emoción de volver a sus raíces y brindar al público argentino una obra que dialoga con el pasado y proyecta hacia el futuro, inspirada en el bailarín y coreógrafo ruso Vaslav Nijinsky.

—¿Hace cuánto tiempo que no venías a la Argentina?
—La última vez que fui… A ver si no me falla la memoria, fue en 2022. Hice este mismo espectáculo en la provincia de San Juan.
—¿Tu deseo que el estreno fuera en Buenos Aires?
—Sí, sí… era el primero de los deseos, porque en su momento hubiera sido así, su estreno en Buenos Aires, además que es mi mi casa, el público que me vio nacer.
—¿Qué te pasa con esta obra que deseas y de la que estás tan orgulloso de dirigir?
—Primero y principal, creo que lo que me llena de orgullo es poder traer a la luz lo que hubiera sido en su momento el primer ballet para Argentina en los años 1900, que era cuando le Ballet Russe con Nijinsky iban a Argentina. Argentina, que no tenía una compañía de ballet, no existía. Y gracias a Vaslav Nijinsky es que se creó esta energía de decir Argentina, y especialmente en Buenos Aires, hacía falta crear una compañía y se creó gracias a él. Y Nijinsky, en ese momento, había aceptado hacer este ballet con una leyenda guaraní. Y que en su momento hubiera sido el primer ballet para Argentina. Así que para mí es un gran honor y orgullo poder traerlo a escena.

—¿La obra tiene un significado especial para vos?
—Sí, por todos lados, digamos, es algo muy histórico, es casi como un patrimonio nacional, y también de la humanidad. Nijinsky es, digamos, el icono mundial del ballet. Argentina es la cuna, es una de las cunas que tiene más de cien años de historia. Y en lo personal también muy aferrado y apegado a lo que es la figura de Nijinsky, no solamente por haber hecho la escuela que gracias a él se creó en el Teatro Colón con las técnicas rusas. Si no lo que significó en mi carrera. Yo hice El espectro de la rosa, que fue creado para él y fui nominado al Óscar de la danza por ese rol.
—¿Qué sentiste al ser comparado con figuras como Nijinsky o Julio Bocca?
—Imaginate, es todo un honor, son cosas que te van poniendo más arriba en la lista de bailarines.
—¿Soñaste alguna vez con todo lo que te pasó y te pasa en tu carrera?
—Es rarísimo porque no tengo recuerdo de sueños, pero tengo una seguridad muy grande. Yo ahora estoy escribiendo un libro de mi vida. Y esto lo he contado varias veces, que yo cuando tenía once meses estuve en coma. Y mi papá justo en ese momento estaba en la Guerra de Malvinas, en el año 1982. Y bueno, yo estaba en el hospital en coma, los doctores dijeron que no había vuelta atrás, estaba con un respirador, le avisaron a mi mamá que, si le quería avisar a mi padre que viniera al hospital. Mi papá vino a darme el último adiós, porque iban a desconectarme, llega al hospital, se acerca a la camilla, que me contaba que era un cuerpito, un esqueletito, y me da un beso en la frente para darme el último adiós y yo abro los ojos. Fue un milagro. Y yo no sé si en esos momentos, cuando uno está en coma, qué es lo que pasa, dónde el espíritu de uno va. A partir de allí cuando empiezo a crecer adquirí una seguridad muy grande, y sabía qué quería hacer y ser. Empecé ballet, no había otra opción para mí. No lo soñé, pero lo sentí desde siempre.
—¿Por qué estuviste en coma cuando eras bebé?
—Mi mamá me llevó al hospital porque tenía algo en el estómago, era como un virus. Supongo que ese virus habría sido demasiado fuerte, pero el problema fue que me medicaron mal. Así que al medicarme mal…
—¿Cuántos días estuviste en coma y cuántos meses tenías?
—Unos cuantos días, una semana por lo menos y tenía casi un año.
—¿Te acordás de algo de ese momento?
—Nada, no me acuerdo de nada en lo absoluto.
—¿Con el tiempo le encontraste un significado?
—Esta obra claramente, porque en el relato tiene ese salto para una segunda oportunidad, ese salto de la transformación. Todo se conecta, por eso es muy personal para mí.

—¿Por qué la danza, hubo otras opciones?
—Yo hacía fútbol, mi papá militar, imaginate. Mi hermana Erica sí había empezado ballet mucho antes, alrededor de los tres años. A mí como que me enganchó verla bailar en el estudio y demás, pero fue como algo que: “Es esto lo que quiero hacer”. Y yo tenía ocho años. A veces digo, cómo un niño de ocho años puede saber exactamente, con tanta seguridad, que es esto lo que le gusta, que es lo que quiere.
—¿Tus padres siempre te apoyaron en la decisión de bailar?
—Mis papás la verdad que fueron increíbles, me apoyaron desde el comienzo. Obviamente, creo que igualmente mi generación la tuvo más fácil, en el sentido que los varones en mi época era un poquito más fácil decir que querían bailar gracias a Julio Bocca, gracias a Maximiliano Guerra. Ellos fueron como los que más abrieron esas puertas. Igualmente existía un poco de prejuicios.
—¿Te sentís cómodo viviendo fuera del país?
—Mira, la verdad que yo me siento cómodo donde esté mi arte. Fui a New York realmente porque el American Ballet estaba ahí. Era la compañía de mis sueños. Yo creo que si hubiera estado en otro lugar también. No me aferro a los lugares. Si hablamos, por ejemplo, en cuestiones de casas, me he mudado más de veinte veces en treinta años. Me aferro a lo que vivo en el momento, en este, mi carrera y mi familia.

—¿Qué sentiste al estar frente a la puerta del American Ballet Theater por primera vez?
—Obviamente, crecí en Argentina pensando en el American Ballet Theater gracias a Julio (Bocca), a Paloma Herrera… en aquel momento no había Internet, entonces la única forma de conocer cosas de afuera era la gente que entraba y contaba. Entonces, obviamente, mi sueño después de ver tanto a Julio Bocca y de estar en su compañía durante dos años era como: bueno, el llegar al American Ballet es lograrlo, es llegar a lo máximo. Y en su momento, cuando después de estar dos años en la compañía de Julio y ganar la Medalla de Oro de Moscú, que también la ganó él, Julio me pidió de hacer una función en New York en su nombre, porque él no podía viajar. Y entonces yo le dije a Bocca, quiero audicionar a ABT, es mi compañía”. Y él me respondió: “Por supuesto”. Me pidió permiso, habló con el director para que me pudiera dar una clase, para audicionar. Y lo hice con mi hermana en ese momento. Fuimos y yo dije: “Bueno, vamos y nos quedamos”. No había plan B. Creo que también cuando uno es joven es como que uno no piensa mucho en las cosas. Cuando uno es jovencito tenés esa garra y esa fe de que todo puede pasar.
—La seguridad es fundamental…
—Totalmente, porque cuando salís a escena lo único que te puedes aferrar es en lo que vos creés, en lo que vos podés hacer. Y esto lo digo, por ejemplo, podés pasar años ensayando con un maestro cómo hacer una variación. Pero la verdad está cuando llegás al escenario, ese maestro no está más para decirte que es lo que tenés que hacer. Todo depende de vos. Entonces creo que esa fe y esa seguridad de lo que querés hacer tiene que estar en el bailarín, porque en escena es lo que se ve.

—¿Y alguna vez te pasó de confundirte en escena?
—Cuando hay mucho entrenamiento, esa equivocación no sucede. Lo lindo que tiene la danza es que es teatral. Te abre las puertas a que pongas sensaciones, cosas de tu propia vida, por más que estés interpretando un rol, por más que estés haciendo un Romeo. Pero más allá de eso, hay esta ventanita donde uno pone lo de uno. Pones la sensación, lo que te ha pasado en tu vida, y eso es lo que te hace diferente, lo que te va a diferenciar de otros bailarines que solamente hacen la parte técnica. Así que no hay eso de confundirse. Tal vez uno lo quiere hacer diferente a propósito o si existe esa confusión de que a lo mejor te confundiste. Hay un episodio muy divertido que cuando yo entré al American Ballet, no solían enseñarle a los chicos nuevos las coreografías. Uno tenía que ser muy rápido y aprenderse, estando parado al costado, roles, porque después te decían: “A ver, probalo, quiero verte”, y lo tenías que saber.
—¿Cuándo te pasó?
—Me pasó en Romeo y Julieta cuando me pusieron a bailar, me aprendí el rol con videos y viendo a otros bailarines, pero esa vez me había faltado un pedacito que no me había aprendido. Y durante el ensayo general de este ballet empezó una danza que era la parte de la carta y no tenía ni idea de qué iba ese momento. Y bueno, me quedé parado en un costado como el mejor actor, y nada, son momentos que pasan. Por suerte era un ensayo general. Había público, pero era un ensayo general, no era la función. Al día siguiente me tocaba la función. Y me lo aprendí como de emergencia en el momento para hacerlo al día siguiente.
—¿Qué te dejaron esos errores o tropiezos?
—Esos momentos la verdad que te hacen más fuertes. Ese momento tragame tierra, pero mucha más vida después de eso. Y hay una vida mucho más fuerte. Le podemos hablar de Messi, lo que le pasó en mundiales anteriores. Él pudo salir. Y decir: “Lo voy a ganar”. Es como que a veces estos bajones te llevan a algo más alto.
—¿Eras bueno en el fútbol cuando eras chico?
—Sí, me encantaba el fútbol, era muy bueno, era delantero. Recuerdo que yo hacía ballet y fútbol a la vez. En un momento el Teatro Colón hizo una carta a la escuela para que no me permitiera jugar más porque era contraproducente con el ballet. Si yo quería realmente ser un bailarín, en un partido te pueden lesionar, te torcés un pie. Así fue como quedó prohibido, y yo acepté, sabía que el ballet era lo mío. Pero bueno, recuerdo volver como delantero.
—¿Posición en la cancha?
—Jugaba en la delantera. Como un Martín Palermo, ponele. Me encantaba. El día que volví para despedirme… los chicos me decían: “No, no te podés ir del equipo”. Y justo ese partido iban perdiendo y me decían: “Entrá, por favor, entrá”… pero no lo hice.

—¿Te encontraste con muchos “cisnes negros” en tu carrera?
—Cisnes negros, ¿en qué sentido? [se ríe] Gente mala, buena, hay por todos lados. Creo que eso igualmente es un estigma que lleva el ballet, que tal vez sea muy anticuado. Mi generación fue cambiando, mismo en el American Ballet. En los últimos diez la compañía cambió brutalmente, para bien. Todos esos cisnes negros desaparecieron. Esta generación de los últimos diez años es mucho más amiga, mucho más hermana. Están uno ahí para el otro, se corrigen entre ellos. Tal vez le dan la oportunidad a un cuerpo de baile de hacer un rol principal y un principal le está corrigiendo a este cuerpo de baile cómo hacer las cosas mejores. Se ha diluido un poco esa competencia que existía antes. Cuando yo entré, se vivía un poco esto de: “No, yo soy principal, no te me acerques”. “Este es mi momento o esperá tu momento”. Hoy en día cambió muchísimo.
—¿En qué lugar vivís actualmente en Nueva York?
—Viví en muchísimos lados. La mayor parte de mi vida en el American Ballet, la viví al lado del teatro, cerca y fácil para ir a entrenar y volver. En los últimos siete años que hice una familia, me mudé al Bronx, cerca del Jardín Botánico. Para tener un lugar más grande y poder tener una familia más grande.
—¿Con quiénes vivís?
—Con mi mamá. Mi hermana, que la extraño muchísimo, ahora vive en Denver. Está ahí dirigiendo la escuela del Colorado Ballet.

—¿Y tu padre?
—Mi papá es una historia muy triste para mí. Seguimos en contacto, pero muy lejanos. Es a lo mejor una llamada de teléfono cada dos años. Vive en Argentina. Una lástima. Mis padres se divorciaron. Mi viejo se alejó muchísimo y desde hace quince años, más o menos, que no tenemos mucho contacto. Una lástima. Pero bueno, yo a mi vieja la tengo conmigo. La quiero muchísimo por todo lo que pasó en su vida y cómo nos ayudó.
—Y tu propia familia…
—Claro, mi esposa y mi nene. Mi mujer (María José Lavandera) es argentina. Nos conocimos en Buenos Aires. Ella es periodista y escritora. Tenía su propia revista de danza, Revol, en Argentina. Nos conocimos porque yo hacía diez años que no volvía a bailar a Argentina y me hizo una entrevista en esta vuelta que tuve a en el 2016. Y fue un flechazo.
—¿Qué sentís al volver a Buenos Aires con tu espectáculo?
—Para mí obviamente lo más importante es lo que va a pasar el uno de septiembre en el Teatro Coliseo, con el espectáculo. Y realmente es un un placer volver a mí país, volver a casa, a mi público.

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