INTERNACIONAL
Un probador, un magnate y una violación: la historia de la periodista que le ganó un juicio a Trump por US$100 millones

Una tarde de principios de 1996. La tienda de lujo Bergdorf Goodman en pleno Manhattan. En unos de sus amplios pasillos se cruzan una cronista reconocida y un magnate, un millonario extrovertido y muy famoso. Conversan, se ríen y él le pide ayuda para elegir un regalo para una mujer. Ella propone una cartera de marca o un sombrero. Él dice que busca otra cosa. Caminan hacia la sección de lencería. Bromean. En un momento ingresan a un probador. Ya no hay risas. El hombre la fuerza, quiere tener contacto sexual, ella se rehúsa. A él no le importa. La empuja contra una pared, le baja las medias, saca su miembro, la penetra con los dedos. Son tres minutos, no más. Ella queda conmocionada y muda dentro del probador. Él sale caminando, sonriente y acomodándose la ropa.
E. Jean Carroll, una reconocida periodista, denunció en 2019 a Donald Trump, entonces presidente de los Estados Unidos, por estos hechos. Explicó que había tardado tanto tiempo en denunciar porque, por un lado, sentía miedo de señalar a alguien tan poderoso, y por el otro, le costaba demasiado hablar del tema en público y exponerse. Parecía una pelea muy desigual: una mujer contra el presidente de Estados Unidos.
Donald Trump en el banquillo de los acusados por violación, en el segundo juicio civil que le inició la periodista Jean Carroll, en enero de 2024. (Foto: REUTERS/Jane Rosenberg)
El primer juicio fue por difamación: ella había contado el episodio en un libro de memorias y él había salido a desmentirla y a decir barbaridades sobre ella. Se burló y la agravió. El segundo, en 2022, fue por violación y nuevamente por difamación, por todos los dichos de Trump después de haber sido condenado en el primer proceso y obligado a pagar 5 millones de dólares. En este segundo juicio le fue mucho peor. Lo encontraron culpable de la violación y el monto a pagar que se le impuso fue de 83.3 millones de dólares (que actualizados a la fecha se convierten en más de US$100 millones).
Leé también: Donald Trump fue declarado culpable de abuso sexual y difamación, pero no irá a la cárcel
En un principio el tribunal había condenado a Trump, además de por difamación, por abuso sexual. Pero en la apelación eso se modificó: la condena fue por violación. El triunfo de Jean Carroll fue mayor al esperado, superó sus propias ambiciones. Logró que se modificara la Ley de Violación del estado de Nueva York y que a partir de su caso se considerada violación no solo el acceso carnal sino también el contacto sexual vaginal, oral o anal no consentido. Jean Carroll que denunció a Trump por violación tres décadas atrás, declara en la corte de Manhattan, en septiembre de 2024. (Foto: REUTERS/Jane Rosenberg)
“Fueron dos grandes éxitos que superan este caso. Logramos cambiar la definición de violación en Nueva York y probamos judicialmente que Trump es un mentiroso. No está nada mal”, declaró Carroll.
La lógica de la indemnización -dejando de lado las definiciones jurídicas de los distintos tipos de daños y de lo punitivo- fue que el monto debía ser alto, muy alto, para que el condenado se viera afectado, para que depusiera su actitud de seguir defenestrando y ofendiendo a la víctima en público. “Lo que el jurado dijo es que se trata de un hombre rico y poderoso que no se detiene, y la única forma de detenerlo es perjudicarlo económicamente”, explicó un abogado. El jurado otorgó una indemnización ocho veces mayor a la solicitada por Carroll.
La periodista dijo que iba a donar el dinero. Y para hacerlo enojar más todavía a Trump, para que le doliera más, entregaría la plata a asociaciones que el actual presidente de Estados Unidos odia. A las dedicadas al cambio climático, a los derechos reproductivos y a las que se ocupan de promover que los ciudadanos acudan a las elecciones.
E. Jean Carrol tiene 81 años pero está muy lejos de ser una abuela inofensiva. Es hermosa, esbelta, fuerte, pícara y persiste en el ingenio lacerante y brillante.
“Elizabeth Jean Carroll, más conocida como Betty Jean, o simplemente E. Jean Carroll, fue una de las pocas buenas plumas femeninas que logró abrirse camino en la Rolling Stone, territorio tan chauvinista o peor que el rock & roll que supo celebrar, así que Betty Jean emigró pronto de ahí a las revistas Playboy, Esquire y Outside, donde escribió piezas legendarias sobre la diferencia de los sexos”. De esta manera la define Juan Forn en el prólogo a Hunter (hay traducción al español en Tusquets), la biografía oral sobre el periodista gonzo Hunter S. Thompson que firma Carroll.
Leé también: El desgarrador testimonio de E. Jean Carroll en la Justicia: “Estoy aquí porque Donald Trump me violó”
Periodista gonzo ella misma, integrante de la rama femenina del llamado Nuevo Periodismo, escribió en todas las grandes revistas de la última mitad de siglo XX. Fue también durante dos años una de las guionistas de Saturday Night Live. Inventó junto a George Plimpton un género: la biografía/historia oral. Un relato coral en el que el autor desaparece y pone en primer plano las voces de los protagonistas, testigos y especialistas. Avanza en la historia a través de fragmentos de voces que se complementan, se asisten o se contradicen. Su biografía sobre Edie Sedgwick, trágica chica Warhol, fue pionera.
Durante 17 años, Carroll estuvo a cargo de una columna célebre y muy particular en la revista Elle. Se llamaba Ask E.Jean y era un consultorio sentimental, sexual y hasta existencial. Las respuestas eran muy diferentes a las que solían aparecer en los medios. Sardónicas, filosas, ligeras pero a la vez repletas de verdades incómodas, humanidad y una prosa que desbordaba de hallazgos y alusiones. Las lectoras empezaban a leer la revista por la columna de E. Jean Carroll. La gente comentaba en la calle sus respuestas. Tanto fue el éxito que la sección se convirtió en un talk show televisivo de mucho rating y buenas críticas. Su estilo para responder las inquietudes de los lectores fue (mal) copiado en todo el mundo.
La portada de la revista New York del 24 de junio de 2019, donde E. Jean Carroll contó que había sido violada por Trump. (Foto: NYM)
E. Jean Carroll recién narró la violación de Trump en 2109 en la revista New York (luego lo repitió en las páginas de uno de sus libros de memorias). La tapa era impactante. Ella de frente, con el pelo corto y la mirada desafiante: “Así estaba vestida el día que Donald Trump me atacó en un vestidor de Bergdorf Goodman”. Allí contó el incidente de 1996 y dijo que también había sido abusada por Les Moonves, presidente de la CBS. Ambos salieron a negar las imputaciones. Pero, animadas por el nuevo espíritu de época y por la determinación de Carroll, fueron muchas las mujeres que comenzaron a dar testimonio sobre abusos perpetrados por estos dos hombres poderosos. En 2021, E. Jean Carroll escribió otra nota en la que reunió los testimonios de 25 mujeres abusadas y manoseadas por Trump.
A partir de ese momento, el ataque del presidente de Estados Unidos sobre la figura de la periodista fue persistente.
Cuando le preguntaron si era cierta la acusación lo primero que Trump respondió con evidente desprecio y buscando la complicidad de sus interlocutores fue: “No es mi tipo”. Recién después negó los hechos. Dijo que Jean era una vieja en ese momento “de más de 60”, afirmación fácilmente refutable porque tenía 51 en ese entonces (casi la misma edad que Trump).
Después la línea de defensa (o tan solo de negación) fue otra: “No la conozco”. Otra vez las pruebas lo dejaron mal parado. Aparecieron fotos en las que estaban juntos en distintos actos, más allá de la relevancia pública que tenía la periodista, una mujer con celebridad propia.
En estos días el caso se reavivó en Estados Unidos. Las apelaciones y las presentaciones judiciales continúan. Los especialistas consideran que la posición de Trump es muy comprometida y que lo mejor que podría conseguir es una reducción del monto de la indemnización y no mucho más. Trump intentó utilizar su inmunidad presidencial para no pagar pero la presentación fue desestimada. En el medio se abrió otra investigación porque los primeros gastos de abogados los abonó con dinero del estado norteamericano pero un juez determinó que se trataba de un asunto personal, ajeno al ejercicio de la presidencia, y anterior a su asunción. El principal motivo de que el tema de nuevo esté en los medios es la salida de un nuevo libro de E. Jean Carroll y su gira de presentación. «Violador», «psicópata», «criminal»: los carteles contra Trump fuera de la Corte Federal de Nueva York en medio del juicio de Jean Carroll por violación. (Foto: REUTERS/Adam Gray)
El libro se titula Not My Type: One Woman Vs a President. En el nombre juega con la frase despectiva de Trump sobre que “no era su tipo de mujer”. Algún periodista norteamericano dijo que se trata de una reconstrucción del juicio más vívida que si se hubiera realizado desde el estrado de los jurados. Carroll narra su historia con Trump y describe con enorme sarcasmo lo que pasó en la sala de audiencias y en las bambalinas. Parece el último detalle que faltaba para que se consumara la venganza perfecta: utilizar toda su inteligencia irónica, todo su arte narrativo, para dejar la historia fijada y para demoler la figura de su poderoso victimario.
Para Carroll escribir sobre el juicio fue casi inevitable. Siguió una pulsión, una inclinación natural por contar una gran historia, de la que tenía mucha información y una mirada personal. Es decir hacer lo que hizo durante toda su vida profesional.
El libro narra las diferentes vicisitudes que debió atravesar la periodista. Las presiones, las tácticas jurídicas, lo no visto, aquellos hechos y gestos que para otros fueron imperceptibles pero que Carroll logró captar gracias a su oficio, a su mirada de Rayos X.
Sus abogados le pidieron encarecidamente que ante los jurados no hiciera gala de su ingenio y que no utilizara vocabulario complejo. El consejo se resume en una frase: “Tratá de no utilizar palabras de más de tres sílabas”. No querían que se perdiera el foco de quien era la víctima y que los que debían juzgarla no creyeran que era petulante. Si en ese caso había un gran pavo real, ostentoso y desbordado de arrogancia, no era ella sino el acusado.
Además de lo presentado en el juicio, en su nuevo libro Carroll aporta otras evidencias que recolectaron durante la investigación pero que prefirieron no utilizar para no desviar el foco, para no confundir al jurado. Algunas, por ejemplo, referían al vínculo entre Trump y Jeffrey Epstein. Un periodista, Michael Wolff, escribió que Trump le había detallado a Epstein su encuentro en Bergdorf Goodman con Jean Carroll.
Alina Habba, la abogada de Trump, le preguntó en el interrogatorio, simulando pesar, con cuántos hombres se había acostado a lo largo de su vida. Ella dice que, involuntariamente, la defensora le hizo pasar un buen momento porque como ella disfrutó de esas experiencias y les tiene cariño a sus antiguos amantes, los recuerdos la reconfortaron.
Sin embargo, Jean aclaró que lo importante no eran los amantes anteriores sino que a partir de ese momento no pudo tener sexo con nadie por muchísimo tiempo.
Durante años, durante décadas, convivió con la sensación de que lo mejor era no decir nada, no aumentar su vergüenza. Solo lo comentó con unas pocas personas cercanas. Y cuánto más pasaba el tiempo sentía que las posibilidades de darlo a conocer se esfumaban no solo porque los sucesos quedaban cada vez más alejados, también porque Trump adquiría más y más poder.
La defensa de Trump fue pomposa y cara pero no demasiado eficaz jurídicamente. Apeló, como suelen hacer gobernantes y exgobernantes de todo el mundo, a una estrategia basado en lo político, en menospreciar las acusaciones diciendo que tienen una motivación política, olvidando las cuestiones defensivas técnicas, las pruebas y la refutación de los argumentos y elementos fácticos presentados por la acusación. A veces para ganar (o para no ser condenado) se necesita más que discursos encendidos, solemnes y vacíos.
El conductor radial Howard Stern entrevistó a Donald Trump en 1993. Una de las hijas del millonario había nacido pocos meses antes. Stern le preguntó cómo afrontaba la nueva paternidad. Trump respondió con su estilo: “Es difícil. Las vaginas son caras”. El comentario sexista provocó carcajadas y ningún reproche.
E. Jean Carroll hace poco recordó el incidente y dijo que de cierta manera, no podía dejar de darle la razón a Trump. Al menos de la manera en que él se relaciona con las mujeres. En este caso le salió muy caro. Por el momento cien millones de dólares y los intereses siguen corriendo.
Donald Trump, Violación, Estados Unidos
INTERNACIONAL
Donald Trump insiste en que las elecciones en Estados Unidos están «amañadas» y son «fraudulentas»

El presidente estadounidense, Donald Trump, volvió a insistir este domingo en que las elecciones en Estados Unidos están «amañadas» y son «fraudulentas», mientras se prepara para hacer campaña para los comicios de medio mandato del próximo 3 de noviembre.
«Las elecciones estadounidenses están amañadas, son fraudulentas y son motivo de burla en todo el mundo. O las arreglamos o dejaremos de tener un país», aseguró el mandatario en su red Truth Social.
En la publicación, Trump pidió a los republicanos luchar por que todos los votantes muestren su documento de identidad y una prueba de ciudadanía estadounidense, así como que no se admitan votos por correo excepto por enfermedad, discapacidad, servicio militar o viaje.
El jueves, el presidente ya instó a los republicanos en el Congreso a que aprueben la Ley «SAVE America», un proyecto impulsado por su partido que endurecería los requisitos para votar en las elecciones de este año, en medio de nuevas acusaciones sin pruebas sobre un supuesto fraude electoral.
El mandatario reclamó a los legisladores republicanos que luchen por medidas como la exigencia de identificación de votantes, prueba de ciudadanía para registrarse y severas restricciones al voto por correo.
Previamente, en una entrevista con NBC, afirmó sin presentar pruebas que algunos estados podrían no estar contando correctamente los votos.
Las elecciones del 3 de noviembre, en las que se renovará el Congreso, son clave para el presidente, ya que está en juego la ajustada mayoría que los republicanos mantienen en el Congreso.
El republicano anunció recientemente que viajará cada semana dentro del país para hacer campaña de cara a estos comicios.
Los planes de Trump, que sigue afirmando sin presentar ninguna prueba que su rival Joe Biden ganó con fraude en 2020, desatan las alarmas en Washington. Ahora el mandatario pidió a los republicanos que arrebaten a los estados el control de los comicios para las legislativas de noviembre, en las que la oposición podría recuperar el control del Congreso.
Todo ocurre luego del último batacazo electoral en Texas, un histórico bastión republicano, donde el candidato demócrata Taylor Rehmet ganó un escaño en el Senado en un distrito en el que Trump había arrasado en 2024.
Ese mal trago en el voto se suma a varias elecciones, como las de gobernadores en Virginia y Nueva Jersey de noviembre último, con amplios triunfos opositores mientras los sondeos siguen revelando que la gente no está de acuerdo con lo que hace Trump desde la Casa Blanca.
Ante ese panorama, el presidente dijo que su partido debería “nacionalizar” la elección, al tiempo que cuestionó si ciertos estados -en poder de los demócratas, desde luego- deberían seguir celebrando sus propias elecciones como lo establece la Constitución.
En concreto, Trump quiere cambiar las reglas que dispone la ley. Desde hace décadas, son los estados o distritos electorales los que controlan los comicios. Trump quiere ahora que sea el Estado federal el que lo haga, lo que le permitiría digitar resultados y alterar el voto. Un tema son los extranjeros, blanco de su agenda migratoria. Según afirma, votan sin estar documentados y votan a los demócratas.
Trump viene planteando la cuestión desde hace días, a medida que los sondeos lo golpean. “Quiero ver que las elecciones sean honestas, y si un Estado no puede organizar una elección, creo que la gente que me respalda debería hacer algo al respecto”, dijo Trump el martes en la Oficina Oval, flanqueado por republicanos del Congreso.
“Miren Detroit… miren Filadelfia, miren Atlanta”, agregó el mandatario Trump, refiriéndose a las ciudades en estados clave como lugares de presunta corrupción, sin citar pruebas específicas. “El gobierno federal no debería permitir eso. El gobierno federal debería intervenir. Son agentes del gobierno federal encargados del recuento de votos. Si no pueden contar los votos de forma legal y honesta, entonces alguien más debería hacerse cargo”.
Los comentarios de Trump son un eco de lo que dijo en una entrevista de podcast el lunes con Dan Bongino, ex subdirector del FBI, en la que exhortó a los republicanos a “hacerse cargo” de los procedimientos de votación en 15 Estados, que no nombró.
INTERNACIONAL
Keir Starmer’s chief of staff resigns after recommending Epstein-connected ambassador

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Morgan McSweeney resigned Sunday as British Prime Minister Keir Starmer’s chief of staff, stepping down amid mounting criticism over his role in advising the appointment of Peter Mandelson as the United Kingdom’s ambassador to the United States.
In a resignation statement obtained by The Guardian, McSweeney said the decision to appoint Mandelson was «wrong» and accepted full responsibility for recommending it, calling his departure the «only honourable course» under the circumstances.
«He [Mandelson] has damaged our party, our country and trust in politics itself,» the former chief of staff wrote, noting the decision to resign wasn’t easy.
McSweeney said the controversy had damaged public trust and called for a fundamental overhaul of the government’s vetting and due-diligence process, while pledging his continued support for Starmer and the Labour government’s agenda.
UK PRIME MINISTER SUGGESTS FORMER PRINCE ANDREW SHOULD TESTIFY IN EPSTEIN INVESTIGATION
Downing Street Chief of Staff Morgan McSweeney arrives for the annual Lord Mayor’s Banquet at Guildhall in London, on Dec. 1, 2025. (Chris J. Ratcliffe/Reuters)
Emails and documents made public by the Justice Department in January show Mandelson maintained contact with Jeffrey Epstein after his 2008 conviction on two felony counts of soliciting prostitution, one of which involved a minor.
The Associated Press reported that newly surfaced documents indicate Mandelson may have passed along sensitive government information to Epstein in the period following the 2008 global financial crisis.
The outlet also cited documents and financial records indicating Epstein transferred a total of $75,000 in 2003 and 2004 to accounts connected to Mandelson or his husband, Reinaldo Avila da Silva.

British Prime Minister Keir Starmer, right, talks with Britain’s ambassador to the United States Peter Mandelson during a welcome reception at the ambassador’s residence in Washington, on Feb. 26, 2025. (Carl Court/Pool Photo via AP)
BILL CLINTON COMES OUT SWINGING AGAINST COMER FOR REJECTING PUBLIC EPSTEIN HEARING: ‘STOP THE GAMES’
Foreign Office minister Stephen Doughty told the House of Commons on Sept. 11 that Starmer asked him to withdraw Mandelson as the UK’s ambassador to the United States after emails showed Mandelson’s relationship with Epstein was «materially different» from what was known at the time of his appointment.
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«In particular, Lord Mandelson’s suggestion that Jeffrey Epstein’s first conviction was wrongful and should be challenged is new information,» Doughty said. «In the light of that and mindful, as we all are, of the victims of Epstein’s appalling crimes, Lord Mandelson has been withdrawn as ambassador with immediate effect.»
Mandelson resigned from the Labour Party on Feb. 1.
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“Pillion”, un romance sumiso entre el sadomasoquismo y el coro a capela

“¿Te entregas?”
Puede ser una pregunta pertinente en cualquier relación, pero resulta especialmente significativa para la pareja BDSM del romance amable con el kink y sorprendentemente conmovedor Pillion, de Harry Lighton.
Como la mayoría de los amantes, Colin (Harry Melling) y Ray (Alexander Skarsgård) tienen un acuerdo. De acuerdo, sí. Sus límites están un poco más marcados que los de la mayoría. Colin cocina todo, duerme en el suelo y lleva un collar con cerradura alrededor del cuello. (Ray guarda la llave). Podría decirse que el equilibrio de poder no es del todo equitativo.
Básicamente, Colin hace todo lo que Ray desea, y lo hace feliz. Como se puede esperar, hay bastante cuero involucrado. Júzguelo si quiere, pero el acuerdo parece funcionarles.
Incluso entre las muchas parejas extrañas que han desfilado por nuestras pantallas, Ray y Colin son un dúo singular. Fay Wray y King Kong tenían más en común. Colin es un apacible y complaciente agente de estacionamiento en Bromley que vive con sus padres (Lesley Sharp, Douglas Hodge) y canta en un cuarteto de barbería (N. del E.: estilo de música vocal a capela a cuatro voces). Ray es un misterioso, lacónico y mortalmente apuesto motociclista.
Si te preguntas cómo pudieron llegar a estar juntos —la mayoría de las personas que los encuentran también—, Pillion comienza con un encuentro memorable, memorable porque su unión es casi el reverso exacto de la fantasía de las comedias románticas.
Colin se dirige a una presentación de barbería cuando, desde el asiento trasero de un coche en movimiento, su mirada capta una figura borrosa que pasa. “Chariot” de Betty Curtis suena en la radio. Más tarde, en el pub, en realidad no se encuentran ni siquiera cruzan miradas, pero Ray deja una nota para encontrarse, en Navidad. La cita, si puede llamarse así, es breve. Ray dice apenas una palabra, pero Colin lo sigue a un callejón oscuro. Suceden lamidas de botas, y algo más.
“¿Qué voy a hacer contigo?”, dice Ray después.
“Lo que quieras, en serio”, responde Colin, sin rastro de picardía o vergüenza.
Cuando Colin vuelve a casa, sus padres están ansiosos por saber detalles. “¿Buen tipo?”, pregunta su padre.

Es una pregunta que sobrevuela Pillion, que adopta en gran medida la perspectiva de Colin a medida que la relación se profundiza —o al menos se vuelve más reglamentada. Ray prácticamente no le dice nada a Colin que no sea una orden. Se podría decir que lo trata como a un perro, pero al menos Ray deja que su perro se siente en el sofá.
Esperamos a que Colin se rompa o a que el reinado imperial de Ray se ablande. Pero también queda claro que Colin es completamente feliz. La sumisión le resulta natural. Cita alegremente a Ray diciéndole que tiene “una aptitud para la devoción”. Cuando se aferra a la espalda de Ray en la motocicleta, Colin parece completamente dichoso. Cuando Ray lo hace luchar, domina rápidamente a Colin. ¿Se entrega? Con gusto.
La lucha de poder, o rendición, de Pillion la convierte quizá en nuestra primera “dom-com”. (También es, casi de manera estruendosa, el segundo estreno temático de dominación de A24, luego de Babygirl de 2024). Pero lo que hace de Pillion, el primer largometraje de Lighton, una experiencia tan hechizante es su liviandad. Está basada en Box Hill de Adam Mars-Jones, pero la película de Lighton en gran parte esquiva los giros más oscuros y abusivos de la novela. Lighton prefiere disfrutar de la dinámica en desarrollo de una relación llevada al extremo, una que en última instancia, como cualquier otra, está guiada por necesidades y deseos.

Y las actuaciones son asombrosas. El Ray de Skarsgård es impenetrable y arrogante, con solo los más sutiles indicios de sensibilidad. Pero la película pertenece a Melling. El ex actor de Harry Potter siempre ha tenido una presencia singularmente cautivadora. Lo recuerdo sobre todo en La balada de Buster Scruggs de los hermanos Coen, desprovisto de todas sus extremidades y aun así tan poderosamente hipnótico con esos ojos melancólicos. En Pillion, es la forma en que Melling asume tan torpe y dulcemente su nuevo papel de Colin lo que vuelve la película cómica y curiosamente conmovedora.
Es una película divertida; hay innumerables momentos, como esa línea de “¿Buen tipo?”, preparados para la risa. Pero también es, especialmente para una película que ha sido noticia por su explicitud, curiosamente emotiva. Pillion ha sido promocionada, un poco en broma, como una historia de amor, programada para el Día de San Valentín. Pero es más bien una iniciación sexual, una donde incluso un sumiso como Colin aprende que no siempre puedes dar.
Pillion, una producción de A24 que se estrenó en cines el viernes y a nivel nacional el 20 de febrero, aún no ha sido calificada por la Asociación Cinematográfica, pero contiene una escena sexual explícita. Duración: 106 minutos. Tres estrellas de cuatro.
Fuente: AP
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