DEPORTE
Miguel Brindisi, el Mundial 74 y la muerte de Perón: “Cuando vimos la bandera a media asta, nos quisimos volver”

En el año 2015, AFA Revista convocó a un centenar de profesionales del fútbol para votar a las figuras de un “11 ideal de la historia”, y en ese seleccionado soñado, junto a Kempes, Batistuta, Maradona y Messi, entre otros, estaba Miguel Ángel Brindisi, considerado uno de los mejores volantes de la historia del fútbol argentino. Había sido figura en el Huracán de César Luis Menotti —fue capitán del equipo que salió campeón en 1973— y luego también fue campeón en el Boca Juniors de 1981, junto a Diego Maradona. Además, integró el Seleccionado Nacional que jugó el Mundial de 1974. En toda su carrera, convirtió 224 goles, de los cuales 194 los hizo en Argentina, por lo que está entre los 10 máximos goleadores de la historia del fútbol argentino.
Aquel plantel del 74 que integró Brindisi fue definido por el propio Menotti como uno de los mejores de la historia, un grupo de brillantes individualidades que sin embargo no llegó a solidificarse como equipo.
“El Mundial de 1974 había sido, para Argentina, una campaña complicada desde el comienzo —dijo a Infobae el historiador Camilo Scaglia—. Omar Sívori había renunciado meses antes como DT por conflictos con la AFA y para el mundial, Vladislao Cap fue designado como entrenador titular, encabezando un triunvirato técnico junto a José Varacka y Víctor Rodríguez. La AFA atravesaba una crisis institucional propia, con cambios de autoridades en medio del torneo”.
Cuando falleció el presidente Juan Domingo Perón, el 1° de julio, el país quedó paralizado. La noticia llegó también al hotel de la concentración argentina en Alemania Federal. Scaglia señala que muchos futbolistas provenían de familias trabajadoras cuyas historias estaban ligadas a las transformaciones impulsadas durante el primer peronismo. La conmoción fue tal que los futbolistas analizaron seriamente la posibilidad de no disputar el encuentro frente a Alemania Oriental. Se destacó la reacción de René Houseman, que al marcar el gol del empate en ese último partido gritó: “¡Viva Perón!” y luego no pudo contener el llanto.

En esta charla con Infobae, a 52 años de esos hechos, Miguel Ángel Brindisi evoca aquellos días de la Copa del Mundo en Alemania y el impacto que causó en el plantel la noticia de la muerte de Perón.
También habla con entusiasmo y hasta con emoción del seleccionado de hoy y sobre todo de su capitán. Elogia el temperamento de Lionel Messi y la ausencia de rencor por parte de quien fue tan criticado hasta hace pocos años. Agradece a este equipo que le “devolvió el fútbol a la familia”. Dice que los argentinos tenemos que madurar. No se valoraba que Argentina hubiese sido dos veces finalista en Mundiales: “Solo sirve ser campeón, somos implacables en la crítica, acá perdés dos partidos y te tiene que sacar la policía, y eso es muy injusto”.

— Jugaste un mundial, el del 74, con la Argentina sumida en un clima político impactante, con la vuelta de Perón y su tercera presidencia, con la gente quizás más preocupada por ir a Plaza de Mayo, a diferencia de ahora que se paraliza el país por el fútbol. ¿Qué clima vivían ustedes en el mundial?
— Nosotros estábamos aislados de todo lo que fuera político, más allá de que se sabía todo lo que estaba sucediendo y había preocupación porque sabíamos que el general Perón, el presidente, estaba enfermo. Eso sí, angustiaba que el presidente de tu país y una figura como él estuviera atravesando un momento tan delicado.
— ¿Cómo se enteraron de la muerte de Perón ese 1° de julio?
— Nosotros esa mañana tuvimos libre. No son tantas las cosas que me acuerdo del mundial, pasaron cincuenta y dos años, pero de eso sí. Estábamos en Colonia (Köln) y teníamos la mañana libre porque entrenábamos a la tarde. Habíamos ido hasta el centro, toda la delegación. Y cuando volvimos al hotel, encontramos la bandera a media asta. Eso nos marcó. Entramos al hotel y no había un solo dirigente. Se había ido todo el mundo a hacer trámites para venirse. Fue un momento duro, traumático, difícil. Nosotros teníamos una postura muy firme de que no íbamos a jugar, porque era una falta de respeto estar jugando al fútbol y estar velando al presidente del país.

— Pero finalmente tuvieron que hacerlo…
— Sí, porque, ¿qué sucedía?, la siguiente sede del Mundial era Argentina. Y si nosotros hubiéramos seguido adelante con esa postura, Argentina habría perdido la sede. Obviamente, recibimos del Gobierno la comunicación de que podíamos, de que teníamos que jugar. Hicimos una misa, que compartió todo lo que quedó de la delegación, que era el plantel y los colaboradores. A nivel dirigencial, se habían vuelto, como era lógico, para llegar al velatorio y por todo lo que significaba la muerte del Presidente de la República y mucho más la figura del general Perón.
— ¿Lo conociste?
— Sí, yo tuve la suerte de que me distinguió por un gesto que tuve, por convicción, de quedarme en el país, de no querer ir a jugar al exterior para jugar el Mundial con mi selección. Quería vivir esa experiencia. Esperé cinco años, porque en las eliminatorias del 69 para el mundial de México 70 nos eliminó Perú. Era muy joven yo en ese momento, tenía 18 años y quería vivir esa experiencia, me decía “no me puedo perder el jugar un Mundial”. Entonces, por el hecho de no haber querido ir a jugar a diferentes equipos de Europa [N. de la R: tuvo ofertas del Sevilla y del Olympique de Marsella], el General, cuando regresó, me distinguió con una plaqueta, y eso para mí fue increíble. Que haya tenido ese detalle contigo por una acción que yo tenía muy clara: quería jugar un Mundial con la camiseta argentina.

— ¿Dónde fue ese encuentro con Perón y cómo te convocaron?
— En la Casa de Gobierno. Me llamaron de Presidencia. Me llamó un periodista, Jorge Conti, a la casa de mi mamá. Antes era teléfono de línea [risas]. Primero pensé que era una broma, se pueden imaginar. Ese día hubo distinciones para deportistas de diferentes disciplinas. Hubo chicos de natación, chicas de esgrima; ese día Perón reconoció a los deportistas.
— Finalmente, se cumplió tu sueño del Mundial.
— Tuve esa suerte, más allá de que terminamos en un sexto lugar y de que no estuvimos a la altura de lo que se esperaba, porque aunque teníamos un gran plantel, nunca pudimos construir equipo. Nos tocó entrar a la zona de Holanda, que fue la revolución con ese fútbol total, de presión, de achique, de líneas cortas, que te asfixiaba, que después lo adoptó, o trató de adoptarlo, el mundo entero. Y Alemania y Brasil, nos tocaba una zona bastante difícil. Terminamos en un sexto lugar, que no era lo que aspirábamos, pero después también me tocó vivir la formación de la otra, los dos primeros años de lo que fue después la selección campeona del 78 con el Flaco Menotti. Y en el 76 me fui a jugar al exterior, a España.

— Volviendo a aquel 1° de julio, decías que hicieron una misa…
— Sí, ahí mismo en Colonia. Cierro los ojos y lo veo. La bandera a media asta, y ya nos queríamos volver nosotros también. Porque resultaba chocante que estuvieran velando al presidente de la República y nosotros jugando un partido. Pero la FIFA nos obligó y el Gobierno lo autorizó.
— En el partido que jugaron, ¿hubo un homenaje?
— Sí, sí. Con luto, como correspondía, salimos a cumplir, nada más. Nuestra cabeza estaba en otro lado.

— A los de tu generación, ¿los habían marcado los torneos Evita para tener esa identificación con Perón?
— Mi familia era bien peronista, tanto mi mamá como mi papá. Nuestra primera casa en Villa Luzuriaga cuando, mirá lo que te estoy diciendo, no había ni calle asfaltada, fue por un plan Evita. Mi padre fue siempre un agradecido y me contaba, cuando yo era chico, las horas de cola, con lluvia y frío, que había hecho para poder llegar al velatorio [de Evita|. Y en el 73 tuvimos de técnico a (Omar) Sívori, que acompañó a Perón en el regreso.

— Fue uno de los pasajeros del vuelo charter que trajo a Perón…
— Sí, y todo ese grupo, también el Cordero (Roberto) Telch, el Ratón (Rubén) Ayala, el Cabezón Sívori, que era el técnico, y tres o cuatro muchachos más fuimos a Puerta de Hierro una noche para conocerlo, pero no pudo darse. Eso fue en el año 73. Después, bueno, su figura, lo que significaba, me acuerdo lo que sentí con la distinción que me dio y además tuvo el gesto de recibirnos a todos los que íbamos a jugar Copa Libertadores. Fuimos con el plantel de Huracán, y vino también Rosario Central, que representaba a Argentina. Perón era futbolero, le gustaba mucho el fútbol, y dialogó con nosotros desde una simpleza tremenda. Verdaderamente su figura atrapaba.
— De aquel último partido en el Mundial de Alemania otra cosa que trascendió fueron las lágrimas de René Houseman.
— Sí, René hace el gol y se pone a llorar. Lloraba y… es que estábamos todos sentidos. Era una figura más que atrayente, era el Presidente de la República. Es muy difícil para un plantel que está representando a un país, que fallezca el Presidente, más allá de que se sabía que estaba peleándola. Pero fue duro.

— ¿Y cómo fue ese partido?
— Era contra la otra Alemania [N. de la R: República Democrática Alemana, la Alemania comunista, o Alemania Oriental]. Habíamos perdido con Brasil y con Holanda y el único punto que sacamos fue en ese partido con la otra Alemania.
— ¿No pudieron llegar al velatorio?
— No, porque jugábamos dos días después del día que falleció Perón. De lo contrario, hubiéramos estado todos los de la delegación. Al otro día se hizo la misa, y después se jugó.

— ¿Qué diferencias ves entre el fútbol de los 70 y el de hoy?
— Antes se jugaba, hoy se trabaja en el fútbol. El materialismo mató la pasión. [risa] Antes, qué sé yo, me quedo por la camiseta. Por ejemplo, yo volví de Europa porque quería terminar mi carrera en mi club, donde me había formado desde los doce años, que era Huracán. Y llegué a Huracán para terminar mi carrera. Tenía 29 años, estaba próximo a cumplir los 30, y en esa época, a los 30, 31, la pregunta era si ya te retirabas. Vine a terminar mi carrera en Huracán y me encontré al presidente detenido, fugado el tesorero. Nada fuera de lo normal, ¿no? Más o menos como la inflación en nuestro país. Pero yo quería terminar mi carrera en Huracán. Eso sí, en el carretel había bastante hilo, porque después fui a Boca, jugué en Unión, jugué en Nacional de Montevideo y terminé mi carrera en Racing.

— ¿Hasta qué edad jugaste?
— Hasta los 34. Me retiré en 1984.
— ¿Eso también cambió un poco ahora? ¿Se estira más la edad del retiro? Hay varios veteranos en este mundial, y Messi, que cumplió 39.
— Hoy es profesionalismo puro. Hoy el que no se cuida, el que no es profesional, no puede competir. Se han profesionalizado muchísimo los dirigentes de acá y en Europa no tienen por qué profesionalizarse porque ya lo son. Es decir, la única preocupación que tenés es cuidarte, entrenar, jugar, competir. Y te cumplen. Hoy hay una infraestructura diferente. También se avanzó mucho en el fútbol de divisiones inferiores. Antes se creía que era un dinero tirado a la calle, hoy se dan cuenta de que es la mejor inversión porque ahí está el capital más grande de una institución. Cambiaron totalmente los tiempos. Hoy, sin ninguna duda, el fútbol es un negocio. Son empresas y hay que aceptarlo.

— ¿Cómo estás viendo el Mundial y a la Selección?
— Me sorprendió para bien. Para lo de Messi ya no hay calificativos. Es lo máximo. Él viene de recibir muchas injusticias, muchas críticas. Y esas críticas vinieron después de haber jugado tres finales. Pero estamos muy lejos culturalmente todavía como sociedad. Tenemos que aprender mucho, porque solo sirve ser campeón, no hay análisis, es muy injusto. Se deteriora una figura que, si llega a ser débil, puede terminar mal. Tuvimos la suerte de que este pibe todo eso se lo puso al hombro, lo sacó adelante, y ahora en el Mundial lo está demostrando, con el problema personal tan fuerte que está atravesando, y sin embargo tiene una entereza… Lo que construyó este chico no sé cómo definirlo, lo único que sé es que me hace feliz, me hace sentir orgulloso.
— ¿Cambió la imagen de nuestro fútbol en el mundo?
— En los años setenta, en los países en los que me tocó trabajar, todos tenían una camiseta brasileña. Hoy todos tienen una camiseta argentina. Más allá del mérito de todo el equipo, del entrenador, de todo lo bueno que se viene haciendo hace años, hay un común denominador en la aceptación de lo que es este pibe como diferente, porque es grande no solo en el rectángulo, sino también afuera. Es un fenómeno social muy importante. Y cuando se viven estas instancias, hay que tener una gran mujer al lado. Él la tiene, tiene una familia que lo ha contenido. Este chico no es casualidad: está su formación, su educación, su simpleza. Viene de una escuela como La Masía, el Barcelona. Este pibe cada día es más grande. Yo tengo una admiración, una devoción…. Devolvió la familia a las canchas.

— Se puede disfrutar en familia…
— Sí, la familia disfruta del espectáculo que brinda él con la Selección y todo el mundo se va feliz, no te defraudan. Y eso hacía muchísimos años que no pasaba. Tampoco es casualidad, esto se viene construyendo, hace muchos años que la Selección viene haciendo un trabajo extraordinario desde las formaciones en la sub-17, la sub-20, la 23, los diferentes torneos.
— También se ve armonía entre ellos, integración.
— La gran mayoría también se vino construyendo un grupo. Casi todos juegan en Europa. Y es otra la disciplina, otra la formación, otro el estrés. Aquí vos perdés dos partidos y te tiene que sacar la policía. Tenés amenazas, convivís con la barra, con los impagos, vivís siempre con una tensión diferente que en Europa. Ellos fueron creciendo con esa cultura, han contenido a su amigo y referente, en este momento tan difícil para Messi. Si no se hacía público nadie se habría dado cuenta, si no hubiera sido porque se le escaparon las lágrimas y él abrió esa puerta, no se habría sabido. Hay que tener muchos hombros. Es un chico que nunca tuvo que golpear la mesa para ejercer su liderazgo, lo hace a través del juego. Se ganó un respeto. Nunca una palabra fuera de lugar. Lo peor que se le escuchó fue: “Andá pa’ allá bobo”. Estamos en presencia de un diferente total y eso a mí me resulta maravilloso.

— ¿Cómo ves al resto del plantel? ¿Somos una selección en torno a una sola persona o hay realmente un equipo?
— Son familia estos pibes. Hay equipo. Una cosa es plantel y otra cosa equipo. Y ellos son equipo, con excelentes jugadores. Hay una competencia muy sana. A mí me tocó trabajar con diferentes grupos, y siempre destaco que son familia en todo sentido, porque Messi es la cabeza de todo esto, pero también su esposa y las esposas de los jugadores. Quieren ser campeones y ellas acompañan. Miren a dónde llegaron y no hubo nadie, nadie, que se haya desubicado cuando la cosa venía mal. No le dijeron al esposo: “No vayas más, nos quedamos con los nenes”, y tienen una posición económica para salvar a cuatro generaciones. Con esa forma de ser nos han dado participación a todos los hinchas, a todos los argentinos, ese orgullo de cuando cantamos el himno, cuando vemos al equipo, cómo gritamos los goles. Y hay una generación de chicos, que así como eligen equipos cuando son campeones y se hacen hinchas de esos equipos, hoy todos los pibes son hinchas de la selección. Estos chicos atrapan, hacen feliz a la gente, por cómo se expresan en la cancha, cómo juegan. Estamos todos identificados y orgullosos con el fútbol que intentan. Revirtieron una situación que era muy, muy difícil. Y Messi se pudo haber negado tranquilamente a venir a jugar después de todos los ataques recibió. Sin embargo, terminaba de jugar, se subía a su avión y hacía doce horas para venir. No faltó nunca a un partido, porque también tenía un desafío grande: quería ser campeón, primero de América, después del Mundo. Hoy están consolidados. Y a veces hay partidos, como el de Austria, que al principio estaba medio complicado, te presionaban arriba, él no logra hacer el gol de penal y, sin embargo, con la experiencia que ya tienen y cómo se conocen, mantuvieron la situación y después la rompieron. Por eso yo ya no sé más qué adjetivo ponerle, no solo a Messi, a toda la selección y al trabajo que vienen haciendo.
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Boca Juniors en la final de la Copa Sudamericana: cuánto cuesta viajar a Colombia y cuáles son las opciones más económicas

Boca volará a Barranquilla para la final. Foto: Twitter @BocaJrsOficial
Boca Juniors jugará la final de la Copa Sudamericana 2026 el próximo 21 de noviembre en Barranquilla, Colombia, y sus hinchas ya comenzaron a buscar alternativas para acompañar al equipo en una nueva definición internacional. Con los precios de los vuelos en alza por la demanda, organizar el viaje con anticipación puede marcar una diferencia importante en el presupuesto.
La clasificación del Xeneize provocó un fuerte aumento en las consultas para viajar a la ciudad colombiana. Por eso, quienes quieran estar presentes en el estadio Metropolitano Roberto Meléndez deberán comparar las distintas rutas, calcular los gastos de alojamiento y tener en cuenta que el precio de la entrada todavía no fue confirmado oficialmente.
La opción más económica: volar a Cartagena y seguir en micro
Una de las alternativas más accesibles es viajar desde Buenos Aires hasta Cartagena y completar el recorrido por tierra hasta Barranquilla. Según los valores publicados por TurismoCity el 21 de octubre, los pasajes de ida y vuelta para viajar del 19 al 24 de noviembre parten de los 744 dólares por persona, con una conexión larga.
Desde Cartagena, el traslado en micro hasta Barranquilla demanda aproximadamente entre dos y tres horas. Esta opción permite reducir el costo de los pasajes aéreos, aunque es importante contemplar el valor del transporte terrestre y el tiempo adicional de viaje.
También hay alternativas con conexiones más cortas, aunque sus precios son superiores. Por eso, quienes elijan esta ruta deberán comparar los horarios de llegada y salida para evitar inconvenientes el día de la final.
Cuánto cuesta volar directamente a Barranquilla
Para los hinchas de Boca Juniors que priorizan la comodidad, viajar directamente al destino es otra posibilidad. Sin embargo, los precios relevados son considerablemente más elevados.
De acuerdo con una consulta publicada por TN, los vuelos de Aerolíneas Argentinas para viajar el 20 de noviembre y regresar el 22 tienen un costo aproximado de $7.318.452 ida y vuelta por persona. La tarifa puede variar y no contempla necesariamente todos los cargos adicionales.
Por otro lado, existen vuelos con escalas que conectan Buenos Aires con Barranquilla. Según los valores relevados por distintos medios, algunas opciones parten de los 1.653 dólares ida y vuelta, aunque es fundamental revisar las condiciones de cada itinerario antes de comprar.
Paquetes con hotel y traslados incluidos
Otra posibilidad es contratar un paquete turístico que incluya los vuelos, el alojamiento y los traslados. Despegar publicó opciones para viajar entre el 19 y el 23 de noviembre desde aproximadamente $2.452.297 por persona, con pasajes aéreos con escalas y hospedaje de tres estrellas.
También existen paquetes especializados para la final que incluyen tres noches de hotel, traslados al estadio y una entrada. En este caso, los valores publicados por una agencia de viajes parten de los 1.625 dólares por persona en habitación doble, aunque las condiciones y los servicios incluidos deben verificarse antes de contratar.
Qué gastos hay que tener en cuenta
Además del vuelo y el alojamiento, los hinchas deberán contemplar las comidas, el transporte dentro de Barranquilla y el precio de la entrada, que todavía no fue anunciado oficialmente por la Conmebol.
La recomendación es comparar los costos totales y no solamente el valor del pasaje. Una alternativa con escalas puede ser más económica, pero también implica más horas de viaje y posibles gastos adicionales.
Con la final cada vez más cerca, los simpatizantes de Boca Juniors tendrán que organizarse para encontrar la opción que mejor se adapte a su presupuesto y acompañar al equipo en su búsqueda de un nuevo título internacional.
Boca Juniors,Barranquilla
DEPORTE
El álbum de fotos de la recorrida de bodegas de Manu Ginóbili durante sus vacaciones en Mendoza: “¡Qué linda semana con amigos!“

Manu Ginóbili eligió Mendoza para una semana de descanso con amigos, que resumió en diez imágenes publicadas en sus redes sociales. El exbasquetbolista recorrió bodegas, restaurantes y paisajes de la provincia, se encontró con una nevada en Tupungato, participó de una degustación de aceite de oliva y hasta jugó al pádel durante una escapada que combinó gastronomía, vino y actividades al aire libre.
“¡Qué linda semana pasé en Mendoza con amigos!”, escribió Emanuel Manu Ginóbili al compartir la selección de fotos. El bahiense, integrante de la Generación Dorada y cuatro veces campeón de la NBA con los San Antonio Spurs, mostró parte del recorrido que realizó junto a su grupo durante sus vacaciones en la provincia.
Las postales incluyeron visitas a establecimientos vitivinícolas de distintos puntos de Mendoza, almuerzos, recorridos por zonas de montaña y momentos de descanso. Al final de la publicación, Ginóbili agradeció al enólogo Alejandro Vigil por la recepción que tuvo el grupo durante el viaje en una de sus paradas.
Uno de los primeros destinos del recorrido fue en una de las bodegas más reconocidas de la zona. Allí, Ginóbili y sus amigos almorzaron en el restaurante del lugar, una experiencia que el ex jugador definió como un “épico almuerzo”. La visita formó parte de una agenda centrada en la producción vitivinícola y la oferta gastronómica de la provincia.

El grupo también pasó por otros siete reconocidos establecimientos de la zona y, según las fotos y los mensajes difundidos por Ginóbili, participaron de una actividad para elaborar una etiqueta propia en uno de los puntos del recorrido. La publicación dejó registro de una parada en un sitio que les permitió realizar una degustación de aceite de oliva y aceto balsámico.
Las comidas fueron otro de los ejes de la escapada. “Otro almuerzo inolvidable”, señaló el exbasquetbolista al mostrar una de las imágenes de ese encuentro. Entre sus historias de Instagram también apareció una reunión en otra bodega, donde eligió degustar una costilla. La secuencia permitió conocer parte de un viaje que estuvo marcado por productos regionales, vinos y platos de la cocina mendocina.
La postal que se apartó de la ruta gastronómica fue la de Tupungato. Ginóbili publicó una imagen de la nieve que encontró junto a sus amigos y expresó su sorpresa por el fenómeno. “Nos despertamos con esta nevada en Tupungato. Muy inesperada a mitad de octubre”, escribió.
El viaje también incluyó un almuerzo y un paseo por el icónico hotel de la zona de Potrerillos, uno de los puntos turísticos más visitados de Mendoza. Allí, el grupo completó una agenda que combinó los recorridos por bodegas con paisajes de montaña y momentos de descanso.
Ginóbili no dejó de lado la actividad física durante sus vacaciones. En una de las diez imágenes que eligió para resumir la semana, se lo vio en una cancha de pádel junto a sus amigos. El exjugador lo tomó con humor y explicó que el partido servía para “bajar un poco las calorías extras consumidas”.
La referencia fue una síntesis de la dinámica de la escapada, con comidas, degustaciones y visitas a diferentes emprendimientos de la provincia. Cada foto estuvo acompañada por una breve descripción que permitió reconstruir el itinerario.

Al cerrar la publicación, Ginóbili destacó la recepción que tuvo en Mendoza. “La pasamos espectacular”, resumió Manu.
Vale recordar que no fue la primera visita de Ginóbili a la provincia. El exjugador ya había estado en Mendoza durante su carrera deportiva, en actividades vinculadas al básquet. En 2024, además, regresó junto a otros integrantes de la Generación Dorada para conmemorar los 20 años de la medalla de oro que la selección argentina consiguió en los Juegos Olímpicos de Atenas.
El 27 de agosto de 2018, Manu Ginóbili anunció su retiro, a los 41 años, después de 16 temporadas en la NBA, todas con los San Antonio Spurs. El bahiense cerró su ciclo con cuatro títulos —2003, 2005, 2007 y 2014— y dejó una marca que la franquicia reconoció en marzo de 2019, cuando retiró la camiseta número 20. En 2022 ingresó al Salón de la Fama del básquet, como el primer argentino en recibir esa distinción.
Lejos de la exigencia de la competencia, Ginóbili repartió buena parte de su tiempo entre su familia, los viajes y el deporte recreativo. El tenis y el ciclismo pasaron a ocupar un lugar habitual en su rutina: compartió salidas en bicicleta con Tim Duncan y también se animó al mountain bike junto a Fabricio Oberto.También mantuvo su vínculo con las raquetas, tanto en el tenis como en el pádel, disciplina que practicó con otros exintegrantes de la Generación Dorada.
Su relación con los Spurs, de todos modos, no terminó con el retiro. Desde 2021 ocupa un puesto de asesor especial de operaciones de básquet de la organización, con una tarea de tiempo parcial que incluye el acompañamiento a jugadores jóvenes y el aporte de su experiencia dentro de la franquicia. No integra el cuerpo técnico ni ejerce como asistente de un entrenador: el propio Ginóbili había señalado que no tenía entre sus prioridades iniciar una carrera en los bancos.
En abril de 2025 aceptó una excepción, cuando dirigió a un equipo de creadores de contenido en un partido benéfico en Carolina del Norte. “Va a ser mi primera experiencia como coach”, dijo entonces, aunque presentó la participación como una experiencia puntual.







Manu Ginóbili,Mendoza,enología,vino,vacaciones
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Video: la canción de guerra en la llegada de Verón a Río de Janeiro

La llegada de Juan Sebastián Verón a la concentración de Estudiantes en Río de Janeiro tuvo una bienvenida especial. Bajo la lluvia y en medio de una multitud que esperaba al plantel, los hinchas del Pincha le hicieron sentir su respaldo al presidente con un canto que es habitual y se transformó en el grito de guerra en contra del Chiqui Tapia.
“No soy secanuca, soy soldado de la Bruja”, cantaron los fanáticos al recibir a Verón en la puerta del hotel. La canción, con la que expresaron su apoyo al presidente, se convirtió en uno de los momentos más destacados de la llegada del Pincha a Brasil.
El presidente de Estudiantes llegó al hotel en Rio de Janeiro.
El mensaje llegó en la previa de un partido clave: este jueves, Estudiantes visitará a Flamengo con el objetivo de meterse en la final de la Copa Libertadores. En la antesala de una noche decisiva, los hinchas acompañaron al equipo con un recibimiento multitudinario y dejaron en claro de qué lado están en la disputa entre Verón y la conducción de la AFA.
Los jugadores del Pincha recibieron el aliento de sus simpatizantes de cara a la vuelta de la semifinal de la Libertadores.
LA FIESTA EN LA PUERTA DEL HOTEL
Los hinchas de Estudiantes esperaron la llegada del plantel al hotel.
Juan Sebastián Verón,Estudiantes de La Plata,Copa Libertadores
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