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Andrés Malamud: “El tuit de Cristina es una confirmación de que es una minoría”

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El politólogo Andrés Malamud afirmó que “el tuit de Cristina Kirchner es una confirmación de que es una minoría” al analizar el escenario político tras el anuncio del gobierno nacional sobre el fin del cepo cambiario. Según su mirada, la ex presidenta ha quedado reducida a un núcleo duro sin capacidad de articular una mayoría nacional, y el resto del sistema partidario tampoco logra ofrecer una alternativa sólida frente al avance del oficialismo.

Estas declaraciones fueron realizadas en diálogo con Infobae en Vivo, durante el programa de la tarde, que cuenta con la conducción de Jesica Bossi, Diego Iglesias, María Eugenia Duffard y Federico Mayol. En este contexto, Malamud desarrolló una visión crítica sobre el estado de los partidos históricos, el reordenamiento de las alianzas de poder y la estrategia de confrontación del presidente Javier Milei con sus antiguos aliados de la derecha.

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“El peronismo era maleable y hoy es solamente el conurbano y la izquierda, pero no tiene destino nacional”, explicó. Y añadió: “Cristina tornó al peronismo en algo parecido al radicalismo, porque parece ser eterna. Su sustitución es post mortem”. En su lectura, el liderazgo de la ex mandataria ha entrado en una fase terminal en términos de proyección electoral, y su intervención reciente en redes sociales —leída como un intento de retomar centralidad— confirma su aislamiento.

Malamud también estableció un paralelismo entre Kirchner y Mauricio Macri: “Lo mismo pasa con Macri. Los tres partidos históricos del país están disputando distritos y no el país”. Según señaló, ni el peronismo, ni el PRO, ni el radicalismo logran hoy ofrecer un proyecto con anclaje federal. “Lo que estamos viendo son los trapitos sucios de cada espacio. Hay mucha promiscuidad. Está lleno de negocios, y no hablo de ilegales, pero dan margen para el chantaje, de eso se trata la denuncia que hizo Milei contra Macri”, agregó.

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El politólogo sostuvo que el liderazgo de Milei ocupa ese vacío dejado por las fuerzas tradicionales: “Es la confirmación de lo que ya sabíamos, hay un liderazgo global de La Libertad Avanza”. Y remarcó que el oficialismo no ve en el kirchnerismo un adversario de peso: “Eliminar a CFK sería un error para Milei, por eso no hay ficha limpia”.

Respecto al presente económico, Malamud se refirió al anuncio del Gobierno sobre el fin del cepo cambiario. “Cuando todos esperaban que el dólar se disparase, no lo hizo. Ahora la pregunta es si el Gobierno tuvo que ceder o si estaba todo planeado. El Gobierno va a decir que lo tenían pensado así desde el 2004. La oposición va a decir que están improvisando. El primer día lo sorteó bien”, analizó.

El oficialismo enfrenta un escenario económico incierto tras el fin del cepo cambiario

Sobre el corto plazo, advirtió: “A nivel económico tenemos un semestre para que se acomoden los precios”. Y destacó el principal riesgo para el oficialismo: “Hoy el peligro que enfrenta el Gobierno es económico. Hoy por hoy no tiene a nadie enfrente. Lo peor que le puede pasar es el daño autoinfligido, como hizo Milei en Davos o con $Libra. Se ha dado tiros en los pies, pero ha sabido salir con medidas como las que toma ahora”.

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También subrayó que la estrategia de poder del Gobierno está centrada en la confrontación dentro del espacio de la derecha. “La apuesta de Manuel Adorni es de alto riesgo. Esta es una interna de la derecha. Lo que pretende Milei es ganarle a Macri, no le interesa ganarle a Leandro Santoro”, indicó. Y profundizó: “Si el Presidente quiere, tiene coaliciones en el Congreso, pero ahora quiere destruir al PRO. Este es un Gobierno despiadado, que es como tienen que ser los Gobiernos revolucionarios”.

En cuanto al panorama electoral, sostuvo que los comicios legislativos no son predictivos del resultado presidencial: “Las elecciones intermedias en la provincia de Buenos Aires son completamente independientes, no reflejan lo que va a pasar en las presidenciales. Hay muchos ejemplos: las de 2009, 2011, incluso las de 2018”.

Finalmente, advirtió sobre los desafíos geopolíticos en un mundo cada vez más polarizado: “Las políticas de Trump perjudican al Gobierno. Las relaciones con EE. UU. y China son buenas, pero donde pidan una prueba de amor, van a ser perjudiciales, porque Argentina necesita de ambos”.

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Andrés Malamud cuestionó la fragmentación del peronismo y su alcance limitado al conurbano

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• De 9 a 12: Gonzalo Sánchez, Carolina Amoroso, Ramón Indart y Cecilia Boufflet.

• De 18 a 21: Jesica Bossi, Diego Iglesias, María Eugenia Duffard y Federico Mayol.

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La entrevista completa a Andrés Malamud la podés encontrar en este enlace.

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Todas las fotos y los videos de los incidentes en la marcha del Congreso contra la reforma laboral

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En medio del fuerte debate sobre la reforma laboral que se lleva a cabo en la Cámara de Diputados, en las afueras del Congreso se registraron varios incidentes entre los manifestantes y la policía. Hubo gases lacrimógenos y disparos con balas de goma.

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Pasadas las 18, efectivos de la Policía Federal y la Gendarmería avanzaron con la infantería para arrestar a algunos de los grupos de personas que derribaron al menos dos vallas que estaban en el perímetro del Congreso.

Más temprano, los incidentes se habían dado cuando las agrupaciones se concentraron frente al lugar donde estaban las fuerzas federales a pesar de la respuesta del camión hidrante y los gases lacrimógenos que lanzaron desde las primeras horas de la tarde para dispersar.

Los manifestantes arrojaron los gases lacrimógenos que lanzó la policía (Photo by Luis ROBAYO / AFP)

En las imágenes se puede observar cómo los efectivos intentaron aplicar el protocolo antipiquete para las agrupaciones, que no eran multitudinarias, pero que sí respondieron ante los intentos de las fuerzas federales. En ese marco, las personas afectadas fueron atendidas por personal médico, mientras que un grupo de personas generó más disturbios: prendieron fuego a basura en la calle.

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Los manifestantes intentaron derribar las vallas (Photo by TOMAS CUESTA / AFP)

Desde un primer momento, algunos manifestantes comenzaron a lanzar botellas y palos a la Policía, y luego intentaron tirar una de las vallas. Si bien en un primer momento no respondieron las fuerzas, luego actuó un camión hidrante.

La intención de lanzar agua es para que se alejen de las vallas y no se generen conflictos cuerpo a cuerpo. De momento, algunos se refugian en una bandera de Argentina. Mientras que otros cantan “la patria no se vende”.

La vista desde arriba de la manifestanción (Gaston Taylor)

Justamente, mientras había enfrentamientos entre los efectivos federales, la Policía de la Ciudad bloqueó las arterias laterales que permiten evacuar la Plaza Congreso. Los efectivos alegan “razones de orden público” y no ofrecen indicaciones sobre qué vías alternativas se pueden tomar para salir.

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Lanzaron gases a los manifestantes (Gustavo Gavotti)

Permanecían cerradas Rodríguez Peña y Montevideo, ambas cerca de Bartolomé Mitre, así como también Paraná, Uruguay y Rivadavia. No se puede cambiar de dirección, solamente permiten caminar en línea recta, por lo que se complica la evacuación de quien quiera irse de Congreso.

Importante operativo en las arterias laterales en la zona del Congreso (Gustavo Gavotti)

La fuerza porteña incluso dispuso un camión de Infantería y varias motos en esos cortes. Un oficial dijo a Infobae: “Es por razones de orden público”. Ni él ni otros tres oficiales supieron indicar cuál era la vía de evacuación habilitada.

Dos mujeres reciben el agua del camión hidrante en medio de la protesta (Photo by Luis ROBAYO / AFP)

En la manifestación, se vieron afiches que tenían leyendas como: “No al banco de horas”, “No a las vacaciones fraccionadas”, “No a los descuentos en la licencia por enfermedad”, “No a las 12 horas de jornada laboral” y, en mayor presencia, “No a la reforma laboral esclavista”.

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También se exhiben fotografías de varios de los principales líderes sindicales de Argentina: Hugo Moyano, Gerardo Martínez, Carlos Acuña, Andrés Rodríguez y Octavio Argüello. En todas ellas, sus rostros muestran los ojos tachados, manchas de sangre en la boca y cuernos. Todos los carteles llevan la misma consigna: “Traidor al pueblo trabajador”.

La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, afirmó en el inicio de la manifestación que el derecho a manifestarse está garantizado siempre que se desarrolle de manera pacífica. “Marchar en paz es un derecho. La violencia no. El que quiera manifestarse en paz va a poder hacerlo”, sostuvo.

En esa línea, la funcionaria advirtió que habrá intervención ante posibles disturbios. “El que vaya a romper, a generar caos o a atentar contra el orden democrático, va a pagar las consecuencias. Nuestras Fuerzas están listas y van a actuar”, señaló, y agregó que el objetivo es evitar situaciones de desorden durante la jornada de protesta.

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Hubo incidentes entre los manifestantes y la policía (Gustavo Gavotti)

Asimismo, la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) anunció que iban a realizar una manifestación frente al Palacio Legislativo. También se concentraron Frente de Sindicatos Unidos (Fresu), que agrupa a la UOM, Aceiteros y las dos CTA.

Fotos: Gustavo Gavotti

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El claro ganador de un juego de roles

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El dispar acatamiento del paro general de la CGT y la aprobación en general que se apresta a dar, esta madrugada, la Cámara de Diputados a la reforma laboral impulsada por el Gobierno expuso con fidelidad el juego de roles que cada uno de los actores políticos interpretó este jueves. Y reflejó cabalmente la correlación de fuerzas que hoy rige en la Argentina.

Como indica una tan pragmática como cínica máxima legislativa, “la oposición se quedó con los gritos y el Gobierno se llevó la ley”. Un ejemplo incontrastable de que nadie tiene el control absoluto de la situación, pero hay un ganador que ejerce un fuerte predominio en la escena pública.

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Es un hecho que, en su afán por avanzar con la reforma laboral, demandada por inversores, empresarios y acreedores, y con un alto nivel de apoyo o tolerancia social, la administración libertaria hizo concesiones que les preservan recursos vitales a las cajas sindicales. Y eso, sin embargo, no impidió que la central obrera concretara la cuarta medida de fuerza contra el gobierno de Javier Milei. Un hecho incontrastable que se presta a varias conclusiones, menos definitivas que las que esa foto ofrece.

Para el ala maximalista del oficialismo, la concesión a los sindicatos y el paro de la CGT vienen a conformar un combo muy poco digerible y es causa de cierta frustración y preocupación. En cambio, para el ala pragmática y posibilista −hoy dominante en el Gobierno− es motivo de festejo sin restricciones por el solo y significativo hecho de haber avanzado con reformas que desde la recuperación de la democracia ningún gobierno no peronista había alcanzado.

La película que está filmándose y que se proyectará en el tiempo, sin embargo, ofrece más matices a la hora de las celebraciones y los lamentos.

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En primer lugar, el sector maximalista, encabezado por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, que pretendía avanzar a motosierra calada sobre los sindicatos y su flujo vital de ingresos, anotó ayer un punto a favor de su posición. Esgrime que ninguna concesión es suficiente para los gremialistas, como lo demuestra el paro general, y que su capacidad obstructiva se ve así preservada al no habérsele tocado el nervio vital de los recursos económicos, lo cual podría tener efectos en un futuro no lejano.

No obstante, deben reconocer los dogmáticos el gran logro efectivo y, también, simbólico que significa que las dos cámaras del Congreso aprueben casi sin contratiempos y por amplia mayoría el proyecto en general. Lo resalta más aún que la iniciativa oficial solo sufriera en su paso por el Congreso la amputación de una insólita reforma en el régimen de licencias por enfermedad y accidentes, introducida de forma irregular y subrepticia en la madrugada previa a la votación en el Senado. Aún cuando provocará la demora en su sanción por el regreso obligado a la Cámara alta. Pero en este punto solo podrían alegar torpeza y excesos propios no imputables a los adversarios.

Los posibilistas, devotos del resultadismo bilardista, resaltan con razón que la ley implica un antes y un después, no solo para la economía y las relaciones laborales, sino también en términos políticos.

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El apoyo de gobernadores peronistas, expresado a través del voto de los legisladores que les responden, y la impotencia probada del perokirchnerismo y de la representación parlamentaria sindical para impedir el avance de la reforma son expuestas como trofeos que subrayan la nueva geografía del mapa del poder real del país.

Al respecto, la frustración opositora fue resumida, antes de la votación en Diputados, en una frase por un legislador incapaz de ser sospechado de obrerista, que intentó sin éxito la inclusión de algunas reformas parciales al articulado.

“El Gobierno va a lograr todo lo que quiere gracias a la generación de gobernadores timoratos que le tocó”, expresó el diputado del bloque Provincias Unidas, que votó partido y condicionado por los mandatarios provinciales a los que responden algunos de sus integrantes.

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La discusión, sin embargo, no se agota en el resultado del tratamiento y la aprobación de la “ley de modernización laboral”, como le gusta al Gobierno que se la denomine. Tampoco en la estática evaluación de un paro general sin movilización, que tuvo apoyo dispar y en buena medida fue sustentado, como es habitual, por la adhesión de los gremios del transporte.

El debate tampoco puede reducirse a la poco masiva concurrencia de organizaciones políticas, sindicales y sociales antirreformistas que se reunió frente al Congreso. Y mucho menos a los choques de manifestantes con la policía, que, afortunadamente, lejos estuvieron de la virulencia de otras jornadas.

Todas ellas son piezas significativas del rompecabezas dinámico que es la Argentina en proceso de profunda transformación. Pero hay muchas más a tener en cuenta para sacar conclusiones y hacer proyecciones.

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Por lo pronto, el telón de fondo que rodeó a uno de los debates más relevantes del Congreso de los últimos años muestra que los logros y las políticas del Gobierno conservan un nivel relevante de aceptación (y tolerancia) social, así como siguen sin asomar espacios en condiciones de cuestionárselos efectivamente. Pero también dejó expuesto que para consolidarse todavía esos avances tienen mucho camino por transitar. Allí radica la preocupación de los maximalistas que no lograron su objetivo de acotar los ingresos sindicales.

Los comentarios formulados respecto de la Argentina de Milei por la vocera del Fondo Monetario Internacional en la mañana de este jueves no pudieron sintetizar mejor el cuadro de situación que muchos aquí observan, incluidos funcionarios del Gobierno.

Al reconocimiento por lo hecho en el plano macroeconómico, por la apertura comercial y por los retoques y avances en materia cambiaria y de acumulación de reservas, Julie Kosack le añadió un toque de atención.

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Si bien el llamado de la vocera a “mitigar adecuadamente los costos de transición asociados a estas reformas” está en línea con advertencias anteriores expresadas por el board del mayor acreedor del país, el contexto le da mayores connotaciones.

Para el FMI, la solidez de los apoyos políticos y sociales es la única garantía de la sustentabilidad en el tiempo de las reformas que considera imprescindibles. Cualquier tropiezo que afecte la recuperación económica y la capacidad de repago de su mayor deudor, como es la Argentina, sería un grave problema para sus autoridades. Ya lo padecieron varios predecesores suyos.

El anuncio del cierre de la planta de fabricación de neumáticos Fate, con el consecuente despido de 920 trabajadores en la jornada previa al tratamiento de la reforma laboral en Diputados, le puso nombres, caras y números precisos a esos “costos”.

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También reflejó con crudeza la diferencia de velocidades y magnitudes entre la destrucción de lo “viejo” y la construcción de lo “nuevo”. Aun cuando en el caso concreto de Fate pudieran existir muchos otros elementos a considerar respecto de la media adoptada por la empresa de la familia Madanes, lo que llevó al Presidente a instalar la existencia de alguna maniobra conspirativa detrás de esa decisión.

Lo cierto es que la cuestión de la apertura comercial, el nivel del tipo de cambio, el desnivel de la cancha en la que dicen competir los empresarios nacionales y el efecto que todo eso tiene sobre la viabilidad de las compañías nacionales y, en definitiva, sobre el empleo viene siendo uno de los temas dominantes de este mes, en medio del tratamiento de la reforma laboral. A pesar de que el Gobierno los niega y se desgañita por evitar a través de sus voceros oficiales y oficiosos de que se destaquen en la agenda pública.

Más allá de los planteos que integran el compendio de críticas de la oposición más dura y de los sindicatos, esos temas habían sido instalados con fuerza a principios de mes, por el reclamo del CEO del grupo Techint, Paolo Rocca, después de que una de sus empresas perdiera ante una compañía india, con insumos de origen chino, en la licitación privada para la construcción de un gasoducto.

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La metralla verbal que le dispararon al empresario ítalo-argentino desde la Casa Rosada por parte del propio Presidente y que fue amplificada por el Palacio de Hacienda y la milicia comunicacional mileísta solo fue el comienzo de una nueva etapa de beligerancia. Así, se rompió definitivamente la pax retórica electoral iniciada por Milei en las vísperas de los comicios de medio término, a los que llegaba atemorizado y de los que, finalmente, salió airoso rescatado por el gobierno de Donald Trump. Ayer se lo recordó en público el presidente estadounidense.

Grandes empresarios recibieron así las mismas toxinas que desde un comienzo le dispensan Milei y los suyos a opositores y, muy especialmente, a periodistas que conservan el espíritu crítico mínimo y esencial para el ejercicio honesto de esta profesión.

Curiosamente (o no), hombres de negocios como Roca y Madanes Quintanilla recibieron en estos días más ataques de funcionarios y comunicadores oficialistas que los dedicados a los sindicalistas. Una vez más toda voz que pueda resonar en los oídos de los adherentes no fanáticos del Gobierno es el objeto principal de los agravios y descalificaciones. Los opositores juegan un rol confirmatorio (principio de revelación, diría Milei), pero los que no se inscriben por pertenencia e identificación en el polo adversario resultan peligrosos para la narrativa oficial. Los votantes blandos y los agnósticos son tan lábiles como cruciales.

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Por eso, “conspiradores” y “golpistas” suelen ser algunas de las descalificaciones que el propio Milei les espeta a esos contradictores y con las que, inclusive, ha sabido echar a los gritos de su despacho a algunos interlocutores cuando osaron esbozar algún cuestionamiento.

La igualación que ayer hizo Donald Trump de Milei con el primer ministro húngaro, el populista nacionalista Viktor Orban, tal vez no haya sido otra extravagancia del presidente norteamericano. A pesar de las diferencias ideológicas y económicas que separan al europeo del argentino, ambos parecen compartir algunos tópicos y no solo el gusto por cantar a dúo en reuniones del club de política internacional trumpista.

El tono negativo para el Gobierno que tuvo la conversación en redes desde principio de mes y en la que la cuestión del empleo y la reforma laboral fueron disparadores de las expresiones críticas, según la consultora Ad hoc, no necesariamente es un reflejo fidedigno del clima social, pero en muchos casos suele ser anticipatorio.

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Los hechos indeseados de la realidad mencionados, a los que se sumó la recuperación de la centralidad de la inflación y su reflejo en la conversación pública, quizá expliquen la reactualización de la crispación mileísta y el recrudecimiento de los embates contra los contradictores.

El temor al contagio de los reclamos en el sector público (como los de la policía santafesina o los docentes bonaerenses) y a la caída de otras empresas manufactureras está a la orden del día en la agenda de preocupaciones oficiales.

De todas maneras, los logros estadísticos que el Gobierno publicita y los éxitos políticos, como la aprobación de la reforma laboral en las dos cámaras del Congreso, deberían ser motivo suficiente para que en la Casa Rosada y en las cuentas digitales de sus funcionarios y seguidores reinara un clima de satisfacción antes que de confrontación. Pero para el gran ganador del juego de roles no parece ser suficiente. Y tal vez no lo sea.

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Claudio Jacquelin,Reforma laboral,Javier Milei,Federico Sturzenegger,Conforme a,Reforma laboral,,»Cristina no estaría presa». Carignano cargó contra Jalil y los gobernadores peronistas que ayudaron al Gobierno,,Milei criticó a Carignano por la polémica de los micrófonos en Diputados,,Incidentes y al menos 7 detenidos. La policía avanzó sobre los manifestantes y dispersó la protesta contra la reforma laboral

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El lado B de la sesión en Diputados: tensiones, polémicas e irregularidades en el debate de la reforma laboral

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El debate de la reforma laboral en la Cámara de Diputados dejó varias situaciones extraordinarias. Algunas irregularidades, muchas tensiones y varias polémicas, en una discusión de un proyecto clave para la gestión del Presidente Javier Milei.

En el inicio nomás del debate, la primera intervención fue para el oficialismo, donde Lisandro Almirón realizó la defensa del dictamen de mayoría con la particularidad de que su discurso fue completamente leído. Esto generó un sinfín de críticas de la oposición, en especial del kirchnerismo, que incluso interrumpió su exposición para remarcar que no podía hacerlo de esa manera.

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Leé también: Reforma laboral: el oficialismo advierte que el kirchnerismo teje una estrategia para dilatar la sesión

Otro hecho insólito se generó con una diputada kirchnerista. La protagonista fue la legisladora Florencia Carignano, que fue filmada por la libertaria Lilia Lemoine mientras desconectaba los cables del taquígrafo.

“La kirchnerista Carignano agrede a los trabajadores del Congreso para intentar frenar la sesión. Esto es inaceptable. Miren como se acerca haciéndose la distraída… no puede pasar inadvertido, tiene que haber sanciones”, afirmó desde su cuenta de X.

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Leé también: Dura crítica del Gobierno a la CGT por el paro: “Lo que hacen es complicarles la vida a los trabajadores”

En la misma línea, Lemoine remarcó: “Sin taquígrafos no habría un registro oficial confiable y público de las sesiones, lo que afectaría la transparencia legislativa y la validez jurídica de los debates. Son un pilar histórico (desde la época de Bartolomé Mitre) y técnico indispensable del funcionamiento parlamentario argentino… por eso Carignano los atacó”.

Otro hecho curioso fue cuando el kirchnerista Horacio Pietragalla cuestionó la cantidad de oradores permitidos y además apuntó contra la reforma laboral y la calificó de “esclavista”. “Esta ley es una ley que nos retrotrae a la esclavitud y te voy a hacer entrega del símbolo de esta ley hoy, que es claramente un retroceso para nuestros derechos laborales, para nuestros derechos históricos y para nuestra Constitución, que defiende por sobre todas las cosas a los trabajadores”. Acto seguido, se paró de su banca y fue hacia la presidencia de la Cámara para depositar una cadena en el escritorio.

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“A mí no me puede entregar nada, diputado. Le pido que respete el reglamento, que retire lo que ha dejado acá. Es una falta de respeto. No está permitido”, retrucó Martín Menem.

Antes ya se había dado una fuerte discusión por la cantidad de oradores permitidos. La Libertad Avanza logró imponer su voluntad de una lista acotada, de 40 personas, pero Unión por la Patria pretendía que fuese de participación libre, sin límite. Al no lograr su cometido, interrumpieron la sesión en reiteradas oportunidades, para dilatar la discusión.

Incluso en el Gobierno sospechan que el kirchnerismo teje una estrategia para postergar al máximo posible el debate. El oficialismo busca aprobar el proyecto este jueves para mañana mismo volver a tratarlo en comisión en el Senado y así poder aprobarlo en el recinto la semana que viene y convertirlo en ley.

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