INTERNACIONAL
Este es el año en que los milénials oficialmente se hicieron viejos

Hace unas semanas, un grupo de amigas y yo intercambiábamos mensajes sobre su próximo viaje para visitarme en Nueva York. El tema giraba en torno a qué debían vestir para estar a la moda en una serie de bares modernos del centro de la ciudad de los que habían oído hablar en internet y planeaban visitar.
Se trataba de un grupo de mujeres con estilo que habían trabajado en el mundo de la moda y los medios de comunicación y que normalmente no tenían problemas para vestirse para la ocasión. Pero, después de haber estado en algunos de esos lugares y haber sido testigo de las tendencias de la generación Z que vi allí, tuve que ser portadora de malas noticias: no había nada en ninguno de nuestros armarios que quedara bien.
Ahora todas las chicas jóvenes y atractivas visten como Adam Sandler: pantalones cortos cargo, camisetas gráficas extragrandes, gafas de sol envolventes. Nuestras blusas Rachel Comey no nos iban a servir. Por mucho que nos esforzáramos, íbamos a parecer acabadas.
El momento cristalizó un sentimiento que muchos milénials han estado sintiendo recientemente: que 2025 es el año en que oficialmente nos hicimos viejos. Hace tiempo que esta realidad se acerca sigilosamente, pero ya es imposible negarla. Los más jóvenes de nuestro grupo están a punto de cumplir 30 años y los mayores rozan los 45, lo que significa que ahora todos somos habitantes de la fase de la vida que la psicóloga Clare Mehta ha denominado “adultez establecida”, un periodo exigente que puede implicar compaginar carreras profesionales con el cuidado de hijos y padres mayores. Los milenials llegaron a la «adultez establecida» (Foto: Freepik)
Nuestros avatares generacionales hacen cosas cursis de mediana edad: Lena Dunham escribió un ensayo sobre «Por qué rompí con Nueva York“; Taylor Swift se comprometió y escribió una canción sobre el fiable pene de su prometido; Ryan, de The OC: Vidas Ajenas, hizo un documental sobre los peligros de las criptomonedas.
Si uno de los atletas de nuestra generación sigue dominando, se le considera una maravilla médica. Tenemos edad suficiente para experimentar un tipo de entropía milénial en la que nuestros iconos se desmoronan. (Véase la relación entre Justin Trudeau y Katy Perry).
Fuimos la generación que primero acogió la exploración de cada aspecto de nuestra vida interior en busca de contenido, pero ya ni siquiera nos gusta publicar en las redes sociales. Gracias a milagros médicos como el bótox y el Mounjaro (y a las máquinas de pilates Solidcore), los milénials aún somos físicamente atractivos, pero culturalmente, nuestras actividades provocan menos fascinación, menos preocupación y menos ansiedad social. Cuando se habla de los jóvenes, ya no se refieren a nosotros.
Justin Trudeau, visitó Japón junto a Katy Perry (Foto: Instagram / fumio_kishida)
A cada generación le llega su turno de lamentar su obsolescencia cultural, pero eso escuece especialmente a los milénials. Alcanzar la mayoría de edad en internet nos hizo singularmente egocéntricos, o eso proclamaban los artículos de opinión: un ejército de más de 70 millones de narcisistas criados a base de concursos de BuzzFeed y Four Loko, incapaces de entender cómo ser adultos y que exigen una estrella dorada en la frente cada vez que hacíamos algo.
Pero ahora son la generación Z y la generación Alfa las que hacen temblar a los departamentos de mercadotecnia. La sincronización de la pandemia de la COVID-19 hizo que nuestra salida del escenario cultural pareciera aún más dramática: todavía ágiles cuando nos resguardamos en casa, salimos con las rodillas crujiendo, a un mundo que se está rehaciendo a imagen de la generación Z.
¿Cómo sabemos que hemos envejecido? A veces un zoomer simplemente sale y nos lo dice a la cara, como cuando mi amiga de 35 años fue hace poco al concierto de su compañero de trabajo de 23 años y le preguntaron si era “amiga de su madre”. Otro amigo recibió miradas vacías de sus jóvenes compañeros de trabajo cuando dijo que planeaba disfrazarse de Fred Durst en Halloween.
Millennial cringe
Sin embargo, la mayoría de las veces, la demarcación de nuestra división generacional se produce en un lugar que solía ser nuestro para definirla: en línea. Internet, antaño nuestro espacio seguro, se ha convertido cada vez más en territorio hostil. La mera existencia de los milénials se ha vuelto tan embarazosa para la generación Z que han acuñado una frase para ello: «millennial cringe“.
Este cringe, o vergüenza ajena, incluye el tipo de calcetines que usamos (hasta los tobillos, no a media pantorrilla) y las pausas incómodas en nuestros videos, el hecho de que terminamos nuestros mensajes con «lol“, usamos en exceso el emoji de llorar de risa y cómo sabemos cuáles de nuestros amigos son Gryffindors. Ahora somos unc (tíos), y con frecuencia también pasados de moda.
Este año, las tensiones latentes se han convertido en una guerra abierta. Los milénials arremetieron contra los zoomers -quienes, según se dice, salen menos de fiesta, tienen menos relaciones y pasan menos tiempo juntos- al tacharlos de ermitaños analfabetos y sin sexo que malgastan su juventud pudriéndose el cerebro en TikTok y radicalizándose con streamers nacionalistas blancos. Si lees esto como miembro de la generación Z, probablemente todo eso ya sea obvio para ti. Y también es increíble que lo estés leyendo en primer lugar.
Gran parte del alarmismo de los milénials sobre los miembros de la generación Z (copos de nieve que “se ofenden con facilidad, son perezosos y, en general, no están preparados”, según The New York Post) es palabra por palabra lo que las generaciones anteriores dijeron de nosotros. Habiendo vivido las últimas décadas bajo la lupa, los milénials deberían reconocer que la hostilidad generacional es a menudo solo una forma de evitar lidiar con el cambio culpando a los jóvenes, quienes en realidad son los más afectados.
Sabemos que la razón por la que no podíamos comprar casas no era que comprábamos demasiadas tostadas de aguacate, del mismo modo que las cosas que nos preocupan de la generación Z son el resultado del mundo que han heredado. De hecho, tenemos mucho más en común con la siguiente generación de lo que pensamos.
Hijos de las crisis
Ambos alcanzamos la mayoría de edad en medio de grandes crisis económicas y heredamos la misma política polarizada y disfuncional. En una encuesta realizada por Deloitte en 2025, el 48 por ciento de los miembros de la generación Z y el 46 por ciento de los milénials dijeron sentirse inseguros económicamente, y el 74 por ciento de los miembros de la generación Z y el 77 por ciento de los milénials esperaban que la inteligencia artificial reconfigurara su forma de trabajar.
Los milénials tienen más deudas, se casan y tienen hijos más tarde y compran casas más tarde (si es que pueden hacerlo) que nuestros padres. Muchos de los indicadores tradicionales de la edad adulta de clase media -viajes familiares a Disneylandia, logros profesionales– están muy lejos del alcance de nuestra generación. Esto puede hacernos sentir “más jóvenes que cualquier otra generación de mediana edad anterior a la nuestra”, como decía Emily Gould en un reciente ensayo de la revista New York sobre los milénials mayores.
Quizá por eso muchos de nosotros nos esforzamos tanto por aferrarnos a nuestra juventud: nos enfrentamos a la vejez con todo el bagaje y ninguno de los beneficios que nos enseñaron a esperar. Pero todo esto debería hacernos más comprensivos con la próxima generación, no menos. Podemos sentirnos al mismo tiempo horrorizados por los creadores de TikTok con sus diminutas gafas de sol y darnos cuenta de que estamos juntos en esto, de que las crisis políticas, financieras y tecnológicas actuales nos van a afectar a todos.
Aunque los milénials ya no controlen el discurso en internet ni sean capaces de reconocer a más del 20 por ciento del cartel de Coachella, nuestra generación está asumiendo cada vez más el poder institucional. Después de pedir el fin de la gerontocracia durante años, por fin estamos empezando a verlo. Tenemos un vicepresidente milénial, un alcalde milénial electo de Nueva York y una editora milénial de Vogue.
Chloe Malle, la editora de Vogue (Foto: Jeff Henrikson/Vogue)
Los milénials están entrando en la alta dirección (pasando por encima de la pobre generación X una vez más) y redefiniendo la vida familiar con estrategias más suaves de crianza. Nuestra tarea ahora es averiguar cómo envejecer con elegancia en esta nueva fase del ciclo generacional de la vida, aunque no siempre estemos de acuerdo con los chicos que vienen detrás.
Los personajes que siempre han tenido más atractivo intergeneracional no son quienes se convierten en viejos gruñones amargados. Más bien son quienes están dispuestos a evolucionar y aún sienten curiosidad por lo que les interesa ahora a los más jóvenes. Piensa: el temprano reconocimiento de David Bowie de la cultura de internet. O más recientemente, Charli XCX en su era “Brat”, cuya estética lo-fi y colaboraciones con artistas jóvenes como Billie Eilish y Addison Rae hablaban del estado de ánimo de la generación Z, incluso cuando sus letras evocaban preocupaciones milénials por excelencia sobre la fertilidad y encontrar el mejor baño para consumir cocaína.
A su vez, los miembros de la generación Z se involucra y aprecia elementos del canon millennial de maneras que nosotros no siempre hicimos, ya sea viendo Girls con admiración en lugar de con un discurso ansioso o haciendo fila para ver a Caroline Polachek y Mac DeMarco en concierto. Nuestra generación dio al mundo algunas cosas buenas (Superbad, tops para salir, Williamsburg de los 2000), y algunas cosas malas (Theranos, tatuajes de bigote en los dedos, Williamsburg de los 2020), pero no siempre depende de nosotros cuáles de nuestros puntos de contacto culturales resisten el paso del tiempo. Aunque puede resultar molesto ver cómo los más jóvenes reivindican a tus íconos -sobre todo si compites con ellos por los conciertos en Ticketmaster-, la reinterpretación es lo que mantiene viva la cultura.
La escritora Anne Helen Petersen afirma, con razón, que nuestra generación debe estar alerta para evitar el pecado capital de nuestros antepasados boomer, en el que “subimos la escalera hacia una relativa estabilidad… y luego retirarla tras de nosotros”.
Mientras que muchos de nuestros compañeros se dedican a la tradición ancestral de convertirse en cretinos ricachones, ella percibe un preocupante solipsismo incluso entre quienes no eran empleados con acciones en empresas de transporte compartido a mediados de la década de 2000. “Nos dimos cuenta de todas las formas en que la sociedad está preparada para fallarnos a muchos de nosotros”, escribe, justo en el momento en que empezamos a sentirnos “demasiado agotados, demasiado viejos, para arreglar las cosas”.
Sin embargo, algunos de los líderes políticos más influyentes de nuestra generación son quienes han descubierto cómo hablar de lo que le importa a la siguiente. JD Vance y Zohran Mamdani, de maneras diametralmente opuestas, se dirigen a las ansiedades económicas de los jóvenes votantes al prometer un cambio respecto a la política habitual de los boomers.

Zohran Mamdani ganó con un 78 por ciento de los votos de los menores de 30 años. (Foto: Spencer Platt/Getty Images/AFP )
Mamdani, que pronto será el primer alcalde milénial de Nueva York, ganó las elecciones con un 78 por ciento de los votos de los menores de 30 años. Lo consiguió, en parte, al responder a las preocupaciones de los votantes jóvenes en torno a la vivienda y la asequibilidad, al tiempo que utilizaba herramientas como los videos cortos de una manera que parecía orgánica en lugar de complaciente. Pero también aceptó sus complejos milénials: gran parte de su campaña inicial -un tipo de 33 años, parado en una esquina con menos del 1 por ciento en las encuestas, preguntando a personas al azar por qué votaron por el presidente Donald Trump para un video de YouTube- era objetivamente vergonzosa. Había algo en la sinceridad bobalicona de Mamdani que los votantes más jóvenes apreciaron.
La generación Z puede que se estremezca ante nuestra seriedad, pero también valora la autenticidad. En cierto modo, la vergüenza milénial es sinónimo de optimismo milénial, ese sentimiento sincero (y, sí, a veces ingenuo) de que es posible mejorar. Pero vale la pena conservarlo, siempre y cuando podamos separarlo de la música de palmas y pisadas que tan a menudo lo acompañaba.
(*) Anna Silman es redactora y editora independiente residente en Nueva York.
The New York Times, millenials
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Bipartisan Senate bill to cap insulin for Americans at $35 has new momentum

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A bipartisan group of senators is resurfacing legislation to cap many American patients’ insulin costs at $35 a month — the INSULIN Act of 2026 — reviving a push that previously stalled.
The bill co-authored by Sens. Jeanne Shaheen, D-N.H., Susan Collins, R-Maine, Raphael Warnock, D-Ga., and John Kennedy, R-La., would bar group and individual health plans from imposing deductibles on selected insulin products and could not charge more than $35 for a 30-day supply starting in plan year 2027.
Beginning in 2028, patients would pay the lesser of $35 or 25% of the negotiated net price.
Congress had already mandated a Medicare-only cap of $35 in 2022, and President Donald Trump’s long-running agenda to lower prescription medicine costs gives the effort some momentum before the 2026 midterms, where Collins’ seat could be targeted for a Democrat flip amid the very narrow Republican Senate majority (53-47).
SENATE QUIETLY WORKS ON BIPARTISAN OBAMACARE FIX AS HEALTHCARE CLIFF NEARS
Sen. Susan Collins, R-Maine, is helping to lead the effort to cap insulin costs on Americans at $35 per month. (Tom Williams/CQ-Roll Call, Inc via Getty Images)
«We are the long-time chairs of the Senate Diabetes Caucus, and one of our top priorities is to make insulin more affordable,» Collins said in a Senate hearing last week.
«Our INSULIN Act would impose out-of-pocket limits for patients with commercial insurance, tackle commercial pharmacy benefit managers, and ensure that patients are the ones who are benefiting from the savings that they negotiate, and encourage biosimilar competition in order to lower list prices.»
The bill, first introduced in 2023, has been reworked at Kennedy and Warnock’s urging to include some work to provide capped insulin prices even for the uninsured.
«Our bill also includes provisions to help uninsured Americans access affordable insulin,» Collins continued. «Just this week, I met with a young woman who, a few years ago, ended up in the hospital because she was stretching out her insulin, not taking as much as she was prescribed, because she simply couldn’t afford the cost.»
REPORTER’S NOTEBOOK: GOP TARGETS AFFORDABILITY WITH RECONCILIATION 2.0 PLAN AHEAD OF MIDTERMS
The issue aligns with a 2024 Trump presidential campaign vow. Trump has already announced other initiatives to lower prescription drug prices, including an executive order last May on his «Most Favored Nation» (MNF) policy to take action on Big Pharma companies that are not offering the world’s lowest price on drugs to Americans.
«Americans should not be forced to subsidize low-cost prescription drugs and biologics in other developed countries, and face overcharges for the same products in the United States,» Trump’s policy ordered. «Americans must therefore have access to the most-favored-nation price for these products.»
«My Administration will take immediate steps to end global freeloading and, should drug manufacturers fail to offer American consumers the most-favored-nation’s lowest price, my Administration will take additional aggressive action.»
Then, this December, Trump announced agreements with nine Big Pharma companies to lower prices on Americans under the MFN policy, including offering direct to the consumer lowest pricing on TrumpRx, the president’s new prescription drug portal.
GOP MUST RACE FOR NEW ‘BIG, BEAUTIFUL BILL’ TO SLASH COSTS BEFORE MIDTERMS, TOP HOUSE REPUBLICANS WARN
TrumpRX lists Insulin Lispro from Eli Lilly for $25.

Sen. Janine Shaheen, D-N.H., announced last March that she would not be running for reelection. (Nathan Posner/Anadolu via Getty Images)
Collin and Shaheen’s legislation would also offer a limited cap on insulin for the uninsured — an issue reportedly driven by Warnock and Kennedy in the bipartisan group — creating a five-year pilot in 10 states to help uninsured patients get insulin for no more than $35 a month.
«We have already capped insulin for Medicare enrollees at $35 a month — this new INSULIN Act, which we plan to introduce next [this] week, will address insulin affordability for children, adults and those who are uninsured,» Shaheen said in a statement.
«It will do, as the Medicare provision does, cap the cost of employer and private insurance coverage of insulin at $35 a month, create a pilot program to provide $35 a month insulin for uninsured diabetes patients, and it is a direct way to help American families facing economic pressures, and will make people healthier in the long run.»
TRUMP’S RX PLAN PROMISES SAVINGS, BUT ECONOMISTS SEE A HIDDEN TRADE-OFF
While Collins might need the bill for her 2026 midterm election hopes. Shaheen is serving out her final year in the Senate.
«I would really like to be able to leave the Senate thinking that we had helped to address insulin costs for a lot of Americans: This is the most expensive chronic disease,» Shaheen told Semafor, noting Trump’s agenda for capping prices.
«This is something that he should support, because it is affordability.»
Affordability has been the Democrats’ buzzword for the midterms, but Republicans and Trump have argued it has only been an issue Democrats have made after years of inflation under former President Joe Biden.
TRUMP ENDS BIDEN’S DRUG PRICE NIGHTMARE — AMERICANS GET REAL RELIEF WITH TRUMPRX

Sen. John Kennedy, R-La., was a part of the bipartisan Senate group pushing the INSULIN Act of 2026 to include provisions to lower insulin costs for the uninsured, too. (Anna Moneymaker / POOL / AFP)
The bill authorizes $100 million for fiscal 2027 for cost-cutting and defines «affordable» insulin as out-of-pocket costs of no more than $35 for a one-month supply.
Collins framed the measure as a response to patients rationing medicine they need to survive.
«I have heard far too many stories from people in Maine and across the country who have been forced to ration their insulin because of the cost, and that is simply unacceptable,» she told Semafor.
Beyond the consumer cap, the bill also tries to lower underlying costs by targeting pharmacy benefit manager practices and encouraging more competition from biosimilars and generics. It orders a federal study on delays in bringing insulin products to market and barriers to biosimilar uptake.
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The proposal now faces the harder political test: winning buy-in from Senate leadership and finding a path to must-pass legislation later this year. But after years of failed starts, backers say they finally have a bipartisan framework that could move.
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El gobierno de Chile le retiró el apoyo a Bachelet para la ONU: por qué beneficia al argentino Rafael Grossi

En la frenética carrera para acceder al máximo cargo de las Naciones Unidas (ONU), el diplomático argentino Rafael Grossi parece haber recibido una buena noticia para sus pretensiones con la decisión de Chile de retirar el apoyo a la expresidenta trasandina Michelle Bachelet.
“Hemos llegado a la convicción que el contexto de esta elección, la dispersión de candidaturas de países de América Latina y las diferencias con algunos de los actores relevantes que definen este proceso, hacen inviable esta candidatura y el eventual éxito de esta postulación”, esgrimió en un escueto comunicado el actual gobierno de José Antonio Kast.
La candidatura de Bachelet seguirá adelante porque al momento de su lanzamiento contaba también con el apoyo de Brasil y México. Fue una astuta jugada del por entonces presidente Gabriel Boric a sabiendas de que existía la posibilidad de que el nuevo mandatario Kast hiciera lo que terminó haciendo: retirarle el apoyo.
Pese a las reiteradas críticas de Javier Milei al sistema multilateral en general y a la ONU en particular, el gobierno argentino se comprometió en apoyar y trabajar para impulsar la candidatura de Grossi, renombrado diplomático que en la actualidad encabeza el trascendental Organismo Internacional de Energía Atómica (OEIA). La Cancillería argentina designó a un equipo especial para acompañar la candidatura de Rafael Grossi. (Foto: REUTERS/Tomas Cuesta)
Durante el lanzamiento formal de su candidatura en la Argentina en diciembre del año pasado, TN pudo confirmar que la Cancillería a cargo de Pablo Quirno designó a un grupo de diplomáticos que desde Buenos Aires monitorearía el proceso junto con la representación permanente de nuestro país en la sede de la ONU en Nueva York.
La retirada del apoyo por parte de Chile podría leerse como un contundente mensaje de que Bachelet no puede lograr un consenso interno ni siquiera en esta importante postulación, lo que podría debilitar su carrera. De todos modos, Brasil es un país de peso que busca tener una banca en una hipotética –y compleja- reforma del Consejo de Seguridad.
Leé también: Rafael Grossi busca convertirse en el primer argentino en liderar la ONU: lanza su candidatura en Buenos Aires
Además de Grossi y Bachelet, los otros candidatos que están en carrera para convertirse en secretario general de la ONU son: la argentina Virginia Gamba, impulsada por Maldivas; Rebeca Grynspan Mayufis, apoyada por su país Costa Rica; y el senegalés Macky Sall, que cuenta con el respaldo de Burundi.
Existe una regla no escrita que el próximo secretario general debe ser latinoamericano. Sólo hubo uno en la historia. El peruano Javier Pérez de Cuéllar ocupó ese cargo durante dos períodos entre 1982 y 1991.
La costarricense Grynspan Mayufis es una de las que, a priori, podría competir cabeza a cabeza con Grossi si la candidatura de Bachelet termina perdiendo peso.

La costarricense Rebeca Grynspan es otra de las favoritas para el máximo cargo de la ONU. (Foto: REUTERS/Mayela Lopez)
La clave está en la decisión de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido), quienes tienen que seleccionar a uno de los candidatos para postularlo frente a la Asamblea General. Será una única opción la que salga desde el máximo órgano de la ONU.
Por ello, es necesario esquivar un veto de estos países. Con que uno sólo decida vetar un nombre, esa persona no podrá continuar en carrera. El perfil dialoguista pero firme de Grossi gusta en el ámbito de la diplomacia internacional. A lo largo de los últimos años pudo demostrar su capacidad de negociar con Putin en el Kremlin, con Zelenski en Kiev o con representantes iraníes el desarrollo de su programa nuclear.
Con las audiencias y exposiciones públicas que los candidatos tendrán en los próximos meses se empezará a dilucidar con mayor claridad las posibilidades reales de cada uno. Puertas adentro de la Casa Rosada, la quita del apoyo de Kast a Bachelet fue leída como una buena noticia para Grossi.
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