CHIMENTOS
Mica Viciconte y Fabián Cubero en “Lo de Pampita”: “Tenemos un cajón con juguetes y disfraces. Hay que innovar la pareja”
Micaela Viciconte y Fabián Cubero se conocieron en agosto de 2017 durante la transmisión de Un sol para los chicos, el programa solidario de El Trece que reúne a distintas figuras para recaudar fondos. Aunque ese primer encuentro no derivó en un romance, ambos dejaron una buena impresión y fueron sus amigos en común quienes les insistieron en que podían formar una gran pareja.
Tiempo después, Cubero consiguió el teléfono de Mica a través de una amiga que compartían y comenzó la historia de amor. Hoy llevan casi nueve años juntos y son padres de Luca, nacido en 2022, el primer hijo de la panelista y el cuarto del exfutbolista. Además, conforman una familia ensamblada junto a Indiana, Allegra y Sienna, las tres hijas que Cubero tuvo durante su anterior relación.
Antes de convertirse en una figura de la televisión, Micaela Viciconte nació en Mar del Plata y se instaló en Buenos Aires con el objetivo de trabajar como guardavidas. Su salto a la popularidad llegó en 2014 con Combate, donde rápidamente se destacó y dio inicio a una carrera que la llevó a participar en distintos programas de entretenimiento. En la actualidad integra el equipo de Ariel en su Salsa, por Telefe.
La carrera de Fabián Cubero, en cambio, quedó marcada por su extensa trayectoria en Vélez Sarsfield. Llegó al club en 1996 por recomendación del preparador físico Julio Santella, comenzó a trabajar bajo las órdenes de Carlos Bianchi y desde 1998 se consolidó como titular. Se retiró del fútbol profesional en 2020, con un homenaje acompañado por excompañeros y entrenadores, y mantiene el récord de ser el futbolista con más partidos disputados en la historia de la institución.
Aquí, los momentos más destacados de la charla:
—Fabián, ¿cómo fue para vos tener de vuelta a un hijo?
Fabián Cubero: —Para mí fue espectacular. Al principio estaba un poquito dudoso con el tema porque ya tenía tres. Y venía con bastante laburo con los chicos y ella venía primeriza y dijo: “Yo ya quiero uno”. Y yo le dije: “Bueno…”.
—¿Cómo fue esa charla?
Micaela Viciconte: —Le digo “Pongamos una fecha para comenzar a buscar”. Esto fue en febrero y él me dijo: “Bueno, arranquemos en diciembre”. Después “octubre”. No, le digo.
—Te la iba pateando…
FC: —Iba bajando de a uno, viste: “Bueno, septiembre”.
MV: —Yo ya me estaba calentando y le digo: “esperá”. Pasaron cuatro años y tenemos la idea de tener un hijo. Me dice no, que sí, que no, bueno… quedamos en abril. Y ahí empezamos a ir con los médicos y al toque quedamos. Yo sabía que él podía, pero uno tiene la duda si vos podés, no podés, ¿viste? Entonces dije bueno, voy y me hago el chequeo de todo y me sale que tenía como ovarios de cuarenta años y que era probable que tenía que hacer un tratamiento.
FC: —Ovarios más de otra edad, digamos.
MV: —Claro.
—Había que estimular un poco.
MV: —Claro. Y me acuerdo que saqué pasajes para ir a las Cataratas ese fin de semana. El médico me dijo: “Tenés este día, este día y este día”. Entonces le dije: “Tenemos estos tres días con uno descanso”.
FC: —Te tenés que preparar mentalmente para cumplir con los días.
MV: —Son días muy importantes. No es como que fluye, como que sabés que lo estás haciendo porque estás en búsqueda de eso. Me acuerdo que cenamos con un vinito, que esto, que lo otro, y fue en la primera. A los tres días sigue sin venir mi periodo. Le digo: “Andá a comprar un Evatest. No, comprá dos”, le digo, “porque si uno falla, tenemos otro”. Fue a comprar. Compró uno en vez de dos.
FC: —Yo soy mucho así.
FC: —Me mandaste a comprar de vuelta, ¿no?
MV: —Sí, porque me recalenté. Te dije dos.
FC: —Volví, tuve que ir a comprar otro.
—¿Y entonces…?
MV: —Probamos el electrónico y… marcaba error. Entonces me llevé el Evatest en el auto porque tenía que trabajar. Y en el medio de la pausa de la radio me voy al baño.
—¿Solita?
MV: —Sola. ¡La ansiedad que tenía! Y dice embaraza… la foto, es un horror. Estoy en un baño casi público y dice positivo. Y yo dije “¡no, no puede ser!”. Así que fue como muy rápido…
—¿No llegaste a diciembre?
FC: —No llegué a nada. Mi objetivo era diciembre, pero no lo cumplí.
—¿Qué pasa cuando se pelean?
FC: —Con ella se pudre, conmigo como que todo sigue igual, digamos. Yo no peleo, o sea…
MV: —No peleás porque yo creo que es de los hombres en general, no quiero hablar por todos, pero como que nunca saben qué hicieron, ¿entendés? Como que les decís: “Che, pero ¿yo hice eso?“. Como que no tienen ni idea. Y yo soy la mujer que necesita hablar. Para que todo esté bien, necesito hablar. Si vos estás tres días sin hablarme, esa pelota va creciendo y después va a ser cada vez peor ablandarme. Entonces, al otro día sentémonos. ”Che, ¿cómo hacemos?» Y esa es la parte que a él no le gusta. Entonces, ahí hay un problema. Termino yo: “Fabián, bajá que tenemos que hablar”.
FC: —¡Pará, que diga la verdad! Hay veces que yo le voy a hablar y me dice: “No, ahora no quiero porque estoy muy enojada, salí de acá”. Entonces, no sé cuándo sí, cuándo no. A veces muy temprano, a veces muy tarde.
MV: —Una vez al año.
FC: —No, he ido varias veces a hablar. “Che, amor, vamos a hablar”. “¡Salí de acá! Cuando esté enojada tenés que esperar un poquito…“.
MV: —Porque cuando me dice “no es tan grave”, para mí sí es grave.
—Mica, una vez dijiste que si te enojás no le hablás por un mes.
FC: —Es que ella es así.
MV: —He mejorado.
FC: —Ahora son veinticinco días, no es un mes.
MV: —Al principio de la relación sí, a veces los enojos me duraban mucho, pero me pasa que necesito también procesar un poco. Si hablo en caliente es peor. Yo necesito…
FC: —¿Ves cómo se pisa? Esas fueron las veces que le fui a hablar y me echó.
MV: —Si nosotros tenemos una discusión y automáticamente querés venir a hablar, no. Esperemos, bajemos ahí y a la noche o al otro día, hablamos. Vos venís automáticamente porque no querés que se pudra y decís: “Hablemos“.
FC: —Es que te juro que a veces digo no, bueno…
MV: —Es difícil.
FC: —Siento como que nada es grave. Ya está, no nos vamos a andar enojando, ya pasó, listo, ¿entendés? O sea, soy mucho de eso.
FC: —Mi cabeza siempre está en hacer maldades. Hoy en día es algo que todavía lo tengo como incorporado, te juro. Voy al colegio a buscar a las nenas y le toco bocina a las nenas sin que se den cuenta y las asusto. O sea, soy un nene, soy un chiquilín.
MV: —Nos divierte a todos, como que ya lo conocemos y es parte de su humor y lo aceptamos.
—¿A vos te hace bromas?
MV: —Todo el tiempo. Soy fóbica a las abejas, les tengo miedo. Veo una abeja y me voy a la mierda, corro. El primer viaje que hicimos, nos conocíamos poco y yo me duermo una siesta de una hora. Mi celular estaba en la mesita de luz y él me apoya una abeja muerta que encontró.
FC: —Había una abeja, la maté, la traje y la puse arriba del celular. Ella estaba durmiendo y yo se lo puse, porque me dio bronca que duerma. No podés ir a Miami y dormir una siesta. No existe.
MV: —No, casi me muero. Me dijo: “La fobia se va con más fobia”. ¡Casi lo mato!
FC: —Es mi teoría, que la fobia se va con más fobia.
MV: —Y el nene hace bromas, se pone las máscaras de Halloween.
—¡Ay, no, salió igual a él!
FC: —“¡Quiero asustar a mamá!”.
MV: —¡Es igual! Hace todas las mismas bromas. Es como muy gracioso.
FC: —Ella es muy pasional también en la intimidad…

—Eso los unió un montón entonces…
FC: —Sí, es muy fogosa, sí. Somos de innovar bastante nosotros como pareja. Tenemos una valijita también, ¿no?
—¿Una valijita con qué?
MV: —Y… siempre hay que innovar.
—¿Algunos juguetes, algunas cositas…?
FC: —Sí.
—En alguna entrevista dijiste: “Tengo muchos disfraces”.
MV: —Sí, hay de todo. Yo soy como más timida en ese sentido, pero bueno, hay que jugar, nos reímos.
FC: —Hay un montón de disfraces. De todo.
MV: —Porrista, enfermera… tipo angelito, tipo diablito. Mucho de encaje.
—¿Viene con acting?
MV: —No, te la debo. Es que me tiento, no puedo. Un día, en el departamento, no podía salir del baño, agarré un chupetín y dije: “No, no puedo salir con el chupetín”, es demasiado (ríe). Haciéndome, tipo, la colegiala. Digo: “Flaca, no, ya sos grande”. Y bueno… salí con el chupetín y nos cagamos de risa.
—¿Él también se pone disfraz?
FC: —No, yo no. A veces me gusta poner música, velas, masajes: yo armo todo de la nada.
MV: —Voy a dormirme y veo la camilla de masajes abierta y digo: “¡Oh, my God!”.
FC: —Hoy toca (risas).
MV: —La familia ensamblada, para mí, fue lo más difícil. Entender, aceptar, cuál era mi rol, cuál era el de él, cuál era el de mi hijo. A mí, eso es lo que más me costó.
FC: —Lo que más disfruto es cuando hay un buen vínculo de mis hijas con ella, ¿viste? Eso es lo que más tranquilidad me da. Si pasa algo y no fluye la relación y los vínculos de mis hijas con ella, me siento como mal, ¿viste? Me siento como en una encrucijada porque están mis hijas y está ella, y no es que uno lo divida, pero no son sus hijas, ¿entendés? Entonces, a veces estoy ahí como en el medio y es lo que más cuesta. Me gustaría que no nos preguntén más nada de nuestra vida privada…
MV: —No va a pasar.
FC: —Pero es parte de lo que somos, ¿no? O sea, tenemos una historia…
MV: —Ahora respondon ”No hablo del pasado». Esa frase la tomé de vos, Caro, y de verdad siento un alivio fatal.
FC: —Sí, así que sos una inspiración para nosotros.
MV: —Sos una inspiración. Me parece que no suma, la gente sabe quiénes somos. Ya está, no suma. Me parece que hay que vivir el presente, nuestra familia, nuestros proyectos.
FC: —Tratamos de no hablar… sí hablamos de nosotros, porque es justamente lo que dijimos hace un rato; es entender un poco el juego y no volver a caer en lo mismo, porque cualquier cosita es un disparador para que se viralice.
—Puede ser usado en tu contra.
FC: —Claro, porque viste que aparte los medios, a veces, ellos mismos se van generando. Me dijeron tal cosa…
—O te vienen y te agrandan toda la versión.
La pareja se sometió al ping pong de preguntas y respondió sin filtro cómo es su relación por dentro.
—¿Quién de los dos “roba” más?
FB: —Ella.
MV: —¡¿Yo “robo”?! ¡Ah, noooo!
FC: —Yo soy carismático, soy copado, soy agradable.
MV: —¡Pará, él está robando! Porque yo tengo mucha presencia, voy al frente, soy una mujer genuina, honesta, una mujer amiguera, empática, compañera.
FC: —Bueno, ella “roba”, porque yo la amo.
MV: —¡Ay, tomátela, es mentira! (ríe). Creo que es un conjunto de las dos.
FC: —Somos como parejos en ese sentido.
—¿Quién de los dos tiene siempre la última palabra?
FC: —Y ella, claramente. Ni lo dudo.
—¿Quién es más orgulloso?
FC: —Ella.
—¿Quién es el más probable que discuta por bolu…?

MV: —Él. Fabi no tenés ni fundamento cuando discutís. Yo no considero que discuto por boludeces. Para mí sos vos.
FC: —Y para mí son boludeces las que discutís vos. Además, yo no discuto.
MV: —No, pero cuando discutís, discutís por pelotudeces. Planteás cosas pelotudas.
—¿Como qué?
MV: —Boludeces, no sé… cosas cotidianas de la heladera. “Che, ¿no sacaste el churrasco?”. Son boludeces.
—Mejor discutir por eso que por cosas importantes. ¿Quién es más celoso?
FC: —No, en ese sentido, ninguno de los dos.
MV: —A mí me gustaría que a veces sea un poco más… algo. “Che, quién era?”, ¿entendés? Eso. Simple.
FC: —Ella es más de preguntar todo, en realidad. “¿Qué hiciste?”. “¿Dónde fuiste?“. “¿A qué avenida?“. “¿Por dónde pasaste?“. “¿Quién es?“.
—¿Y si lo ves en una fiesta charlando con una chica mucho rato?
FC: —Me c… a piñas, de una.
MV: —Si esa chica es una amiga, no pasa nada, pero…
FC: —Ah, pero enseguida pregunta, ojo. Cuando me ve saludando a alguien, “¿Quién era?» Y no puedo dudar porque ¿viste que a veces te pone nervioso cuando te apuran?
—Parece que ella es más celosa.
MV: —Yo observo, pero no le hago un reclamo. O sea, tiene que haber un fundamento o algo que me haga sentir incómoda, sí. Cuando yo le pregunto “¿cómo te fue», “¿qué hiciste?“, ”¿qué novedades hay?“, siempre le pregunto del lado de saber cómo le fue. Él lo toma mal. Y si no, ¡¿de qué hablamos?!
FC: —Es que te pregunta tanto que a veces dudo.
—¿Quién de los dos pidió perdón más veces?
FC: —Yo.
—¿Por qué?
MV: —Y, porque se equivoca más (ríe).
FC: —Porque ella siempre tiene la razón.
Disfrutá la antrevista completa en el video.
Fotos: Gastón Taylor
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La cruda declaración de Gustavo Yankelevich ante la Justicia: «Le pegaba tanto que sintió que se iba a desmayar»

El 6 de noviembre de 2015, Gustavo Yankelevich se presentó ante la Actuaria del Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires, en San Isidro, y prestó declaración testimonial bajo juramento. Ratificó una denuncia previa y describió, con sus propias palabras, cómo fue enterándose de a poco de que sus nietos Franco y Valentín padecían golpes, tirones de pelo y arrastrones por las escaleras a manos de su padre, Darío Giordano, según se supo el domingo 11 de octubre de este año luego de la entrevista que brindó el piloto de automovilismo en Infobae con la periodista Tatiana Schapiro. Cinco semanas más tarde, el 14 de diciembre, su exesposa Cris Morena se sentó ante la misma Actuaria y prestó su propio testimonio, que también quedó asentado en el expediente.
Según contó, todo empezó con un correo electrónico. Marisa Brel, una conocida de la familia, le escribió a Yankelevich para contarle que su hija había quedado muy perturbada por algo que le había dicho Valentín —de 10 años en ese momento—. El niño le había confesado que “quería irse con su mamá”, en referencia a Romina Yankelevich, hija del declarante, fallecida años antes. Ante esos dichos, según consta en la declaración, Brel “le comentó al declarante su preocupación por la situación al ver que su hija se hallaba sumamente angustiada por los dichos de su amigo”.

Esa frase, dicha por un nene de 10 años que no tenía otra forma de expresar lo que vivía, fue lo que impulsó a Yankelevich a radicar la denuncia. Los hechos denunciados, sin embargo, venían de mucho antes: desde 2012, según precisó.
Fue Franco, el mayor, quien tomó la iniciativa. Con 15 años, le pidió directamente mudarse con su abuelo. Poco después, Valentín hizo lo mismo. El más chico, además, atravesaba un período difícil: según declaró Yankelevich, “desde el año pasado ha tenido muchos problemas de conducta en el colegio y también le costó mucho el estudio”.
A medida que los chicos empezaron a pasar más tiempo con él, el productor fue acercando piezas que no había sabido leer antes. Él y Morena suponían que lo que percibían desde afuera eran gritos propios de la disciplina parental. Se equivocaban. Según declaró ante la Actuaria, fue tomando conocimiento de que “lo que tanto él como su exesposa Cris Morena pensaban que eran gritos y acciones de autoridad desde Darío Giordano a sus hijos, habían sido también lesiones que aquellos debieron padecer por parte del denunciado”. Y fue más preciso: “no solo eran tirones de pelo”, dijo, sino que Giordano los agarraba de esa manera para “arrastrarlos por las escaleras de la casa en sentido ascendente y descendente”.

Las descripciones que los chicos le fueron haciendo eran concretas y repetidas. Según declaró Yankelevich, sus nietos le contaron que con su padre “siempre eran gritos y tirones de pelo mientras los arrastraba por la casa, lo que los atemorizaba incluso para que ellos pudieran pedir ayuda y contar lo que les sucedía”. Valentín, en particular, le dijo que “el padre les pegaba con la mano abierta”. Y Franco fue aún más lejos: le relató que “en una ocasión su padre le había pegado tanto que él sintió que se iba a desmayar”. Yankelevich aclaró que nunca los vio físicamente lastimados, pero que los testimonios de los propios chicos no dejaban lugar a dudas.
El cambio al mudarse con el abuelo fue notorio. Valentín mejoró sus notas y redujo los problemas de conducta. Y Franco, al que Yankelevich le preguntó directamente qué extrañaba de la vida con su padre, respondió que no extrañaba “nada”. El adolescente le aclaró que “era antes cuando extrañaba abrazos, besos y atención, pero ahora no extrañaba nada”.

El productor también se refirió a su nieta Azul, de 9 años, quien seguía en la casa de Giordano. La situación de la nena era distinta: según Yankelevich, el padre “no le pegaba a ella”, pero la pequeña “tiene mucho temor de contar lo que vio que sucedía respecto de sus hermanos por la represalia que aquel pudiera tener”.
Ambos varones asistían al mismo colegio y ya concurrían a psicólogos al momento de la declaración. Yankelevich los relevó en ese acto del secreto profesional y los autorizó a declarar en la causa. También señaló que su hijo Tomás Yankelevich “se encuentra en conocimiento de los hechos denunciados y puede aportar datos relevantes a la investigación”, y que él mismo poseía “una grabación de los gritos y el trato que Darío Giordano dispensaba hacia los menores”.

María Cristina De Giacomi, conocida públicamente como Cris Morena, se presentó días después, el 14 de diciembre de 2015, ante la misma Actuaria en San Isidro y declaró bajo juramento en calidad de testigo. Su testimonio, registrado en el mismo expediente, incluyó situaciones que dijo haber presenciado directamente y frases que sus nietos le habían dicho. Fue el propio Franco quien rompió el silencio: dos años después de la muerte de su hija, el joven rompió en llanto a solas con ella y le confió que su padre “le pegaba muy fuerte en la cabeza y lo maltrataba mucho”. Le pidió que no dijera nada porque “le tenía temor a la reacción de su progenitor”. Y agregó que en una oportunidad, tras una golpiza, Giordano le había prometido que no le pegaría nunca más “por la memoria de la muerte de su madre”. Una promesa que, según el propio Franco, “no cumplió pues las golpizas habían seguido”.

La descripción que Morena hizo de Franco es la de un adolescente que había construido una estrategia de supervivencia. Declaró que “llegaba a su casa, se encerraba en el cuarto, trataba de no mirar a los ojos a su papá y de hablar lo menos posible” para evitar enfrentamientos, y que ese estado de alerta permanente le generó un tic en los ojos que mantuvo durante aproximadamente tres años. Le repetía a su abuela una frase que quedó asentada en el expediente: “Abuela, yo me quiero hacer invisible”. Cuando le pidió vivir con ella y con su abuelo Gustavo, Giordano respondió a los gritos: “De ninguna manera, vos vas a estar bajo mi control hasta los 18 años”. Y solía decirle al chico: “Yo controlo tu cabeza, tu mente, yo controlo todo lo que hacés”.

Cuando Franco comenzó a pasar desapercibido, la violencia se habría trasladado a su hermano. Así lo describió Morena: “Cuando Franco comenzó a intentar pasar desapercibido sin ofrecer resistencia a su padre, aquel fue como si hubiera trasladado ese mismo caudal de violencia a su hermano Valentín, con quien los enojos eran mayores”. Uno de los episodios más concretos que dijo haber presenciado ocurrió a la salida del colegio: Valentín se acercó a saludarla y Giordano “se acercó rápidamente corriendo” y “tomó al niño de los cabellos tirándoselos al tiempo que a los gritos le reprochaba: ‘te dije que no te vayas del lugar en el que estoy, a mí no me importa que tenías que hacer’”. Morena declaró que la escena la dejó paralizada y que vio cómo Giordano “se llevaba a su hijo a la rastra mientras le tiraba de los pelos y le gritaba”. Días después, cuando le preguntó a Valentín cómo estaba, el niño respondió: “Abuela, es siempre lo mismo, todos los días lo mismo, yo no le importo; si yo lloro no le importa nada”.
Al cerrar su declaración, Morena subrayó que no tenía “ninguna intención de dañar o perjudicar a Darío”, pero que le resultaba “tremendo que los niños después de haber perdido a su mamá fueran maltratados por su papá”. El acta judicial recoge exclusivamente su versión; en el documento no consta respuesta de Giordano a esas manifestaciones ni resolución judicial sobre las denuncias allí descritas.
Cris Morena
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Salieron a la luz las pericias psiquiátricas de Darío Giordano en la causa por la violencia a sus hijos: “Desprecio, maltrato, es un…”

Tras la denuncia de Valentín Yankelevich contra su padre Darío Giordano, salen más detalles a la luz de esta oscura historia. En las últimas horas, se dio a conocer información relacionada con las evaluaciones psicológicas y psiquiátricas del productor, acusado de golpear, maltratar y hasta humillar a sus propios hijos, quienes eran menores de edad. De acuerdo a los informes, el hombre tenía problemas para enfrentar momentos de conflicto lo que desencadenaba en sus violentas reacciones.
Estos datos corresponden a los informes del expediente civil por la tenencia de los hijos de Romina Yan. En estos documentos se describen muchos aspectos de la personalidad de Giordano y sobre cómo era el vínculo con Valentín y Franco, los denunciantes. Allí se dejaba sentado que el productor “negaba las acusaciones de violencia”, no haciéndose cargo de sus propias actitudes que perjudicaban el bienestar de los niños.
Fue el periodista de policiales Paulo Kablan quien reveló que Giordano tenía dificultades para la resolución de los conflictos familiares, lo cual le generaban una gran tensión emocional. “Sus recursos defensivos resultan rígidos, con escasa plasticidad para hacer frente a las exigencias, tanto internas como externas”, reza el informe presentado. Así se dejaba claramente en evidencia la veracidad de los testimonios de las víctimas.
“Respecto de la problemática familiar con sus hijos, denotó escasa implicación subjetiva, tendiendo a depositar el eje del conflicto en el entorno. Todo ello repercute en el establecimiento de sus vínculos y en el ejercicio de su rol paterno”, se describía además sobre su relación con sus hijos que sentían gran hostilidad hacia él. “El papá los maltrataba, los despreciaba, los golpeaba tirándole de los pelos mientras subían o bajaban la escalera, y los bardeaba«, cerraron.
QUÉ HIZO DARÍO GIORDANO TRAS LAS DENUNCIAS PÚBLICAS DE SUS HIJOS
Tras el fuerte testimonio de Valentín Yankelevich sobre la violencia física y psicológica que, según denunció, sufrió durante su infancia, se conoció dónde se encuentra actualmente su padre, Darío Giordano. En medio del escándalo familiar, el productor se habría instalado en Chapadmalal, en la costa bonaerense, junto a su esposa, Miren Algañarás.
La información fue revelada en el programa Primicias Ya, donde primero mencionaron que el productor podía estar en Miami o en la localidad costera. Finalmente, indicaron que se encontraba en aquella ciudad, donde habría construido una casa con su pareja. El dato salió a la luz mientras continúan las repercusiones por las graves acusaciones de su hijo, que Giordano rechazó públicamente en un comunicado.
Darío Giordano, Valentín Yankelevich
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Julieta Ortega habló del final de su amistad con Andrea Rincón: “Hay cosas que para mí se dirimen puertas adentro”

Julieta Ortega fue a Ángel Responde, en Bondi Live, a hablar de la separación de su hermano Emanuel y Julieta Prandi, pero terminó respondiendo preguntas sobre su quiebre con Andrea Rincón, su excompañera en un pódcast y una de sus amigas. El conductor Ángel de Brito la presionó sobre el distanciamiento entre ambas, un tema que la actriz considera cerrado hace tiempo.
Consultada sobre el vínculo con Rincón, la actriz quitó dramatismo al asunto: “Con Rincón no pasó nada grave”, aclaró, y explicó que ambas habían dejado el tema atrás sin mediar declaraciones públicas. Según relató, la situación se redujo a desacuerdos laborales que llevaron a su excompañera a dejar el proyecto: “Ella dejó de estar en el pódcast, pasaron cositas menores, de trabajo”, señaló.
La hija de Palito Ortega contó que el episodio le generó sorpresa cuando resurgió en los medios. Estaba por presentar un libro cuando un notero de LAM se acercó a preguntarle al respecto. “La puta madre, ¿qué hice ahora?”, relató que pensó en ese momento. Al descubrir el motivo de la consulta, su reacción fue de alivio: “Ese tema ya es viejísimo, está recerrado y no genera ninguna polémica”, dijo. Y aprovechó para hacer una reflexión más amplia: “Hay que normalizar el hecho de que a veces las amistades se terminan”.
La actriz fue contundente al explicar por qué no dará detalles públicos del quiebre: “Hay cosas realmente que para mí se dirimen puertas adentro”. También descartó la posibilidad de dar su versión de los hechos para no entrar en contradicción con lo que Rincón pudiera decir. “Si yo te digo la mía, armo un quilombo porque ya se contradice con lo que dijo ella, la van a ir a buscar, la estoy desmintiendo. Yo no haría nada para perjudicarla. No tengo nada feo para decir de ella”, afirmó.
Ante la consulta de De Brito sobre si Rincón la invitaría a su boda, la entrevistada fue directa: “No me quiere invitar, yo la vi en la nota”. Y sumó: “No me tiene que invitar porque no lo debe sentir. Yo no estoy en su vida en este momento. No sería lógico que me invite”. El conductor bromeó sugiriéndole a Rincón que no la invite porque igual no iría, pero la actriz rechazó esa lectura y cerró el tema con una reflexión sobre las versiones encontradas que suelen surgir en este tipo de situaciones: “No porque una de las dos partes esté mintiendo, sino porque cada uno lo vivió de una manera distinta”.
Diás atrás, la propia Rincón estuvo en LAM (América TV) y recordó cómo se produjo el distanciamiento definitivo. “Somos mujeres con mucho carácter… Las personas van cambiando y por ahí te vas desencontrando”, expresó al inicio de la charla. De esa manera, la actriz intentó explicar que el distanciamiento no se produjo por un único episodio, sino por una serie de diferencias que fueron modificando la relación entre ambas.
Durante la entrevista, Rincón ubicó el origen del conflicto en el podcast que compartía con Ortega y Ana Paula Dutil. “Yo tenía ganas de producir ese trabajo y era un ‘vos no sabés’…”, contó, antes de profundizar en la situación que empezó a tensionar la dinámica del grupo. “Se decidió que la producción, que la hacíamos entre todas, la encabece otra chica. Me costaba tener el lugar que yo quería y me sentía no vista”, señaló.
“Sentí que para despegar y hacer lo que quería, me tenía que ir de ese programa”, reveló sobre la decisión que terminó por separarla de Ortega. En ese sentido, también marcó una diferencia en las prioridades que cada una tenía respecto del podcast. “Para ella era más importante el programa de lo que lo era para mí. Yo tenía ganas de hacer cosas, probar, hacer un programa entre amigas…”, explicó.













