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Qué es el PIP, el programa que funciona en EE.UU. para los familiares de estadounidenses indocumentados

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Ella creía que la clave para ser una buena reclutadora no era solo vender el ejército y sus beneficios, sino venderse a sí misma. La sargento de primera clase Rosa Cortez quería que los posibles reclutas se fijaran en las fotos de sus hijos sonrientes, su diploma universitario y los premios que había ganado a lo largo de sus casi 20 años en la Guardia Nacional de Oregón.

Su objetivo era “irradiar positividad”, dijo. “La gente lo verá y querrá alinearse contigo”.

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Sin embargo, últimamente, ella, junto con otros cientos de reclutadores de todo el país, venía ofreciendo otra cosa: protección frente al mismo gobierno al que servía.

El segundo mandato del presidente Donald Trump ha estado marcado por una amplia ofensiva contra los migrantes indocumentados que ha desatado oleadas de miedo en lugares con grandes poblaciones hispanas. En muchas de estas zonas, un programa gubernamental poco conocido llamado Parole in Place se ha convertido en un refugio de última instancia y en una poderosa herramienta de reclutamiento.

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Solo los ciudadanos estadounidenses y los residentes permanentes pueden alistarse en el ejército. El programa Parole in Place, lanzado en 2013, ofrece a los padres y cónyuges indocumentados de los miembros del servicio protección frente a la deportación, y una vía acelerada hacia la residencia permanente.

A principios de diciembre, la sargento Cortez estaba trabajando con seis posibles reclutas que querían utilizar el programa. Uno de ellos era Juan, un joven de 23 años con el cabello negro y desordenado y un arete de oro. (Juan pidió que se omitiera su apellido para proteger a sus familiares indocumentados).

La sargento Rosa Cortez, una reclutadora de la Guardia Nacional en Orengo, junto a sus hijas en un partido escolar. (Amanda Lucier/The New York Times)

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Juan había visto un video que Cortez publicó en las redes sociales y se puso en contacto con ella para alistarse. “Me gustaría que me diera más información antes de tomar una decisión”, escribió en un mensaje de texto a finales de septiembre.

Cortez le respondió con un mensaje preguntándole cuáles eran sus “metas en la vida”.

“Bueno, para empezar, espero conseguir que mi madre califique para el PIP para que no tenga que salir del país”, respondió, utilizando las siglas de Parole in Place.

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Dos meses después, agentes migratorios encapuchados detuvieron a un residente de larga data de la zona en un Home Depot situado a pocos kilómetros del pequeño negocio que la familia de Juan operaba en The Dalles, Oregón, una ciudad de unos 16.000 habitantes a orillas del río Columbia.

Ahora Juan estaba sentado frente a Cortez en su pequeña oficina. Le entregó su tarjeta del Seguro Social y se movió nervioso en la silla. Todo iba demasiado rápido.

Los soldados de la Guardia Nacional se entrenan un fin de semana al mes y dos semanas cada verano. En tiempos de guerra, agitación interna o desastre natural, los estados o el gobierno federal pueden movilizarlos para prestar servicio a tiempo completo.

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Trump también ha intentado desplegar soldados de la Guardia Nacional en tareas de patrullaje en ciudades de todo el país, como Portland, Oregón, donde los tribunales dictaminaron recientemente que no podía enviar soldados tras las objeciones de las autoridades locales. El jueves, agentes de la Patrulla Fronteriza dispararon a dos personas en Portland durante una detención de tráfico, lo que avivó la indignación y las protestas.

Rosa Cortez reparte volantes en el partido de fútbol de su hijo en Oregón. (Amanda Lucier/The New York Times)

Rosa Cortez reparte volantes en el partido de fútbol de su hijo en Oregón. (Amanda Lucier/The New York Times)

Cuando se reunía con los reclutas, a Cortez le gustaba hablar del orgullo que sentía al ayudar durante inundaciones o incendios, y de la camaradería que conllevaba el servicio militar. Pero como hija de inmigrantes indocumentados, también reconocía el miedo que atenazaba a su comunidad.

Su zona de reclutamiento abarca una franja de 160 kilómetros del centro de Oregón que durante mucho tiempo ha atraído a trabajadores agrícolas migrantes de México, algunos de los cuales se quedaron y echaron raíces.

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Cortez había crecido entre los huertos de cerezas y peras de la región. Tenía amigos cercanos que temían salir de sus casas.

“Es una locura lo que está pasando”, dijo Juan mientras Cortez le tomaba las huellas dactilares y terminaba su papeleo.

Cortez le compartió un enlace a un examen práctico que mediría sus conocimientos de matemáticas e inglés. Prometió hacerlo esa misma tarde. Si lo aprobaba, Juan podría presentarse al examen oficial en solo unas semanas.

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Pero primero tenía que terminar su turno de tarde en el negocio de su familia, donde su madre trabajaba en la caja registradora.

El sacrificio de un soldado

Los orígenes del Parole in Place se remontan a mayo de 2007, uno de los meses más mortíferos de la guerra de Irak. El pelotón del sargento Alex R. Jiménez patrullaba un pueblo al sur de Bagdad cuando los insurgentes lo atacaron y lo tomaron cautivo. Sus restos fueron recuperados más de un año después.

Mientras miles de soldados estadounidenses buscaban al militar de 25 años, su esposa, que había entrado ilegalmente a Estados Unidos desde la República Dominicana, estaba siendo deportada. En medio de la indignación pública, el gobierno Bush le concedió la residencia permanente.

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Familiares lloran durante el funeral del sargento Alex R. Jiménez, que murió mientras servía en Irak en 2007 y dio lugar al programa de Libertad Condicional en el Lugar de Trabajo, en Nueva York, el 31 de julio de 2008. (Andrew Henderson/The New York Times)

Familiares lloran durante el funeral del sargento Alex R. Jiménez, que murió mientras servía en Irak en 2007 y dio lugar al programa de Libertad Condicional en el Lugar de Trabajo, en Nueva York, el 31 de julio de 2008. (Andrew Henderson/The New York Times)

“Los sacrificios de nuestros soldados y sus familias merecen nuestro mayor respeto”, dijo Michael Chertoff, secretario de Seguridad Nacional en aquel momento.

El programa se formalizó unos años después. El objetivo era dar tranquilidad a los soldados antes de ir a la guerra. Si un militar se da de baja o es expulsado deshonrosamente, su familiar pierde el estatus de protección. En 2023, unos 11.500 familiares de reclutas militares utilizaron el beneficio, un aumento del 35 por ciento respecto al año anterior, según los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos.

La agencia no respondió a solicitudes de datos más recientes. Pero varios estados informaron de un reciente aumento de los alistados que recurrieron al programa. En Nevada, 79 alistados, o cerca del 20 por ciento de los nuevos reclutas de la Guardia Nacional del estado en 2025, usaron el programa.

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Para la sargento Cortez, el programa se había convertido en algo más grande que las cifras. Su madre había cruzado ilegalmente la frontera mexicana con su familia en 1976, a los 7 años. “Cerezas, manzanas, peras, ciruelas, cebollas. Lo que se te ocurra, seguro que lo cosechamos”, dijo Cortez.

Su casa era una carpa o, si tenían suerte, un granero. Con el tiempo, se instalaron en un campamento de jornaleros agrícolas a las afueras de Walla Walla, Washington.

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El punto de inflexión para su familia llegó cuando uno de sus tíos, que había obtenido la residencia legal en la década de 1980, se alistó en la Guardia Nacional de Oregón. Toda la familia (siete personas apretadas en un auto para cinco) condujo más de 30 horas hasta Fort Knox, Kentucky, para la graduación de su entrenamiento básico.

Soldados de la Guardia Nacional durante un entrenamiento en el Centro de Preparación de Fort Dalles del Departamento Militar de Oregón. (Amanda Lucier/The New York Times)

Soldados de la Guardia Nacional durante un entrenamiento en el Centro de Preparación de Fort Dalles del Departamento Militar de Oregón. (Amanda Lucier/The New York Times)

El campamento de jornaleros, recordó Cortez, podía ser caótico. Había drogas, delincuencia y familias que luchaban por sobrevivir.

La ceremonia de graduación del entrenamiento básico era otro mundo. Los soldados, vestidos con sus uniformes de gala, con los botones de bronce relucientes, marchaban en filas perfectas hacia el patio de armas.

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Un segundo tío siguió al primero en el ejército. Pronto, ambos encontraron trabajo fijo como técnicos a tiempo completo en la flota de helicópteros de carga de la Guardia Nacional de Oregón. Cortez y su extensa familia se trasladaron de los campos de trabajo agrícola a un barrio de Milton-Freewater, Oregón.

En 2004, cuando Cortez tenía 16 años, sus tíos fueron desplegados a Afganistán. Dos años más tarde, se alistó y partió al entrenamiento básico.

Hoy es una madre de tres hijos de 37 años y reclutadora a tiempo completo de la Guardia Nacional, ofreciendo los beneficios del servicio en un país en guerra consigo mismo por la migración, y por quien merece ser estadounidense.

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Como soldado y reclutadora, tenía que mantenerse al margen de las disputas políticas divisivas. Como hija de migrantes mexicanos en un lugar que se sentía sitiado por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, el tema era imposible de evitar.

“Para mí, las emociones están en todas partes”, dijo.

“Tenemos miedo”

El alcalde y cinco miembros del Consejo Municipal de The Dalles miraban fijamente a la multitud que se había reunido en una noche lluviosa de principios de diciembre.

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Los funcionarios electos eran hombres blancos. La multitud era casi totalmente hispana. Llenaban la sala de reuniones del segundo piso y se desbordaban hacia el pasillo y una sala contigua, donde la sargento Cortez observaba.

Habían transcurrido nueve días desde que agentes enmascarados del ICE se habían llevado de Home Depot a Salvador Muratalla, padre de cinco hijos que llegó al país en 2002. Había estado comprando circuitos eléctricos para un trabajo de construcción.

Cortez había visto el video en Internet en el que tres agentes arrastraban a Muratalla fuera de la tienda, sujetándolo por los brazos, mientras él gritaba su nombre y su número de teléfono.

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Ahora su hija, Yami Muratalla, temblaba al dirigirse al Consejo.

“¿Por qué dejaron que tres agentes encapuchados se llevaran a mi padre?”, gritó. “¡Fueron a donde estaba y se lo llevaron lejos de sus cinco hijos, el menor de 10 años, está afectado mentalmente y tiene miedo de ir a la escuela!”. Se quedó sin aire.

“Le pediría que vaya terminando”, dijo el alcalde.

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“Es todo lo que tengo que decir”, respondió Muratalla, mientras se cubría el rostro con las manos.

Los funcionarios electos no sabían qué hacer. Uno propuso que redactaran una declaración. Un segundo dijo que necesitaba tiempo para reflexionar.

“No tengo muchos amigos hispanos”, confesó un tercero.

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“Somos tus nuevos amigos”, gritó alguien desde la multitud.

La reunión terminó con la decisión de los concejales de que necesitaban más tiempo para estudiar la situación.

La sargento Cortez se acercó a Muratalla en el pasillo, afuera de la sala de reuniones. Meses antes, Muratalla y su madre habían asistido a una sesión informativa sobre Parole in Place que Cortez había organizado en el cuartel de la Guardia Nacional, donde trabaja. Las dos mujeres se abrazaron.

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“Lo siento mucho”, le dijo Cortez.

Cortez recordó la rabia, el miedo y la vergüenza que sintió de niña al ver cómo la policía detenía a su abuelo en un festival comunitario donde vendía antojitos mexicanos para ganar un dinero extra.

A menudo robaba la identidad de estadounidenses para poder ser contratado y trabajar. Con el tiempo, la policía lo descubría y lo enviaba a la cárcel. A veces, lo deportaban a México, donde dormía en la calle hasta que la familia reunía suficiente dinero para contratar a un contrabandista que lo ayudara a cruzar de vuelta la frontera.

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Al igual que el abuelo de Cortez, Salvador Muratalla había sido condenado por robo, según un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional.

El teléfono de Cortez vibró esa misma noche con un mensaje de Muratalla. Su padre iba a ser trasladado de Tacoma, Washington, a un centro de detención en algún lugar de Texas.

“No puedo dejar de llorar”, escribió Muratalla.

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“Te entiendo perfectamente”, respondió Cortez.

Un sueño americano

Una de las soldados a las que Cortez había ayudado era Lindsey Vazquez, de 20 años. Vazquez medía apenas 1,42 metros y necesitó subir 2,5 kilogramos de peso para cumplir con el mínimo requerido por el ejército.

Se había alistado para ayudar a sus padres, que habían cruzado la frontera tres décadas antes siendo adolescentes, y porque quería demostrar que podía mantenerse a sí misma y ser soldado.

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Tras los operativos del ICE en Dallas, Lindsey Vazquez, miembro de la Guarda Nacional de Oregon, ofrece a los ciudadanos estadounidenses una forma de salvar a los padres migrantes. (Amanda Lucier/The New York Times)

Tras los operativos del ICE en Dallas, Lindsey Vazquez, miembro de la Guarda Nacional de Oregon, ofrece a los ciudadanos estadounidenses una forma de salvar a los padres migrantes. (Amanda Lucier/The New York Times)

Vazquez era especialista en logística de la Guardia y trabajaba a tiempo completo como empleada en una tienda de descuentos en The Dalles, con la esperanza de usar algún día sus beneficios militares para ir a la universidad. Ella, sus padres y sus dos hermanas vivían en un remolque para acampar estacionado junto a la casa casi terminada que su padre había pasado los últimos seis años construyendo.

Durante el día, su padre, Omar, dirigía una pequeña empresa de construcción él solo, desde su camioneta blanca. Por las noches y los fines de semana, construía la casa. “Lo que tengo es lo que gasto en ella”, dijo el señor Vazquez sobre la vivienda de tres habitaciones y dos baños.

Vazquez, su madre y sus hermanas ayudaban a colgar paneles de yeso y a cortar baldosas.

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Los padres de Vázquez ya habían recibido permisos de trabajo y números de Seguro Social a través del programa Parole in Place. En cuanto tuvieron sus tarjetas de residencia permanente, su padre quiso ir a México a ver a su madre, de 87 años. Su esposa tenía hermanos a los que no veía desde hacía décadas.

Pero sus vidas, sus hijos y su futuro estaban en Oregón.

Lindsey Vazquez con sus padres, Edelmira y Omar. en su casa de Dallas. (Amanda Lucier/The New York Times)

Lindsey Vazquez con sus padres, Edelmira y Omar. en su casa de Dallas. (Amanda Lucier/The New York Times)

“Hasta el arroyo es nuestro”, dijo el señor Vazquez. Había árboles frutales, luces decorativas y un pequeño granero donde criaba un caballo pinto y algunas gallinas. Unos días antes, el señor Vazquez había instalado el piso de la cocina y la sala, comprado en el mismo Home Depot donde arrestaron a Muratalla. Los dos hombres se conocían por trabajos de construcción.

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Quería construir un patio de piedra con una parrilla desde donde pudiera contemplar las altas montañas del desierto. “Voy paso a paso, paso a paso”, dijo.

Éste era su sueño americano.

Juan obtuvo un puntaje en el percentil 44 en su examen de práctica para ingresar, trece puntos por encima del mínimo que necesitaría en la prueba real. Pero a medida que la posibilidad de unirse al ejército se volvía más tangible, también crecían sus reservas.

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Le preocupaba dejar a su novia, quien se había trasladado a The Dalles cuatro meses antes desde Portland para estar con él. Le ponía nervioso el entrenamiento básico.

Cuando la sargento Cortez sugirió fijar una fecha concreta para la prueba, él vaciló. “Me preguntaba si habría alguna posibilidad de que usted suspendiera mi solicitud”, escribió en un mensaje de texto. “Lo siento mucho”.

“Por supuesto”, respondió Cortez. “Te dejo en espera”.

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Lindsey Vázquez con su hermana Jennika, de 10 años, y su madre, Edelmira, en su casa.  (Amanda Lucier/The New York Times)

Lindsey Vázquez con su hermana Jennika, de 10 años, y su madre, Edelmira, en su casa. (Amanda Lucier/The New York Times)

Cortez fue a hablar con la madre de Juan, quien había pasado 22 años construyendo una vida en Oregón y nueve años levantando un pequeño negocio con el padrastro de Juan. No quería que su hijo se alistara solo para que ella pudiera obtener estatus legal.

“Hacemos sacrificios porque no queremos que nuestros hijos tengan que sacrificarse”, le dijo a la sargento Cortez en español.

Cortez respondió que Juan actuaba por “amor”. Ayudar a su madre, dijo, podía darle “una sensación de paz”.

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Tres días después de la reunión del Concejo Municipal de The Dalles, Cortez le pidió a Juan que pasara por su oficina. Casi todos los reclutas sienten miedo. Ella sabía que la mejor manera de superar esas dudas era mantener el proceso en movimiento.

Hablaron del entrenamiento básico. Juan había estado viendo videos en internet de nuevos reclutas haciendo el equipaje antes de partir, y pensaba en una de sus últimas visitas al aeropuerto. Recordó haber visto a gente con cortes de pelo de estilo militar corriendo frenéticamente por el vestíbulo con sus bolsas de lona verdes, y se preguntó si ése sería él.

“¿Es complicado subir a los reclutas a los aviones?”, preguntó.

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“Les doy todo un resumen antes de salir”, le tranquilizó ella.

Y hablaron de la precaria situación de su madre. Las recientes detenciones y la incertidumbre le estaban pasando factura mentalmente, explicó Juan.

“Me destroza”, dijo.

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Juan programó una fecha para viajar con Cortez a Portland para tomar el examen de ingreso militar. Todavía no estaba completamente comprometido con alistarse. Pero estaba más cerca.

“Se me ha vuelto más real”, dijo

Salió con paso firme de la oficina de Cortez, pasando junto a placas, estandartes y fotos en blanco y negro que conmemoraban el servicio de los soldados de la Guardia del Ejército de Oregón durante los últimos 150 años en lugares como Filipinas, Europa y Afganistán.

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“Es un buen chico, lleno de energía”, dijo la sargento Cortez. “Creo que será un gran líder”.

Algunas personas se unen al ejército por los beneficios. Otras por la aventura, el patriotismo o para escapar de una mala situación en casa. Juan estaba motivado principalmente por el deseo de mantener unida a su familia.

Para Cortez, sus razones tenían perfecto sentido.

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Juan aprobó el examen de ingreso el 22 de diciembre. Planeaba hacerse el examen físico, el siguiente paso del proceso, en el nuevo año.

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Leopardo de Amur: la batalla por conservar al felino más extraño de Asia

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Ejemplar adulto en la nieve: El raro felino asiático se adapta al invierno con un pelaje grueso y pálido. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El leopardo de Amur, considerado el felino más raro del planeta, sobrevive en una franja reducida de bosques entre Europa y Asia, atrapado entre la belleza de su entorno y la amenaza inminente de desaparecer. Con menos de un centenar de ejemplares en estado salvaje, cada nuevo nacimiento representa una esperanza para la biodiversidad global y para la conservación de una especie única, que ha evolucionado para soportar condiciones extremas y paisajes hostiles.

Según el World Wildlife Fund (WWF), el leopardo de Amur -Panthera pardus orientalis- es una subespecie de tamaño mediano, especialmente adaptada a resistir los inviernos bajo cero de la cuenca del río Amur.

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Su pelaje cambia con las estaciones: durante el verano, luce un color naranja intenso y brillante, mientras que en invierno alcanza hasta siete centímetros de longitud y se vuelve más pálido, permitiéndole camuflarse entre la nieve. Estas adaptaciones le otorgan una ventaja frente a las duras condiciones climáticas y lo distinguen de otros leopardos del mundo.

El leopardo de Amur destaca por su fuerza y agilidad. Los machos pesan entre 32 y 48 kilogramos, y las hembras son ligeramente más pequeñas. Sus patas, más largas que las de otras subespecies, le facilitan desplazarse sobre espesos mantos de nieve en los bosques templados de Primorie y Jilin. Las rosetas de su pelaje, grandes y separadas, refuerzan su aspecto inconfundible.

A diferencia de sus parientes africanos, este felino lleva una vida solitaria y nocturna, utilizando su aguda visión para cazar corzos, ciervos y pequeños mamíferos.

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Además, puede saltar hasta seis metros de largo y tres de alto, y escalar árboles con destreza para observar presas o resguardarse. Por su parte, su cola, de entre 80 y 90 centímetros, le brinda equilibrio y, en las noches más frías, funciona como una bufanda natural que protege su nariz y conserva el calor corporal durante el descanso.

El animal figura en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en la categoría de peligro crítico. Durante décadas, la caza furtiva, la deforestación y la escasez de presas lo llevaron al borde de la extinción.

Hace pocos años, los registros indicaban apenas unos 30 ejemplares en libertad, lo que encendió las alarmas entre expertos y organismos internacionales. La especie enfrenta riesgos severos y su supervivencia depende de la continuidad de las políticas de protección y del compromiso global con la preservación de su hábitat.

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Cría de leopardo del Amur
Cría de leopardo del Amur en su hábitat: Cada nacimiento representa una esperanza para la especie (Imagen Ilustrativa Infobae)

La esperanza de vida del leopardo de Amur en estado silvestre oscila entre 10 y 15 años, siempre que logre evadir las amenazas humanas y naturales que acechan su entorno. Cada ejemplar que nace se convierte en símbolo de resistencia y en recordatorio de la importancia de la cooperación internacional para proteger a las especies más vulnerables del planeta.

El felino representa mucho más que una rareza biológica: es un emblema de la lucha por la conservación y un llamado de atención sobre la fragilidad de los ecosistemas. Su presencia en los bosques templados de Asia oriental ilustra la capacidad de la naturaleza para recuperarse si se le brinda la oportunidad.

Estudios científicos recientes confirmaron que los esfuerzos de conservación están dando resultados positivos para la supervivencia de esta subespecie. Investigadores de la Wildlife Conservation Society, registraron en 2024 la mayor densidad poblacional de este felino en la última década, con un aumento del 183% respecto a 2015 gracias a estrategias como el refuerzo de patrullas contra la caza furtiva y la restauración del hábitat.

Para las nuevas generaciones, este felino encarna la necesidad de respetar y defender cada forma de vida. Su historia subraya que la biodiversidad depende de esfuerzos conjuntos y sostenidos, y que el destino de una especie tan singular está inevitablemente ligado al compromiso de la humanidad con la protección del planeta.

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1 dead, dozens injured in ‘terrorist attack’ in Ukraine, Zelenskyy says

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

Ukrainian authorities detained a suspect accused of carrying out a deadly «terrorist attack» in central Lviv that killed one police officer and injured 25 others, President Volodymyr Zelenskyy said Sunday.

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Zelenskyy said in a post on X that Interior Minister Ihor Klymenko had reported the detention following the early-morning attack.

«My condolences to the family and loved ones… All necessary resources have been provided to the investigation. The required procedural actions involving the detainee are ongoing. The Ministry of Internal Affairs will provide further updates as needed,» he wrote.

Ukraine’s National Police said in a post on Telegram that authorities initially received a message around 12:30 a.m. about a break-in at a store on Danylyshyn Street.

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UKRAINE ARRESTS BRITISH SUSPECT WHO ALLEGEDLY AIDED RUSSIA’S FSB IN ASSASSINATION PLAN

Police officers stand at the site of explosions in downtown Lviv, Ukraine, on Feb. 22, 2026. (Anastasiia Smolienko/Reuters)

After the first patrol police crew arrived at the scene, an explosion occurred. A second blast followed after another patrol unit responded.

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Officials said preliminary findings indicate improvised explosive devices hidden inside garbage bins detonated in the city center. 

Police launched a large-scale operation after the blasts, deploying explosives technicians, canine units and other specialized teams.

RUSSIA FIRES NEW BALLISTIC MISSILE AT UKRAINE, KILLING AT LEAST FOUR

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Emergency responders gather outside damaged storefronts in Lviv after deadly nighttime explosions.

Emergency services work at the scene after explosions killed a 23-year-old policewoman and injured 24 people in Lviv, Ukraine, on Feb. 22, 2026. (Olena Znak/Anadolu via Getty Images)

The National Police said 23-year-old policewoman Victoria Shpylka was killed in the explosion, while 25 people suffered injuries of varying severity. Eleven victims were hospitalized, including six law enforcement officers who are in serious condition.

A 33-year-old woman from the Rivne region was detained several hours later in the border area of Stary Sambir in connection with the attack.

AS WAR LOSSES NEAR 2 MILLION, RUSSIA ACCUSED OF TRAFFICKING FOREIGN RECRUITS FROM AFRICA, ASIA

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Ukrainian police officers cordon off a street near damaged storefronts after a deadly nighttime blast in Lviv.

Ukrainian law enforcement officers secure the area after an explosion rocked a shop in Lviv, Ukraine, on Feb. 22, 2026. (Yuriy Dyachyshyn/AFP via Getty Images)

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Investigators allege she acted at the direction of a «curator» linked to Russian special services and manufactured and planted the explosive devices.

«There is every reason to believe that the crime was committed on the order of Russia. It is not the first time that the enemy purposefully creates death traps for Ukrainian law enforcement officers. And at the same time uses our recruited citizens,» said Klymenko.

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Segregación escolar en Panamá: el Museo del Canal reconstruye la memoria afrocaribeña excluida del relato oficial

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El proyecto digital del Museo del Canal documenta escuelas afrocaribeñas creadas en casas, iglesias y espacios comunales como respuesta a la exclusión educativa entre 1930 y 1950. Cortesía

Panamá vuelve a mirar su pasado educativo a través de la historia afrocaribeña. El Museo del Canal presentó el proyecto digital Escuelas Afrocaribeñas, una investigación desarrollada en ArcGIS StoryMaps que documenta y mapea las experiencias escolares de estudiantes afrocaribeños angloparlantes en el país entre 1930 y 1950.

La iniciativa busca rescatar memorias invisibilizadas y reconstruir un capítulo clave de la historia social panameña, marcado por procesos de migración, identidad cultural y desigualdad educativa.

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El proyecto fue liderado por Nyasha Warren, gerente de Investigación y Documentación del museo, junto a Kaysha Corinealdi, profesora asociada de Rutgers University–New Brunswick.

La investigación contó con la colaboración del Centro de Investigación Educativa AIP (CIEDU) y el respaldo de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), integrando enfoques históricos, testimoniales y tecnológicos para reconstruir el acceso a la educación de la comunidad afrocaribeña.

El StoryMap reúne historias orales de personas afrocaribeñas que cursaron estudios en escuelas oficiales y privadas en la ciudad de Panamá y en la antigua Zona del Canal.

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La Parroquia y Escuela Episcopal
La Parroquia y Escuela Episcopal San Cristóbal en Parque Lefevre funcionó como uno de los principales espacios educativos comunitarios donde niños afrocaribeños recibían formación académica antes del desarrollo de planteles formales en la zona. Cortesía

Además, incorpora revisión de archivos públicos y privados en Panamá y Estados Unidos, junto con material fotográfico histórico, lo que permite reconstruir la vida cotidiana en aulas marcadas por dinámicas de segregación racial y barreras lingüísticas.

La investigación expone cómo el racismo, el clasismo y la xenofobia limitaron el acceso a la educación durante las décadas de 1930, 1940 y 1950. }

El proyecto incorpora una cronología que contextualiza los desafíos educativos de la comunidad afrocaribeña. Entre los hitos más relevantes figuran los debates constitucionales de 1940 que afectaron su estatus ciudadano, la Constitución panameña de 1941 que catalogó a afrocaribeños como descendientes de “inmigración prohibida”, y la Constitución de 1946 que introdujo mecanismos para optar por la nacionalidad panameña y estableció el principio de educación sin discriminación racial.

En el plano internacional, el fallo Brown vs. Board of Education de 1954 declaró inconstitucional la segregación escolar en Estados Unidos, aunque en la Zona del Canal el sistema segregado persistió bajo otras denominaciones, prolongando las barreras educativas.

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La Escuela Clara Ophelia Wattley,
La Escuela Clara Ophelia Wattley, vinculada al Ejército de Salvación en Río Abajo, evolucionó de guardería comunitaria a centro educativo reconocido dentro de la comunidad afrocaribeña. Cortesía

El estudio documenta que, pese a las restricciones, la comunidad afrocaribeña desarrolló estrategias para garantizar la alfabetización y el acceso a la educación. Escuelas ubicadas en casas, iglesias y espacios comunales surgieron como alternativas a la exclusión institucional, consolidando entornos educativos donde el idioma inglés y la identidad cultural afrocaribeña desempeñaron un rol central en la formación académica y social de los estudiantes.

Entre las escuelas destacadas en el proyecto se encuentran instituciones comunitarias que operaron en barrios como Río Abajo, Colón y áreas cercanas a la Zona del Canal, donde la presencia afrocaribeña fue significativa.

Estos centros educativos no solo ofrecían enseñanza formal, sino que también funcionaban como espacios de cohesión cultural y resistencia frente a la discriminación estructural que caracterizaba el sistema educativo de la época.

Nyasha Warren señaló que la investigación rescata memorias que permanecieron fuera de los relatos oficiales y permite comprender tanto el impacto de las políticas públicas como la resiliencia comunitaria. Por su parte, Kaysha Corinealdi destacó que el proyecto reafirma la importancia de preservar narrativas que complejizan la historia nacional, mostrando cómo la comunidad afrocaribeña transformó la exclusión en oportunidades de organización y aprendizaje.

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El proyecto “Escuelas Afrocaribeñas” fue
El proyecto “Escuelas Afrocaribeñas” fue desarrollado por el Museo del Canal en colaboración con el Centro de Investigación Educativa (CIEDU) y con el respaldo de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), integrando historias orales, archivos históricos y herramientas digitales para reconstruir la memoria educativa afrocaribeña en Panamá. Cortesía

El proyecto identifica una red diversa de espacios educativos creados por la comunidad afrocaribeña angloparlante como respuesta a la exclusión del sistema formal. Entre ellos destaca la Parroquia Episcopal San Cristóbal en Parque Lefevre, fundada en 1939 y convertida en un centro educativo donde la maestra Elma Murrell de Payne impartía clases de preescolar en el salón parroquial durante la década de 1950.

Posteriormente, la educadora trasladó su iniciativa al Jardín San Cristóbal, hoy Escuela San Cristóbal, considerada la institución privada más antigua del corregimiento con más de siete décadas de funcionamiento continuo. Este caso evidencia cómo iglesias y liderazgos comunitarios se transformaron en pilares educativos para la población afrocaribeña.

El estudio también documenta el papel del Ejército de Salvación en Río Abajo, donde en 1959 se fundó una iniciativa educativa que evolucionó desde programas comunitarios y guardería hasta una escuela primaria formal. Inicialmente llamada Escuela Samuel L. Brengle, la institución fue renombrada en 1994 como Escuela Clara Ophelia Wattley en honor a una educadora destacada dentro de la comunidad.

Estas experiencias reflejan cómo las iglesias no solo brindaban apoyo espiritual, sino que funcionaban como semilleros de docentes y espacios de formación integral en contextos de limitaciones estructurales.

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El estudio busca documentar y
El estudio busca documentar y visibilizar las experiencias educativas de la comunidad afrocaribeña angloparlante en Panamá entre 1930 y 1950, resaltando cómo la discriminación racial y social impulsó la creación de alternativas educativas comunitarias basadas en resiliencia e innovación. Cortesía

La investigación también destaca la labor del profesor John G. C. Phillips, quien fundó múltiples escuelas afrocaribeñas en sectores como Calidonia, San Miguel y Pueblo Nuevo. Entre ellas sobresale la Escuela McCarthy, ubicada en Pueblo Nuevo, que funcionaba como centro educativo durante la semana y sede religiosa los fines de semana, evidenciando la dualidad de usos comunitarios.

Asimismo, la Escuela Panazone, situada en Calidonia, ofrecía educación primaria y secundaria, así como formación para adultos en horario nocturno, incluyendo taquigrafía y actividades culturales. Estas instituciones ampliaron oportunidades educativas en momentos en que el acceso formal era limitado.

El storymap documenta además iniciativas educativas dentro de hogares y comunidades del antiguo enclave canalero. Ejemplo de ello es la Escuela Mrs. Vassell en Red Tank, donde la enseñanza preescolar se impartía en viviendas particulares para preparar a los niños antes del ingreso a la escuela formal.

Tras el despoblamiento de Red Tank en la década de 1950, muchas familias fueron trasladadas a Paraíso y La Boca, trasladando también sus experiencias educativas comunitarias. Igualmente, la escuela de comercio de Mr. y Mrs. Walker en Paraíso brindaba formación en mecanografía y taquigrafía dentro del enclave canalero, mostrando la presencia de educación afrocaribeña tanto dentro como fuera de la Zona del Canal.

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La comunidad afrocaribeña desempeñó un
La comunidad afrocaribeña desempeñó un papel determinante en la construcción del Canal de Panamá, aportando mano de obra, identidad cultural y redes sociales que también impulsaron iniciativas educativas propias frente a la segregación. Cortesía ACP

El estudio resalta que la escolarización afrocaribeña también se desarrolló en el ámbito doméstico. La historia de Agatha Williams Springer describe cómo aprendió a leer en la casa de su abuelo en Vista Alegre, Arraiján, utilizando el Royal Reader, texto británico de alfabetización. Este ejemplo evidencia que la educación comunitaria trascendía las instituciones físicas y se apoyaba en redes familiares y culturales que fortalecían la alfabetización y la identidad colectiva.

El uso de ArcGIS StoryMaps permitió integrar cartografía histórica, testimonios y archivos en una plataforma interactiva que facilita la exploración del pasado educativo afrocaribeño. La herramienta digital ofrece un recorrido georreferenciado por escuelas, comunidades y experiencias individuales, contribuyendo a democratizar el acceso al conocimiento histórico y a fomentar el diálogo sobre memoria, identidad y educación.

El proyecto también permite contextualizar la relación entre educación y ciudadanía en Panamá, evidenciando cómo las políticas migratorias y raciales influyeron en el desarrollo del sistema educativo. A través de relatos personales, el StoryMap muestra los desafíos enfrentados por estudiantes afrocaribeños para acceder a oportunidades académicas, así como los mecanismos de solidaridad comunitaria que posibilitaron la continuidad de su formación.

Con la presentación de Escuelas Afrocaribeñas, el Museo del Canal reafirma su compromiso con la investigación histórica inclusiva y el uso de herramientas digitales para ampliar la comprensión del pasado panameño. La iniciativa se posiciona como un aporte a la memoria colectiva, destacando el papel de la comunidad afrocaribeña en la construcción del sistema educativo nacional y en la defensa del derecho a la educación en contextos de discriminación estructural.

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corresponsal:Desde Panamá

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