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Horror en Kansas: una madre asfixió a su hija adoptiva de 6 años y la enterró en el jardín

La Justicia de Estados Unidos condenó a una madre de Kansas, Crystina Elizabeth Schroer, de 50 años, a más de 17 años de prisión por el asesinato de su hija adoptiva, Kennedy Schroer, de apenas 6 años. La nena fue asfixiada dentro de una caja y luego enterrada en una tumba de apenas 60 centímetros en el jardín de la casa familiar.
El crimen salió a la luz en septiembre de 2024, cuando la policía localizó el cuerpo de Kennedy tras una investigación que se extendió durante cuatro años. La madre, que en agosto aceptó los cargos de homicidio en segundo grado, abuso infantil, falsificación de información y fraude, fue sentenciada este lunes.
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El macabro hallazgo y la confesión de la madre
Todo comenzó cuando la policía de la localidad de Rose Hill acudió a la casa de los Schroer tras un intento de suicidio de Crystina. Al llegar, la mujer les confesó: “Mi vida se terminó, nadie me va a mirar igual”. Luego, contó que una noche de noviembre o diciembre de 2020, tras una pelea entre sus hijos, notó la ausencia de Kennedy. Según su versión, encontró a la nena inconsciente dentro de una caja cubierta con mantas y una cuna. Intentó reanimarla, pero ya estaba muerta. Kennedy Schroer tenía 6 años. (Foto: gentileza The Independant).
En vez de dar aviso a las autoridades, Crystina Schroer decidió ocultar el cuerpo. Lo llevó en su auto y finalmente lo enterró en el fondo de su casa, en una tumba improvisada de apenas 60 cm de profundidad. Durante años, mintió a familiares y conocidos, asegurando que el Estado había retirado la custodia de Kennedy por problemas de conducta.
El testimonio clave de una de las hermanas
La investigación reveló detalles aún más escalofriantes. Una de las hijas de la pareja contó a los detectives que su madre obligaba a los chicos a meterse en una caja si se movían durante las horas de dormir. La noche fatal, Crystina forzó a Kennedy a entrar en la caja y la tapó con mantas y una cuna. La hermana, que debía escuchar si Kennedy se movía, explicó que la nena gimió y que su madre regresó para asegurarse de que estuviera en silencio. “¿Sigue haciendo ruido?“, le preguntó. Crystina Schroer obligaba a su hija a entrar en una caja. (Foto: gentileza KAKE).
Cuando la madre volvió por segunda vez, la hermana estaba llorando porque Kennedy ya no hacía ningún sonido. Al abrir la caja, la nena cayó al suelo, ya sin vida y con la piel azulada. Desde ese momento, nunca volvieron a ver a Kennedy.
Una investigación de cuatro años y el rol de los peritos
El caso se mantuvo oculto hasta septiembre de 2024, cuando la policía comenzó a buscar en la casa de los Schroer tras el intento de suicidio de Crystina. El operativo fue complejo: la vegetación estaba tan crecida que debieron usar herramientas especiales para que los perros rastreadores pudieran trabajar. Finalmente, encontraron los restos de Kennedy dentro de una doble bolsa de basura, en una tumba de poco más de medio metro de profundidad.
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Un análisis de ADN confirmó la identidad de la víctima. Kennedy había nacido como Natalie Garcia el 14 de julio de 2014 y fue adoptada por los Schroer en noviembre de 2018, quienes le cambiaron el nombre. La autopsia determinó que murió asfixiada y su muerte fue catalogada como homicidio.

Crystina Schroer fue condenada a 17 años de cárcel por el crimen de su hija adoptiva. También juzgarán a su marido. (Foto: gentileza The Independant).
Fraude, mentiras y el destino de los hermanos
Durante los cuatro años que Kennedy estuvo desaparecida, los padres adoptivos siguieron cobrando más de 23.000 dólares en pagos de Medicaid por la nena fallecida. La familia tenía tres hijos biológicos y dos adoptados. Tras el hallazgo del cuerpo, todos los menores fueron puestos bajo custodia del Estado.
“La enterró. La metió en dos bolsas de basura, cavó un hoyo en su propiedad y la enterró justo afuera del dormitorio principal”, dijo el fiscal del condado de Butler, Darrin Devinney. “Ese dormitorio principal… donde siguieron durmiendo durante cuatro años, justo al lado del cadáver de esa niña”, afirmó durante el juicio.
El esposo de Crystina, Joseph Schroer, será juzgado en diciembre por cargos de poner en peligro a menores.
La policía de Rose Hill, junto a agencias estatales y federales, dedicó más de 2.000 horas a reconstruir el caso. “Era una nena hermosa, con una sonrisa contagiosa”, recordaron los investigadores.
Estados Unidos, Crimen, maltrato
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Perforan para examinar el hielo derretido de la Antártida desde abajo
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Son of Norway’s crown princess to face rape charges as new Epstein files mention her hundreds of times

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Norway’s royal family is facing an unusually turbulent moment as the son of Crown Princess Mette-Marit prepares to stand trial this week on multiple criminal charges, including rape, just as newly released Jeffrey Epstein documents have revived scrutiny of the princess’s past contact with him.
The defendant, Marius Borg Høiby, is scheduled to appear in Oslo district court on Tuesday following an indictment handed down last summer after a lengthy investigation. Høiby is not part of the royal household and does not hold any official role.
Authorities arrested Høiby several times in 2024 as allegations mounted, though he was not held in custody while prosecutors built their case.
Prosecutors accuse Høiby of committing multiple sexual assaults over a period of several years and engaging in violent and threatening behavior toward former partners. The alleged incidents span from 2018 through late 2024 and include accusations of violating a restraining order.
NEW GHISLAINE MAXWELL MUGSHOT INCLUDED IN DOJ’S LATEST EPSTEIN FILES RELEASE
Norway’s Marius Borg Hoiby and Crown Princess Mette-Marit in Oslo, June 16, 2022. (Lise Aserud/NTB via AP)
If convicted, the 29-year-old could face a prison sentence of up to 10 years. Court proceedings are expected to continue into mid-March.
Following the indictment, defense attorney Petar Sekulic said his client denies all allegations of sexual abuse and disputes most of the charges related to violence.

Crown Princess Mette-Marit of Norway visits The International Library Of Fashion at Stasjonsmesterbygningen on Jan. 24, 2025 in Oslo. (Rune Hellestad/Corbis/Getty Images)
The case has proven embarrassing for a monarchy that typically enjoys strong public support in Norway, drawing sustained media attention both at home and abroad.
That attention intensified further last week with the release of a new trove of records connected to Epstein. The documents include hundreds of references to Crown Princess Mette-Marit, who has previously acknowledged and regretted her contact with Epstein.

Crown Prince Hakon Magnus and Crown Princess Mette-Marit attend the Save the Children Peace Prize Party at the Nobel Peace Center on Dec. 10, 2024 in Oslo, Norway. (Per Ole Hagen/Getty Images)
The records, which include email correspondence, indicate that Mette-Marit stayed for several days in early 2013 at a Palm Beach, Florida, property owned by Epstein — a visit the royal household has said was arranged through a mutual friend, according to Norwegian broadcaster NRK.
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In comments to The Associated Press, Mette-Marit said she failed to adequately examine Epstein’s background at the time and expressed regret over the association, calling it an embarrassing lapse in judgment. She also said she sympathizes deeply with the victims of Epstein’s abuse.
The Associated Press contributed to this report.
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Monopolio, privilegios y falta de competencia: las razones detrás del fallo contra Panama Ports

Más allá del impacto político y económico que provocó la decisión, la sentencia de la Corte Suprema de Justicia que declaró inconstitucional el marco legal de la concesión otorgada a Panama Ports Company, S.A. (PPC) se sostiene sobre un razonamiento jurídico que va mucho más allá de aspectos formales o administrativos.
El fallo examina el diseño mismo del contrato, sus adendas y su régimen de prórroga, y concluye que, en su conjunto, crearon un esquema incompatible con varios principios constitucionales.
Uno de los primeros elementos analizados por el tribunal fue el alcance real de los derechos concedidos a la empresa. La Corte estudió si el contrato, aprobado mediante la Ley 5 de 1997, se limitaba a permitir la operación de dos terminales específicas o si, en la práctica, otorgaba a PPC una posición privilegiada sobre áreas portuarias presentes y futuras.
En este punto, el tribunal concluyó que ciertas cláusulas vinculadas a expansiones, áreas adyacentes y derechos preferentes configuraban un control extendido que iba más allá de una concesión ordinaria.
Este análisis llevó a la Corte a vincular el contrato con el principio constitucional de libre competencia. El fallo advierte que, al establecer ventajas estructurales a favor de un solo operador, el régimen aprobado por ley podía generar barreras de entrada para otros potenciales concesionarios.
Desde esta perspectiva, no se trataba únicamente de un contrato entre el Estado y una empresa, sino de un esquema legal que condicionaba el mercado portuario a largo plazo.

Otro eje central del razonamiento fue la forma en que se otorgó y prorrogó la concesión. El tribunal examinó si el Estado había garantizado procesos abiertos, transparentes y competitivos, acordes con el interés público.
En su evaluación, la Corte cuestionó que la prórroga se produjera sin un procedimiento equivalente a una nueva licitación, sin una comparación objetiva de ofertas y sin una revisión integral del desempeño del concesionario.
Para los magistrados, este mecanismo debilitaba el control estatal sobre un servicio estratégico. Al no existir una instancia real de evaluación y competencia, el Estado reducía su margen para renegociar condiciones, exigir mejoras o reconsiderar el modelo de explotación portuaria conforme a nuevas realidades económicas y logísticas.
El tema fiscal también ocupó un lugar relevante en el fallo. La Corte analizó el alcance de las exoneraciones y beneficios otorgados a PPC y a empresas vinculadas.
En este punto, el tribunal recordó que la potestad tributaria forma parte esencial de la soberanía estatal y que las excepciones deben estar debidamente justificadas, delimitadas y sustentadas en el interés general.
Según la sentencia, el régimen concedido presentaba un grado de amplitud que podía afectar la capacidad recaudatoria del Estado sin una justificación técnica suficientemente demostrada.
Este aspecto fue interpretado como una alteración indebida del equilibrio entre incentivos a la inversión y protección del erario.
Otro componente considerado fue el ambiental. La Corte revisó si el desarrollo y expansión de las actividades portuarias estaban respaldados por instrumentos adecuados de evaluación de impacto, monitoreo y mitigación.
El fallo señala deficiencias en este ámbito y subraya que la protección ambiental no puede ser tratada como un aspecto secundario en proyectos de infraestructura de gran escala.
En el análisis judicial, la ausencia de evaluaciones integrales y actualizadas se relaciona directamente con el deber constitucional del Estado de garantizar un ambiente sano y de prevenir daños irreversibles, especialmente en zonas costeras estratégicas.
Un elemento transversal en toda la sentencia es la noción de soberanía y dominio sobre bienes de uso público. La Corte examinó si el contrato y sus adendas preservaban la capacidad del Estado para administrar libremente sus puertos o si, por el contrario, generaban una dependencia estructural frente al concesionario.
El tribunal concluyó que ciertas disposiciones limitaban de forma excesiva la potestad estatal para decidir sobre su propia infraestructura.
Desde esta óptica, el fallo no cuestiona la figura de la concesión en sí misma, sino la forma en que fue diseñada. La Corte reconoce que el Estado puede delegar la operación de servicios, pero subraya que dicha delegación no puede traducirse en una renuncia práctica al control estratégico.
En cuanto a los argumentos de la defensa, PPC sostuvo que el contrato había sido aprobado por ley, refrendado por las autoridades competentes y sometido al control del órgano legislativo.
También alegó que el análisis pretendido implicaba revisar la conveniencia económica del negocio, lo cual, a su juicio, excedía las funciones del control constitucional.
La Corte respondió señalando que su competencia no se limitaba a verificar el cumplimiento formal de trámites, sino a evaluar si el contenido normativo era compatible con la Constitución.
En este sentido, el tribunal dejó claro que la existencia de refrendos, debates legislativos o controles administrativos no convalida un régimen que vulnera principios materiales.
El concepto del Procurador General de la Nación, Luis Manuel Gómez Rudy, influyó de manera relevante en el razonamiento final. En su vista fiscal, el Ministerio Público coincidió en que el contrato y su prórroga planteaban problemas en materia de competencia, privilegios, fiscalidad y control estatal.
Aunque la Corte no adoptó de manera automática todos sus argumentos, sí incorporó varios de sus planteamientos en el análisis.
Finalmente, el fallo concluye que la inconstitucionalidad no deriva de un solo vicio aislado, sino de la acumulación de factores: privilegios excesivos, ausencia de competencia efectiva, debilidad en los mecanismos de control, impacto fiscal, deficiencias ambientales y limitaciones a la soberanía. En conjunto, estos elementos configuraron un modelo incompatible con el orden constitucional.
Desde esta perspectiva, la decisión no se fundamenta en la falta de un refrendo específico ni en un error administrativo puntual, sino en una revisión estructural del régimen concesionario.
La sentencia establece así un precedente relevante para futuras concesiones en sectores estratégicos, al fijar límites claros sobre el alcance de los derechos que pueden otorgarse, la necesidad de competencia real y la obligación permanente de preservar el interés público.
El embajador de Estados Unidos, Kevin Marino Cabrera, no dudó en opinar sobre el fallo de la CSS. El diplomático presentó el fallo como una señal de que en Panamá opera un sistema judicial independiente que puede corregir decisiones contractuales cuando, a su juicio, chocan con exigencias de transparencia y con el interés público.
Su mensaje apunta a un efecto reputacional: la idea de que el país refuerza el Estado de derecho al exigir rendición de cuentas a operadores privados en infraestructura crítica.

En la misma línea, el embajador conectó la decisión con dos conceptos que suelen interesar a Washington y a los mercados: seguridad nacional y clima de inversión. Su argumento es que una justicia predecible y aplicada de forma imparcial mejora la confianza, porque transmite que los contratos válidos se respetan y los que no lo son se corrigen, lo que —según su lectura— elevaría el atractivo de Panamá para inversión de calidad y de largo plazo.
Por su parte, el contralor Anel Flores enmarcó el resultado como la culminación de una acción institucional de la Contraloría General de la República de Panamá para preservar los bienes y el patrimonio de los panameños.
Al acudir a notificarse oficialmente del fallo, buscó reforzar la idea de que la Contraloría actuó dentro de su mandato legal y que el proceso respetó el derecho de defensa de las partes, aun cuando el desenlace sea adverso para el concesionario.

El contralor además elevó el tono político del mensaje: calificó la decisión como un antes y un después para la relación portuaria del país y sostuvo que, tras el fallo, la responsabilidad sobre los puertos retorna al ámbito del interés colectivo.
El contralor Anel Flores acudió a la Secretaría General de la Corte para notificarse oficialmente del fallo. Como antecedente del caso, la Contraloría General de la República de Panamá había realizado una auditoría sobre la concesión, en la que planteó la existencia de una posible lesión patrimonial al Estado, y a partir de esa actuación institucional presentó demandas de inconstitucionalidad con el argumento de proteger los bienes y el patrimonio públicos.
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