DEPORTE
Miguel Brindisi, el Mundial 74 y la muerte de Perón: “Cuando vimos la bandera a media asta, nos quisimos volver”

En el año 2015, AFA Revista convocó a un centenar de profesionales del fútbol para votar a las figuras de un “11 ideal de la historia”, y en ese seleccionado soñado, junto a Kempes, Batistuta, Maradona y Messi, entre otros, estaba Miguel Ángel Brindisi, considerado uno de los mejores volantes de la historia del fútbol argentino. Había sido figura en el Huracán de César Luis Menotti —fue capitán del equipo que salió campeón en 1973— y luego también fue campeón en el Boca Juniors de 1981, junto a Diego Maradona. Además, integró el Seleccionado Nacional que jugó el Mundial de 1974. En toda su carrera, convirtió 224 goles, de los cuales 194 los hizo en Argentina, por lo que está entre los 10 máximos goleadores de la historia del fútbol argentino.
Aquel plantel del 74 que integró Brindisi fue definido por el propio Menotti como uno de los mejores de la historia, un grupo de brillantes individualidades que sin embargo no llegó a solidificarse como equipo.
“El Mundial de 1974 había sido, para Argentina, una campaña complicada desde el comienzo —dijo a Infobae el historiador Camilo Scaglia—. Omar Sívori había renunciado meses antes como DT por conflictos con la AFA y para el mundial, Vladislao Cap fue designado como entrenador titular, encabezando un triunvirato técnico junto a José Varacka y Víctor Rodríguez. La AFA atravesaba una crisis institucional propia, con cambios de autoridades en medio del torneo”.
Cuando falleció el presidente Juan Domingo Perón, el 1° de julio, el país quedó paralizado. La noticia llegó también al hotel de la concentración argentina en Alemania Federal. Scaglia señala que muchos futbolistas provenían de familias trabajadoras cuyas historias estaban ligadas a las transformaciones impulsadas durante el primer peronismo. La conmoción fue tal que los futbolistas analizaron seriamente la posibilidad de no disputar el encuentro frente a Alemania Oriental. Se destacó la reacción de René Houseman, que al marcar el gol del empate en ese último partido gritó: “¡Viva Perón!” y luego no pudo contener el llanto.

En esta charla con Infobae, a 52 años de esos hechos, Miguel Ángel Brindisi evoca aquellos días de la Copa del Mundo en Alemania y el impacto que causó en el plantel la noticia de la muerte de Perón.
También habla con entusiasmo y hasta con emoción del seleccionado de hoy y sobre todo de su capitán. Elogia el temperamento de Lionel Messi y la ausencia de rencor por parte de quien fue tan criticado hasta hace pocos años. Agradece a este equipo que le “devolvió el fútbol a la familia”. Dice que los argentinos tenemos que madurar. No se valoraba que Argentina hubiese sido dos veces finalista en Mundiales: “Solo sirve ser campeón, somos implacables en la crítica, acá perdés dos partidos y te tiene que sacar la policía, y eso es muy injusto”.

— Jugaste un mundial, el del 74, con la Argentina sumida en un clima político impactante, con la vuelta de Perón y su tercera presidencia, con la gente quizás más preocupada por ir a Plaza de Mayo, a diferencia de ahora que se paraliza el país por el fútbol. ¿Qué clima vivían ustedes en el mundial?
— Nosotros estábamos aislados de todo lo que fuera político, más allá de que se sabía todo lo que estaba sucediendo y había preocupación porque sabíamos que el general Perón, el presidente, estaba enfermo. Eso sí, angustiaba que el presidente de tu país y una figura como él estuviera atravesando un momento tan delicado.
— ¿Cómo se enteraron de la muerte de Perón ese 1° de julio?
— Nosotros esa mañana tuvimos libre. No son tantas las cosas que me acuerdo del mundial, pasaron cincuenta y dos años, pero de eso sí. Estábamos en Colonia (Köln) y teníamos la mañana libre porque entrenábamos a la tarde. Habíamos ido hasta el centro, toda la delegación. Y cuando volvimos al hotel, encontramos la bandera a media asta. Eso nos marcó. Entramos al hotel y no había un solo dirigente. Se había ido todo el mundo a hacer trámites para venirse. Fue un momento duro, traumático, difícil. Nosotros teníamos una postura muy firme de que no íbamos a jugar, porque era una falta de respeto estar jugando al fútbol y estar velando al presidente del país.

— Pero finalmente tuvieron que hacerlo…
— Sí, porque, ¿qué sucedía?, la siguiente sede del Mundial era Argentina. Y si nosotros hubiéramos seguido adelante con esa postura, Argentina habría perdido la sede. Obviamente, recibimos del Gobierno la comunicación de que podíamos, de que teníamos que jugar. Hicimos una misa, que compartió todo lo que quedó de la delegación, que era el plantel y los colaboradores. A nivel dirigencial, se habían vuelto, como era lógico, para llegar al velatorio y por todo lo que significaba la muerte del Presidente de la República y mucho más la figura del general Perón.
— ¿Lo conociste?
— Sí, yo tuve la suerte de que me distinguió por un gesto que tuve, por convicción, de quedarme en el país, de no querer ir a jugar al exterior para jugar el Mundial con mi selección. Quería vivir esa experiencia. Esperé cinco años, porque en las eliminatorias del 69 para el mundial de México 70 nos eliminó Perú. Era muy joven yo en ese momento, tenía 18 años y quería vivir esa experiencia, me decía “no me puedo perder el jugar un Mundial”. Entonces, por el hecho de no haber querido ir a jugar a diferentes equipos de Europa [N. de la R: tuvo ofertas del Sevilla y del Olympique de Marsella], el General, cuando regresó, me distinguió con una plaqueta, y eso para mí fue increíble. Que haya tenido ese detalle contigo por una acción que yo tenía muy clara: quería jugar un Mundial con la camiseta argentina.

— ¿Dónde fue ese encuentro con Perón y cómo te convocaron?
— En la Casa de Gobierno. Me llamaron de Presidencia. Me llamó un periodista, Jorge Conti, a la casa de mi mamá. Antes era teléfono de línea [risas]. Primero pensé que era una broma, se pueden imaginar. Ese día hubo distinciones para deportistas de diferentes disciplinas. Hubo chicos de natación, chicas de esgrima; ese día Perón reconoció a los deportistas.
— Finalmente, se cumplió tu sueño del Mundial.
— Tuve esa suerte, más allá de que terminamos en un sexto lugar y de que no estuvimos a la altura de lo que se esperaba, porque aunque teníamos un gran plantel, nunca pudimos construir equipo. Nos tocó entrar a la zona de Holanda, que fue la revolución con ese fútbol total, de presión, de achique, de líneas cortas, que te asfixiaba, que después lo adoptó, o trató de adoptarlo, el mundo entero. Y Alemania y Brasil, nos tocaba una zona bastante difícil. Terminamos en un sexto lugar, que no era lo que aspirábamos, pero después también me tocó vivir la formación de la otra, los dos primeros años de lo que fue después la selección campeona del 78 con el Flaco Menotti. Y en el 76 me fui a jugar al exterior, a España.

— Volviendo a aquel 1° de julio, decías que hicieron una misa…
— Sí, ahí mismo en Colonia. Cierro los ojos y lo veo. La bandera a media asta, y ya nos queríamos volver nosotros también. Porque resultaba chocante que estuvieran velando al presidente de la República y nosotros jugando un partido. Pero la FIFA nos obligó y el Gobierno lo autorizó.
— En el partido que jugaron, ¿hubo un homenaje?
— Sí, sí. Con luto, como correspondía, salimos a cumplir, nada más. Nuestra cabeza estaba en otro lado.

— A los de tu generación, ¿los habían marcado los torneos Evita para tener esa identificación con Perón?
— Mi familia era bien peronista, tanto mi mamá como mi papá. Nuestra primera casa en Villa Luzuriaga cuando, mirá lo que te estoy diciendo, no había ni calle asfaltada, fue por un plan Evita. Mi padre fue siempre un agradecido y me contaba, cuando yo era chico, las horas de cola, con lluvia y frío, que había hecho para poder llegar al velatorio [de Evita|. Y en el 73 tuvimos de técnico a (Omar) Sívori, que acompañó a Perón en el regreso.

— Fue uno de los pasajeros del vuelo charter que trajo a Perón…
— Sí, y todo ese grupo, también el Cordero (Roberto) Telch, el Ratón (Rubén) Ayala, el Cabezón Sívori, que era el técnico, y tres o cuatro muchachos más fuimos a Puerta de Hierro una noche para conocerlo, pero no pudo darse. Eso fue en el año 73. Después, bueno, su figura, lo que significaba, me acuerdo lo que sentí con la distinción que me dio y además tuvo el gesto de recibirnos a todos los que íbamos a jugar Copa Libertadores. Fuimos con el plantel de Huracán, y vino también Rosario Central, que representaba a Argentina. Perón era futbolero, le gustaba mucho el fútbol, y dialogó con nosotros desde una simpleza tremenda. Verdaderamente su figura atrapaba.
— De aquel último partido en el Mundial de Alemania otra cosa que trascendió fueron las lágrimas de René Houseman.
— Sí, René hace el gol y se pone a llorar. Lloraba y… es que estábamos todos sentidos. Era una figura más que atrayente, era el Presidente de la República. Es muy difícil para un plantel que está representando a un país, que fallezca el Presidente, más allá de que se sabía que estaba peleándola. Pero fue duro.

— ¿Y cómo fue ese partido?
— Era contra la otra Alemania [N. de la R: República Democrática Alemana, la Alemania comunista, o Alemania Oriental]. Habíamos perdido con Brasil y con Holanda y el único punto que sacamos fue en ese partido con la otra Alemania.
— ¿No pudieron llegar al velatorio?
— No, porque jugábamos dos días después del día que falleció Perón. De lo contrario, hubiéramos estado todos los de la delegación. Al otro día se hizo la misa, y después se jugó.

— ¿Qué diferencias ves entre el fútbol de los 70 y el de hoy?
— Antes se jugaba, hoy se trabaja en el fútbol. El materialismo mató la pasión. [risa] Antes, qué sé yo, me quedo por la camiseta. Por ejemplo, yo volví de Europa porque quería terminar mi carrera en mi club, donde me había formado desde los doce años, que era Huracán. Y llegué a Huracán para terminar mi carrera. Tenía 29 años, estaba próximo a cumplir los 30, y en esa época, a los 30, 31, la pregunta era si ya te retirabas. Vine a terminar mi carrera en Huracán y me encontré al presidente detenido, fugado el tesorero. Nada fuera de lo normal, ¿no? Más o menos como la inflación en nuestro país. Pero yo quería terminar mi carrera en Huracán. Eso sí, en el carretel había bastante hilo, porque después fui a Boca, jugué en Unión, jugué en Nacional de Montevideo y terminé mi carrera en Racing.

— ¿Hasta qué edad jugaste?
— Hasta los 34. Me retiré en 1984.
— ¿Eso también cambió un poco ahora? ¿Se estira más la edad del retiro? Hay varios veteranos en este mundial, y Messi, que cumplió 39.
— Hoy es profesionalismo puro. Hoy el que no se cuida, el que no es profesional, no puede competir. Se han profesionalizado muchísimo los dirigentes de acá y en Europa no tienen por qué profesionalizarse porque ya lo son. Es decir, la única preocupación que tenés es cuidarte, entrenar, jugar, competir. Y te cumplen. Hoy hay una infraestructura diferente. También se avanzó mucho en el fútbol de divisiones inferiores. Antes se creía que era un dinero tirado a la calle, hoy se dan cuenta de que es la mejor inversión porque ahí está el capital más grande de una institución. Cambiaron totalmente los tiempos. Hoy, sin ninguna duda, el fútbol es un negocio. Son empresas y hay que aceptarlo.

— ¿Cómo estás viendo el Mundial y a la Selección?
— Me sorprendió para bien. Para lo de Messi ya no hay calificativos. Es lo máximo. Él viene de recibir muchas injusticias, muchas críticas. Y esas críticas vinieron después de haber jugado tres finales. Pero estamos muy lejos culturalmente todavía como sociedad. Tenemos que aprender mucho, porque solo sirve ser campeón, no hay análisis, es muy injusto. Se deteriora una figura que, si llega a ser débil, puede terminar mal. Tuvimos la suerte de que este pibe todo eso se lo puso al hombro, lo sacó adelante, y ahora en el Mundial lo está demostrando, con el problema personal tan fuerte que está atravesando, y sin embargo tiene una entereza… Lo que construyó este chico no sé cómo definirlo, lo único que sé es que me hace feliz, me hace sentir orgulloso.
— ¿Cambió la imagen de nuestro fútbol en el mundo?
— En los años setenta, en los países en los que me tocó trabajar, todos tenían una camiseta brasileña. Hoy todos tienen una camiseta argentina. Más allá del mérito de todo el equipo, del entrenador, de todo lo bueno que se viene haciendo hace años, hay un común denominador en la aceptación de lo que es este pibe como diferente, porque es grande no solo en el rectángulo, sino también afuera. Es un fenómeno social muy importante. Y cuando se viven estas instancias, hay que tener una gran mujer al lado. Él la tiene, tiene una familia que lo ha contenido. Este chico no es casualidad: está su formación, su educación, su simpleza. Viene de una escuela como La Masía, el Barcelona. Este pibe cada día es más grande. Yo tengo una admiración, una devoción…. Devolvió la familia a las canchas.

— Se puede disfrutar en familia…
— Sí, la familia disfruta del espectáculo que brinda él con la Selección y todo el mundo se va feliz, no te defraudan. Y eso hacía muchísimos años que no pasaba. Tampoco es casualidad, esto se viene construyendo, hace muchos años que la Selección viene haciendo un trabajo extraordinario desde las formaciones en la sub-17, la sub-20, la 23, los diferentes torneos.
— También se ve armonía entre ellos, integración.
— La gran mayoría también se vino construyendo un grupo. Casi todos juegan en Europa. Y es otra la disciplina, otra la formación, otro el estrés. Aquí vos perdés dos partidos y te tiene que sacar la policía. Tenés amenazas, convivís con la barra, con los impagos, vivís siempre con una tensión diferente que en Europa. Ellos fueron creciendo con esa cultura, han contenido a su amigo y referente, en este momento tan difícil para Messi. Si no se hacía público nadie se habría dado cuenta, si no hubiera sido porque se le escaparon las lágrimas y él abrió esa puerta, no se habría sabido. Hay que tener muchos hombros. Es un chico que nunca tuvo que golpear la mesa para ejercer su liderazgo, lo hace a través del juego. Se ganó un respeto. Nunca una palabra fuera de lugar. Lo peor que se le escuchó fue: “Andá pa’ allá bobo”. Estamos en presencia de un diferente total y eso a mí me resulta maravilloso.

— ¿Cómo ves al resto del plantel? ¿Somos una selección en torno a una sola persona o hay realmente un equipo?
— Son familia estos pibes. Hay equipo. Una cosa es plantel y otra cosa equipo. Y ellos son equipo, con excelentes jugadores. Hay una competencia muy sana. A mí me tocó trabajar con diferentes grupos, y siempre destaco que son familia en todo sentido, porque Messi es la cabeza de todo esto, pero también su esposa y las esposas de los jugadores. Quieren ser campeones y ellas acompañan. Miren a dónde llegaron y no hubo nadie, nadie, que se haya desubicado cuando la cosa venía mal. No le dijeron al esposo: “No vayas más, nos quedamos con los nenes”, y tienen una posición económica para salvar a cuatro generaciones. Con esa forma de ser nos han dado participación a todos los hinchas, a todos los argentinos, ese orgullo de cuando cantamos el himno, cuando vemos al equipo, cómo gritamos los goles. Y hay una generación de chicos, que así como eligen equipos cuando son campeones y se hacen hinchas de esos equipos, hoy todos los pibes son hinchas de la selección. Estos chicos atrapan, hacen feliz a la gente, por cómo se expresan en la cancha, cómo juegan. Estamos todos identificados y orgullosos con el fútbol que intentan. Revirtieron una situación que era muy, muy difícil. Y Messi se pudo haber negado tranquilamente a venir a jugar después de todos los ataques recibió. Sin embargo, terminaba de jugar, se subía a su avión y hacía doce horas para venir. No faltó nunca a un partido, porque también tenía un desafío grande: quería ser campeón, primero de América, después del Mundo. Hoy están consolidados. Y a veces hay partidos, como el de Austria, que al principio estaba medio complicado, te presionaban arriba, él no logra hacer el gol de penal y, sin embargo, con la experiencia que ya tienen y cómo se conocen, mantuvieron la situación y después la rompieron. Por eso yo ya no sé más qué adjetivo ponerle, no solo a Messi, a toda la selección y al trabajo que vienen haciendo.
DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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